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martes, 15 de marzo de 2016

“Del texto a la vida”: mi primera obra de teatro publicada


En materia de reconocimientos literarios, el año pasado fue bastante importante para mí. Y quizás lo más loco fue el Primer Premio que recibí por mi obra “Del texto a la vida” en el “Concurso 2015 de monólogos y guiones teatrales”.

Viaje a La Plata, hubo una ceremonia de premios (¡con comida y chupi!) y conocí a muchos escritores fascinantes y a críticos del teatro.

La iniciativa tuvo como objetivo crear un espacio para pensar en nosotros. El tema que se trabajó fue: ¿cómo somos?, entendiéndolo como un juego de espejos que nos devuelve nuestra imagen desde distintos ángulos, deseos, idiosincrasia, sueños, miedos, torpezas, fracasos, logros, etc.

Ayer finalmente salió la antología del Colegio de Escribanos de Buenos Aires donde se publicó mi primera obra de teatro. La misma incluye los cuatro textos ganadores (dos primeros premios en guiones y dos en monólogos) y tres menciones especiales para cada categoria. 

En total hay una decena de obritas absolutamente recomendables para los amantes del teatro argentino.

Por supuesto que todos los textos ganadores tienen muchísima calidad, a tal punto que me pregunto qué le habrán visto al mío. Por ejemplo, el primer premio a monólogos (“Tokio veinteveinte”, de Santiago Maisonnave) tiene un balance muy adecuado entre la comedia y la tragedia. El protagonista es un maratonista preparándose para las olimpiadas del año 2020, y a medida que entrena va haciendo comentarios ácidos (Facebook y las relaciones de hoy, por mencionar uno) y va fluyendo entre distintas problemáticas personales que vive. Es muy argentino y me encantaría verlo en escena.


También sería muy lindo ver representada “Pasa volando”, de Liliana Rodriguez, que se llevó el segundo premio en monólogos. Es muy original y me parece muy interesante cómo describe el camino mental que hace un escritor para crear a sus personajes.

Una gran sorpresa para mí fue “Crispín: tu propio cuento” (de Leandro Ezequiel Schmit) que obtuvo el segundo premio en la categoría de guiones teatrales. 

Una obra extensa y con una puesta en escena grande y magistral que, en un tono más bien infantil, nos lleva por la vida de Crispín dentro de un circo, y cómo se va relacionando con cada uno de los personajes. Esta historia es realmente muy interesante, y prefiero no contar demasiado para no arruinar las sorpresas.

Las menciones de honor son igualmente valiosas. Especialmente disfruté “Mar del plata” (de Paula Carolina Bonpland) que es el monólogo de un hombre desauciado porque su mujer siempre quiere ir a la costa. Se vuelve extremendamente reflexivo y hasta existencial, es angustiante pero tiene mucho de comedia y de realidad. Me sorprendió cómo la autora se logra meter en la mente de un hombre, con sus deseos y miedos.

En cuanto a mi historia, se las adjunto y aprovecho para comentarles un poco de qué va. Si bien el adjunto en PDF no es la versión final (tiene un pequeño error de tipeo sobre el final), es prácticamente la versión definitiva que salió en el libro:

► DESCARGAR “Del texto a la vida” (obra de teatro) en versión PDF: https://goo.gl/sntWp7

“Del texto a la vida” es una pequeña obra en dos actos con una puesta en escena muy simple y tres personas. Tendría una duración de unos 30-40 minutos.


Dionisio, un anciano sentado frente a su computadora en la comodidad del hogar, comienza a narrar la historia de Alan, el feliz trabajador número 217 de una empresa donde cada día oprime botones en su teclado. El trabajo de Alan es muy sencillo: debe decidir –apoyado por herramientas matemáticas– qué empleado merece quedarse y cuál ser echado. Jamás ha cuestionado las políticas de la compañía (“el orden establecido”) hasta la aparición de Eliana, a quien se rehúsa a dejar ir.

La desobediencia de Alan sorprende a Dionisio, quien se muestra como el verdadero autor de la historia de los empleados y no comprende cómo su obra puede actuar contrariamente a sus deseos. A partir de la conversación entre ambas partes (creador y creaciones), Alan y Eliana terminan por comprender una abrumadora realidad: no son más que personajes de un texto que está siendo escrito. La revelación cuestiona los fundamentos existenciales de los protagonistas y motiva una rebeldía en contra de lo ya escrito, del destino marcado y de su propio creador.

