jueves, 17 de agosto de 2017

El bueno, el malo y el feo: la deconstrucción del Western


Estrenada en 1966 como parte de la Trilogía del dólar, El bueno, el malo y el feo, la celebrada película de Sergio Leone funcionó como una inyección de frescura en las películas del spaghetti western. En esta nota quiero analizar lo que, en mi opinión, fue la gran deconstrucción del Western.


¿De qué va la historia?

Durante la Guerra Civil Americana, un cazarrecompensas apodado “Blondie” (Clint Eastwood) y un bandido conocido como “Tuco” (Eli Wallach) llevan a cabo una estafa de pueblo a pueblo hasta que el primero decide terminar la sociedad e irse con todo lo juntado. 

Tuco lo persigue buscando venganza.

En el medio, un sanguinario mercenario, “Angel Eyes” (Lee Van Cleef) descubre que hay una buena cantidad de oro escondido y conoce el nombre de la persona que lo enterró.

Tuco y Blondie se tropiezan con la misma información, por lo que los tres pistoleros inician una carrera frenética por hacerse con el dinero.

La película fue la definición de “clase B” para los años ´60: se hizo con un presupuesto escaso, filmando con prisa y utilizando efectos prácticos como los que usaba Orson Welles para abaratar costos. 

Debido a que trataba sobre la guerra civil (un tema muy sensible para la época), se dijo que iba a ser un fiasco comercial, y tuvo una distribución terriblemente limitada.

Sin embargo, acabó convirtiéndose en una de las películas  más importantes de todos los tiempos.

La deconstrucción del western en El bueno, el malo y el feo

Es universalmente aceptado el hecho de que esta película destruyó el género del western como se lo conocía hasta ese momento. No sólo modificó radicalmente la moralidad de los protagonistas (estos son pistoleros sin una pizca de heroísmo, egoístas y ambiciosos) sino que también alteró la estructura dramática sobre la cual se construían estas historias, dejando apenas lo mínimo y necesario.

El bueno, el malo y el feo no tiene largos diálogos, un argumento épico o grandes escenas de exposición. En su lugar, la trama es una historia muy chiquita sobre tres personas traicionándose mutuamente. No hay caballeros vestidos de blanco, damiselas en peligro o grandes héroes. No hay un sacrificio por el bien mayor.

El ambiente como protagonista

Además de popularizar algunos elementos cinematográficos innovadores como el  conocido mexican standoff, la película presentaba mucho simbolismo a través de la música y el ambiente. Tomemos, por ejemplo, el climax final en el cementerio.


El cementerio del popular duelo final enfatiza el fin de los caminos de los tres personajes principales. Sergio Leone planteó la situación de una forma brillante, de tal manera que ninguno de los tres hombres podría salir ileso de ahí.

El ambiente está diseñado como una suerte de circo romano, como si las tumbas de los muertos fueran espectadores del triple duelo. Una escena hermosa –editada con maestría– que se toma todo su tiempo para desplegarse.

El legado de El bueno, el malo y el feo

El bueno, el malo y el feo cumplió 50 años en el 2016 y su legado dentro del séptimo arte sigue intacto, incluso más vivo que nunca en una época donde el western está resurgiendo gracias a producciones como la remake de Los Siete Magníficos, lo último de Tarantino (Los 8 más odiados), la venidera adaptación de La Torre Oscura y la fantástica primera temporada de Westworld.

Por cierto, si todavía no vieron Westworld, no sé qué están esperando. Es espectacular.


No es un misterio que El bueno, el malo y el feo la película haya influenciado los estilos y temáticas de directores como Quentin Tarantino, Sam Raimi, Robert Rodriguez y Martin Scorsese.

Las largas tomas y los electrizantes acercamientos, la música impresionante de Ennio Morricone, el distintivo uso de la violencia, los personajes absolutamente odiables y de moralidades grises, los estilísticos duelos con armas, hacen de esta película un clásico absoluto. No es la primera vez que una parodia de un género logra revitalizarlo por completo.

Y seguramente no será la última.


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lunes, 14 de agosto de 2017

Filosofía a la mano (I) – Nietzsche: el filósofo del martillo


Este año estuve empapándome bastante de Nietzsche. Entre las charlas de Dario Sztajnszrajber para la Facultad Libre Virtual y algunos textos que leí por mi cuenta, descubrí que el pensador alemán comparte muchos de mis pensamientos ideológicos. (Aunque no tantos como Sartre, el filósofo que más me representa).

