martes, 7 de noviembre de 2017

Análisis de “Rashomon” (1950, Akira Kurosawa)


Akira Kurosawa es uno de los realizadores más importantes de Japón y sus producciones han sido influencias fundamentales para todo el cine contemporáneo.

Dentro de su filmografía, Rashomon es un caso especial. 

Es uno de los primeros trabajos de un joven Kurosawa, antes de ser considerado un cineasta de primer nivel, y fue hecha con dos mangos por un estudio japonés chiquito. Incluso al estudio le interesaba tan poco la película que quitaron el nombre de los crédios.

Luego ganó el máximo galardón en el Festival de Cine de Venecia, abriendo las puertas del cine japonés al mundo, se llevó un premio de la Academia por mejor película extranjera y se convirtió en un éxito de taquilla arrollador. El resto, como dicen, es historia.

Un samurai sale a dar un paseo con su esposa, se encuentra con un bandido y muere. Esto es todo lo que sabemos a ciencia cierta de la situación. 

Cada testigo del crimen relata su versión de los hechos: el Bandido, la Esposa, el Samurai Muerto (a través de un médium), y un Leñador Testigo, quien participa dos veces: al inicio describiendo el contexto y al final, llevando a un sorprendente desenlace.

Lo interesante –y lo paradójico– es que cada versión es abismalmente contradictoria con la otra, y que cada narrador es la figura menos simpática de su propia historia. Todavía más curioso es el hecho de que cada uno se considera directamente responsable de la muerte del samurai, si bien por diferentes motivos.

Ésta es, en realidad, la historia dentro de la historia. Ya que todo es relatado durante una tormenta en las semidestruidas puertas del templo Rashomon donde un monje, un peregrino y un leñador (el testigo del crimen) discuten a nivel filosófico las acciones, en un intento de comprender la naturaleza humana.

¿Cuál de las narraciones es la más cercana a lo que pasó realmente? ¿Podemos conocer la verdad? Rashomon juega con la idea de la perspectiva y la dificultad de contar con hechos concretos. Como diría Nietzche: sólo hay meras interpretaciones de los hechos.


Para el final de la película, ni el Leñador Testigo ni nosotros mismos como audiencia estamos más cerca de descubrir exactamente qué sucedió, pero los eventos concluyentes proveen algún tipo de refuerzo al hecho de que los humanos, a pesar de robar, matar y mentir, somos capaz de hacer el bien.

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Tres tipos de verdades

Las primeras preguntas de los filósofos fueron acerca de la verdad y su relación con el concepto de realidad. ¿Qué son verdaderamente las cosas? ¿Podemos conocer la verdad absoluta? ¿Existe? Es una cuestión íntimamente relacionada con lo ontológico, con la misma esencia del ser.

Todas las épocas se han ocupado de manera significativa de trabajar el tema de la verdad, y muchos directores de cine abordaron la temática también. Rashomon, aparte de ser muy entretenida, ofrece una invitación a quien se anime a tomarla: reflexionar sobre la interpretación existencial de la verdad.

La película se inicia con el monje en la puerta del templo exclamando:
No lo entiendo (…) no entiendo absolutamente nada (…) después de haberlo visto, no creo que pueda confiar en nadie más”.


Históricamente hay tres conceptos generales de verdad que se manejan tradicionalmente, y Rashomon trabaja cada uno de ellos.

1.- Lo verdadero como lo patente

Un primer nivel de “lo verdadero” es referirnos a la realidad innegable, en contraposición a lo imaginario o la mera ilusión. Lo que está patente, lo factual. Hay cosas que sabemos que sucedieron: el asalto, el sexo, la muerte. Kurosawa refleja este tipo de verdad en los primeros minutos de la película. Hay un hecho, si bien está oculto.

2.- Lo verdadero como lo fiable

Luego tenemos la verdad como algo en lo que puede confiarse, que tiene autenticidad. La autenticidad de las cosas y de las personas genera una verdad que inspira firmeza, seguridad. Kurosawa pone en evidencia que este tipo de verdad es la más difícil de conseguir. Los testimonios son contradictorios, todos se culpan a sí mismos. La pluralidad de relatos quiebra el principio de fidelidad. ¿Acaso nadie dice la verdad?

3.- Lo verdadero como lo real

Por último tenemos el concepto de lo verdadero como lo que cuaja con la realidad, nuevamente un tema subjetivo. Lo sucedido en el bosque es real, es verdadero, pero falta un ajuste adicional, la verdad exige incorporar un aspecto moral a la cuestión.

