martes, 10 de septiembre de 2019

¿Quién es el asesino en “Memories of Murder” (2003)?


Este año, la película Parasite (que ya tuvo mi reseña) se encamina como una de las mejores del 2019. Esto probablemente haga que el público reviva la filmografía del coreano Bong Joon-ho. Entre sus producciones, una me llama particularmente debido a su enigmático final. Basada en un caso real, Memories of Murder (2003) nunca revela quién es el asesino serial… ¿o sí lo hace?




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El fenómeno de Parasite

Supongo que debería arrancar por acá. El director coreano Bong Joon-ho tiene varias películas en su haber pero, con su séptima producción, se convirtió en el primer coreano en regresar triunfante con el Palma de Oro de un festival de Cannes, considerado uno de los máximos galardones de la industria cinematográfica.

Parasite es un quilombo hermoso que reflexiona sobre el capitalismo, la diferencia social y las complejidades éticas. Y lo hace con una trama creativamente elaborada. El título ya presagia la ingeniosa alegoría sobre las relaciones humanas que presenta bajo el contexto de la simbiosis.


La historia tiene como protagonistas a un padre y su familia, quienes se encuentran en el límite de la pobreza. Pasan sus días con “changuitas”, intentando robar wi-fi para sus teléfonos y viviendo en un piso subterráneo. Cuando su hijo mayor comienza a dar clases particulares en una casa de clase alta, las dos familias empiezan a entrecruzarse con resultados tan imprevisibles como trágicos.

El boom del cine coreano

Han sido unos últimos diez o quince años más que interesantes para los realizadores de Corea del Sur. Un puñado de ellos –con directores como Bong Joon-ho a la cabeza– han sabido concebir producciones súper originales, taquilleras y frescas que lograron maravillar al mundo entero.

El año pasado, Burning fue una de mis películas favoritas. La analicé en detalle por este lado. Lo mismo me sucedió en 2016 con la reinvención del género zombie que presenta Train to Busan.

Además tenemos a Park Chan-wook con muy buenos thrillers (The Handmaiden, Oldboy, la fantástica Stoker) y Kim Jee-woon abordando tanto la acción como el terror (The Last Stand, I Saw the Devil, A Tale of Two Sisters).


Por su parte, Bong Joon-ho tiene al mega éxito taquillero The Host, Snowpiercer con el Capitán América y la obra que da nombre a este post: Memories of Murder.

Probablemente sea uno de los directores asiáticos más accesibles, lo que no necesariamente significa que sea básico o simple. Sus películas explotan el cine de género, que suele ser más popular con las masas y, por su naturaleza, muy atrapante.

La “Zodiac” asiática

Corea del Sur, 1986. Una joven aparece muerta y brutalmente violada. Dos meses más tarde, se producen una serie crímenes en circunstancias similares. Para buscar al asesino, se organiza un destacamento especial, encabezado por un par detectives locales y un detective de Seúl, que ha solicitado ser asignado al caso.

Memories of Murder ha sida llamada la “Zodiac asiática”, y con justa razón (aunque convengamos que la producción coreana es anterior).



Ambas películas están basadas en casos reales que nunca fueron resueltos. Las dos historias tienen a una multiplicidad de sospechosos sin definir al verdadero asesino, hablan sobre la obsesión por los casos, la frustración de no poder dar un cierre y hasta comparten un final parecido.

Quizás la gran diferencia es que Memories of Murder incorpora mucho más humor del que habría esperado para este tipo de relatos, en tono con películas como Fargo de los Hermanos Coen.

Creo que Zodiac es mucho más sólida. Tiene algunas escenas que muestran a David Fincher en su mejor forma. Una es el ataque a la pareja por la orilla del lago y la otra es el descenso del personaje de Gyllenhaal a un sótano espeluznante. Estas escenas hicieron que mi corazón latiera de una manera que la mayoría de los thrillers nunca logran igualar.

Sin embargo, si tengo que elegir me quedo con el fascinante y enigmático final que presenta Bong Joon-ho.

… por cierto… #SpoilerAlert.

