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miércoles, 18 de enero de 2017

“Las puertas de la percepción”, de Aldous Huxley


En el año 1954 ya se experimentaba bastante con drogas alucinógenas, pero pocos se tomaban el trabajo (o el riesgo) de documentar imparcialmente sus efectos. En ese sentido, el curioso ensayo de Aldous Huxley, Las puertas de la percepción, vino a cambiarlo todo.

Tanto este ensayo como “Cielo e infierno” (que Huxley publicó dos años después) relatan la experiencia real del autor tomando mescalina, el principal alcaloide del peyote y que tiene propiedades alucinógenas. 

El conocido autor de Un mundo feliz estaba un tanto decepcionado  con la manera en la que avanzada la tecnología aquella época y por el estilo superfluo de la sociedad en general; por ese motivo comenzó a experimentar en el área psicodélica.

Las puertas de la percepción es un ensayo cortito (unas 30 páginas) que se lee con facilidad (a pesar de la inconmensurable erudición del autor). Se puede leer sencillamente en una tarde.

► Las puertas de la percepción (1954) ensayo de Aldous Huxley: DESCARGAR.

El ensayo es absolutamente fascinante no sólo por la lisérgica premisa (documentar objetivamente los cambios que produce en el cuerpo humano la ingesta de mescalina) sino también porque el escritor lo redacta de forma muy amena.

***


El título está inspirado en una cita de William Blake contenida en su obra “El matrimonio del cielo y el infierno”. 

Allí, Blake escribe:

«Si las puertas de la percepción se purificaran
todo se le aparecería al hombre como es, infinito».

La hipótesis de Huxley es que el cerebro humano es limitado, filtra la realidad impidiéndole el paso a todas las impresiones e imágenes del mundo, ya que no encuentra forma de procesarlas. En ese sentido, las drogas alucinógenas pueden reducir este filtro (abrir las puertas de la percepción, como expresa simbólicamente).


A lo largo del ensayo él pasa por diferentes etapas, la delira un montón, y comienza a notar cómo, por ejemplo, los objetos cotidianos pierden su funcionalidad, de repente existen "como tales". También el espacio y el tiempo pierden relevancia. 

En palabras suyas:

«El lugar y la distancia dejan de tener mucho interés. La mente obtiene su percepción en función de intensidad de existencia, de profundidad de significado, de relaciones dentro de un sistema. Veía los libros, pero no estaba interesado en las posiciones que ocupan en el espacio. Lo que advertía, lo que se grababa en mi mente, era que todos ellos brillaban con una luz viva. (…) El espacio seguía allí, pero había perdido su predominio. La mente se interesaba primordialmente no en las medidas y las colocaciones, sino en el ser y el significado.»

Por su parte, los niveles de percepción parecen hacerse mayores. 

La sensación es de que algo demasiado grande te invade, lo que Huxley interpreta como el cerebro tratando de lidiar con la enorme cantidad de impresiones y sensaciones que el filtro ahora deja pasar. 

Dice el autor:

«(...) la función del cerebro, el sistema nervioso y los órganos sensoriales es principalmente eliminativa, no productiva. La función del cerebro y del sistema nervioso es protegernos, impedir que quedemos abrumados y confundidos por esta masa de conocimientos en gran parte inútiles y sin importancia (...) admitiendo únicamente la muy reducida y especial selección que tiene probabilidades de sernos prácticamente útil.”»    

En una nota de color, este libro (absolutamente influyente para los estudiosos de la psicología, filósofos y hasta médicos) tuvo una fuerte influencia en la cultura popular. En primera instancia, dio nombre a la banda The Doors, quienes a su vez crearon una canción (Break on through) inspirada en la temática de “Las puertas de la percepción”.

Además, quienes hayan visto la película Doctor Strange (una de las grandes producciones cinéfilas del 2016), durante el clásico cameo de Stan Lee se lo puede ver en un colectivo leyendo este mismo libro.


***

El ensayo de Huxley es muy detallado e inmerso en la reflexión. No sólo fue tomando apuntes sino que además contó con un grupo de investigadores que lo observaban y lo iban acompañando durante la experiencia.

