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viernes, 5 de junio de 2020

No hay chiste sin remate (cuento)


Escribir es mentir elegantemente. Lo interesante de este tipo de relatos es cuando no podemos identificar qué sección es inventada por el autor y qué sucedió realmente. Y es que ese límite no importa realmente mientras la escritura genere una atmósfera reflexiva y nos interpele de alguna forma.

Espero haber logrado algo de eso con No hay chiste sin remate, un cuentito quizás un poco más autobiográfico de lo habitual. Puntos para los nerds que capten los easters eggs a Watchmen, de Alan Moore.

viernes, 16 de agosto de 2019

Swamp Thing y el DC Universe


Últimamente DC no puede hacer dos pasos sin mandarse una cagada. Había arrancado a ver Swamp Thing cuando, finalizado el primer episodio, ¡se anunció su cancelación! No sé si esto tenía precedentes en la televisión. Finalmente la temporada (que inicialmente iba a ser de 13 episodios y luego quedó siendo de 10) cerró con un desenlace abierto. Una lástima porque la disfruté un montón.


lunes, 19 de febrero de 2018

Los cuatro tipos de héroes en la ficción


Cada vez con más frecuencia vengo sintiendo que los héroes de la ficción son poco interesantes. Pareciera que son creados específicamente para una audiencia que necesita conectarse con algún falso ideal de moralidad. Esto hace que los héroes protagonistas terminen siendo bastante superficiales y vacíos. Predecibles, incluso.


Por suerte, cada tanto aparece uno que hace que me cuestione todo lo que creo entender sobre lo que significa ser un héroe (no necesariamente un “súper” héroe, tema de debate para otro día).

¿Cuál es la línea que distingue a un héroe típico y estándar de uno más “imperfecto” y, por lo tanto, más creíble? Porque, al final del día, son estos personajes menos perfectos los que se quedan más en nuestra mente, al no funcionar únicamente como una fantasía utópica de moral intachable.

En otras palabras: ¿qué hace en un héroe se sienta “real”?


martes, 23 de enero de 2018

“¿Qué le pasó al hombre del mañana?”, un cómic de Alan Moore


A Superman le empezó a ir especialmente bien durante la Edad de Plata de los Cómics (desde los años 50 hasta fines de la década del ´70), donde se introdujeron muchos conceptos nuevos como Superchica, Bizarro, la Fortaleza de la Soledad y la Kriptonita.

Incluso hoy en día, todo lo que una persona promedio conoce sobre el Hombre de Acero (sin contar su muerte, en 1992) proviene de este periodo.


Luego llegó Crisis en Tierras Infinitas, el celebrado mega-evento que reseteó la continuidad de todos los títulos de DC. Fue allí donde comenzamos a ver a un Superman más realista y moderno, en concordancia con los hechos históricos y políticos que se vivían en la época.

Notando que el Superman de la Época Plateada merecía un gran final, DC contrató a Alan Moore para escribirlo. Así, en 1986 se creó esta historia de dos tomos que muestra el merecido desenlace del emblemático personaje. La primera parte se inició en Superman #423 y la segunda en Action Comics #583.

Hoy se está por celebrar la llegada, en abril, del mítico tomo número 1000 de Action Comics; me pareció un momento ideal para reseñar esta interesante novela gráfica de Moore.

***

¿De qué va la historia?

En “¿Qué le pasó al hombre del mañana?” corre el año 1997. Superman lleva muerto 10 años. Un periodista del Daily Planet llamado Tim Crane llega a la casa de Lois Lane (ahora Lois Elliott, porque está casada y tiene un bebé) para entrevistarla con motivo de un especial titulado "Los últimos días de Superman".

La entrevista es la excusa para narrar los años previos a la desaparición del héroe de Metrópolis.


La vida de Superman se tranquiló porque todos los villanos están capturados o muertos. Él dedica su tiempo a ayudar a la NASA con sus experimentos. Todo hasta que, uno a uno, sus enemigos más representativos se vuelven locos y comienzan a atacar le ciudad de formas cada vez más atroces.

