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miércoles, 26 de febrero de 2014

99 formas de contar un mismo episodio de Raymond Queneau


«Ratas que deben construir ellas mismas el laberinto del cual se proponen salir.»

De esa manera se definieron los miembros del OuLiPo, el llamativo Taller de Literatura Experimental que vio la luz en Francia durante la década del ’60. Ellos se preguntaban: ¿Por qué contentarse con viejas recetas y no explorar nuevas fórmulas? 

Prácticamente toda la literatura del siglo XX podemos leerla como un rechazo ante lo clásico, una reacción contra lo establecido, lo ya dado. Los autores del siglo XX (Francis Ponge, Bertolt Brecht, Claudio Magris, Hans Enzensberger, por mencionar algunos) buscaron cómo romper con las formas tradicionales y crear nuevas maneras de comunicar sus ideas.

El OuLiPo, constituido por escritores franceses y matemáticos, buscaba crear obras utilizando diferentes técnicas de escritura limitada. No generaban normas, sino procedimientos de creación. Bajo esta premisa, uno de sus fundadores, Raymond Queneau, escribió en 1947 una obra absolutamente maravillosa.

En ‘Ejercicios de estilo’, Queneau expone 99 formas de contar un mismo episodio. 

El alucinante texto narra una brevísima anécdota simple (el narrador se sube al colectivo “S”, es testigo de un altercado entre dos personas y después vuelve a ver al mismo hombre en la calle, recibiendo un consejo), pero que luego es reescrita en estilo muy distintos (usando nombres propios, telegramas, con distintos tonos, etc.).

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► Les comparto “Ejercicios de Estilo”, de Raymond Queneau: DESCARGAR.

Los ejercicios de Estilo de Raymond Queneau

El libro es de carácter obligatorio para ejemplificar cómo podemos cambiar el enfoque de una historia para darle otra perspectiva.

Básicamente, estamos hablando de aplicar la técnica Rashomon a una misma historia 99 veces, para obtener referencias cada vez más diferentes sobre un mismo evento.

Lo que me encanta de esta obra es que no deja de sorprendente con cada nuevo texto. Los primeros estilos son bastante convencionales (Metafóricamente, Sueño, Pronosticaciones, Relato, Precisiones, Carta oficial) pero llega un punto que uno se pregunta: ¿Qué otros estilos pueden llegar a existir?

Y resulta que hay muchos (muchos) más.

A medida que avanzamos en la lectura nos encontramos con los más estrambóticos: Homeoteleutones (semejanza de los sonidos finales de palabras que cierran enunciados consecutivos, es decir, la “rima”), Anagramas, Alejandrinos (verso de catorce sílabas métricas), Fantasmagórico, Definiciones, Probabilista.

También se toma el trabajo de escribir bajo el estilo de cada uno de los sentidos (visual, auditivo, gustativo, etc.) y bajo el enfoque desde distintas profesiones (ej: médico). A su vez encontramos varias otras figuras retóricas como Poliptotones (utilizar varias formas de la misma palabra cambiando sus morfemas flexivos… quizás recuerden “Quien conociera a María amaría a María” de Les Luthiers)



Ejercicios de estilo es realmente inclasificable, radicalmente distinto a cualquier obra literaria convencional. Resultaría una tarea imposible encuadrarlo dentro de los géneros literarios tradicionales. Es una literatura experimental para algunos, incómoda para otros.

Yo lo entiendo como algo lúdico, un juego como podría serlo cualquier gran juego de mesa.

Justamente por su carácter lúdico, la obra supone una auténtica invitación al lector para que rompa sus esquemas previos de lectura y desenrede, a discreción, cada texto. La obra nos invita a un verdadero trabajo de análisis e interpretación, lo que nos convertiría en lectores críticos y no pasivos.



En esencia, el OuLiPo no fue un movimiento literario ni una escuela teórica, sino una especie de grupo de investigadores de la literatura. Aún hoy, su único objetivo es la búsqueda de formas literarias novedosas.

Nació como una reacción contra la indagación del subconsciente de los surrealistas, contra el sentido de “autenticidad” del romanticismo, e incluso contra las exigencias de verosimilitud del realismo.


Les recomiendo leer “Ejercicios de Estilo” con mucho cuidado, y como una manera de iniciarse en la bibliografía de este interesante grupo literario. Tienen textos realmente fascinantes que, francamente, no tienen desperdicio.

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=>> Otras notas del blog relacionadas con los estilos de escritura y la literatura inclasificable que pueden interesar son: “La escritura telescópica (un recurso para docentes)”, una maravillosa obra de Georges Perec (“Tentativa de agotar un lugar parisino”), un recurso de mediocres: el Deus Ex –Machina, Técnicas narrativas (III): “In medias res” y “Cuna de Gato”, una novela de Kurt Vonnegut.



