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jueves, 9 de septiembre de 2021

“Buena puntería”, una novela de Kurt Vonnegut

 

La novela con más ritmo y locuras que leí en lo que va de este 2021. La escalofriante y satírica historia de Rudy Waltz, alias Deadeye Dick, es una tremenda serie de eventos desafortunados.


miércoles, 12 de junio de 2019

El Túnel (1948), una novela de Ernesto Sábato


Juan Pablo Castel fue, una vez, un famoso pintor. Ahora está en la cárcel por asesinar a la única mujer que realmente lo comprendió, María Iribarne. Él va a contarte su historia de la forma más directa posible, sin ningún tipo de justificación moral… o, bueno, como él quiera contarlo. El Túnel es una de las novelas argentinas más emblemáticas y la que ocupa el análisis literario de esta nota.



lunes, 26 de marzo de 2018

Filosofía a la mano (V): Albert Camus y el absurdo


Un nuevo capítulo de esta saga de pequeños ensayos filosóficos donde busco desentramar las principales ideas de algunos de los mis pensadores filosóficos favoritos. Hoy: el francés, nacido en Argelia, Albert Camus, y un análisis de la que probablemente sea su novela más famosa: El extranjero (1942).


viernes, 1 de abril de 2016

“Rubber” (2010): el homenaje a la sinrazón


Dentro del género de películas bizarras y experimentales, “Rubber” –de Quentin Dupieux– es seguramente una de las más fascinantes que vi en el último tiempo.

Cuando uno se sienta con amigos a ver una película sobre una llanta homicida con poderes telekinéticos, ya se han tomado ciertas decisiones claves sobre la vida y sobre las experiencias cinéfilas. Si esperás realismo, personajes super desarrollados y un estudio serio sobre un elemento particular de nuestra existencia en este mundo, claramente no es la película para vos.

Es una PELÍCULA. Sobre una maldita llanta. Que mata telepáticamente a las personas. ¡Haciéndoles explotar la cabeza!

Con eso en mente, tengo que decir que el director lo sabía, y que creó esta suerte de homenaje a lo absurdo con mucha conciencia, como un viaje metafficional que habría vuelto loco al mismo Charlie Kaufman, el genio del surrealismo en Norteamérica.

No es solamente una cinta sobre un neumático asesino. Es también sobre ver una película de un neumático asesino. (Todo esto va a tener sentido más adelante). 

► “Rubber” es entretenimiento puro y una obra maestra del terror que nos lleva por un extraño camino de técnica, estilo y absurdismo. Me voló la cabeza (pun intended).

***

#SpoilerAlert: si bien la trama de Rubber no es lo más esencial, se revelan parte importantes de la misma. ¡Están avisados!


Francia tiene toda una tradición de cine experimental que se remonta a los años ´50 y ´60 con la aparición del movimiento conocido como Nouvelle vague (la Nueva Ola francesa).

Directores como François Truffaut y Jean-Luc Godard fueron contra el realismo tradicional que se venía trabajando en el cine francés y apostaron a la improvisación, a la filmación en exteriores, a la libertad de expresión, al uso de nuevas técnicas que se estaban forjando en EEUU con directores como Alfred Hitchcock, Orson Welles y John Ford.  

Aún hoy, Francia se caracteriza por contar con films poco convencionales, que se alejan del tradicional estilo que suele presentar Hollywood. 

El director Quentin Dupieux es un ejemplo de este tipo de cine.

La película se inicia con el momento más clave de la historia. 

Un auto de policia llega a una desolada parte del desierto. Hay sillas colocadas de forma azarosa que el vehículo va volteando con mucha paciencia. Del baúl del auto sale un sheriff (Lieutenant Chad) quien pide un vaso de agua al conductor. 

Luego se acerca a la cámara, mira directamente, y comienza un prólogo sobre la sinrazón que funciona como una instrucción para ver el resto de la película. Para qué describirlo si directamente pueden verlo:

  
Al finalizar, tira el vaso de agua y vuelve a meterse al baúl del auto. ¿Por qué? ¿Y por qué no?

Por cierto, toda la película está disponible y subtitulada en español en Youtube.

Este soliloquio, absolutamente increible, funciona como una alerta, una manera de invitar a la audiencia a conocer con qué se va a encontrar. En él, el director defiende su postura absurdista y deja entrever el nivel atípico de comicidad que va a acompañar al neumático asesino durante todo el metraje.


En Rubber no somos nosotros los verdaderos espectadores. Hasta me animo a decir que estamos de más. La misma película ya cuenta con un público que, como un coro griego, montado con binoculares, será el verdadero jurado de los acontecimientos. Nosotros somos voyeuristas, nada más.

"This movie... is an homage to the no reason."
— The Sheriff

Rubber es muchas cosas al mismo tiempo. Deconstruye el género del terror del ataque de un “ente asesino”, sea Micheal Myers, Jason o Freddy Kruegger. Sea un muñeco, un fantasmita, un tomate o una mujer de 50 metros de alto.

También ataca a todos los clichés del cine de horror, parodiándolos. La chica sexy que se ducha con la puerta abierta. Los personajes que realizan acciones estúpidas e ilógicas (y por ello terminan muriendo). Los sobresaltos. La música que va elevando la tensión.

Pero pronto se hace evidente que es mucho más que una pequeña historia de comedia y terror. La llanta (que se llama Robert, según indican los créditos finales) se reconoce a sí misma como una entidad (en una fascinante escena en la que se “ve” en el espejo), es pasional, tiene ira, deseos, contradicciones. Ah, y poderes psíquicos para hacer explotar cosas. Muy al estilo “Scanners” de David Cronenberg.

