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miércoles, 1 de diciembre de 2021

Foundation (S1) y las series que vi este año

 

Todos los años me encuentro al menos con una serie que me obsesiona completamente. En 2021 fue Foundation, la adaptación de Apple TV+ basada en la saga de Isaac Asimov. En esta nota reseño su primera temporada y, de paso, hago un paseo cortito por otras series que vi en el año.

 


viernes, 5 de junio de 2020

No hay chiste sin remate (cuento)


Escribir es mentir elegantemente. Lo interesante de este tipo de relatos es cuando no podemos identificar qué sección es inventada por el autor y qué sucedió realmente. Y es que ese límite no importa realmente mientras la escritura genere una atmósfera reflexiva y nos interpele de alguna forma.

Espero haber logrado algo de eso con No hay chiste sin remate, un cuentito quizás un poco más autobiográfico de lo habitual. Puntos para los nerds que capten los easters eggs a Watchmen, de Alan Moore.

viernes, 10 de enero de 2020

Doomsday Clock: el choque entre Watchmen y DC


Doomsday Clock –la miniserie de doce tomos de DC Comics, escrita por Geoff Johns y con dibujos de Gary Frank– se convirtió en mi lectura favorita del 2019. Si bien admito que fue medio tramposo porque en realidad comencé a leer el comic cuando se lanzó, allá por noviembre de 2017. El último número, sin embargo, salió en diciembre 2019. 

En esta nota quiero reseñar la novela gráfica, evitando los spoilers para quienes todavía no pudieron chequearla.


lunes, 19 de febrero de 2018

Los cuatro tipos de héroes en la ficción


Cada vez con más frecuencia vengo sintiendo que los héroes de la ficción son poco interesantes. Pareciera que son creados específicamente para una audiencia que necesita conectarse con algún falso ideal de moralidad. Esto hace que los héroes protagonistas terminen siendo bastante superficiales y vacíos. Predecibles, incluso.


Por suerte, cada tanto aparece uno que hace que me cuestione todo lo que creo entender sobre lo que significa ser un héroe (no necesariamente un “súper” héroe, tema de debate para otro día).

¿Cuál es la línea que distingue a un héroe típico y estándar de uno más “imperfecto” y, por lo tanto, más creíble? Porque, al final del día, son estos personajes menos perfectos los que se quedan más en nuestra mente, al no funcionar únicamente como una fantasía utópica de moral intachable.

En otras palabras: ¿qué hace en un héroe se sienta “real”?


lunes, 22 de mayo de 2017

Análisis de “Batman & Flash: The Button” (crossover DC/Watchmen)


La semana pasada finalizó el evento más esperado por los fans de DC Comics: The Button, el arco argumental que cruzaría, finalmente (y luego de años de espera) a los personajes de DC con los de la novela gráfica más consagrada de Alan Moore: Watchmen.
  • ¿Cómo llegamos a este evento sin precedentes? 
  • ¿Qué pasó en The Button? 
  • ¿Qué no pasó en The Button? 
Se respondieron algunos interrogantes fundamentales aunque el misterio principal sigue presente. De hecho, esta historia generó más preguntas que respuestas. 

Pero ya llegaremos a eso.

Vamos por parte.

Los lectores asiduos de DC Comics seguramente están más o menos al tanto de qué es lo que viene pasando en el mundo de las historietas. No todos, sin embargo, por lo que voy a arrancar con una breve recapitulación de los eventos.

***

Borrón y cuenta nueva: ¿por qué los reinicios?

No es fácil hablar de todos los reinicios que tuvo la editorial DC con sus comics. En pocas palabras, son tantas las líneas argumentales de DC, tantos los personajes y tantos los diferentes escritores y artistas que trabajan en las obras, que normalmente la continuidad se vuelve muy confusa y caótica.

Inevitablemente, aparecen agujeros en las tramas, errores de continuidad, fallas argumentales, incoherencias. Por eso DC toma, cada tanto (aunque cada vez con mayor frecuencia) la drástica decisión de hacer borrón y cuenta nueva, relanzando todos sus títulos desde cero, y colocando algún tipo de “excusa narrativa” para el hecho.


