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lunes, 14 de agosto de 2017

Filosofía a la mano (I) – Nietzsche: el filósofo del martillo


Este año estuve empapándome bastante de Nietzsche. Entre las charlas de Dario Sztajnszrajber para la Facultad Libre Virtual y algunos textos que leí por mi cuenta, descubrí que el pensador alemán comparte muchos de mis pensamientos ideológicos. (Aunque no tantos como Sartre, el filósofo que más me representa).

Por eso hoy estreno Filosofía a la mano, esta nueva saga del blog, con Nietzsche. El objetivo es lograr resumir, en la medida de lo posible, sus ideas y pensamientos más importantes.

El origen de la tragedia (1871): la pérdida del equilibrio

Leer a Nietzsche es bastante complicado, y más lo es interpretarlo. Tiene una visión tan abierta a múltiples lecturas que ha sido tomada (y adoptada) por grupos super extremos. Hay una lectura de Nietzsche nazista y anti-nazista del mismo modo que hay una lectura de un Nietzsche cristiano y anti-cristiano.

Si bien él ya había escrito algunas cosas antes, su primer texto publicado es El origen de la tragedia (en realidad, el título es bastante más largo).

Nietzsche consideraba que la vida es cruel y dolorosa, pero el arte nos puede dar la fuerza necesaria para afrontar el dolor y decirle “Fuck you, life!”.

En El origen de la tragedia principalmente busca demostrar que en la civilización griega de antes de Sócrates existía cierto equilibrio entre dos elementos que él representaba con dos dioses: Apolo, el dios de la razón, el orden, la moderación y el equilibrio, y Dionisio, justamente todo lo contrario.

De Apolo surge el concepto, o la cualidad, de ser “apolíneo”. Es la persona prudencial, contenida, que siempre se levanta a la hora puntual y cumple con todas las normas y etiquetas sociales. Todos conocemos a esa gente intachable que bebe con moderación, nunca habla mal del resto y es siempre correcta. Ellos se acercan más a los valores que representa el dios Apolo.


En el otro lado del ring está Dionisio, representando a los que de moderados no tienen nada. Ya saben: los amantes de las libertades, la fiesta, el descontrol, el desenfreno, caos, locura, etc, etc. Estos son los “dionisíacos”, aquellos que traspasan un alambrado aunque diga “prohibido pasar” o toman alcohol sin medirse porque “de eso se trata la vida”.

Nietzsche creía que los elementos apolíneos y dionisíacos estaban fusionados en el hombre de la Grecia antigua (lo cual, para él, era genial, lo ideal). El pensador veía a la tragedia griega como un coro dionisíaco que, una y otra vez, se descarga en un mundo apolíneo de imágenes.

El problema fue que esta fusión entre Apolo y Dionisio se rompió. Y los culpables, al parecer, fueron los dos más grandes filósofos de la antigüedad: Sócrates y Platón, pensadores que, con su intelectualismo, con su raciocinio, intentaron acabar con los elementos dionisíacos, dejando sólo los apolíneos.

Dice Nietzsche:

«Sócrates fue una equivocación. Toda la moral del perfeccionamiento, incluida la cristiana, ha sido una equivocación.»

El filósofo del martillo

Ya en su primer libro, el filósofo da muestras de una de sus características principales. Va contra todo lo impuesto, viene a romper lo establecido con un martillo. Toda su filosofía se basa en descreer de lo que nos impusieron como verdades.

Él estaba convencido de que la realidad es caótica, contradictoria, imprevisible, cambiante. Pero llegan dos fulanitos agrandados (Sócrates y Platón) y se inventan que hay un mundo racional y ordenado.

Así, opina el alemán, comienza la decadencia del mundo occidental. Luego llega el cristianismo, que intenta convencernos de que el mundo en el que vivimos ni siquiera es el verdadero y que es necesario sufrir y resignarnos. ¿Para qué? Para eventualmente ir a otro mundo extraño, que nadie conoce.

