Hay una pregunta que, dependiendo del momento en el que te
la hagan, puede tener respuestas completamente diferentes. “¿Sos feliz con tu
vida?”. Esto trata de responder Dark Matter (2016), una novela de Blake
Crouch que ocupa la reseña de hoy.
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Una pregunta incómoda
¿Sos feliz con tu vida?
Es una pregunta sencilla, de esas que uno responde automáticamente con un «sí, obvio» y sigue hablando de otra cosa. Pero imaginemos que, después de hacerte esa pregunta, alguien te duerme de un golpe, te mete en una especie de laboratorio secreto y, cuando despertás, descubrís que tu vida cambió por completo.
Tu esposa ya no es tu esposa, tu hijo nunca nació, tu casa no es tu casa. Y, lo peor de todo, descubrís que en esta nueva realidad sos exactamente la persona que podrías haber sido si hubieras tomado otras decisiones. Más exitoso, brillante y reconocido. Pero completamente solo.
Más o menos de eso va Dark Matter, la novela de ciencia ficción de Blake Crouch publicada originalmente en 2016. Sabía de su existencia pero no le entré hasta que me llegó una recomendación personal de un amigo, lector, cinéfilo y ¡actor de teatro! (sí, el Eze Coniglio hace de todo).
Esta es una novela sobre física cuántica (muuuuy bajada a tierra),
universos paralelos y realidades alternativas que, por debajo de toda esa
parafernalia científica, termina hablando de algo bastante más sencillo y
bastante más jodido: ¿Qué pasaría si pudiéramos conocer todas las vidas que no
vivimos?
El secuestro de Jason
Jason Dessen es un profesor de Física de Chicago. Tiene una esposa, Daniela, y un hijo adolescente, Charlie. Su vida no parece extraordinaria, aunque tampoco parece necesitarlo. Una noche, mientras vuelve a su casa después de una celebración, un tipo con una máscara lo secuestra.
Cuando Jason despierta, está atado a una camilla y rodeado de gente que no conoce. Frente a él hay un hombre que lo saluda como si fueran viejos amigos. Poco después está en otra realidad. Una en la que Daniela no es su esposa y su hijo nunca nació.
En este universo, Jason es un científico de renombre mundial. Y consiguió algo que parecía imposible: construir una máquina capaz de viajar entre universos paralelos.
A partir de ahí, Dark Matter se convierte en una especie de persecución a través del multiverso. Jason quiere volver a su casa, pero el problema es que hay infinitas casas posibles.
La novela es muy dinámica, con capítulos cortos y llevaderos. La lectura fluye con buen ritmo. Una de las ideas que más me gustaron es el dispositivo narrativo que utiliza. La Caja es el mecanismo que permite viajar entre universos, pero no funciona como una simple máquina del tiempo en la que apretás un botón y elegís el destino.
Implica drogarse con unas ampollas (limitadas, por cierto) y, además, para encontrar un universo específico, Jason tiene que pensar, recordar y concentrarse en detalles concretos. No alcanza con decir: «Quiero volver a casa». Necesita entender exactamente qué significa «casa».
Ese concepto me pareció fascinante porque, en cierta manera, la máquina funciona como un gigantesco prompt. No alcanza con pedir algo. Tenés que saber qué estás pidiendo. Tenés que describirlo, visualizarlo y encontrar las palabras exactas para que la máquina interprete correctamente lo que querés.
Así, la novela dialoga con el concepto de la IA generativa en una época
en la que todavía no era conversación de asado. Y, en el fondo, quizás ese sea el
verdadero conflicto interno del protagonista: durante mucho tiempo creyó saber
qué quería.
Una máquina de arrepentimientos
El concepto del multiverso no es precisamente nuevo. Lo hemos visto en películas, series y libros hasta el hartazgo. Hay universos paralelos para todos los gustos. Universos donde somos superhéroes o donde Hitler ganó la guerra. Dark Matter no inventa la rueda en este sentido.
Lo que banqué es que lo utiliza para llevarlo a un terreno más personal. Jason Dessen es un tipo que eligió una vida: estar con Daniela, tener una familia. Me siento recontra representado por esa disyuntiva.
