Mostrando entradas con la etiqueta adolfo bioy casares. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta adolfo bioy casares. Mostrar todas las entradas

¿Te gusta el contenido de mi blog? Ayudame a seguir manteniéndolo

Invitame un café en cafecito.app
Por el momento, sólo podés invitar cafecitos si sos de Argentina. Ahora sí, lee tranquilo.

jueves, 24 de mayo de 2018

El mundo será Tlön: el futuro según Borges


En Tlön, Uqbar, Orbis Tertius –uno de los relatos más influyentes de Jorge Luis Borges– una antigua sociedad secreta conspira para crear un universo completamente ficcional. Éste es descubierto por el narrador (el mismo Borges) en la forma de una enciclopedia apócrifa que describe la imaginaria nación de Uqbar y la mitología de la tierra de Tlön. El plan es recrear a la Tierra en forma de Tlön convenciendo a todos, de manera subconsciente, de que es real. 

Spoiler alert: lo consiguen.


sábado, 9 de diciembre de 2017

Las historias desaforadas de Adolfo Bioy Casares


El mundo de ficción imaginado por Bioy Casares consiste en una composición equilibrada de magia y ciencia. En este sentido, la colección de cuentos Historias desaforadas (1986) es un fiel exponente de la literatura “casariana” (me acabo de inventar esa palabra. Si existe borgiano y kafkiano, ¿por qué no casariano?).

En la antología se entremezclan curas milagrosas para la calvicie (con efectos secundarios peligrosos) con edificios que están en el límite del universo, complejas enfermedades mentales, búsquedas implacables contra la vejez, cines de feria que exponen el alma de quien mira y dobles en otras ciudades del mundo.

Todas las temáticas recurrentes del autor están presentes, en mayor o menor medida, en alguno de los diez relatos que componen el libro: los viajes, los desamores (el amor como tragedia), la búsqueda de la inmortalidad, la inútil lucha contra la vejez, los límites de la ciencia, etc.

Soy un enamorado de la escritura de Bioy Casares. 

Creo que esta obra está escrita con la misma maestría que caracterizó a su pluma durante toda su carrera. Sus historias son siempre creativas, impredecibles, sensibles. Están pinceladas con cierto intelectualismo porteño y mucho humor satírico, dos de las marcas personales del escritor.

Sin embargo, en esta oportunidad rescaté apenas un puñado de relatos que me parecieron verdaderamente memorables. Acá el autor no me voló tanto la cabeza como sí lo hizo con todas y cada una de sus novelas.

***


***

Los mejores relatos de Historias Desaforadas

Como toda antología, hay relatos que gustan más que otros. De los diez cuentos presentes destaco especialmente cuatro. 

Planes para una fuga al Carmelo es una historia de romance y ciencia ficción sobresaliente; Trío muestra tres episodios interconectados sobre la temática del desamor (se dice que uno de ellos es autobiográfico), Historia Desaforada nos pone cara a cara con el género de terror científico, al mejor estilo “Frankenstein” y Máscaras Venecianas (quizás su mejor relato) trabaja la temática de los doppelgängers –el doble fantasmagórico de una persona viva– de una manera fascinante.


Los seis restantes tienen todos sus puntos de interés, pero no creo que vaya a recordarlos como lo mejor de Bioy Casares. No lograron llevarme a esa sensación de desconcierto absoluto donde quedo por varios días reprocesando en mi cabeza lo que acabo de leer.

Lo bueno es que hay de todo y para todos los gustos. Algunas tramas son más románticas, otras más fantásticas. Un par tienen un corte de terror (El Nóumeno) o policial (La rata o una llave para la conducta). Tiene cuentos muy breves y otros que son, prácticamente, novelas cortas.

En la mayoría de los relatos de Historias Desaforadas hay un narrador en primera persona, testigo o protagonista, sin nombre, que bien podría ser el mismo Bioy. El autor mencionó, de hecho, que hay una buena cantidad de elementos personales y biográficos en estos relatos.

Otro punto en común entre todos estos textos es el tema del viaje. Un viaje que, en su gran parte, es literal, físico. Los personajes recorren varios de Europa (Alemania, Holanda, Italia, etc, etc) y también transitan por zonas escondidas de Buenos Aires o pueblos perdidos de Argentina.

A excepción de uno o dos cuentos que sostienen una única locación, en casi todos existe un peregrinaje que fusiona, en un mismo personaje, al viajero y al investigador, ambos en busca de alguna verdad o un aspecto de la realidad determinado.

Es sólo a partir de esa simbiosis particular entre viajero e investigador que el narrador logra hallar el motivo de su propio existir, sea para entender la imposibilidad de un reencuentro amoroso o para hallarse, cara a cara, con su angustioso final.

El doble en “Máscaras Venecianas”

De nuevo, si tengo recomendar que lean uno solo de esta colección, que sea Máscaras Venecianas. Si bien es un cuento lineal sin dificultades narrativas ni riesgos formales, creo que es el que más permite cortar la tela. Es el que más nos invita a desarmarlo y repensarlo.