Y es que Nietzsche fue un filósofo muy filoso (pun intended). Muy crítico. Sus compañeros lo llamaron El Filósofo del Martillo por esa misma razón. Llega decidido a romper con todo, a golpear las teorías infundadas en las que se basa la cultura occidental.


El alemán nos invita a recuperar el instinto dionisíaco, a amar la vida terrenal, disfrutarla. No se cree Jesús ni un salvador, aunque trae un mensaje que rompe los esquemas de muchas personas: Dios ha muerto. Pero tranquilos, que ya llegaremos a eso.

Sobre verdad y mentira en sentido extramoral (1873)

Me encanta cómo inicia su segundo texto publicado:

«En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue el minuto más altanero y falaz de la “Historia Universal”: pero, a fin de cuentas, sólo un minuto.»

Este librito tiene dos cosas interesantes. La primera es que es muy corto (20 páginas). Lo segundo es que es muy ameno y se deja leer con facilidad. Nietzsche tenía, indudablemente, un costado literario, y muchos de sus textos están adornados con fábulas, metáforas y ejemplos concretos que facilitan la lectura. 

Esto no implica que sean más “fáciles”, pero sí bastante más llevaderos.

En “Sobre verdad y mentira” Nietzsche reafirma algunos conceptos de su primer libro. 

Por ejemplo, ataca al cientificismo, una ciencia que pretende hacer pasar meras interpretaciones como conceptos verdaderos, con el único fin de darle seguridad al hombre.

Vuelve la idea del caos en Nietzsche: la naturaleza, el mundo, no es algo definido ni regular. Aunque esté definido por leyes físicas y matemáticas, estas leyes no rigen la vida del hombre, que es impredecible y lleno de incertidumbres.

Así, para el autor el hombre tiene miedo a lo desconocido y al cambio. Pero la vida es pasión, es movimiento, es un continuo golpe de olas, una tras otra, que nos van arrimando a diferentes orillas. Está llena de contradicciones.

Estas teorías iniciales son las que Nietzsche luego utilizará para conformar el concepto de Übermensch (el superhombre).

Zaratustra: para todos y para nadie

Así habló Zaratustra (1883) es considerado el magnum opus del filósofo. La obra literaria, tan alegórica como filosófica, integra las principales ideas de Nietzsche.

En esencia se trata de una parodía de la Biblia cristiana, hechos y reflexiones de un profeta que resultó ser el primer creador de una religión monoteísta, un mesias que viene a dar un nuevo mensaje:

«Muertos están todos los dioses, ahora queremos que viva el superhombre»

Según Zaratustra (según Nietzsche) el cristianismo ha envenado a la humanidad ofreciéndonos una moral de esclavos, de resentidos. Nos piden que suframos, pero él dice que no hay razón para seguir sufriendo. La muerte de Dios nos libera, ya podemos cortar las cadenas de lo sobrenatural, de las falsas ideas impuestas.

¿Qué hizo el cristianismo sino defender todo lo que es nocivo para el ser humano?


Ojo con esto: Nietzsche no odiaba al personaje histórico de Jesús, como algunos creen. Lo veía como un hombre noble que le indicó al mundo cómo vivir. Pero cuando Jesús murió, el evangelio murió con él.

Una vez que logramos librarnos de las cadenas del cristianismo, nos encontramos frente al abismo de la nada. Todo aquello que creíamos verdad ha resultado ser falso. Entonces, dice Nietzsche, aparece en nosotros un estado psicológico denominado nihilismo.

“Nil” quiere decir nada. Estamos solos, perdidos, sin valores prestablecidos, sin valores absolutos, no hay ninguna estructura racional y universal en la que podamos apoyarnos. Dios ha muerto, y fuimos nosotros los que le dimos la muerte. ¿Cómo consolarnos? Para ello aparece el superhombre.

Übermensch es un concepto cuya traducción más digna es “bien superior” o “más allá”. 

Y vale aclarar que esta palabra no tiene marcas de género en su idioma alemán. Se suele traducir como “superhombre” o incluso “ultrahumano”. (De acá es donde se agarraron los nazis para decir que la filosofía nietzscheana es nazista).