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¿Quién es el asesino en “Memories of Murder” (2003)?

Básicamente, luego de haber pasado por varios sospechosos cuya culpabilidad no pudo probarse, el detective principal (Park Doo-man, quien también protagoniza Parasite) regresa a la primera escena del crimen 10 años después. Allí, sucede esto:


Los asesinatos en serie de Hwaseong sucedieron en la vida real y son, todavía hoy, un caso sin resolver en Corea. Por lo tanto, la película también podía terminar solo con una nota similar.

Bong Joon-ho halló una manera muy creativa de armar ese final. El personaje de Park Doo-man se entera, por una niña que justo pasaba por la primera escena del crimen, que aquel mismo lugar había sido visitado recientemente por otro hombre desconocido con una cara “simple”… es decir, por alguien común y corriente.

Es sabido (de Mindhunter… cough… cough) que los asesinos seriales tienden a volver a los lugares donde cometieron crímenes. El protagonista se da cuenta de que el asesino estuvo allí y que es una persona ordinaria. Podría ser cualquiera a nuestro alrededor.

La niña le había preguntado al hombre por qué estaba mirando un desagüe y él le respondió que estaba recordando algo que hizo allí hace mucho tiempo. Entonces, el protagonista rompe la cuarta pared, sorprendido, mirando directamente a la cámara.

Fin. Créditos. C'est fini.


Este desenlace tiene suficientes puntos en común con Caché, de Michael Haneke, que comenté en esta otra nota. ¿El asesino es el espectador? O, quizás… ¿el asesino, que nunca fue hallado, habrá mirado esta película y ahora el protagonista lo mira directo a él?

Durante toda la película se sospecha de personas desviadas, socialmente pervertidas o raras. ¿Quién más sería capaz de tal atrocidad? Pero… ¿y si el asesino fuera una persona “normal” bajo los estándares de la sociedad?

La banalidad de la violencia

Al final del día, Memories of Murder nos habla sobre la banalidad de la violencia. El asesinato es sólo una de las tantas formas de violencia que se ponen en evidencia. Los héroes protagonistas utilizan técnicas poco legales para someter a sus sospechosos a confesar. Hay violencia económica, discriminación, apatía general del público.

El niño tonto y discapacitado se convierte en uno de los principales sospechosos, cuando en realidad no fue más que un testigo. El padre de una familia indigente rápidamente se convierte en asesino potencial.


Como espectadores, queremos que los policías atrapen al asesino, pero simultáneamente queremos verlo cometer más crímenes. Hay una escena súper interesante donde se rompe la cuarta pared de una forma muy sutil.

Estamos desde el punto de vista del asesino, arriba de un árbol, y viendo a dos posibles víctimas. Una de ellas es el interés romántico del protagonista, con quien ya empatizamos. Junto al criminal estamos decidiendo que él vaya por la otra chica, la desconocido, la que no nos es familiar. En ese momento somos tan asesinos como él mismo.

En la escena antes de los créditos, el policía nos observa directamente como diciendo “¿y si el responsable de todo esto sos vos?” Más loco es pensar que el verdadero Asesino de Hwaseong seguramente haya visto la película basada en sus propios crímenes.

El mal como deformación social

Hay otra posibilidad más. Memories of Murder es simultáneamente un estudio sobre el mal que acecha en cualquier sociedad. (De nuevo, Michael Haneke explora estas temáticas bastante también).

El asesino no identificado en la película se suma al inquietante hecho de que esa persona podría ser cualquiera. En un momento de la historia me pregunté si no sería alguien en la radio (por la conexión con aquella canción triste) o uno de los policías que investigaban el caso.



Así, la obra es un reflejo de un momento tumultuoso en la historia de Corea del Sur. El verdadero asesino en la historia es la propia sociedad coreana, una que está deformada por generaciones de trauma histórico, heridas abiertas que fueron exacerbadas por una dictadura militar que veía a su propio pueblo como el enemigo.

Nunca lo sabremos. Memories of Murder tiene ese desenlace abierto adrede para que cada uno de nosotros complete el espacio en blanco con nuestra propia percepción de los hechos.

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