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lunes, 22 de diciembre de 2025

Mis experiencias teatrales en 2025

 

Hay años que se miden en escenas. En entradas audaces, luces que se apagan, silencios compartidos antes del aplauso. Este 2025 fue, sin exagerar, uno de los años más teatrales de mi vida.





miércoles, 6 de agosto de 2025

Cine y teatro: actuar para sobrevivir

 

El teatro como refugio, catarsis o forma de reconstrucción emocional es un recurso poderoso tanto en cine como en series. En esta nota repaso algunas de mis producciones favoritas donde la actuación es un mecanismo para la supervivencia.


viernes, 9 de febrero de 2024

Les Luthiers y más tropiezos de Mastropiero

 

El año 2023 se destacó por una cantidad notable de teatro en mi vida. Uno de los momentos más memorables fue ver la obra "Más Tropiezos de Mastropiero", el impresionante espectáculo que marcó la despedida de Les Luthiers. En este texto les comparto mis impresiones sobre la obra.



martes, 19 de diciembre de 2023

“Plástico cruel” y mis experiencias teatrales de 2023

 

Este año tuve la posibilidad de ver una adaptación teatral basada en la oscura novela Plástico cruel, de Jose Sbarra. En esta nota, una breve reseña y una suerte de racconto por lo que fue mi año teatral.

 


domingo, 10 de diciembre de 2023

Las virtudes narrativas de “Hamilton” (2020)

 

La versión cinematográfica del éxito de Broadway, Hamilton, está disponible en Disney+ desde julio 2020. Y sí, realmente está a la altura de las expectativas. En esta nota, la reseña del enorme espectáculo musical concebido por Lin-Manuel Miranda.





lunes, 19 de abril de 2021

Lista TOP 10 - Sketches favoritos de Les Luthiers


El mejor grupo de comedia musical argentino merecía esta selección de favoritos en mi blog. Conocí a Les Luthiers muy de chico (¡los escuchaba en cassettes!) y soy fan desde entonces. Estos son mis 10 sketches favoritos.


lunes, 1 de octubre de 2018

Salir de la caverna: Darío, filosofía y rock


El sábado pasado tuve la posibilidad de ver a Darío Sztajnszrajber (se pronuncia shtain-shraiber) en Bahía Blanca. Junto a Lucrecia Pinto y su banda hicieron Salir de la caverna, un loco espectáculo que combina filosofía (en el estilo de Darío) con impresionantes covers de rock nacional.


lunes, 26 de septiembre de 2016

“La Traviata” (1853), de Giuseppe Verdi


El fin de semana pasado en Bahía Blanca se estrenó La Traviata, conocidísima ópera de Giuseppe Verdi que todavía no había tenido posibilidad de ver. Si bien la obra fue escrita a mediados del siglo XIX, hoy sigue siendo relevante debido a las temáticas contemporáneas que aborda. En esta nota vamos a hablar un poquito sobre esta historia atemporal.


De qué va la obra

Dentro del repertorio operístico, históricamente las más famosas siempre fueron las de los italianos Giacomo Puccini (Tosca, Madame Butterfly) y Giuseppe Verdi (Otello, Don Carlo, Rigoletto y La Traviata, entre otras tantas).

En particular, La Traviata (que en español podría traducirse como “La extraviada”) es mundialmente la más conocida, y la que más veces ha sido representada. Su historia inspiró a obras populares y su música es fácilmente reconocible. Díganme si no ubican este fantástico brindis:



La historia de Verdi pertenece al género del melodrama, si bien cuenta con una porción dosificada de comedia. Está contada en los tradicionales tres actos y el libreto de Francesco Maria Piave se basó en la novela de Alexandre Dumas La dame aux Camélias (1852). Violetta Valéry es una cortesana parisina que parece tener todo lo que desea en la vida. Libre de poder estar con quien quiera, su vida da un vuelco cuando el próspero Alfredo Germont le confiesa su amor. Luego de debatirse respecto a si vale la pena abandonar las fiestas, la lujuria y el placer, termina aceptando a Alfredo y se van a vivir juntos.

El conflicto se desata unos meses después (en el Acto II), cuando el padre de Alfredo –Giorgio Germont– se acerca a Violetta y le pide que deje a su pareja. Violetta representa una humillación para la familia Germont (por sus actividades previas) y eso impide que la hermana de Alfredo pueda contraer matrimonio.

Así, ella tiene que decidir si continuar con la solicitud de un padre preocupado o apostar por el amor que nunca creyó posible. En el medio, ella atesora un secreto terrible capaz de modificarlo todo.

La Traviata en Bahía Blanca

Las presentaciones en mi ciudad fueron el viernes 23 y el domingo 25 en el Teatro Municipal. Contó con una musicalización impresionante de la Orquesta Sinfónica Provincial de Bahía Blanca y una pequeña participación del Ballet del Sur. 

En los roles principales estuvieron la soprano Marina Silva (en el rol de Violetta Valéry), el tenor Juan Carlos Vasallo (Alfredo Germont) y el barítono Gustavo Gibert (Giorgio Germont), además de un coro formado por más de veinte personas. 

