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lunes, 21 de febrero de 2022

Las influencias de la Divina Comedia

 

Actualmente estoy mirando Archivo 81 y mi esposa la cuarta temporada de El Marginal, ambas en Netflix. Curiosamente, las dos historias referencian fuertemente a la Divina Comedia… y no son las únicas. En esta nota, las influencias de este poema épico italiano en la ficción actual.

 


jueves, 16 de enero de 2014

Técnicas narrativas (IV): David y Goliat



“David metió la mano en su saco, sacó de él una piedra, la lanzó con la honda, e hirió al Filisteo en la frente. La piedra se hundió en su frente y Goliat cayó a tierra sobre su rostro.”

— La Biblia (1 Samuel 17:49)

Cualquier combate o competición donde el héroe sea un underdog (un subestimado, desfavorecido o menospreciado) hace referencia a un tropo universal tan antiguo como el Antiguo Testamento.

Samuel 17 es, sin duda, una de las historias de la Biblia más apreciadas… y su temática de “la fe superando al miedo” ha sido fuente de influencia por siglos.

Goliat, –de acuerdo con la narración bíblica– fue un soldado gigante de la ciudad de Gat y paladín del ejército filisteo, que durante cuarenta días (número místico y especialmente bíblico) asedió a los ejércitos de Israel.

La Palabra de Dios afirma que fue derrotado y herido, gracias a la Intervención Divina, por David con una honda y una piedra (1ª de Samuel 17:4-23; 21:9) y murió, poco tiempo después, decapitado por su propia espada.




Hay muchísimas interpretaciones de la historia, pero la generalmente aceptada nos habla de que el poder y la fuerza no son necesarios para alcanzar la victoria. Es nuestro corazón, inteligencia y determinación –y la fe en Dios, agregaría un cristiano– lo que nos permite cruzar las metas que la vida nos impone.

El héroe, en este caso, es generalmente débil, pero muy hábil. En contraposición, el enemigo suele ser poco habilidoso pero monstruosamente fuerte. Aunque el mito original de David y Goliat se refiere a colosos gigantes contra pequeños hombrecillos, no necesariamente debe ser así. 

==> Básicamente, estamos hablando de la trama de todas las películas de “Rocky”, o Luke Skywalker luchando contra el inmenso Darth Vader (en esencia, un cyborg de casi 2 metros de altura). Lo mismo podemos decir de Atom, el buen robot de la cinta “Real Steel” (2011), contra “Zeus”, el campeón nunca antes vencido. ¿Y qué me dicen de Bilbo Bolson frente al dragón Smaug, en ese atemporal clásico de J.R.R Tolkien?


La Biblia puede tener orígenes puramente orientales, pero ha servido de canon para la mitología occidental y muchos aspectos de la filosofía. La ficción, en particular, se vio envuelta por muchas de las temáticas bíblicas desde la época de la inundación.

Star Wars presenta otros ejemplos interesantes respecto a esta técnica de narración. Pensemos en Yoda contra el imponente Conde Dooku (un hombre 3 veces su tamaño) o en la Death Star, que es un gran gigante en el espacio. En este último caso, tenemos a un puñado de rebeldes contra una poderosa estación espacial inmensa. Esta idea se encuentra absolutamente reconstruida en niveles horripilantes en el anime “Attack on Titan”. Allí, la humanidad es ínfima respecto a los Titanes que destrozan todas las ciudades a su paso.



Curiosamente, en “Captain Phillips” (2013) la idea de “David y Goliat” sucede dos veces, ya que a mitad de película se invierte. Primero tenemos a un carguero grande pero inútil (que solo puede defenderse con mangueras a presión) frente a un grupo armado de piratas, y luego de la captura de Tom Hanks, el grupo de piratas (en una pequeña balsa) es asediado por toda la marina de los EE.UU.


El folkclore popular para niños también brinda ejemplos de esta temática bíblica. Pensemos en Caperucita vs el Lobo Feroz, Hansel y Gretel (contra la malvada bruja) y los 3 cerditos (de nuevo, contra el gran Lobo Feroz). 

En las comedias, por otro lado, esta idea suele utilizarse para generar risa. Por ejemplo, en las cintas de artes marciales (estilo Jackie Chan), o las películas de Jason Statham, el héroe es ágil y habilidoso y (utilizando todo tipo de artilugios) se enfrenta a una tonelada de enemigos que lo atacan en manada.