Esto le sirve para refrescar el contenido, acomodar las historias y –por supuesto– vender más. Cada nuevo “reboot” viene acompañado de mucho hype, debates, movida en internet, opiniones de fanáticos. Los que se introducen por primera vez en el universo de estos superhéroes pueden sumarse a un nuevo reinicio sin temor a perderse de lo que sucedió antes.

Un relanzamiento fallido: The New 52

En el año 2011 llegó The New 52, un reboot de las historias publicadas por DC Comics que fue recibido con pésimas críticas, a excepción de algunos títulos como el de Batman, que presentó grandes arcos argumentales (Court of Owls, Death of the Family Zero Year).


El nombre se debió a que fueron renovadas 52 series; aunque más tarde se empezaron a publicar otras. Uno de los ganchos promocionales fue que volvían a publicarse las series Action Comics (donde debutó Superman) y Detective Comics (donde debutó Batman). Series que no corrían desde los años ´30.

Flashpoint: la excusa narrativa hacia The New 52

El puntapié inicial para The New 52 fue la celebrada historia Flashpoint (que, para los vagos, la tienen en adaptación cinematográfica. Yo la comenté en esta nota).

En esta historia de 5 tomos, básicamente lo que sucede es que el segundo Flash (Barry Allen) busca revivir a su madre y viaja en el tiempo. Al hacerlo, queda atrapado en una línea alternativa de tiempo donde las cosas son muy diferentes.

En esta realidad, por ejemplo, Superman nunca fue criado por los Kents, Wonder Woman y las amazonas están en guerra con la gente de Atlantis y fue Bruce Wayne quien murió en el Callejón del Crimen, haciendo que quien se convierte en Batman es su padre, Thomas Wayne.

Después de los eventos, Flash vuelve a la tierra original sólo para encontrar que las cosas no están igual que como las dejó… disparando lo que sería el reinicio de The New 52.

El argumento de Flashpoint fue adaptado con muchísima libertad en la serie de televisión. La tercera temporada se centra en Barry usando sus poderes para detener el asesinato de su madre en el pasado, lo que crea un nuevo universo paralelo. 

Al regresar a su línea del tiempo original, da lugar a otra nueva línea del tiempo con algunos cambios menores y otros devastadores.

***

Un nuevo reinicio: ¿Qué es DC Rebirth?

DC Comics: Rebirth es el último relanzamiento de toda la línea de series regulares y llegó en el 2016 como una forma de reparar los errores de su reinicio anterior.

Todo comenzó en mayo de 2016, con DC Rebirth Special #1.

Comprende un tomo de 81 hojas que dispara la historia. No es un mal cómic pero tampoco uno terriblemente bueno. Funciona como un ejercicio de nostalgia y dispara los interrogantes que conforman el principal misterio de la historia.

Wally West, quien había desaparecido del universo pos-Flashpoint, está atrapado en la Speed Force e intentando regresar a casa, pero nadie logra escucharlo. Al parecer tiene información fundamental sobre qué causó el mundo de New 52.

En su esfuerzo por regresar a la realidad, Wally va visitando a diversos personajes del universo DC. A nivel narrativo fue una movida inteligente porque permite poner al corriente al lector con las cuestiones básicas que fueron sucediendo en los últimos años y brinda momentos emotivos.

Finalmente, es Flash (Barry Allen) quien logra traerlo, y entonces Wally le cuenta lo que conoce: alguien ha estado manipulando las líneas temporales para generar caos y confusión. Mientras tanto, en la baticueva Batman encuentra el pin con la carita feliz que utilizaba El Comediante de Watchmen.

***

Hechas todas estas aclaraciones previas, podemos empezar a hablar de Batman & Flash: The Button, el esperado entrecruzamiento entre DC y Watchmen.