El cómic muestra a Superman venciendo a 13 villanos, incluyendo a su más grande adversario con quien (supuestamente) termina muriendo. Hay muchísima trama compactada en estas pocas páginas. Por ejemplo, su identidad secreta se descubre gracias a una treta del Juguetero y Luthor encuentra en la nieve la cabeza de Brainiac, pero ésta seguía viva y lo controla mentalmente, formando un nuevo ser: Brainiac-Luthor.

También, muchos de sus amigos encuentran un destino fatal. La gran pregunta que Superman se hace durante el funeral de uno de sus mejores amigos es: ¿por qué los enemigos normalmente molestos se convirtieron en asesinos despiadados? El misterio queda en el aire hasta las sorprendentes últimas páginas.

El toque de Alan Moore

Alan Moore es uno de los más grandes guionistas que ha brindado la industria del comic. Cuando toma a un personaje, no lo deja indiferente. Si toma al Joker, lo reinventa de tal manera que su historia se convierte en el origen oficial del archienemigo de Batman (The Killing Joke).

Del mismo modo, si le piden hacer una historia original sobre superhéroes viviendo en el mundo real, deconstruye completamente el género creando una obra eterna (Watchmen). Sus historias son sinónimo de garantía, y siempre sabe brindar perspectivas nuevas e interesantes sobre personajes de ficción preconcebidos.


Algo así pasó con Superman: ¿Qué le pasó al hombre del mañana? Se trata de un comic muy cortito que, sin embargo, presenta algunas cuestiones muy atractivas.

***

#SpoilerAlert. A partir de acá habrás spoilers sobre la trama. ¡Están avisados!

***
La épica batalla final

Una de las cosas que más me gustó de la historia es que todos pueden morir. Como se trata de la canción final del Superman de la Edad Plateada, Alan Moore tuvo libertad para manejar los hilos a su antojo. Y los cuerpos se empiezan a apilar.

Debido al ataque de los villanos, Superman escondió a todos sus amigos en la Fortaleza de la Soledad. Es tremendo ver cómo él mismo tiene miedo de lo que va a pasar y hasta se lo ve desolado (sufriendo y llorando) en algunos paneles cuando está a solas.

Durante aquella batalla, Lana Lang y Jimmy Olsen entran en la sala de trofeos de Superman y obtienen superpoderes para ayudar a Superman (algo que ya habían hecho antes). Jimmy ingiere el suero que le convierte en Elastic Lad, y Lana se baña en un lago de radiación desconocida que le otorga vuelo, superfuerza y otros poderes.


Ambos salen al exterior a luchar, destruyendo el generador de campo de fuerza y matando a Luthor. Pero tanto Lana como Jimmy mueren a manos de la Legión de Supervillanos.

Otro momento tremendo es cuando Kryptonite Man entra en la Fortaleza y el fiel perro Krypto acaba con él a mordiscos (pese a que ello también generó la muerte del perro por la radiación de kryptonita).

De hecho, sobre el final del cómic Pete Ross, Lana, Jimmy, Krypto, Lex y Superchica están todos muertos.

El hombre detrás de la cortina

Cuando finaliza la guerra, Superman todavía siente que hay algo que no encaja. ¿Cómo fue posible que todos los villanos hubieran atacado al mismo tiempo? ¿Qué impedía el paso de sus amigos, los demás héroes, a la fortaleza?

Entonces comprende quién estaba detrás de todo desde el principio, manipulando los hilos: ¡Mr. Mxyzptlk!

El duende de la Quinta Dimensión aparece y le explica a Superman que, como ser inmortal, cada 2000 años cambia de "actividad". Los últimos dos milenios se dedicó a ser un duendecillo travieso, pero ahora ha decidido empezar un reinado de maldad.

Mxyzptlk reveló su verdadero aspecto lovecraftiano (que tenía, según el relato de Lois, "altura, anchura, profundidad y dos cosas más que solo mirarlo provocaba dolor de cabeza") y persiguió a Superman y Lois hasta el interior de la Fortaleza.
«¿En verdad creíste que un hechicero de la quinta dimensión tendría un aspecto chistoso, con un bombín? ¿Te gustaría ver cómo soy en realidad?»

