miércoles, 19 de julio de 2017

“El Sur”, el mejor cuento de Borges (según Borges)


Borges hablaba más de otros textos que de los suyos. Justamente por eso, no es poca cosa que en una de sus entrevistas haya dicho: “Ficciones y El Aleph son mis mejores libros. El sur, mi mejor cuento. El Golem, mi mejor poema”.

Como la mayor parte de sus obras, El Sur es un cuento complejo que requiere un esfuerzo adicional (e importante) por parte del lector para lograr desenredarlo. Si bien es corto, tiene tanta densidad de temas y conceptos que su lectura no es algo sencillo.

Aunque no es mi relato favorito de Borges, no por eso merece dejar de ser analizado. Trabaja una buena cantidad de elementos biográficos y combina algunas de las temáticas más recurrentes del autor: el tiempo, los sueños y la muerte.

El protagonista de la historia es Juan Dahlmann, un hombre amante de la lectura (como Borges) que trabajaba en una Biblioteca (como Borges).

Si bien Juan se siente tremendamente orgulloso de su nacionalidad argentina, no olvida su ascendencia alemanda que heredó de su padre. El linaje alemán-argentino para Juan es una tensión constante, como lo fue la identidad inglés-argentina para Jorge Luis.

Pero vayamos más despacio, que ya llegaremos a eso.

***

Un manuscrito de oro

El Sur tiene una historia muy curiosa.

Se publicó por primera vez en el diario La Nación el 8 de febrero de 1953 y fue luego incluido en la antología “Ficciones”. En el año 2012, el manuscrito original se subastó por casi 200.000 euros, tres veces más de su precio de base. Un record absoluto para el mundo de la literatura.

El original son siete hojas cuadriculadas, arrancadas de un cuaderno con espiral de 21,9 por 17 cm, de letra pequeña pero perfectamente legible, con fecha y lugar en Adrogué, 1953. Fue el último que escribió Borges en toda su vida.

Dos años después, quedó ciego y ya necesitó que alguien transcribiera sus cuentos.


El desorbitante precio fue pagado por la Fundación Martin Bodmer, con sede en Ginebra, que se dedica a conservar manuscritos originales de grandes personalidades del siglo XX. En esa ciudad suiza reposan hoy los restos de Borges, quien falleció en junio de 1986.

El argumento en pocas palabras

Juan Dahlmann vive en Buenos Aires y trabaja como secretario de una biblioteca municipal. En el sur mantiene el casco de una estancia que perteneció a su abuelo materno.

Un día como cualquier otro, subiendo a su edificio se golpea la cabeza con el borde de un batiente. Después de pasar ocho días con fiebre, lo llevan a un sanatorio, donde está al borde de la muerte. Acá es donde las cosas se ponen extrañan.

La narración adquiere un carácter onírico, tiempo y espacio comienzan a entremezclarse y no queda claro si Juan murió en aquel sanatorio (una muerte triste, solitaria, sin gloria) y comienza a soñar su muerte ideal, o si lo que sucede luego realmente sucedió.

Juan toma un tren que lo llevará al Sur, y este viaje se confunde con el sanatorio constantemente. Al final, el protagonista muere ahí debido a una pelea que tuvo con un compadrito que lo molestaba.


Ambas teorías son igualmente válidas: Dahlmann pudo haberse recuperado y viajado al Sur, o nunca haberse recuperado (murió en la camilla del sanatorio) y, ante la alternativa de una muerte tan absurda, soñó una muerte “criolla” que habría enorgullecido a su abuelo.

El relato finaliza de esta forma:
«(…) Sintió, al atravesar el umbral, que morir en una pelea a cuchillo, a cielo abierto y acometiendo, hubiera sido una liberación para él, una felicidad y una fiesta, en la primera noche del sanatorio, cuando le clavaron la aguja. Sintió que si él, entonces, hubiera podido elegir o soñar su muerte, ésta es la muerte que hubiera elegido o soñado

Borges y los trenes

El tren (o, más bien, el viaje en tren) es uno de los tantos elementos simbólicos que Borges suele utilizar bastante. No tanto como los laberintos y los espejos, pero sí lo suficiente como para poder considerarlo uno de sus recursos típicos.