El argumento y sus bases literarias

Entonces hay algunas cosas que sí podemos afirmar:

1.- El Samurai es vencido y atado por el Bandido.
2.- Hay un encuentro sexual entre el Bandido y la Esposa.
3.- El Samurai termina muerto.

No voy a hacer un recuento detallado de las cuatro historias que presenta la película porque eso es algo que puede encontrarse fácilmente en su entrada correspondiente de Wikipedia. 

Todas son variaciones respecto a lo ocurrido, donde cada uno de los tres principales (Esposa, Samurai y Bandido) se adjudica el crimen.

Por ejemplo, para el Samurai, cuya historia conocemos a través de un médium, el sexo fue consesuado, la esposa lo abandonó y no hubo pelea con el Bandido. 

Lleno de pena y vergüenza, él se quitó su propia vida.

Un aspecto extraño de la película es que no está basada en el cuento de Ryūnosuke Akutagawa titulado Rashōmon (un deprimente y perturbador relato corto de 1915 de donde Akira Kurosawa tomó sólo la parte de “esperar afuera de un templo en ruinas mientras llueve torrencialmente”) sino de una historia posterior del mismo autor.

En el bosque, de 1922, es quizás uno de los relatos policiales más soberbios que alguna vez leí en mi vida (formó parte de varias antologías que tuve de chico). Provee el argumento principal y los personajes para la película. El relato de Akutagawa tiene sus diferencias, pero la idea es la misma. Si pueden, léanlo. No tiene desperdicio.

Por cierto, ambos cuentos están disponibles online en este link.

Varias miradas y la lluvia como símbolo

Para arrancar a pensar Rashomon hay que primero identificar las tres líneas temporales que abarca. Tenemos tres: el presente, el pasado reciente y el pasado lejano.

La película abre con una lluvia torrencial y cinco secuencias que van desde una toma lejana hasta un close-up, revelando a dos hombres refugiándose en la puerta del templo Rashomon de Kyoto. La lluvia, además de un gran símbolo de la historia, va a ser una herramienta útil para distinguir al presente del pasado.

Así, el presente corresponde a los momentos en los que vemos reunidos al sacerdote y al leñador, testigos de un juicio que se ha llevado a cabo, y al peregrino que se les acerca bajo la lluvia.

Luego tenemos un pasado reciente que son a las declaraciones que realizan los distintos personajes durante el juicio, distintas versiones sobre lo ocurrido en el bosque. El set es una pared blanca y los personajes están en primer plano.

Por último, el pasado lejano corresponde a los eventos que se desarrollaron en el bosque entre el Samurai, su Esposa y el Bandido.

Así como Kurosawa utiliza la lluvia para indicar un estado de incertidumbre y depresión, de desesperanza, sobre el final la lluvia termina abruptamente y da lugar a un sol hermoso. Muchos se han acercado al director queriendo conocer qué quiso decir con la película, y él se limitó a mencionar que buscó explorar las múltiples realidades antes que exponer una verdad particular.

Debido a la subjetividad de las historias, varios críticos han visto en Rashomon una alegoría de la derrota de Japón al final de la Segunda Guerra Mundial, y el sentimiento de desaliento y amargura que se sintió en la época de posguerra.

Las innovaciones técnicas en Rashomon

La forma en la que Kurosawa utilizó los flashbacks fue absolutamente revolucionaria para la época. Un recurso que hoy ya nos parece común y corriente, no lo era tanto para esa época. Los flashbacks no concuerdan para nada y, sin embargo, la narración se apoya en que son, al mismo tiempo, verdaderos y falsos.

Verdaderos en el sentido que representan la experiencia real, si bien subjetiva, de cada testigo, quienes son honestos en lo que creen haber visto. Falsos porque, según lo narrado, uno o todos están mintiendo.

Otra innovación clave la vemos en la fusión de géneros, una marca registrada del director. Acá la película se ubica en el siglo XI y, contrariamente a lo que uno pensaría, no retrata a un Japón feudal. Más bien es un drama policial completo con crimen (asesinato), sospechosos y testigos.


Años más tarde, en 1952 con Los Siete Samurais, Kurosawa presentaría una película bisagra en el cine que combinaba una historia de samurais con las premisas de los western, dando lugar a todo un género nuevo.

Más tarde, en Trono de Sangre, adaptaría al contexto japonés la historia dramática de Macbeth, de William Shakespeare.

