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viernes, 17 de julio de 2026

The Bear (S5) y la cadena de maltrato

 

Desde su estreno en 2022, The Bear tocó la fibra sensible de muchos espectadores, incluyéndome. Ahora que la serie ha llegado a su fin, es momento de repasar sus cinco turbulentas temporadas.



viernes, 26 de diciembre de 2025

Mis series favoritas de 2025

 

Comedias excepcionales, dramas apocalípticos y excelentes thrillers llegaron este año a la pantalla chica. ¿Cuáles fueron mis series favoritas de 2025? ¿Qué me falta ver? ¿Qué tengo en el backlog? Todo y más en esta pituca notita seriéfila.


viernes, 28 de marzo de 2025

“Adolescencia” (2025) y la historia que no queremos ver

 

Adolescencia, la nueva miniserie de Netflix, es lo más cercano a la perfección televisiva en décadas. ¿Es la producción más aterradora de nuestros tiempos? Reseña del drama que está horrorizando a los padres y fascinando al mundo.

 




domingo, 22 de diciembre de 2024

Mis series favoritas de 2024

 

El backlog sigue creciendo y el FOMO es altísimo. No pude ver todo lo que quería, pero sí encontré algunas joyitas de series en este 2024. En esta nota seriéfila les cuento mis producciones favoritas del año.

 

viernes, 22 de diciembre de 2023

Mis series favoritas de 2023

 

Comedias excepcionales, dramas apocalípticos y excelentes thrillers llegaron este año a la pantalla chica. ¿Cuáles fueron mis series favoritas de 2023? ¿Qué me falta ver? ¿Qué tengo en el backlog? Todo y más en esta pituca notita seriéfila.

 


domingo, 17 de septiembre de 2023

Justified: City Primeval (y otros revivals recomendados)

 

Lo viejo vuelve a ser nuevo, al menos en lo que respecta a la televisión. Reiniciar series de TV antiguas (los llamados “revivals”) parece ser la tendencia en estos días. Generalmente tienen críticas mixtas, dejando a algunos fans eufóricos por revivir los good ´ol times… y a otros lamentándose por la falta de creatividad y el riesgo de arruinar el original.


miércoles, 19 de julio de 2023

El final de Atlanta explicado

 

Ésta es la única comedia afro-surrealista que necesitamos. Atlanta, el magnum opus de Donald Glover, llegó a su fin con su cuarta temporada. Análisis del desenlace de esta tremenda serie.

 


jueves, 27 de abril de 2023

Miniseries ocultas: 7 recomendaciones (y dónde encontrarlas)

 

¡Nada de estirar el argumento en innecesarias temporadas! Estas series empiezan y terminan en una única tirada de episodios, redondeando historias tan sólidas como atractivas. Estas 7 miniseries no son muy conocidas y yo las considero joyitas. ¿Cuáles son y donde encontrarlas?

 


miércoles, 27 de abril de 2022

5 series recomendadas de Amazon Prime Video

 

Netflix sigue liderando el negocio del streaming, pero su popularidad bajó bastante. Mientras tanto, Amazon se mantiene firme, con un precio (inexistente) de 523 pesos en Argentina y un gran catálogo de series. En esta nota: 5 series recomendadas de Amazon Prime Video.


 

viernes, 25 de junio de 2021

Los mejores episodios especiales de Supernatural


Con 15 temporadas completadas, Supernatural es la serie de fantasía actual más larga de la historia de la televisión americana. En el aire desde el 2005, tiene una de las bases de fans más importantes de Internet y, aún finalizada, continúa brindando recuerdos memorables. En gran parte porque supo cómo divertirse consigo misma. En esta nota, este fan-boy repasa los mejores episodios especiales de Supernatural.


miércoles, 18 de diciembre de 2019

Mis 10 series favoritas de la década (2010-2019)