Todas actuaciones soberbias. 

Me llamó muchísimo la atención la ovación (de pie) que brindó la gente al final; emocionaban los aplausos que no cesaban (particularmente hacia Marina Silva, que dio una representación sobresaliente de Violetta).

La puesta escena fue muy sencilla, y acorde al presupuesto que el gobierno designa al arte. Cada acto era adornado con unas sillas, telas y diferentes colores sobre el fondo. Una pantalla en la parte superior traducía al castellano los diálogos en italiano.

Lo curioso de La Traviata, y lo que la volvió una clásico inigualable, es que sus temas son atemporales. En su momento Verdi criticó los valores burgueses predominantes en la sociedad capitalista en el siglo XIX (por supuesto, disfrazados en forma de un drama). Hoy la historia sigue contemporánea por el reciente interés por temáticas feministas, el movimiento #NiUnaMenos y el rol que tienen las mujeres en la sociedad. Violetta es víctima de maltratos y machismos, y son dos los hombres que controlan su vida (padre e hijo).

La obra expone una mirada muy realista sobre la situación de las mujeres. En La Traviata, el lujo, el dinero y la extorsión son bienes de cambio. Hay también todo un contenido simbólico en la puesta de escena que se eligió para Bahía Blanca (únicamente sillas, a veces ocupadas, otras veces no) y en el uso intenso de los colores fuertes (naranja, rojo). Algunas pequeñas subtramas también cuentan un subtexto de mujeres sufriendo.

Respecto a la obra, el maestro Federico Sardella, , titular de la Orquesta Sinfónica, dio en el clavo al resumir:  “el mensaje musical y dramatúrgico de La Traviata tiene muchísima vigencia porque habla del rol de la mujer en la sociedad, también sobre los designios sociales y cuánto hay que obedecer al llamado del corazón”.


Controversia y tuberculosis

Inicialmente, Verdi quiso que la obra estuviera situada en la época actual (1853), pero la temática era demasiado shockeante para que pudiera permitirse. Por ese motivo, las primeras representaciones mostraban una ambientación de un siglo antes. No fue hasta la muerte de Marie Duplessis, la famosa cortesana que sirvió de prototipo para la Violetta de Dumas, que se respetaron los deseos originales del compositor.

Si bien no hay una carga sexual importante en la historia, todo el contexto es lujurioso, inmoral y “sucio”, en particular si nos remontamos a la época. De hecho, La Traviata fue una fuente de inspiración indudable para historias como Pretty Woman (1990) y Moulin Rouge! (2001).

Ambas películas tienen como eje central a una prostituta (en el primer caso, una de Hollywood, en el segundo, una cortesana parisina). Pretty Woman tiene muchísimos paralelismos, ¡y hasta en una escena Richard Gere y Julia Roberts van a la ópera a ver La Traviata!

El caso de la obra de Baz Luhrmann es todavía más interesante. Moulin Rouge es, directamente, una representación más moderna (y musical) de la historia de Violetta. La historia de Satine (Nicole Kidman) y el escritor encarnado por Ewan McGregor funciona como un espejo de la ópera sobre la cual se inspiran. Hasta el trágico final se reproduce con bastante fidelidad.

Y hablando del final (#SpoilerAlert) Violetta termina siendo consumida por la tuberculosis, una enfermedad que se llevó miles de vidas durante el siglo XVIII. Por esa época, nadie entendía bien qué causaba la enfermedad ni cómo era transmitida, por lo que tenía un aire de misterio y fascinación.

Verdi aprovechó el misticismo alrededor de la misma para generar ambigüedad sobre la muerte, una de las más emotivas y mejor desarrolladas de la historia de la ópera.

En esencia, todo el acto III involucra la muerte de Violetta al lado de su amado Alfredo (quien vuelve luego de enterarse la verdad –que su padre la obligó a ella a rechazarlo). Básicamente, es media hora de Violetta muriéndose, llorando, cantando sorprendentemente bien para su frágil estado y finalmente, desvaneciéndose hacia la oscuridad. ¿Murió de tristeza… de falta de amor? El autor pincela esta idea con eficacia, brindando un cierre satisfactorio a las temáticas que plantea a lo largo de la trama.

Palabras finales

► No me considero amante ni conocedor de la ópera, pero disfruté enormemente de este clásico absoluto. Creo que tiene gran riqueza tanto musical y lírica, como también psicológica. Desde lo actoral, Violetta es un papel técnicamente complejo y exigente, y Marina Silva dio una representación fascinante que no voy a olvidar nunca. Quienes tengan posibilidad de verla en sus ciudades, recomiendo no dejarla pasar.

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jueves, 15 de septiembre de 2016

Harry Potter y el Legado Maldito: decepcionante e innecesaria


Veinte años luego de salvar al mundo de Voldemort, el mayor desafío de Harry Potter es un burocrático trabajo a contrarreloj detrás de un escritorio. Mientras tanto, dos niños cuyos padres se odian crecen para convertirse en mejores amigos: Albus Severus Potter y Scorpious Malfoy (introducidos por primera vez en el epílogo de Las Reliquias de la Muerte). Ellos, en un intento de enmendar un error del destino, cambiarán el flujo del tiempo de formas insospechadas.