En El jardín de senderos que se bifurcan (que ya reseñé en el blog) el protagonista Yu Tsun se baja del tren en medio del campo para ir a cumplir con su misión de espionaje. En La muerte y la brújula (gran relato que trabaja la idea del anti-detective) Erik Lönnrot también se dirige en tren hacia Triste-le-Roy (donde desconoce que encontrará su muerte).

Así, el viaje en tren es una suerte de umbral hacia otro estado de mente y cuerpo.


En El Sur es, justamente, donde lo onírico se hace más presente, donde los límites entre realidad y ficción se vuelven difusos. También es donde, de alguna manera, tiempo y espacio se ramifican.
«Mañana me despertaré en la estancia, pensaba, y era como si a un tiempo fuera dos hombres: el que avanzaba por el día otoñal y por la geografía de la patria, y el otro, encarcelado en un sanatorio y sujeto a metódicas servidumbres.»

No es casual que el tren se detenga “en medio de la nada”. Dahlmann acepta la caminata como una pequeña aventura. Aquella frontera funciona como una suerte de limbo, un lugar entre el campo (el cielo) y la ciudad (el infierno). No es ni uno ni otro, pero es la orilla de ambas geografías.

“El sur” como autobiografía

El relato dice: "A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos", y ciertamente contiene varias simetrías con la propia vida de Borges.

Además del doble linaje compartido que ya mencioné (Dahlmann pertenecía a dos linajes, el alemán y el argentino; Borges también contaba con dos linajes; el inglés y el argentino), abundan las analogías biográficas sobre todo el texto. La más evidente es Francisco Flores (padre de Juan) en relación a Francisco Borges (padre de Jorge Luis).

El padre de Borges murió en batalla, en la guerra contra Paraguay. Jorge Luis admiró esa muerte a tal punto que la plasmó en el personaje de Francisco Flores, quien muere con una lanza que le atraviesa el pecho.

Al igual que el Dahlmann del cuento, Borges sentía una fascinación casi obsesiva por la “muerte romántica”. Este es el puntapié inicial para comprender El Sur. El protagonista es internado en un hospital, donde quizás murió, y esa no era la muerte que quería para él.

Hay otras similitudes. Borges trabajó también como bibliotecario y en 1939 sufrió una herida en la cabeza que fue casi mortal.

El uso de intertextos

Los dos intertextos más claros del relato son el Martín Fierro y Las Mil Y Una Noches

Cada uno de ellos se ata a cada uno de los dos linajes de Juan Dahlmann.

Mientras que el primero representa la identidad gauchesca y criolla del protagonista, el linaje alemán queda expuesto en el segundo, que es una traducción del alemán Gustav Weil (fue la primera traducción íntegra al alemán de la famosa obra de la literatura persa).

Si nos remontamos al argumento de Las Mil y Una Noches, en aquella obra se habla de un plan para retrasar la muerte, y la chance de cambiar el destino a partir de cuentos de ficción.

Son relatos que surgen uno del otro, es decir, al contarse uno de repente surge otro, hasta que termina el primero, como si habláramos de cajas encerradas en otras cajas. La protagonista, Sherezad entusiasma al sultán tirano, pero ella interrumpe el relato antes del alba y promete el final para la noche siguiente. Así, durante mil noches. 

Son las ideas más revolucionarias del Martín Fierro, sin embargo, las que llevan a que Juan acepte el desafío de luchar (lo que ocasiona eventualmente su muerte).

En el desenlace, Juan se halla frente a una muerte esperada, merecida y hasta digna del héroe gaucho a quien tanto admira (y quien tanto desea ser).

Palabras finales

Vuelvo a esta frase, porque me parece que es la que resume las ideas del texto. “A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos”.

La simetría se ve entre el personaje de ficción (Juan) y el real (Jorge Luis). Los anacronismos son una constante en el relato también, tanto en las situaciones que se presentan (“Dahlmann había llegado al sanatorio en un coche de plaza y ahora un coche de plaza lo llevaba a Constitución”) así como en el uso de los intertextos.

Mientras que los intertextos cumplen la función de representar los dos linajes, “El Sur” es otro símbolo dual, separando civilización de barbarie, ciudad de campo, vida de muerte y (¿por qué no?) cielo de infierno.