Veo muchas series. Tantas que termino perdiendo la cuenta… con lo cual no fue fácil armar esta lista. Hice una preselección y me encontré con más de 30 producciones. En el medio tuve que dejar afuera a joyitas que iniciaron antes del 2010, como Mad Men (2007-2015), Breaking Bad (2008-2013), Supernatural (2005-2019) y One Tree Hill (2003-2012), mi gran placer culposo por excelencia.



jueves, 12 de diciembre de 2019

Una conversación sobre nada


La ficción a veces presenta una conversación larga, divagante y aparentemente improvisada entre los personajes sobre algo que no tiene sentido (como botones sueltos de una camisa). Cuando esto sucede, ellos le dedicarán tanto esfuerzo intelectual como los miembros de un equipo de debate, lo que lo hace aún más inútil (y probablemente más gracioso).


martes, 1 de octubre de 2019

One Tree Hill y el soundtrack de mi vida


¿Alguna vez le agradecieron a una serie de TV o película porque les permitió descubrir algunas de sus canciones favoritas? Yo sí. La música es demasiado importante en mi vida, aunque no creo estar diciendo nada nuevo. Al fin y al cabo, melómanos somos todos.

Dos shows fueron especialmente importantes para mí, musicalmente hablando. Da la casualidad que también son de mis series favoritas de toda la vida. Uno es Supernatural, que termina este año en su temporada 15 y me ayudó a conocer muchísimas bandas de rock tremendas. El otro es One Tree Hill, probablemente la serie que más influyó mis gustos musicales.



martes, 21 de mayo de 2019

Nunca tendremos otro Game of Thrones (análisis Temporada 8)


Qué horrible es el desencanto. Todavía recuerdo cuando vi el primer capítulo de la primera temporada de Game of Thrones. Era una nueva serie de HBO que nadie conocía. Me acuerdo que llegó la frase “the things we do for love” y lo llamé a mi viejo para hablar de boludeces. En el medio le deslice: “che, vi el primer capítulo de una serie nueva. Está piola, pegale una mirada. Tiene potencial”.


lunes, 28 de mayo de 2018

Vuelve Arrested Development con su temporada 5


Siendo que mañana, 29 de mayo, vuelve Arrested Development a Netflix con su temporada 5 (luego de la cuarta que se estrenó en 2013) me pareció un buen momento para repasar esta producción que representa una de las grandes series de mi vida.


lunes, 11 de septiembre de 2017

Reseña: el final de Twin Peaks (2017)


Sostengo, como dije en la guía práctica para la primera mitad de la temporada 3 de Twin Peaks: El Regreso fue el evento seriéfilo del año.

El desenlace fue exactamente lo que esperaba de David Lynch y Mark Frost, realizadores que lograron, durante los 18 episodios de la serie, ir contra todos los estándares televisivos que existen.

Me gustaron mucho los últimos 3 capítulos, aunque si tengo que ser sincero: hay MUCHO relleno en la serie. De haber encarado diez capítulos en lugar de dieciocho, probablemente no nos habríamos encontrado con tantas escenas que desafían a la paciencia de todo espectador (aquellos tres minutos de un tipo barriendo el piso van a quedar en la historia, eso sí).

Las tramas principales de la historia se concluyeron de forma más o menos satisfactoria. Sin embargo, quedaron muchísimos cabos sueltos. En general me recordó un poco a la segunda temporada de los años ´90, que tuvo un gran comienzo, decayó por la mitad y repuntó con nivel para cierre.

En fin, veamos qué nos dejó el final de Twin Peaks (2017).

#Spoilers, obvio.

***

Judy: lo que sí sabemos (y lo que queda por descubrir)

Gordon Cole hizo dos grandes revelaciones que ocurren cronológicamente después de la escena en la que se muestra que Diane era una tulpa. Primero: ¿quién es Judy? Al parecer es la forma abreviada de Jowday (¿?), una fuerza maligna que descubrió el Mayor Briggs y que luego comunicó a Cooper, Cole y Jeffries.

