Una llave encontrada en un cajón, una grieta en la rutina, una insinuación de
que algo no encaja. En “Nada que abrir”, una conversación aparentemente banal
entre Adriana y Hernán se transforma en una inquietante exploración de lo que
no se dice.
...Una mirada hacia la literatura, el cine, los cómics, la TV y otros vicios personales. Había un blog mejor, pero era carísimo.
Una llave encontrada en un cajón, una grieta en la rutina, una insinuación de
que algo no encaja. En “Nada que abrir”, una conversación aparentemente banal
entre Adriana y Hernán se transforma en una inquietante exploración de lo que
no se dice.
El tren
avanza con su implacable ritmo matutino. Cerca hay un teléfono público viejo,
pesado, inútil. Nadie lo usa. Nadie lo mira. Pero de pronto, suena. El
desenlace, en este caso, es inevitable…
Para el ojo inexperto, el fallecimiento del ingeniero Lombardi en su
despacho parece un simple caso de infarto. Omar Ferrero, sin embargo, no cree
en las muertes tan oportunas. Cada detalle es una pista, cada irregularidad, un
susurro de la verdad. Una pluma y una firma pueden ser suficientes para
desenmascarar un despiadado crimen.
A veces las tragedias no
llegan como un vendaval, sino como el eco de algo pequeño, insignificante. En
este nuevo relato, “Ecos de un impacto”, el peso de un acto inocente se
convierte en una condena eterna.
El regreso
del taller creativo “Montame una escena”, de Literautas, me llevó a redactar “La
última función” (un cuento metatextual) y recordar que algunos de mis mejores
textos surgieron gracias a esta linda comunidad literaria.
Hoy vamos con un cuentito
nuevo, Te ofrezco mi ausencia, el relato #72 del blog. Está basado en
una conversación real que nunca existió. Una espiral de palabras deja al
protagonista atrapado en un loop emocional del que es difícil escapar.
El tiempo es una ilusión, o al menos eso dicen. Pero cuando se es
padre, esa ilusión se convierte en una fuerza imparable. En esta nota, “Pasos
de gigante”, un nuevo cuento con Mateo Sívori como protagonista.
Este cuento (el #67 publicado
en el blog) está basado en una historia real que le pasó a mi tío Horacio
mientras vivía en el quinto “B” del edificio de Colón 140, en Bahía Blanca. Para
relatarles estos horrores, primero tengo que remontarme al año 2006.
Una de mis (muchas) resoluciones para 2024 es
escribir un poco más. Así que ahí va el primer cuentito del año, muy
ligeramente basado en una historia real. Es el relato #65 de los publicados en
el blog. Eventualmente se convertirá en podcast. Por lo pronto, ojalá disfruten
leyéndolo en la forma tradicional.
Che, por cierto, acá está la versión narrada.
La nostalgia por nuestras épocas de pre-adolescentes, el místico año 1999 y una curiosa amistad con un tal Martín “El Palo” Ferreira son las características de este nuevo cuentito, el #62 publicado en el blog. No quiero decir mucho más porque tiene sus vueltas de tuerca. ¡Espero que lo disfruten!
Si les gustó, me hacen un cariño enorme compartiéndolo
con otros. Si les pareció una cagada, se quedan bien calladitos… así otro
lector cae en la trampa y se pega un embole bárbaro.
Por acá encuentran la versión narrada.
Este cuento infantil (el #62 publicado en el blog) representó también el regreso del podcast Cuentos de Luciano Sívori. Cuando Benjamín se despertó esa mañana, descubrió que su padre estaba pegado a su espalda... ¡y no quería bajarse por nada del mundo!
Versión narrada del cuento en este link.
Este año quiero poder dedicarme más a mi arte (escritura, podcasts, etc) y menos a la Prisión de Capitales. Veremos si lo consigo. Por lo pronto, al menos acá les presento el cuento #60 del blog.
