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jueves, 26 de febrero de 2026

“La Biblioteca de la Medianoche”, una novela de Matt Haig

  

Nora Seed decide suicidarse. Lo hace a la medianoche. Y en lugar de morir, despierta en una biblioteca ubicada entre la vida y la muerte. Reseña de La Biblioteca de la Medianoche (2023), el best-seller de Matt Haig.



 

***

 

La biblioteca infinita

No soy súper fan de los best-sellers y ésta tampoco es una novela que me habría comprado. Pero me la prestó mi amiga Nadia y me pareció un buen plan para disparar el año literario, sumado a que tenía una premisa intrigante.

La Biblioteca de la Medianoche, de Matt Haig, arranca con un disparador fuerte, de esos que no te dan mucho margen para acomodarte: la protagonista Nora Seed decide suicidarse. Lo hace a la medianoche y luego de un día particularmente gris.

En lugar de caer en la oscuridad absoluta, despierta en un espacio intermedio, una suerte de limbo en forma de biblioteca infinita donde cada libro representa una vida que podría haber vivido si hubiese tomado decisiones distintas.

La idea es potente, sin duda. No solo por el gancho narrativo, sino porque toca una fibra universal: el peso del arrepentimiento. ¿Qué habría pasado si decía que ? ¿Si no me iba? ¿Si me quedaba? ¿Si era otro?

En esa biblioteca la espera la señora Elm, una figura del pasado que funciona como guía, bibliotecaria y, de algún modo, conciencia. Entre estantes interminables, Nora empieza a “leer” sus otras vidas, entrando literalmente a vivir en ellas.

Así pasa a ser una estrella de rock, nadadora olímpica, esposa de su ex novio Dan. En una vida se dedica a la ciencia en la Antártida. En otras es madre. Todas son versiones posibles de sí misma y llegan con su propia promesa de felicidad.



El objetivo es simple en teoría: encontrar una vida que valga la pena ser vivida. Si no lo logra, la biblioteca se derrumba y la muerte deja de ser una posibilidad abstracta para convertirse en algo definitivo.

El libro invita a pensar y abre algunas preguntas incómodas. El problema no está en la idea, sino más en la ejecución y la forma de escritura. Pero ya llegaremos a eso...

 

El experimento de vivir otras vidas

La Biblioteca de la Medianoche se arma como una especie de recorrido episódico. Nora entra a una vida, la prueba, detecta algo que no encaja, y pasa a la siguiente. Una lógica bastante cercana a esos relatos tipo Groundhog Day (1993), o incluso a películas clásicas como It's a Wonderful Life (1946), Family Man (2000, con Nic Cage) y Sliding Doors (1998). Ya saben, aquellas ficciones donde el “qué habría pasado si” le da la estructura a la narración.

Pese a no ser novedoso, el concepto de “vidas alternativas” está bien planteado. Cada universo tiene un costo. No existe la vida perfecta. En una, Nora es exitosa pero está sola, en otra cumple sus sueños y sigue deprimida, en otra tiene una familia aunque carga con culpas. Siempre hay una fisura.

Ahí aparece uno de los temas más interesantes del libro: la idea de que el arrepentimiento es, en gran medida, una construcción mental. Una ficción que idealiza lo que no fue. La biblioteca funciona como un laboratorio donde Nora puede comprobar que esas vidas supuestamente “perfectas” también vienen falladas de fábrica.

Hay momentos donde me pareció que todo estaba ejecutado muy bien. Por ejemplo, la vida con Dan, que arranca como una fantasía de estabilidad y termina revelando pequeñas microagresiones, detalles incómodos, grietas que antes Nora no había visto.

Aquel es un gran capítulo y está muy bien construido. Ahí la novela baja a tierra y logra algo verdaderamente atractivo: mostrar cómo las decisiones no son binarias ni épicas, sino que están llenas de matices.


Lo que me pasó con el libro es que, en la mayoría de los casos, las vidas se sienten como bocetos. Hay conceptos interesantes que se abandonan demasiado rápido. Cada posibilidad aparece, se esboza, deja una enseñanza bastante explícita y se descarta. Como si fueran ejemplos en una clase, más que experiencias vividas.