Es muy loco cuando, a medida que avanza la narración, te das cuenta que el escritor está absolutamente puesto, entrando en una atmósfera de colores y texturas, un espacio compuesto de una importante sensibilidad visual.
«La totalidad está presente hasta en los pedazos rotos.
Más claramente presente tal vez que en una obra completamente coherente.»

Entre sus diferentes disertaciones, que van desde lo filosófico hasta lo místico, también incorpora investigaciones médicas y psicológicas, demostrando que hizo un trabajo importante antes de someterse al experimento.


No es raro que este ensayo (de la mano con los poemas de William Blake) se haya convertido en una suerte de manual para el movimiento hippie que surgió después en la década de los ´60. Y, a pesar de contar con más de cincuenta años desde su concepción, sigue siendo una lectura vigente.

Si tienen posibilidad de leerlo, háganlo. No tiene desperdicio.
«Vivimos juntos y actuamos y reaccionamos los unos sobre los otros,
pero siempre, en todas las circunstancias, estamos solos.»
(Aldous Huxley, Las puertas de la percepción)
 
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jueves, 20 de marzo de 2014

La originalidad (del cine) en tela de juicio


En 1981, siete de las cintas con más recaudación eran 100% originales, dos décadas después (en el 2011) no tuvimos ninguna. Es oficial: Hollywood le ha cerrado la puerta a historias originales. Incluso Christopher Nolan tuvo dificultades para llevar Inception a la pantalla grande (aunque, se ha dicho, está basado en una historia del Tío Rico).

► Es feo tener que decir “Hollywood” como si fuera una sola cosa, una masa uniforme, una identidad indivisible. Hay mucho talento allí, grandes directores que siguen creando sus propias historias (Woody Allen y los Hermanos Coen, por decir algunos), pero su grueso está comandado por agentes comerciales y burocráticos que solo piensan en el dinero.

¡Y está bien que sea así! 

El cine es un negocio, y no dejará de serlo. Está certificado que una secuela (más o menos exitosa) es plata asegurada. El público es parcialmente culpable. Es ley de oferta y demanda. En Argentina, por ejemplo, todo lo más visto durante el 2013 fue cine puramente comercial, pochoclero.

Parece increíble, pero hay sagas que aparecieron en el 2000/2001 y siguieron dando continuaciones hasta el 2011 (El juego del miedo, Harry Potter, Rápido y Furioso).



Lo que a mí más me llama la atención, sin embargo, no son las sagas, precuelas, reboots y remakes, sino la influencia de la Literatura. Cada vez hay menos lectores y, sin embargo, cada vez hay más historias basadas en obras literarias. Hay un eterna dicotomía entre si “es mejor el libro o la película”, y la realidad es que uno de los principales problemas de la adaptación de novelas es que se pierde material. El cine y la literatura son lenguajes distintos. Muchas veces se fusionan, se mezclan… otras veces se acuestan y después no se llaman al día siguiente. 

En el mundo cinematográfico prima la imagen por encima de la palabra, mientras que en el literario es básicamente la palabra. Lo que hace que un libro sea más profundo y más rico que una película es lo mismo que hace que una puerta de madera que cruje provoque más miedo que un payaso sosteniendo globos bajo una alcantarilla: la imaginación es (y siempre será) mucho más poderosa que la vista. 

Creo que es importante complementar el Cine (sea el comercial o el indie) con una buena dosis de Literatura. Tomar la pastilla roja para descubrir que hay todo un universo literario detrás del cine, que es maravilloso y que muchas veces las películas no logran ajusticiar. Que la película sea mediocre o vacía, no implica necesariamente que el libro también lo sea.

El Gran Gatsby (F. Scott Fitzgerald, 1925) es una novela fantástica y uno de los más grandes clásicos de la literatura americana. Su adaptación más famosa (escrita por Francis Ford Coppola en 1974, y  protagonizada por Robert Redford) me dejó deseando bastante. Está lejos de capturar la emoción y todos los simbolismos que presenta la novela. Lo de Buhrman y su Leonardo Di Caprio hace un tiempo fue un poco más interesante.