Esa escena nos revela también que Ray (el mismo que murió en la granja) era informante del FBI desde el principio. Con esto se termina de comprender el tema de la cárcel, trabajar para Jeffries y pasar información de las misteriosas coordenadas.


De todas maneras, esas limitadas respuestas dejan todavía más interrogantes: por ejemplo, ¿cómo se relaciona Judy con el bicho del episodio 8 y con Sarah Palmer? ¿A qué se referiría Jeffries en la escena en que le dice a Evil Coop que él ya se ha encontrado con Judy? ¿Qué pasó con Jeffries? ¿Por qué en The Missing Pieces se refieren a Judy como una “mujer joven”?

Y eso sólo en relación a algunas pocas cosas. Veamos:

¿Dónde está verdaderamente Audrey Horne? ¿Qué es de la caja misteriosa que vimos el inicio de la serie? ¿Qué carajo fue la niña zombi que estaba en el auto? ¿A dónde cruzan Cooper y Diane? ¿Quiénes son Richard y Linda? ¿Quién es Billy? 

¿Qué año es en la escena final? ¿Quién es el tipo muerto en la sala de Carrie Page cuando llega Cooper? ¿Por qué grita Carrie Page en el final? ¿Qué es realmente Sarah Palmer? ¿Qué Cooper lleva a Laura/Carrie de vuelta a Twin Peaks?


Y, al mejor estilo Lost in Translation: ¿Qué le susurra Laura a Dale Cooper? 


Si pensamos que Lynch iba a dejar respuestas claras, fuimos unos ingenuos.

¿Qué demonios estuve viendo?

No voy a hacer un recap completo de la serie porque ya otros lo han hecho y con mucho detalle. Sí me voy a referir a los últimos dos capítulos.

Lo que es innegable es el hecho de que Cooper parece haber tramado la mayor parte de las cosas que vimos en esta temporada. Una temporada que estuvo apoyada en un argumento atípico. Desde el intencionado desorden de secuencias hasta cambios brutales de género, escenas tediosamente largas y cosas rarísimas que ocurrían sin aparente causa o repercusión.

Si les parece que es un quilombo, no están errados.

Las obras de Lynch son como sueños (o como pesadillas) sin demasiada coherencia narrativa. Por eso puede hablarse tanto de Mulholland Drive (considerada la mejor película del siglo XXI) o de Lost Highway (mi película de Lynch favorita). No pueden entenderse de forma convencional porque no buscan hacerse entender con los cánones que se manejan.

El episodio 17 fue el verdadero desenlace. BOB siendo disparado por Lucy, Cooper llegando a tiempo para ver a los Leñadores resucitar a su doppelgänger, la esfera de Bob saliendo de su cuerpo, Cooper (que sabía quién era Freddy, así que suponemos que su llamada por parte del gigante forma parte del plan de los dos desde el principio) pidiendo al extraño personaje inglés que derrote a Bob-esfera-maligna. Naido, la mujer ciega, era Diane.

Una maravilla tan bizarra como melodramática, fiel al estilo de Twin Peaks.


Sin embargo, el camino que Lynch y Frost tenían planeado estaba lejos de esa nostalgia conformista que habría hecho del revival algo menos novedoso y sorprendente. Si los creadores estuvieron lejos de responder a la norma televisiva durante toda la temporada, ¿por qué habrían de hacerlo en el último episodio?

El críptico episodio 18

El episodio 18 es como una suerte de epílogo. Evil Coop arde en la sala de espera. Cooper vuelve a la logia tras perder a Laura en el bosque por culpa de Sarah/Judy (gran conexión con Fire Walk With Me ahí. Película que es fundamental para comprender mejor esta historia).

Con Diane, emprenden juntos un viaje por carretera que los lleva a una zona de autopista idéntica a la que recorría Evil Coop en el episodio 2. Ambos protagonizan una escena de sexo triste, oscura, —y violenta en su calma— en la que Cooper a veces parece volver a ser su alter ego malvado.