Máscaras venecianas pertenece al mismo género fantástico en el que se incluyen novelas como “La invención de Morel” y “Dormir al sol”. En esta caso se trabaja la idea de la clonación de seres humanos por métodos científicos y la posibilidad, casi mágica, de que exista una persona exactamente igual que nosotros en otro rincón del mundo.


Bioy Casares aprovecha un cuento muy redondito para explorar las posibilidades psicológicas de un clon y realizar especulación ficcional.

Después de enterarse de una rara enfermedad y de separarse de Daniela, la mujer de su vida, el narrador-protagonista planifica un viaje a Italia. Por esas cuestiones misteriosas de la vida, llega a Venecia en pleno carnaval, un contexto idóneo para el desarrollo del argumento ya que el lector se ubica en aquella ciudad disfrazada, ornamentada, festiva, donde todos pueden ser otras personas detrás de máscaras de arlequines y colombinas.

Me encantó cómo el autor utilizó la ironía dramática para enfatizar el viaje del protagonista, quien ahora se siente partícipe del gran teatro que es recorrer las calles de Venecia durante los días de Carnaval.

En su deambular, ingresa a un teatro (un teatro dentro del teatro que es Venecia) y se topa con una mujer idéntica a Daniela. ¿Es ella o es su doble exacto?

Hasta las últimas líneas del relato hay un juego constante de máscaras ocultas, abriendo la ficción a múltiples lecturas.

Palabras finales

El magistral y pulido estilo de Bioy Casares está presente en Historias desaforadas. Si bien no los encontré todos excelentes, sus relatos tienen algo interesante para decir. Se mezclan mundos llenos de tragedias amorosas e inventos científicos de soluciones prodigiosas, fenómenos extraños (sobrenaturales, incluso), peregrinajes metafísicos y otros tantos hechos extraordinarios.

Disfruté mucho de su lectura, especialmente porque hay tres o cuatro cuentos que me gustaron mucho y me los llevo conmigo. El libro completo puede encontrarse fácilmente en Internet y en formato e-book.

Yo leí la hermosa versión en papel de la Biblioteca Esencial publicada por La Nación, que formó parte de las diez entregas que publicó el diario con todas las facetas literarias del autor argentino.

……………………………………………………

=>> Otros posts sobre ADOLFO BIOY CASARES en el blog: “Los que aman, odian”; “La invención de Morel”; “Dormir al sol”; “Seis problemas para Isidro Parodi”; “El sueño de los héroes”.

……………………………………………………

► Podés seguir las nuevas notas y novedades (además de humor y críticas de cine) en mi fan-page: http://www.facebook.com/sivoriluciano. Si te gustó, ¡compartilo o dejá un comentario!


lunes, 22 de agosto de 2016

“Los que aman, odian”, de Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo


Para 1945, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares eran figuras reconocidas del ámbito literario argentino. 

Fue por esa época que comenzaron a editar y dirigir una serie policíaca que fue fabulosa y duraría diez años: El Séptimo Círculo (el círculo de los violentos en el infierno de Dante).

De aquella colección salieron obras policiales y detectivescas de primer nivel. Entre ellas, Los que aman, odian, la única novela policial escrita conjuntamente entre Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, con quien Bioy se había casado en 1940 (con Borges entre los testigos),

Al inicio de la novela, el particular doctor Humberto Huberman (narrador y protagonista) anuncia que va a relatar “la historia del asesinato de Bosque del Mar”. 

Con ese gancho preliminar, comienzan a generarse una serie de interrogantes cuyas posibles respuestas van a ir cambiando a medida que se expone nueva información y se presentan algunos ingeniosos giros argumentales.


***

En esta nota voy a estar reseñando Los que aman, odian pero sin destapar grandes momentos de la trama. Por lo tanto, si bien hay un necesario #SpoilerAlert, pueden quedarse tranquilos de que no voy a decir que el asesino es Jack, el forastero.


***

► DESCARGAR “Los que aman, odian” en versión PDF: LINK ACÁ.



***


La novela está escrita con fina ironía y un tono paródico que recuerda a obras como Seis Problemas para Isidro Parodi (que ya reseñé en el blog). Si bien en aquella oportunidad Bioy Casares escribió junto a Borges, acá lo hizo con su mujer.

La historia se compone de 34 capítulos breves narrados por el egocéntrico y maniático doctor Humberto Huberman, quien hace el rol de John Watson, testigo de los incidentes que suceden en el hotel.

Huberman es un personaje fascinante, absolutamente desinteresado por el prójimo, adicto a las citas literarias y a los glóbulos de arsénico. Escribe la narración como una crónica para las amigas de su madre (tristemente, sus únicas amigas). Sus curtidos hábitos hacia la comida y comentarios conservadores lo colocan a un nivel de persona culta y refinada, lo que nosotros veríamos directamente como un “nariz parada”. Sin embargo, progresivamente, ineludiblemente, se va metiendo en el misterio en el cual se ve envuelto de casualidad.

Sorprende su nombre: Humberto Huberman es prácticamente homónimo del narrador de Lolita de Nabokov (publicada diez años después), llamado Humbert Humbert. Aunque estos personajes no tienen absolutamente nada que ver.

***


¿Nabokov habrá leído policiales argentinos?