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► Podés seguir las nuevas notas y novedades (además de humor y críticas de cine) en mi fan-page: http://www.facebook.com/sivoriluciano. Si te gustó, ¡compartilo o deja un comentario!

jueves, 6 de febrero de 2014

Tentativa de agotar a Georges Perec

En octubre de 1974, Georges Perec se instaló en la plaza de Saint-Sulpice (París). Durante tres días y en diferentes momentos de la jornada trató de tomar nota de todo lo que veía y el resultado fue Tentativa de agotar un lugar parisino, una obra inclasificable de innegable valor.

Su texto es una especie de experimento literario que surge de una experiencia de vida (sentarse a observar y registrar), por eso allí encontramos muchas marcas del enunciador (su perspectiva, lo que ve, lo que no ve, sus gustos, cómo se siente). Un texto maravilloso que puede leerse en un par de horas, pero analizarse por días enteros.

► Les comparto “Tentativa de agotar un lugar parisino” en versión PDF para descargar: http://goo.gl/8x2RUC


El OuLiPo (que se puede traducir como "Taller de literatura potencial") fue un grupo de escritores franceses y matemáticos que buscaba crear obras usando técnicas de escritura limitada. Fue fundado en noviembre de 1960 por Raymond Queneau y François Le Lionnais.

Ellos se preguntaban: ¿Por qué contentarse con viejas recetas y no explorar nuevas fórmulas? Prácticamente toda la literatura del siglo XX podemos estudiarla como un rechazo ante lo clásico, una reacción ante lo establecido, lo “dado”. Los autores del siglo XX (Francis Ponge, Bertolt Brecht, Claudio Magris, Hans Enzensberger, etc.) buscaron cómo romper con las formas tradicionales y crear nuevas maneras de comunicar sus ideas.

En uno de los muchos manifiestos que publicaron se definen como: "Ratas que deben construir ellas mismas el laberinto del cual se proponen salir".

El OuLiPo  no generaba normas, sino procedimientos de creación. Ya lo había empleado Queneau en su increíble texto: ‘Ejercicios de estilo’ (99 formas de contar un mismo episodio).

Probablemente sea Perec el autor adscrito al OuLiPo  que más ha trascendido. Varios lo consideran uno de los autores más importantes del siglo XX. 

==> En la mayoría de sus obras encontramos algún tipo de “juego literario” que, en realidad, es el que articula la composición del texto (aunque no seamos conscientes de ello). Si en ‘La desaparición’ no utilizó la letra “e”, en ‘Les revenentes’ solamente empleó esa vocal. En ‘Alphabet’ –por otro lado– no repitió ninguna consonante sin haber usado antes todas las restantes.


En “Tentativa de agotar un lugar parisino”, el autor recogió los mil pequeños detalles imperceptibles que componen la vida de una gran ciudad, de un barrio concreto, de una gran ciudad: las innumerables y sutiles variaciones del clima atmosférico, de la luz, de los escenarios, de todo lo que está vivo. Autobuses, perros, transeúntes, turistas. “Lo que ocurre cuando no ocurre nada, solo el paso del tiempo, de la gente, de los coches y de las nubes.”

Muchas veces la realidad cotidiana se nos escapa, pero está repleta de momentos anodinos que acaban conformando “lo que pasa cuando no pasa nada”. 

El trabajo de Perec en querer registrar lo infraordinario está en sintonía con su idea de “romper con las formas tradicionales”; y lo hace a partir de una perspectiva de la rana, que investiga lo micro, lo cotidiano (a diferencia de una perspectiva “del águila” que solo entiende los grandes procesos a una distancia macro).

Lo grandioso es como Geroges Perec nos invita a reflexionar sobre la inmensa cantidad de cosas, procesos, intercambios y sucesos que ocurren en un espacio minúsculo cada día. Nos invita, como exponía Schklovski,  a desautomatizarnos:

«Interrogar lo habitual. Pero justamente, estamos habituados a eso.
No lo interrogamos, no nos interroga, (…) lo vivimos sin pensar en ello (…).
Ni siquiera es condicionamiento, es anestesia.
Dormimos nuestra vida con un sueño sin sueños. ¿Pero dónde está nuestra vida?
¿Dónde está nuestro cuerpo? ¿Dónde está nuestro espacio?»

(Georges Perec)

Al examinar las leyes con las que percibimos, no es muy difícil comprender que vemos al mundo en piloto automático. Cuando nuestras acciones llegan a ser habituales se transforman en automáticas. Nuestros hábitos se refugian en un medio tan inconsciente como automático.