Nuestro héroe despierta para leer una carta de Diane. Se fue, pero no es Diane, sino Linda. Y él es Richard. Sale de lo que parece es otro motel, y llega hasta otro coche distinto. El episodio no deja de ser un what-the-fuck constante. No paran de surgir preguntas.



Luego de una escena en una cafetería, Cooper llega al hogar de una Laura alternativa, la Laura/Carrie Paige que nunca murió, la que está perdida en el mundo real. Ambos inician ese viaje en coche, largo y monótono, hacia la casa de los Palmer. (Hay mucha carretera en este final, recordando muchísimo a Lost Highway).

Y en casa de los Palmer (que ahora es de Alice Tremond) no encuentran lo que buscaban. Cooper pregunta qué año es. Se oye el grito del primer episodio de Sarah llamando a Laura… y Laura grita. Y entonces, una vez más, las luces se apagan y el grito de ella se asfixia en la oscuridad.

Un final abierto, pero perfecto. Las pesadillas nunca terminan.

Teorías para los próximos 25 años

Hay que hacerse la idea de que este es el verdadero desenlace de la serie y que no habrá continuación. Y puedo vivir con eso. Van a existir teorías por mucho tiempo (de hecho, ya las hay, como la fascinante idea de los 5 universos).

Quien diga que entiende todo lo que sucedió en Twin Peaks este año, miente. No vinimos a eso. Sin embargo, yo no solo estoy satisfecho, creo que las 18 semanas que me hicieron vivir David Lynch y Kyle MacLachlan (que merece un reconocimiento como tremendo actor) es una de las experiencias más sorprendentes e irrepetibles que viví. Su atractivo es inexplicable desde la lógica.

Es algo desenfrenado, visceral.

Si sos apasionado del arte de Lynch, esta quizás sea su obra maestra (necesitaríamos dejar pasar el tiempo para poder decirlo realmente). Es un proyecto que, fiel a su estilo, va contra todo lo que esperamos. Es una lucha entre el bien y el mal de la forma menos tradicional concebible. Sus historias son como sueños, son surrealistas, vívidas, y extrañamente familiares.

Haya o no haya otra temporada (creo y espero que no), el final de Twin Peaks va a tener teorizando a sus seguidores por otro cuarto de siglo. Más que un canto a la nostalgia (y al fanservice) la serie fue la voz de un autor libre que hizo exactamente lo que quiso.

Con esto no digo que no tenga fallas. Ciertamente podría haberse acortado bastante. Pero banco que el cineasta no se dejó guiar por nadie ni se volvió blando. Su visión, y la fascinante mitología de la serie, quedaron intactas, sin el toque de los malignos productores televisivos.

Palabras finales

Twin Peaks: The Return terminó. Esta temporada fue mucho más oscura y arriesgada que las dos anteriores, mostrando la faceta más personal de Lynch (recordemos que la temporada se emitió por Showtime, un canal para adultos, contra la original de ABC –un canal más familiar).

Cuando parecía que todo iba a resolverse en el capítulo 17, la historia se tornó muy oscura, experimental y terrorífica en el episodio 18, que es otra película de Lynch que bien podría ser la sucesora espiritual de Mulholland Drive y Lost Highway.


Los dobles del universo de Lynch –la dualidad es un tema muy recurrente en su obra– son representaciones de una fantasía que esconde un acto terrible, complejas proyecciones psicológicas que evocan (como en un juego de espejos, de imágenes simbólicas) una realidad alternativa. El símbolo de esa conexión en el autor es, frecuentemente, una autopista con las líneas de separación de carriles de color amarillo.

Por eso creo que el último episodio, aquel desvío por carreteras perdidas y pesadillas sin final, fue una brillante manera de dar cierre.

