viernes, 20 de octubre de 2017

Lista TOP-10: Grandes juegos de PC (Abandonware)


En la quinta entrada dedicada a mis videojuegos preferidos voy a destinar la lista a los juegos de PC que hoy se consideran “abandonware”.

Como término, el abandonware es un poco vago. Hace referencia a programas informáticos (y en especial a los videojuegos) que por lo general tienen más de diez-quince años y ya no se venden en las tiendas o catálogos comerciales, debido a su antigüedad, a que la empresa desarrolladora cambió de nombre, desapareció o se declaró en quiebra (o tienen un estado legal incierto por diversos motivos).

Así, Abandonware no es más que un neologismo utilizado para referirse a todo aquel software viejo que, por una causa u otra, ya no se comercializa ni se le realiza ningún tipo de soporte. La gran mayoría de estos juegos ya no funcionan en nuestras computadoras actuales y es necesario utilizar emuladores de DOS (como el genial DosBox) para hacerlos correr.

Lo positivo es que la gran mayoría hoy son gratis, debido a que no tienen leyes que los abalen, y hasta tienen versiones en HD o remasterizadas para poder disfrutarse mejor. Muchos pueden encontrarse con facilidad en varias páginas de Internet.

El criterio que voy a tomar acá es el de juegos lanzados antes de 1999, por más que no sean específicamente considerados “abandonware”, y que hayan sido exclusivos para PC, o que sean mayormente conocidos en su versión para computadora que en alguna consola de videojuegos.

Por ejemplo: Mortal Kombat II salió en 1994 y lo jugué mucho en mi computadora de chico, pero fue más popular en Sega Genesis y Super Nintendo, por lo que no lo considero en mi top.

Van a encontrar mucho FPS y juegos de estrategia en esta lista, mis géneros favoritos para jugar en  la PC. Y prácticamente todos corresponden a la época de los ´90 en la que viví mi infancia. 

Sin más, comencemos.



***

Menciones especiales

SkyRoads (1993)


Un híbrido extraño entre juego de carreras y plataformas que me brindó horas y horas de diversión. ¡Arrancaba muy sencillo y rápidamente se ponía durísimo!

Este tipo de juegos eran la esencia de los viejos videojuegos de DOS. Sólo flechas para moverse y barra para hacer saltar a la nave espacial, que tenía que conducirse por plataformas en el espacio, y a gran velocidad, hasta llegar al final.

Un juego tan sencillo y adictivo que se volvió icónico, al punto que hoy existen una decena de clones que roban su mecánica. Por ejemplo, en versión online (en flash) pueden encontrarse OpenRoads, HiRoads y SWFRoads.

Si te aburrías de la versión original, existía una versión especial de Navidad con todo un nuevo set de niveles.

Stunts (1990)


Uno de los mejores juegos de carrera alguna vez creados. Punto.

El Stunts era un simulador de carreras en el cual podías competir contra una máquina, contra reloj o simplemente solo. La particularidad era que disponía de obstáculos muy desafiantes, como edificiones, vueltas al mundo, rampas, autopistas, túneles, media tuberías, etc, etc. No era raro que tu auto se estrellara y se prendiera fuego. Otro gran acierto era la posibilidad de crear tus propios circuitos.

Considerando la época, el 3D se veía increíble.

Battle Chess (1988)


Aprendí a amar el ajedrez jugando Battle Chess y su versión futurística, Battle Chess 4000. Ambos me encantaban porque cada vez que una pieza comía a otra, veías una pequeña animación de batalla que variaba dependiendo de qué pieza atacaba.

Más allá de eso, un videojuego de ajedrez como cualquier otro.

Duke Nukem 3D (1996)


Me dio muchísima lástima no llegar a incluir Duke Nukem 3D entre mis 10 favoritos. No le faltó nada, pero lo cierto es que hubo otros First Person Shooter (FPS) más memorables que incluí entre los favoritos.

Las primeras dos versiones de Duke Nukem eran juegos de plataformas y disparos bastante olvidables. El tercero se separó de los demás y alcanzó nuevos niveles de grandeza. Ahora podías seleccionar entre muchísimas armas súper destructivas, pagarle a prostitutas para que te muestren los pechos, hacer chillar a marranos alienígenas y patear puertas.

Fiel heredero de juegos como Doom y Quake, este FPS (que se veía muy bien para la época) sigue siendo divertido y nostálgico para los jugadores de la vieja escuela. Políticamente incorrecto, de mal gusto y muy violento.

El mayor atractivo se encontraba en sus tremendos escenarios, que iban desde ciudades hundidas –un toque apocalíptico interesante– hasta estaciones espaciales y sets que recordaban a las grandes películas de acción hollywoodense.

Blackthorne (1994)


Juegazo de plataformas de Blizzard lanzado para DOS y para la Super Nintendo en 1994. Luego, debido a su éxito, se llevó a la Sega 32X, la MAC y, en el 2003, al Gameboy Advance.