Esta es la premisa de la octava historia de Harry Potter, una que J.K. Rowling afirmó que nunca iba a continuar. Igual, tranquilos, ahora sí aclaró que no habrá más relatos sobre "el niño que vivió" después de El Legado Maldito. (-.-)

A diferencia de las otras siete novelas, Harry Potter y el Legado Maldito (Harry Potter and the Cursed Child) es una obra de teatro. Se estrenó a mediados de este año y viene cosechando un éxito considerable (y esperable). 

En este caso, J.K Rowling puso el gancho –y aclaró que es canon y no un fan-fiction– pero la historia fue escrita por Jack Thorne, y posteriormente dirigida por John Tiffany.

Acá hay un punto importante. Una obra dramática se escribe para ser representada, y leer el “guión” no es la manera completa de analizar el teatro. Sería lo mismo que analizar el guión de Pulp Fiction o de Unbreakable sin haber visto las películas, que tienen textos de base muy sólidos que se ven fortalecidos por grandes trabajos de montaje, edición, actuación, sonido, etc.

Hecha esta aclaración, vamos con otra: disfruté mucho de la saga Potter. Leí todos sus libros, y muchos lo hice en inglés, antes de que salieran en su versión en castellano. Me parece una lectura argumentalmente compleja y un mundo de fantasía fabuloso, si bien nunca fue una saga perfecta. Se le pueden objetar muchísimas cosas a estos libros, menos que estaban cuidadosamente planeados y eran adictivos, genuinamente entretenidos y con personajes nítidos y memorables.


El Legado Maldito no tiene casi nada de esos atributos, y tiene más sabor a un fan-fiction apurado y mediocre hecho con aspiraciones puramente monetarias. En esta nota vamos a explorar en detalle esta octava entrada ambientada en el universo de Harry Potter. Tranquilos: les aviso cuando se vengan los spoilers.

► Harry Potter y el Legado Maldito, en inglés y en versión PDF para descargar: https://goo.gl/XEemZ9

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¿Qué es un fan-fic?

De acuerdo a este artículo del Time (que, convenientemente, analiza el fan-fic de H.P) el fan-fiction (“ficción de fans”) es cómo se vería la Literatura si fuera reinventada desde cero, luego de un apocalipsis nuclear, por un grupo de adictos a la cultura pop encerrados en un bunker.

En esencia, es una especie de universo extendido donde los fans de una obra toman algunos elementos para continuar historias abruptamente terminadas o generar líneas argumentales alternativas, humorísticas, perturbadoras, morbosas, etc. En este momento, culturalmente hablando es el equivalente a la materia negra: es prácticamente invisible para el espectador casual, pero increíblemente masiva.

En serio: hay miles y miles de historias fan-fic escritas sobre Harry Potter y cualquier otro tipo de obra de ficción que uno pueda imaginarse. Debido a la inexperiencia de los escritores de fan-fiction, tiene una reputación de ser una fuente de escritos tan horrible como olvidables. Sin embargo, hay algunos que son increíblemente buenos y a veces están en el mismo nivel de calidad que la obra original. Esta es una temática fascinante que da para expandir en otra nota.

Lo cierto es que he leído algo de fan-fic de H.P. y hay uno en particular que es recomendable. George Norman Lippert era un fan obsesionado con Harry y sus amigos, a tal punto que escribió una obra que llamó la atención de la prensa inglesa. James Potter y la Encrucijada de los Mayores seguía la historia del hijo mayor de Harry luego de los eventos del séptimo libro.

Luego confeccionó una secuela (James Potter y la Maldición del Guardián) que lo llevó a algunas controversias y problemas legales con J.K. Rowling. Como él directamente no hace dinero con estos libros, finalmente ella dio el consentimiento. Hasta terminó por admitir que los libros de Lippert logran recrear su famosa manera de escribir (si bien no los considera canon de la serie).

Estos dos primeros los leí, y aprueban satisfactoriamente. Son entretenidos a tal punto que pueden fácilmente pasar como obras originales de la autora. Lippert hoy está terminando de escribir el quinto y último libro de la serie.

Un argumento sin ganas

El gran problema con Harry Potter VIII es que no se toma ningún riesgo ni introduce nuevos personajes, conflictos o desafíos argumentales. El único personaje nuevo es Delphi (ya hablaremos de ella) y el conflicto principal se centra en la relación tóxica entre Harry y su hijo Albus, quienes no logran conectarse.

La trama se desarrolla de la peor forma que podrían haber visionado: con no uno, ni dos, sino varios viajes en el tiempo. Resulta que no todos los giratiempo habían sido destruidos por el Ministro de Magia. Luego de una serie de peleas entre padre e hijo, Albus y Scorpious lo roban y deciden utilizarlo para salvar a Cedric Diggory (asesinado por Voldemort en el cuarto libro) ya que su muerte fue accidental y no tendría que haber sucedido. ¿El problema? Cambiar ese hecho en el pasado crea futuros progresivamente más oscuros en el presente.