De alguna forma, la historia es una suerte de “Adán y Eva moderno”. De hecho, coloqué muchísimas referencias a esa historia en el desarrollo. Pero el verdadero origen –por extraño que parezca– estuvo en un ensayo del francés Roland Barthes (“De la obra al texto”, 1971). En este escrito, Barthes pone de relieve las diferencias entre la obra y el texto, y propone la idea de la pluralidad del texto. El escritor comenta, por ejemplo, que el texto aparece como un hecho del lenguaje => teje relaciones, es polifónico, hace ecos, tiene resonancias con otros textos (intertextualidad). 

Me gustó mucho esa idea (me pareció hasta poética) y me pareció que, en cierta forma, se parece mucho a la vida.

Para Barthes, un texto se presenta como una diseminación de sentidos. Incluso etimológicamente hablando, texto significa “tejido”. Es un entretejido de voces, de sentidos. Empezamos a desarmarlo, a desplegarlo. Y si es un entretejido, podemos entrar por varios y distintos lugares. Existen varias líneas de análisis. Este fue el puntapié inicial para crear el trasfondo, si se quiere, filosófico que rodea a “Del texto a la vida”.

Para devolver el texto a toda su pluralidad, a toda su diferencia, hay que deshacerlo y reescribirlo. Y quizás, la vida es también un entretejido de voces, y no un ente superior que nos dicta el quehacer.

Realmente me gustaría que mis lectores pueden chequear mi obra y comentarme qué les parece, y qué les lleva a pensar. Ciertamente fue eso lo que busqué: que lleve al lector a pensar en sus propias experiencias de vida, a preguntarse si lo que está haciendo ahora mismo lo acerca un poquito más hacia la persona que quiere llegar a ser.

O no sé, quizás estoy delirando demasiado y no es más que una obrita divertida y llevadera que tuvo la suerte de ser reconocida. A lo mejor no hay mucho para desenredar ni descrifrar, pero eso sería una pena, porque entonces pasamos de ser lectores críticos a simples pasivos. 

► Como sea, sólo espero que quienes lean “Del texto a la vida” le encuentren algún sentido en su propia vida, y les haga pasar un momento ameno.

Nada más.


«La culpa de Eva fue la de querer conocer, experimentar, investigar, con sus propias fuerzas, las leyes que reglan el universo, la tierra, su propio cuerpo, de rechazar las doctrinas impuestas desde arriba, en unas palabras Eva representa la curiosidad de la ciencia contra la pasiva aceptación de la fe.»

Margherita Hack (Astrofísica y divulgadora científica, 1922-2013)
                                                                                                                            
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miércoles, 26 de agosto de 2015

Un paseo por el soliloquio de Hamlet


“La tragedia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca” (o simplemente “Hamlet”) es la obra de teatro más conocida (y decididamente más sobre-analizada) del inglés William Shakespeare. No solo se trata de la pieza más larga, sino que además el texto escrito en 1601 se ha convertido en una de las tragedias más influyentes y poderosas de la historia universal.

En pocas palabras: Hamlet es el Príncipe de Dinamarca. Su padre (¿Mufasa?) fue asesinado por su nefasto tío Scar, digo… Claudio… en un intento de usurpar el trono. El fantasma del fallecido rey se le aparece a su hijo para pedirle que se vengue de su asesino. La obra se va desenvolviendo alrededor de la locura (real, pero también fingida) y de cómo una persona transita los diferentes estados frente a la muerte de un ser querido (pasando por el dolor intenso y la ira desmedida). A su vez aparecen las temáticas de la venganza, el incesto, la corrupción y la traición. Ya saben, esas cosas que le encantan a Shakespeare y a George Martin.

Hamlet decide que la mejor manera de resolver el asunto con su tío Claudio es una buena y tradicional venganza a sangre fría. Para obtener las pruebas necesarias, monta una obra de teatro (una obra dentro de la misma obra) y cubre su comportamiento fingiendo demencia.

Sin embargo, a medida que la trama progresa se vuelve cada vez más ambiguo si Hamlet finge locura o realmente está perdiendo la cabeza. La cosa se complica especialmente con la presencia de un popurrí de personas secundarios: Polonio (canciller del reino y amigo del difunto padre), Ofelia (hija de Polonio y el objeto de afecto de Hamlet), Gertrudis (la madre, que ahora se ha casado con su maligno cuñado) y , por supuesto, el mismo Claudio, que está preparando planes para remover a su sobrino del escenario.