En el 2012 yo estaba viviendo en Panamá. Tenía un montón de amigos, estaba en full modo hippie y vivía un verano eterno. Tenía mi título universitario y trabajo. Podría haberme quedado tranquilamente en el Caribe o incluso seguir viajando por el mundo. Pero extrañaba mi país y mi familia. Decidí volver. Terminé formando una familia. Mentiría si no digo que algunas veces me pregunto qué habría pasado de tomar otro camino.
En Dark Matter, Jason también decidió abandonar una carrera científica que podría haberlo llevado mucho más lejos. Y otra versión de él (Jason2) tomó la decisión contraria. Ese Jason decidió sacrificarlo todo por la ciencia. No quiso una familia y acabó siendo un científico brillante.
Es un gran uso de la herramienta que en narrativa se conoce como “ironía dramática”. El Jason que tiene éxito profesional quiere la vida del Jason que eligió a su familia. Y el Jason que tiene una familia tiene que luchar desesperadamente para no perderla.
Cada uno mira la vida del otro y piensa: «ese tipo tiene lo que yo
debería haber tenido». Y ahí está, para mí, el verdadero corazón de la novela.
La vida que no elegiste
Hay una frase muy conocida en inglés: “the grass is always greener on the other side”. Una de las cosas que más me gustaron de la novela es que no presenta la típica dicotomía entre «la vida correcta» y «la vida equivocada».
El Jason científico no es simplemente un villano que abandonó a su familia porque era un egoísta. Es una persona que tomó una decisión. Y consiguió exactamente aquello que quería. El problema es que después descubrió que no era suficiente. Y eso es mucho más interesante.
Igualmente, aclaro que la novela sólo nos muestra -principalmente- un punto de vista, el del Jason original. La adaptación televisiva (ya hablaré sobre eso) corrige esta visión limitada.
Hubo algo que me provocó Dark Matter que no esperaba: me hizo sentir pequeño. La idea de que existan infinitos universos, infinitas versiones de nosotros y una cantidad imposible de posibilidades resulta bastante abrumadora. Y también, lo admito, un poco aterradora.
Porque uno empieza a pensar que nuestra vida, con todos sus problemas, sus decisiones y sus preocupaciones, es apenas una pequeñísima cosa dentro de algo infinitamente más grande. Aunque, paradójicamente, la novela termina consiguiendo el efecto contrario.
Si existen infinitas posibilidades, entonces la vida que tenemos
también es única. Entre infinitas posibilidades, estamos viviendo justamente
esta vida. Hay algo hermoso en eso, ¿no?
El libro que corre demasiado
Disfruté mucho de la lectura, pero no banqué todas las decisiones estilísticas de Blake Crouch. Quiero ser justo con el autor porque entiendo que es una decisión completamente deliberada. El tipo quiere que leas rápido. Muy rápido. Quiere que avances. Que no pares.
Que pases de una escena a otra como si estuvieras viendo una serie. Y, en cierto modo, lo consigue. El problema es que a mí ese estilo no me termina de cerrar. En determinados momentos, las frases se vuelven extremadamente cortas. Toda la novela está escrita de esta forma:
La narración se entrecorta.
Una oración.
Una pausa.
Otra oración.
Un pensamiento.
Una acción.
Otra pausa.
Y seguimos.
La idea es generar tensión.
Y sí, funciona.
Pero resulta irritante.
A mí me gusta que una novela se tome su tiempo.
Que describa.
Que respire.
Que se detenga un poco.
En Dark Matter, muchas veces sentí que el lenguaje estaba
subordinado a la velocidad. Lo importante era llegar rápido a la próxima
escena. De hecho, es una obra poco descriptiva. No le pido que sea Tolkien
(Dios sabe que no puedo leerlo), pero desde lo puramente literario lo encontré
un poco vacío en ese sentido.
El multiverso de Dark Matter
También me pasó algo con los diferentes mundos que Jason visita. La idea es muy buena, pese a que algunos de los universos me parecieron bastante convencionales. Hay un mundo congelado, otro destruido por una pandemia (recordemos: ¡se escribió en 2016!). Uno futurista.
El autor fue por el espectáculo antes de la emoción. Podría haber imaginado mundos parecidos con ligeros toques, como ocurría en otra novela que leí este año (La Biblioteca de la Medianoche, con la que Dark Matter dialoga bastante).
