Hay algo que los hermanos Wayans entendieron antes que muchos: la
parodia no funciona cuando se limita a copiar chistes o deformar escenas.
Funciona cuando entiende el lenguaje del género, lo desarma y lo deconstruye.
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Don´t Be a Menace…
Mucho antes de que el mundo conociera el fenómeno dosmilero que fue Scary Movie, los hermanos Shawn y Marlan Wayans ya estaban probando ese mecanismo en un terreno más incómodo y, al mismo tiempo, también más interesante.
Ahí es donde aparece Don't Be a Menace to South Central While Drinking Your Juice in the Hood (1996), una película con título eterno y ambición quirúrgica: agarrar el cine “hood” de los 90 y exprimirlo hasta que revele sus tics más ridículos.
El cine “hood” es un subgénero en EEUU que se centra en la vida en
barrios urbanos marginales —principalmente comunidades afroamericanas—
atravesadas por pobreza, violencia, racismo estructural y falta de
oportunidades. El término viene de neighborhood (barrio), pero no cualquier
barrio: habla del gueto urbano, de los márgenes.
La sátira antes del manual
La película sigue a Ashtray (Shawn Wayans), un pibe que vuelve al barrio para vivir con un padre que parece más joven que él. En ese mundo se cruza con su primo Loc Dog (Marlon Wayans), un personaje desbordado que funciona como catalizador del caos. A partir de ahí, la historia no se construye como un relato clásico: avanza a base de escenas random, sketches y situaciones que empujan siempre en la misma dirección: exponer lo absurdo.
El blanco de ataque (see what I did there?) no es uno solo, sino una generación entera de películas de negros: Boyz n the Hood, Menace II Society, Juice, South Central. Todas compartían una estética, un tono grave, una vocación moralizante sobre la vida en el gueto.
Los Wayans agarran esos códigos y los exageran hasta el límite, tomándose como musa inspiradora el cine de los hermanos Zucker (“Airplane”, la trilogía de “The Naked Gun”, etc).
Digamos todo: la película no es buena, el guion es flojísimo y todo está
editado pobremente, como si fuera la tesis final de carrera de un estudiante de
cine. Pero los Wayans no se burlan desde afuera. Conocen el material, lo
respetan lo suficiente como para saber dónde duele… y por eso la sátira funciona.
El ADN de la parodia moderna
Hubo una época en la que con mi amigo Santiago Scarlato nos juntábamos en su casa a comer hamburguesas y ver películas extrañas. Cine clase B, obras fuera de lo convencional, experimentos bizarros. De esas noches fumonas salieron joyitas como High Five, Never Stop Never Stopping, Movie 43 y Rubber, que hoy son grandes placeres culposos.
El tiempo hizo que aquellas juntadas cinéfilas fueran más difícil de concretar. Pero hace unos meses nos juntamos a repetir y encaramos, justamente, Don't Be a Menace to South Central While Drinking Your Juice in the Hood. Si uno la ve con ojos de 2026, se vuelve bastante evidente que ahí está el prototipo de lo que después serían las Scary Movies.
Hay varios elementos en este prototipo que después se vuelven marca registrada. La acumulación de referencias es una: acá no hay una sola película parodiada, hay directamente un mosaico cultural.
Los gags recurrentes en Don´t Be a Menace son fantásticos, particularmente el cartero que aparece gritando “MESSAGE!” cada vez que los protagonistas tratan de decir algo profundo. Ese running gag se volvió un clásico entre Santi y yo, que ahora lo usamos para cualquier cosa (y nadie más lo entiende).
Otra característica de los Wayans es su foco en lo que ocurre detrás. También es algo que veíamos en las películas de Leslie Nielsen: el fondo siempre en movimiento con alguien robándose algo, los personajes que repiten conductas absurdas.
Don´t Be a Menace también presenta escenas que parecen ir hacia un lugar violento y terminan en algo completamente ridículo (como una iniciación de pandilla que termina siendo un juego infantil).
Ese último punto es clave. La película se ríe incluso de los momentos que en el cine original estaban pensados para enseñar algo. La moraleja aparece… y alguien la dinamita.
Cuando los Wayans llegan a Scary Movie unos años después, ya
tienen el método aceitado. Cambia el género (del drama urbano al terror), pero
la lógica es la misma: tomar convenciones reconocibles y empujarlas hasta que
se rompan.