Lynch y Frost hicieron de la metaficción su principal arma, desde esos primeros capítulos en los que una pareja se sentaba a mirar una caja en un sofá y terminaban siendo asesinados (¡JA!) hasta las continuas autorreferencias, parodias de sí misma, guiños a los fans y escenas ridículamente largas. ¡Ah, y el insoportable Dougie Jones!

Sí, muchas cosas sobraron y hubo personajes que resultaron inservibles. Pero la serie se mantuvo fiel a sí misma, siempre, hasta el final. Eso lo banco.


«Somos como el soñador que sueña y, después, vive dentro del sueño. Pero, ¿quién es el soñador?»

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martes, 29 de agosto de 2017

Un análisis de la 7ma temporada de Game of Thrones


Y esto es todo el Game of Thrones que vamos a tener hasta, posiblemente, el año 2019, cuando llegue la octava y última temporada. En la mesa no queda mucho más que alguna que otra teoría de fans dando vueltas (como el hecho de que, de algún modo, Bran podría ser el Rey de la Noche, gracias a la habilidad del Cuervo de Tres Ojos para viajar en el tiempo).

"The Dragon and the Wolf", el séptimo y último episodio del año, fue un clásico cierre de temporada. Luego de los intensos eventos del capítulo anterior, en aquella travesía loca al norte para conseguir a un muerto vivo para Cersei, el desenlace resultó ser el episodio más largo de la serie (80 minutos) y con mucho más diálogo que cualquier otra cosa.

Creo que la temporada 7 tuvo sus puntos altos, sin duda. Uno de ellos lo mencioné en mi nota sobre Game of Thrones y el Dilema del Prisionero.

Sin embargo, la sentí como una secuela directa de su año anterior. La tendencia que comenté durante el análisis de la sexta temporada es más marcada ahora: la creciente pérdida de realismo, las inconsistencias geográficas (con personajes que se trasladan por Westeros a velocidades imposibles), las inconsistencias narrativas, etc.

Me remito a lo que dije el año pasado: Game of Thrones es ahora un fan-fiction (lo viene siendo desde mitad de la quinta temporada).

***

#SpoilerAlert - Duh!

***


El simbolismo en la muerte de Littlefinger

La muerte de Littlefinger era el momento más esperado de la serie desde que Joffrey se atragantó con el veneno de la Reina de Espinas. No resultó una gran sorpresa (nada en el capítulo final realmente lo fue) y representó otro de los momentos “para fans” a los que el show nos (mal)acostumbró en los últimos años.

Todo lo que sucedió este año en Winterfell, con las miraditas de Littlefinger, sus juegos obvios y poco sutiles, y el melodrama entre Sansa y Arya que podría haberse resuelto con tres minutos de conversación, me pareció lo más flojo de la temporada 7.

Personajes que supieron ser muy ricos, y que vivieron cosas tremendas a lo largo de varios años (aprendiendo lecciones invaluables) parecieron protagonistas de Gossip Girl gracias a los guiones tontos–sin una base en el material fuente– del equipo creativo.

Hoy la serie está plagada de personajes con “armadura narrativa”, y los días de “cualquiera pueda morir” terminaron hace rato. Ni siquiera Tormund o Gendry creo que vayan a morder el polvo antes de hacer lo que se supone que tienen que hacer (según el manual de las series de televisión). Es decir, reencontrarse con Brienne y Arya respectivamente.

La serie es, ahora más que nunca, un show tradicional de la televisión, cuando supo ser algo completamente diferente. Vi la primera temporada de GoT cuando nadie la conocía (y nadie daba dos mangos) y me voló la cabeza. Recuerdo haber charlado con mi viejo y los dos decíamos: “che, qué buena primera temporada, la puta madre”.

Las cosas siguieron para bien durante varios años. Ya para la tercera, todos veían GoT (con mi mujer la volvimos a comenzar desde el principio para ponerla a ella al día). Y el desencanto llegó a mitad de la temporada 5 cuando todos, incluso los espectadores más casuales, comenzamos a notar que la serie perdía su esencia.