Comencemos por el principio: Bosque de Mar es un balneario solitario, tan alejado de la civilización que funciona técnicamente como un cuarto cerrado donde nadie puede salir ni entrar con facilidad. Esto implica que cuando el muerto se hace presente, el asesino tiene que estar, indudablemente, entre los invitados.

Así que, en aquel lugar frente a un agitado océano tenemos, por lo menos a un muerto y a un asesino, con las típicas dosis de intriga y ambigüedades que caracterizan al género, con la culpabilidad salteando de un personaje a otro y las astutas deducciones detectivescas que llevan a cabo los protagonistas.

La historia es llevadera y se prolonga apenas lo necesario. Con no más de 149 páginas, se lee muy rápido.

Un aspecto curioso es que los autores se tomaron el trabajo de presentar toda la situación y detallar a los personajes antes de disparar el conflicto. El verdadero enigma aparece como a un tercio de la historia.

Recuerdo que, allá por el 2003, Marta Dominguez –una de las editoras en EdiUNS de mi primera novela Un verano para recordar (nunca me convenció ese título)– mencionó que mi obra le recordaba parcialmente a “Los que aman, odian”.

En palabras suyas:

«Al iniciar la lectura, Un Verano para Recordar se perfila como una novela sentimental semejante a “Rosaura a las Diez”, de Marco Denevi, y por la lentitud en la presentación de los personajes y el ambiente, con la novela de Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, “Los que aman, odian”.»

Varios años después, comprendo por qué mi historia le pudo recordar a esta novela, si bien creo que esta última cuenta con una calidad literaria a la cual yo sólo puedo aspirar.

Las cuestión es que Humberto Huberman llega a Bosque de Mar con la idea de tomarse unas vacaciones y aprovechar el retiro para escribir un guión cinematográfico. Precisamente allí, en aquel nido repleto de arenales, tormentas, cangrejos y un océano furioso, ocurre el envenenamiento de Mary, una de las hospedadas. Su hermana Emilia (interés romántico del protagonista, y que curiosamente comparte nombre con un personaje de mi novela también) es la principal sospechosa.


Todos los invitados y el personal del hotel, junto a un par de gendarmes y el comisario Raimundo Aubry, quedan encerrados en el lugar, mientras intentan descubrir si se trató de un suicidio o un homicidio.

Mary —envenenada con estricnina disuelta en una taza de chocolate— es la sobrina del dueño del hotel, solterona y traductora obsesiva de obras policíacas. Siempre llevaba consigo todos los libros traducidos por ella, versiones originales y hasta pruebas de imprenta. Este detalle puede parecer insignificante, pero tiene un peso decisivo en la investigación. 

Esto es lo interesante de Los que aman, odian. Datos que parecen intrascendentes al principio tienen un porqué. En ese sentido, hay que prestarle atención a todo.

Ocampo y Bioy Casares trabajaron como traductores literarios en la vida real, por lo que el personaje de Mary es también una referencia metatextual. La novela muestra cómo se ejercía esa profesión de una manera muy artesanal en aquellos años.

Creo que fanáticos del estilo tradicional de Agatha Christie pueden disfrutar ampliamente de esta historia, que es básicamente un policial inglés que transcurre en Argentina, en la década del cuarenta. La muerte críptica, el elenco de sospechosos y la sorprendente resolución final son elementos presentes, aunque el toque humorístico podría hacer que se considere a esta obra como una parodia de las novelas policiales de la época.

Por último, hay que destacar la correcta ambientación. Bosque de Mar tiene un tinte oscuro, y en algún punto resuena la isla de La Invención de Morel:

"Se abrió ante nosotros la más horrenda y desesperada visión:
una playa estremecida de cangrejos, negra, viscosa, interminable".

***

Palabras finales

Los que aman, odian satisface a cualquier aficionado al género, si bien la trama es más o menos simple. Se trata de un viaje fascinante hacia lo más oscuro de las pasiones humanas: odio, venganza, endivia. Los conflictos y deseos de cada personaje se va exteriorizando a lo largo de la historia. El título (si bien es equívoco y ambiguo) cobra especial sentido cuando se revela el desenlace del misterio. En todo caso, está escrita con una soberbia tal que deja el distintivo sabor a buena literatura. 

………………………………………………………………………………………………….


………………………………………………………………………………………………….


► Podés seguir las nuevas notas y novedades (además de humor y críticas de cine) en mi fan-page: http://www.facebook.com/sivoriluciano. Si te gustó, ¡compartilo o dejá un comentario!

jueves, 24 de marzo de 2016

El sci-fi argentino en el cine


Argentina tiene una rica historia en obras de ciencia ficción, pero no específicamente en el cine. Novelas como “La invención de Morel” (que ya reseñé en el blog) o los textos de autores como Alejandro Alonso (“La ruta a Trascendencia” es genial), Ana María Shua y Alberto Laiseca han recibido gran reconocimiento de la crítica.

Mientras que, en materia de cómics, “El Eternauta” (de Oesterheld) es la gran historieta de ciencia ficción argentina, la revista digital Axxón (una de mis favoritas) recopila a grandes autores argentinos de fantasía y sci-fi.