Lo interesante de esta técnica es que puede utilizarse abiertamente –como en algunos casos que menciono– o esconderse bajo alegorías y metáforas. Es lo que suele pasar con historias donde un pobre diablo se enfrenta a toda una conspiración gubernamental, o un hombre injustamente acusado debe  defenderse de todo un jurado. 

La vida real también nos brinda escenas tipo “David y Goliat”. Creo que un caso excepcional es la guerra de Vietnam. Sin importar cuantas muertes causaran los americanos, los vietnamitas simplemente no se iba a rendir.


► ¿Qué pensás de esta técnica narrativa? ¿Qué otros ejemplos podés mencionar? ¡DEJA TUS COMENTARIOS!

Capítulos anteriores:

Técnicas narrativas (I): “El Macguffin en el cine y la literatura”
Técnicas narrativas (II): “El efecto Rashomon”
Técnicas narrativas (III): “In Medias Res, en el medio del quilombo”

viernes, 6 de diciembre de 2013

Influencias literarias (IV): El efecto Pigmalión, un hombre creado del barro


La tradición religiosa habla de un Dios que –como un alfarero– modeló el hombre con barro (polvo). La cultura romana, por su parte, nos relata un mito reelaborado: Pigmalión, un escultor, fabricó una estatua de marfil representando su ideal de mujer y se enamoró de su propia creación. La diosa Venus dio vida a la estatua atendiendo a sus plegarias.

Hoy al “efecto Pigmalión” se lo estudia desde el aspecto psicológico: describe cómo la creencia que una persona tiene sobre otra puede influir en su rendimiento (y de hecho lo hace).  Probablemente sea Bernard Shaw (con su obra teatral que fue llevaba al cine bajo el nombre My Fair Lady en 1956) el culpable de cambiarle el sentido al mito original. 

...En su obra, Higgins acaba enamorándose de su creación (una chica del arrabal reconstruida, como alumna, en una dama). Eliza Doolittle es simbólicamente "traída a la vida" por su profesor, Henry Higgins, quien le enseña a comportarse en situaciones sociales y perfeccionar su acento.

==> Roshental y Jacobson, estudiosos del tema, explicaron en 1968 cómo el maestro puede actuar positivamente convirtiendo sus percepciones sobre cada alumno en una didáctica individualizada que le lleva, constructiva o destructivamente, a confirmar esas mismas percepciones (una suerte de “profecía autocumplida”).

► La idea de un personaje emocionalmente vinculado con su propia creación es uno de los tropos universales más utilizados (y más interesantes) del Cine y la Literatura, y es más antiguo que el feudalismo (considerando su origen romano). 

La historia de Pigmalión ha sido ampliamente transmitida y representada en las artes a través de los siglos.

En “S1m0ne” (2002), por ejemplo, el mito toma un giro posmoderno cuando aparece una inteligencia artificial generada por ordenador como el objeto de amor de Al Pacino. “Ruby Sparks” (2012) juega literalmente con Pigmalión como fuente de inspiración, ya que es lo que motiva al protagonista a crear la historia de Zoe Kazan, quien cobra vida de forma misteriosa. 



“Decontructing Harry”, una de mis favoritas de Woody Allen, provee un ejemplo interesante: la historia nos cuenta la relación romántica del escritor Harry y la joven Fay, a quien él primero considera una fan, luego una admiradora, luego una alumna y finalmente termina enamorándose de ella (aunque el sentimiento está lejos de ser mutuo).

Pigmalión ciertamente ha inspirado numerosas obras de arte, y su popularidad se disparó, especialmente, en el siglo XIX. La literatura presenta casos mucho más atractivos. “Frankenstein o el moderno Prometeo” (de Mary Shelley) es una reconstrucción simbólica del mito y también lo es “Educando a Rita” (Willy Russell). De formas no tan evidentes podemos mencionar la genial (y única) novela gótica de Oscar Wilde: “El retrato de Dorian Gray” y “El fantasma de la ópera”, de un olvidado Gastón Leroux.


Por su parte, H.P. Lovecraft y Nathaniel Hawthorne han escrito su tirada de relatos cortos inspirados en este efecto (“The Birth-Mark”, de Hawthorne, y “Herbert West”, de Lovecraft) y tenemos el caso especial de don Jorge Luis Borges, con un cuento en el que me gustaría detenerme.
  
