lunes, 2 de septiembre de 2019

“In the mood for love” y los secretos inconfesables


En los viejos tiempos, si alguien tenía un secreto que le pesaba en el alma, subía a una montaña, buscaba un árbol, le hacía un agujero y susurraba las palabras. Luego lo tapaba con barro y dejaba el secreto allí para siempre. Eso dice el protagonista de In the Mood for Love (2000), de Wong Kar-wai. La película habla sobre el amor, las frustraciones, los deseos y las maneras de sobrevivir a un secreto bien guardado.




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In the Mood for Love –que podríamos traducir como “Con ánimos de amar” – es una película de Hong Kong del celebrado director Wong Kar-wai, quien previamente se había hecho un nombre con Chungking Express en 1994.

Estrenada en el año 2000, está ambientada a principios de la década de 1960 y cuenta el agridulce relato de un hombre y una mujer (Chow y Su, respectivamente) que son vecinos y cuyos respectivos cónyuges tienen una aventura amorosa entre ellos.

Si bien los protagonistas se sienten cada vez más atraídos el uno por el otro, se niegan a ceder ante sus sentimientos. Esta tensión sexual no resuelta se convierte en el motor principal de la trama.

La frustración de lo no resuelto

Mi acercamiento al cine hongkonguense siempre fue más por el lado de la acción. Infernal Affairs (que tuvo su remake hollywoodense con The Departed), Shaolin Soccer (un delirio absoluto), Kung Fu Hustle y varias producciones de artes marciales (Bruce Lee, Jackie Chan, etc).

Llegué a In the Mood for Love porque uno de los canales de cine que más me gusta en Youtube (CineFix) no se cansa de nombrarla.


Formó parte de su TOP-10 de mejores romances de todos los tiempos, mejores usos del color de todos los tiempos, momentos visualmente brillantes y momentos emocionalmente poderosos. Prácticamente cada uno de sus videos tiene alguna mención a esta película.

Y sí, es una muy buena película, aunque puede llegar a ser bastante frustrante. La idea del argumento no es crear una historia en sí, sino capturar el “ánimo” o el “entusiasmo” (el “mood”, propiamente dicho). Su intención es dejarnos con ganas e insatisfechos, exactamente como quedan los personajes luego de ir y venir por dos horas de metraje sin llegar a nada físico.

Es en este sutil baile de seducción, acompañado por artísticos movimientos de cámara, donde reside su inherente belleza.

  
In The Mood for Love le llevó al cineasta quince arduos meses para ser completada. Afortunadamente para él, tuvo éxito internacional después de su lanzamiento debido a la universalidad de los temas que trabaja, su belleza estética y su realismo emocional.

Todos los temas importantes de la película (la falta de comunicación, la nostalgia, los secretos) se acompañan simbólicamente a través la ingeniosa cinematografía de Christopher Doyle y una banda sonora brillante.

Algunos años más tarde, Sofia Coppola se serviría de este relato de amores no resueltos para concebir su grandiosa obra Lost in Translation, una película que me encanta y que tiene varios puntos en común. En particular, ambas comparten esas fascinantes y tristes secuencias finales, caracterizadas por un secreto fílmico fuera del campo sonoro.


Lost in Translation, peliculón del 2003

Con ánimos de guardar secretos

Los secretos son el gran leitmotiv de In The Mood for Love. De hecho, “Secrets” fue uno de los nombres provisorios que adoptó el proyecto de filmación. En una fase avanzada de la posproducción, el director escuchó una canción de Bryan Ferry llamada I’m in the Mood for Love y decidió tomarla como título definitivo del film.

Como historia de amor, es un tragedia absoluta porque representa al amor no consumado. Chow y Su saben que están siendo engañados por sus respectivas parejas pero eligen “no ser como ellos”.

La innegable atracción entre ambos nunca se pone en práctica, si bien está latente en cada cigarrillo que fuma Chow en su oficina, en las noches lluviosas que los obligan a buscar refugio en los callejones, en la comida que Su prepara a escondidas para Chow (al enterarse que este último está con fiebre) y en las cortinas que mantienen la distancia de estos amantes en suspenso.


Un detalle clave es que las parejas de los dos protagonistas nunca se ven realmente. Son como fantasmas que atraviesan el argumento pero nunca se convierten en el foco de atención.

La película es la definición de sensualidad y seducción, donde todo el tiempo parece que ellos dos están por ceder ante sus deseos… sin llegar a hacerlo nunca.

Años después de los eventos, Chow escapa hacia Singapur para alejarse completamente de Su. El secreto hace un último esfuerzo por materializarse en el interior de aquel agujero del templo sagrado, mientras la cámara encuadra y dirige aquella confesión a sepultarse para siempre.

Palabras finales

In The Mood for Love probablemente sea una de las historias de amor más tristes del mundo. El director Wong Kar-Wai pone a dos personas frente a frente, las obliga a amarse y luego las retiene con lazos de conciencia y ética.

El cine romántico “made in Hollywood” nos ha desacostumbrado a este tipo de historias. Esta obra es minuciosa, delicada y lleva un ritmo sereno. Deliberadamente no te va a llenar o satisfacer.

Sin embargo, es de una exquisita sensibilidad que la diferencia de cualquier típica historia de amor que haya ofrecido el género en el pasado. Es el tipo de poesía audiovisual que exige verse con calma y sin prejuicios.


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