Superman lo asesina, comprendiendo un mensaje que le había brindado la Legión de Superhéroes del futuro (admito que es el momento que menos me cierra de la historia. No sé si daba para introducir una paradoja temporal acá) y transportándolo a la Zona Fantasma.



El final Mxyzptlk es atroz, una muerte horrible al quedar dividido entre los dos sitios: la Tierra y la Zona Fantasma. Luego Superman entra en una "Cámara de almacenaje" de Kryptonita Dorada, perdiendo sus poderes definitivamente…

El último adiós a Superman

Lois finaliza su relato comentando que, con la muerte de Mxyzptlk, los superhéroes finalmente lograron entrar en la Fortaleza. Lo que vieron adentro fue un panorama arrollador. Lo describían como "pasear entre los pedazos de una leyenda".

Se descubrió que la cámara de kryptonita dorada tenía un pasadizo que salía al exterior. Quizás Superman logró salir a la nieve, sin poderes. Quizás murió congelado. A lo mejor sigue vivo, escondido en alguna parte.

El periodista se marcha, agradeciendo la información otorgada para la nota. Luego de su partida, Lois le dice a Jordan que "no volverán a molestarlo con Superman hasta dentro de otros 10 años".

Mientras el pequeño Jonathan juega con pedacitos de carbón transformándolos en diamante con la presión de sus manos, Lois y "Jordan" hablan sobre acostar pronto al bebé y tomarse una botella de vino. La historia cierra con Jordan guiñándole el ojo al lector.



Palabras finales

Hay que tener muy en cuenta el contexto histórico para apreciar realmente esta historia. El tono habitualmente desenfadado de las aventuras de Superman en su Época de Plata dejaba paso a un guión más oscuro, con tintes de tragedia y oscuridad.

Pocas veces se ha visto a Superman llorar. Pocas veces se lo ha visto temiendo y sufriendo por la muerte de sus amigos. Durante todo el relato de Lois es posible sentir esa angustia de un hombre que sabe –aunque no esté seguro exactamente del porqué– que se enfrenta a su última batalla, que está por morir.

El final de ¿Qué le pasó al hombre del mañana?” es generalmente citado como uno de los momentos más memorables de la historia de DC. 

Las trágicas muertes de Bizarro y del perro Krypto están en la memoria de cualquier seguidor de comics, mientras que la trama es generalmente considerada de lo mejor que ha hecho Alan Moore.


Moore también tiene una gran capacidad de comprensión. Logra condensar grandes temas en muy pocos paneles. En los dos números que dura la historia se atreve a explorar muchas relaciones entre personajes.

Un ejemplo claro es cuando Lana escucha la confesión de Superman a Perry acerca de su amor por Lois, o la reconciliación de Perry y su mujer Alice durante el asedio final.

¿Puede existir un Hombre de Acero más humano que aquel que se confiesa ante Perry admitiéndole que tiene miedo a morir? ¿Qué no quiere morir? ¿Qué ama vivir?
«Esta es una historia imaginaria (que tal vez nunca pasó, pero tal vez sí) sobre un hombre perfecto que llegó del cielo y solo hizo el bien. Empieza en un pueblo tranquilo, termina con un guiño… la gente aún eleva la mirada esperanzada desde las aceras, vislumbrando un lejano punto en el cielo… pero no: es solo un pájaro, solo un avión – Superman murió hace diez años. Esta es una historia imaginaria (pero ¿acaso no lo son todas?)»

(Alan Moore, prólogo de Whatever Happened to the Man of Tomorrow?)

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"This is an Imaginary Story... Aren't they all?"

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lunes, 12 de septiembre de 2016

La muerte del autor (según Roland Barthes)


La idea de “La muerte del autor” (o de la desaparición del autor) es uno de los conceptos de la Crítica Literaria más fascinantes. A grandes rasgos, mantiene que las intenciones de un autor y los hechos biográficos (su religión, política, etc) no deberían pesar a la hora de alcanzar una significación de su escrito. En otras palabras: la interpretación de un escritor sobre sus propios trabajos no es más válida que la interpretación de cualquiera de sus (muchos) lectores.