Por eso hoy estreno Filosofía a la mano, esta nueva saga del blog, con Nietzsche. El objetivo es lograr resumir, en la medida de lo posible, sus ideas y pensamientos más importantes.

El origen de la tragedia (1871): la pérdida del equilibrio

Leer a Nietzsche es bastante complicado, y más lo es interpretarlo. Tiene una visión tan abierta a múltiples lecturas que ha sido tomada (y adoptada) por grupos super extremos. Hay una lectura de Nietzsche nazista y anti-nazista del mismo modo que hay una lectura de un Nietzsche cristiano y anti-cristiano.

Si bien él ya había escrito algunas cosas antes, su primer texto publicado es El origen de la tragedia (en realidad, el título es bastante más largo).

Nietzsche consideraba que la vida es cruel y dolorosa, pero el arte nos puede dar la fuerza necesaria para afrontar el dolor y decirle “Fuck you, life!”.

En El origen de la tragedia principalmente busca demostrar que en la civilización griega de antes de Sócrates existía cierto equilibrio entre dos elementos que él representaba con dos dioses: Apolo, el dios de la razón, el orden, la moderación y el equilibrio, y Dionisio, justamente todo lo contrario.

De Apolo surge el concepto, o la cualidad, de ser “apolíneo”. Es la persona prudencial, contenida, que siempre se levanta a la hora puntual y cumple con todas las normas y etiquetas sociales. Todos conocemos a esa gente intachable que bebe con moderación, nunca habla mal del resto y es siempre correcta. Ellos se acercan más a los valores que representa el dios Apolo.


En el otro lado del ring está Dionisio, representando a los que de moderados no tienen nada. Ya saben: los amantes de las libertades, la fiesta, el descontrol, el desenfreno, caos, locura, etc, etc. Estos son los “dionisíacos”, aquellos que traspasan un alambrado aunque diga “prohibido pasar” o toman alcohol sin medirse porque “de eso se trata la vida”.

Nietzsche creía que los elementos apolíneos y dionisíacos estaban fusionados en el hombre de la Grecia antigua (lo cual, para él, era genial, lo ideal). El pensador veía a la tragedia griega como un coro dionisíaco que, una y otra vez, se descarga en un mundo apolíneo de imágenes.

El problema fue que esta fusión entre Apolo y Dionisio se rompió. Y los culpables, al parecer, fueron los dos más grandes filósofos de la antigüedad: Sócrates y Platón, pensadores que, con su intelectualismo, con su raciocinio, intentaron acabar con los elementos dionisíacos, dejando sólo los apolíneos.

Dice Nietzsche:

«Sócrates fue una equivocación. Toda la moral del perfeccionamiento, incluida la cristiana, ha sido una equivocación

El filósofo del martillo

Ya en su primer libro, el filósofo da muestras de una de sus características principales. Va contra todo lo impuesto, viene a romper lo establecido con un martillo. Toda su filosofía se basa en descreer de lo que nos impusieron como verdades.

Él estaba convencido de que la realidad es caótica, contradictoria, imprevisible, cambiante. Pero llegan dos fulanitos agrandados (Sócrates y Platón) y se inventan que hay un mundo racional y ordenado.

Así, opina el alemán, comienza la decadencia del mundo occidental. Luego llega el cristianismo, que intenta convencernos de que el mundo en el que vivimos ni siquiera es el verdadero y que es necesario sufrir y resignarnos. ¿Para qué? Para eventualmente ir a otro mundo extraño, que nadie conoce.

Y es que Nietzsche fue un filósofo muy filoso (pun intended). Muy crítico. Sus compañeros lo llamaron El Filósofo del Martillo por esa misma razón. Llega decidido a romper con todo, a golpear las teorías infundadas en las que se basa la cultura occidental.


El alemán nos invita a recuperar el instinto dionisíaco, a amar la vida terrenal, disfrutarla. No se cree Jesús ni un salvador, aunque trae un mensaje que rompe los esquemas de muchas personas: Dios ha muerto. Pero tranquilos, que ya llegaremos a eso.