Menciono esto porque creo que la muerte de Littlefinger fue algo grande, pero también tradicional. No fue una Boda Roja, ni una Boda Púrpura. No fue la decapitación de Ned Stark. Es un hecho notable porque el pícaro de Petyr Baelish estaba dando vueltas desde el episodio piloto, y es el villano al que podemos hacer responsable de disparar el conflicto más atractivo del show.


Excepto que no es el culpable de todo, como Sansa dijo. Hay dos personajes cuyas tramas no tuvieron absolutamente nada que ver con las manipulaciones de bigote. Jon Snow (perdón, Jon Sand… no… Aegon Targaryen) tuvo un sendero del héroe en su lucha en el Norte contra los salvajes y luego contra el Rey de la Noche. Y Dany conquistó Essos.

En realidad, estuvimos viendo tres series paralelas dentro de una misma serie:
  1. La canción de Hielo => Jon Snow y su lucha en el muro.
  2. La canción de Fuego => Daenerys y su lucha en Essos.
  3. El juego de tronos, o la “Guerra de Littlefinger” => todo lo demás.

El juego, esa intriga política tan picante de arreglos secretos, murmuros, traiciones y alianzas, es lo que a muchos realmente los llevó a amar Game of Thrones. Mientras tanto, Jon y Dany fueron pistolas de Chejov, no terminarían de cumplir su rol en la historia hasta volver al centro de la acción (y no morirían en el proceso). Sabíamos que nada les iba a suceder aunque la cosa se complicara en serio o aunque Jon estuviese literalmente muerto.

Cuestión que las tres historias se fusionaron cuando Jon cabalgó al sur y Dany navegó hacia el este. Como Jon Snow dijo:
«Only one war matters—and that war is here.»

En otras palabras: llegó finalmente la Canción de Hielo y Fuego. El Juego de Tronos terminó.

Esto deja al pobre Littlefinger en un problema grave, porque aquel juego de manipulaciones es el único que conoce. En la temporada siete se lo vio perdido, descentrado, como cuando un buen jugador pierde la magia y no sabe cómo recuperarla. (No lo culpo a él, sino a los escritores que no le encontraron la vuelta a su personaje).

Littlefinger fue sólo una sombra de lo que supo ser antes, lo cual me enferma porque sus juegos mentales eran demasiado obvios y nunca entendí por qué estuvo toda la temporada en Winterfell haciendo nada.

La cuestión es que, desde una perspectiva narrativa, era hora de que Littlefinger se fuera, y siempre estuvo claro que sería alguna de las Stark quien lo invitara a retirarse. Su muerte nos habla también de la muerte del show como drama político inspirado en la edad media.

Sólo nos queda la fantasía más pura, la batalla contra Caminantes Blancos, zombies y dragones de hielo. Ya no hay lugar para más conspiraciones.



Tenemos que hablar de Ned

La sombra de Ned Stark fue el gran leitmotiv de este año. Creo que ninguna temporada antes mencionó al bueno de Ned tanto como ésta. Están la nobleza y honestidad de Jon, las lecciones aprendidas de Sansa y Arya, etc. En una temporada que encontré sobrecargada de referencias y guiños a las primeras temporadas (de nuevo: “tenemos que satisfacer, y mucho, a nuestros fans”) el recuerdo de Ned me pareció de lo más interesante.

Junto con la muerte de Littlefinger, que cerró la rama política de la serie para dar pie a la fantasía, siento que el show terminó de despedirse de Ned durante estos siete capítulos, donde varios personajes lo recordaron y homenajearon a su modo.

Ned Stark tuvo solamente nueve episodios en la serie (si no contamos sus flashbacks de chico) y es, probablemente, el personaje con la barrita de moralidad más alta, aquella con la que se mide a todos los demás. 

Su participación en la primera temporada hizo eco durante todala serie y disparó el conflicto de la Guerra de los Cinco Reyes. Les dio forma a los jugadores de la nueva generación de héroes, no sólo Jon, Arya, Sansa y Bran, sino también a Theon.