«Las ruinas circulares» (publicado originalmente en 1940) es uno de los cuentos más fascinantes de Borges y se encuentra entre mis preferidos junto a otras obras maravillosas como “El jardín de senderos que se bifurcan”, “La casa de Asterión” y “Abenjacán el Bojari” y “La muerte y la brújula” (esa fascinante deconstrucción de la novela detectivesca). En verdad, varios de ellos merecen un post aparte.

► “Las ruinas circulares” (pueden leerlo en este link) es un recuento contemporáneo del mito de Pigmalión, aunque disfrazado en la historia de un hombre gris (sin nombre) en un intento de recrear a otro hombre a través del sueño (“Dios formó al hombre del polvo de la tierra”). Cuando finalmente lo logra (#SpoilerAlert) descubre que él mismo es un ser soñado por otro.


«Quería soñar un hombre: quería soñarlo
con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad. »

(“Las ruinas circulares”, J.L. Borges)

Es impresionante como un cuento de solo un par de hojas puede contener tanta información para el análisis. Entre los varios temas sugeridos se encuentran algunos clásicos del autor: el proceso de creación literaria, la filosofía budista, el idealismo, y ciertas nociones de la cábala (como la leyenda del Golem). 

Igual que Pinocho (que cobra vida gracias a una hada), el hombre gris da vida a un hombre desde la nada, desde cero. Prometo (en un futuro distópico) dedicar un post enterado a analizar y desmembrar este texto.

Borges no es en vano uno de los escritores argentinos más influyentes de la era posmoderna. Sus relatos con toques de fantasía y realismo mágico –sus ensayos y poesías– esconden verdades entre ficciones. El célebre autor se divertía con textos enredados que exploran profundos temas psicológicos de maneras entretenidas. “Las ruinas circulares” es, a mi criterio, una de sus mejores obras… y fue influida por un mito tan antiguo como la vida misma. El efecto Pigmalión es otra de las grandes influencias literarias… ha inundado el arte en todas sus formas, y también las ciencias sociales. Pero claro, esa ya es otra historia.

Capítulos anteriores:

Influencias literarias (I): “La dimensión desconocida”.
Influencias literarias (II): Tras las huellas de Scooby- Doo
Influencias literarias (III): Everybody loves Shakespeare

jueves, 29 de agosto de 2013

Influencias literarias (III): everybody loves Shakespeare


No cabe ninguna duda que Mr. Shakespeare es el más grande escritor moderno inglés a la fecha. 400 años después, sigue siendo el preferido del país británico. Sus obras se han convertido en películas, sus sonetos aparecen en libros y música, y sus trabajos fueron traducidos a todos los idiomas del universo. Asimismo, su contribución al lenguaje del inglés es inmensurable.

Estamos en el nuevo milenio, y William sigue disfrutando de una popularidad descomunal. Históricamente, cada generación ha adoptado a Shakespeare como suyo, atribuyéndose sus trabajos, creencias, frases, reflexiones e ideas y considerándolas “inteligentes”, “cool” y apropiadas en cada época. Incluso –seamos sinceros–: ¿qué otro dramaturgo puede nombrar la gente común?

Muchos conocen sus obras a través de lo que quizás podríamos denominar Osmosis Popcultural. Las últimas tragedias del autor, “Ser o no ser” Hamlet y el Rey Ricardo III –ese pícaro drama sobre la vida de un rey muy aficionado a la lectura y tan zoofílico que incluso es capaz de cambiar su reino por un caballo– se consideran obras cumbres, máximas, emblemáticas.

... mientras tanto, el resto de sus trabajos (Macbeth, Otelo, Romeo y Julieta) han tenido un impacto en la cultura popular tremendo. ¿Cuántas historias son, a fin de cuentas, un recuento de la trágica historia de Romeo y Julieta? (Me viene a la cabeza la interesante película de ciencia ficción “Upside Down”).

Sin ir más lejos, el autor ha llegado a tener hasta cinco de sus obras estrenándose simultáneamente en distintos lugares del mundo. En el cine y la TV, cualquier personaje (sea héroe o villano) gana clase y nivel citando algunas de las famosas citas del dramaturgo inglés. ¡Funciona todo el tiempo!