Amos Diggory –que no aparecía desde El Cáliz de Fuego– es un jugador más importante en esta historia, ya que sirve como disparador para que Albus decida desafiar a su padre e intentar cambiar el presente.

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#SpoilerAlert: a partir de acá tengo que hacer el stop obligado. Se revelan detalles del argumento que pueden arruinar sorpresas y giros de la historia. ¡Están avisados!

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La historia está repleta de guiños a los fans, reapariciones de viejos personajes y reciclado de temáticas ya utilizadas. De hecho, literalmente el argumento agarra pedacitos de cada uno de los libros anteriores:

1. De La Piedra Filosofal: un grupo de jóvenes protagonistas se vuelven amigos en el Expreso Hogwarts.
2. De La Cámara de los Secretos: uno de los dos protagonistas es acusado de ser descendiente de Salazar Slytherin (en este caso, con el agregado de ser descendiente directo de Voldemort).
3. De El Prisionero de Azkaban: Harry es forzado a ver un asesinato desde la distancia mientras Ron sufre una herida en la pierna.
4. De El Cáliz de Fuego: la primera muerte de un personaje es a manos del villano. Los Diggory y el Torneo de los Tres Magos tienen roles fundamentales.
5. De La Orden del Fénix: Harry tiene una visión de Voldemort raptando a alguien a quien ama.
6. De El Príncipe Mestizo: Snape mata al Director de Hogwarts (si bien esto es discutible).
7. De Las Reliquias de la Muerte: Dumbledore sigue ofreciendo sabiduría post-muerte a través de los retratos.

Harry Potter y la decepción maldita

La introducción de los giratiempo en el tercer libro fue una de las decisiones más erradas de la saga. No es fácil trabajar con viajes en el tiempo, y se precisa mucha coherencia narrativa para que no te salga el tiro por la culata. Por lo menos en ese libro habían resuelto los problemas con “eliminarlos a todos”. Ya no iban a servir como recurso.

¡Pero acá volvieron! Y no sólo eso, ¡cambian completamente la manera en la que los viajes en el tiempo funcionaban antes! La idea de El Prisionero de Azkaban era, por lo menos, razonable. No es posible cambiar el presente: sólo logramos profecías auto-cumplidas. Recordemos que en la historia Harry cree ver a su padre largando el expecto patronum que salva a Sirius Black, sólo para darse cuenta –al volver en el tiempo– que fue él mismo quien le salvó la vida. 

Esto es lo que se conoce como un lazo temporal estable.


En El Legado Maldito, en su lugar, cada cambio en el pasado genera una realidad alternativa debido al efecto mariposa. Es decir: si evitás la muerte de Cedric => Hitler ganó la guerra… en este caso: Voldemort ganó la Batalla de Hogwarts.

Voy a ser justo con la obra: Hermione sí menciona (en El Prisionero de Azkaban) que los giratiempo fueron prohibidos porque los magos se terminaban accidentalmente matando a sí mismos (con lo que la posibilidad de cambiar el presente siempre existió). Por su parte, Scorpious (por lejos, el personaje más interesante) menciona la “Ley del Profesor Croaker”, una que aparentemente establece que más allá de las 5 horas de viaje al pasado se hace difícil lograr un lazo temporal estable.

En fin: Harry Potter es (y debería haber seguido siendo) fantasía, no ciencia ficción.

La gran revelación de la historia se da al final del Acto III, donde se expone que Delphi se hizo pasar por la prima de Cedric y es, en realidad, la hija de Voldemort. (Sí, al parecer él no tenía nariz, pero sí un miembro fértil para concebir).

El complicadísimo plan de Delphi involucraba manipular a Albus para que robara y utilizara el giratiempo de tal manera que papá Voldemort pudiera volver. Todo esto adornado con demasiados deus ex machina (como el hecho de que Draco resulta que siempre tuvo un conveniente giratiempo en sus manos y que sólo menciona cuando le queda bien a la trama).

De todas formas, una villana acartonada y unidimensional no es el gran problema del libro. El inconveniente es que parece menos una historia original y más un remix de elementos ya existentes en la mitología potteriana. Todo lo que vemos ya se hizo, ya pasó. No se innova, no hay riesgos. Esta es su mayor debilidad.

Por ejemplo: la relación entre Harry y Dumbledore se vuelve a construir. Ron y Hermione se vuelven a enamorar (en una línea de tiempo alternativa). Snape vuelve a demostrar que es fiel a Dumbledore y que es un capo. Hermione vuelve… ah, creo que ya se entendió…

J.K. Rowling no es la mejor escritora del mundo, pero sus libros eran verdaderamente ingeniosos, sorprendentes, astutos, y progresivamente más oscuros. El Legado Maldito tiene más un aire a una ficción de un fanático que a una continuación destacable.

Lo que es peor, los personajes perdieron toda la madurez que habían ido ganando con el tiempo: Harry vuelve a ser un llorón, Ron vuelve a ser el alivio cómico y Ginny está ahí… dando vueltas. Draco es sólo un recuerdo de su intimidante personalidad anterior. Hermione es el único personaje fuerte en el que vemos un verdadero desarrollo. Ella y Scorpious son los únicos personajes que están bien trabajados.