Se me ocurrió charlando con mi hermano Tomás sobre
cómo los sillones, en realidad, te eligen a vos. La charla no tuvo mucho
sentido. El título de este cuento no tiene sentido. El texto en sí… la verdad
que tampoco… ¡que lo disfruten!
Insistentes golpes en la puerta impiden que Luciano
Sívori, solo en su hogar en una noche tormentosa, pueda concebir su nuevo
relato de misterio. Cuento #59 publicado en el blog.
En el cuento #58 publicado en el blog, un narrador le cuenta a su amigo Juan los extraños caprichos de su propio pueblo.
También pueden encontrar la versión narrada
en mi podcast. Para la narración incluí algunos cambios como la inclusión
de Led Zeppelin y un pase de comedia un tanto experimental.
Por cierto, este cuenta fue finalista en el concurso "X Concurso de Relato Breve Osvaldo Soriano" y tendrá su publicación en una antología digital.
(Luciano
Sívori)
Entonces, don Juan, así de caprichoso
es nuestro pueblo. Tanto que ni nombre le han querido dar. Mire usté: una de
cada tres veces, el único cajero automático entrega un 10% más del dinero que
uno pide retirar. Pero, ¡guarda! Que también una de cada ocho veces le
descuenta lo que pidió y además le arrebata el 50% más de la cuenta. ¿Me
entiende? ¡Puro capricho!
¡Ya ve cómo es la cosa! Hoy ya la gente no extrae dinero en efectivo porque le da miedo. Eso sí, los timberos se gastan todas las municiones en aquella fuente de vicios. La quiniela que manejaba el Horacio en el almacén ya no funciona más. No le juega nadie. ¿Pa´ qué? Si la gente tiene uno a la vuelta de la casa, ¡y ni vestidos tienen que estar!
Caminar por el pueblo, por más chiquito que sea, no es moco de pavo. ¡Esa sí que es toda una aventura! Los callejones, habrá visto, tienen personalidades propias. Una vez vi entrar a tres tipos por un lado y salir a dos por el otro, sin tener recuerdo alguno del tercero. Otra vuelta un tipo entró al callejón donde vive la Chicha Eulogelia y salió hablando en un francés perfectito. Créame cuando le digo que nunca más dijo una palabra en castellano. Al final se fue a vivir a París, porque ni pan podía comprar el pobre diablo. Ahora me han contado que vive con una tal Marie. (¿No le parece a veces que todas las francesas se llaman Marie? O Sophie. Hay muchas Sophie me han dicho.)
¿Qué más? Ah, los armarios. Resulta que están casi todos interconectados unos con otros. Supóngale esto: si usté, don Juan, entra por el armario del Julio Abal, termina saliendo por el de doña Azucena del Moral. Y mire que de tanto entrar y salir, y como los dos viejos son viudos, se terminaron juntando. Una amistad matrimonial, como se dice.
¡Y eso que han venido de allá, de Estados Unidos, a chusmear, eh! Tipos todo trajeados, de lentes aunque no haya sol. Igualitos a los de las películas, parece mentira. Algo de español hablan, pero hasta ahí nomás. No les sale la erre. En lugar de perro, dicen “perou... perou”. La cosa es que les llamó la atención que nos tomáramos tan a la ligera eso de que los gatos caminan en dos patas, o que las ranas tienen el tamaño de un bebé de tres meses. Para nosotros es lo más normal del mundo. A uno una vez le dije así, bien clarito pa´ que no queden dudas:
—¿Raro? Usted no tiene idea lo que es raro. Raro es que acá nadie pelea ni mata, sino por necesidá, que la vecina de en frente no come carne los martes porque se indigesta, que acá somos siempre 810 habitantes, ni más ni menos. ¡En serio le digo! Nace uno y se muere el otro en seguidita, como si no entráramos todos en este pozo. Raro es que ya nadie acá en el pueblo quiere decir en voz alta la palabra: “ ”, o que la lluvia a uno lo moja el doble. Raro… raro es que yo-yo-yo-yo e-e-empi-pi-pi-piece a ta-ta-ta-ta-tartamu-mudear cuando pienso en las a-a-a-aceitunas. E-e-eso e-es raro.