Análisis aparte merecería el uso de los tiempos verbales. En el párrafo final, la utilización del tiempo presente tiene un rol fundamental:
«Dahlmann empuña con firmeza el cuchillo, que acaso no sabrá manejar, y sale a la llanura

Este uso del presente genera una sensación de realidad urgente. Al mismo tiempo, es un cierre ambiguo, apoyado en una frase imprecisa (“que acaso no sabrá manejar”) para generar todavía más incertidumbre.

Repito: no es mi favorito, pero puedo entender por qué Borges estaba tan orgulloso de este texto.


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domingo, 16 de julio de 2017

10 locos juegos de mesa (de clásicos videojuegos)


Pasé gran parte de mi infancia entre juegos de mesa y videojuegos. No por nada hay toda una sección dedicada a videojuegos en el blog y otra con un repaso de mis juegos de mesa favoritos.

En cuanto a videojuegos, actualmente estoy preparando la tercera parte de la saga de mis preferidos. La primera vez hablé de Sega Genesis (mi selección) y la segunda de Super Nintendo (acá esta el top). 

Actualmente estoy armando los mejores de Gameboy, Gameboy Color y Gameboy Advance.

Por su parte, los juegos de mesa nunca dejaron de ser parte de mí, pero es más difícil encontrar el momento para jugarlos porque normalmente requieren mucho tiempo libre y un grupito de gente que se cope.

En Bahía Blanca existe un Club de Juegos de Mesa que organiza una reunión mensual. Todavía no tuve la posibilidad de acercarme a una. 

También suelo meterle a No lo testeamos ni un poco o Red7 cuando nos juntamos con amigos a comer un asado. 

El Truco nunca dejó de ser un infaltable en cada viaje.

Videojuegos de mesa

La cuestión es que un día me puse a pensar si habrá juegos de mesa basados en franquicias de videojuegos. Me sorprendí al descubrir que, fiel a la famosa regla 34 (“Si una obra de ficción existe, tiene su versión porno”), parece que cada videojuego tiene algún juego de mesa creado alguna vez.

Estos son los 10 que me sorprendieron (y que me encantaría poder jugar alguna vez).

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Frogger


La Leyenda de Zelda


Super Mario Kart


Doom


Pac-Man


Street Fighter II


Starcraft


World of Warcraft


Centipede


Donkey Kong



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BONUS TRACK: ¿dónde jugar juegos de mesa online?

La solución del nuevo milenio para jugar juegos de mesa fácilmente es hacerlo de forma online con gente random.

Board Game Arena  es de las mejores páginas que encontré en la web. Es gratis, se usa desde el navegador y tiene más de 80 juegos disponibles, desde los más clásicos hasta algunos nuevos y complejos.


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jueves, 13 de julio de 2017

El origen del mal en Tenemos que hablar de Kevin


El thriller psicológico Tenemos que hablar de Kevin (2011) es una de las películas más impactantes de los últimos años. Y lo más triste es que ni siquiera es tan conocida (tip para la vida: está en Netflix).

Eva, la madre de Kevin, se esfuerza por querer a su particular hijo a pesar de las cosas perversas y oscuras que hace. La historia explora una temática fascinante: ¿fue Kevin una semilla podrida desde el vamos, o sus acciones se corresponden con una mala crianza?

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#SpoilerAlert. Se revelan algunos detalles de la trama, si bien voy a evitar contar el brillante final.

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El eterno debate

Inspirado en El origen de las especies de Charles Darwin, el científico británico Francis Galton (que era su primo, por cierto) acuñó por primera vez al término de lo “innato”. Buscaba entender si nuestros trastornos emocionales, personalidad y comportamiento tienen un origen genético (de nacimiento) o si son producto del medio social en el cual se desenvuelven.

Hoy se sabe que ambos tipos de factores (ambientales y hereditarios) interactúan en el desarrollo de un individuo y forman parte una red muy compleja. Entender qué contribuye más a la personalidad (la herencia o el ambiente) es equivalente a preguntarse qué contribuye más al área de un rectángulo (su largo o su ancho).

Sin embargo, el debate sigue existiendo, y las posturas suelen ser muy extremas.