Jorge Luis Borges nunca fue específicamente un autor de ciencia ficción, aunque algunos de sus relatos podrían caer dentro de esa categoría. Entre ellos, a lo mejor, está "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius", aquel delirio casi existencial que nos habla de un mundo imaginario en el cual se convertirá la Tierra en algunas pocas generaciones.

Borges se interesó por este género y hasta llegó a escribir el prólogo de Crónicas Marcianas (de Ray Bradbury) para la edición de Minotauro de 1955, uno de los primeros ensayos “críticos” argentinos sobre una novela de ciencia ficción.

En el cine, sin embargo, Argentina se quedó un poco detrás, y no es especialmente recordada por su participación en el género. Existen, de todas formas, algunas producciones para destacar o que, simplemente, son demasiado curiosas como para dejarlas pasar.


Se comenta que la primera película de ciencia ficción en la Argentina apareció en 1942. Se trata de “Una luz en la ventana”, de Manuel Romero que también contiene elementos de terror. Está completa y disponible en Youtube. El protagonista es un científico con acromegalia (aumento de tamaño en manos, pies, etc.) a la espera de un trasplante.

También en blanco y negro, aunque más actual, es “La Antena” (2007), una película que tuve la suerte de encontrar por casualidad y que me voló la cabeza. 

Esta obra del director Esteban Sapir se encuentra entre mis preferidas de todos los tiempos.

Funciona como una suerte de reinterpretación de “Metrópolis” (1929), la célebre película de ciencia ficción perteneciente al expresionismo alemán. En este caso estamos ante una ciudad gris a la que se le quitó el habla. El responsable es un gánster poderoso. Un ex empleado de un canal de TV intentará evitarlo, al mismo tiempo que protege a un chico que parece ser el único con la capacidad de emitir palabras.

Es una historia estéticamente impresionante (para el cine argentino) que se trabaja como un policial negro. 

Tiene cosas muy locas, como las onomatopeyas que salen disparadas de los rifles cuando los criminales disparan.

Debido a las limitaciones económicas, y los desafíos técnicos y visuales que suele presentar el género, el sci-fi argentino siempre prefirió plasmar historias más existenciales e introspectivas, antes que espectaculares shows visuales como los americanos.

Así surgieron pequeñas películas de culto que son verdaderamente grandiosas. “Hombre mirando al sudeste” (1986), de Eliseo Subiela, es una de ellas. Si bien esta historia no es puntualmente de ciencia ficción, tenemos a un hombre que afirma ser un mensajero de otro planeta y algunos eventos inexplicables que ocurren dentro de un hospital psiquiátrico.

Ya hablé de esta película en su momento y del infame plagio americano que sufrió cuando se produjo “K-PAX”, con Kevin Spacey.

Del mismo estilo introspectivo son “Moebius” (1996), de Gustavo Mosquera e “Invasión” (1969), de Hugo Santiago. La primera es el misterio de un tren subterráneo que desaparece, con 30 pasajeros a bordo, de la noche a la mañana. Si bien es una remake de una cinta alemana de 1993, en Argentina funciona especialmente por su valor simbólico (el leit motiv de las películas post- años ´70 es, indiscutiblemente, las secuelas de la dictadura militar).

La segunda, Invasión, es una gema escondida. Aunque admito que me resultó pesada por momentos, no puedo negar su atractivo estético. Se trata de un guión co-escrito por Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges (es decir: por Bustos Domeck). 

La musicalización contiene tangos de Aníbal Troilo y está localizada en una ficcional Aquilea, un Buenos Aires laberíntico y con un aire indudablemente borgiano. Los habitantes buscan impedir una invasión –que recuerda a la Guerra de Troya– de seres que se visten y comportan como nosotros.


Invasión es genial por su carácter simbólico y estético, pero puede llegar a ser bastante bodrio, sinceramente hablando. Ambas se encuentran disponibles en Internet para ver online.

Tengo que ver todavía “La sonámbula” (1998), de Fernando Spiner, que es considerada entre las mejores del género también. Relata una historia en un futuro incierto de Buenos Aires futurista, con referencias a esa película gigante que es Brazil (1985), de Terry Gilliam.

Como es de esperarse, simultáneamente existió una gran cantidad de cine de ciencia ficción bizarro o “clase B” en Argentina. Son películas muy curiosas que uno puede encontrarse en canales como I-SAT.

Por ejemplo, tenemos nuestra propia versión de Dr. Jekyll y Mr. Hyde (“El extraño caso del Hombre y la Bestia”, 1951, Mario Soficci). Lo más loco es que se argentinizaron los nombres de los protagonistas, así que tenemos a Enrique Yequil y Eduardo Jaid.

“Plaga Zombie” (1997, Pablo Parés) es un poco más actual y fusiona el terror con la comedia. Hay que tener cuidado, porque  es de bajísimo presupuesto. Sin embargo, todavía mantiene su status de culto, particularmente entre los fanáticos del cine gore.

Varios años antes, en 1965, hubo otra invasión similar. “Extraña invasión” fue una coproducción con Estados Unidos donde una enigmática  interferencia que comienza a producirse en las señales de TV convierte a los espectadores en zombies. Los años siguientes se caracterizaron por la aparición de cine berreta que ridiculizó al género y, ocasionalmente, tuvo varios toques de erotismo. 