Una vez que Robert aprende a asesinar personas, se lanza en la búsqueda de más humanos para matar, y en su camino se encuentra con una mujer misteriosa con la que se obsesiona. ¿Qué hace ella viajando sola en el desierto? ¿Quién es? ¿Por qué Robert se siente atraído? ¿Es porque está (muy) buena? ¿Puede, verdaderamente, un neumático sentirse atraído por una mujer? 

¡A quién le importa!

La elección de un neumático para la película fue excelente y muy elegante. Se trata de un objeto con capacidad de traslado (son brillantes las escenas donde va de un lado a otro “aprendiendo a andar”) pero que se aleja de un estilo antropomórfico, lo cual le genera ciertas debilidades (como cuando cae a una pileta y no tiene forma de salir).


Funciona como un elemento amenazante (al fin y al cabo, un neumático, adjunto a un vehículo, puede hacer muchísimo daño) pero es intrínsecamente ridículo. El objeto no puede hacer más que cuatro o cinco acciones, y como realizador de cine, es un desafío gigante darle “vida” a algo como esto.

Por otro lado, pocas cintas han sabido utilizar la ruptura de la cuarta pared con tanta eficiencia. 

Acá el chiste nos lo están haciendo a nosotros, todo el tiempo. Es complicado llevar la cuenta de la cantidad de escenas metaficcionales que homenajean al cine. Por ejemplo, hay una secuencia que sucede en un lugar que es idéntico al motel Bates de la película “Psicosis” (1960), de Alfred Hitchcock.

En una historia que se adjudica estar dedicada al absurdo, al “sin-sentido”, es irónico que no hay ni siquiera una escena que no tenga un motivo claro y específico. Hay mucho del “efecto de distanciamiento” que teorizó el alemán Bertolt Brecht en su teatro. Hay escenas que nos sirven para hacernos la idea de que realmente podría existir un mundo donde una llanta asesina personas haciéndoles explotar la cabeza, pero luego se nos fuerza afuera de esa idea cuando nos recuerdan a la pobre audiencia, varada en el desierto, sin comida.
   
Se pueden hacer ensayos enteros sobre los detalles aparentemente irrelevantes que tiene “Rubber”, y que sin embargo están muy bien pensados. La escena en la que la audiencia se pone a devorar el pavo es magistral (“como público devoramos lo que se nos ponga en el planto, o en la pantalla grande”), el final donde el ejército de neumáticos se dirige hacia Hollywood, etc. Invita a tantas lecturas complejas que termina siendo un testamento a la sutileza.

Pero al final del día no importa si Rubber es una parodia del terror o, en realidad, una crítica escondida sobre el cine hollywoodense (me inclino mucho por esta idea). Lo cierto es que nada de eso importa. La película es absolutamente divertida y provee una cinematografía impecable.

Ah, y el final está perfecto (nunca van a ver triciclos de la misma manera).

No me dan más ganas de escribir (o teorizar sobre sus significados ocultos) porque sería quitarles a mis lectores la posibilidad de experimentar la historia por ellos mismos. Sólo detallar todas las características metaficcionales haría que quieran prestarle especial atención a esos detalles, y no es justo. Está bueno verla sin prejuicios y sacar conclusiones propias.


Rubber es un concepto ridículo realizado con un ingenio pocas veces visto. Es a lo que tienen que apuntar todos los realizadores independientes: una excelente, surrealista, bizarra, absurda, sorprendente e inteligente mala película. No existe motivo para la existencia de esta cinta, porque no hay ninguna razón para nada en este mundo.

No sé ustedes, pero yo ya me descargué toda la filmografía de Quentin Dupieux.

► OFF-TOPIC: interesante entrevista con el director sobre la realización de Rubber:


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jueves, 29 de octubre de 2015

Mariano Pereyra: la sutileza de lo absurdo


Conocí a Mariano leyendo varios cuentos ganadores del premio Rulfo (al igual que me pasó con la genial Samanta Schweblin). Sin querer, y como suele pasar, me topé con uno de sus cuentos: “El metro llano”, ganador del Rulfo en el año 2009.

Hablar de ese cuento implicaría realizar toda una nota dedicada exclusivamente a éste. Es magistral desde donde se lo mire: una forma impecable enlazada con un contenido absolutamente original. El argumento nos habla de una peculiar carrera donde el ganador es, paradójicamente, el menos rápido.

Lo leí de esta fuente, aunque al parecer (y según el autor) no se trata de la versión final. Maravillado por el relato, le escribí a Mariano. Me pasó una de sus antologías para leer (“Los ferrodontes y otros cuentos”, 2011) y concertamos realizar una entrevista virtual para este blog. Una que resultó ser de las más interesantes que tuve la posibilidad de hacer.

Pereyra se considera un “letrador” (en lugar de un escritor); sin embargo, detrás de su humildad se esconde un narrador hábil para escapar de los lugares comunes y sus textos son tan creativos como novedosos en su contenido.

“Los ferrodontes y otros cuentos” es una brillante antología de 14 cuentos –la mayoría cortos y el último, que da nombre al libro, más extenso– que disfruté muchísimo. El leit motiv de las historias, si es que puede considerarse como tal, es el absurdo. En Marketing Taurino, por ejemplo, un dueño de una cristaleria le enseña –mediante condicionamiento de Pavlov– a un salvaje toro a ser fino, sutil y refinado. Es un relato tragicómico donde el autor aplica mucha sutileza y ejecuta un sistema de “premios y castigos” en el animal para desarrollar un cuento deliciosamente cómico que sorprende en su desenlace.