El origen del mal en Tenemos que hablar de Kevin

La película es una adaptación de la novela homónima que Lionel Shriver escribió en el 2003. La gran diferencia es que el libro tiene una estructura epistolar (son cartas que Eva le envía a Franklin, el padre de Kevin) mientras que el largometraje adoptó una narrativa de flashbacks que van y vienen en el tiempo.

La directora, Lynne Ramsay, utilizó un paralelismo entre escenas muy delicado donde prevalecen una serie de símbolos: el color rojo, la yuxtaposición de miradas, los mismos lugares mostrados en diferentes tiempos, etc.


Ninguna escena está desperdiciada en esta película repleta de sutilezas. La mayor de estas sutilezas, la más exquisita, es la ambigüedad con la que se trabaja el origen del mal. Desde las primeras escenas entendemos que Kevin cometió un acto de violencia extrema. ¿Pero se convirtió en un asesino porque la madre no lo quiso lo suficiente, o era un psicópata desde el primer momento? La historia nos balancea –con maravillosa tensión– hacia un lado y hacia otro.

¿Puede ser culpa de Eva (soberbia a actuación de Tilda Swinton) que nunca quiso ser madre? ¿Qué no tuvo la suficiente paciencia? Ella tuvo que renunciar a su carrera (que adoraba) y a su libertad. A lo mejor, Kevin siempre supo que su madre nunca lo quiso. O, quizás, fue una mala semilla. Algunas personas nacen diabólicas. Punto.


Franklin es otro de los agentes en esta historia. El padre de Kevin consideraba a su hijo como un buen chico; no lo criaba, sino que quería ser su amigo. Franklin nunca apoyó las acciones que Eva tomaba para corregir la conducta de Kevin. Hasta le regaló el arma asesina: el arco y flecha (y lo incentivó a aprender a dispararlo).

La película perturba e hipnotiza en partes iguales. La mayoría de estas historias (pensemos en Elephant, de Gus Van Sant) se enfocan en el asesino. En un hábil giro argumental, acá la mirada está puesta sobre la familia del asesino. Incluso la masacre en sí nunca se muestra del todo. Vemos el efecto de la misma, vemos las consecuencias, el antes y el después del crimen.

Un círculo de destrucción

Una de las escenas claves en Tenemos que hablar de Kevin es cuando Eva decora su cuarto. Lo empapela con mapas que representan su pasión por los viajes (y también nos habla de cómo ella extraña lo que alguna vez fue). Entonces llega un pequeño Kevin y dice que eso es “tonto”. Eva le dice que ella puede decorarle su cuarto para que represente su personalidad. Kevin, enojado, replica: “¿Qué personalidad?”.

Da la impresión de que no tiene una identidad formada y positiva sobre él mismo, está perdido, confundido. Más tarde destroza el cuarto de Eva (y su empapelado) con una pistola de pintura. Eva, embroncada, destruye la pistola de pintura. La escena es fundamental para entender que ambos están girando frenéticamente en un círculo destructivo y sin control en el que uno progresivamente responde con más fuerza que el otro.


Cada momento de la película acumula y agrega información sobre la disfuncional relación entre madre e hijo. Hay quienes afirman que Kevin vino “mal de fábrica” y que tenía una relación edípica con la madre (algo que cobra sentido, especialmente, luego del desenlace). Otros concluyen que Kevin fue víctima de padres negligentes.

Si bien Eva gradualmente se vuelve mejor madre, nunca termina de abrazar la maternidad. Mientras tanto, el padre (John C. Reilly) peca de no interesarse nunca en su educación y su conducta, es desinteresado e indiferente.

El verdadero origen del comportamiento de Kevin (un fantástico Ezra Miller) polarizó a la audiencia. Y lo mejor que hace la cinta es nunca respondernos el interrogante. Es, sin duda, una historia que te deja pensando y pensando. Oscura, tenebrosa, existencial, psicológica.

No cabe duda de que, en el futuro, los psicólogos y científicos van a continuar debatiendo la idea de la naturaleza vs. el medio, seguramente mientras vuelven a mirar Tenemos que hablar de Kevin.