Del estilo del Prince of Persia, pero mucho más oscuro y caracterizado por la precisión y la acción más controlada. Los niveles eran pequeños rompecabezas con algunos momentos donde era necesario disparar primero y preguntar después.

Para la época en que lo jugué, el diseño de arte era bastante diferente a lo que estaba acostumbrado a ver: ciudades arcaicas semidestruidas, un subterráneo mundo paralelo apocalíptico, toscos enemigos reptilianos humanoides.

Además de los saltos precisos, algunas carreras de velocidad y reacción de fracciones de segundos, lo mejor de Blackthorne era poder pegarse a la pared del fondo para esquivar disparos. Sumado este hecho al de tener que recargar la escopeta antes de disparar, el modo de combate resultaba ser bastante complejo.

Abuse (1995)


Coloqué el Abuse dentro de las menciones de honor porque fue el primer juego de acción que realmente hizo un trabajo brillante para integrar el teclado y el mouse (con el que era posible apuntar). Es un juego tan ignorado y subvalorado que quería poder destacarlo acá.

La historia básica era que matabas aliens. Se sentía como una suerte de Aliens vs Predator. Super violento, con un control excelente y un ritmo bastante alocado. No sólo tenía buena acción, sino además una atmósfera perfectamente tenebrosa.

Blood (1997)


Cuando arrancaba este FPS, escapabas de tu propia tumba, tomabas un pistola de bengalas (que te permitía prender fuego a los enemigos) y salías a matar a quien se te cruzara en el camino.

Blood fue otro de los heredores del clásico Doom en donde debíamos activar interruptores, resolver acertijos o encontrar llaves para pasar a la siguiente fase. Lo que lo hacía especial era su diseño de niveles y criaturas que tomaban inspiración directamente de la literatura de Lovecraft (los mitos de Cthulhu, en particular).

También había guiños divertidos a El resplandor (un nivel ocurre en el Overlook Hotel), Pesadilla en Elm Street o Viernes 13, entre otras sagas de terror.

GODS (1991)


Un plataformero de vista lateral que se descataba por tener muchísimos secretos y complicados puzzles a lo largo del juego. Recuerdo que lo seguía jugando y seguía descubriendo más cosas.

No tenía un argumento claro, y nunca se especificaba por qué se llamaba Gods, pero se veía increíble para la época. La animación era hermosa, los graficos espectaculares y cada uno de los cuatro mundos tenía su atmósfera particular.

En honor a la verdad, la jubabilidad estaba lejísimo de ser buena, el protagonista se movía como un pato. Sin embargo, no deja de ser un clásico inoxidable.

Jazz Jackrabbit (1994)


No pongo en duda que la liebre antropomorfa verde, que lucha contra su nemesis Devan Shell (que es una tortuga), no sea un rip-off de Sonic. Lo cierto es que tomaba los mejores elementos del erizo azul y le incorporada armas variadas, un diseño de niveles llamativo y mucha acción.

A un adictivo modo de juego lo acompañaba una excelente banda sonora. La continuación, de 1998, incorporaba a su hermano Spaz. No me pareció tan genial como la primera, pero tenía lo suyo y agregaba el modo de dos jugadores.

***

Otros juegos memorables

La verdad es que un TOP 10 me quedó chico para juegos de PC viejos y hay muchos más que me gustaría haber incluido, al menos, como menciones de honor. Pero si lo hago, el post me va a quedar eterno. Simplemente voy a mencionar dos más que me vienen a la cabeza:

Pandemonium! (1996). Entretenido juego de plataformas con 2 protagonistas: Fargus, un harlequin, y Nikki, una aventurera, cada uno con sus movimientos especiales. Se veía 3D, pero se jugaba con vista lateral. Muy creativo y desafiante.

Hunter Hunted (1996). Otro de acción y plataformas que no envejeció del todo bien, pero que me encantaba. Lo volví a descargar hace poco para recordarlo. El modo de dos jugadores era excelente. Muy al estilo Flashback y Blackthorne,  resultaba muy divertido y de gran calidad tanto técnica como jugabilística.


Por último, una aclaración.

En el TOP no van a encontrar ninguna versión del Worms, uno de los que considero de los mejores videojuegos de la historia de la PC. El motivo es porque, si bien jugué todas las versiones, el cuarto (Worms World Party) es el que más gasté, y es pos-1999. 

Queda para otra lista.



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Lista TOP-10: Grandes juegos de PC (Abandonware)


#Puesto 10 – Whacky Wheels (1994)


A fines de los ´80, Apogee Software se convirtió en una de las compañías de videojuegos más emblemáticas. Para 1996, sus juegos en 3D dominaban la industria. En el 2008 revivió y ahora están volviendo a relanzar sus clásicos.

De chico jugué prácticamente todos los videojuegos de esta empresa: Cosmo's Cosmic Adventure, Crystal Caves, Duke Nukem I y II, Rise of the Triad, Blake Stone, Boppin' (EXCELENTE), Hocus Pocus, Raptor: Call of the Shadows y muchos otros.