Un bolonqui de aquellos.

Es probable que Shakespeare haya basado su obra en un conjunto de leyendas con temáticas similares que abundaban en diferentes culturas alrededor del mundo: la leyenda romana de Bruto, la saga escandinava Hrolf Kraki, una obra anterior posiblemente escrita por Thomas Kyd (titulada “Ur-Hamlet”), entre otras. Muchos de los elementos de la obra, por ejemplo, fueron tomados de “La vida de Amleth” (Saxo Grammaticus), obra del siglo XIII.

Hoy Hamlet ha sido adaptada numerosas veces al cine, teatro y televisión. Y ha cambiado tanto que muchas veces solo se relaciona en la trama más básica con el contenido original. 

(Piensen, por ejemplo, en “El Rey León” de Disney).

En internet pueden encontrarse adaptaciones super raras, como la edición de Hamlet de Facebook, una versión Manga y una con los personajes de Mario Bros. La obra teatral “Máquina Hamlet”, del aleman Heiner Müller, es una celebrada adaptación surrealista. Por su parte, la película “Legend of the Black Scorpion” es básicamente Hamlet en la China feudal.

Después de un diálogo de Star Trek VI donde se menciona que los trabajos de Shakespeare eran, en realidad, el trabajo de un Klingon, algunas fans con mucho tiempo en sus manos se tomaron el trabajo de traducirlo a lenguaje Klingon.

Orson Scott Card, un declarado del movimiento anti-gay, también hizo el intento de adaptar la historia del príncipe en una extravagante novela de 2008 con pésimas críticas: “Hamlet´s Father”. En ella resulta que el viejo rey es un pedófilo que viola a la mayor parte del elenco masculino para convertirlos en homosexuales y pedófilos como él. En serio.

Por último vale destacar dos casos más. El primero es la película “Royal Deceit” (1994) con Christian Bale y Gabriel Byrne. Una cinta de bajo presupuesto que combina Hamlet con la historia original y vikinga (Saxo Grammaticus). Las opiniones se dividen entre “tan mala que termina siendo buena” y “tan promedio que resulta siendo aceptable”. El último caso es el de la serie “Sons of Anarchy” (del canal FX), que trata de una banda de motoqueros que actuan al borde la ley pero de fondo es una versión de Hamlet ambientada en la época moderna.

Además de engendrar perturbadores adaptaciones, Hamlet es conocida por haber sido generadora y frases clichés que se usaron y parodiaron en todas partes. De todas ellas, seguramente la más conocida (e incomprendida) sea “Ser o no ser…”, que es el comienzo del afamado soliloquio del inicio del acto III.

La obra de teatro no tiene uno, ni dos, sino siete soliloquios en total. Todos son de una profundidad sin igual, y todos están íntimamente relacionados con la trama y el desarrollo del personaje que lo recita. En ese sentido, la estructura de la obra se ajusta a la del teatro isabelino: cinco actos, todos de diferente longitud, y con un lugar especial para los monólogos.


Popular y erróneamente se asocia el monólogo de “Ser o no ser” (que sucede en el acto III) con la calavera del bufón Yorick que Hamlet encuentra en el cementerio durante el acto V. En realidad este monólogo –el tercero de una serie de pensamientos en voz alta que se formula el protagonista– es de carácter existencial y se centra en la duda, pero no tiene nada que ver con una calavera.

En su base, Hamlet es un intelectual quejoso que tiene la carga del peso de su vida. Sus pensamientos paralizan su accionar y es exactamente lo que expone en el soliloquio. Lo interesante de lo que dice es que, más allá de su locura fingida, hace observaciones muy agudas en cuando al espíritu humano, el amor, los pecados y la muerte.

Se trata de un monólogo tremendo y cargado de significado que tiene mucha tela para cortar. Sorprendentemente, se mantiene muy contemporáneo en sus palabras, pese a tener más de 400 años de antigüedad.

“Ser o No Ser, esa es la cuestión”

Hamlet se muestra natural, sin tapujos. Pone en relevancia la incertidumbre de cómo debe vivir, actuar y comportarse frente a los demás . Hay quienes afirman que su frase “ser o no ser” se refiere a ser o no ser como su tío Claudio (es decir, un pecador). 