 ... Hermione, ¿sos vos? ¡Pero si estás igual!

Ni hablemos de los múltiples agujeros de guión y recursos argumentales utilizados por el mero hecho de mostrar escenas nostálgicas o generar emotividad. El viaje en el tiempo es una excusa –más literal que otra cosa– de hacernos viajar a nosotros por los mejores momentos de Harry Potter. O para responder a qué habría pasado si, por ejemplo, Ron invitaba a Hermione al baile del cuarto libro.

La obra se apoya demasiado en pequeños cameos de nuestros adorados personajes en lugar de expandir el universo, presentar nuevos e interesantes personajes o presentar una trama creativa. Para peor, hay algunas subtramas más o menos atractivas que últimamente quedan en la nada.

Es una lástima, pero sentí a El Legado Maldito como algo muy similar a la nueva película de Star Wars (que tampoco me gustó), un intento de revivir una franquicia por medio de constantes referencias, cameos y momentos nostálgicos.

Palabras finales

Siendo honesto conmigo mismo, El Legado Maldito se lee con fluidez, entretiene y tiene algunos momentos logrados. Especialmente funciona la química entre Albus y Scorpious, hay situaciones muy cómicas (¡algunas se ríen metatextualmente de cosas del universo Potter!) y el final, si bien no cambia nada, es satisfactorio.

Pero no puedo dejar de pensar que esto tendría que haber sido algo más grande, más perfeccionado. El toque de Rowling no está presente y es una decepción absoluta desde lo narrativo. Una lástima.

Por cierto, si les interesa entender bien cómo funciona ahora la enredada línea temporal de Harry Potter luego de los eventos de esta historia, este sitio tiene la respuesta.


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jueves, 8 de septiembre de 2016

Cielos lejanos desde la ventana

Obra de danza-teatro
Género: dramático
Dirección: Natalia Martirena

Cuando hablé de Under the Skin, en mi mente resonaba esta obra que vi a mitad de año en mi ciudad (Bahía Blanca). En su momento armé la crítica para mi fan-page, pero me dieron ganas de dejarla documentada en el blog para que no se pierda tan fácilmente.

En el año 1977, el científico Carl Sagan y sus compañeros en la NASA enviaron un disco de oro junto con el Voyager. Contenía saludos en más de 50 idiomas, música de jazz y clásica, sonidos de ríos, de barcos, de guerra, fórmulas matemáticas, sonidos de chimpancés, monos, elefantes, caballos, risas, llantos y un sinfín de cosas más.

A partir de esa premisa, la bailarina, coreógrafa y vicedirectora de la Escuela de Danza, Natalia Martirena, imaginó qué habría pasado si un grupo de exploradores alienígenas encontraran el disco e intentaran descifrarlo. La pregunta que se pone en tela de juicio –y que sirve de leitmotiv de toda la obra– es: ¿qué tan contagioso puede llegar a ser “lo humano”?

Se trata de una obra de danza contemporánea y teatro donde priman el diálogo no-verbal y las coreografías artísticas. A medida que los cinco actores en escena comienzan a indagar en el contenido del disco, imperceptiblemente adoptan idiosincrasias, acciones, emociones y cuestiones muy humanas: lo salvaje, lo sexual, lo emocional, lo divertido, lo triste.


El resultado es un espectáculo marcado por el expresionismo, por lo abstracto, donde durante una hora se exhiben una serie de episodios de relativa autonomía. Hay muchísimo contacto, y es imponente el enorme esfuerzo físico que hacen todos los actores. Quien destaca especialmente dentro del elenco es Elena Fuster, protagonista de las escenas sexuales más jugadas de la obra y quien también da muestra de una gran habilidad y confianza con su cuerpo.

En este sentido, es importante mencionar que la carga sexual de la historia es fuerte y puede llegar a incomodar a quienes no estén preparados para algo del estilo.

“Cielos lejanos desde la ventana” es una obra sin diálogos ni un argumento claro. Todo queda muy librado a la interpretación, y hasta se vuelve prácticamente imposible comprender de qué habla sin antes conocer el trasfondo de la historia. 

La danza está por encima de la representación teatral, y el aspecto técnico está por encima del argumento.

Al respecto, lo técnico de la producción es uno de sus puntos más fuertes. El intenso uso de luces (tanto por parte del técnico, Eugenio Tramontana, como de los actores y sus linternas) es maravillosa. El sonido también es soberbio y variado, pasando por cada uno de los elementos contenidos en el famoso disco de Carl Sagan. El ambiente claustrofóbico y extraño de un laboratorio fuera de este mundo se enriquece muchísimo gracias a un uso muy adecuado de luces y sonidos.

Otro punto destacable es la simultaneidad de acciones que se ven en escena. Me cuesta imaginar lo que habrá costado llegar a tal punto de coordinación y organización colectiva. Hay algunas coreografías fantásticas, como cuando bailan un tema de rock que, si mal no recuerdo, era “Johnny B. Goode”, de Chuck Berry.