Sobre verdad y mentira en sentido extramoral (1873)

Me encanta cómo inicia su segundo texto publicado:

«En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue el minuto más altanero y falaz de la “Historia Universal”: pero, a fin de cuentas, sólo un minuto

Este librito tiene dos cosas interesantes. La primera es que es muy corto (20 páginas). Lo segundo es que es muy ameno y se deja leer con facilidad. Nietzsche tenía, indudablemente, un costado literario, y muchos de sus textos están adornados con fábulas, metáforas y ejemplos concretos que facilitan la lectura. 

Esto no implica que sean más “fáciles”, pero sí bastante más llevaderos.

En “Sobre verdad y mentira” Nietzsche reafirma algunos conceptos de su primer libro. 

Por ejemplo, ataca al cientificismo, una ciencia que pretende hacer pasar meras interpretaciones como conceptos verdaderos, con el único fin de darle seguridad al hombre.

Vuelve la idea del caos en Nietzsche: la naturaleza, el mundo, no es algo definido ni regular. Aunque esté definido por leyes físicas y matemáticas, estas leyes no rigen la vida del hombre, que es impredecible y lleno de incertidumbres.

Así, para el autor el hombre tiene miedo a lo desconocido y al cambio. Pero la vida es pasión, es movimiento, es un continuo golpe de olas, una tras otra, que nos van arrimando a diferentes orillas. Está llena de contradicciones.

Estas teorías iniciales son las que Nietzsche luego utilizará para conformar el concepto de Übermensch (el superhombre).

Zaratustra: para todos y para nadie

Así habló Zaratustra (1883) es considerado el magnum opus del filósofo. La obra literaria, tan alegórica como filosófica, integra las principales ideas de Nietzsche.

En esencia se trata de una parodía de la Biblia cristiana, hechos y reflexiones de un profeta que resultó ser el primer creador de una religión monoteísta, un mesias que viene a dar un nuevo mensaje:

«Muertos están todos los dioses, ahora queremos que viva el superhombre»

Según Zaratustra (según Nietzsche) el cristianismo ha envenado a la humanidad ofreciéndonos una moral de esclavos, de resentidos. Nos piden que suframos, pero él dice que no hay razón para seguir sufriendo. La muerte de Dios nos libera, ya podemos cortar las cadenas de lo sobrenatural, de las falsas ideas impuestas.

¿Qué hizo el cristianismo sino defender todo lo que es nocivo para el ser humano?


Ojo con esto: Nietzsche no odiaba al personaje histórico de Jesús, como algunos creen. Lo veía como un hombre noble que le indicó al mundo cómo vivir. Pero cuando Jesús murió, el evangelio murió con él.

Una vez que logramos librarnos de las cadenas del cristianismo, nos encontramos frente al abismo de la nada. Todo aquello que creíamos verdad ha resultado ser falso. Entonces, dice Nietzsche, aparece en nosotros un estado psicológico denominado nihilismo.

“Nil” quiere decir nada. Estamos solos, perdidos, sin valores prestablecidos, sin valores absolutos, no hay ninguna estructura racional y universal en la que podamos apoyarnos. Dios ha muerto, y fuimos nosotros los que le dimos la muerte. ¿Cómo consolarnos? Para ello aparece el superhombre.

Übermensch es un concepto cuya traducción más digna es “bien superior” o “más allá”. 

Y vale aclarar que esta palabra no tiene marcas de género en su idioma alemán. Se suele traducir como “superhombre” o incluso “ultrahumano”. (De acá es donde se agarraron los nazis para decir que la filosofía nietzscheana es nazista).

Las tres fases del superhombre

Para llegar al superhombre –aquel ser liberado de las cadenas de lo impuesto– se tienen que atravesar tres fases que Nietzsche simboliza (a partir de las enseñanzas de Zaratustra) con un camello, un león y un niño.

El camello es alguien que obedece ciegamente, que se encuentra arrodillado ante la ley moral aunque aspira a algo más. Por eso eventualmente puede convertirse en león, aquel que se niega a los valores impuestos, si bien es incapaz de crear valores nuevos.

Por último aparece la figura del niño, libre de las ataduras de las creencias infundadas, con amor por la vida y voluntad fuerte. 

Lo propio de cualquier niño es estar embriagado de la naturaleza dionisíaca, mientras que los camellos ignorantes inclinan su cabeza ante las crueles ilusiones  de lo sobrenatural.

Así, el superhombre puede interpretar la realidad a su manera. Es voluntad de poder que grita “sí” al eterno retorno. ¿Qué es el eterno retorno de Nietzsche?

