jueves, 29 de octubre de 2015

Mariano Pereyra: la sutileza de lo absurdo


Conocí a Mariano leyendo varios cuentos ganadores del premio Rulfo (al igual que me pasó con la genial Samanta Schweblin). Sin querer, y como suele pasar, me topé con uno de sus cuentos: “El metro llano”, ganador del Rulfo en el año 2009.

Hablar de ese cuento implicaría realizar toda una nota dedicada exclusivamente a éste. Es magistral desde donde se lo mire: una forma impecable enlazada con un contenido absolutamente original. El argumento nos habla de una peculiar carrera donde el ganador es, paradójicamente, el menos rápido.

Lo leí de esta fuente, aunque al parecer (y según el autor) no se trata de la versión final. Maravillado por el relato, le escribí a Mariano. Me pasó una de sus antologías para leer (“Los ferrodontes y otros cuentos”, 2011) y concertamos realizar una entrevista virtual para este blog. Una que resultó ser de las más interesantes que tuve la posibilidad de hacer.

Pereyra se considera un “letrador” (en lugar de un escritor); sin embargo, detrás de su humildad se esconde un narrador hábil para escapar de los lugares comunes y sus textos son tan creativos como novedosos en su contenido.

Los ferrodontes y otros cuentos” es una brillante antología de 14 cuentos –la mayoría cortos y el último, que da nombre al libro, más extenso– que disfruté muchísimo. El leit motiv de las historias, si es que puede considerarse como tal, es el absurdo. En Marketing Taurino, por ejemplo, un dueño de una cristaleria le enseña –mediante condicionamiento de Pavlov– a un salvaje toro a ser fino, sutil y refinado. Es un relato tragicómico donde el autor aplica mucha sutileza y ejecuta un sistema de “premios y castigos” en el animal para desarrollar un cuento deliciosamente cómico que sorprende en su desenlace.

Otro cuento, El encerrista, nos narra las aventuras de un hombre con la inservible habilidad de “enredarse” (literalmente) en cualquier cosa que encuentra. Gracias a ello logra alcanzar la fama como una parodia de Harry Houdini (para terminar “extinguiéndose en el reino de un neptuno cruel”).


"El metro llano": un relato donde gana el menos rápido. 

En sus cuentos aparece siempre una situación absurda, imposible bajo nuestras reglas mundanas, que quiebra lo ordinario en un instante. Así, aparecen la ironía y la parodía. Aunque Pereyra también es un maestro de la sutileza (ya lo dije) y por eso ese absurdo no se presenta de forma hiperbólica… es una mentira creíble que nos invita a una suspensión de la incredulidad. Cosas raras suceden en sus textos, y nosotros las aceptamos sin chistar.

Sicarios en huelga fue otro de mis cuentos favoritos de su antología. Allí se relata el caos al que sucumbió el mundo cuando el Sindicato de Asesinos a Sueldo realiza la primera y más silenciosa huelga mundial. Es un cuento muy policial (quizás el más policial de todos junto a Los ferrodontes) que me recordó mucho a “Las muertes concentricas”, un maravilloso cuento de Jack London. En Sicarios en Huelga me encontré con una de las formas de matar más originales que, seguramente, habrían puesto envidioso al mismo Arthur Conan Doyle. Sólo voy a decir que involucró a un gato y a un escorpión.


En “Los ferrodontes y otros cuentos” también prima la cotidianedidad, el día a día en el barrio. Carozos, por ejemplo, es una historia fatídica donde dos amigos con diferentes filosofías de vida (Osuna y Suarez) se baten a duelo por culpa de una aceituna. Al natural trata del primer desembalsamador del mundo y Lectura infantil cuenta como un niño, inadvertido por sus padres y maestros, aprende a leer con el libro Mein Kamp (“Mi lucha”) que alguien dejó en la bilbioteca sin cuidado. ¡Las ideas del hombre más nefasto de la Tierra se le impregnan y de formas inimaginables!

Otro relato marcado por lo cotidiano (y, simultáneamente, por lo irracional) es Un punto de menos. Es un muy divertido relato con el que los aspirantes a escritores (como yo) podemos sentirnos identificados. Sus temáticas son el bloqueo de escritor y el proceso creativo de escritura. Un narrador intenta escribir un cuento mientras su mujer limpia la casa. Ambas situaciones comienzan a entremezclarse con resultados inesperados.

