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miércoles, 7 de enero de 2015

“Hombre Mirando al Sudeste” y los plagios


El horror de cualquier escritor. El plagio es, esencialmente, tomar partes del trabajo de otra persona y hacerlo propio, sin citar a la fuente. Es un tema delicado porque los límites entre el “plagio” y las “influencias” son muy difusos, e incluso se han comprobado muchísimos casos de “creación colectiva”, donde dos personas sin posibilidad de conocer el trabajo del otro han llegado a descubrimientos idénticos, escritos prácticamente iguales o ideas análogas.

En la ficción, el término “plagio” tiende a malinterpretarse bastante. Si dos historias tienen elementos similares, no implica necesariamente que una sea un ripoff, un robo, de la otra. Prácticamente todas las historias nuevas son influenciadas por cosas que han llegado antes, y situaciones que el mismo autor ha experimentado.

En el blog he reseñado muchísimas obras o películas que fueron fuentes de inspiración para otras tantas. Recientemente tuvimos el ejemplo de una película con trama de tipo “juego mortal”: “Los juegos del hambre” (2011), que siempre es comparada con la cinta japonesa “Battle Royale” (2000). Pero la realidad es que esta última está fuertemente inspirada en The Running Man, una novela de Stephen King que tuvo su adaptación al cine en 1987 con Schwarzenegger.

► “Everything is a Remix”, genial video que muestra como todo lo que vemos hoy es un compilado de cosas del pasado:


Todas las películas que utilizan la narrativa del “Camino del Héroe” (como la definió Joseph Campbell en 1949) inevitablemente van a tener muchísimos puntos en común, y este artilugio literario es el más famoso y comercial de todos: Harry Potter, Matrix, El Señor de los Anillos y Star Wars son todos ejemplos modernos de esta forma de contar una historia.

"The secret to creativity is knowing how to hide your sources."
— Albert Einstein.

Otra cuestión muy debatible es lo que sucede en el cine cuando vemos una película con similar trama pero distinta ambientación. “Black Swan” (2010), de Darren Aronofsky, no es exactamente una remake de la japonesa “Perfect Blue” (gran película del genial Satoshi Kon), pero sí es prácticamente idéntica. La diferencia es que en Black Swan tenemos a una bailarina de ballet en lugar de una cantante pop. En este caso hay que aclarar algo que no muchos saben: Aronofsky tiene los derechos de “Perfect Blue”, y por eso se ha tomado la libertad de utilizar varios planos, ideas, temáticas y escenas que se encuentran en esa película para otras de sus producciones (Réquiem por un Sueño tiene varios planos de esta cinta también).

Para complicar más las cosas, hay algunos pocos casos donde copiar directamente el trabajo de otro es aceptable: en las remakes, en las parodias, en los homenajes y en los llamados shout-outs. Un shout-out es el menos controversial. Es un pequeño momento donde se hace una referencia directa a otra obra, y queda claro que la idea fue dar por entendido que es una referencia. Un ejemplo es cuando se usa la frase “Luke, soy tu padre” (que suele ser incorrecta) en diferentes ficciones para generar risas entre los espectadores. El homenaje y las remakes tienden a ser más difíciles de defender.

Todo esta (tediosa) introducción la armé para hablar del plagio más conocido en nuestro país (Argentina). Aunque, claro, sigue siendo complejo confirmar que efectivamente hubo “plagio”. Cuando en 1986, el director Eliseo Subiela estrenó “Hombre Mirando al Sudeste”, nadie le dio demasiada importancia. En el ámbito local tuvo buena recaudación, pero no se hizo famosa fuera del país.

Sin embargo, varios años más tarde Hollywood dio luz verde a K-PAX (2001), una película protagonizada por Kevin Spacey y Jeff Bridges. Fue allí cuando quedó en evidencia que las dos películas compartían una trama curiosamente similar.

El argumento (de ambas) es más o menos así: un hombre enigmático y sin pasado verificable, internado en un psiquiátrico, asegura que es un ser de otro planeta. Un doctor descreído lo atiende y, poco a poco, comienza a creer lo que este extraño individuo afirma. De hecho, el paciente parece tener poderes y la capacidad de hacer milagros.

Cuando K-PAX salió en Estados Unidos, nunca se indicó si era una remake, un homenaje o una adaptación. De hecho, la fuente de la película fue una novela que publicó un tal Gene Brewer en 1995. Quienes hayan visto ambas películas no pueden negar el parecido indudable.

