sábado, 2 de septiembre de 2017

¿Quién envió las cintas en “Caché”, de Michael Haneke?


No me aferro demasiado a la idea de completitud que la palabra “explicación” denota. Ninguna obra puede asignarse definitivamente a una perspectiva única, manifiesta, precisa e irrefutable.

Hace unas semanas escribí una nota sobre la filosofía de Nietzche (Filosofía a la mano I: el filósofo del martillo). 

El autor alemán hablaba un poquito sobre esto. Su frase: “No existen hechos solo interpretaciones” no es exactamente textual (en realidad, el escribió algo similar que puede resumirse de esa forma) pero se aplica a la perfección.

Para Friedrich Nietzsche la verdad es una creación, un consenso, un aquí y ahora. Postulaba que no existen suficientes interpretaciones para poder agotar un hecho o un acto. Siempre alguien más puede ver algo diferente. No hay una verdad absoluta, sino interpretaciones múltiples de la realidad.

Nunca un concepto pudo aplicarse tanto al cine como con Caché, de Michael Haneke. Una película absolutamente ambigua que permite más de una interpretación. 

En esta nota quiero resumir las teorías más verosímiles en relación a esta extraña historia.

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Los planos fijos como invitación

Este tranquilo thriller psicológico francés del 2005 es la obra que suele salir a flote cuando alguien recomienda una película de Michael Haneke.

En efecto, muchas de las marcas registradas del director aparecen, al punto que se la considera una de sus obras más representativas. Por ejemplo, Haneke trabaja a partir de planos largos y fijos. A veces registra lo ordinario del día a día, o muestra un cuadro en el que la acción central pasa fuera del encuadre (quizás los asesinatos en Funny Games sean el mejor caso).

Sus planos se extienden más allá de la paciencia del espectador. Es su forma de minimizar la manipulación de un medio como el cine, que por definición es manipulador. A través de los movimientos de la cámara, un director suele indicarnos (sin hacerlo directamente) adonde tenemos que colocar la atención.



En cambio, Haneke dice: acá todo importa, o más bien, nada importa. O, mejor aún, “estate atento y activo, porque no te voy a decir qué es lo que importa o no de una escena. Te invito a que lo descubras vos mismo”.

En este sentido, Caché (en inglés: Hidden, escondido) es un caso ideal.

Culpa y remordimiento en “Caché”

Georges es el más típico de los burgueses: presenta un programa literario en televisión y lleva una vida cómoda con su mujer y su hijo adolescente. Todo cambia cuando empieza a recibir unos paquetes anónimos que contienen cintas de vídeo, grabadas desde la calle y enfocando su propia casa, y unos dibujos tan inquietantes como misteriosos.

No sabe quién se los envía. Lo que es aún peor, las secuencias que aparecen en las cintas son cada vez más personales, lo que parece indicar que el remitente conoce a Georges desde hace tiempo. Él siente que una amenaza terrible se cierne sobre él y su familia.

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#SpoilerAlert – a partir de este momento se revelan detalles fundamentales de la trama. Si no querés arruinarte lo que sucede en la película, metete a otra nota de las mías y después volvés con todas las ganas.

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Al final del día, Caché nos habla de la insensibilidad hacia el otro, la culpa, la falta de compasión y las dificultades para ponerse en el lugar del extraño. Georges fue cruel con su hermanastro de chico y le tendió una trampa para que lo enviaran a un hogar de niños, lo cual terminó por arruinarle la vida.

El tema es que todo eso sucedió cuando el protagonista era muy chico y no podía recordarlo (o no quería hacerlo). Sin embargo, aunque se revela lo que sucedió en el pasado, la película nunca contesta a la pregunta más intrigante: ¿quién envió las cintas de video?

Si bien podemos armar varias conjeturas, lo cierto es que el misterio acaba sin resolverse.

¿Quién envió las cintas?

Otro de los rasgos del director austríaco es que le gusta jugar con la audiencia a su antojo. Juega, claro, con todo el que esté dispuesto a jugar.

Siguiendo el ejemplo de Funny Games, esa violentísima película de tipo home-invasion sobre unos jóvenes cometiendo asesinatos es una deconstrucción del género donde el protagonista (Michael Pitt en la remake americana) hasta se da el lujo de literalmente retroceder una escena con un control remoto para cambiar las reglas del juego, y explica a los espectadores –rompiendo constantemente la cuarta pared– que no mata a la familia inmediatamente porque eso sería demasiado aburrido y todos se irían de la sala decepcionados.

Caché está sembrada de trampas que nos hacen dudar del autor de las cintas. La solución que encontró Michael Haneke, fiel a su estilo, es dejar la pregunta sin resolverse.

La narración se apoya en la llegada de una serie de extraños videocasetes, como ocurría en aquella espectacular película de David Lynch,  Carretera perdida (mi favorita del director). Por cierto, las referencias a Carretera Perdida son varias. Hasta ambas familias se apellidan “Laurent”. Está claro que Haneke se inspiró mucho en esta surrealista obra de Lynch.