La cuestión es que el interés de Akira Kurosawa nunca fue resolver el conflicto de Rashomon para los espectadores, sino aprovechar un recurso para exponer las dimensiones humanas, las emociones que surgen ante circunstancias límites y cómo actuamos al respecto.

De Kurasawa al mundo: la influencia de Rashomon

El efecto Rashomon es algo a lo que ya me referí en una nota previa. Citándome a mí mismo:

Cuando la subjetividad y la percepción personal se imponen a la hora de relatar un acontecimiento, nos encontramos frente a un clásico Efecto Rashomon

Luego del estreno de Rashomon, y hasta nuestros días, han sido muchas las películas, series de TV y novelas que hicieron uso de esta narrativa no lineal –a través de la utilización de múltiples perspectivas– para contar argumentos.

La idea es que un mismo evento es asediado por distintos ángulos, es visto (e interpretado) desde diferentes perspectivas. Demuestra que dos o más personas pueden llegar a experimentar un mismo hecho de formas tan distantes que llegan a ser contradictorias.

Por su estructura narrativa, Rashômon influenció muchísimo a otros cineastas que reconocieron el potencial de este tipo de historias. 

Desde Kubrick y Hitchcock hasta directores como Tarantino (Reservoir Dogs, 1992), Bryan Singer (The usual suspects, 1995), Zhang Yimou con Hero (2002) y Tom Tykwer con Corre, Lola, corre (1998).

Basic (2003), por ejemplo, es una muy buena (y olvidada) película de suspenso del director de Duro de Matar, John McTiernan, que se centra en un grupo de militares investigando qué sucedió durante un entrenamiento en el que dos operativos de las fuerzas especiales murieron o desaparecieron, con los sobrevivientes relatando historias contradictorias.

En materia de animación, Hoodwinked es, esencialmente, una versión Rashomon de Caperucita Roja

Si bien no tiene los mejores efectos especiales, vale mucho la pena ver esta divertida comedia donde cada uno de los personajes del conocido cuento tienen que contar su versión de los hechos.

Otro ejemplo animado lo encontramos en el animé Batman: Gotham Knight, compuesta por seis cortometrajes sobre historias de Batman.

En el primer corto (“Have I Got a Story for You”, uno de los mejores en mi opinión) tres chicos afirman haber visto a Batman ese mismo día. La batalla de Batman con el Hombre de Negro se cuenta en orden cronológico inverso, con tres interpretaciones muy diversas en la forma física del Caballero Oscuro y sus habilidades. 

Finalmente, un cuarto chico logra ver la forma real: es un humano en un traje, capaz de sufrir y experiementar dolor.


Rashomon y BATMAN...

Mencioné otros ejemplos más en la nota anterior sobre el Efecto Rashomon (la pueden leer acá). Los hay a montones.

Palabras finales

Si bien ya lo dije antes, es importante poner en perspectiva lo que hizo Kurosawa con Rashomon para poder apreciar el verdadero impacto de la película.

Capaz que hoy la ves y te parece berreta. Es cierto que, como toda película antigua y en blanco y negro, envejeció mal. Las actuaciones son exageradamente malas, la película se “ve” vieja y el sonido se escucha feo (si bien el soundtrack es maravilloso).

Sin embargo, Rashômon no solo fue la primera película japonesa en ganar en Venecia, sino que además fue la primera película no europea en hacerlo. Al mismo tiempo, a raíz de ella es que se crea, para 1956, el Oscar en la categoría de mejor película extranjera.

Fue gracias a esta producción que el occidente conoció, finalmente, la filmografía asiática. En los años siguientes el mundo entero comenzaría a nutrirse de cine oriental. La inmensa barrera que se había levantado con la Segunda Guerra Mundial comenzaba a desmoronarse.


Este es uno de los casos fundamentales donde una película realmente marca una diferencia a nivel social en el mundo entero: la cultura asiática estaba entrando en el occidente pura y exclusivamente a través del cine (luego lo haría con otros medios audiovisuales como el animé, con Akira).

Al menos sólo por estos motivos, vale la pena darle una oportundiad a Rashomon, una película que, sin duda, entra directamente al ranking de los mejor y más importante que el cine nos ha brindado.

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6 comentarios:

  1. Le felicito por el artículo. Es increíblemente interesante y didáctico.

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    1. Gracias, Lluis. La idea es un poco esa, lograr el balance entre lo didáctico y lo entretenido. Me alegra haberlo logrado.

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  2. Muy bueno Lucho! Muy completo... encaraste la película justamente desde distintos puntos de vista.
    La película la vi hace más de una década, tengo que volver a verla ya que en ese momento no lo hice como debiera y además ¡no había leído nota alguna como esta!
    Leí también (luego de ver la película) el cuento de Akutagawa con el desconcierto que deja el no ver casi nada de éste reflejado en el film.