Las tres fases del superhombre

Para llegar al superhombre –aquel ser liberado de las cadenas de lo impuesto– se tienen que atravesar tres fases que Nietzsche simboliza (a partir de las enseñanzas de Zaratustra) con un camello, un león y un niño.

El camello es alguien que obedece ciegamente, que se encuentra arrodillado ante la ley moral aunque aspira a algo más. Por eso eventualmente puede convertirse en león, aquel que se niega a los valores impuestos, si bien es incapaz de crear valores nuevos.

Por último aparece la figura del niño, libre de las ataduras de las creencias infundadas, con amor por la vida y voluntad fuerte. 

Lo propio de cualquier niño es estar embriagado de la naturaleza dionisíaca, mientras que los camellos ignorantes inclinan su cabeza ante las crueles ilusiones  de lo sobrenatural.

Así, el superhombre puede interpretar la realidad a su manera. Es voluntad de poder que grita “sí” al eterno retorno. ¿Qué es el eterno retorno de Nietzsche?

El eterno retorno: la culminación de la filosofía nietzscheana

La insorportable levedad del ser (novela de Milan Kundera que ya analicé en el blog) es un texto literario de indudable sabor nietzscheano.

El concepto del “eterno retorno” se menciona en el libro ya desde el primer capítulo:

«La idea del eterno retorno es misteriosa y con ella Nietzsche dejó perplejos a los demás filósofos: ¡pensar que alguna vez haya de repetirse todo tal como lo hemos vivido ya, y que incluso esa repetición haya de repetirse hasta el infinito! ¿Qué quiere decir ese mito demencial?»

El fascinante primer capítulo explica, de forma muy didáctica y concreta, el concepto del eterno retorno. Es la culminación y el final del camino de la filosofía de Nietzsche.

Generalmente concebimos el tiempo de forma lineal; hubo un pasado, hay un presente y habrá un futuro. Hasta la gramática se ajusta a esta estructura, y nos condiciona a pensar así.

Pero, ¿y si no aceptáramos este sistema lineal? Los astros realizan movimientos circulares en el espacio, ¿cuál diríamos que es la línea de salida, cuál la meta, cuál la entrada en esos casos? A lo  mejor, en el tiempo circular no hay ni salidas ni metas, simplemente se da vueltas y vueltas sobre lo mismo. Un movimiento que se repite una y otra vez eternamente. Un eterno retorno.

Imaginemos que nuestra vida se fuera a repetir durante toda la eternidad. Como una película que vuelve a comenzar cuando arrancan los créditos finales. Un bucle infinito. ¿Valdría la pena las cosas que hacemos? Nietzche dice que sí, si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad, y entonces cada momento cuenta porque cada momento va a volver a repetirse.

Es la carga más pesada, insoportable incluso. ¿Cómo te gustaría vivir, considerando que cada minuto se volverá a vivir por toda la eternidad? Este experimento mental puede ser una poderosa manera de invitarnos a vivir de tal modo que no nos intimiden los infinitos retornos. Que volver a vivir cada momento sea memorable. En este contexto, la estupidez es irreparable. Los momentos no sólo no se recuperan, sino que además se reviven exactamente de la misma forma.


La idea del eterno retorno fue muy polémica y sigue hoy siendo muy discutida por el circulo académico. Se cree (falsamente) que Nietzsche lo consideraba como una concepción del tiempo real. Sin embargo, no es más que un deseo del superhombre, y tiene una carga simbolica.



Por cierto, para introducirse un poco más a las ideas de Nietzche, La insorportable levedad del ser es una buena manera. La obra es super filosófica y toca, en algún punto, todos los elementos ideológicos del autor.
«Las preguntas verdaderamente serias son aquéllas que pueden ser formuladas hasta por un niño. Sólo las preguntas más ingenuas son verdaderamente serias. Son preguntas que no tienen respuesta. Una pregunta que no tiene respuesta es una barrera que no puede atravesarse. Dicho de otro modo: precisamente las preguntas que no tienen respuesta son las que determinan las posibilidades del ser humano, son las que trazan las fronteras de la existencia del hombre.»