Algo similar me pasó con Un mundo feliz (Aldous Huxley, 1932). 


La adaptación cinematográfica de 1998 –que salió directamente al cable– es triste y para el olvido. La vi de chico, por casualidad (y creo que por Space), y luego me enteré que estaba basada en uno de los libros de ciencia ficción más importantes del universo entero. Me animé a leerlo (tenía no más de 14 años) y resultó ser uno de los textos que marcarían mi vida y muchas de mis pasiones futuras (aprendí a amar la ciencia ficción y las sociedades distópicas). Huxley: un genio total. Las películas de Harry Potter por otra parte, son visualmente impresionantes, pero ninguna le hace verdadera justicia a los libros. Las dos primeras adaptaciones están bastante bien en cuanto a “fidelidad”… y creo que todas capturan correctamente la esencia del “mundo mágico” que creó J.K Rowling.

Sin embargo, ninguna película está a la altura de los libros, que son obras realmente complejas y con muchos recursos narrativos interesantes. Incluso la sexta película asesinó completamente al libro (que es el mejor de todos), y hasta cambió estúpidamente el final original.

El cine es y siempre será, junto a la literatura, una de mis grandes debilidades. Pero son peras y olmos. Manejan sensaciones y lenguajes distintos. Es una pena que muchas veces se distorsione la esencia del autor en adaptaciones que lo dejan mal parado, vacío o como alguien que “se vendió por lo comercial”. 

También es una pena que el Cine no pueda crear cosas originales, sin recurrir a lo ya escrito. Aún con la marcada tendencia a no leer textos con más de 140 palabras y la preferencia hacia lo rápido y visual, todavía creo que los libros tienen mucho para enseñarnos, sin la necesidad de convertirse en una comercial película. 

Hay todo un universo, escondido entre fragmentos de papel, para complementarse con ese maravilloso fanatismo que genera el Cine.

Estudios dicen que una novela adaptada al cine eleva el 30% sus ventas. Lo que sucedió este año con la impecable primera temporada de True Detective y el libro de horror cósmico de Robert Chambers sobre el Yellow King, –un libro que hoy, 120 años después, se convirtió en un best-seller–, es simplemente impresionante. Es un claro ejemplo de cómo el cine (o la televisión) alarga la vida de un libro y le da una segunda oportunidad.


► ¿Qué opinan? ¿A Hollywood se le acabaron las ideas y, por eso, se la pasa robando de libros, secuelas y reboots? ¿Les gusta que la cada vez tengamos menos lectores y más adaptaciones cinematográficas?

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=>> Otros posts que combinan el CINE y la LITERATURA (y les pueden interesar): “¿Sueña Phillip Dick con ovejas eléctricas?” (un post sobre la influencia de Blade Runner); “Cuando el Cine supera a la literatura” (un análisis de El Mago de Oz, la obra de 1939); “Les miserables” y las adaptaciones al cine de grandes clásicos; Top Five de Citas Incorrectas (del Cine y la Literatura)

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lunes, 9 de septiembre de 2013

Magnum opus, o cómo definir una “obra maestra”


Una pregunta sencilla y, sin embargo, deliciosamente compleja. Hoy tengo ganas de reflexionar sobre eso. Capaz porque terminé de leer “Watchmen”, una novela gráfica que me voló la cabeza. Quizás porque en una vida anterior me gustaría haber sido Edgar Allan Poe. Tal vez porque, metido en el sub-mundo de “los que intentan pegarla con la literatura” me doy cuenta de que el talento y la genialidad no alcanzan, hay que sumar una buena cuota de suerte o de “espacio y tiempo adecuados”.

Comencemos, como usualmente se hace, por plantear la tesis. ¿Cuándo una obra es considerada “buena”? Creo –y podrán, por supuesto, debatírmelo a muerte– que se da cuando el artista que la crea consigue exactamente lo que buscaba. 

=> Si un libro se concibe para vender sin generar demasiadas reflexiones profundas ESTÁ BIEN. Está bien querer crear una obra comercial, y triunfar en ello. 