El eterno retorno: la culminación de la filosofía nietzscheana

La insorportable levedad del ser (novela de Milan Kundera que ya analicé en el blog) es un texto literario de indudable sabor nietzscheano.

El concepto del “eterno retorno” se menciona en el libro ya desde el primer capítulo:

«La idea del eterno retorno es misteriosa y con ella Nietzsche dejó perplejos a los demás filósofos: ¡pensar que alguna vez haya de repetirse todo tal como lo hemos vivido ya, y que incluso esa repetición haya de repetirse hasta el infinito! ¿Qué quiere decir ese mito demencial?»

El fascinante primer capítulo explica, de forma muy didáctica y concreta, el concepto del eterno retorno. Es la culminación y el final del camino de la filosofía de Nietzsche.

Generalmente concebimos el tiempo de forma lineal; hubo un pasado, hay un presente y habrá un futuro. Hasta la gramática se ajusta a esta estructura, y nos condiciona a pensar así.

Pero, ¿y si no aceptáramos este sistema lineal? Los astros realizan movimientos circulares en el espacio, ¿cuál diríamos que es la línea de salida, cuál la meta, cuál la entrada en esos casos? A lo  mejor, en el tiempo circular no hay ni salidas ni metas, simplemente se da vueltas y vueltas sobre lo mismo. Un movimiento que se repite una y otra vez eternamente. Un eterno retorno.

Imaginemos que nuestra vida se fuera a repetir durante toda la eternidad. Como una película que vuelve a comenzar cuando arrancan los créditos finales. Un bucle infinito. ¿Valdría la pena las cosas que hacemos? Nietzche dice que sí, si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad, y entonces cada momento cuenta porque cada momento va a volver a repetirse.

Es la carga más pesada, insoportable incluso. ¿Cómo te gustaría vivir, considerando que cada minuto se volverá a vivir por toda la eternidad? Este experimento mental puede ser una poderosa manera de invitarnos a vivir de tal modo que no nos intimiden los infinitos retornos. Que volver a vivir cada momento sea memorable. En este contexto, la estupidez es irreparable. Los momentos no sólo no se recuperan, sino que además se reviven exactamente de la misma forma.


La idea del eterno retorno fue muy polémica y sigue hoy siendo muy discutida por el circulo académico. Se cree (falsamente) que Nietzsche lo consideraba como una concepción del tiempo real. Sin embargo, no es más que un deseo del superhombre, y tiene una carga simbolica.



Por cierto, para introducirse un poco más a las ideas de Nietzche, La insorportable levedad del ser es una buena manera. La obra es super filosófica y toca, en algún punto, todos los elementos ideológicos del autor.
«Las preguntas verdaderamente serias son aquéllas que pueden ser formuladas hasta por un niño. Sólo las preguntas más ingenuas son verdaderamente serias. Son preguntas que no tienen respuesta. Una pregunta que no tiene respuesta es una barrera que no puede atravesarse. Dicho de otro modo: precisamente las preguntas que no tienen respuesta son las que determinan las posibilidades del ser humano, son las que trazan las fronteras de la existencia del hombre

(La insorporable levedad del ser. Milan Kundera)

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jueves, 10 de agosto de 2017

De la risa al llanto: el síndrome de Tom Hanks


Sucede una y otra vez en el mundo del cine. Un actor de comedia exitoso de pronto intenta hacer una actuación en el extremo opuesto de su estilo: un rol dramático y más oscuro. Curiosamente, este giro tiene una buena chance de tener buenos resultados y convertirse en la marca permanente del actor. Este efecto es lo que se conoce como el “síndrome de Tom Hanks”.


El síndrome de Tom Hanks

Un hecho muy curioso ocurrió en el año 1993, cuando Tom Hanks tomó la decisión de aceptar en rol híper dramático en la película Philadelphia.

Para quienes no la recuerden, es notable por ser una de las primeras cintas de Hollywood que habló abiertamente del SIDA, y además representó el primer rol no-cómico de Hanks.  La película le dio al actor su primer Oscar (el año siguiente ganaría otro por Forrest Gump) y a partir de ahí comenzó a explotar su vena dramática por sobre la comedia.

Cabe preguntarse por qué un actor que ya tiene éxito como comediante querría pasarse al lado oscuro. Lo cierto es que un actor de drama tiende a ser más respetado que su contraparte cómica, bajo la falsa ilusión de que es más difícil hacer llorar que hacer reír (cuando, en realidad, es exactamente lo contrario).