El comic de cuatro partes finalizó el pasado miércoles 17, así que ya estamos en condiciones de reseñarlo en su totalidad. The Button está formado por los números Batman #21 (parte 1), Flash #21 (parte 2), Batman #22 (parte 3) y Flash #22 (parte 4).

Obviamente, para poder comprender mejor es necesario tener cierto conocimiento o, mejor aún, haber leído:
  • La novela gráfica Watchmen (Alan Moore, 1985)
  • Flashpoint (Geoff Johns, 2011)
  • DC Rebirth #1 Special (Geoff Johns, 2016)
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Review – The Button (sin spoilers)

The Button no es una saga pasajera como las demás. Es el siguiente paso en la evolución del universo DC. La historia que arrancó en el especial Rebirth #1 del año pasado continúa acá, desgranando el misterio del pin del Comediante que apareció en la baticueva.


¿Qué ocurrió con la realidad de este universo? ¿Quién le robó años de acontecimientos y experiencias vitales a los superhéroes? Las respuestas están cerca, pero puede que no sean las que todos estamos esperando.

Disfruté un montón de esta historia que está plagada de grandes revelaciones y momentos muy emotivos. Las cuatro partes son bastante diferentes entre sí pero se cohesionan con armonía. Lo que sí es importante aclarar es que se generan más interrogantes de los que se responden, aunque sí tenemos confirmación de la principal teorías que los fans venían confabulando en el último año.

No es necesario pensarla demasiado para darse cuenta de que esta pequeña historia no resuelve ninguna de las dudas que se habían planteado durante Rebirth. Es más bien el puntapié para el gran evento que arranca en noviembre (Doomsday Clock).

Desde la primera parte, donde vemos la utilización de la mítica grilla 3x3 de Watchmen y ocurren cosas a cada segundo que logran que un cómic cuya premisa se puede resumir en dos líneas, se convierta narrativamente en lo mejorcito que se ha visto últimamente en DC, hasta un final devastador y enigmático, The Button es simplemente genial.


Otro aspecto destacable es la relación Batman/Flash, una a la que nunca se le sacó tanto jugo como ahora. Era hora de que alguien aprovechara los aspectos en común que tienen ambos protagonistas.

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#SpoilerAlert: a partir de ahora entramos en terreno full spoilers. Se revelan aspectos fundamentales de la trama.

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En su esencia, The Button funciona como un misterio policial donde los protagonistas buscan descubrir quién mató a Eobard Thawne, el Flash Reverso. Si bien al final del cómic ellos no lo descubren, sí lo hacemos nosotros como lectores. Todo parece indicar que no fue otro que Dr. Manhattan. Sin embargo. ¿hay alguien más moviendo los hilos?

En esta historia, Flash Reverso hace algunas cosas verdaderamente crueles como romperle a Batman la carta de su padre (que Barry había traído desde Flashpoint). Thawne es un personaje interesante (y detestable) para contrastar con el omnipotente Superman (la analogía más directa del Dr. Manhattan). 

Mientras que el Flash Reverso se considera a sí mismo como una paradoja viviente, y tiene fama de alterar líneas temporales, el mantra de Manhattan es que todo está preordenado, nada puede cambiarse, y todos somos piezas de un engranaje haciendo exactamente lo que debemos hacer.

Otra gran sorpresa fue descubrir que todo el resto de la continuidad de DC existe, en algún lado. Por ejemplo, Barry pensó que Flashpoint había desaparecido cuando él se fue, pero está ahí, intacta.

La reunión entre Batman/Thomas y Batman/Bruce en la tercera parte del comic califica como uno de los momentos más emocionantes en la historia de los cómics. Y acá ocurre un disparador interesante: Thomas Wayne le pide a su hijo que “no sea Batman”. 

¿Alguien está intentando que Batman considere abandonar su puesto?


En otra nota, el cómic confirma que la JSA (Justice Society of America), la línea original de miembros de la Liga de la Justicia, estaría regresando. Un grupo de superhéroes que fue removido con The New 52.

De hecho, el cameo de Jay Garrick en el final (el Flash original de la época dorada) apunta a esto también.