Mi hermano estudio cine en la escuela de Subiela, y él mismo me contó que el director relataba a sus alumnos la penosa historia en clase. Subiela demandó por plagio a Brewer y a los productores de K-PAX, pero tuvo que retirar la demanda años después porque todo se estiraba demasiado, estaba perdiendo muchísimo dinero y comenzaba a tocar fondo.

Cuando Subiela se echó hacia atrás, Gene Brewer sacó un nuevo libro donde explicaba la inspiración para su saga K-PAX (se titula: “Creating K-PAX or Are You Sure You Want to Be a Writer?”). 


(Perfect Blue vs Requiem for a Dream)

Incluso Brewer afirmó, en relación a la acusación:

“Nothing could be further from the truth... it's a total coincidence... if you want to say it's the same generic idea, maybe, but if you see the movie you'll find an enormous amount of differences.”

Está claro que las películas tienen sus diferencias. 

“Hombre mirando al Sudeste” es más oscura e intrigante en cuestiones filosóficas y existenciales, y cuenta con referencias interesantes a “La invención de Morel” (de Adolfo Bioy Casares) así como una clarísima simbología cristiana. K-PAX, en cambio, es más light-hearted, más superficial (si se quiere), tiene más humor y es ambigua en cuanto al hecho de si el paciente es verdaderamente un extraterrestre o nada más que un loco. Pero las posibilidades de que el autor Gene Brewer no haya escuchado nunca de “Hombre Mirando al Sudeste” cuando escribió K-PAX –hay que decirlo– son muy vagas.

Eliseo Subiela tampoco listó las fuentes para su obra, pero todo parece indicar influencias de las últimas novelas autobiográficas de Phillip Dick: más específicamente, “VALIS” y “The Transmigration of Timothy Archer”. Incluso, Subiela hace el homenaje más explícito al llamar a su personaje femenino: 'Beatriz Dick'.

► Personalmente me perturba saber que Hollywood no tiene escrúpulos a la hora de tomar ideas ajenas. Se ha demostrado infinidad de veces. Para colmo, cuentan con el poder adquisitivo para ir en guerra con cualquier persona que los culpe de ser ladrones de ideas. 

Creo que “Hombre Mirando al Sudeste” es una película superior, más profunda y delicada que su contraparte yanqui. Uno de estos días la voy a analizar un poco más en detalle.


"Your theory of a donut-shaped universe is intriguing, Homer. I may have to steal it."
— Stephen Hawking, The Simpsons, "They Saved Lisa's Brain"

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=>> Otros posts temáticamente relacionados del blog: “El lado oscuro de Oliverio Girondo”; “La feria de las tinieblas” (novela de Ray Bradbudy, 1962); “LISTA TOP-FIVE”: Citas incorrectas en el cine y en la literatura” y “La invención de Morel” (gran novela de Adolfo Bioy Casares)

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miércoles, 22 de octubre de 2014

“El sueño de los héroes”, una novela de Adolfo Bioy Casares


Después de que “La invención de Morel” me voló la cabeza, decidí seguir leyendo más obras de Bioy Casares. Eso me llevó a comprar “El sueño de los héroes” (1954), una novela extrañamente hermosa que su amigo Borges calificó como "la historia más linda del mundo".

Mucho se ha escrito sobre esta obra, textos críticos y análisis extensísimos de las temáticas que explora, o de su novedosa forma de incorporar lo fantástico. Mi motivación es, únicamente, delinear algunas cuestiones que me parecieron interesantes e invitar al lector a que le dé una oportunidad a una de las obras fundamentales de la literatura argentina del siglo XX.

► “El sueño de los héroes” en formato PDF y para descargar: http://goo.gl/xFd9Km

En la novela, Bioy Casares vuelve a sus tópicos del tiempo y la memoria que hicieron de “La invención de Morel” una experiencia de lectura tan fascinante. En este caso, es el año 1927 y Emilio Gauna, un mecánico de clase media-baja en Buenos Aires, acaba de ganar 1000$ en las carreras. Como es joven y no tiene responsabilidades (ni familia) decide quemar la plata con sus amigotes durante tres días en el carnaval. Pero en la tercera noche algo le sucede, una suerte de revelación o iluminación que no va a poder recordar al día siguiente.

#SpoilerAlert: aunque no pienso develar (del todo) el sorprendente final, a partir de este momento es posible que se revelen partes fundamentales de la trama.