Otro cuento, El encerrista, nos narra las aventuras de un hombre con la inservible habilidad de “enredarse” (literalmente) en cualquier cosa que encuentra. Gracias a ello logra alcanzar la fama como una parodia de Harry Houdini (para terminar “extinguiéndose en el reino de un neptuno cruel”).


"El metro llano": un relato donde gana el menos rápido. 

En sus cuentos aparece siempre una situación absurda, imposible bajo nuestras reglas mundanas, que quiebra lo ordinario en un instante. Así, aparecen la ironía y la parodía. Aunque Pereyra también es un maestro de la sutileza (ya lo dije) y por eso ese absurdo no se presenta de forma hiperbólica… es una mentira creíble que nos invita a una suspensión de la incredulidad. Cosas raras suceden en sus textos, y nosotros las aceptamos sin chistar.

Sicarios en huelga fue otro de mis cuentos favoritos de su antología. Allí se relata el caos al que sucumbió el mundo cuando el Sindicato de Asesinos a Sueldo realiza la primera y más silenciosa huelga mundial. Es un cuento muy policial (quizás el más policial de todos junto a Los ferrodontes) que me recordó mucho a “Las muertes concentricas”, un maravilloso cuento de Jack London. En Sicarios en Huelga me encontré con una de las formas de matar más originales que, seguramente, habrían puesto envidioso al mismo Arthur Conan Doyle. Sólo voy a decir que involucró a un gato y a un escorpión.


En “Los ferrodontes y otros cuentos” también prima la cotidianedidad, el día a día en el barrio. Carozos, por ejemplo, es una historia fatídica donde dos amigos con diferentes filosofías de vida (Osuna y Suarez) se baten a duelo por culpa de una aceituna. Al natural trata del primer desembalsamador del mundo y Lectura infantil cuenta como un niño, inadvertido por sus padres y maestros, aprende a leer con el libro Mein Kamp (“Mi lucha”) que alguien dejó en la bilbioteca sin cuidado. ¡Las ideas del hombre más nefasto de la Tierra se le impregnan y de formas inimaginables!

Otro relato marcado por lo cotidiano (y, simultáneamente, por lo irracional) es Un punto de menos. Es un muy divertido relato con el que los aspirantes a escritores (como yo) podemos sentirnos identificados. Sus temáticas son el bloqueo de escritor y el proceso creativo de escritura. Un narrador intenta escribir un cuento mientras su mujer limpia la casa. Ambas situaciones comienzan a entremezclarse con resultados inesperados.

► Creo firmemente que Mariano Pereyra es una de las lecturas más imprescindibles de los cuentistas argentinos contemporáneos, y recomiendo ampliamente “Los ferrodontes y otros cuentos”. Acá está la entrevista que humildemente le realicé y, por supuesto, sus respuestas (que son infinitamente más interesantes que mis preguntas).

***

Entrevista a Mariano Pereyra

1.- Es probable que escribas durante gran parte de tu tiempo libre, pero seguramente haya lugar para algo más. ¿Qué hobbies mantenés aparte de la escritura? ¿Qué otras cosas te apasionan?

En mi caso la literatura no cumple con los requisitos de hobbie. Escribo por necesidad, porque es lo que hice siempre, me gusta contar historias, escribirlas, pero esta actividad no siempre tiene que ver con el entretenimiento y la diversión, incluso, en ciertos momentos, está más relacionado a procesos de construcción de formas, corrección y definición de argumentos que están lejos del entretenimiento. Me apasiona la radio como medio, el arte (principalmente las artes visuales), la música, el tabaco de pipa y el whisky. No sé si estas pasiones pueden considerarse hobbies, pero son formas de regalarme momentos muy placenteros.

Hablando estrictamente de hobbies, durante mi infancia fui un filatelista obsesivo, que sacrificaba el sueño de las mañanas de los sábados para ir al correo a buscar las estampillas recién llegadas de impresión. Esa colección duerme en la casa de mis viejos quizá con la esperanza de que alguien la herede para continuarla, pero creo que la obtención de sellos postales en estos tiempos es un poco más compleja.

Respecto a otros gustos, siempre jugué al fútbol y cómo hincha lo sufro siguiendo, en el averno de las categorías, a Talleres de córdoba. Practiqué natación, rugby y waterpolo durante mucho tiempo. Me gustaban mucho los videojuegos, específicamente las aventuras gráficas de Lucas Arts y podría seguir enunciando actividades, pero creo que estoy embarrando un poco la categoría de hobbie.


2.- En “Los Ferrodontes y otros cuentos” (Ediciones B México, 2011) se percibe una atmósfera de fantasía, casi surrealista, y un estilo paródico, irónico, que recuerda a autores como Quiroga, Fontanarrosa y Cortázar. ¿Qué autores considerás grandes influenciencias y mentores en tu manera de narrar?

Comparto tu percepción acerca de la atmosfera de los cuentos, creo que lo paródico, lo irónico, incluso lo surrealista tiene que ver con mis intenciones (al menos en esa antología) de jugar con las perspectivas abollando puntos de vista, invirtiendo los esperable con lo inesperado.