Luego de los eventos, en algún otro lugar del universo, una refulgente mano azul recoge el famoso pin del suelo. Dice: 
“Todo está predestinado, incluso mis respuestas. Todos somos marionetas, Laurie. Solo soy la marioneta que puede ver los hilos.”

El epílogo es el momento más sorprendente del arco argumental. Vemos cómo se hace zoom sobre el pin del smiley, hasta que solo se diferencian dos colores, el amarillo y el rojo. Cuando la cámara se aleja el pin se convirtió en el escudo de Superman, con visibles daños. 

Se viene la pelea del milenio: Superman vs. Dr. Manhattan.


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viernes, 17 de abril de 2015

Las cuatro filosofías de vida en la Literatura y el Cine

A la hora de encarar los vastos desafíos de la vida, hay muchísimas formas de ver el problema. Pero si buscamos generalizar, es probable que podamos dividir estas “filosofías de vida” en cuatro: la visión optimista, la realista, la apática y la cínica. Moviéndose de izquierda a derecha, es algo así como ver el cielo azul y soleado, parcialmente nublado, grisáceo y directamente oscuro.

El observador casual puede notar cómo tenemos diferentes percepciones y posturas respecto a  una misma situación. El optimista tienden a sonreír y pensar: “La vida es verdaderamente hermosa”. El realista es un poco más objetivo y balanceado. Dice: “La vida tiene sus más y sus menos”. El apático tiende más hacia la indiferencia o la neutralidad, rozando el desinterés: “No creo que la vida sea mejor que lo que estamos viviendo ahora”. Por su parte, el cínico solo frunce el ceño mientras acota: “No vale la pena pensar en la vida. Todos nos vamos a morir”.

Estas cuatro filosofías de vida son interesantes para estudiar las dinámicas de los grupos. Es muy probable que, frente a un desafío, las personas tiendan a tener más predisposición hacia una de ellas. A nivel narrativo, en una película, una serie o un libro, esta es una base para generar conflictos atrapantes entre los protagonistas, que hacen de la historia algo más rico.

Pensamos, por ejemplo, en los cuatro Fantásticos. Reed es el optimista (“La ciencia lo puede arreglar”), Ben es el cínico (“Eso nunca va a funcionar, Mr. Elástico”). El papel de realista le corresponde a Sue (“¿Podrían dejar de pelearse?”) y Johnny es el apático (“Perdón, me perdí. ¿Qué decían?”). Por supuesto, en algunas ocasiones los roles se intercambiaban, pero sus distintas formas de pensar un problema generaba que la dinámica entre ellos resultara atractiva al espectador.

Las cuatro posturas filosóficas están presentes en muchísimas historias. En la genial novela gráfica Watchmen, por ejemplo, Night Owl es el más optimista, El Comediante y Rorschach son más bien cínicos, Dr. Manhattan es absolutamente apático y Silk Spectre es realista. En el grupo de Los Beatles se decía que John Lennon era apático, McCartney un optimista, Harrison un cínico y Ringo Starr el más realista de todos.


El optimista en la narrativa suele estar asociado al héroe ideal, al príncipe, al mesías de la historia o al héroe idiota. Se sacrifica por el grupo, es testarudo, intenta hacer “lo correcto”, tiene determinación y es leal a sus ideales. El realista es el arquetipo de mentor del héroe o el soporte del líder del grupo. Sus principales atributos son la meditación, la objetividad y la disciplina. No tiene problemas en doblar un poco las reglas para alcanzar un objetivo.

El apático es ese personaje del grupo que se inclina hacia la neutralidad o la falta de interés. Puede ser porque tenga objetivos diferentes al grupo, por ser enigmático, misterioso o simplemente demasiado tonto o loco para importarle el mundo exterior. En la narrativa hace papel de soporte al protagonista, es tranquilo y, muchas veces, se convierte en una carta sorpresa en la trama.

Los personajes cínicos, por su parte, tienden a ser muy complejos y los disfruto bastante. 