Se podían ver muchas de esas películas en el programa de los cuervos (Cine Zeta) de I-SAT.

Sí me parece más atractivo, y todavía no me pude sentar a ver, el trabajo de Eliseo Subiela en “No te mueras sin decirme adónde vas” (1995), donde un científico es el fabricante de una máquina para visualizar sueños, pero lo que termina encontrando es a un fantasma del cual se enamora.


Así que quizás no haya gran variedad de películas sci-fi de origen argentino, pero creo que hay algo para cada tipo de fan del género. Particularmente, yo recomiendo revisar “La antena” y “Hombre mirando al sudeste”, dos de las mejores producciones argentinas que alguna vez se hicieron en mi país.

¡Hasta la próxima!
               
………………………………………………………………………………………………….


………………………………………………………………………………………………….


► Podés seguir las nuevas notas y novedades (además de humor y críticas de cine) en mi fan—page: http://www.facebook.com/sivoriluciano. Si te gustó, ¡compartilo o deja un comentario!

viernes, 27 de marzo de 2015

“Dormir al Sol”, de Adolfo Bioy Casares


Sigo en plan de leer todas las novelas de Adolfo Bioy Casares. Primero fue la fascinante obra “La invención de Morel” (que ya reseñé en este post) y luego le tocó el turno a “El sueño de los héroes”, que también tiene mérito propio. En esta ocasión vamos a analizar un poquito “Dormir al Sol” y algunos de los fascinantes temas que explora.

“Dormir al Sol” es el tipo de historia en la que las sutilezas de la trama están por encima de sus propios giros argumentales. La narración fluye metódicamente y, a medida que se va desarrollando, nos va abriendo cada vez más los ojos, nos interroga, nos cuestiona.

El texto –escrito a modo de diario, en forma de prosa y con capítulos breves–  fue publicado en 1973. Pertenece a una etapa del autor que comenzó en 1954 con El sueño de los héroes. A partir de ahí, sus obran fueron menos surrealistas y ahondaron más en los típicos personajes de los años ´20 y ´30, en las costumbres de los barrios porteños de la época y en la perspectiva más popular.

La novela es narrada por Lucho Bordenave, un relojero de barrio que vive con su mujer Diana, y con Ceferina (la empleada que cumple el rol de madre).

Luego de conocer a Standle, un domesticador de perros, éste lo convence de que Diana está enferma y debe internarse en el Instituto Frenopático de Reger Samaniego.  Cuando se la devuelven, Lucho comienza a dudar de si la persona que regresó es la misma que él dejó ir en un principio.

¿De qué va la historia?

Desde un primer momento, el narrador nos condiciona para sentirnos parte de su situación desesperada, la que narra a un amigo de la infancia (Félix Ramos) con muchísima precisión.

“Voy a contarle mi historia desde el principio y trataré de ser claro,
porque necesito que usted me entienda y me crea.”

***

#SpoilerAlert. A partir de acá se revelan detalles fundamentales de la trama. Si no leyeron la novela (o no vieron la película) y no quieren enterarse de qué va, este sería el punto para detenerse. Ahora sí. Seguimos.

***

Al poco tiempo de internar a su mujer, Lucho la quiere de vuelta; pero una cadena de postergaciones envuelve al protagonista en sucesos misteriosos.

Su cuñada (Adriana María) es igual a su mujer, físicamente hablando, aunque tiene color de pelo diferente. Adopta a un perro que, oportunamente, se llama también Diana. Encuentra a personas extrañas merodeando por su patio y, como si fuera poco, cada vez que insiste en que le devuelvan a su esposa, los médicos lo confunden con sus razonamientos.

Solo en las últimas páginas conocemos la verdad sobre el fantástico cambio de almas y cuerpos que Lucho termina sufriendo en carne propia. Y también sobre el final entendemos la frase que sirve de título (“Dormir al Sol”). El Dr. Samaniego le explica a Lucho los diferentes métodos para facilitar el sueño. Al parecer, el más adecuado consiste en imaginar a un perro que duerme bajo el sol sobre "una balsa que navega lentamente aguas abajo, por un río ancho y tranquilo".

Una curiosidad de la novela es que el lumbardo utilizado le complicó a Bioy Casares la escritura, así que le dictó el borrador a una amiga de su hija. Por otra parte, su amiga Rosie Airas le propuso que el primer capítulo de su novela fuera al final, lo que le pareció una excelente idea. Es el correspondiente a Félix Ramos.

El elemento fantástico

¿En qué momento aparece el elemento fantástico en Dormir al Sol? Este es uno de los tópicos más debatidos de la obra. Está claro que la trama fantástica se entremezcla con los elementos realistas de la novela, otorgados por el lenguaje porteño coloquial. ¿Pero cuando se pone en evidencia el verdadero elemento del género fantástico?

Todorov (en Introducción a la literatura fantástica) postulaba que lo fantástico surge cuando en un mundo familiar se produce un acontecimiento que no se puede explicar por las leyes de ese mundo. A mi parecer, esto sucede recién sobre el final, cuando nos enteramos de que Samaniego logró intercambiar almas y cuerpos entre personas y otros seres vivientes (como los perros).