Sin embargo, la obra puede llegar a volverse monótona y tediosa por momentos. Especialmente para aquel que no está tan familiarizado con lo abstracto, no se hace difícil sentir como que muchas veces “no pasa nada”. Varias de las escenas parecen pequeños ejercicios de improvisación teatral, y no es sencillo sostener una obra durante hora y monedas cuando los actores realizan literalmente monadas durante varios minutos.

► EN CONCLUSIÓN: “Cielos lejanos desde la ventana” es obra muy memorable desde lo técnico, y vale la pena disfrutarla por el gigantesco esfuerzo físico y sincronización que demuestran los cinco actores, quienes además tienen mucha química de grupo (si bien no intercambian prácticamente palabras). Se siente extensa, pero hay suficientes números y coreografías diversas como para mantener la sorpresa, el interés y el entretenimiento. Recomendable especialmente para los amantes de la danza contemporánea y del arte expresionista.


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En su momento, “Cielos lejanos desde la ventana” se presentó en “Factor C” (Zeballos 295, Bahía Blanca) Los cupos fueron limitados debido a la pequeña capacidad de la sala. La obra cuenta con el apoyo del Fondo Municipal de las artes y del Gobierno de Bahía Blanca.


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► OFF-TOPIC: Quiero aprovechar este post para hablar un poco sobre el blog. Estoy intentando publicar algo diferente todos los lunes y jueves, con la mejor variedad de temas posible  (siempre dentro de mi interés, porque sigue siendo un blog sobre mis vicios personales).

Es una pasión que no paga absolutamente nada en cuanto a lo económico, pero que disfruto más que mi trabajo del día a día. Es un diario, una válvula de escape, una recopilación de lo que soy y lo que amo. ¡Y en los últimos meses las visitas no han bajado de las 1.000 por día! Si bien tengo que agradecer especialmente a grandes seguidores como el Demiurgo, Frodo y Denise (a quienes también sigo) –sin  olvidar a mi viejo Alfredo– son muchísimos más los que me leen desde el anonimato, y está perfecto.

Voy a seguir. Porque puedo, porque lo necesito. Porque me hace bien. Estoy terminando de leer La Cena (de Cesar Aira) y arranqué Mundo Anillo (de Larry Niven). Se viene una nota sobre Harry Potter y el Legado Maldito, la octava entrada (oficial) en la saga de Harry Potter. Tengo en la cocina un artículo muy interesante sobre Roland Barthes y otro sobre la delirante película Holy Motors. Y también va a haber más literatura, más cómics, más animé y más ñoñadas.

A todos los que me leen, me siguen y me soportan: GRACIAS. Sin ustedes (y sin el café, las aceitunas, el humor, mi mujer, Internet y un larguísimo etcétera) no sería nada. ¡Hasta la próxima!

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lunes, 4 de julio de 2016

“Rotos de amor”, una obra de Rafael Bruza


Bajo el título “Rotos de amor”, el autor argentino Rafael Bruza congregó una serie de situaciones desopilantes con cuatro personajes, todos ellos visitadores médicos, con serios problemas en el ámbito del amor; un grupo de perdedores sin remedio.

Lo curioso es que la obra actualmente se está presentando simultáneamente en cuatro puntos diferentes de Argentina: Buenos aires, Mendoza, Bahía Blanca y Neuquén.

Tenía ganas de verla en Bahía Blanca porque la dirige Jorge Habib (a quien mencioné en esta nota sobre la Escuela de Espectadores de Bahía Blanca) pero terminé encontrándola, de casualidad, durante el fin de semana largo de junio en Neuquén (de donde soy).

Rotos de amor es una obra para reír bastante (hacía mucho que no reía con tanta fuerza) pero también para identificarse y reflexionar.

Habla del Amor con mayúscula, como tema filosófico, como algo de lo que uno no se puede curar del todo. El humor aparece desde lugares muy oscuros para los protagonistas. 

Uno está enamorado de una mujer casada y con familia, a otro la esposa lo abandonó por un profesor de tango y los constantes ronquidos echaron al tercero de su hogar. El cuarto, un mudo (brillante personaje) no puede vencer el luto de la muerte de su mujer.


La dificultad de rearmar sus vidas a partir del vacío amoroso, y la relación de amistad entre cada uno de ellos, es el eje temático de la narración.  Es una manera ingeniosa de hacer comedia, apelando a lo cotidiano y a lo cercano. Aparecen el tango y el mate, las costumbres, la charla, el baile. También hay planteos existenciales respecto al Amor, y creo que ese es un punto fuerte del guión.

El santafecino Rafael Bruza es uno de los grandes del teatro actual, y sus obras tienen impacto a nivel nacional e internacional. 

Algunos de sus textos más destacados se reunieron en el libro “Rotos de amor y otros fracasos”, que presenta la edición Colihue Teatro (acá pueden verla y chequear una vista previa). Se trata de un libro editado en el 2008 que reúne cinco piezas dramáticas del autor.