El mejor rip-off del Super Mario Kart siempre fue y será el Whacky Wheels para PC. Un juegazo de kartings de Apogee que ahora puede conseguirse, en versión HD y remasterizada, en Steam (¡y se ve muy bien!).

Nada más divertido que tirarse con erizos, bombas y otros objetos contundentes mientras corrés para estar primero. El modo multiplayer era una guerra descontrolada muy divertida. Todo el estilo visual caricaturesco era súper simpático.

#Puesto 9 – Dungeon Keeper (1997)


Conocí muy pocos juegos de estrategia tan originales y creativos como Dungeon Keeper, una franquicia de considerable éxito que tuvo secuelas y remasterizaciones luego de su lanzamiento en 1997.

Como indica el título, sos el amo de un calabozo, uno que necesitás poblar con monstruos que trabajen para vos, mejorar las construcciones, armar caminos y hacer que el paso de los enemigos sea más complicado con trampas y obstáculos.

Podías elegir ser un amo más benévolo, o hacer morir de hambre a tus bichos. Incluso golpearlos. Todas las decisiones, en tiempo real, afectaban tu performance. Los gráficos 3D, medio isómetrícos, eran una cosa increíble para la época.

Era genial meterte en alguno de tus numerosos monstruos (cada uno con una habilidad determinada) y pelear contra los enemigos desde su mirada. Tener a un infame Segador Astado en tu mazmorra era impagable. Pegaba como loco, pero era también súper mal llevado.

Un videojuego tan complejo como entretenido que le recomiendo a todo retro-gamer.

#Puesto 8 – Commander Keen 4: Secret of the Oracle (1991)


La saga del Commander Keen merece todo un post analizando su retrospectiva. Eran plataformeros muy logrados y llenos de secretos que me encantaban. La historia sigue a Billy, un niño prodigio que, en su primera aventura, estrella su nave espacial en Marte (no le pidamos demasiada trama a estos videojuegos).

Si bien parece un clon del Super Mario 3 para la NES, Commander Keen tenía sus propias cositas, como la posibilidad de obtener armas o utilizar un pogo para llegar más alto. Cada “episodio” era más completo que el anterior. Añadían más profundidad al juego, nuevos escenarios y diseños de niveles más intrincados.

A partir de la cuarta entrega, el motor del juego cambia completamente para volverse más moderno y detallado. Es uno de los más queridos por los fans, y mi favorito también.

#Puesto 7 – One Must Fall: 2097 (1994)


Primer (y único) juego de peleas que hago entrar al top. Amaba los Mortal Kombat en consolas y los Marvel vs Capcom en Play, pero en PC el juego que se las traía era el One Must Fall, un juego de robots gigantes (mecha) peleando entre sí.

En el modo torneo empezabas con un robot básico y débil y tenías que ir peleando para obtener dinero suficiente para mejorarlo o cambiarlo. Luego de cada pelea tenías costos de reparación de tu robot, y con el sobrante podías entrenarlo, equiparlo mejor, etc.

En total había once robots, cada uno de ellos con un conjunto de movimientos únicos. Un juego bastante sólido, adictivo y de lo más original que se podía encontrar en el rubro por aquella época.

¡Y la banda sonora era TREMENDA! Escuchá.

#Puesto 6 – The Incredible Machine 2 (1994)


The Incredible Machine (o TIM, para los amigos) es el juego de ingenio para PC por excelencia.

La franquicia se basa en la resolución de una multitud de puzzles del tipo “máquinas de Rube Goldberg”, caracterizadas por ser excesivamente sofisticadas y resueltas haciendo uso de la reacción en cadena, es decir, unos elementos tienen acción sobre otros y así sucesivamente. El nombre se debe a un caricaturista que lo acuñó en 1930.

Así, The Incredible Machine consistía en resolver una serie de puzzles, de complejidad creciente, con un fin sencillo como conseguir introducir una pelota en una cesta o activar algún aparato como un ventilador.

Todas las sagas de este juego son geniales, pero destaco el TIM 2 por ser el más completo y verse más lindo, si bien también me gustaba mucho el Sid & Al's Incredible Toons.

El TIM2 fue un salto gigante respecto a su predecesor, incorporando más piezas (y más complejas), una nueva interfaz, gráficos mejorados y la posibilidad de jugar de a dos por turnos.

#Puesto 5 – Day of the tentacle (1993)


Los grandes seguidores de las aventuras “point n´ click” seguramente me van a reprochar que no haya colocado Indiana Jones: Fate of Atlantis o Monkey Island II. Y si bien éstas son grandes aventuras gráficas, no me gustaban tanto como Day of the Tentacle, una maravilla que funciona como continuación del Maniac Mansion.

Lo recuerdo y, al toque, sonrío.

El juego comenzaba tiempo después de los eventos transcurridos en el primer juego. De los seis personajes posibles, solo el clásico nerd Bernard Bernoulli vuelve a aparecer. En la mansión de la familia Edison, de las dos creaciones del Dr. Fred Edison, el Tentáculo Púrpura, ha ingerido un residuo radioactivo con inquietantes consecuencias. ¡Ahora sólo quiere conquistar el mundo!