Esta tercera novela de Bioy Casares es mucho menos fantástica que Morel y más sobre crecer, asumir responsabilidades y desafiar al destino. En el curso de su narrativa, a lo largo de tres años, vemos como Gauna deja sus vicios y la mala junta para casarse (un rol que nunca terminar por aceptar del todo) y así convertirse en una persona respetable. Pero eso no le impide seguir investigando el extraño suceso que guarda en algún lugar recóndito de su memoria.

Lo que más me gustó de “El sueño de los héroes” es que todo cobra muchísimo sentido en las últimas páginas. De hecho, con algo más de doscientas páginas, el elemento fantástico apenas se deja entrever en las últimas diez. Lo que podría haber sido una historia normal, convencional, llena de casualidades, acaba siendo un extracto de hechos ineludibles en los que el Destino hace caer las piezas como fichas de dominó.

Por momentos la narrativa se vuelve muy slice-of-life, relatando los hechos cotidianos, del día a día, del protagonista, y el misterioso evento pasa a un segundo plano. 


Pero en realidad cada momento, cada capítulo, tiene su intención, su porqué, su peso en la trama. Y el final (¡oh, el final!) me pareció perfecto, tan perfecto que me enojé conmigo mismo por no verlo venir. Sorprendente, aunque increíblemente esperable.

Tres años después del “suceso” (en 1930) Gauna vuelve a ganar dinero en las carreras e intenta reconstruir los tres días de fiesta de 1927, en una tentativa de recuperar su iluminación, yendo contra su misma esposa que le aconsejaba “dejarlo ir”.  ¿Por qué sus amigos no querían recordar nada sobre aquella noche? ¿Quizás el soñó todo, o es un demente? ¿Alguien está conspirando contra Emilio Gauna? Lo genial es que Bioy Casares plantea todas estas posibilidades y las deja abiertas para que el lector cree sus hipótesis.

La reconstrucción de su viaje es el punto de inflexión donde todo comienza a hacerse evidente. Bioy Casares, con una maestría en la escritura y una gran habilidad para crear tensión, nos va llenando los vacíos que existieron en el primer viaje de 1927. Y el viaje es maravilloso. Aunque “El sueño de los héroes” no posee un ritmo vertiginoso, o una trama que enganché completamente y en todo momento, sí se destaca por un estudio de personajes fino, sutil. Una conversión y un fatal retorno.

Fiel a la trama realista que plantea, el autor ubica al relato en diferentes arrabales porteños: los barrios de Saavedra, Villa Luro  y Barracas —durante las noches de carnaval, en clubes y bares—. Utiliza modismos argentinos, pero no alcanza el nivel de lunfardo de otras obras (como “Los siete locos, de Roberto Arlt). Él mismo comentó que el argumento es una excusa para poner en evidencia la vida de los jóvenes en Buenos Aires. Aquel fue el tema central en su escritura. En efecto, la “obra condensa personajes masculinos no terminados, como adolescentes empedernidos que buscan reconstruir lo perdido” (como describe la periodista Silvia Hopenhayn).

El manejo del lenguaje, por ejemplo, es magistral. Personajes absolutamente opuestos, como el doctor Valerga y el Brujo Taboada, hablan de maneras muy disímiles. Lo mismo sucede con los chicos del barrio, que tienen su propia jerga.

Temáticas exploradas

Personalmente creo que la trama tiene como tema central, no una localización, ni un argumento, sino una emoción en particular: el desencanto. Nunca se puede pasar en la vida por el mismo punto, todas las experiencias nos enseñan cosas, pero quedan en el pasado. 

Uno debe aprender a seguir hacia adelante y no vivir de la nostalgia, o de la memoria de cosas perdidas. Emilio Gauna, en sus monólogos internos, batalla contra esta idea de tener que crecer, evolucionar.


El desencanto está indisolublemente asociado al paso de la adolescencia a la madurez (que acarrea empezar a asumir responsabilidades, sobrevivir a las rupturas amorosas, cambiar las amistades, etc.) y a la inevitabilidad del destino. A lo largo de 3 años en la vida de Emilio Gauna, Bioy Casares presenta toda una amalgama de emociones y transformaciones que lo llevan a cambiar la amistad por el amor en la juventud. Más si le sumamos el aspecto fantástico, que advierte al lector de lo peligroso que es intentar repetir el pasado, no por volver a sufrir los mismos errores, sino por el riesgo que supone la exposición a situaciones evitadas anteriormente.