Las influencias son muchas, algunas evidentes y otros ocultas, que descubro tiempo después. Sin dudas Borges, Cortazar, Castillo, Di Benedetto, Carver, Salinger, Quiroga, Arreola, Dostoievski, Lovecraft y Poe están entre los escritores que más admiro y que seguramente me han influenciado. De todos modos mi enumeración es injusta, y apenas ponga el punto final en esta respuesta voy a querer agregar a otros escritores que admiro y envidio, y más tarde también.  (Asimov, Berger, Rulfo, Arlt…) .

3.- Uno de mis relatos preferidos de “Los Ferrodontes y otros cuentos” fue Marketing Taurino, una desopilante historia especialmente marcada por la sutileza. Creo que la gran mayoría de los relatos de tu antología tienen esa característica en común y apuntan a un lector más bien avispado, atento y –me atrevo a agregar– no amateur. ¿Te preocupa que, quizás, tus cuentos puedan llegar a ser “inentendibles” o “demasiado complejos” para el lector casual, o que precisen de un bagaje cultural determinado para terminar de captarlos?

Creo que el cuento es un género que exige la participación activa del lector. 

Las aporías, los cabos sueltos, algunas metáforas, las referencias veladas y otros recursos son parte de las historias que un lector activo podrá apreciar e incluso disfrutar. No pienso demasiado en los distintos tipos de lector cuando escribo pero me guío por una imagen de lector arquetípico que tengo en la cabeza y que, en principio, es más inteligente que yo, por ese motivo me impongo evitar cualquier posibilidad de subestimación intencional o accidental.

Al mismo tiempo, me parece que si la aparente complejidad hace de un cuento algo inentendible, no es problema del lector (más allá del bagaje cultural). Suele ocurrir que se confunde mucho escribir difícil con escribir bien. 

Pienso que los grandes escritores, en general, logran la combinación justa de belleza, simpleza y eficiencia en sus formas.

4.- Devoré los libros de Harry Potter a medida que fueron saliendo, aun sabiendo que son lectura pasajera y que apuntan a un público infantil. Yo ya estaba en la secundaria y, sin embargo, los disfruté enormemente. ¿Tenés alguna lectura que consideres un “placer culposo”?

Soy muy prejuicioso con best sellers y libros de temporada. Es un defecto grave que me ha llevado a descubrir tarde a tipos que me creo que escriben muy bien (Stephen King, por ejemplo). Hay libros que definitivamente no leo, como los de autoayuda o derivados reptantes y me dejo llevar por el prejuicio más irracional cuando veo en las vidrieras a ese tipo de textos ocupando lugares que podría ocupar la literatura. Sin embargo no siento culpa de leer nada que me de placer, yo también leí toda la saga de Harry Potter con bastante entusiasmo, y lo hice muchos años después de haber terminado la secundaria. Debo admitir, también, que con ciertos escritores me cuesta bastante discernir cuando una obra es para el público infantil/juvenil o para adultos…por ejemplo, creo que los cuentos de Elsa Bornemann (catalogadas como literatura infantil) son obras geniales para los lectores de cualquier edad.

5.- El sueño de cualquier escritor es poder vivir exclusivamente de su literatura, pero sabemos que esto es prácticamente imposible, y particularmente en un país como el nuestro. ¿Qué pensás al respecto? ¿Cuáles pensás que son las grandes limitaciones en Argentina?

Pienso que hay que escribir. Aquellos afortunados (la enorme minoría) que viven de su literatura deben agradecer al destino y aquellos que no vivimos de la literatura aprendemos a generar tiempo y espacio para escribir. Creo que las limitaciones para vivir de la literatura no son exclusivas de Argentina. Sí hay una clara diferencia de Hispanoamérica con países anglosajones, donde cualquier obra escrita, cualquier texto publicado se paga. El trabajo del escritor tiene un valor monetario. En nuestros países es más habitual agradecer el solo hecho de que alguien nos publique gratis.

Creo que no hay que desalentar a los que escriben, en lo personal, de pibe, me afectaron mucho algunas frases de escritores a los que admiro como Abelardo Castillo o Vargas Llosa en las que aseguraban que para ser “escritor” había que dedicar todo el tiempo, la vida entera, solo a la labor de escribir (y leer). Digo que me afectaron porque siempre supe que no viviría de la literatura y por lo tanto mis días no estarían dedicados exclusivamente a escribir, pero con el tiempo lo solucioné: escribo de noche y nunca me autodenomino escritor…soy en todo caso letrador. Por otra parte, me gusta mi trabajo y mi vida familiar, que son fuentes inagotables de ideas que de noche moran mis cuadernos.

Respecto al ingreso al selecto mundo de “los vendidos”, “la vanguardia”, etc. Creo que muchas librerías/editoriales de la ciudad de Buenos Aires, junto con la UBA, funcionan como agentes canonizadores que imponen nombres y determinan a toda la literatura nacional desde un sector muy pequeño. No estoy diciendo nada nuevo, creo que el mundo editorial siempre funcionó así, el problema es que una legión de escritores anónimos quizá no pueda (o no quiera) moverse en un mundillo específico para tener publicidad, verse publicado y presente en suplementos literarios y quizá cobrar los mangos necesarios para subsistir con lo que se escribe.

6.- Hoy tenemos a disposición más de una manera de leer: clásicos libros impresos, e-books, miles de textos en Internet. ¿Qué formato de lectura elegís principalmente y por qué? De la mano de la pregunta anterior: ¿Se ha perdido hoy el hábito de la lectura? ¿O creés que los intereses han evolucionado hacia algo diferente?