Me encantó esta obra de Perec que mantiene un estilo árido, semejante al de un acta policial, pero donde se le hace imposible mantenerse neutral frente a lo descrito. Pretende hacer un "informe" científico/objetivo (fecha, lugar, exhaustividad en la observación); sin embargo, la subjetividad y la presencia del observador están presentes. SIEMPRE la subjetividad está presente, y esto podemos pensarlo como una crítica hacia el discurso científico que pretende ser objetivo.

Debido al estilo particular de Perec no lo podemos etiquetar (¿Qué es? ¿Un poema? ¿Un cuento? ¿Un qué?). Esto nos invita también a romper nuestros propios esquemas previos de lecturas y expectativas como lectores.

Los libros de Georges Perec son realmente inclasificables. El mismo autor está absolutamente en contra de las clasificaciones:

«Todas las utopías son deprimentes porque no dejan lugar para el azar, lo “diverso”.
Todo está puesto en orden y el orden reina.
Detrás de cada utopía hay siempre un gran diseño taxonómico:
un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar. »

 - Georges Perec [Pensar, Clasificar]

En “Un hombre que duerme”, Perec (o el protagonista) quería detener el tiempo (aminorarlo, desear que las cosas no sucedan); acá el narrador elige exprimir ese tiempo, anotar la realidad, describir la calle, sus gestos anónimos. Perec, entonces, parece un fotógrafo.

Estamos ante fotografías literarias: un texto compuesto de fotografías. Una detrás de otra, hechas a través de lenguaje verbal, compuestas a partir de la obsesión de un observador que no puede evitar devorar con la palabra todo aquello que ve.

El final del libro (aunque no existe un verdadero “final”) me pareció fantástico: «Las palomas están sobre el terraplén. Levantan vuelo todas al mismo tiempo. Cuatro chicos. Un perro. Un rayito de sol. El 96. Son las dos.»

Su cierre incluye autobuses y palomas (curiosamente “levantando vuelo” como él). Estos dos elementos son recurrentes en su descripción, les presta más atención (elige prestarles más atención porque nuestra memoria es selectiva). ¡Maravilloso!

«Hay algo de exultante y de aterrador a la vez en la idea de que nada en el mundo
sea tan único como para no poder entrar en una lista. »

(Georges Perec)

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=>> Las últimas veces en las NOTAS LITERARIAS del blog, reflexionamos sobre el mito de David y Goliat como recurso narrativo, el efecto Pigmalión en la literatura, y la escritura telescópica (un recurso para docentes).

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miércoles, 8 de enero de 2014

“Cuna de gato”, una novela de Kurt Vonnegut


Mientras que algunos piensan que la existencia humana va a terminar con un silencioso (y casi melancólico) suspiro, muchos son los autores que imaginaron al fin del mundo como una catástrofe de proporciones planetarias. Uno de ellos es el escritor Kurt Vonnegut, quien falleció en el 2007.

Sus trabajos (en su mayoría de ciencia ficción) se hicieron conocidos por un tono satírico, deprimente y anti-autoritario. Sus experiencias sirviendo en la Segunda Guerra Mundial lo perturbaron considerablemente (como a Sartre y a tantos otros). La temática de pos-guerra y el posible fin de la humanidad se convirtieron en los tropos más universales de su obra.

► El siglo XX, en cuanto a la literatura, podemos estudiarlo como una reacción directa frente al Holocausto, la Guerra Fría, la bomba a Hiroshima y las masacres humanas. Con tanta muerte, dictaduras y desapariciones, cada autor encontró su forma de contrastar sus ideas con esta nueva realidad, y muchos se rebelaron ante las ideas clásicas y preconcibas, rompieron toda regla literaria tradicional y se atrevieron a contar otra cara de la historia a través de sus escritos.

A partir de allí surgieron las escuelas de vanguardia (el futurismo, el surrealismo, etc.), la ciencia ficción de carácter distópico o las nuevas formas de hacer literatura de autores como Georges Perec, Francis Ponge y Bertolt Brecht. 

Kurt Vonnegut no fue la excepción, y en 1963 concibió una obra maravillosa llamada “Cuna de Gato”, y que es motivo de esta nota.

Cuna de Gato, una novela corta plagada de humor tragicómico y satírico, relata -en forma de diario- las experiencias de Jonás, un joven periodista que busca escribir un libro que responda a un interrogante particular: ¿qué hacían las personas importantes de América cuando estalló la bomba de Hiroshima? Las respuestas las encontrará en Félix Hoenikker, uno de los supuestos padres de la bomba atómica, y sus excéntricos hijos.


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A partir de ahora van a encontrar #SPOILERS debido al análisis de la obra, por lo que les recomiendo no continuar si no desean enterarse de la trama. En todo caso, dejo la maravillosa novela para que la lean:

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► Les comparto “Cuna de Gato” (1963) de Kurt Vonnegut en versión en PDF: http://bit.ly/1bQMX6t

Jonás no está interesado en los detalles técnicos de aquel fúnebre día, sino en el aspecto humano de la bomba, en las pequeñas historias, en la experiencia palpable del testimonio. Por supuesto, nada en la novela es cierto, pero no por eso menos llamativo.