En el blog, ya estuvimos hablando de Ray Bradbury y su “Feria de las Tinieblas”. El título original (“Something Wicked This Way Comes”) sale de Macbeth, mientras que la obra más representativa de Aldous Huxley (“Brave New World”, traducido como “Un mundo feliz”, del cual hablaremos en otro post) llega de la obra de La Tempestad.  Jorge Luis Borges tomó “There are More Things” de “Hamlet” igual que Alfred Hitchhock lo hizo con “North by Northwest” (quizás su obra más importante, tema que discutiré también en otra oportunidad). 

A la Sra. Agatha Christie, por otro lado, le fascina tomar títulos de las obras de su compañero británico (“By the Pricking of My Thumbs”, “There is a Tide”, “The Mousetrap”)

Los elementos que Shakespeare ha popularizado son varios y recurrentes. La idea de tener personajes ambiguamente homosexuales (aquellos que no tienen aparente interés en el sexo opuesto) se debe, en gran parte, a su imperio de influencia. De igual modo podemos mencionar el reiterado uso de las profecías que siempre se cumplen –exceptocuando no– y casi siempre significan algo distinto que lo que uno pensaba. (Claro que este elemento es más propio de la tragedia griega, pero se encuentra muy presente en la obra shakesperiana).

Por último, me animo a opinar que la ambientación al estilo “cuento de hadas” se le atribuye en gran parte. Muchas de sus obras se ubican en cortes reales o bosques mágicos e incluyen criaturas mágicas, mitológicas, sangre real, etc. 


¡Ah… y la idea de “MÁTALOS A TODOS!” no se le ocurrió a George Martin. La mayoría de las tragedias de este simpático autor terminan en un horrendo mar de sangre.

Estoy debiendo varias obras de él; particularmente me interesa “Mucho ruido y pocas nueces”. Cuando la lea y reflexione, seguramente habrá un post para debatirla en este humilde espacio.

► Si les gustó la nota, háganmelo saber en un comentario, compartiendo el contenido o bailando Thriller como Michael Jackson. ¡Espero sus comentarios en el blog o en mi página! ¡SALUDOS!


Capítulos anteriores:

Episodio I: “La dimensión desconocida”
Episodio II: “Tras las huellas de Scooby-Doo”

miércoles, 17 de abril de 2013

R.L. Stine – el Stephen King de los niños


Hay algo sobre lo oculto y lo sobrenatural que nos resulta indescriptiblemente atrapante, y especialmente cuando somos chicos. ¿Qué es eso que cruje por la noche? ¿Hay algo debajo de la cama o tras el placard? Recuerdo que cuando me pedían que fuera a buscar algo a un lugar alejado de la casa, iba encendiendo las luces de los pasillos detrás mío… por ese miedo irreal (e ilógico) de que una criatura estuviera allí esperando, agazapada en la oscuridad. Pero al mismo tiempo mi corazón siempre daba un vuelco, bombeaba sangra como nunca. Esa sensación de espanto te recordaba que estabas vivo, y superar aquellos grandes desafíos te llenaba el alma de orgullo.


Odio asustarme y pasar miedo, aunque al mismo tiempo me atrae. Seguro es un sentimiento que compartimos varios. Por eso los libros de R.L. Stine y yo teníamos una excelente relación. Tuvieron el boom en los años 90, cuando tenía 11 u 12 años. Las historias eran de misterio y terror (con una fórmula siempre similar) pero se mezclaban situaciones cómicas o de suspenso, incluso hasta de ciencia ficción. Asustaba, ¡pero tampoco tanto!

Cuando mamá iba de compras me quedaba en la librería del supermercado y enterraba mi prominente nariz en uno de ellos.  Esto sería un preanuncio de mi personalidad “ahorrativa” (raras veces llevaba uno) al mismo tiempo que empezaba a moldearme como ávido lector.

R.L Stine (que en realidad se llama “Robert”… o Roberto, para los amigos) escribió una serie de más de 60 libros que llamó “Goosebumps” (“Escalofríos”, según su traducción latinoamericana), con un primer ejemplar que salió en 1992. La mayoría de las tramas tenían a niños de 12 años como protagonistas. 