Umberto Eco solía decir que el texto tiene intersticios que el lector tiene que completar, y que un escritor nunca debería proveer explicaciones de sus trabajos, o de otra forma no debería haber confeccionado una novela, que es una máquina de generar interpretaciones.

Así: la muerte del autor es el nacimiento del lector. Esta idea fue inicialmente propuesta por el filósofo y ensayista  francés Roland Barthes, en un texto de 1968 que hoy es una estampa de la teoría literaria del siglo XX. 

El ensayo se opone a la tendencia de la época de analizar un trabajo literario dentro de un contexto biográfico y personal del autor. Las implicaciones filosóficas de “La muerte del autor” trascienden la literatura para relacionarse con el colapso del significado, el descubrimiento múltiple e, incluso, la muerte de Dios.

► Texto completo de “La muerte del autor” (1968), versión en PDF: LINK

Retrocedamos un poco y pensemos en un ejemplo contemporáneo. 

Hoy Alan Moore –el excéntrico genio de la industria de los cómics– anunció que se retira de las historietas para enfocarse en otros medios de ficción. El mítico creador de The Killing Joke nunca estuvo del todo contento con la obra universalmente aclamada que redefinió la relación entre Batman y el Joker, una historia imperdible de los cómics de superhéroes.

La novela gráfica (de la cual ya hice la reseña en el blog) es una de las más estudiadas y comentadas de la historia, y sin embargo Moore dijo que no le pareció que esta tuviera “nada interesante para decir”. Nunca estuvo contento con el producto final y ¡hasta lo considera una basura!

La pregunta que surge inevitablemente es: ¿debería importarnos? ¿Debería importar la opinión de un autor sobre su propio trabajo? Para responder a esto tenemos que remontarnos a las ideas de Barthes. La respuesta que él da es: sí, la opinión del autor importa, pero no importa más de lo que cada uno de nosotros opine.

Veamos cómo arranca Barthes su ensayo de “La muerte del autor”, una introducción realmente maravillosa que pone en evidencia la tesis del texto:

«Balzac, en su novela Sarrasine, hablando de un castrado disfrazado de mujer, escribe lo siguiente: “Era la mujer, con sus miedos repentinos, sus caprichos irracionales, sus instintivas turbaciones, sus audacias sin causa, sus bravatas y su exquisita delicadeza de sentimientos”. ¿Quién está hablando así? ¿El héroe de la novela, interesado en ignorar al castrado que se esconde bajo la mujer? ¿El individuo Balzac, al que la experiencia personal ha provisto de una filosofía sobre la mujer? ¿El autor Balzac, haciendo profesión de ciertas ideas “literarias” sobre la feminidad? ¿La sabiduría universal? ¿La psicología romántica? Jamás será posible averiguarlo, por la sencilla razón de que la escritura es la destrucción de toda voz, de todo origen. La escritura es ese lugar neutro, compuesto, oblicuo, al que va a parar nuestro sujeto, el blanco-y-negro en donde acaba por perderse toda identidad, comenzando por la propia identidad del cuerpo que escribe.»

Las intenciones son una cosa, pero lo que finalmente se logra con el producto final puede ser algo completamente diferente. Barthes (y paralelamente lo diría Michel Foucault también) afirma que un texto escrito no le pertenece a su autor, sino más bien a la cultura en general, y especialmente al lector.

La lógica que sigue el autor es bastante simple. Para él, un texto es el resultado de infinitos intertextos, ideas entrecruzadas que provienen del pasado cultural e histórico. Algo así como “todo es un remix”:

  
Por eso, el ensayista expone que en el momento en el que se publica una novela, un cuento, un cómic, o cualquier texto en general, el autor desaparece, muere simbólicamente. Lo plasmado en el papel es ahora parte de la historia y cultura general. Podemos pretender entender algunas intenciones del autor basándonos en su estilo, su historia, sus marcas registradas, su vida. Pero no todo lector va a interpretar lo mismo.