El modo de juego incorporaba, además de mucho ingenio y humor, la posibilidad de utilizar a tres personajes a la vez, en tres momentos diferentes de la historia (presente, pasado y futuro), con puzzles dependiendo de cada personaje. Las acciones que llevábamos a cabo en el pasado tenían consecuencias en el futuro.

Una obra maestra de LucasArts que debería ser jugada por cualquier amante del point n´ click. Por cierto, una versión remasterizada del juego está disponible en Steam.

#Puesto 4 – Half-Life (1998)


Cuando creí que ningún otro First Person Shooter (FPS) me iba a volar la cabeza luego de juegos como Heretic, Hexen, Quake, Rise of the Triad, Duke Nukem 3D y, especialmente, Doom II, llegó Half-Life para cambiarlo todo.

A un excelente juego de disparos, con gráficos que eran impresionantes para la época, armas fantásticas y un mundo inmenso por explorar, se le sumaba algo que no había visto antes: un argumento sólido.

Claro que todos los juegos FPS tienen, en algún punto, una historia. Pero Half-Life poseía un argumento digno de una película de ciencia ficcción, y eso te sumergía por completo en la aventura. Las laberínticas instalaciones de Black Mesa, donde se desarrolla el juego, eran un intrincado mapa que funcionaba como un personaje más del juego.

La experiencia multiplayer era muy entretenida también, aunque el fuerte estaba en jugar el modo historia solo. No sólo es uno de mis juegos de PC viejos favoritos, es uno de los mejores juegos de la historia de los videojuegos. Punto.

#Puesto 3 – Warcraft 2 (1996)


¡Qué buen juego, la puta madre!

Si bien Warcraft III es absolutamente superior (pero no entra en la lista por ser pos-1999), el War 2 fue el juego de estrategia que me hizo amar los juegos de estrategia.

La saga de Warcraft es la responsable de introducir muchas de las mecánicas que luego serían estándar en todos los juegos de estrategia en tiempo real: la niebla de guerra, el modo campaña con personajes especiales (héroes), los personajes que dicen frases cuando los clickeás, las razas con diferentes unidades y estructuras, etc.

El War2 tenía tantos “pequeños toques”  y cositas escondidas que daba placer pasar las campañas una y otra vez, o jugar contra mis amigos y/o hermanos. Todos recordamos el truquito para hacer explotar a una oveja haciendo click repetidas veces.

#Puesto 2 – Heroes of Might and Magic III (1999)


A esta altura ya no queda duda de que todos los juegos de PC viejos de los últimos puestos son igualmente grandiosos a mis ojos.

Heroes III, en particular, tiene un lugar especial en mi corazón porque es uno de los pocos que sigo jugando al día de hoy. En parte porque siguieron apareciendo expansiones y remasterizaciones interesantes, pero además porque adoro este juego de estrategia por turnos de principio a fin.

Pasé noches enteras jugándolo contra un amigo o dando vuelta las campañas en solitario. La idea era controlar a un ejército compuesto por héroes y una gran variedad de criaturas que tiene que vencer a los demás ejércitos que luchan por el control del escenario. Cada héroe podía aprender disciplinas mágicas o de combate, o equiparse artefactos, cada castillo tenía sus creaturas y estructuras y  el mapa estaba lleno de sorpresas y peligros.

Heroes III fue el primero de la saga en funcionar para Windows y es considerado una piedra angular. Ofrecía nuevas unidades para dominar y un reto que consistía en buscar el Santo Grial cavando en el mapa en la zona señalada por un mapa dividido en fragmentos que había que reunir.

Si bien todos los castillos tenían sus ventajas y desventajas, haciendo que el juego fuera súper equilbrado y variado, mi favorito siempre fue y será Necropolis.

#Puesto 1 – Doom II (1994)


Los años ´90 fueron hermosos para los juegos de FPS. En mi lista ya entraron Half-Life y Duke Nukem 3D. Otros que fui mencionando a lo largo de la nota me gustaban mucho también. Sin embargo, ninguno fue tan épico, emblemático y rejugable como el inmortal Doom II.

Ya le dediqué una nota entera a este juego (pueden leerla acá).

Doom 2 repetía la fórmula de su predecesor y pulía algunos aspectos. El diseño de niveles estaba mucho más cuidado, los enemigos tenían una inteligencia superior y los secretos abundaban. Así, logró establecerse como uno de los juegos más influyentes del género.

Lo jugué tantas veces ya que me conozco los niveles prácticamente de memoria, y aún así lo sigo disfrutando. Era especialmente divertido jugar en LAN de forma cooperativa con un amigo.

Cualquier amante nostálgico de los FPS sabe lo que Doom II representa en el universo del abandonware. No puedo no darle mi máxima apreciación en esta lista. Los niveles son extensos y bien diseñados, el gameplay es rápido y dinámico, los enemigos son mortales. Un verdadero clásico.