En una época se decía que “ocho de los diez libros de jóvenes más leídos eran suyos” (un tiempo en el que J.K Rowling todavía era pobre)

Los libros eran livianos, baratos y parecían escritos por un niño. ¡OJO! Esas eran ventajas. Los infantes (como yo) nos sentíamos fácilmente representados. 


¡La terrorífica historia del protagonista nos podía pasar a nosotros! Cada página se deshacía en nuestras manos. ¿Querías algo que asustara sin perturbarte por las noches? “Escalofríos” era la respuesta. Fueron libros que definieron el horror de toda una generación de jóvenes.

En Argentina, la cadena Fox Kids (GRAN canal de dibujos animados y series infantiles) presentaba la serie, junto a otras muy interesantes como Eerie Indiana (que era del mismo estilo), o “¿Le Temes a la Oscuridad?”. Lo mejor de “Escalofríos” es que casi todos los capítulos terminaban con un cliffhanger (aunque en esa época no lo sabía ni lo entendía) y el final –casi siempre– tenía un giro de tuerca al mejor estilo “La Dimensión Desconocida".


Muchas veces, el autor nos dejaba un guiño (una frase o una última palabra) advirtiendo que tal vez no todo había terminado tan bien como parecía.

“Sangre de Monstruo” es, seguramente, su saga por excelencia. Evan es un muchacho que encuentra una botella rotulada (oh… sorpresa) “sangre de monstruo” en una antigua tienda… una especie de moco verde que hace crecer a quien lo come. 

La saga se extendió en 4 partes originales.

En casa teníamos algunos de la serie “Fear Street”, también de R.L. Stine, que me encantaban. De chico era ideal porque no era tan escalofriante como H.P. Lovecraft ni tan morboso como Edgar Allan Poe. 

Recuerdo haber leído varios cuentos de las antologías de Ellery´s Queen Magazine (en inglés) que sinceramente me trastornaban profundamente. Incluso los relatos de Edgar Allan Poe (“La muerte y el Péndulo”, “El gato negro”, “El corazón delator”) son demasiado duros para alguien menor a 13 años.

Otro autor que supo encontrar un nicho de mercado y explotarlo de forma maravillosa.


=> R.L. Stine tiene un lugar especial en mi nostálgico corazón por introducirme a los relatos de suspenso y ciencia ficción que hoy tanto adoro. ¿Era literatura de calidad? Quizás no bajo los cánones que uno maneja de grande. Pero sus libros entretenían y hacían que los chicos leyeran… y eso es, me parece, lo importante. <=


► ¿Leyeron algún libro de la serie “Escalofríos”? ¿Qué libros infantiles recuerdan haber leído? ¡Espero sus comentarios!

domingo, 14 de abril de 2013

Sincronismo, el arte de las coincidencias.


Roy Sullivan “el hombre pararrayos” fue golpeado por rayos en siete distintas oportunidades y sobrevivió a cada una de ellas. Falleció a causa de una herida de bala en un intento de suicidio luego de sufrir un desengaño amoroso.

Edgar Allan Poe escribió “El misterio de Marie Roget”, uno de sus tres cuentos policiales más famosos con Dupin como protagonista. Una crónica policial que contenía datos precisos de un asesinato extrañamente similar al de Mary Rogers (asesinada y violada en julio de 1841). Muchos especularon que Poe era el verdadero asesino, pero él alego que se trataba de una “desafortunada coincidencia”.

Otra desafortunado coincidencia le ocurrió al autor con su libro “La narración de Arthur Gordon Pym”, donde 3 sobrevivientes de un naufragio deciden matar y comer a un niño de nombre Richard Parker. Algunos años más tarde la historia se repitió de forma exacta… con tres sobrevivientes canibalizando a un pobre chico del mismo nombre.

 

¿Coincidencia o… algo más? Para algunos (incluyéndome). Se trata de “sincronismo”, y aprovecho esta introducción para hablarles del tema al tiempo que brindo homenaje a un nuevo año del hundimiento del Titanic (que sucedió un 14 de abril de 1912, hace 101 años).



El sincronismo es la experiencia de 2 o más eventos aparentemente sin relación, o improbables de que ocurran en simultáneo, que –sin embargo– ocurren con algún sentido más allá de la coincidencia. El tema entra en el ámbito de lo filosófico pero es fascinante.