    Este es un empujoncito para una segunda oportunidad

    Abrazo!

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    1. En algún punto tenés razón: un efecto Rashomon sobre el análisis de la película Rashomonn. Mind=Fuck.
      ¡Saludos!

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  3. "Rasho-mon" toma el clásico discurso "hitchcockiano" (aunque el relato de Akutagawa se escribió años antes de que el inglés comenzara con sus crímenes) y lo ambienta en un Japón quizá feudal, quizá moderno, pero el tema de quién cometió el asesinato no gira en torno a una misteriosa ficción en particular, sino a un enigma de carácter universal: ¿puede el ser humano decir la verdad?, ¿puede ser realmente honesto? Kurosawa nos presenta, desde el mismísimo comienzo, una visión pesimista y descorazonadora del mundo en el que vive el hombre, en el cual, según nos dice el sacerdote, sólo hay guerras y desastres; un mendigo llega a las puertas para resguardarse y se dispone a escuchar la intrigante historia, actuando, en cierto modo, de guía para el espectador.
    Empieza la narración, cuya veracidad siempre se cuestiona el leñador. "Rasho-mon" se adelanta a "El Manantial de la Doncella" mostrando una violación y un crimen en mitad de un frondoso bosque y en la que nos introduce Kurosawa con rapidez. El bandido, la mujer, el samurái y el leñador; cuatro puntos de vista que irán ofreciendo su versión de los hechos, cada una contradiciendo la anterior, ante un tribunal mudo en el que inconscientemente acabamos involucrados, pues los testigos "hablan" con nosotros, lo que descubre la intención del director de que sea su propio público el que juzgue, con una visión objetiva, a cada uno de los confesores.

    No obstante, esa tarea es ardua y complicada. Tajomaru ensalza su arrojo y capacidad para el combate, Masago se presenta entre sollozos como inocente al servirse de su condición de víctima y el samurái se inventa un trágico y digno final para sí mismo; ninguno de ellos es capaz de ser realmente honesto, pues todos dan su propio punto de vista...ni siquiera el alma del difunto Takehiro. Kurosawa nos hace testigos, entonces, de una humanidad aparentemente podrida hasta el tuétano, dominada por la hipocresía, la codicia y la auto-indulgencia e incapaz de mostrarse digna y sincera, aunque al final, gracias al gesto del leñador, parece que aún se puede albergar algo de esperanza en ella.
    Técnicamente hablando, "Rasho-mon" desborda en ocasiones la perfección absoluta, destacando su original narrativa cruzada de corte existencialista y regida por una doble moral imperante que se ve adornada con detalles como la magnífica fotografía de Kazuo Miyagawa o la dramática banda sonora de Fumio Hayasaka. Kurosawa, además, se sirve de grandilocuentes efectos atmosféricos, uno de sus recursos más utilizados, de una cuidada ambientación y de una puesta en escena fascinante y en ocasiones fantasmagórica donde introduce el uso de espejos para intensificar y saturar la luminosidad; este uso tan peculiar de luces y sombras refuerza la ambigüedad de los personajes y el tono oscuro y siniestro del film.

    Toshiro Mifune ofrece una de sus más brillantes interpretaciones como el bandido Tajomaru, a veces completamente desquiciado y otras reflexivo y paciente, lo que pone a prueba su gran versatilidad como actor. Pero cada uno de los miembros del reparto deslumbra en sus respectivos papeles: Masayuki Mori como el samurái Takehiro, Takashi Shimura encarnando al leñador, la inolvidable Machiko Kyo dando vida a Masago, esa Noriko Honma que estremece con su encarnación de la aterradora médium y un sobrio Minoru Chiaki como el sacerdote, cuya actuación me parece magistral; una galería de personajes realmente memorables.
    Empezaría, de este modo, una nueva etapa para Kurosawa avalada por inmortales joyas que vendrían a reafirmar su talento como director e iniciarían su imparable ascenso hacia la cima, tales como "Vivir", "Trono de Sangre" o la inmensa "Los Siete Samuráis". "Rasho-mon", por su parte, fue la primera película japonesa aclamada internacionalmente, llevándose el León de Oro en el Festival de Venecia, lo que cambió la percepción del Mundo con respecto al cine nipón; poco a poco ha ocupado el lugar que le pertenece, el de obra maestra absoluta del celuloide.

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