Pero seamos sinceros: los actores cómicos nunca se llevan a casa un premio de la Academia. Es muy común que luego de ver a un actor de comedia haciendo un rol dramático, inmediatamente pensemos: ¡mirá vos, realmente puede actuar!

Volvamos a Tom Hanks. Antes de Philadelphia era conocido por hostear Saturday Night Live (lo hizo ocho veces, seis de ellas entre 1985 y 1992) y por sus papeles en Bachelor Party (1984), ¡Quiero ser grande! (1988), la serie de TV Bosom Buddies (1980-1982) y Sleepless in Seattle (1993).

Y, si bien hubo excepciones, luego de Philadelphia comenzó a tener más relevancia con películas como Rescatando al Soldado Ryan (1998), la fascinante Camino a la Perdición (2002) y Captain Phillips (2013), entre muchas otras.


Hanks eventualmente hizo el intento de retornar a la comedia con la remake de The Ladykillers (2004), uno de los mayores fracasos de los Hermanos Coen, y con Larry Crowe (2011), donde hizo una dupla muy olvidable con Julia Roberts. Ambas películas no fueron ni alabadas por la crítica ni comercialmente exitosas.

El caso de Tropic Thunder

El “síndrome de Tom Hanks” fue parodiado en una película maravillosa que funciona desde muchísimos puntos de vista: Tropic Thunder (2008). Jeff Portnoy (Jack Black) es un actor de comedia intentando salirse del rol en el que lo encasilló la audiencia, por lo que toma un rol más serio. Por su parte, Tug Speedman (un impecable Ben Stiller) es un héroe de acción que previamente intentó que los Oscar picaran el anzuelo con un rol dramático que se le fue de las manos (y terminó siendo el fracaso más grande de su carrera).


You never go full retard! – Robert Downey Jr…

Otros actores con el síndrome de Tom Hanks

Jim Carrey comenzó su carrera con una gran variedad de pequeños papeles, pero su fama de actor de comedia arrancó gracias a las películas de Ace Ventura. Finalmente, cansado de ser considerado el payaso más plástico de Hollywood, le dio una oportunidad al drama con The Truman Show (1998) y Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004), ambas alabadas por la crítica. Su aspecto cómico, sin embargo, sigue muy presente.

Otro caso interesante es el de Bradley Cooper. Zigzagueó entre la comedia y el drama hasta que pegó un papel en la franquicia de ¿Qué pasó ayer?, a partir de donde se especializó en la comedia (y particularmente: la comedia romántica). Claro, hasta su protagónico en Silver Linings Playbook (que le valió una nominación a los premios de la Academia). De ahí: The Place Beyond the Pines (gran película), American HustleAloha, etc, etc, etc.

Algo similar podemos decir de Bryan Cranston, el neurótico “papá de Malcolm” que luego nos volaría la cabeza como Walter White en Breaking Bad.


Por el lado de las mujeres, es llamativo el giro que pegó la vida de Anne Hathaway, una de las veteranas de Disney. La actriz, que alguna vez participó de cuanta comedia de Disney aparecía, está irreconocible en Les Misérables (2012), Interstellar (2014) y The Dark Knight Rises (2012).

La evolución de dos directores

Para cerrar la nota, quiero mencionar a dos directores que también sufrieron el síndrome de Tom Hanks. El primero es Woody Allen (uno de mis favoritos). Antes de su magnum opus Annie Hall, sus películas eran esencialmente herederas de Buster Keaton y Charles Chaplin, lo que se entiende como “comedia física” (slapstick comedy).

A partir de ahí –si bien nunca abandonó la comedia– el tono de sus historias fue más serio. Paródicamente, en la subvalorada Stardust Memories, de 1980, un alien le pide a Allen que deje de intentar hacer películas serias y simplemente cuente chistes.


El otro caso de director es el de Terry Gilliam. Comenzó con comedias desopilantes (Time Bandits y Monthy Python and the Holy Grail), pero gradualmente fue moviéndose hacia territorio más sombrío. 

Brazil (1985) es una perturbadora obra maestra de la ciencia ficción (si bien contiene elementos de comedia) y de ahí pasamos al viaje temporal de 12 Monos y el viaje lisérgico de Miedo y Asco en Las Vegas.

