
Hace unos días fue
noticia mundial.
Alice Munro, la
escritora de cuentos canadiense de 81 años, célebre por su inmensa cantidad de
escritos, un armonioso estilo de narración y un especial cuidado de los
detalles, obtuvo el
premio Nobel de la
Literatura 2013. ¡Y yo ni siquiera sabía quién era! El hecho es
especialmente interesante porque es la primera vez (en más de un siglo) que se premia a una autora especializada en ficción
corta.
Al respecto, la Academia la
catalogó como “
una maestra de la narración breve contemporánea”.
Una amiga me facilitó uno de sus más famosos
cuentos, que hoy está dando vueltas por toda la web: “Radicales libres”. Quiero aprovechar esta nota para brindar un análisis informal / homenaje a la
autora, y reforzar algunos de los
elementos que más iluminaron mi atención.
La historia se centra en Nita, una reciente viuda en un intento de rehacer su vida, y su misterioso encuentro con una situación
límite. Una historia inteligente y sorprendente que bien podría ser un
genial largometraje de suspenso.
#SpoilerAlert. Se revelan (y se analizan) partes
fundamentales de la trama a continuación.
***
El análisis más sobresaliente del cuento, en mi
opinión, es la especial atención al
detalle. No lo noté en el principio, sino al terminar la historia y
levantar la mirada.
Distintas personas
encontrarán interpretaciones diferentes de los eventos. Este es uno de los
elementos que más disfruto en
una historia corta bien escrita: los cabos
sueltos (que no se deben confundir con
plotholes)
y los interrogantes con muchas
respuestas posibles. “
Radicales
libres” aparenta ser una historia simple (y de hecho lo es, durante el
primer tercio de la misma) pero alcanza
niveles de complejidad fascinantes bajo la superficie.
Al principio conocemos la trágica historia de Nita,
una enferma de cáncer que acaba de perder a su esposo. Por supuesto, la
narración nos lleva a simpatizar con ella casi inmediatamente. ¡Pero ojo!
Mientras intenta recuperar su vida nos enteramos de que su esposo estaba casado
y ella fue la causa de su infidelidad.
Como resultado,
Rich (el difunto esposo)
perdió también su trabajo. Ya no es tan simpática, ¿o sí? Estamos digiriendo
esta nueva información (y, sin saberlo, algunos datos que serán fundamentales
en el futuro) cuando alguien toca a la puerta. Es un hombre pretendiendo
arreglar los fusibles y
resulta ser un peligroso asesino, un monstruo que
recupera nuestro amor por la protagonista… solo hasta que ella le confiesa sus propios pecados: ha envenado a la última
amante de su esposo Rich.
El juego que hace
Munro para cambiar nuestras emociones
respecto a los protagonistas es impecable. Al final, el invasor escapa en el
auto del difunto y tiene un extraño accidente
a unos kilómetros de distancia. El final, inmejorable, nos abre
más preguntas que respuestas.
«—¿Está herido?
—Muerto. Instantáneamente. Merecido se lo tiene.
Luego siguió un sermón amable pero severo. Dejarse las llaves en el
coche. Una mujer que vive sola. Nunca se sabe en los días que corren. Nunca se
sabe.»
Las preguntas más inmediatas se relacionan con la intrigante historia del envenenamiento:
¿fue una estrategia para cuidarse del asesino? ¿Hasta qué punto es real? ¿La
información salió del libro de Bett, la primera esposa? Hay pequeñas pistas a
lo largo de la trama que podrían llegar a despejar el panorama (por ejemplo: Nita
adoraba la ficción y la lectura, pero
hacía un buen tiempo que no leía nada).
La situación –
plagada de suspenso–
que se genera en el segundo acto entre el invasor y una Nita fría y calculadora,
es formidable. Los roles se invierten entre Nita y el asesino, y entre Nita y
Bett. Sobre el final no sabemos bien qué
sucedió, pero cada uno puede sacar sus propias conclusiones.
Otro gran acierto de Alice Munro es
su capacidad, su precisión narrativa, para compactar información descriptiva en
pequeñas pero poderosas frases:
«En
realidad era una mujer —no precisamente una chica— seria, físicamente torpe,
tímida, capaz de enumerar todas las reinas de Inglaterra, no solo los reyes
sino también las reinas, y que se sabía de memoria la guerra de los Treinta Años,
pero a quien le daba vergüenza bailar en público y que jamás aprendería a
subirse a una escalera de mano, al contrario que Bett. »
¡Toda una vida compactada en una única oración!

El título
merece un análisis aparte. En el ámbito de la química, los radicales libres
son moléculas con electrones impares y
abiertas
al intercambio y reconfiguración. Usualmente son altamente reactivas, por
lo que un radical libre tienen tendencia
a formar parte de reacciones químicas. En el cuento, Nita los asocia con el
vino rojo (lo cual es cierto) y es la única aparente vinculación con el texto.
Sin embargo, se dice que los radicales libres
causan el envejecimiento de las células (es decir, nuestro propio
envejecimiento) y son capaces de convertir una célula saludable en una
cancerígena. Al mismo tiempo, un radical libre (o una situación propensa a
hacernos reaccionar) podría convertir a
una mujer apacible y calmada en una asesina a sangre fría.
Bajo esta nueva perspectiva, el título cobra un sentido completamente distinto. Por otro lado, a
partir de su mención directa de los radicales libres, la mente de Nita da un vuelco
y se vuelve otra vez la protagonista de la historia. Es ahí cuando
recupera el control a través de su propio destino.
Se ha dicho de Munro que tiene preferencia por los protagonistas femeninos, y que se ha
dedicado al género de la narración breve con una pasión inmensurable. En ella, el
detalle se transforma en núcleo del relato, multiplicándose. Sus pinceladas
inteligentes y precisas continúan
la
tradición de Chejov (uno de los
más influyentes cuentistas de la época contemporánea). A mi esta historia me llevó más hacia los cuentos de
Agatha Christie, aquellos donde
el efecto nocebo y el envenenamiento se convirtieron en su especialidad.
►
“
Radicales libres” es una
historia fantástica, sorprendente, que
queda en la mente del lector por largo
rato, y encadena una serie de reacciones
inesperadas. Una forma excelente de conocer a la autora, ahora ya
mundialmente famosa.