Dicho de otra forma: podemos buscar desenredar un texto, o una obra de ficción en general, a partir del autor, pero eso sólo nos daría una porción de la realidad. Vale aclarar que Barthes nunca dice que la opinión del autor no sea válida, sino que es tan válida como cualquier otra. Es porque el autor se convierte en lector a finalizar su obra. Y en el lector es donde reside verdaderamente todo ese entretejido de voces que es un texto:

«Un texto está formado por escrituras múltiples, procedentes de varias culturas y que, unas con otras, establecen un diálogo, una parodia, un cuestionamiento; pero existe un lugar en el que se recoge toda esa multiplicidad, y ese lugar no es el autor, como hasta hoy se ha dicho, sino el lector: el lector es el espacio mismo en que se inscriben, sin que se pierda ni una, todas las citas que constituyen una escritura; la unidad del texto no está en su origen, sino en su destino.»

A lo que Barthes quiso llegar es que no sería correcto –o, por lo menos, no sería “completo”– analizar “Las flores del mal” en el contexto de la vida de Baudelaire. O estudiar los textos de Edgar Allan Poe, H.P. Lovecraft o Jorge Luis Borges desde un punto de vista biográfico. Esta fue una postura absolutamente revolucionaria para la época, una que estaba más en sintonía con las ideas de los surrealistas. Ellos creían que un ente externo los “poseía” a la hora de escribir, y que la forma de desencadenar esa suerte de inspiración divina era a través de las técnicas de escritura automática.


Curiosamente, por la misma época Michel Foucault escribió “¿Qué es un Autor?”, un ensayo que, en esencia, tiene la misma premisa.

Algunos autores han utilizado el texto de Barthes para llevarlo más allá y conectarlo con la teoría de los descubrimientos múltiples –más de una persona llegando al mismo descubrimiento, idea o conclusión de forma independiente. Bajo este fundamento, la “muerte del Autor” sería la inhabilidad de crear, producir o descubrir cualquier texto nuevo. El Autor es únicamente un “escriba” que recolecta ideas y citas preexistentes. Por ese motivo, no tiene la facultad de decidir sobre el significado de su trabajo. No descubrió nada nuevo con su texto, sino que acomodó algunas cosas para confirmar ideas que siempre estuvieron ahí.

Otros investigadores fueron todavía más allá y relacionaron la muerte del Autor con la muerte de Dios. Si Dios es el autor de este texto que es la vida, somos nosotros (los humanos-lectores) quienes tenemos que encontrarle el significado y no dejarnos guiar por sus interpretaciones al respecto.


... ¡Estúpido y sensual Roland!

No sé hasta qué punto vale la pena llegar a tal nivel de profundidad (=delirio). Barthes hizo una crítica de la crítica del momento, y su texto no le quita méritos al autor, ni lo considera realmente un medio a través del cual “pasan las palabras”. Él no busca ser un gurú, sino que establece algunos de los conceptos que considera claves a la hora de analizar un texto. Es un error enfocarse exclusivamente en la vida de un autor para buscar significado, y también lo es no comprender que todos los textos son, en esencia, intertextualidad (una idea que el expande en De la obra al texto, un par de años después).

Entonces: si Alan Moore dice que The Killing Joke es una porquería, Barthes responde:

«(…) a la escritura hay que darle la vuelta al mito:
el nacimiento del lector se paga con la muerte del Autor.»

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martes, 21 de enero de 2014

“Batman: the Killing Joke”, una novela gráfica de Alan Moore.


“Batman: la broma asesina” es, posiblemente, uno de los comics más influyentes del universo de nuestro murciélago preferido, y una novela gráfica absolutamente fascinante. Escrita por el brillante Alan Moore (de quien ya reseñé su mágnum opus: “Watchmen”), este comic ha inspirado al personaje que universalmente conocemos en el cine como el Joker.

