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martes, 29 de agosto de 2023

Benjamin Button y los romances épicos

 

Esta película era una de las pocas que me faltaban para completar el álbum cinematográfico del gran David Fincher. Sabía que El curioso caso de Benjamin Button era una muy buena historia. No me imaginé que iba a llegar a conmoverme tanto.

 


lunes, 7 de julio de 2014

El curioso caso de Scott Fitzgerald


Scott Fitzgerald escribía novelas para mantener sus gustos por el alcohol y las fiestas. Sus tendencias hedonísticas y materialistas se reflejan en sus trabajos, pero eso no le impidió convertirse en uno de los autores más influyentes de Estados Unidos (aunque el reconocimiento le llegó, como es usual, luego de su muerte).

Su aclamada novela El Gran Gatsby (1925), considerada su magnum opus, es mencionada bastante en “Tokio Blues” (que reseñé recientemente) y será motivo de otra nota. Hoy quiero hablar de “El curioso caso de Benjamin Button”, cuento corto de este autor que nos muestra una fantástica y extraordinaria condición.

► “El curioso caso de Benjamin Button” (de Fitzgerald) en versión PDF para descargar: http://goo.gl/j2dhFF

En 1918, un bebé llamado Benjamin nace con una condición extrañísima que será, en esencia, una suerte de impedimento que arrastrará durante toda su existencia, quebrando casi todas sus aspiraciones. Benjamin Button nace con setenta años –cansado, decrépito, encogido– y misteriosamente va rejuveneciendo paulatinamente conforme pasan los años.

Lo que más disfruto de este relato breve es que podemos vivir junto al protagonista su infernal calvario. Tomemos su infancia, por ejemplo. Allí se nos describe con magistralidad a un padre que intenta disimular su excepcionalidad, o el fracaso de Benjamin al intentar ingresar en la Universidad de Yale.


De por sí, la premisa es sencilla pero genial. El argumento, lo dijo el mismo Fitzgerald, está inspirado en Mark Twain, quien comentó que era una pena que la mejor parte de la vida se diera al principio y la peor parte al final. Scott Fitzgerald decidió experimentar el proceso inverso en este relato fantástico que roza lo satírico.


El cuento es ligero y ameno, y es imposible que decepcione a los seguidores de la obra de Scott Fitzgerald, ya que conserva la ironía, el humor y la melancolía que hicieron famosos a este autor. La narración de Fitzgerald, como también lo demuestra en El Gran Gatsby, nunca anda con prisas, es coloquial y logra conmover en solo unas cuantas páginas. Por sobre todo, “El curioso caso…” tiene humor peculiar que se apoya en las situaciones incómodas que vive el protagonista.


Ciertamente, la lógica del autor es infalible. Un anciano tiene la experiencia de vida, los conocimientos y el dinero, mientras que los jóvenes mantienen la virilidad, la salud, las ganas, la motivación. Al invertir estas condiciones, uno podría llegar a viejo siendo joven, manteniendo todas las ventajas de la experiencia y la salud. Esta es la hipótesis que plantea Fitzgerald, y no creo que haya querido representar nada más profundo de lo que parece.

►  “El curioso caso…” es un relato entretenido, visionario y creativo. Se lee de un tirón y se disfruta mucho. El final, en particular, es increíble. No quiero arruinarlo, pero me encanta cómo se adecua el vocabulario a las vivencias del protagonista: el texto se acomoda al protagonista, y no al revés. 

Si todavía no lo leyeron, definitivamente se los recomiendo ampliamente.


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=>> Otras notas relacionadas con relatos breves en el BLOG: “La otra piedad”, un cuento increíble de Lauro Massolo;  “Castillos en el aire” (un relato de mi autoría); “Radicales libres” (de Alice Munro); “Gritos en el silencio” (uno de mis preferidos, de Frederic Brown) y “El problema de la Celda 13” (del implacable Jacques Futrelle)

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jueves, 20 de marzo de 2014

La originalidad (del cine) en tela de juicio


En 1981, siete de las cintas con más recaudación eran 100% originales, dos décadas después (en el 2011) no tuvimos ninguna. Es oficial: Hollywood le ha cerrado la puerta a historias originales. Incluso Christopher Nolan tuvo dificultades para llevar Inception a la pantalla grande (aunque, se ha dicho, está basado en una historia del Tío Rico).

► Es feo tener que decir “Hollywood” como si fuera una sola cosa, una masa uniforme, una identidad indivisible. Hay mucho talento allí, grandes directores que siguen creando sus propias historias (Woody Allen y los Hermanos Coen, por decir algunos), pero su grueso está comandado por agentes comerciales y burocráticos que solo piensan en el dinero.

¡Y está bien que sea así! 

El cine es un negocio, y no dejará de serlo. Está certificado que una secuela (más o menos exitosa) es plata asegurada. El público es parcialmente culpable. Es ley de oferta y demanda. En Argentina, por ejemplo, todo lo más visto durante el 2013 fue cine puramente comercial, pochoclero.