Por cierto, si amaron Doom II tanto como yo, no pueden perderse de jugar el MiniDOOM: un juego de acción 2D muy cortido basado en el Doom 1. Está gratis para descargar desde la página de los creadores (http://calavera.studio/es/juegos/minidoom/).

Estos son mis juegos de PC viejos favoritos. Los atentos lectores sabrán aportar alguno que se me pudo haber escapado o comentar cuáles son sus preferidos. ¡Hasta la próxima lista!

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martes, 17 de octubre de 2017

Oktoberfest 2017 en Villa General Belgrano (diario de viaje)


Hace muchísimos años que tengo ganas de ir a la Fiesta Nacional de la Cerveza en Villa General Belgrano. Este año finalmente se dio la combinación de oportunidad, tiempo, (algo de) dinero y amigos cerveceros con las mismas ganas que yo.

El Oktoberfest en VGB se celebra tradicionalmente durante el primer y segundo fin de semana de octubre, recordando la cosecha de la cebada en Alemania. Desde que fue declarada “Fiesta Nacional” en 1972, cada año se festeja en toda la ciudad con stands de cerveza artesanal, comidas típicas de centroeuropa, bailes, música y artesanías.


Disfruté mucho del fin de semana, si bien tengo mis reservas respecto a ciertas cuestiones que iré comentando en este diario de viaje. Como siempre me gusta hacer, este es un recuento de algunas anécdotas memorables y unos tips/consejos para quienes quieran sumarse en próximas fiestas.

Los protagonistas de esta historia, además de quien escribe, son Santiago y Christian (célebres participantes de mi viaje por los Refugios de Montaña de El Bolsón el año pasado) y la invitada estrella: Mariana. Los cuatro formamos un grupo con el que supimos convertir los jueves en una juntada sagrada para tomar buena birra.

Comencemos.

***

La logística previa: alojamiento y transporte

Dos cosas debíamos decidir antes de partir hasta Villa General Belgrano en la provincia de Córdoba: ¿Cómo llegamos hasta allá? y, ¿dónde vamos a dormir?

Arrancamos a buscar alojamiento en agosto cuando –luego de varias idas y vueltas y algunos giros inesperados del destino (como que Santiago consiguiera trabajo en Neuquén y se mudara desde Bahía Blanca hasta allá)– nos propusimos firmemente a realizar el viaje.

Este fue un primer error: Villa General Belgrano ya estaba ocupada prácticamente al 100% y no logramos conseguir absolutamente nada.


De esto nos íbamos a perder de no conseguir dónde dormir...

De hecho, costó muchísimo encontrar un techo. Un amigo del laburo me dijo que es mejor reservar en mayo, porque ya en agosto está todo lleno (dicho y hecho). Finalmente conseguimos dos cabañitas muy lindas en Santa Rosa de Calamuchita, un pueblito que queda a 12 km de VGB.

Las cabañas Husy Samy estaban muy completas, bien ubicadas (8-10 cuadras de la terminal) y a precios razonables. Pagamos 1500$ la noche. En una cabaña de dos podían caber, tranquilamente, 3 personas.

La nuestra con Santiago tenía un hidromasaje que nunca usamos, cocinita, parrilla, microondas, utensilios, café, té, etc. Todo muy completo. Por la mañana te dejaban algunas facturitas para el desayuno. (acá pueden leer los reviews de TripAdvisor). La verdad es que yo les habría agregado una pileta, pero más allá de eso, estaban bien.

El otro punto a definir fue cómo íbamos a llegar. Hay detalles menores que no vale la pena aclarar, pero la cuestión es que salimos los cuatro desde Neuquén en auto: 1100 km atravesando Neuquén, parte de Río Negro, la Pampa, San Luis y, finalmente, Córdoba.

Santiago, nuestro conductor de cabecera, se armó un mapa con la mejor ruta para tomar. El GPS hizo el resto.


 Un mapita a la antigua.

Salimos el sábado 14/10 a las 5 de la mañana. Para el regreso, Christian y Mariana se subieron a un colectivo a Bahía Blanca en Río Cuarto y yo volví con Santiago en auto, donde se vivieron algunas otras aventuras locas con la policía. Pero ya llegaremos a eso.

Sábado 14/10 => La salida en auto

Sabíamos que sería un viaje largo (interminable para algunos) por lo cual teníamos encima unos ricos mates, galletitas y unas 40 empanadas de carne que, convenientemente, yo había preparado el día anterior. También teníamos 6 CD´s con música de todos los géneros, desde reggaeton y pop levantador hasta metal romántico, pasando por rock nacional, música corta-venas y rock clásico.



Por mi parte me llevé dos libros para leer: Madagascar, del argentino Luis Benítez, una fascinante historia de aventuras y piratas que ya voy a reseñar en el blog, y una antología de cuentos hermosa, obsequio de Marcelo Kisilevski, un compañero escritor de la comunidad de Literautas.com.