La historia, sumamente oscura y controversial, revela una nueva perspectiva en el análisis del bien y el mal (ya hablaré de eso). La trama nos cuenta una interesante backstory del Joker mientras relata como hiere (casi) mortalmente a la hija del comisionado Gordon y captura a este para intentar volverlo loco.

► Les comparto un link para leer el cómic online (y en español): “Batman: la broma asesina”

Por último, mi clásico #SpoilerAlert. Si no quieren conocer detalles de la trama, están advertidos. Se me hace imposible hacer el review que quiero hacer sin develar ciertas cosas.

La reinvención del Joker

“The Killing Joke” –publicada por primera vez en 1988 y reeditada en el 2008– nos muestra una posible versión de cómo el Joker se convierte en “El Joker”, y al mismo tiempo que nos relata cómo dejó paralizada a Bárbara Gordon (Batichica).

Gracias a la creatividad de Alan Moore, el villano se reinventa como un sociópata desquiciado. Esta es la novela que influyó especialmente a Tim Burton y a Christopher Nolan en sus películas. Por otro lado, DC Cómics decidió convertir esta historia en “canon”, aunque oficialmente iba a ser una novela gráfica independiente. Hoy en día, “The Killing Joke” es considerada (por fans y críticos) la obra más importante que alguna vez se escribió sobre Batman.

Si hay algo de atractivo en este villano (dentro de la novela) es su visión nihilista del mundo. Para quienes no lo tengan claro, el “nihilismo” es la corriente filosófica que se apoya en la “negación de los supuestos sentidos  de la vida”. No tiene que confundirse con “pesimismo” ni con “terrorismo”. Se refiere al pensamiento, casi existencial, que plantea el absurdo de la vida misma: “carece de significado objetivo, propósito, o valor intrínseco”. A pesar de que la corriente ya existía en la antigua Grecia (siendo representada por los “escépticos” de la época) se le dio forma y teoría a partir de los escritos de Nietzsche.

El Joker (en la novela) da cátedra sobre este concepto, y hasta lo lleva a la práctica. Su plan es “probar un punto”, y ese punto es (justamente) el absurdo de la vida.

Un poco como vemos en “Unbreakable” (la maravillosa película de Shyamalan), el villano en realidad está buscando definirse; explora la forma de entender quién es, de hallar su propia identidad.


Algo que me encantó es que, al final, el Joker encuentra esa identidad y hasta hace las paces con ella (en esa impresionante escena final). Pero como Guy Pearce (en “Memento”) elige recordar las formas de cierta manera, elige tener un pasado de opción múltiple.

« I'm not exactly sure what happened.
Sometimes I remember it one way, sometimes another...
If I'm going to have a past, I prefer it to be multiple choice! »
-- The Joker

Así, se convierte en un narrador poco confiable, que nos va sumergiendo, con él, en su infinita locura. El lector se quedará siempre con el interrogante de lo que le  sucedió al Joker, de si las explicaciones que nos brinda son la realidad, o su realidad.

Cada monólogo –y  cada conversación de carácter filosófica que el Joker y Batman tienen– es para analizar en profundidad, al punto que es casi imposible no citar la obra entera. Algunas de mis citas preferidas creo que hablan por sí solas:

"... cuando tus pensamientos discurren
por una vía que no te gusta siempre te queda la locura.
La locura es la salida de emergencia..."

"... los recuerdos pueden ser desgraciados pero...
¿Podemos vivir sin ellos?.
Nuestra razón se basa en los recuerdos.
¡Si no podemos enfrentarnos a ellos, damos la espalda a la razón..."


"Solo hace falta tener un mal día para que el hombre más cuerdo que existe enloquezca.
Esa es la distancia que separa al mundo del lugar en el que yo habito: Un mal día.
¿Tú también tuviste un mal día, verdad?
Tuviste un mal día, y eso te volvió tan loco como a todos los demás... ¡pero no lo admites!
¡No tienes por qué seguir fingiendo que la vida tiene sentido, que esta lucha sirve para algo!..."