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lunes, 10 de julio de 2017

Guía práctica para Twin Peaks (Temporada 3) - Partes 1-8


Si estás leyendo esta nota es porque estás siguiendo la tercera temporada de Twin Peaks y seguramente ya viste las dos primeras (que salieron en los años noventa).

Es más: como yo, probablemente estás confundido y fascinado en partes iguales por la hermosa monstruosidad que es esta serie. Esto significa que ya sabés quién mató a Laura Palmer, qué le pasó a Dale Cooper al final de la segunda temporada, qué es el Black Lodge (la Logia Negra) y por qué esta serie –la madre de todas las series de misterio– marcó una visagra en la forma de hacer televisión.

Creo que Twin Peaks: El Regreso es el evento seriéfilo del año.

No sólo porque implica el regreso a la dirección de David Lynch, un cineasta que amo y que definió la manera de hacer surrealismo en el séptimo arte. No sólo porque el final de la segunda temporada tenía una extraña predicción que se terminó por cumplir: 
Nos veremos de nuevo en 25 años”.

Más bien porque es una serie absolutamente diferente a todo lo que conocemos, donde el director tuvo vía libre para mostrar exactamente su visión, recuperando a (casi) todo el elenco original y alejándose al extremo de lo mainstream, de lo popular y convencional.

Algunas escenas son un what-the-fuck violento, otras se estiran muchísimo más de lo necesario. Hay diálogos rarísimos, una fusión de géneros a otro nivel y personajes sacados del mismo universo lyncheando.

En serio, Twin Peaks te pone a prueba constantemente porque tiene un ritmo super aletargado y situaciones que prácticamente te invitan a que la dejes de ver. El ritmo del show es hostilmente lento.

En algún punto, se trata de un experimento social que te pone a prueba constantemente, como lo hizo en su momento el animé La melancolía de Haruhi Suzumiya con el arco argumental Endless Eight (donde, literalmente, repitieron un mismo episodio ocho veces, durante dos meses enteros, poniendo al límite la paciencia de los espectadores).

Hubo otras excelentes series en lo que va del año: Fargo, Better Call Saul, American Gods, House of Cards, Westworld (de las mejores, lejos), pero es ésta la que me tiene más obsesionado.

Por todo esto, voy a enfocarme en intentar resumir y atar algunos cabos de lo que se vio en los primeros 8 episodios de Twin Peaks: el regreso. Todavía no tuve posibilidad de ver el episodio nueve que salió ayer.

(#Spoilers, duh!)


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Las tres grandes tramas principales

Lo que ha hecho de Twin Peaks un evento tan importante es que las reacciones suelen ser viscerales. Lynch creó momentos de verdadero horror en los primeros episodios (sangrientos, brutales) con la misma naturalidad con la que armó extensísimas escenas de un humor bizarro que no termina de cerrar.

Básicamente creo que hay tres grandes líneas argumentales para seguir.

1.- La misión de Bob (El Dale Cooper Malo)

Hace unos 25 años que Bob está suelto, actuando en una misión secreta como el doble de Dale y haciendo quién sabe qué.

El doppelganger de Cooper, desaliñado, de pelo largo y mirada intensa, recluta a Ray y Darya para obtener una información privilegiada en manos de Bill Hastings. Sabemos que se trata del director de un instituto y que queda envuelto en un enigmático asesinato: el de Ruth Davenport, una mujer cuya cabeza aparece en su apartamento sin uno de sus ojos, unida a un cuerpo desconocido.

En el bizarro episodio 8 vimos el origen de Bob, en una de las horas más lisérgicas que la televisión alguna vez brindó.

Si bien no terminé de disfrutar el capítulo del todo, esto es lo que me encanta de esta serie. Lynch convenció los ejecutivos de Showtime para que le dieran vía libre en todo. Y este episodio es cine puramente experimental, alejadísimo de todo lo convencional. Lento, casi todo en blanco y negro, y al mismo tiempo complejo.

Las 05.29 hs del 16 de julio de 1945 fue el día que inició todo. En el mundo real, ese día Estados Unidos realizó la primera prueba nuclear, haciendo estallar una bomba atómica en pleno desierto. Oficialmente existía una nueva forma de realizar asesinatos masivos.