Y ahí empieza a asomar la sensación de que todo es un poco superficial. Como un resumen de Wikipedia en lugar de una exploración real.

 

Nora Seed: identidad, potencial y nombre

El apellido de la protagonista no es casual. “Seed” se traduce como semilla. Y el libro insiste bastante con esa idea: Nora como potencial. Como algo que puede crecer en múltiples direcciones.

Es un símbolo bastante transparente, didáctico incluso. Es que la novela es muy así. On-the-nose, como dicen los americanos. Nora es una (casi) literalmente una semilla que puede convertirse en muchas cosas. Mientras esté viva, hay posibilidad de cambio. De crecimiento. De reinvención.

La novela machaca bastante con eso. A veces funciona, a veces se vuelve demasiado evidente.

También se puede leer en otra clave, más contemporánea: las “seeds” de los videojuegos de mundo abierto. Ese intertexto me pareció divertido. Las “semillas” son los ID´s que determinan cómo se genera un mundo determinado. Distintas seeds, distintos universos. Nora salta entre seeds de su propia vida. Versiones generadas a partir de pequeñas variaciones en decisiones clave.

 

Entre la filosofía y la autoayuda

Nora es Licenciada en Filosofía. Y La Biblioteca de la Medianoche no pierde oportunidad de recordarlo. Aparecen constantemente citas, referencias, intentos de reflexión sobre el sentido de la vida, el arrepentimiento, la identidad. El tema es que esa filosofía rara vez se profundiza.

Detecté algo del existencialismo (Jean-Paul Sartre) en la idea de que somos nuestras decisiones. Algo también de Albert Camus en la pregunta por si la vida vale la pena ser vivida. Recordemos que Camus plantea que el suicidio es la única gran elección que tenemos en la vida (charlé al respecto en esta nota):

«No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no vale la pena de vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía

Incluso vemos un eco de Friedrich Nietzsche en esa especie de eterno retorno implícito: vivir muchas vidas, pero sólo poder elegir una. El libro juega con esos conceptos, los nombra, los bordea. No los trabaja.


¡Ojo! No es un libro de filosofía y no pretende serlo tampoco. Pero sí me dio la sensación de que intenta ser más inteligente de lo que realmente es. Las reflexiones suelen quedarse en la superficie. En frases que buscan impacto inmediato antes que profundidad. Frases que parecen más un post de Instagram que otra cosa, que funcionan como moraleja, no como pensamiento.

 

El Paulo Coelho de la era millennial

Mientras leía a Matt Haig mi mente me llevaba, inevitablemente, a pensar en Paulo Coelho. No lo conté nunca en el blog, pero El Alquimista fue una de las primeras novelas que me hizo amar la literatura. Recuerdo el sillón de la casa de mi abuela, en Coronel Pringles, adonde la leí cuando tenía 12 años.

Haig se asemeja a Coelho no tanto por el estilo en sí, sino por la intención. Hay una voluntad muy marcada de transmitir enseñanzas. De dejar mensajes clarísimos. De que el lector salga con algo aprendido.

La novela funciona como un cuento con moraleja (cautionary tale). Cada vida alternativa deja una lección. Cada error, una enseñanza. Cada decisión, una reflexión.

El tema, para mí, es que esa moral está siempre demasiado expuesta. Hay poca sutileza y no encontré muchos espacios en blanco para que el lector complete. El texto no sólo te explica todo: te lo subraya.

Eso le sacó un poquito de fuerza. La filosofía es el arte de hacer preguntas y acá, en vez de abrir preguntas, las responde. Lo que podría haber sido una exploración ambigua sobre la vida, termina pareciéndose a una charla motivacional: “¡viví carajo, que vivir está re piola!”

De hecho, lo sentí muy librito de autoayuda disfrazado de novela. No hay grandes conflictos o narrativas que generen tensión más allá de Nora viajando a una vida, sintiéndose pez fuera del agua, tratando de entender de qué va, descubriendo que no es tan glamorosa, y finalmente volviendo con Elm a la biblioteca.