La verdad es que parecería tener un sentido más amplio: ser humano de forma completa, con todo lo que implica, las más y las menos, las injurias y penurias, o abandonar todo y dejarse llevar por la vida.

“Si es más noble para el Alma soportar las flechas y pedradas de la áspera Fortuna
o armarse contra un mar de adversidades y darles fin en el encuentro”

Aparece el cuestionamiento de actuar de forma honrada (sabiendo que vas a ser golpeado por la vida) frente a conformarse con lo que pasa alrededor.

“Morir: dormir, nada más.
Y si durmiendo terminaran las angustias y los mil ataques naturales
herencia de la carne, ¿sería una conclusión seriamente deseable?” 

Morir, dormir: dormir, tal vez soñar.
Sí, ese es el estorbo; pues qué podríamos soñar en nuestro sueño eterno 
ya libres del agobio terrenal,
es una consideración que frena el juicio y da tan larga vida a la desgracia.

Pues, ¿quién soportaría los azotes e injurias de este mundo,
el desmán del Tirano, la afrenta del Soberbio, las penas del amor menospreciado,
la tardanza de la ley, la Arrogancia del cargo, los Insultos que sufre la paciencia, 
pudiendo cerrar cuentas uno mismo con un simple puñal? 

¿Quién lleva esas cargas, gimiendo y sudando bajo el peso de esta vida,
si no es porque el temor al más allá, la tierra inexplorada de cuyas fronteras ningún viajero vuelve,
detiene los sentidos y nos hace soportar los males que tenemos 
antes que huir hacia otros que ignoramos? 

Todos estos versos ejemplifican y desarrollan el dilema planteado al principio por medio de metáforas, ejemplos y diferentes dicotomías: rebeldía vs. resignación, vivir vs. morir, acción vs. reflexión. 

Hamlet se plantea lo sencillo y fácil que sería poner fin a todos los males con el suicidio (“…pudiendo cerrar cuentas uno mismo con un simple puñal?”), y la idea de que es el desconocimiento de lo que hay luego de la muerte lo que pone freno a esa maniobra.

Hamlet plantea el dilema, lo extiende, lo desarrolla, y luego llega a la inevitable conclusión sobre el final:

La conciencia nos vuelve unos cobardes,
el color natural de nuestro ánimo se mustia con el pálido matiz del pensamiento,
y empresas de gran peso y entidad por tal motivo se desvían de su curso 
y ya no son acción.

Tomar conciencia sobre nuestros actos sin convertir el pensamiento en acción, propone Hamlet, hace que el individuo se paralice. Es una conclusión que él aplica a su situación particular, pero que puede extenderse a cualquier ámbito de nuestras vidas. Rendirse o seguir peleando. Cuando pensamos demasiado las cosas, cuando nos conformamos con las injusticias, cuando dejamos que las cosas suceden porque “así sucedieron siempre”, somos unos cobardes.

Cada vez que releo este monólogo, se me eriza la piel.

Aunque el texto en español es una traducción posible de las tantas que hay dando vueltas, la densidad conceptual está presente. Hay una precisión en la elección de palabras y elegancia en la forma en que arma cada verso. Hay muchísimos recursos formales empleados y que moldean el contenido para intensificar ideas importantes y brindar más fuerza a lo que se quiere transmitir.

Shakespeare fue un conocedor del alma humana y las penurias del hambre. No es casual que por eso tantos de sus personajes se hayan convertidos en símbolos y fluentes de influencias. Si Macbeth representa la ambición humana, y Romeo y Julieta el amor, Hamlet es la vacilación por excelencia. Muchos investigadores se han preguntado por qué él tarda tanto tiempo (esencialmente toda la obra) en llevar a cabo su plan, por qué duda tanto. Al respecto hay varias teorías interesantes, pero serán motivo de otro post.

Leer Hamlet es ponerse uno contra uno con las dualidades más elementales del hombre: la locura y la razón, la honradez frente a la maldad, y la justicia por medios legales frente a la venganza (justicia por mano propia). 

Temas, por supuesto, atemporales.

► El soliloquio de Hamlet en mi traducción preferida:



Ser o No Ser, esa es la cuestión:
Si es más noble para el Alma soportar las flechas y pedradas de la áspera Fortuna
o armarse contra un mar de adversidades y darles fin en el encuentro....