Todos conocemos la historia del gran barco que “ni Dios habría podido hundir”. Hace poco hice mi propio homenaje del evento con un pequeño relato de suspenso (“Almas que se pierden”). 

El gran Jacques Futrelle (autor de uno de mis cuentos preferidos) se hundió con el barco, junto a otras 1516 personas.

Pero 14 años antes Morgan Robertson había escrito una obra con un guión muy similar. Su novela “Futilidad” habla del Titan, el transatlántico más grande alguna vez construido. ¡Oh, casualidad! Choca con un iceberg en su viaje inaugural y se hunde.

Las “coincidencias” con el incidente del Titanic son asombrosas. Ambos barcos golpearon un iceberg en el Atlántico Norte, ambos zarparon en abril, con pocos botes salvavidas y estaban construidos de forma extrañamente similar… por mencionar algunas.




Algunas teorías proponen que los incidentes con sincronismo suceden debido a un poder divino. Otros encuentran alivio en la idea de fenómenos psíquicos o paranormales mientras que unos consideran largas cadenas de causa-efecto que conllevan estos destinos. Sea como sea… ¿nunca les pasó de estar pensando en una persona y justa la cruzan? ¿O tener una misma canción todo el día en la cabeza y que alguien la empiece a silbar de repente?

Este temática es también un recurso literario, del que se han aprovechado autores como Paulo Coelho en sus obras (“El Alquimista” tiene al sincronismo como leitmotiv). Encontrarle sentido a estos raros eventos puede llegar a ser una misión imposible, pero no por eso dejar de interesar al alma. ¿Dios juega a los dados con nosotros o todo sucede por una razón? Encontrarle el “sentido” a las cosas involucra muchas influencias complejas y procesos mentales que, quizás, todavía no podamos entender.

Hay mucha tela para cortar en un tema tan seductor como el sincronismo. Nuestro mundo está rodeado de aspectos fascinantes, misteriosos, increíbles, maravillosos. 

¿Robertson tenía conciencia de estar prediciendo el futuro o fue todo el resultado de una mera, aunque perturbadora, coincidencia?

La verdad, como suele suceder, ha quedado oculta en lo más profundo. Tan en lo profundo, quizás, como el Titanic mismo.



► El sincronismo es un tema mágico para tratar dentro de la literatura, y yo mismo he utilizado dicho recurso como una inspiración literaria. ¡Pero de eso hablaremos en otro post!

martes, 5 de marzo de 2013

El “laberinto” como tema en la literatura


Así como hace unas semanas hablábamos de “El ajedrez en la literatura”, escritores de todas las épocas también han recurrido al laberinto como artilugio para estructurar sus creaciones o utilizarlo como leitmotiv de una historia. Varias obras mundiales han utilizado laberintos propiamente dichos (como el de Creta) o algo menos elaborado como un jardín con entrecrucijadas y bifurcaciones.

Incluso, desde un punto de vista más simbólico, la obra misma podría tener un hilo de narración enredado y caótico, asimilándose a los pasillos de un laberinto. Hoy vamos a hablar un poquito de eso y hacer un repaso por las apariciones más importantes de este mítico elemento.



Todo laberinto, como hogar diseñado para que los hombres se pierdan, supone una serie de lugares unificados, de sendas que se ramifican con monotonía. A veces aparece algún signo distinto y otras quien lo sigue descubre que está, otra vez, en el punto de partida donde inició.


Admito que la temática del laberinto me cautivó también a mí mismo en mi novela, donde uno de los personajes expresa que: “Lo que antes parecía ser un trayecto directo hacía su meta, largo y tedioso, sí, pero tangible, comenzaba a verse más como un enredado laberinto, estrecho y caótico. Y el saberse libre de recorrer el laberinto como se le antojara le molestaba profundamente”. #Hablaré de mi novela más adelante#.

Esta es una cuestión que nos invita a participar de un juego donde existe (siempre) un elemento mágico, la posibilidad de encontrar una nueva vuelta de tuerca al doblar un pasillo… o encontrarse perdido en una espiral interminable. Algunos autores son más “literales” (como el ajedrez viviente que nos propone JK Rowling en su primera parte, o el laberinto mágico del cuarto libro) mientras que, para otros, el significado es de tipo existencial. Como ejemplos podríamos mencionar: el destino del hombre (siempre incierto) con sus sueños e ideales, o el viaje hacia tierras enredadamente maravillosas al que nos invita Lewis Carroll en sus reflexiones a través del espejo.