Ahora: ¿cuándo nos vemos ante una obra maestra? Supongo que tiene que ver con obtener  –generalmente de forma inconsciente– mucho más que lo que se pretendía, o alcanzar muchos más niveles de lectura que los que parece tener a primera vista. Por otro lado, la obra maestra se enriquece con el tiempo, llegando a ser “emblemática” o lo que se conoce como un clásico.

La obra maestra es aquella que resiste la vil erosión del tiempo, encarna temáticas eternas (inmortales), redefine o afianza géneros y no le importan las modas, tendencias o cambios de gustos.

Generalmente, son categorías con la menor cantidad de subjetividad posible. Han sido percibidas como obras decisivas por una gran parte de la sociedad. En cuestiones de cine, por ejemplo: te puede gustar o no Matrix, pero es impensable concebir que no es una película que –dentro de su género–  cruzó una barrera, rompió un umbral. Revolucionó la estética del cine, los efectos visuales, y la forma de tratar la ciencia ficción. Lo mismo hay que decir de “Saw” (El juego del miedo), redescubriendo el género del terror/suspenso. Una película que considero representativa de una nueva forma de hacer cine de terror. Por supuesto, lo mismo ha sucedido en su momento con Alien, Titanic, Batman: Dark Knight, el Padrino, Volver al Futuro.

La “obra maestra” encierra lo permanente frente a lo efímero. No se disipa con facilidad, y genera múltiples estudios. Entendemos que existe una obra maestra cuando muchos intentan copiarla, imitarla, parodiarla, reproducirla, elogiarla. 

Es lo mismo que sucede con el líder de un grupo. En general no se lo denomina como tal, pero todos lo siguen sin preguntarse el por qué. Se confina lo absoluto frente a lo relativo. Ejerce una suerte de magnetismo sobre los hombres a través de las décadas y cada generación desea tomarla para sí. Fascina (maravilla) por su inagotable capacidad de perturbar, de cautivar, de hacernos reflexionar. 

Representa esa sólida unión entre el presente y el pasado.

Aclaro que estoy intentando canalizar la idea desde el cine y la literatura. Me gusta pensar que se puede definir la obra maestra como la que abre otros caminos, engendra nuevas concepciones temáticas, estéticas y técnicas. 

=> Así lo fue Rayuela. Así fueron “El Gran Gatsby” y “El guardián entre el centeno” para la cultura literaria norteamericana (y por extensión, la cultura mundial). Existió ese gran maestro llamado Edgar Allan Poe, y muchos siglos antes Homero. Por más que me aburra la literatura rusa, existieron Dostoievski y León Tolstoi (Anna Karenina). 

En el medio, un visionario escribió sobre Don Quijote, otro "Las aventuras de Hucleberry Finn" y más tarde Oscar Wilde –ese fantástico escritor irlandés– mezcló varios estilos (gótico, simbólico, postimpresionista, etc.) en El retrato de Dorian Gray.

También son obras maestras aquellas premisas que reviven géneros muertos: la novela de aventuras (Alejandro Dumas: El conde de Montecristo). Por más que sea poco digerible para el público general, no podemos quitarle mérito al precursor del realismo mágico (García Márquez: “El coronel no tiene quien le escriba”, “Cien Años de Soledad”). 

Tres son los fundadores inequívocos de la novela de ciencia ficción distópica, con obras fascinantes como Un Mundo Feliz (Aldous Huxley), Fahrenheit 451 (Ray Bradbury) y 1984 (George Orwell). Historias premonitorias, escudos de la literatura, distintivas críticas sociales.

¿Qué es un clásico? Al final del día, es aquella obra que sobrevive al paso del tiempo, que pregunta al mismo tiempo que contesta, y que tiene la habilidad  –casi mágica– de leernos a nosotros mismos.


“Si tuviera que llevarme un solo libro a una isla desierta,
preferiría ahogarme en el naufragio”. (Eduardo Mendoza)


► Como siempre: si el post les gustó, comenten y compartan. ¿Qué obras del cine y la literatura consideran “obras maestras” y por qué? ¡Espero sus comentarios en el blog o en mi página! ¡Saludos!


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