Rotos de amor en Neuquén

Por lo menos a nivel actoral, la versión que vi en Neuquén me pareció impecable. Si bien la obra está prácticamente despojada de escenografía, rápidamente se crea una atmósfera particular: emotiva, melancólica, ominosa. Las luces y los arreglos musicales tienen especial importancia en este sentido. Algo que destaqué fue que cada entreacto era musicalizado por los mismos actores (todos cantaban, y muy bien) y cada escena tenía equipos móviles que permitía transiciones ágiles.
  
La obra va a seguir en cartelera, al menos, hasta que termine noviembre. Se presenta todos los sábados a las 21.30 hs en Ámbito Histrión (Chubut 240, Neuquén). Para informes y reservas hay que comunicarse al 0299-4478276 o través del facebook del teatro.


Los cuatro actores están asombrosos, si bien Carlos Barro destaca especialmente como “El mudo”.

Berlanguita es Ezequiel Boronat, Rodriguez es Alejandro Cabrera y Pablo Di Lorenzo hace el papel de Artemio. Al finalizar la función, los actores están esperando para saludar y charlar con el público.

Creo que “Rotos de amor” es humor del bueno: reflexivo, inteligente, sagaz. La obra está muy bien y recomiendo que se animen a verla si la ven en cartelera en sus ciudades. Yo, por lo menos, la disfruté muchísimo.

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jueves, 23 de junio de 2016

10 criterios de valoración para ser un espectador crítico


En una nota que hice para Nussocial (el blog colaborativo y social del que formo parte) escribí recientemente sobre la Escuela de Espectadores de Bahía Blanca. La idea de la Escuela es aprender a argumentar sólidamente por qué una obra de teatro gustó o no gustó. También busca juntar al elenco con los espectadores, y que estos puedan preguntar, debatir, opinar y reflexionar. La nota completa la pueden leer acá.

Lo que quiero hacer hoy es profundizar en los 10 criterios de valoración que el docente Jorge Habib enseña para analizar el teatro. Estos criterios nos sacan de ese medio automatizado en el que solemos envolvernos al ver un espectáculo. Nos invitan a ser espectadores activos, pensantes, que critiquen, que opinen, que debatan, y que puedan hacerlo con argumentos concretos y sólidos.

Si bien algunos de ellos están enfocados específicamente en el teatro, pueden aplicarse perfectamente a otro medio visual como las películas o las series de televisión. Comencemos:

1) Pertinencia

Se refiere al género al cual pertenece la obra: tragedia, comedia, drama, etc. Hay grandes géneros (Aristóteles en su Poética indicaba cuatro categorías, por ejemplo) y también hay ramificaciones, sub-géneros: clown, comedia musical, grotesco, café concert, etc.

Es importante comprender a qué género pertenece la obra que vamos a ver para poder saber, a grandes rasgos, con qué nos vamos a encontrar. Teatro no es lo mismo que teatro-danza, y teatro-danza no es lo mismo que danza o que danza-teatro. Algo similar sucede al mirar una película: cada género tiene sus cánones, sus características principales y sus reglas.


2) Relevancia simbólica

Los símbolos en una obra de ficción lo son todo. Todo lo que está arriba de un escenario está pensando, y está ahí exclusivamente por una razón: vestimenta, utensilios, objetos en escena. Exactamente lo mismo pasa en el cine. Nada se deja librado al azar al montar una obra, y todo nos está comunicando algo. Algunas obras de teatro pueden tener una carga simbólica más fuerte o más leve, más o menos signos, pueden ser más o menos evidentes, etc.

La teoría general de los signos es estudiada por la semiótica, una rama de la ciencia que explora los diferentes sistemas de signos que permiten la comunicación entre individuos, sus modos de producción, de funcionamiento y de recepción.

3) Relevancia poética

La relevancia poética en el lenguaje fue estudiada por los lingüistas rusos, Roman Jakobson entre ellos. En la comunicación, la función poética no es el significado de las palabras, sino la importancia de los sonidos y las resonancias de los significantes; de cada letra, sílaba y fonema. No es lo mismo “Mi mamá me quiere” que “Mi mamá me ama”, por ejemplo.

A partir de la poética que construye el mundo del teatro, con todos sus símbolos, se logra una poiesis propia. La poiesis –término acuñado por Platón– habla de la producción y construcción de otros mundos. Platón define, en su texto El banquete, el término como «la causa que convierte cualquier cosa que consideremos de no-ser a ser». Es el impulso creador que habita en todos los seres humanos.

4) Relevancia histórica

Toda obra tiene un anclaje en un tiempo y en un lugar. Muchas veces se especifica en los primeros minutos de la obra, o sea hace evidente a través de lo que muestra la escena, el idioma, la vestimenta, la idiosincrasia, la tecnología, etc. Aun cuando el tiempo y el lugar en el que transcurre la historia no se especifica, eso también nos está queriendo decir algo.

Asimismo, cobra importancia la génesis de la obra, la historia detrás de lo que estamos viendo: ¿cuándo fue escrito? ¿por qué? ¿Cuál es la trayectoria del grupo de actores? Pensar en la relevancia histórica de la obra es pensar en lo histórico de todo, en cómo está ambientada, etc.