Parece increíble, pero hay sagas que aparecieron en el 2000/2001 y siguieron dando continuaciones hasta el 2011 (El juego del miedo, Harry Potter, Rápido y Furioso).



Lo que a mí más me llama la atención, sin embargo, no son las sagas, precuelas, reboots y remakes, sino la influencia de la Literatura. Cada vez hay menos lectores y, sin embargo, cada vez hay más historias basadas en obras literarias. Hay un eterna dicotomía entre si “es mejor el libro o la película”, y la realidad es que uno de los principales problemas de la adaptación de novelas es que se pierde material. El cine y la literatura son lenguajes distintos. Muchas veces se fusionan, se mezclan… otras veces se acuestan y después no se llaman al día siguiente. 

En el mundo cinematográfico prima la imagen por encima de la palabra, mientras que en el literario es básicamente la palabra. Lo que hace que un libro sea más profundo y más rico que una película es lo mismo que hace que una puerta de madera que cruje provoque más miedo que un payaso sosteniendo globos bajo una alcantarilla: la imaginación es (y siempre será) mucho más poderosa que la vista. 

Creo que es importante complementar el Cine (sea el comercial o el indie) con una buena dosis de Literatura. Tomar la pastilla roja para descubrir que hay todo un universo literario detrás del cine, que es maravilloso y que muchas veces las películas no logran ajusticiar. Que la película sea mediocre o vacía, no implica necesariamente que el libro también lo sea.

El Gran Gatsby (F. Scott Fitzgerald, 1925) es una novela fantástica y uno de los más grandes clásicos de la literatura americana. Su adaptación más famosa (escrita por Francis Ford Coppola en 1974, y  protagonizada por Robert Redford) me dejó deseando bastante. Está lejos de capturar la emoción y todos los simbolismos que presenta la novela. Lo de Buhrman y su Leonardo Di Caprio hace un tiempo fue un poco más interesante.

Algo similar me pasó con Un mundo feliz (Aldous Huxley, 1932). 


La adaptación cinematográfica de 1998 –que salió directamente al cable– es triste y para el olvido. La vi de chico, por casualidad (y creo que por Space), y luego me enteré que estaba basada en uno de los libros de ciencia ficción más importantes del universo entero. Me animé a leerlo (tenía no más de 14 años) y resultó ser uno de los textos que marcarían mi vida y muchas de mis pasiones futuras (aprendí a amar la ciencia ficción y las sociedades distópicas). Huxley: un genio total. Las películas de Harry Potter por otra parte, son visualmente impresionantes, pero ninguna le hace verdadera justicia a los libros. Las dos primeras adaptaciones están bastante bien en cuanto a “fidelidad”… y creo que todas capturan correctamente la esencia del “mundo mágico” que creó J.K Rowling.

Sin embargo, ninguna película está a la altura de los libros, que son obras realmente complejas y con muchos recursos narrativos interesantes. Incluso la sexta película asesinó completamente al libro (que es el mejor de todos), y hasta cambió estúpidamente el final original.

El cine es y siempre será, junto a la literatura, una de mis grandes debilidades. Pero son peras y olmos. Manejan sensaciones y lenguajes distintos. Es una pena que muchas veces se distorsione la esencia del autor en adaptaciones que lo dejan mal parado, vacío o como alguien que “se vendió por lo comercial”. 

También es una pena que el Cine no pueda crear cosas originales, sin recurrir a lo ya escrito. Aún con la marcada tendencia a no leer textos con más de 140 palabras y la preferencia hacia lo rápido y visual, todavía creo que los libros tienen mucho para enseñarnos, sin la necesidad de convertirse en una comercial película. 

Hay todo un universo, escondido entre fragmentos de papel, para complementarse con ese maravilloso fanatismo que genera el Cine.

Estudios dicen que una novela adaptada al cine eleva el 30% sus ventas. Lo que sucedió este año con la impecable primera temporada de True Detective y el libro de horror cósmico de Robert Chambers sobre el Yellow King, –un libro que hoy, 120 años después, se convirtió en un best-seller–, es simplemente impresionante. Es un claro ejemplo de cómo el cine (o la televisión) alarga la vida de un libro y le da una segunda oportunidad.


► ¿Qué opinan? ¿A Hollywood se le acabaron las ideas y, por eso, se la pasa robando de libros, secuelas y reboots? ¿Les gusta que la cada vez tengamos menos lectores y más adaptaciones cinematográficas?

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=>> Otros posts que combinan el CINE y la LITERATURA (y les pueden interesar): “¿Sueña Phillip Dick con ovejas eléctricas?” (un post sobre la influencia de Blade Runner); “Cuando el Cine supera a la literatura” (un análisis de El Mago de Oz, la obra de 1939); “Les miserables” y las adaptaciones al cine de grandes clásicos; Top Five de Citas Incorrectas (del Cine y la Literatura)

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lunes, 9 de septiembre de 2013

Magnum opus, o cómo definir una “obra maestra”


Una pregunta sencilla y, sin embargo, deliciosamente compleja. Hoy tengo ganas de reflexionar sobre eso. Capaz porque terminé de leer “Watchmen”, una novela gráfica que me voló la cabeza. Quizás porque en una vida anterior me gustaría haber sido Edgar Allan Poe. Tal vez porque, metido en el sub-mundo de “los que intentan pegarla con la literatura” me doy cuenta de que el talento y la genialidad no alcanzan, hay que sumar una buena cuota de suerte o de “espacio y tiempo adecuados”.