“Lo esencial es que logramos aislar el alma, sacarla si está enferma, curarla fuera del cuerpo. 
(…) La traspasamos a una perra de caza (…) que elegimos por ser de índole tranquila,
y mantuvimos el cuerpo a baja temperatura.”

Los cuerpos y las almas son separables después de este sorprendente hallazgo médico. El problema reside en saber si el resultado de la operación devuelve el mismo objeto que entró al sanatorio, si existe una continuidad entre ellos. (Algo así como una alegoría al mito del Barco de Teseo.)

Sin embargo, para que lo fantástico se dé, todo el tiempo debe existir la vacilación, la incertidumbre. El lector tiene que poder considerar el mundo de los personajes como real y vacilar entre la explicación natural y la sobrenatural de los acontecimientos. Esta vacilación, en efecto, es uno de los grandes temas de la obra.

Lucho Bordenave narra hechos tan insólitos que nosotros, como lectores, dudamos al tratar de decidir si creerle o no. Esta indecisión está muy presente en Dormir al Sol.  Algunos críticos también consideran que Lucho es un narrador poco confiable. 

Por ejemplo, es curioso que, aun distanciado de Ramos, sea precisamente a él a quien le envíe todo su detallado informe.

Dos lecturas de una misma obra: creerle o no

De la mano con el pasaje anterior, tenemos el debate de si podemos considerar verídicos los inexplicables hechos narrados por Lucho. La novela permite leerse suponiendo que el protagonista es, en realidad, un esquizofrénico. Hay varias pistas que podrían indicar que el protagonista tiene síntomas de esta enfermedad.

El narrador podría ser un enfermo mental: tiene sueños vívidos en los que habla con su perra,  utiliza frases demasiado rebuscadas, es extremadamente inseguro y tiene problemas en sus relaciones de afecto. Lo que es más, Lucho está continuamente intentando justificar su accionar y está obsesionado por saber que ama realmente de su mujer, su alma o su cuerpo. Su visión de Diana es fraccionada y bien podría suceder lo mismo con su visión del mundo.

A su vez, los dobles presentes en la novela sirven para apoyar cualquiera de estas dos lecturas. La dualidad es otro tema muy presente en la obra: alma/cuerpo, Diana/perro_Diana, Diana/AdrianaMaría, etc.

Hay críticos que consideran esencial la presencia de estos dobles de Diana. No solo encontramos a la perra Diana (que porta el alma sustraída de la mujer del protagonista) y a Adriana María (su hermana), sino también la Diana que regresa “curada” es un doble, e incluso Elvira (la esposa de Aldini) que también es encerrada en el mismo lugar. 

Los dobles en la historia tienen el rol de provocar aún más inquietud e incertidumbre, y resaltan la constante distinción que Lucho hace entre el alma y el cuerpo de su esposa.

El rol de los perros

En Dormir al sol, los perros son el medio de transporte de las almas, pero además juegan un papel importante dentro de la historia. La obsesión de Diana por ellos es la que la conduce finalmente al Frenopático donde pierde su alma. Asimismo, contamos con la presencia de la perra Diana y la obra nos hace pensar que el alma humana puede apaptarse a un sinfín de circunstancias, incluso a la de vivir en el cuerpo desconocido de un canino.


En lo personal, me pareció loco que simultáneamente estaba leyendo La insoportable levedad del ser (que reseñé acá), y ambas novelas tienen este elemento en común: la importancia que se le da a los perros. En la novela de Milan Kundera, de hecho, Karenin es un personaje más que hasta tiene toda una parte dedicada a él.

Bioy Casares y Kakfa

Adolfo Bioy Casares escribía de forma muy social, siempre comentando sus textos con amigos. Hay un muy interesante libro que recopila entrevistas donde él habla de su escritura (“Sobre la escritura: conversaciones en el taller literario”, de Félix della Paolera). Ahí comenta sobre la búsqueda de la originalidad, sobre la concentración a la hora de escribir o sobre la pérdida de identidad al escribir. Si no lo leyeron, es un librito muy interesante.

Pero a lo que quiero llegar es que Bioy Casares no sabía que estaba haciendo ciencia ficción cuando escribió La invención de Morel. Y muchas veces escribió textos sin saber que las historias ya existían en otro lugares. Asimismo, creo que Adolfo tuvo mucho en común con Kafka a la hora de narrar, quizás hasta sin saberlo.


Kafka siempre tendió a narrar los eventos desde afuera, mientras que los libros de Bioy son más íntimos y toman forma de documentos dejados para que nosotros los descubramos. Dormir al Sol es una larga carta a un amigo, quizás un diario, o quizás un documento de evidencias. Los protagonistas de Bioy son escapistas, personajes que buscan evadir la realidad, mientras que los de Kakfa quieren participar del mundo, pero su mala suerte o la lógica de su situación no se los permite.

El punto en común, creo, es que los personajes de Bioy y de Kafka son personas ordinarias, trabajadoras, de barrio, inmersas en un contexto perturbador. Su drama consiste en luchar para aceptar la nueva lógica que reina en sus mundos, ya sea acostumbrarse a vivir como un insecto, o a vivir con una mujer sin alma. Ambos autores son representantes del género surrealista en sus países (Argentina y República Checa), aunque Bioy lo dejó más tarde para dedicarse a lo fantástico. Sin embargo, no es coincidencia que las historias de ambos terminen siempre en catástrofes.