El viaje fue muy tranquilo, excepto por una pobre paloma a la que se le hizo la noche al atravesar la parrilla del auto. Estúpida paloma.

En San Luis nos decepcionamos bastante con el estado de las rutas, que estaban llenas de pozos y baches traicioneros (de hecho, nos comimos uno bastante fuerte). Por otro lado, había escuchado que la provincia se jactaba de tener wi-fi en todos lados: nada más lejos de la realidad.

Zafamos (zafé) de una infracción en la frontera entre San Luis y Córdoba por no tener puesto el cinturón. Una mentira rápida, astuta y eficaz de Santiago nos libró de pagar. 

De más está decir que nunca más me saqué el cinto durante el viaje.

Llegando a Córdoba, hicimos todo lo humanamente posible por evitar multas, ya que los cordobeses tienen la fama de hacerte pagar por cualquier cosa. 

Los consejos a seguir son sencillos: no pasar de 110 km/h, tener las luces bajas, hacer guiños al cambiar de carril en la autopista y siempre tener cinturones abrochados.

Lo que sí es destacable es la nueva autopista cordobesa, que es una maravilla. Felicitaciones a la provincia. Es un placer viajar por esa zona. (San Luis => apestás. Aprendé de tus vecinos).

Llegada a Santa Rosa de Calamuchita

Luego de 11 horas con el culo arriba del asiento, llegamos a Calamuchita a eso de las 3 o 4 de la tarde. En las cabañas los chicos se acostaron un rato mientras que yo aproveché a leer y recorrer un poco (odio dormir siesta). Nuestras vecinas eran un grupo de santiagueñas ultra tatuadas, en la cabaña detrás, y unas simpáticas porteñas, en la cabaña de adelante.

Más tarde nos dirigimos a pie hacia la terminal para subirnos a un colectivo que nos llevaría hasta VGB. Esa era una preocupación inicial, pero al final resultó ser bastante sencillo.

Hay, por lo menos, dos o tres líneas que salen cada media hora a los distintos pueblitos de Córdoba, con lo cual no es complicado llegar desde Calamuchita hasta Villa General Belgrano. El colectivo Pájaro Blanco, por ejemplo, nos costaba 38$ el viaje, mientras que Buses Lep cuesta un poco más (45$) porque es más cómodo.


Siempre que subimos estuvimos acompañados de cordobeses que, desde temprano, agitaban con cantos, música y arrancaban a chupar arriba del colectivo. El viaje, por suerte, dura apenas media hora. De todas formas, los mismos pibes que veías cantando y haciéndose los copados en el colectivo se volvían medio pecho-fríos al bajar.

El centro de Villa General Belgrano

Había estado en VGB hacía muchos años (casi una década, desde que hice un viaje por todas las sierras de Córdoba con mi familia), por lo cual no lo recordaba demasiado.

Al pisar el pueblo, lo primero que quisimos hacer fue conseguir un jarrón donde poder verter nuestra cerveza. Este representó uno de los tantos errores económicos que cometimos durante la travesía. Estábamos tan deseosos de comenzar a tomar birra que terminamos comprando mal y caro.


Foto con dos guachines...

Para que no cometan el mismo error que nosotros, busquen un local de jarrones que está al lado del Banco Macro, sobre la calle peatonal principal. Tiene más variedad y mejores precios que cualquier otro lugar que hayamos visto. No sean como yo, que caí en una trampa de turista y terminé pagando 70$ extra por mi jarroncito de cerveza.

La onda del lugar es que uno puede tomar cerveza tranquilamente en la calle, mientras que en cualquier otro momento del año esto es ilegal en la ciudad (y en el resto del país también). Caminar por la calle con tu jarrón de cerveza, intercambiando palabras alegres con todo tipo de gente, sentándote en ronditas en las plazas, es un placer enorme. Para mí es una excelente forma de pasar una tarde.

Nuestra primera parada (otro de los tantos errores antes mencionadas) fue en El Viejo Munich, un restaurant que se jactaba de tener “excelente cerveza artesanal”. Grave, gravísimo, error. Su cerveza no sólo no era ni siquiera pasable, sino que además nos tocó una moza que parecía estar al borde de un ataque de nervios.


Compramos cuatro pintas y unas papas. Cuando la chica nos trajo la bandeja se quedó, literalmente, parada con la mirada fija, colgando por unos segundos. Como si se le hubiera apagado el procesador. Parecía a punto de largarse a llorar. Actuaba de forma tan extraña que hasta nos dio un poco de miedo que, de hacer algún chiste poco sensible, ella quebrara ahí nomás.

Afortunadamente, en frente encontramos un lugar de recarga que tenía cerveza más pasable, aunque pronto descubriríamos una aterradora verdad: los cordobeses no saben hacer buena birra, y tampoco les importa.

A la gente del pueblo le da lo mismo tomar una supuesta artesanal que una Isenbeck, las cervezas te las vendían por “colores” (en lugar de mediante estilos) y ningún cervecero cordobés era capaz de hablarte de forma más o menos técnica sobre su producto. 