Laberínticas son también las aventuras de los caballeros de la edad media, en busca de leyendas formidables como la búsqueda del Santo Grial o el deseo imperturbable de remover la espada clavada en la piedra. Con frecuencia, también es laberíntica la fantasía épica de recorrer campos de batalla para vencer a un mal caótico y perverso.

Se sabe que el inmortal Borges estuvo obsesionado con el concepto de los laberintos (así como también de los espejos) y lo utilizó repetidas veces en el desarrollo de su trama.

El uso literario que este autor le dio al tema ha inspirado a gran cantidad de otros escritores de renombre en el mundo, como por ejemplo a Umberto Eco (en “El Nombre de la Rosa”).

En la obra de Borges se pueden diferenciar varias clases de laberintos, desde externos naturales (como desiertos y cuevas) hasta simbólicos, como la Biblioteca de Babel. También se distinguen jardines bifurcados, la Ciudad de los Inmortales y –claro– la casa de Asterión. Por último, los hay temporales, espaciales y hasta artísticos. Quizás tan caprichosa obsesión se deba a los tiempos de su infancia, donde Borges recorría su gran casa-laberinto de Tucumán.



Seguramente, uno de los cuentos más hermosos jamás escritos por él (referidos a esta temática) sea “La Casa de Asterión”.

Prefiero no revelar el exquisito final de esta historia, simplemente mencionar que Asterión vive en una inmensa casa (la que describe como un hospicio de infinitas puertas sin cerraduras). Cada nueve años entran nueve hombres en la casa, pero Asterión no los asesina. Se desconoce el motivo, aunque se aclara que el protagonista es inocente. Finalmente, un hombre llega hasta él para liberarlo de su soledad.

La última línea del cuento revela, con una simplicidad maravillosa, qué es lo que estaba sucediendo en realidad.

► Les comparto “La Casa de Asterión” para que puedan leerlo: http://bit.ly/15uYjMP


LA POSDATA CINÉFILA: 

quizás la referencia más clara a los laberintos en el cine sea la genial película de Jennifer Connelly que presenta a David Bowie como villano (más adelante hablaremos mejor de esta cinta) y la extraña "El Laberinto del Fauno". 

A su vez, encontramos referencias en “Los cuentos de la Cripta” (1972) – película que tienen un giro argumental final muy interesante –, “Los Goonies” (1985), la saga de “Resident Evil” (particularmente la tercera parte… la más floja, si me preguntan a mí), la saga de “El Cubo” (1997 y adelante) y distintas versiones de “Alicia en el País de las Maravillas”.







“El escritor enfrentando a los libros es alguien 
que hace frente necesariamente a un laberinto 
sin principio ni fin." 
(Borges)




► ¿Qué otras referencias a los laberintos en el cine y la literatura recuerdan? ¡Espero sus comentarios en el blog y en mi página!

lunes, 11 de febrero de 2013

Influencias literarias (II): Tras las huellas de Scooby- Doo



No puedo evitar tener que ver el episodio entero cada vez que lo agarro en la televisión. 

Scooby Doo, además de ser unas de las creaciones más legendarias del dúo Hanna-Barbera es uno de los dibujos animados con más capítulos en el aire en la historia de la animación. Con los años se convertiría en uno de los motivos de mi atracción por el género de misterio y la narrativa policial.

Una vez leí que la novela “El sabueso de los Baskerville” plantea la fórmula básica con la que funciona cada uno de los episodios de Scooby- Doo: un evento supuestamente sobrenatural (generalmente un “fantasma” que persigue al grupo), varios sospechosos, y un gran misterio por descubrir. 

La pandilla formada por un gran danés y 4 adolescentes creció en popularidad desde su creación en 1969.

Lo que más me fascinaba de la serie era intentar adivinar al criminal antes que la banda de la Máquina del Misterio. Los primeros capítulos no tuvieron mucha complejidad (generalmente uno estaba entre uno o dos sospechosos) pero sobre el final las cosas se complicaban un poco más. 

La fórmula básica (que no tuvo demasiada variación a lo largo del tiempo) es aún muy popular hoy, y varias series de TV, libros o películas han tratado de imitar el estilo “¿Quién lo hizo?” (whodunnit, por su nombre en inglés) que el show lograba en un episodio de menos de 30 minutos.