Creo firmemente que Mariano Pereyra es una de las lecturas más imprescindibles de los cuentistas argentinos contemporáneos, y recomiendo ampliamente “Los ferrodontes y otros cuentos”. Acá está la entrevista que humildemente le realicé y, por supuesto, sus respuestas (que son infinitamente más interesantes que mis preguntas).

***

Entrevista a Mariano Pereyra

1.- Es probable que escribas durante gran parte de tu tiempo libre, pero seguramente haya lugar para algo más. ¿Qué hobbies mantenés aparte de la escritura? ¿Qué otras cosas te apasionan?

En mi caso la literatura no cumple con los requisitos de hobbie. Escribo por necesidad, porque es lo que hice siempre, me gusta contar historias, escribirlas, pero esta actividad no siempre tiene que ver con el entretenimiento y la diversión, incluso, en ciertos momentos, está más relacionado a procesos de construcción de formas, corrección y definición de argumentos que están lejos del entretenimiento. Me apasiona la radio como medio, el arte (principalmente las artes visuales), la música, el tabaco de pipa y el whisky. No sé si estas pasiones pueden considerarse hobbies, pero son formas de regalarme momentos muy placenteros.

Hablando estrictamente de hobbies, durante mi infancia fui un filatelista obsesivo, que sacrificaba el sueño de las mañanas de los sábados para ir al correo a buscar las estampillas recién llegadas de impresión. Esa colección duerme en la casa de mis viejos quizá con la esperanza de que alguien la herede para continuarla, pero creo que la obtención de sellos postales en estos tiempos es un poco más compleja.

Respecto a otros gustos, siempre jugué al fútbol y cómo hincha lo sufro siguiendo, en el averno de las categorías, a Talleres de córdoba. Practiqué natación, rugby y waterpolo durante mucho tiempo. Me gustaban mucho los videojuegos, específicamente las aventuras gráficas de Lucas Arts y podría seguir enunciando actividades, pero creo que estoy embarrando un poco la categoría de hobbie.


2.- En “Los Ferrodontes y otros cuentos” (Ediciones B México, 2011) se percibe una atmósfera de fantasía, casi surrealista, y un estilo paródico, irónico, que recuerda a autores como Quiroga, Fontanarrosa y Cortázar. ¿Qué autores considerás grandes influenciencias y mentores en tu manera de narrar?

Comparto tu percepción acerca de la atmosfera de los cuentos, creo que lo paródico, lo irónico, incluso lo surrealista tiene que ver con mis intenciones (al menos en esa antología) de jugar con las perspectivas abollando puntos de vista, invirtiendo los esperable con lo inesperado.

Las influencias son muchas, algunas evidentes y otros ocultas, que descubro tiempo después. Sin dudas Borges, Cortazar, Castillo, Di Benedetto, Carver, Salinger, Quiroga, Arreola, Dostoievski, Lovecraft y Poe están entre los escritores que más admiro y que seguramente me han influenciado. De todos modos mi enumeración es injusta, y apenas ponga el punto final en esta respuesta voy a querer agregar a otros escritores que admiro y envidio, y más tarde también.  (Asimov, Berger, Rulfo, Arlt…) .

3.- Uno de mis relatos preferidos de “Los Ferrodontes y otros cuentos” fue Marketing Taurino, una desopilante historia especialmente marcada por la sutileza. Creo que la gran mayoría de los relatos de tu antología tienen esa característica en común y apuntan a un lector más bien avispado, atento y –me atrevo a agregar– no amateur. ¿Te preocupa que, quizás, tus cuentos puedan llegar a ser “inentendibles” o “demasiado complejos” para el lector casual, o que precisen de un bagaje cultural determinado para terminar de captarlos?

Creo que el cuento es un género que exige la participación activa del lector. 

Las aporías, los cabos sueltos, algunas metáforas, las referencias veladas y otros recursos son parte de las historias que un lector activo podrá apreciar e incluso disfrutar. No pienso demasiado en los distintos tipos de lector cuando escribo pero me guío por una imagen de lector arquetípico que tengo en la cabeza y que, en principio, es más inteligente que yo, por ese motivo me impongo evitar cualquier posibilidad de subestimación intencional o accidental.