En lo personal, en general leo libros impresos. 

Todavía tengo el fetiche con el objeto en papel y me resulta lo mejor para leer. Leo y he leído mucho en dispositivos electrónicos, principalmente obras difíciles de conseguir en papel. 

Es una posibilidad maravillosa. 

En lo personal, me resulta menos cómoda la lectura y escritura en computadoras o tablets ya que el sistema de “scroll” de la pantalla segmenta demasiado el texto y me resulta extraño, quizá es una locura mía, pero me parece que estoy leyendo de a dos párrafos, de a pedazos y eso me genera un constante “entrar y salir” de la lectura…se me hace más difícil mantenerme inmerso en la lectura. 

Respecto a la escritura, el primer original lo hago a mano, en cuadernitos escolares. La computadora me sirve como instancia de corrección, pero como una más dentro de varias.

No creo que se haya perdido el hábito de la lectura, se diversificaron las formas de leer. Los nuevos dispositivos generan una relación permanente con textos de todo tipo. Si hablamos de literatura, quizá ya no sea el estímulo más sorprendente, pero tengo la hipótesis que todos los nativos digitales descubren la lectura de libros en algún momento, quizá en una edad más avanzada, pero con la misma pasión que nosotros (los analógicos). El libro se vuelve algo extraordinario cuando todos los estímulos digitales y tecnológicos ya son rutina. No veo en la tecnología un elemento opuesto a la literatura.


7.- Descubrí (leyendo tu antología) que sos un autor que sabe escapar, muy eficientemente, a esos detestables “lugares comunes” con los que un escritor siempre está en constante batalla. ¿Te sale de forma más o menos natural o es el resultado de una revisión fina de tus escritos?

Los lugares comunes tienen que ver con una utilización practica del lenguaje. Me parece que la utilización de tópicos habituales tiene que ver con la comodidad, con la pereza. El lugar común es la permanencia de sentidos que por reiterados parecen verdaderos o acertados. Creo que fue Aristóteles quién planteó la necesidad de usar tópicos en el discurso, pero no creo que haya sido su intención que esos tópicos sean temas y frases repetidas desde la antigua Grecia hasta hoy…y que exploten en su máximo nivel de utilización burda en las canciones de Arjona. Seguramente si el viejo Aristóteles viviera hoy, estaría buscando al guatemalteco para darle un buen castañazo.

De todos modos, cualquiera puede caer en lugares comunes. Es difícil deconstruir lo rutinario del lenguaje y las historias para buscar la innovación. En mi caso no creo haber escapado siempre, pero como procuro que mis obras sean lo opuesto a lo habitual, el lugar común es mi herramienta de trabajo, es el objeto que deformo a martillazos de tinta para transformarlo en algo más o menos original, distinto. También es necesaria esa revisión fina que mencionas, y varias revisiones gruesas, podas, tachones, reescrituras completas e incluso abandonos de obras que no funcionan.

8.- Un escritor tiende a enamorarse de cada uno de sus textos, aunque reconozca que no es su mejor trabajo. Y es duro cuando alguien, sea crítico literario profesional o no, los destruye y los deja por el piso. ¿Te ha pasado alguna vez? ¿Qué opinás del rol del crítico para un escritor?

Me ha pasado muchísimo, me pasa y me seguirá pasando. El 98,34% de las obras que he presentado a concursos, editoriales y agencias literarias (notarás lo precisa de mi medición porcentual) han sido rechazadas, y la mayoría casi sin lectura o con apenas una hojeada. También tuve críticas “negativas” cuando se me publicaron obras ganadoras en algún concurso.

Hay que acorazar el ego, es la única alternativa, construir una armadura contra las decepciones y seguir escribiendo. Un buen método es relativizar legitimidades (“y este quién carajo es para decir esto de mi obra”), otro es sondear los rechazos editoriales y críticas recibidas por grandes escritores, pero más allá de que pueda ser doloroso, creo que la crítica, principalmente, sirve mucho. Conseguir críticas de gente que no tenga ningún compromiso con quien escribe es un hallazgo invaluable. Se pueden compartir o no opiniones, pero la lectura detallada, el análisis de una obra y la devolución en forma de crítica es un tesoro que se torna crecimiento, evolución para el autor. Y no excluyo la crítica destructiva, aquella que, aun mal intencionada, empuja a repensar lo escrito, a revisar las bases de una idea e incluso a tirar una obra a la basura. La crítica es un factor fundamental para el arte, porque genera movimiento, porque genera meta-obras al analizar otras obras, porque levanta interrogantes, porque impulsa a corroborar o refutar tesis. Creo que el arte se nutre del movimiento y la crítica es una fuente de dinámica saludable para todos.

9.- George Orwell, en un ensayo maravilloso (“Por qué escribo”, 1984), enumera los motivos por los que un escritor escribe: el egoísmo agudo, el entusiasmo estético, el impulso histórico y el propósito político. ¿Te considerás dentro de alguna de esas categorias? ¿Qué es lo que empuja esa necesidad de crear historias en vos?

Si tuviera que enmarcarme en las categorías de Orwell, me veo más cerca del egoísmo agudo y el entusiasmo estético. Es un acto egoísta y solitario, sin dudas. Escribo porque lo necesito, porque creo que es el campo en donde mejor puedo expresarme, porque es el sitio donde depositar los montículos de fantasía y obsesión que se me acumulan en la cabeza. El entusiasmo estético está presente en la búsqueda permanente de formas, en el vagabundeo por entender ese concepto ambiguo que muchos llaman estilo y en la experimentación de caminos alternativos a la autopista del lugar común del que hablamos antes.