Esto me lleva también a pensar que (aunque, lamentablemente, no va a pasar) me gustaría mucho que Sam y Bran no le digan nunca a Jon su verdadera identidad. ¿Cuál es el motivo real para hacerlo? ¿En qué cabeza entra que eso sea una buena idea? Una anagnórisis en este momento es lo menos útil para Jon (y para Westeros en general). Considerando que sólo ellos dos lo saben, bien podrían guardárselo.

No comprendo los razonamientos de Bran –de nuevo, culpa de los escritores. Por momentos dice y parece no importarle nada, porque ahora es una especie de Dr. Manhattan que ve todo. Se mantuvo frío con sus hermanas, aunque las ayudó con Littlefinger. Y, por alguna razón, está convencido de que “hay que contarle a Jon”. A lo mejor es porque sabe algo que nosotros no, pero, en serio, ¿de qué puede servir?

A todo esto, qué grande Sam, robándose crédito por el descubrimiento de la herencia de Jon. Cómo me habría gustado que Gilly estuviera ahí para verlo.

Lo que nos dejó la temporada 7

La caída del muro es exactamente la imagen que tenía en mi mente para el final de la temporada 7. Cómo iba a pasar es algo que se respondió solo con el final del capítulo 6, un espectacular episodio, súper intenso y épico, que no dejó de ser mágicamente conveniente.

Es increíble que los Caminantes Blancos hayan recorrido tan poco camino en siete temporadas cuando Jon y Dany pueden hacerse Westeros de una punta a la otra en cuestión de minutos. Hasta Gendry puede correr hasta el muro sin demasiadas complicaciones, aparentemente.

Justamente estas cuestiones son las que me molestaron durante este año. En ese afán frenético por cerrar tramas, generar encuentros entre dos personajes y complacer a los fans, los creadores se olvidaron de todo lo que hizo de Game of Thrones algo grandioso en un primer momento.

La distancia enorme entre dos puntos funcionaba como conflicto a nivel argumental. Muchas tramas estaban directamente relacionadas con la dificultad de recorrer aquel mundo peligroso e inhóspito.

Ahora todos parecen tener un jetpack atado a la espalda, y las distancias se ajustan de acuerdo a las necesidades de la historia. Si a esto le sumamos las conveniencias y grandes casualidades de cualquier show de televisión tradicional, lo que nos queda es la idea de que Game of Thrones es uno más del montón. (¡En serio, qué chiquito es Westeros que todos se cruzan con todos!)

La temporada siete es la que más pecó de los estereotipos que se ajustan a la televisión actual.

Game of Thrones ya dejó de tomar riesgos, y no necesita hacerlo. El final del juego está próximo. Si antes podíamos saltar a cinco, seis, siete u ocho lugares e historias diferentes en un mismo capítulo, ahora tenemos, como mucho, tres o cuatro lugares por episodio. Los personajes son cada vez menos también, y los lineamientos para el final están más o menos escritos.

No hubo demasiadas cosas en esta temporada que me hayan sorprendido realmente. Con esto no quiero decir que no la haya disfrutada enormemente. Sería muy hipócrita no admitirlo. Sí siento que es un buen momento para cerrar la serie.

Una bolsa mixta de pros y contras

Game of Thrones temporada 7 fue una bolsa mixta de aciertos y desaciertos. Hubo escenas de batallas espectaculares, mucho más que en cualquier otra temporada, y grandes revelaciones, pero aquellos buenos momentos estuvieron contrapuestos con decisiones argumentales muy extrañas.

Para muchos Arya matando a todos los Freys fue la forma ideal de comenzar la temporada, la merecida venganza contra Walder Frey. 

A mí me resultó insípida.

 ¿Cómo funciona la magia de los Hombres sin Rostro? Nunca me quedó claro. Ahora parece que podés convertirte en la persona, con sus gestos, tono de voz, altura. 