Estoy empezando a creer que Bioy Casares es uno de esos escritores que permanecen imperturbables ante el dolor de sus más queridos personajes. (Algo parecido a George Martin y su Game of Thrones, ¿capaz?) Al igual que en “La invención de Morel”, Gauna es empujado a un desenlace del que nunca puede escapar. Es excelente como retrata el estudio interior de su protagonista, su deseo incontrolado de llegar al final, de su impulso irrefrenable, del deseo incontrolado de llegar al final de una situación que lo supera.

La idea del destino también se entrelaza con el tópico del tiempo, tema recurrentemente de Bioy Casares (y característica que comparte con Borges). Aunque no lo sabemos hasta el final, a Gauna se le concede una segunda oportunidad, por motivos extraños, que altera el tiempo cronológico. Durante los años 1927 a 1930 está viviendo de tiempo prestado y tiene la responsabilidad de corregir el curso, escapar del destino, aprovechar esta oportunidad de la mejor manera posible.

Gauna encuentra en el carnaval de 1927 la primera culminación de su vida, pero una espesa bruma etílica cubre los acontecimientos de esos tres días. El primer capítulo ya permite vislumbrar los indicios de lo fantástico en el relato; el narrador omite la explicación racional de lo sucedido en ese tiempo. 

Esta omisión por parte de un narrador (claramente) omnisciente es la pauta que confirma que lo que sucedió en los bosques de Palermo esa noche, realmente no tiene explicación (por ende, no puede ser narrado).  A partir de este quiebre de la normalidad del relato, pasamos a ser cómplices del protagonista y también víctimas de la trama.

El problema es que Emilio nunca llega a entender que el destino le concedió otra vuelta. Él interpreta que es su chance de consagrarse como héroe, para dejar de ser cobarde. Escapa a la primera culminación de su vida; el tiempo (para él) se detiene. Pera a pesar de los intentos del brujo Taboada y su hija Clara, Emilio Gauna  acaba retomando el rumbo trágico.

La adaptación al cine

El relato fue llevado al cine en 1997, con la dirección de Sergio Renán y guión de Jorge Goldemberg. Germán Palacios (un soberbio Emilio Gauna), Soledad Villamil (Clara), Lito Cruz (doctor Valerga) y Fabián Vena son algunos de los a los protagonistas de la historia.

El director supo captar la esencia de la obra, donde el elemento mágico se introduce en un espacio del suburbio, en un universo de personajes arquetípicos del folklore urbano. A su vez, está bien logrado el efecto de ensueño a lo largo de la historia, y el juego entre lo real y la fantasía, entre lo real y lo simbólico.

La película es muy fiel al relato, aunque menos sutil, y está muy buena. Si tienen oportunidad de verla, está completa en Youtube. Pronto voy a escribir la crítica cinéfila de esta adaptación.



Palabras finales

“La vacilación —dice Todorov— es la primera condición de lo fantástico”, porque lo más importante de este tipo de relatos es que el lector dude de los acontecimientos, y es lo que me pasó al terminar esta magistral novela. Un laberinto magnífico, fatal, heroico.  “El sueño de los héroes” maneja un lenguaje exquisito, nos muestra una llamativa transformación del personaje y sorprende con una narrativa que es una especie de Odisea porteña.

Otra obra de Bioy Casares que no me decepcionó para nada.

► ¿Leyeron “El sueño de los héroes”? ¿Son de leer literatura argentina? ¡Dejen sus comentarios en el blog, así lo debatimos.

"En el futuro, el destino corre como un río. 
En el futuro está todo, porque todo es posible. 
Allí usted murió la semana pasada y allí está viviendo para siempre." 

(Adolfo Bioy Casares, “El sueño de los héroes”)
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=>> Otras posts sobre literatura argentina: “La invención de Morel” (una novela de Adolfo Bioy Casares), “Una espada para Manuel”, “Los siete locos” (una novela de Roberto Arlt) y “El lado oscuro de Oliverio Girondo”.

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martes, 24 de junio de 2014

“La invención de Morel”, una excelente novela de Bioy Casares


Adolfo Bioy Casares no sorprendió a nadie con su primera novela, La invención de Morel, en 1940. Excepto, quizás, a su íntimo amigo y mentor Jorge Luis Borges quien –siempre tan sabio– la calificó de “perfecta”. 

Hoy es una obra de culto. En efecto, recientemente terminé esta pequeña novela y no puedo considerarla de otra manera. 

Es una de las mejores novelas que leí en mi vida.