Pensé en Kafka y en Bioy porque compré “Un médico rural”, y es el próximo libro que voy a encarar. Creo que ambos habrían sido buenos amigos.

Palabras finales

Este post no pretende ser un riguroso análisis literario ni un ensayo crítico. Simplemente elegí tomar tres o cuatro temas de la novela que me resultaron más interesantes para comentarlos.

Trato de aclararlo siempre porque muchos chicos de secundaria me mandan mails diciendo que “tal texto le sirvió mucho para un trabajo” y me envían otras preguntas adicionales. (Fuera de joda).

Me encantó el final de Dormir al Sol. No conocemos el destino del narrador (se ve incapacitado a terminar su historia porque le roban su alma), pero la parte correspondiente a Félix Ramos nos proporciona los datos restantes. Descubrimos qué le pasó a Bordenave aunque al segundo narrador no le quede nada claro ni pueda afirmar si lo que leyó fue verdadero o no. Impecable.

Sin duda, es posible desarrollar todos los puntos que toqué y ampliarlos hasta crear una tesis con cada uno de ellos. Ese nivel de complejidad manejaba Bioy Casares en sus obras, y es la calidad con la que se viene manteniendo en cada novela que leí de él.

Queda en nosotros leer la novela suponiendo que todo lo narrado es producto de una mente esquizofrénica que mezcla la realidad con sus alucinaciones, o un hecho tan trágico como real. ¡Hasta la próxima!

► BONUS TRACK. “Dormir al Sol” (de Bioy Casares) en su versión cinematográfica. Todavía la debo a esta película de Alejandro Chomski del 2012: https://youtu.be/NnvZOl15gpQ


………………………………………………………………………………………………….

=>> Otras notas relacionadas con AUTORES ARGENTINOS en el BLOG: “La invención de Morel”, “El sueño de los héroes”, “Un verano para recordar”, ¡MI PRIMERA NOVELA!; “Una espada para Manuel” (sobre Manuel Peyrou) y “Los siete locos”, una novela de Roberto Arlt.

………………………………………………………………………………………………….


► Podés seguir las nuevas notas y novedades (además de humor y críticas de cine) en mi fan-page: http://www.facebook.com/sivoriluciano. Si te gustó, ¡compartilo o dejá un comentario!

sábado, 17 de enero de 2015

“Seis problemas para Isidro Parodi”, una antología de Bustos Domecq


Bustos Domecq –a  través de su célebre don Isidro Parodi– se burló de la literatura detectivesca, al mismo tiempo que creó una serie de relatos que brindan un claro homenaje a los tres detectives más importantes de la ficción. Me refiero, claro, al padre Brown de Chesterton, al Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle y al primer detective de la literatura: Auguste Dupin de Edgar Allan Poe. Isidro Parodi es, en esencia, una combinación de estos tres trastocados personajes.

Pero vayamos por parte.

Bustos Domecq, como autor, es un ejemplo de ficción colaborativa, quizás el más interesante de Argentina. Creado por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, Domecq no es el uno ni el otro. “Seis problemas para Don Isidro Parodi” (1942) es el primero de tres libros que narra los misterios resueltos por un hombre injustamente encarcelado. Sus amigos (y amigos de amigos) llegan a la celda para relatar crímenes no resueltos y él brinda la solución a cada enigma sin siquiera salir de su recinto.

► “Seis problemas para Isidro Parodi” (1942) en versión PDF para descargar: http://goo.gl/4IV0jk

Un homenaje a tres grandes detectives

Cada una de las historias incluidas en “Seis problemas...” tiene un modelo similar: Parodi es un peluquero encarcelado por un asesinato que no cometió y con un increíble olfato policial. Famoso por esto, en capa relato recibe en su celda a diversos personajes relacionados con algún tipo de crimen.

Esta extraña estructura (similar, quizás, a “El silencio de los inocentes”) permite que don Isidro (y, por consiguiente, los lectores) acceda a los universos más bizarros. El homenaje a Dupin acá se hace evidente: él también resolvía sus crímenes a partir de relatos, cartas o crónicas.  Su aspecto físico (él es obeso e, inevitablemente, sedentario) recuerda muchísimo al Padre Brown. Por otra parte, al igual que el Padre Brown, Parodi nos brinda la respuesta al problema, pero nunca confronta al criminal. No le interesa. Simplemente expone la verdad a través del uso de su inteligencia.

Quizás Holmes sea el más distinto a Parodi de los 3 detectives. Sí, la fama de Parodi hace que sus “clientes” vayan a visitarlo directamente a él y le planteen sus asuntos. Sin embargo, el trabajo de Holmes siempre se caracterizó por ser un estudio de campo, un análisis de la resolución a través de la deducción y el razonamiento. Parodi solo tiene el hecho reseñado, subjetivo.

Pero la parodia, y la deconstrucción del género detectivesco, reside en este hecho: Parodi consigue atar los cabos sueltos y determinar las verdaderas culpabilidades sin necesidad (sin posibilidad) de moverse de su celda. 