Y el hombre se fue enojado porque pensó que yo le hacía un chiste.
Así de hijo é puta es este
pueblo, ya ve. Y, sin embargo, la gente le ha tomado cariño. No se quiere ir,
la gente. Porque, mal que mal, tiene sus cosas buenas también. Qué se yo… qué
quiere que le diga... Raro es que yo pueda hablar con usté don Juan, siendo que
está muerto desde hace quichicientos años, ¿no? Ahora apúrese a terminar el
mate, que ahí viene el Roberto a entrar por mi armario. Mire que descubrimos
que nos deja derechito en la casa de… no, pare, se lo cuento mejor la que
viene. ¡Que cuando le diga se me muere de nuevo!
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=>> Otros posts sobre CUENTOS DE MI AUTORÍA en el blog: “Desgracias imperceptibles”; “Amistad no garantizada”; “Vendrán lluvias mejores”; “Franco, el del chorizo”; “Los malabaristas son (prácticamente) personas”; “Homicisium”.
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un cafecito.
Todos somos el villano en la
historia de alguien más. Continuando el
estilo de relatos que aprovechan varios elementos autobiográficos, les comparto
el cuento #57 del blog. Desgracias
imperceptibles es la historia de un narrador, su mejor amigo Pedro y una
serie de bizarros incidentes.
A principios de 2021, la editorial de la
Universidad Nacional del Sur (EdiUNS) me informó que mi relato La danza de las mariposas había sido
seleccionado en el primer puesto para su primera antología de cuentos. En esta
nota, un repaso por mis textos favoritos de esta hermosa colección, que me
llegó recién en 2022.
Mi amigo y editor Santiago Scarlato (a quien, religiosamente, torturo con la revisión de todos mis cuentos para volverlos presentables, cual mono vestido de seda) me pasó una noticia reciente sobre Suiza aprobando el uso de unos sarcófagos modernos que permiten el suicidio asistido.
El artículo nos inspiró a ambos. Santiago –que también le hace a la escritura– se sentó a contar su propia historia, culminando en un cuento borgiano decididamente superior al mío. Mi versión es un pequeño relato de ciencia ficción que espero puedan disfrutar.
Por cierto, este cuento fue galardonado con el PRIMER PREMIO en el concurso "CUENTO BREVE NACIONAL LA VOZ DEL PUEBLO Y LA SARMIENTO TRES ARROYOS 2024". Por acá tienen una nota de prensa del diario La Voz del Pueblo.
Sin más preámbulos, les comparto El cadáver prematuro, el cuento número 55 del blog. Vení a robármelo, Charlie Brooker (el creador de Black Mirrror).
Por acá está la versión narrada para el podcast.
En los últimos meses me hice la
costumbre de escribir sobre algunas cuestiones biográficas, mechadas con bastante
ficción. En este caso, escribí un cuento en relación a un chiste interno que
siempre tuvimos con mis viejos y hermanos. Van a encontrar un delicioso cheesecake, algo de nostalgia y una misteriosa
familia perfecta.
Versión narrada: link al podcast
Mi cuento #52 del blog es una reflexión sobre las cosas que naturalizamos como derechos adquiridos, particularmente en los espacios de oficina. Muchas veces nos olvidamos de agradecer aquellas cosas que los demás hacen por nosotros de onda. Muchas veces podemos ser bastante hijos de puta.
El cuentito puede contener ligeros toques
autobiográficos. Para leerlo recomiendo poner esto de fondo. ¡Espero que disfruten de Vendrán
lluvias mejores!
Versión narrada (podcast) por ACÁ.