Al mismo tiempo, me parece que si la aparente complejidad hace de un cuento algo inentendible, no es problema del lector (más allá del bagaje cultural). Suele ocurrir que se confunde mucho escribir difícil con escribir bien. 

Pienso que los grandes escritores, en general, logran la combinación justa de belleza, simpleza y eficiencia en sus formas.

4.- Devoré los libros de Harry Potter a medida que fueron saliendo, aun sabiendo que son lectura pasajera y que apuntan a un público infantil. Yo ya estaba en la secundaria y, sin embargo, los disfruté enormemente. ¿Tenés alguna lectura que consideres un “placer culposo”?

Soy muy prejuicioso con best sellers y libros de temporada. Es un defecto grave que me ha llevado a descubrir tarde a tipos que me creo que escriben muy bien (Stephen King, por ejemplo). Hay libros que definitivamente no leo, como los de autoayuda o derivados reptantes y me dejo llevar por el prejuicio más irracional cuando veo en las vidrieras a ese tipo de textos ocupando lugares que podría ocupar la literatura. Sin embargo no siento culpa de leer nada que me de placer, yo también leí toda la saga de Harry Potter con bastante entusiasmo, y lo hice muchos años después de haber terminado la secundaria. Debo admitir, también, que con ciertos escritores me cuesta bastante discernir cuando una obra es para el público infantil/juvenil o para adultos…por ejemplo, creo que los cuentos de Elsa Bornemann (catalogadas como literatura infantil) son obras geniales para los lectores de cualquier edad.

5.- El sueño de cualquier escritor es poder vivir exclusivamente de su literatura, pero sabemos que esto es prácticamente imposible, y particularmente en un país como el nuestro. ¿Qué pensás al respecto? ¿Cuáles pensás que son las grandes limitaciones en Argentina?

Pienso que hay que escribir. Aquellos afortunados (la enorme minoría) que viven de su literatura deben agradecer al destino y aquellos que no vivimos de la literatura aprendemos a generar tiempo y espacio para escribir. Creo que las limitaciones para vivir de la literatura no son exclusivas de Argentina. Sí hay una clara diferencia de Hispanoamérica con países anglosajones, donde cualquier obra escrita, cualquier texto publicado se paga. El trabajo del escritor tiene un valor monetario. En nuestros países es más habitual agradecer el solo hecho de que alguien nos publique gratis.

Creo que no hay que desalentar a los que escriben, en lo personal, de pibe, me afectaron mucho algunas frases de escritores a los que admiro como Abelardo Castillo o Vargas Llosa en las que aseguraban que para ser “escritor” había que dedicar todo el tiempo, la vida entera, solo a la labor de escribir (y leer). Digo que me afectaron porque siempre supe que no viviría de la literatura y por lo tanto mis días no estarían dedicados exclusivamente a escribir, pero con el tiempo lo solucioné: escribo de noche y nunca me autodenomino escritor…soy en todo caso letrador. Por otra parte, me gusta mi trabajo y mi vida familiar, que son fuentes inagotables de ideas que de noche moran mis cuadernos.

Respecto al ingreso al selecto mundo de “los vendidos”, “la vanguardia”, etc. Creo que muchas librerías/editoriales de la ciudad de Buenos Aires, junto con la UBA, funcionan como agentes canonizadores que imponen nombres y determinan a toda la literatura nacional desde un sector muy pequeño. No estoy diciendo nada nuevo, creo que el mundo editorial siempre funcionó así, el problema es que una legión de escritores anónimos quizá no pueda (o no quiera) moverse en un mundillo específico para tener publicidad, verse publicado y presente en suplementos literarios y quizá cobrar los mangos necesarios para subsistir con lo que se escribe.

6.- Hoy tenemos a disposición más de una manera de leer: clásicos libros impresos, e-books, miles de textos en Internet. ¿Qué formato de lectura elegís principalmente y por qué? De la mano de la pregunta anterior: ¿Se ha perdido hoy el hábito de la lectura? ¿O creés que los intereses han evolucionado hacia algo diferente?

En lo personal, en general leo libros impresos. 

Todavía tengo el fetiche con el objeto en papel y me resulta lo mejor para leer. Leo y he leído mucho en dispositivos electrónicos, principalmente obras difíciles de conseguir en papel. 

Es una posibilidad maravillosa. 