(La insorporable levedad del ser. Milan Kundera)

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martes, 21 de enero de 2014

“Batman: the Killing Joke”, una novela gráfica de Alan Moore.


“Batman: la broma asesina” es, posiblemente, uno de los comics más influyentes del universo de nuestro murciélago preferido, y una novela gráfica absolutamente fascinante. Escrita por el brillante Alan Moore (de quien ya reseñé su mágnum opus: “Watchmen”), este comic ha inspirado al personaje que universalmente conocemos en el cine como el Joker.

La historia, sumamente oscura y controversial, revela una nueva perspectiva en el análisis del bien y el mal (ya hablaré de eso). La trama nos cuenta una interesante backstory del Joker mientras relata como hiere (casi) mortalmente a la hija del comisionado Gordon y captura a este para intentar volverlo loco.

► Les comparto un link para leer el cómic online (y en español): “Batman: la broma asesina”

Por último, mi clásico #SpoilerAlert. Si no quieren conocer detalles de la trama, están advertidos. Se me hace imposible hacer el review que quiero hacer sin develar ciertas cosas.

La reinvención del Joker

“The Killing Joke” –publicada por primera vez en 1988 y reeditada en el 2008– nos muestra una posible versión de cómo el Joker se convierte en “El Joker”, y al mismo tiempo que nos relata cómo dejó paralizada a Bárbara Gordon (Batichica).

Gracias a la creatividad de Alan Moore, el villano se reinventa como un sociópata desquiciado. Esta es la novela que influyó especialmente a Tim Burton y a Christopher Nolan en sus películas. Por otro lado, DC Cómics decidió convertir esta historia en “canon”, aunque oficialmente iba a ser una novela gráfica independiente. Hoy en día, “The Killing Joke” es considerada (por fans y críticos) la obra más importante que alguna vez se escribió sobre Batman.

Si hay algo de atractivo en este villano (dentro de la novela) es su visión nihilista del mundo. Para quienes no lo tengan claro, el “nihilismo” es la corriente filosófica que se apoya en la “negación de los supuestos sentidos  de la vida”. No tiene que confundirse con “pesimismo” ni con “terrorismo”. Se refiere al pensamiento, casi existencial, que plantea el absurdo de la vida misma: “carece de significado objetivo, propósito, o valor intrínseco”. A pesar de que la corriente ya existía en la antigua Grecia (siendo representada por los “escépticos” de la época) se le dio forma y teoría a partir de los escritos de Nietzsche.

El Joker (en la novela) da cátedra sobre este concepto, y hasta lo lleva a la práctica. Su plan es “probar un punto”, y ese punto es (justamente) el absurdo de la vida.

Un poco como vemos en “Unbreakable” (la maravillosa película de Shyamalan), el villano en realidad está buscando definirse; explora la forma de entender quién es, de hallar su propia identidad.


Algo que me encantó es que, al final, el Joker encuentra esa identidad y hasta hace las paces con ella (en esa impresionante escena final). Pero como Guy Pearce (en “Memento”) elige recordar las formas de cierta manera, elige tener un pasado de opción múltiple.

« I'm not exactly sure what happened.
Sometimes I remember it one way, sometimes another...
If I'm going to have a past, I prefer it to be multiple choice! »
-- The Joker

Así, se convierte en un narrador poco confiable, que nos va sumergiendo, con él, en su infinita locura. El lector se quedará siempre con el interrogante de lo que le  sucedió al Joker, de si las explicaciones que nos brinda son la realidad, o su realidad.

Cada monólogo –y  cada conversación de carácter filosófica que el Joker y Batman tienen– es para analizar en profundidad, al punto que es casi imposible no citar la obra entera. Algunas de mis citas preferidas creo que hablan por sí solas:

"... cuando tus pensamientos discurren
por una vía que no te gusta siempre te queda la locura.
La locura es la salida de emergencia..."