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=>> Otras notas sobre CINE en el blog: “El origen del mal en Tenemos que hablar de Kevin”; “Psicosis, el legado de Hitchcock”; “Interpretando el final de Split (Fragmentado)”; “Marvel y las gemas del infinito”; “Shin Gojira: la reinvención de Godzilla”

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lunes, 7 de agosto de 2017

ANIMÉ 103: ¿Dónde puedo ver animé?


Tercera parte de una serie de notas donde busco definir qué es el animé (¡es un medio, no un género!) y cuáles son las series esenciales, las populares, las más interesantes. Antes hablé de cómo comenzar a ver animé (Animé 101) y luego cómo continuar metiéndose todavía más (Animé 102).

Ahora toca el turno de ir a lo práctico: ¿Dónde puedo ver animé? En esta nota examino las diferentes plataformas y formas de ver animación japonesa en la actualidad.

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Netflix y su catálogo de animé

Costo de Netflix: 10 USD/mes (cuenta estándar)

No le dicen el “gigante del streaming” por nada. Este año Netflix alcanzó los 93,8 millones de usuarios, superando la cantidad de suscriptores nacionales de las compañías de cable más importantes de los Estados Unidos. Cómodamente es la plataforma de streaming más utilizada.


En América Latina se estima que los usuarios alcanzan la cifra de diez millones, con Argentina ubicándose tercera en el ranking, luego de Brasil y México (primer y segundo lugar, respectivamente).

Hasta el 2016, Argentina contaba con unos 550.000 usuarios.

Ya le dediqué una nota al catálogo de animé en Netflix en el sitio de Altapeli.com para el cual escribo. Netflix, en cuanto a animé, ha ido creciendo favorablemente a lo largo del tiempo.

Dentro del animé más popular y conocido, Netflix tiene el atrapante Death Note, las dos temporadas que salieron hasta ahora de Sword Art Online y las dos excelentes series de Fate/Stay (que mencionamos en esta nota en relación a la tercera parte que se viene).

Por supuesto, no faltan Naruto (en todas sus versiones) y hunterXhunter.

Estas suelen ser las series idóneas para quienes desean iniciarse en el mundo de la animación japonesa. En mi caso, fueron los 37 adictivos episodios de Death Note los que me llevaron al verdadero vicio. Se trata de un veloz juego de ingenio entre dos de las mentes más astutas del mundo del animé. Una trama controversial, psicológica, llena de interesantes giros argumentales.

Ajin: Semihunano, The Seven Deadly Sins y Knights of Sidonia, todas producciones originales de Netflix, obviamente están disponibles en el catálogo. Si bien ninguna de las tres es especialmente memorable, tienen lo suyo y abarcan tres géneros completamente diferentes: thriller sobrenatural, fantasía épica y ciencia ficción oscura, respectivamente.

Sorprendentemente, el catálogo de animé de Netflix tiene buen contenido para los más chicos, quienes pueden acceder a cosas como Pokemon (entre ellas, la liga Indigo, la primera y clásica temporada), Digimon Fusion, Yugi-Oh y la película de Dragon Ball Z: La Batalla de los Dioses.

Por último, Netflix tiene unas joyitas escondidas.

La primera es Madoka Magica (2011), una fascinante deconstrucción del género de las chicas mágicas. Imaginen una especie de Sailor Moon más madura y mucho más oscura. La serie toma todos los elementos esenciales del género y los enrosca para tener un resultado muy diferente a lo que uno esperaría de este tipo de historias.

Para los que disfrutaron de Los Caballeros del Zodiaco en su momento, Saint Seiya: The Lost Canvas (2009) es una precuela muy interesante que se centra en la guerra anterior a la que vemos en la serie que formó parte de la infancia de todos. Cuenta con una serie de sorpresas argumentales llamativas y grandes peleas.

También tenemos la película El niño y la bestia (2015), acción, aventuras y fantasía dirigida por Mamoru Hosoda (La chica que saltaba a través del tiempo) que tuvo muy buenas críticas en Japón y en el resto del mundo.

A aquellas recomendaciones que hice en aquella nota hoy podemos agregar las últimas incorporaciones: Little Witch Academia, One-Punch Man y la reciente Castlevania.

Si bien Netflix no posee tanto animé, cuenta con otra ventaja adicional: sus series suelen tener múltiples doblajes, con lo cual puede seguirse el animé en el idioma español latino.