El cinismo es complejo de definir pero en la narrativa se caracteriza por la hostilidad, el criticismo y la precaución. El escepticismo y la falta de compasión  también son atributos comunes. Y, por sobre todo, su moralidad suele ser la más cuestionable del grupo. Es ese personaje al que amás odiar, el antihéroe.

El cine de animación tiene ejemplos mucho más claros de estas posturas. Pensemos en “Shrek”. Tenemos a un cínico (Shrek), a un apático (El Gato con Botas), a una chica realista (Fiona) y al más optimista de todos: Burro. En “Madagascar” pasa algo similar con los cuatro protagonistas: Alex (el realista), Gloria (la cínica), Melman (el apático) y Marty (el optimista).

En la serie de Harry Potter se da un caso curioso. Cada “casa” de Hogwarts tiene una debilidad hacia una estas posturas y, por lo tanto, los alumnos de cada casa pueden generalizarse: Gryffindor (optimistas), Ravenclaw (apáticos), Slytherin (cínicos) y Hufflepuff (realistas).

Algunos han notado que las Chicas Superpoderosas también pueden dividirse bajo estas posturas generalizadas: Bombón (realista), Burbuja (la optimista), Bellota (la cínica) y el Profesor Utonio (el apático).

Un último caso, que me pareció llamativo, es el de los “James Bond” a lo largo del tiempo. 

Está claro que el James Bond de Daniel Craig es muy diferente al de Moore, Connery o Brosnan. Daniel Craig es más bien cínico. Roger Moore fue un Bond optimista y Lazenby, apático. Sean Connery y Pierce Brosnan caerían en la categoría de “Bond´s realistas”.

La presencia de estas cuatro posturas es efectiva porque condimenta al grupo, lo vuelve enérgico. Las visiones de los protagonistas contrastan, chocan, y ese choque vuelve interesante a la historia que se está contando. Así que la próxima vez que vean un conjunto de héroes en series, un montón de amigos en una novela o se encuentran reunidos con otros tres amigos, vale la pena preguntarse: ¿qué postura tiene cada uno?

¡Hasta la próxima!

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lunes, 16 de septiembre de 2013

Watchmen: la deconstrucción de los superhéroes.


Los comics son literatura. Vengan de a uno. Por lo menos este es mucha más literatura que los best-seller que hoy veo en vidriera. La célebre obra maestra de Alan Moore, Watchmen –esa miniserie de 12  capítulos sobre una realidad alternativa donde vigilantes de incógnito han transformando al mundo contemporáneo– es muchas cosas al mismo tiempo. Es un policial negro. Una oscura historia de superhéroes. Es ciencia ficción. Es ciber-punk.  Es una fuerte crítica socio-política. Es la primera gran deconstrucción de superhéroes (para algunos, la obra que disparó dicho estilo).


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lunes, 9 de septiembre de 2013

Magnum opus, o cómo definir una “obra maestra”


Una pregunta sencilla y, sin embargo, deliciosamente compleja. Hoy tengo ganas de reflexionar sobre eso. Capaz porque terminé de leer “Watchmen”, una novela gráfica que me voló la cabeza. Quizás porque en una vida anterior me gustaría haber sido Edgar Allan Poe. Tal vez porque, metido en el sub-mundo de “los que intentan pegarla con la literatura” me doy cuenta de que el talento y la genialidad no alcanzan, hay que sumar una buena cuota de suerte o de “espacio y tiempo adecuados”.

Comencemos, como usualmente se hace, por plantear la tesis. ¿Cuándo una obra es considerada “buena”? Creo –y podrán, por supuesto, debatírmelo a muerte– que se da cuando el artista que la crea consigue exactamente lo que buscaba. 

=> Si un libro se concibe para vender sin generar demasiadas reflexiones profundas ESTÁ BIEN. Está bien querer crear una obra comercial, y triunfar en ello. 