Los VHS funcionan como registro de la realidad mundana. Uno de los elementos más desconcertantes de Caché es el de la colocación de la cámara. Por su situación, resulta imposible que no haya sido vista por los personajes que aparecen en escena. La cámara filma con frialdad. El plano general produce la separación del espectador, que pasa a ser más un voyerista, un espía entrometido, que otra cosa.

Está claro que no revelar la identidad del autor fue una movida consciente del director.

Sin embargo, porque le encanta jugar con nosotros, dejó pistas desparramadas por todos lados. Cuando parece que las cintas de vídeo van a dejar paso a la trama (incluso cuando uno casi se olvidó de ellas), Haneke cierra y muestra los créditos finales con una escena que, como escondidos entre paisajes, conecta a dos personajes. Por supuesto, para quien estaba prestando atención, saltan todas las alarmas.

Veamos:

1. La teoría de Majid o el hijo de Majid

La respuesta más simple sería suponer que el autor de las cintas es Majid, la persona a quien Georges hirió durante su infancia.

Majid es un hombre de Algeria que vivió con la familia de Georges. Sus padres pensaban adoptarlo pero el pequeño Georges no quería saber nada, por lo que le tendió una trampa inocente que lo llevó a que lo echaran. Majid admite no tener nada que ver con las cintas e incluso descubrimos que hay una filmación en su departamento, donde él quiebra durante varios minutos.

Más posiblemente, pudo haber sido el hijo de Majid, joven, enojado, con mucha bronca encima por lo que Georges le hizo a su padre.



2. La teoría de Pierrot Laurent

Hay una teoría generalmente aceptada que expresa que Anne Laurent estaba teniendo un amorío que Pierrot le descubrió (por eso escapa de la casa en un momento). El comportamiento de este niño de 12 años es, por lo menos, bastante extraño durante toda la película.

La última escena permite generar más sospechas sobre él, quien se reúne con el hijo de Majid y ambos hablan (aunque estamos demasiado lejos para poder saber exactamente de qué). Es posible que ambos se hayan unido para filmar y enviar las cintas.



3. La interpretación xenófoba (o: por qué las cintas las envió el mismo director)

Caché es también un comentario sobre la violencia. Específicamente la violencia de los europeos contra los inmigrantes. Hay una escena del protagonista teniendo una discusión con un negro que parece indicar que Georges no es muy tolerante con los extranjeros.

La escena del ascensor es muy simbólica en esta interpretación. El hijo de Majid, siguiendo a Georges por su oficina hasta que se digne a hablarle (a reconocerlo) nos indica que la nueva generación de inmigrantes no está dispuesta a soportar lo mismo que sus padres (no están dispuestos a someterse del mismo modo que lo hizo Majid).

En mi opinión, bajo esta mirada es donde la película se pone verdaderamente interesante.


Es importante notar que las cintas de video se ven muy parecidas al resto de la película. Sí hay cierto ruido naturalista y falta de montaje, pero eso sucede durante todo el desarrollo de la historia.

Podemos asumir que las cintas fueron filmadas por algún tipo de profesional que tuvo acceso a los recursos de un cineasta. Además, se trata de una persona que conocía la verdad oculta entre Georges y Majid, que quería hacer que Georges se hiciera responsable.

Por último, quien quiera que sea quien filmó y envió las cintas tiene algún tipo de omnipotencia y la necesidad de llevar la historia hacia un lugar en particular.

Esa persona no es otra que el mismo director, Michael Haneke. Uno que, ya sabemos, tiene la obsesión por jugar con su propia audiencia y que tenía un mensaje para transmitir con su obra.

Palabras finales: la mirada del director

Haneke fue entrevistado muchas veces para responder a esta misma pregunta sobre el verdadero autor de las cintas. En una de las charlas dijo:

«No voy a dar ninguna respuesta concreta. Si creés que fue Majid, Pierrot, Georges, el malvado director, Dios o la misma consciencia humana, todas las respuestas son correctas. Pero si lo único que querés saber es quién envió las cintas, no entendiste nada de la película. Hacer esa pregunta es evitar la verdadera cuestión del film: ¿cómo tratamos a nuestra consciencia y cómo trabajamos la culpa y el remordimiento para vivir con nuestras acciones?»

Agrega:

«La gente sólo pregunta “¿quién lo hizo?” porque yo elegí utilizar el género y la estructura de un thriller para hablar sobre la culpa y la conciencia. Estos métodos narrativos usualmente demandan una respuesta. Pero mi película no es un thriller. Y, además, ¿quién soy yo para decirle al resto cómo vivir con su consciencia culposa?»

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3 comentarios:

  1. Interesante, llegué como siempre hasta el spoiler alert.
    Vuelvo luego.
    Abrazo!

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    Respuestas
    1. Seee, es una cuestión de etiqueta. Internet es muy sensible... hay que avisar cuando se vienen los spoilers.

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  2. Me gusta la explicación de que es el propio directo. Confirmaría su negación a revelar el misterio. Eso sería un interesante recurso.

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