La polémica de Anime Strike (Amazon Prime Video)

Costo de Amazon Prime Video: 3 USD/mes (primeros 6 meses), 8 USD/mes  (cuenta estándar)

Además de Hulu, la competencia directa de Netflix es Amazon Prime Video, una plataforma de streaming que es bastante reciente en Argentina.


Hace poco también sumaron un nueva canal, Anime Strike, dedicado exclusivamente a la animación japonesa. La noticia provocó polémica porque Amazon se ha hecho con varias licencias de los animés que están siendo emitidos hoy, con lo cual no hay otra forma de verlos (legalmente) que sumándose a este canal.

Por cierto, para tener Anime Strike antes hay que contar con el servicio de Amazon Prime Video y además pagar un adicional de 60 dólares al año.

¡Crunchyroll! La opción óptima y legal

Costo de Crunchyroll: 5 USD/mes (cuenta estándar)

Crunchyroll llegó oficialmente a Argentina en el año 2013 y es la plataforma de streaming legal de animé por excelencia entre los fanáticos.


Se destaca por emitir los episodios nuevos de cada serie con impecable calidad y subtítulos a la hora de su emisión por televisión. Sumemos que tiene el catálogo de series y películas japonesas más completo de todos (si bien algunas no se encuentran disponibles).

Utilizar Crunchyroll ayuda a traer más animés a Latinoamérica, aunque algunos usuarios han reportado que hay algunos que no pueden verse dentro de Argentina por problemas con licencias.

Ver animé online

Si bien en no estoy incentivando a la reproducción ilegal o a la piratería de animación japonesa, es una realidad innegable, y sería hipócrita no mencionarlo.

Hecho este disclaimer, existen básicamente dos maneras de ver animé online: páginas no-oficiales y sitios web donde se comparten videos (Youtube, Vimeo, etc).

Páginas no oficiales

Existen a montones, suelen tener buena calidad, animés en emisión y películas nuevas. Se recomienda el uso de algún bloqueador de anuncios y programas de anti-spyware para evitar que estas páginas puedan infectar a nuestras computadoras.

Entre los más conocidos y recomendables se encuentran JKAnime.net, FullAnimes.Net, AnimeFLV.me, y AnimeIO.net. La mayoría de estos sitios están en nuestro idioma español y permiten tanto la reproducción online como la descarga directa.


 Youtube

Gran cantidad de fans han subido animés completos a Youtube, especialmente las producciones más viejas o las más conocidas. Por ejemplo, allí es posible ver en forma completa Evangelion y Death Note, tanto en versiones subtituladas como en latino.


También hay disponibles otras joyitas como Monster (que ya reseñé en esta nota)

Obviamente, el problema acá es que no es fácil asegurar que el animé esté completo o siquiera disponible. En algunos casos particulares, múltiples fans suben los capítulos emitidos cada semana a sus propias canales.

Hoy en día, el caso más emblemático es el de Dragon Ball Super, serie de creciente popularidad que (afortunadamente) ya dejó de apestar. El episodio nuevo se puede encontrar cada semana, literalmente, en decenas de canales a pocos minutos de su emisión original (sábados a la noche, en Argentina).


¿Dónde puedo ver animé? Otras opciones

Al final del día, cuando uno desea ver animé se pone en la balanza cuánto estamos dispuestos a pagar por tener comodidad y accesibilidad, que tanta disponibilidad hay en las plataformas y páginas webs online o cuánto tiempo queremos invertir para hallar el contenido que buscamos.

En ese sentido cada uno tendrá su preferencia. Hay quienes no se desviven por ver ya mismo una serie en particular, y pueden esperarla tranquilamente en Netflix, por ejemplo.

Otra alternativa, para aquellos con más tiempo, la descarga por torrents.

Por último, existen muchas webs de fansubs (contracción de dos palabras en inglés: fan y subtitled, es decir, subtitulado por aficionados). Estos sitios traducen los animés desde el japonés a nuestro idioma, obviamente sin autorización de los propietarios de los derechos.


Hay una serie de cuestiones éticas y legales que se ponen en juego dentro de estas comunidades. Históricamente los fansubs han sido motivo de discusiones y polémicas. Aunque técnicamente violan el Convenio de Berna, los fansubbers mantiene tradicionalmente un código de ética común y generalmente no se ven a sí mismos como piratas.

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¡Si les gustó la nota, no se olviden de pasar por las partes 1 (Cómo comenzar a ver animé) y 2 (Cómo continuar viendo animé)!

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