5) El aspecto técnico

El aspecto técnico pasa muchas veces inadvertido para el espectador casual. Esto es porque cuando “lo técnico” está bien hecho, nosotros no nos damos cuenta. Es similar a la idea de que uno se da cuenta de lo que tiene cuando lo pierde. Las luces, el sonido, el vestuario, los detalles de la escena, la técnica actoral. Todo está ahí, fue ensayado, preparado… no funciona mágicamente, por obra y gracia del Señor.


6) El aspecto ideológico

Toda obra de teatro tiene una ideología (aunque sea por su ausencia).  El concepto de “yo sólo quiero entretener a la gente” es también una ideología. ¿Qué se quiere decir en la obra? Para Javier Daulte –hoy uno de los directores más influyentes del teatro argentino– el teatro es juego y nada más. No hay compromiso, al teatro sólo le interesa el teatro. Es un acto de celebración, inofensivo, socialmente innecesario y no puede cambiar la realidad porque es realidad (no por nada se lo considera un director muy polémico).

Rafael Spregelburd dice "no me importa qué dice mi teatro". Griselda Gambaro no concibe una obra de teatro sin mensaje. Ambos tuvieron una discusión fuerte respecto a sus opuestas ideologías, y a la importancia social del teatro, a través de cartas que se publicaron en algunos diarios argentinos. Mientras que Spregelburd defendía el derecho a la ficción libre, sin prejuicios ni tapujos, sin mensaje, Gambaro respondía: “Todo teatro que no se comprometa con el presente producirá banalidad”.

7) El aspecto genético

Este criterio de valoración se relaciona, de alguna manera, con el de “relevancia histórica”. Habla del gen, del principio de todo. ¿Cómo empezó el grupo, cuánto hace que trabajan juntos? ¿Cómo llegaron a la obra? ¿Es una creación colectiva? ¿Es de un autor? ¿Quién es el autor y qué teatro quiere hacer? 

(Otra vez aparece lo ideológico de la obra).

8) Efectividad o estimulación

La efectividad en el teatro se entiende como lo que pasa después de la obra, el after, cuando se sale de la función. Lo que escuchamos inmediatamente después, lo que habla la gente. Hay obras que no te movilizan en nada. Una obra fue verdaderamente estimulante cuando da la impresión de que no hay otro lugar en el mundo en el que uno quiera estar. Si se produce eso, la obra fue altamente efectiva. Y eso colabora con el “boca en boca” (siempre la mejor promoción).

9) Recursividad social

Se refiere a lo que uno puede volver a repetir socialmente. 

Este criterio se relaciona más con el teatro comunitario (aquel que se hace con la comunidad. Por ejemplo, el grupo de teatro Catalina Sur o Ernesto Suarez en Mendoza).

El teatro comunitario puede ser de calle o de sala, pero su rasgo distintivo es que sus integrantes son vecinos y no actores profesionales. En Argentina existen más de 30 grupos, que conforman la Red Nacional de Teatro Comunitario, un espacio en el que se comparte la experiencia de los distintos miembros.


Si teatro es acción transformadora, y no tiene que estar realizado necesariamente por artistas, la idea de la recursividad social nos habla de qué tanto el grupo puede hacer una y otra vez esas actuaciones. La obra “Venimos de muy lejos” (1989), que presenta Catalina Sur, tiene a 70 personas actuando en escena. De ellas, 10 son un elenco itinerante y cuando llegan al lugar empiezan a convocar para completar a los 60 que faltan.

10) Teatralidad

Teatralidad es todo lo anterior. 

La combinación de los nueves puntos antes mencionados. Aquello que hace que una obra sea propia, única, indivisible.

Según el ensayista francés Roland Barthes:

«Teatralidad es el teatro sin el texto, es un espesor de signos y sensaciones que se edifica en la escena a partir del argumento escrito, esa especie de percepción ecuménica de los artificios sensuales, gestos, tonos distancias, sustancias, luces, que sumerge el texto bajo la plenitud de su lenguaje exterior.»

La teatralidad no la dice el texto, sino que la hacen los cuerpos en acción. Sensaciones, luces, signos, textos, emociones, es todo. La palabra es también utilizada en la jerga popular para efectos no teatrales. Al respecto, hay tres conceptos que remarca Jorge Dubatti, fundador original de la Escuela de Espectadores en Argentina.

1.- “Teatralidad”: la tenemos todos y es la forma que tenemos los seres humanos de organizar la mirada del otro sobre nosotros. Las estatuas vivientes, por ejemplo, trabajan la teatralidad del silencio. Al colocar una moneda aparece la interacción, y la estatua cuenta una historia (por mínima que sea).

2.- “Teatro”: como concepto, es la organización de la mirada con fines políticos => usar la teatralidad para decir algo.

3.- “Transteatralidad”: es el uso de la organización de la mirada pero no siendo honesto. Ejemplo: periodistas, políticos. El actor cuando termina la obra, corta, deja de ser el papel. La transteatralidad es considerada algo negativo.

► Dubatti habla más sobre estos tres conceptos en su texto: “Teatralidad, teatro, transteatralización: notas sobre teatro argentino actual”

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