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miércoles, 23 de octubre de 2013

Un análisis minucioso del libro de Jack Torrance (“El resplandor”, 1980)


“El Resplandor”, esa magnum opus de Stanley Kubrick, es una de mis películas preferidas. En 1980, revolucionó completamente el género del terror psicológico.  Su geometría completamente alienígena (la distribución no tiene ningún tipo de sentido), las extrañas situaciones que se generan sin explicación dentro del hotel y la ambientación íntegramente perturbadora, con aspectos sobrenaturales, desconcertaron a toda una generación. El público esperaba una sencilla adaptación de la novela de Stephen King y terminó encontrando una compleja cinta de difícil interpretación, con varias capas, metáforas y alusiones de distinta índole. El maravilloso documental “Room 237” analiza, por ejemplo, la fascinación que generó la cinta a través de una serie de teorías casi surrealistas.

Pero la intención es hablar de aquella producción literaria que tanto lo tuvo ocupado al novelista norteamericano Jack Torrance (Jack Nicholson en “El Resplandor”), titulada All Work And No Play Makes Jack A Dull Boy (algo así como “Mucho trabajo y nada de juego hacen de Jack un chico aburrido”).

El clásico proverbio inglés significa que, sin tiempo de ocio, una persona se vuelve aburrida y agobiada. En la cultura popular hay varios usos de la frase (¡gracias Wiki!), desde la corta historia de James Joyce "Araby", hasta “Big Sur” de Jack Kerouac o la película de 1957 “El puente sobre el río Kwai”. 

==> La utilización psicótica del proverbio en The Shining tuvo un fuerte efecto en el imaginario popular. Homero escribe “Sin TV y sin cerveza, Homero pierde la cabeza”, por mencionar el caso más emblemático (capítulo de 1994 de Los Simpson, "Treehouse of Horror V").

Quienes hayan visto la película sabrán que el libro está compuesto por esta frase repitiéndose una y otra vez durante toda la obra. Ciertamente, la novela –¿podemos afirmar que forma parte de ese género?– apuesta por el arte minimalista y conciso.

► En este link puedan chequear las primeras 15 páginas del libro, editado por el artista neoyorquino Phil Buehler (gran fan de Stephen King y de Stanley Kubrick).

Analicemos un poco la obra. ¿Qué tan metatextual es el hecho de que la frase sobre un “chico aburrido” se repita de forma innumerable convirtiendo al texto entero en algo “aburrido”? ¡Arte, señores! ¡Arte! 

... Y no empecemos a hablar de la tipografía… ¿Esas letras azarosas que faltan, son errores o forman parte de algo mayor, de un código quizás? ¿O representan, últimamente, las indistinguibles diferencias que caracterizan al hombre moderno? ¿Es, quizás, un artilugio kafkiano para criticar el tonto y absurdo mundo contemporáneo?


El segundo capítulo presenta el primer gran giro argumental: nada cambia, absolutamente nada. El status quo se mantiene. ¿Quién habría esperado aquello? Así, se vuelve aún más aburrido y absurdo… un perfecto ejemplo del contenido integrándose a la forma.

La primera lectora del texto, Wendy Torrance, (Shelley Duvall) reacciona del mismo modo que cualquiera de nosotros lo haríamos: aterrada, enloquecida. La dantesca sucesión de páginas repetidas y apiladas la toma por sorpresa. “Mucho trabajo y nada de juego hacen de Jack un chico aburrido” se propaga por el ambiente tan rápido como una enfermedad incurable sobre el marco de la ficción. El libro es la causa y, al mismo tiempo, el contenido que desborda en locura y profetiza un trágico desenlace. 

La calidad literaria de la novela Jack Torrance, ese libro imposible de concebir, nos mantiene pegados al asiento, expectantes a lo que está por venir. “Únicamente un demente podría dedicarse a crear, metódicamente, esta obra inútil”, piensa Wendy. Lo que ignora, desgraciadamente, es que esa mirada inquisitiva, curiosa, sobre un texto en apariencia cerrado posee la capacidad de convertir la espeluznante ficción literaria en realidad.

Sobre el final, tanto Wendy como nosotros estamos tan frustrados, horrorizados y desconcertados como el mismo autor, convirtiéndonos en parte del misma climax de la obra. Participamos de la historia como un público activo.  Por otro lado, debo admitirlo, encontré el desenlace, esa última frase conclusiva, bastante predecible.

POSDATA: de más está decir que el post es una parodia, una broma, y no debe ser tomado como un análisis literario estrictamente serio (como sucedió con este post).

OFF-TOPIC: ¡este representa mi post número 99! Este blog ha crecido muchísimo y me ha traído mucha felicidad, motivo por el cual estoy preparando un post especial para consagrarse como el #100. 

¡Ampliaremos! 

==> Gracias a todos los que me siguen, los que comentan, los que comparten. Un blog se arma con esos dos componentes: pasión por parte del autor, e interés por parte de sus lectores.

► ¡Si el post te gustó, coméntalo, compartilo, difundilo! COMING-UP: el misterioso post número 100.
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