"... los recuerdos pueden ser desgraciados pero...
¿Podemos vivir sin ellos?.
Nuestra razón se basa en los recuerdos.
¡Si no podemos enfrentarnos a ellos, damos la espalda a la razón..."


"Solo hace falta tener un mal día para que el hombre más cuerdo que existe enloquezca.
Esa es la distancia que separa al mundo del lugar en el que yo habito: Un mal día.
¿Tú también tuviste un mal día, verdad?
Tuviste un mal día, y eso te volvió tan loco como a todos los demás... ¡pero no lo admites!
¡No tienes por qué seguir fingiendo que la vida tiene sentido, que esta lucha sirve para algo!..."

Lo que me lleva al próximo punto…

Las temáticas de la historia

Alan Moore expone al héroe y al villano como dos caras de una misma moneda, sumamente parecidos. (“Solo hace falta tener un mal día para que el hombre más cuerdo que existe enloquezca”). El tema más interesante que se indaga es la posibilidad de que Batman esté tan desequilibrado como los criminales que persigue, aunque manifestando esa locura de otra manera. ("You had a bad day too, once, didn't you?").

Durante la historia lo vemos pelear con sus demonios internos y con una necesidad (casi imperiosa) de odiar a alguien que apenas conoce; este ha sido el leitmotiv principal del Batman de Nolan, ¿o no? Moore, de hecho, comentó en una entrevista: «Batman y el Joker son reflejos uno del otro.»


El aspecto técnico de la novela

Moore se destaca por controlar minuciosamente cada viñeta y cada solapa. Al igual que en Watchmen (o quizás: debido a la influencia de Watchmen) el juego simbólico está presente en todo momento. El comic tiene, prácticamente, el mismo estilo en el uso de las viñetas y diversas técnicas de representación gráfica: el uso detalles significativos para la trama, especial atención al entorno (planos secundarios), pistas escondidas, cameos (en una viñeta se lo ve a Harvey “Dos Caras” Dent), etc.

Una marca registrada del autor, por ejemplo, es comenzar y finalizar la historia del mismo modo, como cerrando un círculo (las gotas de agua en el suelo, la lluvia). Las primeras palabras “Había dos hombres en un loquero” es también el principio del chiste que cuenta el Joker al final. Un buen chiste (de hecho) que tiene un obvio paralelismo con ambos protagonistas.

Algo que me llamó la atención es la escena del tiroteo a Bárbara. Hay nudismo explícito y es muy cruda; me sorprende que Moore haya logrado pasar esos dibujos en un comic de superhéroes de DC.

Unas palabras finales sobre el final

El final, ese final tan asombroso como perturbador, ha generado controversia entre los fans. Batman y el Joker comparten un momento íntimo, riendo, comprendiendo ambos sus realidades. Y entonces: ¿qué sucede realmente? ¿Rompió Batman su única regla y le partió el cuello a su archienemigo? La escena esta tan bien lograda que queda abierta al debate (aunque se ha demostrado que, efectivamente, el Joker no muere en manos de Batman). Aun así, es obvio que Alan Moore quiso plantar la semilla de la duda, y lo logró… (de hecho, el título cobraría un nuevo sentido de ser cierto).

El desenlace me encantó porque resuelve muchas cuestiones, aunque sin hacerlas obvias. El chiste del Joker es una analogía increíble: es desesperanzador que un demente intente tratar de salvar a otro demente. Es un pensamiento tan cierto, tan profundo, que Batman no puede evitar reír ante el absurdo.

► Seguir analizando esta novela gráfica maravillosa sería arruinar su magia, que (creo yo), cada uno de vivir a su modo. Mi intención es que esta nota sirva de disparador. “Batman: la broma asesina” es una novela gráfica imperdible, con un guión extraordinario y una serie frases que ya han pasado –por lo menos para mí– a la historia de mi vida.

Leerla, realmente, se convierte en una verdadera experiencia memorable que nos invita a no considerar el mal como algo natural, mientras nos envuelve en la psicología de dos protagonistas que bien podríamos ser nosotros mismos.
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