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domingo, 25 de agosto de 2013

Técnicas narrativas (I): el Macguffin en el Cine y la Literatura

No, no es un nuevo combo de Mc Donald’s si no uno de los más usados (y más conocidos) recursos argumentales del cine y la literatura. El Macguffin se define como un objeto que dirige la historia hacia adelante y es de vital importancia tanto para el héroe como para el villano, incluso si las especificidades del mismo se mantienen en las sombras.

Un mapa del tesoro –como podría ser el del clásico de Robert Louis Stevenson o el de las películas de Jon Turtletaub protagonizadas por Nicholas Cage – representa uno de los primeros Macguffins en la literatura y cine. Los protagonistas van en busca de algo, un mítico tesoro, pero lo importante es el viaje y no el destino. El elemento que distingue al Macguffin de otros tipos de excusas argumentales es que es intercambiable. Desde el punto de vista de la audiencia, el Macguffin no es lo esencial de la historia narrada, podría ser cualquier otra cosa. Son elementos motivacionales, brindan un propósito a la trama y un objetivo concreto.

Miles de thrillers, aventuras y relatos de misterio incluyen este tipo de elementos, particularmente los trabajos de Alfred Hitchcock (quien acuñó el término por primera vez y le dio un primer marco teórico formal). Pensemos, por ejemplo, en los diamantes robados de “Reservoir Dogs” (Quentin Tarantino). Se los menciona, y son el motivo que genera todo el conflicto de la historia, pero nunca se los muestra ni se descubre su destino final. 

... Algo similar sucede en “Pulp Fiction” con el maletín de Marcellus Wallace (brilla de forma resplandeciente, y es cargado durante toda la cinta… aunque llegamos a conocer su interior).

Las películas de Indiana Jones se nutren constantemente de estas técnicas narrativas: el Arca de la Alianza, el Santo Grial, la Calavera de Cristal. En Stephen King, la Torre Oscura es un Macguffin en sí mismo, dentro de la famosa saga fantástica. En las historias de gánsters y mafiosos (como en mi futura segunda novela) solemos contar con diamantes o collares robados que cumplen esta importante función dentro de la historia.


Ocasionalmente, los Macguffins pueden ser también personajes dentro de la historia. El robot R2-D2 representa uno de ellos en la célebre saga de George Lucas, debido a que muchos protagonistas se pasan gran parte de la primera película buscándolo. Similarmente, la búsqueda del soldado Ryan propulsa mucha de la acción en esta cinta bélica, convirtiendo al personaje en una suerte de elemento impulsor.


=> Un error muy común es considerar al Anillo (en la saga épica de Tolkien) como un Macguffin, cuando esto no es cierto. Su capacidad para corromper hasta al más fuerte genera constantemente giros argumentales, y lo convierte en un personaje independiente (y con todo derecho). Boromir muere debido a él, y no habría sido posible destruirlo sin la intervención de Gollum. Lo que SÍ se comporta como Macguffin es la travesía para destruir ese “Anillo Único”, pero no el objeto en esencia. <=

En las comedias, el malentendido o la confusión son elementos “Macguffin” que generan situaciones hilarantes, generalmente desopilantes. Los Simpson, por otro lado, siempre comienzan sus capítulos con ideas o elementos que nada tienen que ver la temática central, pero que sirven para dispararla.


En la literatura, un caso típico (y siempre citado) es “Casa Tomada” (de Cortázar). Los hermanos protagonistas viven plácidamente encerrados entre las paredes de su inmenso hogar. Su tranquilidad se ve perturbada por extraños ruidos –apenas perceptibles– que los obligan a clausurar un sector tras otro de la mansión. Finalmente, esta entidad extraña los termina dejando en la calle, sin embargo nunca entendemos bien qué es lo que los dejo en plena calle. Lo importante pasa por otro lado.