Lo peor de todo es que este hecho nunca tuvo repercusiones en la historia y Arya no hizo mucho más durante el resto del tiempo. A menos que contemos cuando ella conoció a Ed Sheeran: el peor y más estúpido cameo en la historia de GoT.

Este año me encantó Davos (MVP en mi lista de favoritos). Disfruté mucho de Dany también, desde su imponente llegada a Dragonstone hasta sus interacciones con Jon, Tyrion, Jorah y los demás. Al fin dejó de ser una llorona quejándose por sus dragones para convertirse en la reina que tiene que ser. Especialmente me gustaron sus conversaciones con Tyrion, el gran jugador de la temporada (y de la serie también). 

(Por cierto: ¿qué onda con esa mirada extraña del enano cuando tía y sobrino finalmente se acuestan?).


Del mismo modo, fue magistral la charla previa a la muerte de Olenna. Se va a extrañar a la Reina de Espinas. Fundamental y arrolladora escena con Jaime Lannister. (El episodio 3: The Queen´s Justice, es el mejor de la temporada).

Y, sin embargo, todo se sintió muy apresurado, sacrificando el realismo e hiriendo un poco a la fantasía en el camino.

Eventos que podrían haberse resuelto con más tiempo tuvieron un cierre apurado mientras que otras historias (léase: Sansa y Arya en Winterfell) nos llevaron todo el tiempo de la serie. La decisión de tener siete episodios contra los diez clásicos no terminó de convencerme, y creo que GoT se habría beneficiado con tres horas adicionales.

Este ritmo frenético hizo que quedaran muchos cabos sueltos, incluso si nos olvidamos por completo de la velocidad con la que se movían algunos personajes.

¿Por qué Tyrion fue tan malo para armar planes y estrategias? ¿Por qué Littlefinger fue tan denso e inútil? Mientras tanto, nunca vamos a entender cómo Jaime y Bronn nadaron lejísimos con una armadura tan pesada, o cómo hizo Euron para armar tantos barcos. ¿Cómo salieron los inmaculados de Casterly Rock? ¿Qué pasó con Ellaria y su hija? ¡Y por el amor del Dios Ahogado! ¿Dónde está Ghost?



La gran pregunta de todos, que me gusta llamar “El dilema del Señor de los Anillos” es: ¿Por qué no usó Dany sus dragones para llegar al norte y eliminar a los Caminantes Blancos?

Cuestiones como éstas abundaron, y le hicieron perder calidad a una serie que supo estar en los detalles. Es evidente que la prosa de George R.R. Martin no está presente, y se la extraña.

Ojo, los creadores han sabido crear muchas escenas que no están en los libros (Robert y Cersei, Varys y Littlefinger) y demostraron muchísima capacidad creativa. Pero ahora da la impresión de que se están quedando sin ideas.

***

Palabras finales

No quiero dejar la impresión de que odié esta temporada, porque no fue así. Sí la encuentro la más floja de todas hasta ahora, mostrando un descenso en calidad que viene siendo tendencia. 

Definitivamente, la próxima temporada es el momento justo para cerrar la serie.

A esta altura, es cuestión de aceptar cómo es Game of Thrones ahora y aferrarse igual, como un Lannister a su copita de vino. Se ha vuelto mucho menos sutil, reiterativa y poco realista. Aunque a la vez forjó un universo del que no nos podemos desprender con facilidad.

La intensidad y el cariño se mantienen, si bien se extrañan las sólidas bases del libro a la hora de armar situaciones con cierta lógica (incluso dentro de un mundo de fantasía). Faltando nada más que seis episodios, yo ya acepté sus defectos y aprendí a convivir con ellos. 

Espero, como espera Tormund tener un poco de amor francés con Brienne, que llegue el inevitable final.

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► Mi calificación de la temporada: 6,5/10. (Como referencia, la anterior fue un 7/10 y las primeras dos creo que son un 10/10).

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