Matt Haig logra algo más interesante en este sentido porque no presenta
el típico «mundo postapocalíptico número 47». Y creo que ahí Crouch tenía una
oportunidad enorme para profundizar todavía más en la idea central del libro. Porque
el multiverso es mucho más perturbador cuando el mundo que tenés enfrente se
parece muchísimo al tuyo.
Un comentario sobre el final
El final me sorprendió. Pequeño #SpoilerAlert. Todo se va al carajo mal, pero tiene sentido dentro de las reglas que presenta la novela. Después de atravesar mundos, universos y situaciones cada vez más absurdas, Jason finalmente encuentra a Daniela y Charlie.
Y acá hay un pequeño problema: hay otros Jason. Muchos. Al menos 72 versiones alternativas del protagonista aparecen en su universo. Y todos quieren lo mismo: a Daniela.
Esto convierte el desenlace en algo bastante más copado que una simple pelea entre «el bueno» y «los malos». Porque, en realidad, todos son el mismo tipo. Todos son versiones de una misma persona.
No voy a contar cómo termina la cosa. Me parece que se resuelve medio
apurado el enfrentamiento final entre Jason y Jason2, pero banco la decisión de
cómo cerrar la historia. Hay un cierre bastante agridulce donde nuestro
protagonista ganó y perdió en partes iguales. Me gustó.
Hablemos de la adaptación
Quedé manija al terminar el libro, así que encaré su serie de TV. En 2024 Apple TV+ estrenó la adaptación de Dark Matter, protagonizada por Joel Edgerton y Jennifer Connelly.
La serie me parece un complemento interesante para la novela porque expande algunas cosas que en el libro ocurren bastante rápido. Uno de los cambios más interesantes es que podemos ver mucho más de Daniela mientras Jason está perdido en el multiverso.
En el libro, durante buena parte de la historia, estamos prácticamente encerrados en la cabeza de Jason. En la serie, en cambio, vemos cómo Daniela empieza a darse cuenta de que su marido no es exactamente quien dice ser. Y eso agrega una perspectiva nueva que en el libro apenas se deslizaba.
También se amplía bastante el personaje de Amanda. En la novela tiene un papel importante, si bien acotado. En la serie se convierte prácticamente en una compañera de viaje de Jason.
Y tiene sentido. Porque si vas a hacer nueve episodios de una historia en la que el protagonista pasa buena parte del tiempo saltando de universo en universo, necesitás que hable con alguien. No podés tener nueve capítulos de Joel Edgerton caminando solo por pasillos oscuros gritando: «¿Dónde está Daniela?».
La serie aprovecha además las posibilidades visuales del concepto. Las
distintas realidades tienen un atractivo enorme en la pantalla. La adaptación,
en general, me parece bastante fiel al espíritu del libro. No diría que una
reemplaza a la otra. Son dos maneras diferentes de contar la misma historia.
Hay una segunda temporada confirmada para este año.
Palabras finales
Creo que Dark Matter funciona mejor cuanto menos ciencia ficción hayas leído. Si ya venís con un bagaje de muchas películas, libros y series sobre multiversos, universos paralelos y realidades alternativas, probablemente algunas de sus ideas te resulten familiares.
A mí, por momentos, me pasó eso. Tengo ganas de leer otras cosas de Blake Crouch que escuché que están piolas (como Recursion). Igualmente, Dark Matter tiene algo que sí funciona muy bien: es tremendamente entretenida. Un verdadero page-turner (si bien lo leí en el e-book).
Por otra parte, sin ser un libro “profundo” (sus explicaciones
científicas son muy a alto nivel), me dejó pensando bastante. Quizás la
verdadera enseñanza de Dark Matter sea bastante simple: no existe una
vida perfecta. Existe la vida que elegiste.
Estamos acá. Con nuestras decisiones. Con nuestros aciertos. Con nuestras cagadas. Estamos con las personas que elegimos y que perdimos en el camino.
Y, mientras uno tenga la posibilidad de elegir qué hacer con esa vida, quizás todavía estemos a tiempo de convertirla en la vida que querés vivir.
Aunque,
claro... Primero habría que contestar aquella pregunta que le hacen a Jason al
principio. ¿Sos feliz con tu vida? Después de leer este libro, esa
pregunta ya no parece tan fácil de responder.
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