lunes, 5 de octubre de 2015

Samanta Schweblin: la realidad como fantasía


El género fantástico es, innegablemente, uno de los más difícil de definir. Fueron muchos los estudiosos literarios que buscaron precisarlo. Una de sus concepciones más universalmente acreditadas es la de Tzvetan Todorov.

Todorov, como muchísimos otros rusos de la escuela estructuralista, fue uno de los grandes pioneros en el estudio de “lo literario”. En su célebre ensayo Introducción a la literatura fantástica (1970) coloca a lo fantástico entre lo insólito y lo maravilloso, y sólo se mantiene el efecto fantástico mientras el lector duda entre una explicación racional, asombrosa pero lógica, y una irracional.

Aunque más tarde Todorov fue criticado por su enfoque cerrado, la esencia se mantiene. En el género fantástico el conflicto se genera cuando los eventos anormales colisionan contra el orden de la realidad.

Samanta Schweblin es una de las autoras contemporáneas que más ha cultivado el cuento fantástico argentino en los últimos años. Y ella, en entrevistas, ha contado que la etiqueta de “género fantástico” la asusta. La razón es que sus historias no contienen brujas, mundos parelelos, magia o princesas en peligro. 

Son, de hecho, relatos donde –como Cortázar, como Bioy Casares, como Horacio Quiroga– todo ocurre en un plano realista (a veces hiper-realista) pero “hay algo: un detalle, una sospecha, que abre la historia a la posiblidad de otra cosa”.

Lo increíble de esta escritora es que se trata de una que no para de ganar premios. 

A principios de 2015 ganó el IV Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero con su antología Siete casas vacías. Un premio dotado en 50.000 euros.

Ya en 2002 se había llevado a su casa el primer premio  del Fondo Nacional de las Artes, y de ahí no paró: el premio Haroldo Conti, el Casa de las Américas en el 2009 (por su libro Pajaros en la boca) y el Juan Rulfo (por el relato “Un hombre sin suerte”), entre otros.

Yo, como escritor, le tengo un poquito de envidia (… un poquito).

«Creo que la literatura tiene mucho de esto.
De acercarse al abismo, a los miedos y los odios más profundos
que no reconoceríamos ni en nosotros mismos; de la posibilidad inaceptable de la muerte, y de regresar a la vida diaria lo más ilesos posibles.»
  
(Samanta Schweblin)

Leí varios cuentitos de ella y, aunque no puedo decir que quedé totalmente impresionado, sí puedo ameritar que llaman la atención.

Muchos pueden encontrarse por Internet. El primero al que me le acerqué fue Matar a un perro. En este link pueden leerlo. Se trata de un relato crudísimo donde un aspirante a matón tiene que demostrar sus nervios de acero dándole muerte a un canino. Es tan real, tan visceral, que horroriza.

Hoy en día, “Matar a un perro” (perteneciente a su antología El nucleo del disturbio) es un clásico de las antologías de cuentos fantásticos argentinos.

Otro de sus textos es Mujeres desesperadas, y éste viene con una serie de giros argumentales interesantes y un final particularmente ingenioso. Acá pueden leerlo online. El relato nos lleva hasta una desamparada ruta en la cual las novias, recien casadas, son abandonadas de forma cruel por sus maridos. La autora utilizó este cuento para comentar de dónde surge la inspiración para escribir y cuáles suelen ser sus disparadores.

Schweblin comentó –y acertadamente, agregaría– que al escritor muchas veces las ideas le llegan como imágenes sueltas que quedan en la memoria mucho tiempo. Germinan hasta que de pronto, como un flechazo, se manifiestan en una historia de principio a fin. Algo así le sucedió cuando vio en la TV a una mujer sola en una noche lluviosa, con el vestido de novia puesto y revisando el motor de su auto. 

4 años más tarde se convertiría en Felicidad, la protagonista de “Mujeres desesperadas”.

Un texto que sin dudas merece su mención es Un hombre sin suerte, ganador del premio Juan Rulfo 2012. Hace un tiempo reseñé en el blog “La otra piedad”, un impresionante cuento de Laura Massolo que se llevó el Rulfo casi 10 años antes.

Acá puede leer “Un hombre sin suerte” online. En sus textos de fantasía, mayoritariamente siniestros, la autora suele dejar un lugar para pequeñas pinceladas paródicas, como si el humor fuera una suerte de oxígeno para un relato oscuro y asfixiante. Algo así sucede con este texto.

La historia es una inquietante ficción sobre la excursión a un centro comercial de una niña de ocho años. Lo curioso, lo perturbador, es que la niña no tiene bombacha y la acompaña un misterioso hombre adulto. 

El calificativo de “extraño” le queda chico.

Aparentemente hay mucho material autobiográfico detrás de esta historia. Según comenta la misma autora: “hay lavandina, hospital y bombachas, y hay sobre todo, un hombre sin suerte”.

En estos días, la argentina de 34 años vive en Berlín, donde realiza una residencia de escritura (beca otorgada por el gobierno alemán). Bastante se ha hablado de su última antología (Siete cajas vacías) que le valió el codiciado premio de 50.000 euros y un reconocimiento literario más. Pero como todavía me tengo que hacer tiempo para leerlo, quedará para un próximo post. ¡Bis die nächste!

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3 comentarios:

  1. Y éste es el tipo de relato fantástico que más me gustan :D No conocía a esta autora, cuando tenga tiempo voy a leerme los cuentos, gracias por compartirlos!

    (y por cierto, yo también le tengo un poquitito de envidia :P)

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    Respuestas
    1. La idea es un poco ésa: dar a conocer nuevos autores. Yo tampoco la conocía hasta hace un par de meses.

      (¡Envidia sana, espero!) =)

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  2. La desconozco por completo, esta entrada puede ser el puntapié para leer su obra.
    En la tapa de Pajaros en la boca (no se de que va el cuento) no puedo dejar de ver un conejo, tal vez por aquel famoso cuento de Cortázar
    Le daremos una chance.

    Abrazo!

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