10.- Marketing Taurino, El Encerrista, El Metro llano y Sicarios en Huelga, entre otros, son todos ejemplos de relatos absolutamente creativos y originales. ¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Qué te inspira una nueva historia?

Bueno, es un enorme halago tu descripción de mis cuentos. Esta entrevista es un orgullo porque evidencia la lectura de alguna de mis obras, y no hay nada más maravilloso que ser leído. Mi proceso creativo no es muy ordenado. Todo nace de una idea germinal, que se produce por alguna asociación ridícula en medio de la somnolencia de la siesta, por la combinación de alguna escena cotidiana con algún recuerdo persistente…no sé. No sabría encontrar las fuentes de mis ideas primigenias. Una vez que la idea se me implanta en el pensamiento la anoto en alguna libretita o notas digitales del celular y desde ese momento comienza una constante búsqueda de argumentos que den forma a una historia, pueden pasar semana o meses hasta que logro cerrar una historia, y hasta llegar a ese momento me reconozco en períodos en los que me gana un humor agrio, me pongo más hosco que de costumbre y con una impaciencia que se manifiesta en gruñidos. 

Cuando por fin tengo resuelto el argumento del cuento o la novela, pido disculpas a todos los que me rodean y por fin me pongo a escribir. No sé si es un proceso creativo o el tránsito por algún tipo de enfermedad de los nervios, pero desde que se produce un idea tenue hasta que comienzo a escribir pasa mucho tiempo, y si a eso le sumamos las posteriores etapas de corrección es lógico pensar que ante la obra terminada mi primera reacción sea el desagrado, ya que me encuentro ante algo que se le ocurrió a un Mariano pasado, que ya ha cambiado y quizá aprendido más.

11.- Mariano, muchas gracias por tu tiempo. Para cerrar: ¿en qué proyectos literarios estás trabajando en este momento? ¿Hay algo más que quieras aprovechar para contarnos?

En este momento está en impresión mi novela “Catorce Nueve”, que comenzará a distribuirse en México a partir de noviembre (en Argentina podrá adquirirse por medio de Amazon y otras grandes tiendas digitales). Estoy trabajando en varias obras al mismo tiempo, dos novelas, varias antologías de cuento (una de estas cercana al género policial) y de vez en cuando escribo algún texto “inclasificable” como ser el análisis de las correcciones que realizo el editor de Raymond Carver (Gordon Lish), que quedaron expuestas con la publicación de los textos íntegros de Carver en “Principiantes”.

Fue un verdadero placer charlar de literatura con vos y no puedo dejar de agradecerte por la lectura de “Ferrodontes…”, como dije antes, todo escritor quiere ser leído y es un orgullo encontrar devoluciones como las tuyas, provenientes de la lectura y nada más.

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► Cómo contactar a Mariano:

Su twitter: @mletrador

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miércoles, 8 de enero de 2014

“Cuna de gato”, una novela de Kurt Vonnegut


Mientras que algunos piensan que la existencia humana va a terminar con un silencioso (y casi melancólico) suspiro, muchos son los autores que imaginaron al fin del mundo como una catástrofe de proporciones planetarias. Uno de ellos es el escritor Kurt Vonnegut, quien falleció en el 2007.

Sus trabajos (en su mayoría de ciencia ficción) se hicieron conocidos por un tono satírico, deprimente y anti-autoritario. Sus experiencias sirviendo en la Segunda Guerra Mundial lo perturbaron considerablemente (como a Sartre y a tantos otros). La temática de pos-guerra y el posible fin de la humanidad se convirtieron en los tropos más universales de su obra.

► El siglo XX, en cuanto a la literatura, podemos estudiarlo como una reacción directa frente al Holocausto, la Guerra Fría, la bomba a Hiroshima y las masacres humanas. Con tanta muerte, dictaduras y desapariciones, cada autor encontró su forma de contrastar sus ideas con esta nueva realidad, y muchos se rebelaron ante las ideas clásicas y preconcibas, rompieron toda regla literaria tradicional y se atrevieron a contar otra cara de la historia a través de sus escritos.

A partir de allí surgieron las escuelas de vanguardia (el futurismo, el surrealismo, etc.), la ciencia ficción de carácter distópico o las nuevas formas de hacer literatura de autores como Georges Perec, Francis Ponge y Bertolt Brecht. 

Kurt Vonnegut no fue la excepción, y en 1963 concibió una obra maravillosa llamada “Cuna de Gato”, y que es motivo de esta nota.

Cuna de Gato, una novela corta plagada de humor tragicómico y satírico, relata -en forma de diario- las experiencias de Jonás, un joven periodista que busca escribir un libro que responda a un interrogante particular: ¿qué hacían las personas importantes de América cuando estalló la bomba de Hiroshima? Las respuestas las encontrará en Félix Hoenikker, uno de los supuestos padres de la bomba atómica, y sus excéntricos hijos.


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A partir de ahora van a encontrar #SPOILERS debido al análisis de la obra, por lo que les recomiendo no continuar si no desean enterarse de la trama. En todo caso, dejo la maravillosa novela para que la lean:

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► Les comparto “Cuna de Gato” (1963) de Kurt Vonnegut en versión en PDF: http://bit.ly/1bQMX6t

Jonás no está interesado en los detalles técnicos de aquel fúnebre día, sino en el aspecto humano de la bomba, en las pequeñas historias, en la experiencia palpable del testimonio. Por supuesto, nada en la novela es cierto, pero no por eso menos llamativo.