Morir: dormir, nada más.
Y si durmiendo terminaran las angustias y los mil ataques naturales
herencia de la carne, ¿sería una conclusión seriamente deseable? 

Morir, dormir: dormir, tal vez soñar.
Sí, ese es el estorbo; pues qué podríamos soñar en nuestro sueño eterno 
ya libres del agobio terrenal,
es una consideración que frena el juicio y da tan larga vida a la desgracia.

Pues, ¿quién soportaría los azotes e injurias de este mundo,
el desmán del Tirano, la afrenta del Soberbio, las penas del amor menospreciado,
la tardanza de la ley, la Arrogancia del cargo, los Insultos que sufre la paciencia, 
pudiendo cerrar cuentas uno mismo con un simple puñal? 

¿Quién lleva esas cargas, gimiendo y sudando bajo el peso de esta vida,
si no es porque el temor al más allá, la tierra inexplorada de cuyas fronteras ningún viajero vuelve,
detiene los sentidos y nos hace soportar los males que tenemos 
antes que huir hacia otros que ignoramos? 

La conciencia nos vuelve unos cobardes,
el color natural de nuestro ánimo se mustia con el pálido matiz del pensamiento,
y empresas de gran peso y entidad por tal motivo se desvían de su curso 
y ya no son acción.
(...)

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lunes, 11 de noviembre de 2013

“La excepción y la regla” (obra de teatro, 1930)

Autor: Bertolt Brecht (Alemania)
Género: teatro épico
Leído: octubre - 2013


Una obra absolutamente maravillosa que me introdujo al teatro épico de Bertolt Brecht. La acción dramática ocurre en Mongolia, hacia el 1900, donde un comerciante viaja con prisa para obtener una concesión petrolera. Va acompañado de un guía y un coolí (un indio carguero, tratado como un animal de carga). Debido a la desconfianza del capitalista comerciante, despide a su guía y dos clases sociales diametralmente opuestas terminan extraviadas en el desierto, donde la falta de agua los llevará hasta límites inimaginables.

► Les comparto “La excepción y la regla”, en formato PDF para descargar: http://bit.ly/HPSZxk


==> A partir de ahora, y como pienso redactar un breve análisis, es muy posible que se arruinen partes de la trama… así que #SpoilerAlert. <==

Bertolt Brecht es en el teatro sinónimo de ruptura. Enfrentándose a la clásica visión aristotélica, redefine todo un concepto sobre la nueva funcionalidad de las representaciones teatrales. Para Brecht primordialmente el arte debe tener una función social. Para Aristóteles, el drama debía generar la catarsis en el espectador, la expurgación de pasiones. Esto provocaba que uno se identificara con lo que sucede en la representación, se emocionara. Brecht propone absolutamente lo contrario.

Se terminó esto de “llorar y reír en el teatro” para luego volver a casa como si nada hubiera pasado. Su teatro, que denominó “épico” o “didáctico”, implica aplicar ciertas técnicas de distanciamiento para evitar que el espectador pueda identificarse y simplemente emocionarse con lo que sucede en la escena. Brecht pretende evitar que únicamente nos conmovamos, que el espectador sea pesante, racional, analítico. “Que uno se vaya pensando con algo en la cabeza”.

Por ese motivo, “La excepción y la regla” tiene carteles, música en vivo y mínima escenografía para poder trasladarse fácilmente. No hay verdadera complejidad de escena. Los actores rompen constantemente la cuarta pared. 

Como resultado, la obra se convierte en una clase didáctica donde se busca implantar una enseñanza.


El comienzo tiene a los actores hablando directamente al público, rompiendo la cuarta pared, “relatando” lo que va a ocurrir y pidiéndonos que no consideremos nada como “natural”. La primera frase “Vamos a contarles…” ya es una actuación auto-referencial, didáctica. El espectador no debe perder de vista al actor representando (esto genera el efecto de distanciamiento).

Hay muchísimos elementos interesantes para mencionar en la obra, que es relativamente breve. El mercader es el único con nombre propio (Karl Langman). En una sociedad de clases, solo los dominantes tienen derecho a un nombre, el resto no. El resto solo tenemos “funciones sociales”.