Comencemos, como usualmente se hace, por plantear la tesis. ¿Cuándo una obra es considerada “buena”? Creo –y podrán, por supuesto, debatírmelo a muerte– que se da cuando el artista que la crea consigue exactamente lo que buscaba. 

=> Si un libro se concibe para vender sin generar demasiadas reflexiones profundas ESTÁ BIEN. Está bien querer crear una obra comercial, y triunfar en ello. 

Ahora: ¿cuándo nos vemos ante una obra maestra? Supongo que tiene que ver con obtener  –generalmente de forma inconsciente– mucho más que lo que se pretendía, o alcanzar muchos más niveles de lectura que los que parece tener a primera vista. Por otro lado, la obra maestra se enriquece con el tiempo, llegando a ser “emblemática” o lo que se conoce como un clásico.

La obra maestra es aquella que resiste la vil erosión del tiempo, encarna temáticas eternas (inmortales), redefine o afianza géneros y no le importan las modas, tendencias o cambios de gustos.

Generalmente, son categorías con la menor cantidad de subjetividad posible. Han sido percibidas como obras decisivas por una gran parte de la sociedad. En cuestiones de cine, por ejemplo: te puede gustar o no Matrix, pero es impensable concebir que no es una película que –dentro de su género–  cruzó una barrera, rompió un umbral. Revolucionó la estética del cine, los efectos visuales, y la forma de tratar la ciencia ficción. Lo mismo hay que decir de “Saw” (El juego del miedo), redescubriendo el género del terror/suspenso. Una película que considero representativa de una nueva forma de hacer cine de terror. Por supuesto, lo mismo ha sucedido en su momento con Alien, Titanic, Batman: Dark Knight, el Padrino, Volver al Futuro.

La “obra maestra” encierra lo permanente frente a lo efímero. No se disipa con facilidad, y genera múltiples estudios. Entendemos que existe una obra maestra cuando muchos intentan copiarla, imitarla, parodiarla, reproducirla, elogiarla. 

Es lo mismo que sucede con el líder de un grupo. En general no se lo denomina como tal, pero todos lo siguen sin preguntarse el por qué. Se confina lo absoluto frente a lo relativo. Ejerce una suerte de magnetismo sobre los hombres a través de las décadas y cada generación desea tomarla para sí. Fascina (maravilla) por su inagotable capacidad de perturbar, de cautivar, de hacernos reflexionar. 

Representa esa sólida unión entre el presente y el pasado.

Aclaro que estoy intentando canalizar la idea desde el cine y la literatura. Me gusta pensar que se puede definir la obra maestra como la que abre otros caminos, engendra nuevas concepciones temáticas, estéticas y técnicas. 

=> Así lo fue Rayuela. Así fueron “El Gran Gatsby” y “El guardián entre el centeno” para la cultura literaria norteamericana (y por extensión, la cultura mundial). Existió ese gran maestro llamado Edgar Allan Poe, y muchos siglos antes Homero. Por más que me aburra la literatura rusa, existieron Dostoievski y León Tolstoi (Anna Karenina). 

En el medio, un visionario escribió sobre Don Quijote, otro "Las aventuras de Hucleberry Finn" y más tarde Oscar Wilde –ese fantástico escritor irlandés– mezcló varios estilos (gótico, simbólico, postimpresionista, etc.) en El retrato de Dorian Gray.

También son obras maestras aquellas premisas que reviven géneros muertos: la novela de aventuras (Alejandro Dumas: El conde de Montecristo). Por más que sea poco digerible para el público general, no podemos quitarle mérito al precursor del realismo mágico (García Márquez: “El coronel no tiene quien le escriba”, “Cien Años de Soledad”). 

Tres son los fundadores inequívocos de la novela de ciencia ficción distópica, con obras fascinantes como Un Mundo Feliz (Aldous Huxley), Fahrenheit 451 (Ray Bradbury) y 1984 (George Orwell). Historias premonitorias, escudos de la literatura, distintivas críticas sociales.

¿Qué es un clásico? Al final del día, es aquella obra que sobrevive al paso del tiempo, que pregunta al mismo tiempo que contesta, y que tiene la habilidad  –casi mágica– de leernos a nosotros mismos.


“Si tuviera que llevarme un solo libro a una isla desierta,
preferiría ahogarme en el naufragio”. (Eduardo Mendoza)


► Como siempre: si el post les gustó, comenten y compartan. ¿Qué obras del cine y la literatura consideran “obras maestras” y por qué? ¡Espero sus comentarios en el blog o en mi página! ¡Saludos!


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