Por qué Don't Be a Menace… es la verdadera precursora
A diferencia de Scary Movie, que se apoya en el terror mainstream y una estructura más accesible, Don't Be a Menace… es más cruda, irregular y, por momentos, hasta más incómoda. Tiene algo de laboratorio.
Para mí funcionó como un ensayo general donde se probaron el ritmo fragmentado en sketches, el humor autorreferencial, la mezcla de crítica social con humor absurdo y la idea de que el espectador también tiene que “reconocer” lo que se está parodiando para multiplicar el disfrute.
De hecho, la película mejora cuanto más conocés el material original.
Ese pacto con el espectador —“si viste esto, vas a disfrutar más”— es
exactamente el que después convierte a Scary Movie en un fenómeno
global.
2026: el regreso de los Wayans
Y acá es donde la cosa se pone linda. Porque en 2026 los Wayans vuelven a jugar en su cancha. Los hermanos escribieron las dos primeras de Scary Movie (sin duda las mejores) y luego se salieron del proyecto. Ahora, Scary Movie 6 tiene fecha de estreno el 12 de junio y, por primera vez en años, el proyecto vuelve a estar en manos de quienes definieron su identidad. Shawn y Marlon están escribiendo, y Marlon además vuelve como Shorty (el famoso personaje wassssaaaaaappp)
Eso ya es una buena noticia. Es más, es un notición. Pero hay más. Está
confirmado que vuelven dos pilares de la saga: Anna Faris como Cindy Campbell y
Regina Hall como Brenda Meeks. Hay algo de nostalgia, sí, pero también es
recuperar el tono original, ese equilibrio entre absurdo y timing cómico que se
perdió en las últimas entregas.
El nuevo target: el terror moderno
Que Scary Movie 6 sea una de mis películas más esperadas de 2026 puede sonar rarísimo. Pero es que el género del terror cambió muchísimo en 20 años, y tengo muchas ganas de ver cómo los Wayans lo trabajan.
Si las primeras Scary Movie se alimentaban de slashers y thrillers noventosos, esta apunta a otra cosa. Marlon ya adelantó que van a meter mano en: Get Out, Nope, Longlegs, Heretic y hasta Sinners.
El terror actual es más psicológico, simbólico, a veces incluso más
pretencioso (el llamado “elevated horror”. Es terreno ideal para los Wayans. Si
algo demostraron siempre, es que saben pinchar globos.
El factor caos
También se conoció que la película va a parodiar Terrifier 3, incluyendo una escena particularmente polémica que fue recortada y luego reinsertada en una versión más corta. Esa tensión entre lo grotesco y lo cómico siempre fue parte del ADN de la saga. Y, si mantienen ese equilibrio, puede salir algo bastante afilado.
¿Y una secuela de Don't Be a Menace…? Acá hay una promesa que, como mínimo, genera curiosidad. Marlon confirmó que, si Scary Movie 6 funciona en la taquilla, hay buenas chances de una secuela de Don't Be a Menace….
No es un dato menor. Porque el contexto cambió bastante también. El cine
“hood” de los 90 ya no existe como tal, pero hay nuevas narrativas, nuevas
formas de contar la identidad, la marginalidad, la violencia. Una secuela hoy
podría apuntar a otro tipo de clichés.
Por qué (me) entusiasma
Hay un motivo por el cual esto genera expectativa en 2026, y no tiene que ver solo con recordar viejos tiempos. Los Wayans vuelven a escribir su propio material. El género que van a parodiar se volvió más serio que nunca. La comedia mainstream perdió, en gran parte, la irreverencia que ellos manejaban.
En un contexto donde muchas películas tienen miedo de incomodar, los Wayans históricamente hicieron lo contrario. Y cuando eso se combina con un buen timing y un ojo fino para los códigos culturales, pasa algo interesante: la parodia deja de ser solo un chiste y se vuelve comentario.
Como en Don't Be a Menace…, donde entre gag y gag se colaba una
pregunta incómoda: ¿cuánto de lo que consumimos como “realista” no es, en el
fondo, una construcción llena de clichés? Capaz por eso dan ganas de ver qué
hacen ahora.
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