El viaje de “La excepción y la regla”, que es también una analogía de la carrera del hombre moderno por conseguir las riquezas que le ofrece el mercado, lo realiza el comerciante acompañado de un guía y un coolí (encargado de llevar el equipaje). Toda la obra es finalmente una representación de las injusticias sociales y los abusos que permite el capitalismo (Brecht era ferviente comunista, detalle importante).


“El arte no es un espejo para reflejar la realidad,
sino un martillo para darle forma.”
(Bertolt Brecht)

Dice el comerciante: “El hombre débil se queda atrás y el fuerte llega primero”. Este darwinismo social es un ejemplo de la falsa conciencia que abunda a lo largo de la trama. Es decir, un razonamiento no válido que intenta legitimizar algo y hace que el desposeído lo vea como algo natural. La clase alta considera que la clase vaga es perezosa, haragana. Ni siquiera deben compartir charlas. “Yo generalmente no me siento contigo y tú, a tu vez, no lo haces con el changador. Sobre estas diferencias está construido el mundo”.

Brecht acompañó toda su producción literaria con un respaldo literario. Sus “técnicas de distanciamiento” estaban bien documentadas y justificadas. Al tomar cierta distancia, el espectador no se identifica con los personajes. Así, logra ver con mayor objetividad lo que se le está preguntando. El “observador activo” analiza, reflexiona sobre lo que ve, y saca sus propias conclusiones. El distanciamiento también genera una suerte de desnaturalización. Ese es el objetivo de Brecht: desnaturalizar el orden social y de clases predeterminado.

“Nada debe parecer natural.
Nada debe parecer imposible de cambiar”

La ideología capitalista está representada en toda la historia: “Cuando encuentra petróleo, guardan el secreto. Al que tapa el pozo se le paga por callarse. Por eso se apura tanto el comerciante. No es petróleo lo que busca, sino el precio del silencio.” Lo mismo sucede hoy con la gente que compra autos para no usarlos.

El climax es el cierre del universo ideológico que presenta la obra. El comerciante mata al coolí (“Te lo buscaste, animal”). El changuero no es considerado humano. Nuevamente aparecen los actores en escena (técnica de distanciamiento) para recordarnos que son actores representando. Hablan mientras la escenografía se transforma en el juzgado, a la vista del público. Durante el juicio, el juez le da la razón al comerciante: “No llevaba una piedra, pero era lógico (“natural”) que llevara una piedra”.

La regla es que uno de clase social baja odie, sea violento, holgazán. Lo natural era que el coolí quisiera matar al comerciante, cuando solamente quiso llevarle agua. Así, el comerciante es perdonado porque el asesinato ha sido en “defensa propia”.

Más allá del importante contenido político de la obra, la encontré de muy fácil lectura y amena. Por sobre todo: sorprende a cada instante. Tiene giros argumentales fantásticos, grandes reflexiones sobre la sociedad y un cierto suspenso hábilmente dosificado.

► El abuso sería la regla del mundo deshumanizado, “La excepción y la regla” es una obra que invita a levantar la lucha por la igualdad. Brecht analiza que lo que ha sucedido con la evolución de la sociedad es también producto de lo que se ha dicho durante años y años con el teatro clásico. El teatro épico de Brecht está comprometido políticamente => busca “observadores críticos de la realidad”. 

Una pequeña obra que, sinceramente, no tiene desperdicio. Para leer y releer.

“No ves las cosas como yo. ¿Por qué debemos ir a Urga? Tonto…
¿No entiendes que se le hace un bien a la humanidad haciendo surgir el petróleo del suelo?
Cuando salga el petróleo, aquí habrá ferrocarriles, y el bienestar se expandirá.
Habrá pan, ropa, y Dios sabe cuántas cosas más.
¿Y quién lo hará? Nosotros. Todo esto depende de nuestro viaje”

 (Karl Langmann, “La excepción y la regla”)

martes, 28 de mayo de 2013

“A puerta cerrada” (obra dramática, 1944)



Autor: Jean Paul Sartre (Francia)
Género: teatro / obra dramática en un acto
Leído: última vez en Bahía Blanca, 2013

"El infierno son los otros" es quizás una de las frases más populares (y más incomprendidas) de Jean-Paul Sartre. Sartre siempre fue uno de mis filósofos preferidos, y su existencialismo es –para mí– una forma de vivir. Pero de eso hablaré en otra nota.