El libro funciona como una búsqueda incansable –que termina en la pequeña isla caribeña de San Lorenzo– y se articula en episodios muy cortos y de relativa autonomía, en el sentido de que cada uno cierra con una idea distinta, muchas veces filosófica, otras veces de tipo existencialista. Se lee muy rápido y es adictivo, lo cual juega mucho a su favor.

Uno de los grandes aciertos de la historia es que se las ingenia para presentar personajes absolutamente delirantes (pero atractivos) y generar cierto misterio que se va dosificando con habilidad. Los encuentros y diálogos que Jonás mantiene con cada uno de los personajes son siempre memorables y nos invitan a la reflexión. Entre sus encuentros (casi azarosos) se destacan el de un vendedor de lápidas que entiende qué funciona mal en este mundo, un fabricante de bicicletas, una madre obsesionada con los nacidos en el estado de Indiana, un médico que pretende salvar en esa isla todas las vidas que no salvó en Auschwitz, un enigmático enano enamorado de una rusa y –por supuesto– “Bokonon”, el inventor de un culto religioso que transmite sus enseñanzas mediante calipsos. 

Cada personaje es completamente absurdo, como toda la trama que nos va enredando en una maraña de delirio absoluto, casi surrealista, a medida que todos se concatenan en la isla de San Lorenzo.

Al parecer, el difunto Felix Hoennikker ha depositado su última (y peligrosa) invención (el “hielo nueve”, capaz de convertir el agua en agua automáticamente) en manos de sus tres hijos, sin conocer que la sustancia es capaz de acabar con la vida en la Tierra. 

Por supuesto, ese invento acaba con el mundo, lo cual es inevitable sencillamente por el hecho de que, habiendo sido inventado, se le debe dar uso (¿igual que la bomba atómica?). Un ejemplo excelente de la célebre técnica conocida como “pistola de Chejov”.

El título de Kurt Vonnegut hace referencia al conocido juego de habilidad con hilos. Lo llamativo del juego es que, mientras el jugador crea su cuna de gato, el espectador no puede ver ni una cuna ni un gato. Por ende, este juego no es más que un enredo de hilos sin sentido, muy parecido al mundo en el que vivimos. Al mismo tiempo, una cuna de gato era lo que Hoenniker hacía mientras estallaba la bomba atómica y funciona como leitmotiv de la historia.

Uno de los aspectos más interesantes de la obra es, sin duda, el bokononismo, esa religión bizarra inventada para promover la alienación de todo un pueblo mediante distintos métodos: el abuso indiscriminado de la mentira (“nada de lo que Bokonon afirma es cierto”), la idea de la causalidad y el destino y el regreso al “barro” del que todos provenimos. 

Vonnegut creó nuevas palabras, cantos, calipsos, partes de un libro que nunca existió y hasta un nuevo lenguaje.

En realidad, la historia pone de relieve que el bokonismo no es más que un intento enmascarado para mantener las cosas “en equilibrio” dentro de San Lorenzo: Bokonon se esconde en el interior de la isla y se dice que está siendo cazado. Mientras tanto, cada dos años, uno de los habitantes es ejecutado por practicante. El culto afirma todos nosotros somos organizados por dios en un “plan divino” en grupos llamados karass, alrededor de objetos importantes conocidos como wampeter (en este caso: el hielo-nueve) para poder alcanzar la divinidad. Los miembros de un karass pueden no conocerse, pero sus acciones se van solapando de formas extrañas y bizarras para, juntos, trabajar últimamente por un propósito que pueden nunca llegar a conocer.

Bokonon también nos enseña que uno nunca debe declinarse ante las sugerencias de extraños, ya que sos las direcciones de la “danza de Dios”. Considerando la innumerable cantidad de cultos que han surgido (la Cienciología, entre otros), esta religión parece tener muchísimo más encanto.


Debajo del humor de Vonnegut, hay una soberbia exploración de los peligros inherentes al combinar la estupidez humana con la falta de ética en el uso de tecnologías con capacidad para destrucción masiva. El hielo-nueve y todos los personajes de “Cuna de gato” son una invitación a la reflexión más profunda, un camino que nos hace transitar hacia las profundidades del absurdo kafkiano y de las posibles formas en que nos estamos autodestruyendo.

► Sinceramente, una novela extraordinaria, de lectura muy amena y una calidad literaria sobresaliente. ¡Sin desperdicio! Si pueden leerla, no lo duden un segundo. ¡Hasta la próxima!
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