A mitad de libro, comencé a sentir cierta repetición. El encuentro con Hugo en la Antártida -y todo el concepto de los "salteadores" (sliders)- le da un giro necesario y hábil a la historia. Hay otras personas como Nora saltando de vida en vida. Pero ese concepto fascinante queda medio en la nada.

 

La ilusión de la vida perfecta

Uno de los grandes conflictos del libro es la búsqueda de la “vida correcta”. Esa versión de uno mismo donde todo encaja. Nora salta de vida en vida buscando ese punto exacto donde no haya dolor, ni arrepentimiento, ni fallas.

Está claro que no existe una vida perfecta. Todas implican pérdidas, renuncias y una pequeña cuota de insatisfacción. Hasta ahí, bien.

Mi conflicto interno fue que la novela llega a esa conclusión bastante rápido. Y luego sigue insistiendo durante páginas y páginas con la misma lógica. A partir de cierto punto, las nuevas vidas ya no aportan demasiado. El último tercio pierde fuerza. No porque deje de ser interesante, sino porque deja de evolucionar.

El uso de la física cuántica aparece como explicación cuasi mágica para todo. Cada vez que algo no cierra, aparece una teoría que intenta justificarlo. No suma demasiado.

El funcionamiento de las vidas alternativas también genera un poquito de ruido. Nora entra en cuerpos que ya tienen una historia, relaciones, habilidades. Y sin embargo puede moverse con relativa naturalidad. Dar entrevistas, tocar música, tomar decisiones importantes. Hay una suspensión de incredulidad que el libro pide y no siempre logra sostener.



Por último, tenemos la cuestión ética, que se explora levemente. Nora ocupa la vida de otras versiones de sí misma. Decide quedarse o irse. Apropiarse de vínculos, de logros, de experiencias que no construyó. Son ideas que aparecen, asoman, y se van.

 

Una lectura directa

Con lo dicho anteriormente no quiero decir que no haya disfrutado de La Biblioteca de la Medianoche. Me resultó una lectura muy amena, fácil, directa. Tuve un temita con la traducción al español gallego (tío, prefiero el neutro, joder), pero nada demasiado grave.

La verdad es que es un libro se lee súper rápido y que fluye. Los capítulos son cortos, la trama nunca se torna densa. Sí, es medio básica. Hay lugares comunes, frases previsibles, estructuras que se repiten. No es una prosa que incomode ni que exija. Es una prosa que acompaña como esa novela de veranito que leés tranqui en Monte Hermoso.

Esto puede ser una pro o una contra, dependiendo de lo que uno busque. En mi caso, me quedé con la sensación de que la novela podría haber ido más lejos. Que tenía herramientas para profundizar y eligió no hacerlo.

 

El cierre correcto

#SpoilerAlert. No lo voy a contar por acá, sólo decir que el final es previsible. Nora aprende lo que tiene que aprender. Encuentra valor en lo que antes despreciaba. Funciona dentro de la lógica del libro.

La Biblioteca de la Medianoche es una novela con una idea prometedora. Una de esas premisas que invitan a pensar, que te hacen mirar tu propia vida desde otro lugar. Tiene momentos logrados, sin duda… y reflexiones que resuenan. O que, al menos, resonaron en mí.

También creo que peca de tener un tono excesivamente didáctico, una tendencia a explicar demasiado y una falta de profundidad que se hace notar. Es un libro que te hace preguntas importantes. No siempre se anima a sostenerlas. Se lee rápido, sí, y se disfruta. Te deja algo. Me gustó. No me volvió loco.

Por cierto, hay una suerte de secuela ("The Midnight Train") del mismo autor y que aún no está publicado. Llegaría en marzo 2026.



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=>> Otros NOTAS LITERARIAS en el blog: “El existencialismo de Jean-Paul Sartre”; “Camus, el absurdismo y El Extranjero”; “Nietzche y el Eterno Retorno”; “La suspensión de la incredulidad en la narrativa”.


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