Las charlas que se daban eran más o menos así:

NOSOTROS: ¡Hola! ¿Tienen cerveza artesanal?
CORDOBESES: Sí, claro, obvio. ¿Adónde te pensás que estás, papá?
NOSOTROS: Uh, genial, queremos recargar nuestros jarrones que pagamos a un precio desmedido por apurarnos en la compra. ¿Qué tipo de cerveza tienen?
CORDOBESES: ¿Cómo “qué tipo”? ¡Tipo artesanal!
NOSOTROS: Sí, sí, claro, pero... ¿de qué estilo? IPA, Honey, APA, Scottish, Porter...
CORDOBESES: Eh... tipo artesanal... eh... negra, roja y rubia... No, pará, negra y rubia no hay. Sólo roja. ¿Quieren o no?
NOSOTROS: (-.-)

Christian, quien tiene una historia de decepciones con los cordobeses que data de varios años, era a quien menos le daban risa este tipo de conversaciones.


Paseamos por el pueblo, estuvimos averiguando para ir al predio al día siguiente. En un momento nos terminamos sentando a comer unas típicas salchichas alemanas.

Admito que estaban ricas, si bien costosas. Por 220$ te daban una salchicha con queso y panceta más una guarnición escasa de papas fritas a la barbacoa. Si me preguntan, no le habría dicho que no a una salchicha más.

Durante esa tarde cruzamos palabras con bastante gente, que venía de todos lados. No me encontré con tantos extranjeros como habría esperado. Si charlé con algunas tucumanas divertidas, gente de Buenos Aires (muchísima) y muchos ebrios horribles con la lengua demasiado suelta como para adivinar su procedencia.

Llegamos a casa alrededor de la medianoche. La verdad es que estábamos todos muy cansados.

Domingo 15/10 => Embalse Río Tercero

El domingo fue un día intenso por la cantidad de cosas que hicimos. Yo me levanté un poco antes que el resto, porque cada vez soy más viejo choto y duermo poco. Temprano vi el capítulo de Dragon Ball Super (un clásico del fin de semana) y avance con algunos otros videos de Youtube mientras me tomaba un café.

El día estaba hermoso. Soleado y sin viento. Tomamos unos mates afuera, decidiendo qué hacer. Una opción era quedarse en las cabañas, jugar unas cartas, tirar algo a la parrilla. En su lugar decidimos salir en el auto a recorrer la zona.

Llegamos hasta el mirador de Embalse Río Tercero, donde sacamos fotos, compramos algún que otro salamín (yo sólo me dediqué a comer estratégicamente de las muestras gratis) y tomamos unos mates rodeados de turistas, naturaleza y muchos puestos de artesanías.





A mitad de la ruta encontramos una parrilla libre que nos tentó: Locos por la Parrilla. Por 220$ (sí, lo mismo que habíamos pagado el día anterior por una mísera salchicha) podríamos comer toda la carne que quisiéramos.

Llegamos a las 11 y pico a almorzar y nos fuimos varias horas después. El lugar, en cuanto a comida, es recomendable. Sin embargo, todo llegaba con muchísima demora. Creo que es algo más relacionado con la idiosincracia del cordobés, porque esa “paja” para atender (y para hacer cosas en general) la vivimos en varios otros momentos también.


La entradita de la parrilla jugaba en primera.

Comimos muy bien, pero los platos con la carne que pedíamos llegaban a intervalos de veinte minutos a media hora. Un desastre en ese sentido. Al regreso llegó la siesta de los demás y luego nos preparamos para el evento principal: el predio del Oktoberfest.

El predio del Oktoberfest

Este año, a diferencia de otros anteriores, la fiesta principal no era en el centro sino en un predio a unas 15 cuadras desde la peatonal principal, en el Bosque de los Pioneros. También existe un colectivo gratuito (Bier Bus) que sale desde la terminal y te deja en la puerta, para los más vagos que no quieren patear.

Me alegro de haber caminado porque ya ahí te cruzabas con un montón de gente yendo y viniendo. Allí le avisamos a un pibe que tenía un pene dibujado en su frente (el pobre se llevó una sorpresa poco grata) y vimos a un pequeño spiderman sacándose una foto con un vikingo, un momento demasiado tierno con el que casi nos largamos todos a llorar.


La entrada estaba bastante salada (500$). Pudimos haber conseguido algo más barato comprando anticipadas. Una lástima. Por suerte podían sacarse las entradas con tarjeta de crédito/débito, lo cual fue genial porque ya ninguno contaba con mucho efectivo y los cajeros de la ciudad no tenían dinero (¡otra cosa fundamental a tener en cuenta!)

Este valor era el más caro porque el domingo era el evento principal y más grande. Al ingresar no nos arrepentimos para nada de haber pagado, ya que el lugar –por lo menos eso me pareció a mí–era fantástico.