Lo que me lleva al próximo punto…

Las temáticas de la historia

Alan Moore expone al héroe y al villano como dos caras de una misma moneda, sumamente parecidos. (“Solo hace falta tener un mal día para que el hombre más cuerdo que existe enloquezca”). El tema más interesante que se indaga es la posibilidad de que Batman esté tan desequilibrado como los criminales que persigue, aunque manifestando esa locura de otra manera. ("You had a bad day too, once, didn't you?").

Durante la historia lo vemos pelear con sus demonios internos y con una necesidad (casi imperiosa) de odiar a alguien que apenas conoce; este ha sido el leitmotiv principal del Batman de Nolan, ¿o no? Moore, de hecho, comentó en una entrevista: «Batman y el Joker son reflejos uno del otro.»


El aspecto técnico de la novela

Moore se destaca por controlar minuciosamente cada viñeta y cada solapa. Al igual que en Watchmen (o quizás: debido a la influencia de Watchmen) el juego simbólico está presente en todo momento. El comic tiene, prácticamente, el mismo estilo en el uso de las viñetas y diversas técnicas de representación gráfica: el uso detalles significativos para la trama, especial atención al entorno (planos secundarios), pistas escondidas, cameos (en una viñeta se lo ve a Harvey “Dos Caras” Dent), etc.

Una marca registrada del autor, por ejemplo, es comenzar y finalizar la historia del mismo modo, como cerrando un círculo (las gotas de agua en el suelo, la lluvia). Las primeras palabras “Había dos hombres en un loquero” es también el principio del chiste que cuenta el Joker al final. Un buen chiste (de hecho) que tiene un obvio paralelismo con ambos protagonistas.

Algo que me llamó la atención es la escena del tiroteo a Bárbara. Hay nudismo explícito y es muy cruda; me sorprende que Moore haya logrado pasar esos dibujos en un comic de superhéroes de DC.

Unas palabras finales sobre el final

El final, ese final tan asombroso como perturbador, ha generado controversia entre los fans. Batman y el Joker comparten un momento íntimo, riendo, comprendiendo ambos sus realidades. Y entonces: ¿qué sucede realmente? ¿Rompió Batman su única regla y le partió el cuello a su archienemigo? La escena esta tan bien lograda que queda abierta al debate (aunque se ha demostrado que, efectivamente, el Joker no muere en manos de Batman). Aun así, es obvio que Alan Moore quiso plantar la semilla de la duda, y lo logró… (de hecho, el título cobraría un nuevo sentido de ser cierto).

El desenlace me encantó porque resuelve muchas cuestiones, aunque sin hacerlas obvias. El chiste del Joker es una analogía increíble: es desesperanzador que un demente intente tratar de salvar a otro demente. Es un pensamiento tan cierto, tan profundo, que Batman no puede evitar reír ante el absurdo.

► Seguir analizando esta novela gráfica maravillosa sería arruinar su magia, que (creo yo), cada uno de vivir a su modo. Mi intención es que esta nota sirva de disparador. “Batman: la broma asesina” es una novela gráfica imperdible, con un guión extraordinario y una serie frases que ya han pasado –por lo menos para mí– a la historia de mi vida.

Leerla, realmente, se convierte en una verdadera experiencia memorable que nos invita a no considerar el mal como algo natural, mientras nos envuelve en la psicología de dos protagonistas que bien podríamos ser nosotros mismos.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Watchmen: la deconstrucción de los superhéroes.


Los comics son literatura. Vengan de a uno. Por lo menos este es mucha más literatura que los best-seller que hoy veo en vidriera. La célebre obra maestra de Alan Moore, Watchmen –esa miniserie de 12  capítulos sobre una realidad alternativa donde vigilantes de incógnito han transformando al mundo contemporáneo– es muchas cosas al mismo tiempo. Es un policial negro. Una oscura historia de superhéroes. Es ciencia ficción. Es ciber-punk.  Es una fuerte crítica socio-política. Es la primera gran deconstrucción de superhéroes (para algunos, la obra que disparó dicho estilo).


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