En lo personal, me resulta menos cómoda la lectura y escritura en computadoras o tablets ya que el sistema de “scroll” de la pantalla segmenta demasiado el texto y me resulta extraño, quizá es una locura mía, pero me parece que estoy leyendo de a dos párrafos, de a pedazos y eso me genera un constante “entrar y salir” de la lectura…se me hace más difícil mantenerme inmerso en la lectura. 

Respecto a la escritura, el primer original lo hago a mano, en cuadernitos escolares. La computadora me sirve como instancia de corrección, pero como una más dentro de varias.

No creo que se haya perdido el hábito de la lectura, se diversificaron las formas de leer. Los nuevos dispositivos generan una relación permanente con textos de todo tipo. Si hablamos de literatura, quizá ya no sea el estímulo más sorprendente, pero tengo la hipótesis que todos los nativos digitales descubren la lectura de libros en algún momento, quizá en una edad más avanzada, pero con la misma pasión que nosotros (los analógicos). El libro se vuelve algo extraordinario cuando todos los estímulos digitales y tecnológicos ya son rutina. No veo en la tecnología un elemento opuesto a la literatura.


7.- Descubrí (leyendo tu antología) que sos un autor que sabe escapar, muy eficientemente, a esos detestables “lugares comunes” con los que un escritor siempre está en constante batalla. ¿Te sale de forma más o menos natural o es el resultado de una revisión fina de tus escritos?

Los lugares comunes tienen que ver con una utilización practica del lenguaje. Me parece que la utilización de tópicos habituales tiene que ver con la comodidad, con la pereza. El lugar común es la permanencia de sentidos que por reiterados parecen verdaderos o acertados. Creo que fue Aristóteles quién planteó la necesidad de usar tópicos en el discurso, pero no creo que haya sido su intención que esos tópicos sean temas y frases repetidas desde la antigua Grecia hasta hoy…y que exploten en su máximo nivel de utilización burda en las canciones de Arjona. Seguramente si el viejo Aristóteles viviera hoy, estaría buscando al guatemalteco para darle un buen castañazo.

De todos modos, cualquiera puede caer en lugares comunes. Es difícil deconstruir lo rutinario del lenguaje y las historias para buscar la innovación. En mi caso no creo haber escapado siempre, pero como procuro que mis obras sean lo opuesto a lo habitual, el lugar común es mi herramienta de trabajo, es el objeto que deformo a martillazos de tinta para transformarlo en algo más o menos original, distinto. También es necesaria esa revisión fina que mencionas, y varias revisiones gruesas, podas, tachones, reescrituras completas e incluso abandonos de obras que no funcionan.

8.- Un escritor tiende a enamorarse de cada uno de sus textos, aunque reconozca que no es su mejor trabajo. Y es duro cuando alguien, sea crítico literario profesional o no, los destruye y los deja por el piso. ¿Te ha pasado alguna vez? ¿Qué opinás del rol del crítico para un escritor?

Me ha pasado muchísimo, me pasa y me seguirá pasando. El 98,34% de las obras que he presentado a concursos, editoriales y agencias literarias (notarás lo precisa de mi medición porcentual) han sido rechazadas, y la mayoría casi sin lectura o con apenas una hojeada. También tuve críticas “negativas” cuando se me publicaron obras ganadoras en algún concurso.

Hay que acorazar el ego, es la única alternativa, construir una armadura contra las decepciones y seguir escribiendo. Un buen método es relativizar legitimidades (“y este quién carajo es para decir esto de mi obra”), otro es sondear los rechazos editoriales y críticas recibidas por grandes escritores, pero más allá de que pueda ser doloroso, creo que la crítica, principalmente, sirve mucho. Conseguir críticas de gente que no tenga ningún compromiso con quien escribe es un hallazgo invaluable. Se pueden compartir o no opiniones, pero la lectura detallada, el análisis de una obra y la devolución en forma de crítica es un tesoro que se torna crecimiento, evolución para el autor. Y no excluyo la crítica destructiva, aquella que, aun mal intencionada, empuja a repensar lo escrito, a revisar las bases de una idea e incluso a tirar una obra a la basura. La crítica es un factor fundamental para el arte, porque genera movimiento, porque genera meta-obras al analizar otras obras, porque levanta interrogantes, porque impulsa a corroborar o refutar tesis. Creo que el arte se nutre del movimiento y la crítica es una fuente de dinámica saludable para todos.