Scooby Doo fue una fabulosa serie animada que fusionó varios estilos y utilizó muchos guiños a la cultura popular. The Scooby-Doo Project, por ejemplo, combinaba a los personajes del programa en una aventura en la cual se perdían en el bosque (parodiando al clásico proyecto de la bruja de Blair). 

En “Las nuevas películas de Scooby Doo”, el grupo de Misterio a la Orden resolvía casos acompaños de un puñado de figuras famosas y personajes de ficción como Los Tres Chiflados 

¡...y hasta conocieron a Batman y a Robin!  (un capítulo muy bizarro, por cierto, donde se enfrentan al joker y al pinguino)

Un dato curioso –que no muchos conocen– es que el equipo se financiaba sus “expediciones” gracias al padre de Daphne, que no solo era millonario sino que además les había regalado el singular medio de transporte.

Generalmente los monstruos terminaban siendo personas que intentaban sacar un provecho especial de la situación. Sin embargo, en algunas ocasiones les tocó enfrentarse a fantasmas reales, como es el caso del spin-off “Los 13 fantamas de Scooby Doo” (excelente serie) o en cualquiera de las dos películas live-action que protagonizó el canino (que son bastante entretenidas, particularmente la segunda). 

De todas formas: la fórmula clásica indicaba que el criminal era una persona de carne y hueso, aunque uno solía dudar hasta el último minuto. En el primer capítulo, el supuesto Caballero de la Armadura Oscura es en realidad (#SPOILER ALERT#) el encargado de mantenimiento que falsificaba obras dentro del museo.

Por cierto, este primer capítulo hizo su debut el 13 de septiembre de 1969, hace 43 años, y marcó el comienzo de lo que sería un éxito imparable. Scooby y sus amigos son amenazados por un caballero blindado dentro de un museo de aspecto tenebroso.


Lo interesante es como el primer capítulo mantiene muchas tendencias de los personajes que se volvieron clásicas con el tiempo. Del mismo modo que Kenny muere en cada episodio… Velma siempre pierde sus anteojos en cada capítulo de Scooby– Doo. También: Fred y Daphne suelen separarse del grupo y desaparecer durante gran parte de la historia. Para muchos, el tiempo que ambos personajes estaban fuera de la pantalla era aprovechado para tener sexo… (o por lo menos, eso dicen algunas teorías). 

Sin embargo, la realidad es que ambos eran considerados los personajes más “aburridos”, y los creadores siempre preferían maximizar el tiempo con Velma, Shaggy y –claro– Scooby, que aportaban la parte más humorística al show.

A Agatha Christie le habría encantado el show. En mi caso, cada episodio era una mezcla rara entre el miedo infantil, el deseo por conocer la verdad y el humor absurdo. 

Lo mejor es que no era solo un programa diseñado para estimular las emociones y tensiones de los niños, sino que además creaba suficientes risas como para hacerlo divertido sin provocar pesadillas.


Una de mis versiones preferidas siempre fue “Un cachorro llamado Scooby- Doo”, que mostraba a la pandilla siendo niños, y con misterios muy interesantes. Fuera como fuera, cualquier versión de Scooby siempre tenía todo el humor clásico como el hambre imparable de Shaggy y Scooby, los one-liners malos de Shaggy y el gag de las puertas (que siempre me pareció fantástico).

La parte oscura de la serie tiene que ver con muchas teorías que hablan de las referencias a las drogas, que curiosamente son varias. El estilo “hippie” de Shaggy, el hambre constante de él y Scooby, las misteriosas “scooby galletas”. Para muchos, cada aventura de la banda era creada en su mente como parte de un viaje fantástico al mejor estilo “Alicia en el País de las Maravillas”. 

Lo que nunca pude comprobar es si Shaggy es el único que escucha y “entiende” al perro (como algunos dicen).

Personalmente, prefiero no adherirme a esas teorías macabras y mantener mi infancia intacta. Scooby Doo fue y sigue siendo un programa de culto que  me enseñó que los villanos van a la cárcel sin ningún tipo de juicio, pero además me desafió mentalmente mientras disfrutaba de una buena leche con Nesquik. 

Al día de hoy sigue siendo un gran show de misterio y entrenamiento con ideas muy originales.
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