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miércoles, 11 de marzo de 2026

“URUK: 2° Concurso Literario Biblioteca Jauretche”

En 2025, dos relatos míos —“Ascensor holístico” y “Piso 42”— fueron seleccionados para formar parte de la 2° antología literaria de la Biblioteca Popular Arturo Jauretche, en la Ciudad de Buenos Aires. Esta es la reseña de la antología completa.




***

 

Cómo llegó este libro a mis manos

Jamás pensé que dos cuentos propios (que encima tienen un argumento bastante similar: una historia de desamor de tipo “chico conoce a chica”) iban a quedar juntitos en una misma antología de cuentos.

Pero así fue. Envié Ascensor holístico y Piso 42 al concurso -deseando que alguno de los dos, por lo menos, quedara en primer lugar- y resultó que, para mí sorpresa, habían seleccionado ambos relatos. Formarían parte del libro junto con otros textos de autores bonaerenses.

El proceso de creación fue, además de estimulante, muy cuidado. La escritora y editora Melisa Gentile (tipaza) se contactó con cada uno de nosotros, los trece autores, para trabajar en revisiones generales y correcciones literarias. Fue un intercambio buenísimo que permitió pulir los textos antes de su publicación.

En mi caso, la llamada para la revisión ocurrió mientras estaba haciendo el Camino de Santiago, allá por octubre 2025.



La antología se presentó oficialmente el 21 de febrero de 2026 en la sede de la biblioteca (Crescencia Acosta 971), en un encuentro donde los autores compartieron sus procesos de escritura. Yo, lamentablemente, no pude asistir.

Sin embargo, la vida literaria tiene sus propias casualidades. Durante un viaje a Buenos Aires para ver a mi querido Jason Mraz, terminé recibiendo diez ejemplares del libro. Fue una escena bastante perfecta: volver a casa con una pequeña pila de libros recién impresos que contienen historias propias y ajenas.

 

El origen del nombre URUK

El título de la antología también fue pensado de forma colectiva y es una pequeña curiosidad histórica. Uruk fue una de las primeras grandes ciudades de la humanidad, surgida hace más de cinco mil años en la región que hoy corresponde al sur de Irak.

Allí aparecieron por primera vez formas complejas de urbanismo, templos monumentales y, sobre todo, la escritura como herramienta para administrar una economía cada vez más sofisticada. En su momento de esplendor llegó a albergar unos 70.000 habitantes, una cifra impresionante para la época.


El lugar fue llamado Unu por los sumerios, Erec en la tradición bíblica y Warka por la ciudad moderna cercana al yacimiento. Pero el nombre que quedó en la historia es el que le dieron los acadios: Uruk.

Como metáfora editorial funciona muy bien: una ciudad antigua hecha de muchas voces, de muchos registros humanos. Algo similar a lo que intenta hacer una antología de estas características.

 

Una identidad narrativa clara

Uno de los aspectos más interesantes de URUK es que, aun siendo una antología con autores diversos, el libro presenta una identidad bastante definida.

La mayoría de los relatos se sitúan en escenarios contemporáneos, urbanos o cotidianos, con una inclinación fuerte hacia el drama psicológico y existencial. Muchos parten de situaciones aparentemente simples que se van torciendo hacia lo ligeramente inquietante.

A lo largo del libro aparecen varios leitmotivs recurrentes. Por ejemplo, muchos personajes atraviesan crisis personales o tensiones internas. Aparece repetidamente la pregunta sobre quiénes somos realmente o qué lugar ocupamos en el mundo.

Hay algo también de la soledad y desconexión en los textos. Incluso en historias con varios personajes, predomina cierta sensación de aislamiento emocional. Los vínculos aparecen quebrados, tensos o incompletos.


Tal vez el recurso más frecuente del libro sea una situación común que, lentamente, deriva hacia algo incómodo o perturbador. Un diálogo, un encuentro casual, una pequeña obsesión. No hay relatos de terror o suspenso. Pero sí aparece lo ominoso. Hay un clima de amenaza o incomodidad emocional que recorre muchas historias.

Por último, otro tema frecuente es el de los vínculos familiares, especialmente los relacionados con maternidad y paternidad, que funcionan como anclaje humano dentro de relatos que muchas veces exploran zonas frágiles de la experiencia cotidiana.

 

Mis cuentos favoritos de la antología

Dentro de ese mapa narrativo, hay un par de relatos que me impactaron especialmente. Creo que sobresalen por su potencia conceptual o su ejecución. El primero de ellos es “El subsidio”, de Manuel Flores.

Me pareció uno de los textos más divertidos e incómodos de la antología. Arranca con la descripción de un personaje querido del barrio:

Si pasabas a las siete en punto de la mañana podías verlo levantando la persiana del almacén con la misma sonrisa.”