Hoy es el turno de una de sus obras de teatro más interesantes y que personalmente me encanta: “A puerta cerrada” (No Exit).

Sartre fue soldado en la Segunda Guerra Mundial. Esa experiencia lo escandalizó y forjó varias de sus posturas filosóficas. Luego se hizo académico e intercaló sus ensayos con obras de ficción que hacían de “excusa” para exponer sus teorías. Así, en “A puerta cerrada”, el filósofo ofrece una idea diferente: el infierno como una habitación donde tres desconocidos son condenados a vivir eternamente bajo la mirada del otro, sin poder dejar de escuchar lo que el otro dice por más que tapen sus oídos.  

No hay torturas ni verdugos, solo ellos obligados a permanecer allí por toda la eternidad. Mientras tanto, presencian cómo el mundo los va olvidando más rápido de lo que creen.

► Quien no lo haya leído, les dejo el link. Les aseguro que es excelente: http://bit.ly/117FcHZ

***

#SpoilerAlert: ¡Aclaro que mi pequeño análisis puede llegar a arruinar partes de la trama a un lector desconocedor de la obra!

***


Inés, Estelle y Garcín son las almas condenadas a esta sala sin salidas, y pronto se convierten en meros símbolos de algo más universal. A través de ellos, Sartre muestra la condición de la sociedad en la que vivimos inmersos. Ellos han cometido horribles pecados (que la obra revela poco a poco) pero la verdadera causa es más profunda y definitiva: Garcin es un canalla y un cobarde, Inés es sádica y manipuladora, Estelle es netamente egoísta.

Hay muchísima tela para cortar en las pocas páginas de esta historia. “La mirada del otro” es quizás uno de los elementos más interesantes. Se parte de la idea de que la mirada del otro es aquella que desnuda, muestra la realidad del ser. A partir de ésta, el individuo es juzgado o condenado. No poder pestañar, no poder dormir… y ser constantemente juzgado por la mirada del otro, aquel es el verdadero infierno que cada uno vive día a día.

… Y sin embargo, cuando en un momento de la historia se abre la puerta, ninguno se anima a irse sin el otro. No quieren o no pueden. Es ahí cuando descubren porque el verdugo nunca apareció. El verdugo ES el otro.

“El Infierno en sus miradas, su presión implícita, en esas pupilas vibrantes…”

Es genial cómo se molestan hasta límites inimaginables. Es recién al final donde se llega a la icónica frase (que resume el leitmotiv de la obra): “El infierno son los otros”. Y además es sorprendente, gracias a algunos elementos de suspenso y narrativos bien logrados (una muy interesante “Pistola de Chejov”, entre otros).

Inés es definitivamente mi personaje preferido. Una trabajadora postal lesbiana cuyo pecado es la manipulación. Ella parece ser el único personaje capaz de entender el poder de la opinión y el único personaje honesto con relación al mal que ella misma, Garcín y Estelle han hecho. 

De todas formas, el pecado “Sartriano” de Inés está impregnado en su esencia: ella se reconoce como un ser “maligno”, y bajo esa excusa decide no tomar decisiones.

Hay muchísimo simbolismo plagado en la obra. El espejo (o mejor dicho, la falta de uno) es uno particular. Estelle no dejaba de mirarse cada mañana, incluso para confirmar que existía. 

En el infierno de cuatro paredes, los tres tienen solo al otro como peculiar forma de reflejarse. Otro gran elemento simbólico es el Infierno. En el pensamiento existencial de Sartre la vida es un Infierno lleno de absurdos y de “la nada”.

►  “A puerta cerrada” funciona como un comentario social y filosófico de la sociedad que nos rodea (y en particular de París durante la Segunda Guerra Mundial). El escenario es el laboratorio perfecto para estudiar a tres individuos separados  del mundo. Sartre brillantemente revela que el infierno es un estado mental y no un lugar específico. 

El concepto de “los otros” como reflejo indispensable en nuestra vida, nos confronta revoltosamente a contextos poco conocidos de nosotros mismos. No hay lugar más aterrador que aquel que nos desnuda, nos enfrenta con nuestras debilidades.

“One always dies too soon - or too late. And yet one's whole life is complete at that moment,
with a line drawn neatly under it, ready for the summing up. You are - your life, and nothing else.” 

(Inés en “No Exit” –Jean Paul Sartre)
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