A menudo comparada con La isla del doctor Moreau, y siendo una sabida inspiración de la serie LOST, “La invención de Morel” relata las travesías de un fugitivo sin nombre en una isla aparentemente desierta. Mientras aprende los conceptos básicos de supervivencia, descubre que otras personas se hospedan en la isla con él.

► Comparto “La invención de Morel” (de Bioy Casares) en versión PDF para descargar: http://goo.gl/GCbtxh.

Como siempre aviso, en este post voy a explorar algunas temáticas de la novela, sus relaciones con LOST y brindar mi opinión personal del texto, lo cual inevitablemente llevará a que comente partes de la trama.

¡Por eso: #SpoilerAlert! Igual tranquilos: no revelo el sorprendente y ocurrente final. Dicho eso… sigamos.

Cuando el fugitivo localiza a estas personas en su isla, no las contacta de inmediato, sino que las espía. Una de ellas le llama particularmente la atención: Faustine, una francesa que contempla los atardeceres en soledad.

También espía a Morel, un científico (aparentemente) loco que se encuentra notablemente enamorado de ella.

La verdadera sorpresa llega cuando se manifiesta que todos ignoran al fugitivo por completo. Nadie parece reconocerlo. Y lo que es peor: las conversaciones y las situaciones se repiten cada semana.



► “La invención de Morel” hecha radio teatro por los geniales chicos de “Traidores de Textos”:



A esta altura de la trama, una de las cosas que más me gustó fue que el narrador se plantea varias hipótesis de lo que podría estar sucediendo, que resultaron ser teorías que yo también tenía sobre los misteriosos pobladores. Él plantea, por ejemplo, que: (1) puede estar volviéndose loco; (2) una extraña enfermedad los está afectando; (3) los turistas pueden ser extraterrestres de otro mundo; (4) está viviendo en mundos paralelos; (5) se ha convertido en invisible; (6) la isla es un manicomio y Morel el director; (7) la isla es el purgatorio, todos están muertos y él tan solo es una suerte de viajero (como lo fue Dante).


Aunque contenga fuertes toques de ciencia-ficción de anticipación y fantasía, La invención de Morel es, por sobre todo, una fábula de amor trágico. Cuando el fugitivo entiende lo que realmente está sucediendo, prepara un plan maravillosamente astuto para pasar el resto de la eternidad junto a la persona de la cual se enamoró.

Las pinceladas filosóficas le dan un toque de mística que suele gustarme mucho en las novelas. De hecho, pueden hacerse ensayos inmensos sobre las cuestiones filosóficas que se tratan en La invención de Morel. Se nombra a Thomas Maltus, al eterno retorno de Nietzsche, a la cueva de Platón. Los temas del amor y la soledad, de la inmortalidad, de la realidad, son todos explorados minuciosamente por el narrador. La dificultad, progresivamente mayor, de lograr distinguir  realidad de  fantasía es un poderoso leitmotiv también.

Hablemos un poquito de LOST, una serie que me emocionó en su momento, pero terminó por decepcionarme. Una de las fan-theories más célebres es aquella que dice que “La invención de Morel” inspiró a la serie, en cuanto a argumentos, temáticas y tonos. No por nada, a Sawyer (también un fugitivo escapando de la ley) lee la novela en un episodio de la 4ta temporada.

La premisa de Lost fue trivial: existía toda una amalgama de personajes que sobrevivían a un accidente aéreo y terminaban en una isla aparentemente desierta. La literatura siempre fue clave en la serie. Varios episodios llevaban títulos de libros, y muchísimos otros contenían referencias literarias. Algunos conflictos, de hecho, se basaban libremente en tramas de reconocidas obras literarias.

La lista de paralelismos entre Lost y la novela de Bioy Casares es inmensa. Entre ellas, quiero recopilar las que me compartió amablemente un blog amigo (Epifanías Literarias), y que encuentro como destacadas:

  • Ambas historias tienen lugar en una isla situada en algún lugar del Pacífico Sur. 
  • Ambas islas son el foco de extrañas enfermedades. 
  • En ambas obras se yuxtaponen distintos planos de realidad: en "Lost" esos planos son temporales; en "La invención de Morel", en contraposición, son espacio-temporales. 
  • Asimismo, en ambos relatos el mito del eterno retorno se halla presente: en la novela de Bioy, la misma semana se repite incesantemente; en "Lost", los personajes parecen condenados a regresar a la isla, teniendo que reproducir para ello la misma situación que los llevó hasta ahí. 
  • En ambas historias, hay un quebrantamiento de la ley natural: Morel catapulta las leyes del espacio-tiempo y de la muerte con su invento; y en "Lost", las misteriosas propiedades electromagnéticas de la isla resquebrajan la lógica cronológica del tiempo. 
  • Las máquinas que orquestan la fantasmagórica farsa en la isla de Morel recuerdan (y mucho) a los engranajes mecánicos que permiten mover la isla de "Lost". 
  • Tanto el isleño de la novela como Sawyer dirigen su deseo hacia una mujer en principio inalcanzable, a quien aman en la distancia y que parece mantener una relación más cercana con otro hombre: es el caso de Faustine con Morel, y de Kate con Jack. 
  • En "La invención de Morel", el fugitivo acaricia la idea de estar muerto y de encontrarse en un purgatorio, especulación que guarda paralelismos con la teoría de "Lost" (probada falsa) de que todos murieron en el accidente y de que la isla era un limbo. 
  • En ambas historias hay un ser superior, amo y responsable de la realidad de la isla: el Jacob de "Lost" es equiparable al Morel de Bioy Casares. 
  • En un momento dado, el isleño de Bioy Casares teme terminar como el japonés Tsuomi Sakuma, una de las víctimas del primer accidente de submarino; en "Lost", los coreanos Kwon encuentran el fin de sus vidas precisamente en un accidente de estas características. 
  • Ambas ficciones comparten otros elementos: por ejemplo, en las dos aparece un inquietante buque de carga; hay un personaje llamado Charlie que muere; y aparece la idea de una pareja que celebra los llamados "miércoles literarios".
Por supuesto, y como pasó en otras ocasiones en las que la televisión impuso un nuevo empuje de la literatura, luego de la aparición de La invención de Morel en la serie, las ventas de la novela se dispararon en EEUU. Estuvo en los 100 más vendidos de Amazon.com y se ubicó entre los 10 títulos más populares de literatura latinoamericana.

Más allá de estas relaciones hiperestéticas, “La invención de Morel” es una novela fascinante y deliciosamente escrita, que se banca por sí sola. Me encanta como, con una precisión casi detectivesca, el protagonista va poniendo en juego distintas hipótesis y descartándolas. Me parece perfecto cómo se trabajan las contradicciones que sufre el fugitivo debido a su situación, y las cuestiones morales que surgen –inevitablemente– cuando se entera de lo que está ocurriendo.

La novela se estructura en pequeños fragmentos de viaje y avanza con mucha fluidez. Es corta, pero muy rica en contenido. Al punto que hay que leerla con mucha atención y cuidado. El lector casual puede leerla como una banal tragedia de amor; otros –seguramente más arriesgados– la verán como un estudio crítico sobre la relación entre el mundo real y el de las imágenes.

► Se trata, en efecto, de una historia por demás ingeniosa que Bioy Casares entendió como un homenaje al cine, a ese cine de imágenes que volvía a todos locos en la década del 40. La isla de Morel es un espacio sagrado donde se ha construido una utopía de la eternidad.

Sobre el final, el personaje principal concluye que, a diferencia de Neo (en Matrix) y otros seres que descubren realidades alternativas, prefiere vivir en la virtualidad que genera la máquina creada por Morel, porque es ahí donde podrá vivir esa realidad que desea y anhela: estar hasta la eternidad con su amada Faustine.

Una novela, sinceramente, sin desperdicio, que se convirtió automáticamente en una de mis grandes favoritas.

«Creo que perdemos la inmortalidad porque la resistencia a la muerte no ha evolucionado;
sus perfeccionamientos insisten en la primera idea, rudimentaria; retener vivo todo el cuerpo.
Solo habría que buscar la conservación de lo que interesa a la conciencia»

(Adolfo Bioy Casares en La Invención de Morel)

PD1: ¡Gracias a Olga Beatriz Piñeiro por compartir información interesantísima de su blog “Epifanías literarias”!

PD2: Recomiendo ampliamente el canal de Youtube “Traidores Textuales” (de Agustina Arias y Franco Liberati) para aquellos interesados en la traición de textos, la literatura y el radio-teatro. No tiene desperdicio.

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=>> Otras notas relacionadas con AUTORES ARGENTINOS en el BLOG: “Una misma noche”, una decepción de Leopoldo Brizuela; “El último cuento”, fantástico microrelato de García Rieg; “Un verano para recordar”, ¡MI PRIMERA NOVELA!; “Una espada para Manuel” (sobre Manuel Peyrou) y “Los siete locos”, una novela de Roberto Arlt.

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