El libro funciona como una búsqueda incansable –que termina en la pequeña isla caribeña de San Lorenzo– y se articula en episodios muy cortos y de relativa autonomía, en el sentido de que cada uno cierra con una idea distinta, muchas veces filosófica, otras veces de tipo existencialista. Se lee muy rápido y es adictivo, lo cual juega mucho a su favor.

Uno de los grandes aciertos de la historia es que se las ingenia para presentar personajes absolutamente delirantes (pero atractivos) y generar cierto misterio que se va dosificando con habilidad. Los encuentros y diálogos que Jonás mantiene con cada uno de los personajes son siempre memorables y nos invitan a la reflexión. Entre sus encuentros (casi azarosos) se destacan el de un vendedor de lápidas que entiende qué funciona mal en este mundo, un fabricante de bicicletas, una madre obsesionada con los nacidos en el estado de Indiana, un médico que pretende salvar en esa isla todas las vidas que no salvó en Auschwitz, un enigmático enano enamorado de una rusa y –por supuesto– “Bokonon”, el inventor de un culto religioso que transmite sus enseñanzas mediante calipsos. 

Cada personaje es completamente absurdo, como toda la trama que nos va enredando en una maraña de delirio absoluto, casi surrealista, a medida que todos se concatenan en la isla de San Lorenzo.

Al parecer, el difunto Felix Hoennikker ha depositado su última (y peligrosa) invención (el “hielo nueve”, capaz de convertir el agua en agua automáticamente) en manos de sus tres hijos, sin conocer que la sustancia es capaz de acabar con la vida en la Tierra. 

Por supuesto, ese invento acaba con el mundo, lo cual es inevitable sencillamente por el hecho de que, habiendo sido inventado, se le debe dar uso (¿igual que la bomba atómica?). Un ejemplo excelente de la célebre técnica conocida como “pistola de Chejov”.

El título de Kurt Vonnegut hace referencia al conocido juego de habilidad con hilos. Lo llamativo del juego es que, mientras el jugador crea su cuna de gato, el espectador no puede ver ni una cuna ni un gato. Por ende, este juego no es más que un enredo de hilos sin sentido, muy parecido al mundo en el que vivimos. Al mismo tiempo, una cuna de gato era lo que Hoenniker hacía mientras estallaba la bomba atómica y funciona como leitmotiv de la historia.

Uno de los aspectos más interesantes de la obra es, sin duda, el bokononismo, esa religión bizarra inventada para promover la alienación de todo un pueblo mediante distintos métodos: el abuso indiscriminado de la mentira (“nada de lo que Bokonon afirma es cierto”), la idea de la causalidad y el destino y el regreso al “barro” del que todos provenimos. 

Vonnegut creó nuevas palabras, cantos, calipsos, partes de un libro que nunca existió y hasta un nuevo lenguaje.

En realidad, la historia pone de relieve que el bokonismo no es más que un intento enmascarado para mantener las cosas “en equilibrio” dentro de San Lorenzo: Bokonon se esconde en el interior de la isla y se dice que está siendo cazado. Mientras tanto, cada dos años, uno de los habitantes es ejecutado por practicante. El culto afirma todos nosotros somos organizados por dios en un “plan divino” en grupos llamados karass, alrededor de objetos importantes conocidos como wampeter (en este caso: el hielo-nueve) para poder alcanzar la divinidad. Los miembros de un karass pueden no conocerse, pero sus acciones se van solapando de formas extrañas y bizarras para, juntos, trabajar últimamente por un propósito que pueden nunca llegar a conocer.

Bokonon también nos enseña que uno nunca debe declinarse ante las sugerencias de extraños, ya que sos las direcciones de la “danza de Dios”. Considerando la innumerable cantidad de cultos que han surgido (la Cienciología, entre otros), esta religión parece tener muchísimo más encanto.


Debajo del humor de Vonnegut, hay una soberbia exploración de los peligros inherentes al combinar la estupidez humana con la falta de ética en el uso de tecnologías con capacidad para destrucción masiva. El hielo-nueve y todos los personajes de “Cuna de gato” son una invitación a la reflexión más profunda, un camino que nos hace transitar hacia las profundidades del absurdo kafkiano y de las posibles formas en que nos estamos autodestruyendo.

► Sinceramente, una novela extraordinaria, de lectura muy amena y una calidad literaria sobresaliente. ¡Sin desperdicio! Si pueden leerla, no lo duden un segundo. ¡Hasta la próxima!

martes, 15 de octubre de 2013

Kafka, o cómo transformarse en algo infinito.

La imagen de un hombre convertido en insecto siempre me pareció la alegoría simbólica perfecta para expresar la angustia emocional tan frecuentemente asociada a la experiencia humana. No hay ninguna duda: hoy el término “kafkiano” es sinónimo de lo absurdo de nuestra existencia moderna.

En 1911, el padre de Franz Kafka lo presionó para que lo ayude en su fábrica de mineral. Para esa época, Kafka ya estaba enfermo y el rutinario trabajo (que odiaba) lo llevó a considerar el suicidio. Pero al año siguiente conoció a Felice Bauer y comenzó a escribirle apasionadas cartas en las que expresaba dudas sobre sus propias habilidades. Esta reactivación de su pasión por escribir, y una devota pasión hacia su nuevo amor, lo llevó a escribir –en tan solo tres semanas de otoño– la obra que hoy se considera su testamento: “La metamorfosis”.

«Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. »

(“La metamorfosis”, Franz Kafka)


Esta cita –quizás la más famosa apertura de la literatura moderna– introduce el conflicto y nos enseña cómo va a ser tratado a lo largo de la historia. Lo extraño no se percibe como tal en este incidente. Gregorio entiende el cambio como un evento ordinario y nunca se pregunta “por qué” experimenta esa metamorfosis. Esto crea la sensación de absurdo y aleatoriedad (que se mantendrá durante toda la obra) que asegura al hombre como un ser que existe en un universo e irracional más allá del propio entendimiento.

Aunque es una línea narrada en tercera persona, refleja la actitud de Gregorio respecto al cambio: parece aceptar el infortunado incidente (como un accidente o una enfermedad natural) y sigue pensando en la situación financiera de la familia o en su propio confort físico. 

Así, él se suma al absurdo que la primera cita representa, y que sirve de leitmotiv a todo el argumento.

Kakfa, un hombre completamente adelantado a su tiempo, explora los peligros de la burocracia moderna y las instituciones creadas para, de alguna manera, perpetuarla. Su mensaje sigue siendo relevante un siglo después, y quizás lo sea aún más: vivimos en un mundo kafkiano, incoherente, absurdo, donde vemos las cosas como naturales pero sin que tengan demasiado sentido. Estamos automatizados, nuestra percepción ve lo habitual como natural. Todos somos, de alguna forma u otra, Gregorio Samsa.



La novella de Franz Kafka es una obra literaria atemporal y absolutamente maravillosa que he leído en distintos momentos de mi vida. La última vez leí una versión con ilustraciones de un conocido de mi familia, y en el verano de 2011 había leído su novela gráfica. Tiene la ventaja de ser muy corta pero plagada de elementos interesantes para analizar.  Intentaré repasar algunos de ellos.

► Les comparto “La metamorfosis” de Kakfa, en versión completa PDF: http://bit.ly/1fpbczv

Lo que parece estar más claro dentro de las muchas (muchas muchas) teorías, es que convertirse en un insecto representa una enfermedad mental. Ciertamente, Gregorio no puede cuidarse por sí mismo (“por ser un insecto”), nadie lo comprende y es rechazado por la sociedad (representada por su familia y su jefe). Recordemos que Kakfa realmente estaba enfermo los años que dedicó a esta novela corta.


En todo caso, es evidente que los padres de Gregorio Samsa son abusivos (y, en menor medida, su hermana también). Lo explotan y lo utilizan por su trabajo bien pago, pero  comienzan a dejarlo de lado cuando se convierte en una molestia. Esta poderosa crítica social se enfatiza en el final, donde se vuelve claro que la familia va a seguir adelante explotando a la hija luego de la muerte del protagonista. El padre es especialmente atroz, maltrata a su hijo, lo golpea dos veces durante su transformación y tiene una mente 100% utilitarista.


Otro elemento fascinante es la fantasía mundana que se esconde tras la novela. Tanto Gregorio como su familia tratan la transformación como algo grotesco y perturbador, pero nunca como algo no-natural. De hecho el protagonista nunca se cuestiona por qué le sucedió aquello. A lo largo de la trama también se completa la idea de que el cuerpo es un contenido para la mente: Gregorio técnicamente logra comunicarse con su familia, pero su comportamiento animal se va intensificando en el exterior mientras que mantiene el uso de la razón en su interior.

Más allá de la atmósfera oscura de la historia, su solitud y crueldad, Kafka realmente desarrolla la trama con un cierto sentido contradictorio del humor –satírico, irónico, sutil. Las situaciones que complican a Gregorio, y su adaptación a esa nueva realidad, son tragicómicas. Los temas recurrentes de la obra se relacionan con lo absurdo de la vida, la desconexión entre la mente y el cuerpo y los límites de la simpatía. No parece haber ninguna indicación que demuestre que Gregorio merezca el destino que le ha tocado, más bien el evento parece ser una obra del azar. Esto, junto a muchos otros elementos, le da el tono de “absurdo” y sugieren un universo sin sistemas de gobierno, ni justicia, ni orden.


Gregorio no es el único que sufre una metamorfosis (sea física o psicológica). Su hermana Greta –un personaje interesantísimo dentro de la obra– experimenta un pasaje hacia la madurez. Incluso en zoología, “metamorfosis” significa la etapa de la vida de un insecto en el que desarrolla las características de un adulto.  Sobre el final, los abusivos padres también entienden este cambio y consideran conseguirle un trabajo y un esposo.

Un último elemento interesante es “la comida”, que representa como cada miembro de la familia se siente frente a Gregorio. Greta, la más cercana a él, es quien más lo alimenta.  Es fascinante analizar, también, como la familia se preocupa por alimentar a los ocupantes de la casa y no a él. Finalmente, cuando el padre lastima a Gregorio con una manzana, es esa misma herida la que contribuye su trágico destino final.


► La idea de esta nota es marcar dos o tres cuestiones que me parecieron atractivas para enfatizar la inmortalidad de esta obra. Su trama llamativa marcó un umbral dentro de la literatura, y es una historia con múltiples interpretaciones que nos hace reflexionar sobre lo verdaderamente importante en esta vida. 

==> Kakfa logró lo que pocos han logrado: a través de un escrito encontró la manera devolverse infinito, y perdurar en la mente de todos los hombres.
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