Aparentemente, fue aquel estallido el que creó el mal que hay en la Logia Negra, en los bosques de Twin Peaks. Un mal compuesto por espíritus más allá de Bob. Se vieron algunos de ellos en la película Fire Walk With Me (que es esencial para atar cabos con esta serie). Además, el episodio 8 pareció mostrar que alguien de arriba es quien maneja los hilos, una entidad todavía más oscura y tenebrosa.

El arco argumental de Bob (todavía no sabemos bien qué esta haciendo, o qué hizo en las últimas dos décadas) esta atado a la mitología más grotesca de Twin Peaks.


En el libro The secret story of Twin Peaks (escrito por Mark Frost, co-creador de la serie) se hacía mención a Babalon, la madre de todas las abominaciones.

Simultánemente, en el episodio 3 vimos al verdadero Cooper huyendo de los insistentes ruidos que parecían ser de “la madre”. Una escena surreal sincronizada con la de la caja de cristal del primer episodio en el cual aparece una criatura que mata violentamente a dos jóvenes lujuriosos.

La cuestión es que Bob tejió algunas tramoyas, tuvo un accidente cuando el verdadero Dale Cooper salió de la Logia Negra y terminó en la cárcel, donde se mantuvo calmo porque (al parecer) fue siempre parte de su plan. Cada vez que alguna cosa loca le pasaba (su socio Ray cae en cana, su prostituta lo quiere asesinar, él tiene un accidente automovilístico o Ray lo traiciona y le dispara) siempre sale airoso, como si todo fuera parte de un cuidado plan escrito por un ente divino.


TL;DR, Bob ahora está sin compañeros (mató y se deshizo de casi todos los que no le servían) y nosotros conocemos su origen. Sin embargo, sus objetivos y planes siguen siendo un misterio. Parece servirle a Jeffries (David Bowie en la precuela Fire Walk With Me) aunque no sabemos si es realmente él o no, porque sólo conversaron por teléfono.

2.- El escape de Dale Cooper y el insorportable Dougie Jones

Durante los primeros dos episodios, el agente Dale Cooper todavía está en La Habitación Roja. Finalmente es liberado (no sin recibir un extraño mensaje de un árbol parlante, porque why the fuck not?) y habla con Laura Palmer (quien le susurra algo al oído y lo besa).

Antes de irse lo ve a Leland Palmer, quién le pide que encuentre a su hija. Después empieza a caer hasta encontrarse sobre una misteriosa caja de cristal en Nueva York y sale flotando antes de que un monstruo salga por detrás, persiguiéndolo.

El agente Cooper termina regresando al mundo de los vivos a través de un enchufe. Sí, lo que leyeron. El problema fue que lo hizo en otro doppelganger, el de Dougie Jones, quien toma el lugar de Cooper en la Logia.


Antes de convertirse en una diminuta bola dorada, el manco Mike (quien antes fue un aliado de Bob, pero ahora busca redimirse) le dijo a Dougie: “Alguien te fabricó para un propósito, pero creo que ahora eso se ha cumplido”. Pobre Dougie.

Recordemos que cuando Cooper regresa, ambos Coopers (Dale y Bob) vomitan algo viscoso y amarillento (en una escena súper desagradable). Es acá donde Bob se siente mal y vuelca con el auto.

La sustancia que vomitan parece ser garmonbozia, una sustancia fabricada con miedo, dolor y tristeza de la que se alimentan los habitantes de la Logia Negra. (Este concepto se dio a conocer en Fire Walk With Me).

El problema es que Cooper (en el cuerpo de Dougie) no puede hablar ni pensar correctamente. Básicamente es un niño que está aprendiendo a hacer todo por primera vez. Fue genuinamente divertido los primeros minutos, pero ya con varios capítulos adentro, empieza a cansar bastante. Lo raro es que nadie parece notar que Dougie es un infradotado mental.

Dougie termina en el Casino, donde una luz le indica que máquina tragamonedas accionar para ganar el premio gordo. En su casa lo recibe su mujer Janey-E Jones (Naomi Watts), enojada y preocupada. Si bien parte del enojo se le quita cuando ve la bolsa llena de guita.


La cuestión es que Dougie sigue por ahí, sin entender nada de la vida, pero haciendo las cosas aparentemente muy bien. En el laburo detectó a un flaco que estaba haciendo cosas turbias y hasta detuvo un intento de asesinato. Sin embargo, aún no vimos de regreso del querido y celebrado Dale Cooper.