Y la gran ironía, la gran paradoja, es que puede resolver intrincadas problemas criminales, pero es incapaz de demostrar su propia inocencia.

► “Borges y el relato policial”, resumen de un texto de Gutiérrez Carbajo: http://goo.gl/PJ8gmH

Los seis problemas de Parodi (sin spoilers)

El primer relato, “Las doce figuras del mundo”, es mi gran favorito. Aquiles Molinari cree haber matado al doctor Abenjaldún en una ceremonia de iniciación de un extraño culto. Le sigue “Las noches de Goliadkin”, donde Gervasio Montenegro narra el robo de una joya ocurrido en un tren. “El dios de los toros” nos envuelve en una trama sobre cartas robadas. También está “Las previsiones de Sangiácomo”, sobre unas curiosas muertes, “La víctima de Tadeo Limardo”, sobre un “hecho de sangre” ocurrido en un motel de mala muerte y, por último, “La prolongada búsqueda de Tai An”, que es un caso sobre el robo un talismán sagrado, y unos cadáveres cuya muerte es inexplicable.

Lo cierto es que lo más interesante no es la resolución de cada caso, sino la galería de hechos, lugares y personas de los años 30 y 40 que ambientan cada narración. Otro detalle es que los narradores hablan “mejor” o “peor” de acuerdo a su nivel social, y que las historias están plagadas de lunfardo, argentinismo de la época. Nunca vi en Borges o en Bioy Casares tanto lunfardo como el que utilizan en “Seis problemas...”.

Bustos Domecq se burla de todo: del contexto social y cultural del momento, de las narraciones policiales y de los estereotipos de la época. La compleja premisa sirve como anillo al dedo deshacer y reconstruir el tradicional género de enigma.

Un aspecto que me pareció cautivante es que los cuentos se pueden leer de forma independiente, ya que la novela contiene seis episodios de antología, aparentemente independientes. Sin embargo, personas de otros relatos aparecen en los siguientes, y en algunos hasta se pueda apreciar cierta evolución, cierta construcción de personajes.

¿Vale la pena leerlo? Una opinión personal

Y acá es donde, probablemente, mi post se vuelva mucho menos objetivo de lo que siempre intento imponer. Estoy convencido de que “Seis problemas para don Isidro Parodi” esconde más guiños y bromas de las que pude apreciar. Entiendo que funciona como parodia del género y como deconstrucción del mismo. Capto los homenajes a los tres famosos detectives de la literatura...

... pero no puedo recomendar esta novela. No puedo hacerlo porque es, verdaderamente, un bodrio. El libro es extenso, aburrido y difícil de digerir.

Esperaba que las historias fueran más impactantes, pero terminan abundando en detalles, descripciones y anécdotas que no atrapan en lo más mínimo. Los primeros dos cuentos (“Las doce figuras del mundo” y “Las noches de Goliadkin”) están muy bien, establecen el formato y mantienen el suspenso de principio a fin. Pero las otras cuatro son pesadas y su conclusión no me voló la cabeza como habría esperado.

Siempre digo que odio aburrirme con la literatura (odio aburrirme, directamente)... pero una vez que ya lo había comenzado, era tarde. El problema es que también odio dejar las cosas por la mitad, y no suelo hacerlo.

Los relatos incluidos en “Seis problemas” son parte de un valioso testimonio de escritura conjunta. Esta particular amalgama de un autor de cuentos entre filosóficos y policiales (Borges) y un autor de novelas fantásticas (Bioy Casares) dio como resultado a un Bustos Domecq que tiene independencia absoluta, y cuya escritura se balancea entre la crítica burlesca y el policial clásico inglés de Chesterton.


Creo que ambos escritores pudieron compactar diversos aspectos de la sociedad argentina de los años 40. Si uno quiere poder vivir ese peculiar experimento literario, entonces sí valdría la pena comerse esta novela. Sin embargo, quienes solo buscan un entretenimiento detectivesco ligero, pueden leer las primeras dos historias y conformarse con ellas.

¡Hasta la próxima!

***

BONUS TRACKS: les comparto dos textos que me gustaron mucho y tiene que ver con el tema.

1. El primero habla sobre cómo Bioy y Borges escribieron juntos, es de María del Carmen Marengo: http://www.borges.pitt.edu/sites/default/files/1001.pdf

2. El segundo se refiere a las influencias y confluencias a la hora de construir a Bustos Domecq, y es de Rosa Pellicer: http://www.borges.pitt.edu/bsol/documents/LibroTesis.pdf

………………………………………………………………………………………………….

=>> Otras notas que sobre Borges y Bioy Casares en el BLOG: “El sueño de los héroes” y “La invención de Morel” (de Adolfo Bioy Casares), y “El jardín de senderos que se bifurcan” y “Las ruinas circulares” (de Jorge Luis Borges).

………………………………………………………………………………………………….


► Podés seguir las nuevas notas y novedades (además de humor y críticas de cine) en mi fan-page: http://www.facebook.com/sivoriluciano. Si te gustó, ¡compartilo o dejá un comentario!
Quizás te pueda llegar a interesar...