Este es un tema fundamental: los Macguffin proveen una forma interesante de mantener la expectativa del lector / espectador, pero los escritores tienen que tener cuidado. Si le dedicamos demasiado tiempo, terminan por convertirse en el centro de la trama (en lugar del principal objeto motivador). Jon Turtletaub (director de “National Treasure”, “Mi encuentro conmigo” y otros grandes títulos) lo explica perfectamente: cuando uno encuentra el “tesoro” (o cualquiera sea el Macguffin empleado), algo más debe haber cobrado importancia. Ya sean relaciones, lazos de amistad, descubrimientos, reconocimientos, pérdidas, etc. El viaje siempre debe ser más importante que el “gran descubrimiento” y afectar de forma mucho más significativa a los protagonistas.

jueves, 16 de mayo de 2013

“Deus Ex Machina”: el recurso de los mediocres


Supongamos esta historia: el frenético drama de una familia, con un padre abusivo y golpeador a la cabeza y una serie de interesantes conflictos entre los personajes tratados con suspense y realismo. La tensión va siempre en aumento hasta que, sobre el final, el bebé resulta tener poderes y hace explotar al padre (resolviendo el conflicto mayor de manera mágica). Esto es lo que se conoce como un final a los “Deus Ex Machina”.

Estamos hablando de cuando la trama se resuelve a través de un elemento, personaje o fuerza externa que nunca haya sido mencionado con anterioridad y nada tenga que ver con los personajes ni la lógica interna de la historia (como bien afirma esta excelente nota).


En lo cotidiano, los lectores lo llamamos “final WTF” o directamente “final de mierda”. Nos pasó con LOST, donde #SPOILERALERT# al final era toda una batalla de Dioses (¿?) y con tantas películas. Los autores sin demasiada imaginación lo usan para terminar la historia de forma abrupta al no disponer de las herramientas para dar una mejor explicación (y querer forzar el final feliz).

La ficción es –o debería ser– un pacto de caballeros entre autor y lector, un juego tácito donde el segundo acepta una sucesión de códigos (pactados desde un principio) y sigue leyendo bajo esas circunstancias (por más bizarras que sean). En ese sentido, los “Crímenes de la calle Morgue” hizo trampa… una que nunca es bien vista (su cuarto no estaba realmente cerrado). Es engañar al lector (o al espectador, también) de forma tonta e inverosímil. Algunos entienden el final de Caperucita Roja (leñador llegando oportunamente a salvarla) y las convenientes águilas de Gandalf en “El Retorno del Rey” como recursos “Deus Ex Machina”.

Este atajo para solucionar los conflictos, que enfada y decepciona, tiene sus raíces en la antigua Grecia. Allí la cosa era literal: se utilizaba cuando, en el teatro, una grúa (machina) introducía una deidad (deus) proveniente desde afuera del escenario para resolver una situación.

Para evitarlo, las técnicas literarias indican utilizar recursos como el “planting and pay off” (qué tan bien creo que utiliza J.K. Rowling) o  el “presagio” (foreshadowing), que es otra manera sutil de evadir externalidades. La famosa Pistola de Chejov es otro gran instrumento que me parece fabulosa. Propone introducir una “pistola cargada” (elemento que será clave para el desenlace) en el primer acto, únicamente si va a ser disparada en el final.

“En el primer acto haz enganchado una pistola en la pared, en el segundo acto dispara con ella.
De otra manera no la uses.” (Anton Chekhov)

Al parecer, los hebreos, usaron muchos Deus Ex Machina en su Best Seller "La Biblia", aunque ellos los llamaban milagros (la vieja excusa "… así lo quiso Dios") =)


El cine tiene su buena cantidad de finales “Deus...”. Recordemos la kriptonita verde de Superman II (¡o volar tan rápido para volver en el tiempo en la primera!), la PowerBook 5300  de Día de la Independencia, el agua (en “Señales” y “La guerra de los mundos”) o la supercomputadora de Matrix: Revolutions (sí, se llamaba Deus Ex Machina). Ante este tipo de finales, la reacción del público es: “¡Devuélvanme mi dinero!” o, a veces, peor aún (“Quiero matar… quiero matar”)



“Y entonces, cuando todo parecía estar perdido, un...este...
¡Rayo de energía mágica los salva a todos!
Fin.”

(Claro ejemplo del Deus Ex Machina)


 ► Si la nota te gustó, déjame un comentario. ¿Qué otros finales Deus Ex Machina se te ocurren? ¡Saludos!

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