El primer dato fundamental es que ahí podían conseguirse cervezas no más caras que en el centro (200$ el litro, aproximadamente) pero de una calidad muy superior. El motivo era claro: allí estaban los grandes cerveceros nacionales como Antares, que tienen un amor (y conocimiento) mucho más grande por la birra que el cómodo cervecero de pueblo cordobés.

Se hace díficil describir la inmensa cantidad de momentos y situaciones que se vivieron en esa divertida noche. Menos aún hacerlo en orden cronológico. Hicimos ronditas aleatorias con gente random, nos cruzamos varias veces con un par de divertidos uruguayos, saltamos la soga (en un intento fallido de obtener 30% de descuento en birra) y vimos varios espectáculos y juegos para beber.

Hubo una banda que tocó, Willy Weimer Polkarock. Le puso mucha onda a la noche. (Acá pueden conocerla en vivo).

La atmósfera que se vivió en el lugar fue increible. Todos tenían buena onda para charlar y reír. Los policías estaban para brindar seguridad, no para ponerse la gorra.

Hay algo en este tipo de fiestas que me encanta. Siempre odié los boliches porque: (1) odio bailar y (2) amo charlar/hablar/boludear (la música del boliche no te permite eso). El predio lograba un equilibrio entre un ambiente tipo boliche, con mucha gente (aunque igual era posible transitar) y mucha música, pero al mismo tiempo era perfectamente posible hablar sin tener que andar a los gritos.


Entre algunas otras anécdotas, que fuimos recordando al día siguiente, es posible mencionar una guerra de sillas entre Santiago y Mariana, una buena cantidad de fotos perturbadoras comiendo salchichas, la terrorífica presencia del payaso Pennywise, las dos personas con máscaras de viejas que te clavaban un pico y un gorro que, misteriosamente, le desapareció a un ebrio que dormía sobre un árbol y apareció, como por arte de magia, en la cabeza de Santiago.


Después de dos o tres birras, todos flotan...



La dama y el vagabundo, versión ebria.



Una de esas dos viejas me clavó un pico. No QUIERO recordar cual.



"¿Vos viniste con tu novio y los boludos de sus amigos? ¡Vení, saltá la soga conmigo!"



Sabias palabras.





Este flaco se pegó un palo bárbaro pero igual posó para mi foto.




Ciertamente, una noche muy memorable.

Lunes 16/10 => El regreso

Durante toda la vuelta en auto fui pensando lo mismo: qué lindo que estuvo y qué pena que fueran tan pocos días. Debido a nuestras apretadas agendas, no fue posible estar más tiempo por allá. Me parece que faltó un día en el que pudiéramos relajarnos un poco más.

En el afán de querer probar y conocer todo, estuvimos siempre apurados. En su lugar, debimos habernos tomado el tiempo para desacelerar (algo que a mí me cuesta muchísimo, y más en un viaje). Al final, uno termina más cansado en las vacaciones y logra descansar apenas lo justo y necesario para seguir.

Oktoberfest en Villa General Belgrano es súper disfrutable cuando uno tiene en cuenta ciertas cosas. Primero, que la birra dentro del pueblo no aprueba, por lo que no es necesario desesperarse por consumirla. Más vale tomar una Heineken o un vino en el centro y guardar el dinero para la buena birra en el predio, donde están las mejoras cervecerías con sus stands.


Segundo, es un viaje largo para los que venimos del sur, por lo que estar dos días no termina de rendir. Lo ideal, en mi opinión, es estar cuatro: viernes, sábado, domingo y lunes. Hay muchos pueblitos cerca de Villa General Belgrano que valen la pena para recorrer y conocer.

Es importante también empezar a organizarse desde muy temprano, particularmente en cuanto al alojamiento. Lo mejor es conseguir techo en Villa General Belgrano, para aprovechar mejor los tiempos allá.

Por otro lado, cuántos más amigos sean en este tipo de lugares, mejor. Nuestro grupo de cuatro fue bastante perfecto por los lugares en el auto y porque siempre podían armarse grupitos de dos para cuando nos separábamos.

Es cierto que conocés a gente de la vida, y terminás a los abrazos con cualquier desconocido, pero las historias y anécdotas más recordables se quedan siempre en tu grupo de amigos.

Como lugar para conocer, lo recomiendo mucho. Si bien, en mi caso no creo que vuelva en ningún tiempo cercano porque queda muchísima más Argentina por visitar.

El viaje de regreso fue un poco así, meditabundo, espiritual, reflexivo. A Christian y a Mariana los dejamos en Río Cuarto, donde tomaron un colectivo a Bahía Blanca, y con Santiago seguimos hasta Neuquén, charlando/analizando el viaje, escuchando buena música y tomando unos verdes.


Eso sí, porque en Argentina es prácticamente inevitable, nos comimos una multa. En la frontera San Luis – La Pampa, un control policial nos hizo la infracción por tener el matafuegos vencido. 

¡C'est la vie!

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Los círculos rojos ERAN necesarios.

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