Ahora: ¿cuándo nos vemos ante una obra maestra? Supongo que tiene que ver con obtener  –generalmente de forma inconsciente– mucho más que lo que se pretendía, o alcanzar muchos más niveles de lectura que los que parece tener a primera vista. Por otro lado, la obra maestra se enriquece con el tiempo, llegando a ser “emblemática” o lo que se conoce como un clásico.

La obra maestra es aquella que resiste la vil erosión del tiempo, encarna temáticas eternas (inmortales), redefine o afianza géneros y no le importan las modas, tendencias o cambios de gustos.

Generalmente, son categorías con la menor cantidad de subjetividad posible. Han sido percibidas como obras decisivas por una gran parte de la sociedad. En cuestiones de cine, por ejemplo: te puede gustar o no Matrix, pero es impensable concebir que no es una película que –dentro de su género–  cruzó una barrera, rompió un umbral. Revolucionó la estética del cine, los efectos visuales, y la forma de tratar la ciencia ficción. Lo mismo hay que decir de “Saw” (El juego del miedo), redescubriendo el género del terror/suspenso. Una película que considero representativa de una nueva forma de hacer cine de terror. Por supuesto, lo mismo ha sucedido en su momento con Alien, Titanic, Batman: Dark Knight, el Padrino, Volver al Futuro.

La “obra maestra” encierra lo permanente frente a lo efímero. No se disipa con facilidad, y genera múltiples estudios. Entendemos que existe una obra maestra cuando muchos intentan copiarla, imitarla, parodiarla, reproducirla, elogiarla. 

Es lo mismo que sucede con el líder de un grupo. En general no se lo denomina como tal, pero todos lo siguen sin preguntarse el por qué. Se confina lo absoluto frente a lo relativo. Ejerce una suerte de magnetismo sobre los hombres a través de las décadas y cada generación desea tomarla para sí. Fascina (maravilla) por su inagotable capacidad de perturbar, de cautivar, de hacernos reflexionar. 

Representa esa sólida unión entre el presente y el pasado.

Aclaro que estoy intentando canalizar la idea desde el cine y la literatura. Me gusta pensar que se puede definir la obra maestra como la que abre otros caminos, engendra nuevas concepciones temáticas, estéticas y técnicas. 

=> Así lo fue Rayuela. Así fueron “El Gran Gatsby” y “El guardián entre el centeno” para la cultura literaria norteamericana (y por extensión, la cultura mundial). Existió ese gran maestro llamado Edgar Allan Poe, y muchos siglos antes Homero. Por más que me aburra la literatura rusa, existieron Dostoievski y León Tolstoi (Anna Karenina). 

En el medio, un visionario escribió sobre Don Quijote, otro "Las aventuras de Hucleberry Finn" y más tarde Oscar Wilde –ese fantástico escritor irlandés– mezcló varios estilos (gótico, simbólico, postimpresionista, etc.) en El retrato de Dorian Gray.

También son obras maestras aquellas premisas que reviven géneros muertos: la novela de aventuras (Alejandro Dumas: El conde de Montecristo). Por más que sea poco digerible para el público general, no podemos quitarle mérito al precursor del realismo mágico (García Márquez: “El coronel no tiene quien le escriba”, “Cien Años de Soledad”). 

Tres son los fundadores inequívocos de la novela de ciencia ficción distópica, con obras fascinantes como Un Mundo Feliz (Aldous Huxley), Fahrenheit 451 (Ray Bradbury) y 1984 (George Orwell). Historias premonitorias, escudos de la literatura, distintivas críticas sociales.

¿Qué es un clásico? Al final del día, es aquella obra que sobrevive al paso del tiempo, que pregunta al mismo tiempo que contesta, y que tiene la habilidad  –casi mágica– de leernos a nosotros mismos.


“Si tuviera que llevarme un solo libro a una isla desierta,
preferiría ahogarme en el naufragio”. (Eduardo Mendoza)


► Como siempre: si el post les gustó, comenten y compartan. ¿Qué obras del cine y la literatura consideran “obras maestras” y por qué? ¡Espero sus comentarios en el blog o en mi página! ¡Saludos!


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