9.- George Orwell, en un ensayo maravilloso (“Por qué escribo”, 1984), enumera los motivos por los que un escritor escribe: el egoísmo agudo, el entusiasmo estético, el impulso histórico y el propósito político. ¿Te considerás dentro de alguna de esas categorias? ¿Qué es lo que empuja esa necesidad de crear historias en vos?

Si tuviera que enmarcarme en las categorías de Orwell, me veo más cerca del egoísmo agudo y el entusiasmo estético. Es un acto egoísta y solitario, sin dudas. Escribo porque lo necesito, porque creo que es el campo en donde mejor puedo expresarme, porque es el sitio donde depositar los montículos de fantasía y obsesión que se me acumulan en la cabeza. El entusiasmo estético está presente en la búsqueda permanente de formas, en el vagabundeo por entender ese concepto ambiguo que muchos llaman estilo y en la experimentación de caminos alternativos a la autopista del lugar común del que hablamos antes.

10.- Marketing Taurino, El Encerrista, El Metro llano y Sicarios en Huelga, entre otros, son todos ejemplos de relatos absolutamente creativos y originales. ¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Qué te inspira una nueva historia?

Bueno, es un enorme halago tu descripción de mis cuentos. Esta entrevista es un orgullo porque evidencia la lectura de alguna de mis obras, y no hay nada más maravilloso que ser leído. Mi proceso creativo no es muy ordenado. Todo nace de una idea germinal, que se produce por alguna asociación ridícula en medio de la somnolencia de la siesta, por la combinación de alguna escena cotidiana con algún recuerdo persistente…no sé. No sabría encontrar las fuentes de mis ideas primigenias. Una vez que la idea se me implanta en el pensamiento la anoto en alguna libretita o notas digitales del celular y desde ese momento comienza una constante búsqueda de argumentos que den forma a una historia, pueden pasar semana o meses hasta que logro cerrar una historia, y hasta llegar a ese momento me reconozco en períodos en los que me gana un humor agrio, me pongo más hosco que de costumbre y con una impaciencia que se manifiesta en gruñidos. 

Cuando por fin tengo resuelto el argumento del cuento o la novela, pido disculpas a todos los que me rodean y por fin me pongo a escribir. No sé si es un proceso creativo o el tránsito por algún tipo de enfermedad de los nervios, pero desde que se produce un idea tenue hasta que comienzo a escribir pasa mucho tiempo, y si a eso le sumamos las posteriores etapas de corrección es lógico pensar que ante la obra terminada mi primera reacción sea el desagrado, ya que me encuentro ante algo que se le ocurrió a un Mariano pasado, que ya ha cambiado y quizá aprendido más.

11.- Mariano, muchas gracias por tu tiempo. Para cerrar: ¿en qué proyectos literarios estás trabajando en este momento? ¿Hay algo más que quieras aprovechar para contarnos?

En este momento está en impresión mi novela “Catorce Nueve”, que comenzará a distribuirse en México a partir de noviembre (en Argentina podrá adquirirse por medio de Amazon y otras grandes tiendas digitales). Estoy trabajando en varias obras al mismo tiempo, dos novelas, varias antologías de cuento (una de estas cercana al género policial) y de vez en cuando escribo algún texto “inclasificable” como ser el análisis de las correcciones que realizo el editor de Raymond Carver (Gordon Lish), que quedaron expuestas con la publicación de los textos íntegros de Carver en “Principiantes”.

Fue un verdadero placer charlar de literatura con vos y no puedo dejar de agradecerte por la lectura de “Ferrodontes…”, como dije antes, todo escritor quiere ser leído y es un orgullo encontrar devoluciones como las tuyas, provenientes de la lectura y nada más.

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Cómo contactar a Mariano:

Su twitter: @mletrador

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3 comentarios:

  1. Muy, muy interesante!! Otro autor más a la wishlist, y van... Lo que más me sorprende es que su método se parece mucho al mío XD

    Me gustó muchísimo la nota, y definitivamente es el tipo de escritor que me gusta.

    Saludos!!

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    Respuestas
    1. Chas, ¡se agredece! También disfruté mucho escribiendo esta nota y preparando las preguntas para Mariano.

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  2. Me pareció interesante, sobre todo los de los tópicos y el placer culposo en ciertas lecturas.

    Saludos.

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