Este cuento (el #67 publicado
en el blog) está basado en una historia real que le pasó a mi tío Horacio
mientras vivía en el quinto “B” del edificio de Colón 140, en Bahía Blanca. Para
relatarles estos horrores, primero tengo que remontarme al año 2006.
Esta primera compilación de relatos
cortos es considerada uno de los mejores trabajos de Stephen King. Los veinte
relatos que se incluyen en Night Shift nos muestran el horror de la gente ordinaria y cómo los objetos
cotidianos se vuelven extrañamente alterados. En esta nota, el fin del mundo
según King.
Este probablemente sea el primer cuento de terror
real que encaro. He coqueteado con el género en ocasiones, por ejemplo en
experimentos como éste,
éste
y éste
otro. Otro de mis relatos (Implacablemente
suyo) quizás sea el que más se acerque. Pero nunca me había
comprometido en serio con una creación literaria fiel a las reglas y estilos del
género.
Hasta hoy.
Esta es una historia real que me pasó a mí y a mis
amigos. Modifiqué algunos detalles para mayor efecto literario, pero no
demasiados. Espero que puedan disfrutarla, porque soy bastante cagón y me costó
mucho no asustarme mientras escribía.
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No voy a ser hipócrita y decir que Laiseca me
parecía un escritor soberbio, que se perdió a un grande de la literatura
argentina y bla bla bla… (Alberto
Laisecafalleció
hace unos días). No lo voy a hacer porque no puedo hacerlo: nunca
leí ninguna de sus obras. (Shame… shame…)
Más bien, a Laiseca me acerqué por sus
narraciones. Y de ellas sí puedo afirmar que me parecían maravillosas.
El canal I-SAT
fue (y sigue siendo) icónico en Argentina por presentar producciones nacionales
de muchísima calidad y darle espacio a los cortos y programas independientes.
Dentro de ellos, el antológico ciclo de TV Cuentos
de Terror era genial.
El ciclo, hoy considerado de culto, se emitió
durante el año 2002 y llegó a ganar
el premio Martín Fierro a la mejor producción en cable.
En cada episodio, un anciano de bigote prominente,
sentado y fumando en medio de una habitacion vacía y oscura, con un ventilador juguetón
que hacía diferentes juegos de sombras sobre su cabeza, te contaba historias de
terror.
Y puedo asegurar que asustaban en serio.
«Las
aspas de un ventilador de techo giran lentamente, distribuyendo rachas de
sombra y luz en un cuarto despojado. Sentado y mirando a la cámara, Alberto
Laiseca se dedica a contar historias de terror. Echar a andar la videocassetera
o abrir las páginas del libro son sólo modos diferentes de ingresar, conducidos
por Alberto Laiseca, a un universo en donde lo importante es dejarse fascinar
por un relato escalofriante.»
***
Fue en esta serie televisiva donde muchos conocimos
la calidad de narrador de Laiseca. Los extraordinarios relatos de Poe, H.P. Lovecraft, Horacio
Quiroga, Mujica Lainez o Stephen King quedaban enaltecidos
gracias a sus dotes actorales y la impronta fúnebre, tenebrosa, que le adicionaba.
Tengo una
fascinación especial por la narración. De hecho, en otro blog para el que
escribo (Nussocial) hablé en dos
ocasiones sobre ellos.
En Narradores
en acción les hice una entrevista a los chicos de Narradores al instante, un grupo de artistas que busca recuperar la
tradición oral de la narración. Por otra parte, en El cuento del
abuelo me referí al grupo de los Abuelos
Lee Cuentos y sus actividades en Bahía
Blanca.
El acto de narrar es la culminación externa de un
proceso de enriquecimiento interior. El narrador estudió la obra a fondo, la
leyó de todas las maneras posibles, patas para arriba, caminando, tirado en un
hamaca paraguaya o sentado en su silla favorita; la ensayó, le buscó las
formas, el tono adecuado. Es como una pequeña pieza dramática entre un
protagonista y su púbilco. Y cualquier relato mundano puede volverse atrapante
de la mano de un buen narrador.
En algún punto, pasa lo mismo con aquellos que
saben contar un buen chiste. Landrisina
es otro cuentista soberbio que tenemos en Argentina. El tipo no cuenta chistes
especialmente graciosos, pero lo hace con una calma, con una elecuencia, que te
envuelve por completo en la historia.
En el acto de narrar se ponen en juego todos los
recursos expresivos: el gesto, la voz, el volumen, las onomatopeyas, la postura,
los ademanes. Es increíble cómo la voz termina por desbordar a la palabra, la
corre del lugar, se impone. Una buena voz te conquista, te seduce, te hace dar
escalofríos en los momentos justos.
Hay un esfuerzo creador muy importante en el acto
de narrar. No se trata únicamente de repetir una historia ya escrita. Dos
personas pueden narrarte el mismo cuento y generar en vos emociones
completamente diferentes.
Laiseca tenía todo eso como narrador, y también una
presencia monstruosa. Su postura, siempre majestuosa, no hacía más que ayudar a
meterte en el tono del relato. Acompañaba la voz con lo gestual, con la mirada,
con cambios en el ritmo.
Alberto Laiseca falleció el 22 de diciembre de 2016
a los 75 años de edad.
Durante sus últimos días en un geriátrico era
visitado por algunos de sus seguidores. Se dice que fue Horacio Quiroga el más
grande exponente del género literario del terror en Argentina. Pero fue Laiseca
su máximo difusor. Por eso, hace unos días el terror perdió a su mejor narrador.
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