3.- Todas las demás investigaciones

La tercera gran línea argumental está formada por todas las tramas más chiquitas donde diferentes partes están investigando el misterio.

Por ejemplo, en Twin Peaks Hawk sigue en contacto con la Dama del Leño, quien le tiró algunas pistas proféticas. En una de las primeras escenas, le dice que “falta algo que está escondido y que tiene que ver con Cooper”. Así que Hawk y el resto de los oficiales desempolvan la investigación. Encontraron las páginas perdidas del diario de Laura Palmer (¡aunque les falta una!) y Hawk vislumbró la entrada a la Logia Negra.



En Nueva York un pibe tiene un inquietante trabajo que recuerda al contador en Lost (que había que resetear cada 108 minutos). Se le pidió vigilar una caja de cristal que se graba 24 horas al día y donde se espera que algo suceda.

Un día, se presenta Tracey a llevarle café y –una cosa lleva a la otra– terminan haciendo cosas chanchas en el sillón. La caja se oscurece, de allí emana una entidad extraña (¿Babalon?) y los descuartiza.


El FBI está investigando este asunto y otros tantos más. Gordon Cole, Albert Rosenfield y, la nueva agente, Tammy Preston van en busca de Cooper, sin saber que se trata de Bob. También se encuentran con la misteriosa Diane (que tanto se mencionaba en la serie original, pero que nunca se había mostrado en persona).


Hay muchísimas cuestiones dando vueltas (me dejé varias cosas afuera). Lynch sigue presentando nuevas sub-tramas y resolviendo pocas. Incluso se da el lujo de olvidarse de algunas durante varios episodios, y cambiar radicalmente el estilo de un capítulo al siguiente.

Argentina en Twin Peaks

Por cierto, el episodio 5 nos mostró que Buenos Aires es el lugar donde se halla una misteriosa caja con la que Bob (El Cooper Malo) se comunica tras hacer alarde de sus poderes sobrenaturales en la prisión donde estuvo detenido. ¿Por qué? ¡Quién sabe!

Puede tener que ver con el personaje del fallecido David Bowie, Phillip Jeffries. En Fire Walk With Me interpreta a un agente que desapareció en un hotel porteño, allá por 1987. Reapareció dos años después, diciendo que Cooper no era Cooper y que “no piensa hablar de Judy”.


Se amplía un poco (sólo un poco) la historia de este personaje en The Missing Pieces (material que quedó fuera de la precuela y se edito en el año 2014), donde reaparece por un instante en las oficinas del FBI y, entre otras cosas, menciona el anillo que es una constante intriga en la mitología de la serie.

Las Logias y la Habitación Roja

Un breve comentario para refrescar la memoria. Las Logias representan el clásico enfrentamiento entre el bien y el mal, la dualidad inherente en todos nosotros, dos poderes antagónicos con epicentro en el pueblo de Twin Peaks (“Colinas gemelas”, otra dualidad en ese título). Así, funcionan como una metáfora del cielo y el infierno, la luz y la oscuridad.

Bob es una de las entidades malignas que existe en la Logia Negra, mientras que el enano bailarín es la metáfora literal del brazo que Mike se amputó. Mike era otra entidad que quiso ver la luz y viajó hacia la Logia Blanca, en busca de redención.  Por su lado, el gigante es un ser que vive en la Logia Blanca y hace sus apariciones para ayudar a Cooper entre sueños (y frenar el avance de Bob).


La Habitación Roja es una suerte de “sala de espera” entre las dos Logias (¿un purgatorio?). También representa el lugar físico donde las almas absorbidas por Bob quedan atrapadas en un espacio sin tiempo.

Palabras finales

Si Twin Peaks en su regreso va a ser tan influyente o disruptiva como lo fue en los años ´90, todavía no podemos saberlo. Sí está claro que David Lynch no está dispuesto a hacer una serie más del montón.

Fiel a su esencia surrealista y bizarramente perturbadora, Twin Peaks viene demostrando que pueden hacerse cosas muy diferentes cuando las manos no están atadas a los convencionalismos.

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