El relato avanza hacia una sátira cada vez más oscura sobre la desesperación social. En un contexto de crisis económica y violencia creciente, aparece un sistema estatal que otorga subsidios a personas amputadas, lo que abre una puerta macabra a decisiones extremas. Es un cuento filoso, con humor negro y un trasfondo social muy potente.

Otro súper ingenioso es “Sólo un nombre”, de Sebastián Rinaldi. Es, probablemente el texto más abiertamente humorístico del libro. La premisa es tan absurda como brillante: un congreso anual donde se reúnen hombres llamados Carlos. El relato construye con precisión el universo interno de ese evento:

Allí se dan cita más de cien hombres que comparten un solo vínculo irrefutable: el nombre.”

El conflicto estalla cuando descubren a un infiltrado cuyo nombre completo es Juan Carlos. La situación escala hacia una paranoia identitaria delirante. Lo amé. Es una sátira inteligente sobre pertenencia, identidad y tribalismo, disfrazada de comedia absurda.

En “La hija del fondo”, de Catalina Benítez, encontré uno de los relatos más emotivos del libro. La historia narra el parto de una joven en condiciones precarias durante un apagón en el conurbano. El texto logra capturar, con enorme sensibilidad, la experiencia corporal y social de ese momento:

Respiro hondo. Me hablo bajito. Me agacho despacio. Las manos se me van solas al vientre duro.”

Lo que podría ser una escena de vulnerabilidad absoluta se transforma en un gesto colectivo de solidaridad barrial. El final —con el nacimiento de una niña llamada Esperanza— es uno de los momentos más luminosos de Uruk. Cs un cuento fuerte, bien escrito y con una voz narrativa clarísima.

Otros cuentos que destaco son: “En el cielo de la noche” (primera publicación de Nahir Avalos), “Las amantes” (un misterio policial cortazariano de Sebastián Leiva) y, finalmente, uno muy lindo: “Budín de banana”, de Luciana Suárez.

 

Mis cuentos dentro de la antología

Siempre es raro hablar de textos propios, pero releerlos en el contexto del libro me permitió verlos desde otra perspectiva, un poco más objetiva quizás.

Ascensor holístico es un relato muy conceptual. La historia comienza con una situación simple: el protagonista queda atrapado en un ascensor con una mujer que le resulta fascinante.

Cuando quedé atrapado en el ascensor con la piba más linda del edificio, supe que estaba de suerte.”

Lo que sigue es un diálogo cada vez más intenso donde ella —una coach ontológica— comienza a desarmar emocionalmente al narrador. El cuento crece a partir de ese intercambio verbal hasta llegar a un remate que resignifica toda la escena.


El otro texto incluido en la antología es Piso 42. En este caso el motor del relato es una escena aparentemente banal: una partida de Jenga entre dos personas que están intentando acercarse.

A medida que la torre crece —piso 25, 32, 37— el entorno se transforma en un espectáculo público y el momento íntimo entre los personajes empieza a fracturarse. El cuento se apoya mucho en la atmósfera y el manejo del espacio, logrando un suspenso narrativo que se va sosteniendo hasta el final.

 

Palabras finales

URUK funciona como algo más que una simple recopilación de cuentos. Es, en cierto modo, un pequeño mapa de sensibilidades contemporáneas: personajes en crisis, vínculos frágiles, realidades cotidianas que se vuelven extrañas o incómodas.

Entre sus puntos fuertes aparecen una coherencia temática clara, el interés por lo humano y lo psicológico y varios relatos con ideas narrativas potentes. Melisa, y todo el equipo de la Biblioteca Jauretche, hicieron un librito hermoso que vale la pena recorrer.


Meli y yo en Monte Hermoso, con una edición de El Ascenso de Elin


Como suele ocurrir en las antologías, también hay cierta homogeneidad emocional y algunos textos que priorizan el clima sobre la historia. Pero en su conjunto se logra algo valioso: mostrar distintas miradas sobre la experiencia contemporánea. Quizás esa sea, finalmente, la mejor metáfora para su título.

Así como la antigua Uruk fue una ciudad hecha de muchas voces e historias humanas, este librito creado por la gente de la Biblioteca Jauretche también se construye a partir de una suma de relatos distintos que, juntos, terminan formando algo parecido a una pequeña comunidad literaria.

Y siempre es un placer formar parte de una ciudad así.

 

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=>> Otras NOTAS LITERARIAS en el blog: “España 2025: el Camino de Santiago”; “Ascensor holístico: un cuento ontológico”; “Jengas y records guiness en Piso 42”; “Malabarista del suspenso: los cuentos de William Irish”; “Hotel Paradise: los cuentos de Marcelo Kisilevski”; “El que las hace… ¿las paga?”: policiacos latinoamericanos”; “5 ficciones literarias que merecen llegar al cine”; “El umbral de la noche (o el fin del mundo según King)

 

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