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lunes, 16 de mayo de 2016

El extraordinario capítulo 66 de “Rayuela”


Terminé de leer Rayuela no hace mucho, y estoy preparando una nota que va a ser una de las más extensas y ambiciosas de este blog. La idea es examinarla desde la “búsqueda” como tema (contenido), y la transgresión en la forma. Creo que va a estar saliendo en junio porque todavía tengo bastante para investigar, releer y analizar.

Hasta entonces, tenía ganas de armar este post sobre un capítulo que me llamó muchísimo la atención. Es interesante porque no forma parte del argumento principal de la obra (léase: no hay  spoilers) y muestra dos cosas:

1) El nivel de complejidad que adquiere la novela, incluso con capítulos cortísimos que son casi una microficción dentro de la ficción.
2) Que la obra tiene historias dentro de historias, y muchos capítulos funcionan independientemente del resto, son autosuficientes y hasta tienen vida propia.

Voy a intervenir un poquito el brevísimo capítulo 66, pero antes lo comparto, como para ponernos en sintonía. 

Ahí va:

***

66
Facetas de Morelli, su lado Bouvard et Pécuchet, su lado compilador de almanaque literario (en algún momento llamaba “Almanaque” a la suma de su obra).
Le gustaría dibujar ciertas ideas, pero es incapaz de hacerlo. Los diseños que aparecen al margen de sus notas son pésimos. Repetición obsesiva de una espiral temblorosa, con un ritmo semejante a las que adornan la stupa de Sanchi.
Proyecta uno de sus muchos finales de su libro inconcluso, y deja una maqueta. La página contiene una sola frase: “En el fondo sabía que no se puede ir más allá porque no lo hay.” La frase se repite a lo largo de toda la página, dando la impresión de un muro, de un impedimento. No hay puntos ni comas ni márgenes. De hecho un muro de palabras ilustrando el sentido de la frase, el choque contra una barrera detrás de la cual no hay nada. Pero hacia abajo y a la derecha, en una de las frases falta la palabra lo. Un ojo sensible que descubre el hueco entre los ladrillos, la luz que pasa.
(-149)

***


El episodio es parte de los “capítulos prescindibles”, la tercera parte del libro que contiene pedacitos que no pertenecen al argumento principal de la obra, pero que la complementan de alguna manera. Morelli, por otra parte, es una suerte de alter-ego de Cortázar. Tiene un rol muy secundario, y el autor lo aprovecha para poner en evidencia algunas de sus ideas sobre las maneras de hacer literatura. A lo largo de Rayuela se ven sus pequeñas intervenciones con Horacio Oliveira, el protagonista, y se exponen pedazos de sus textos.

Lo más loco del capítulo 66 es la cantidad de cosas que compacta en tan poco texto. Acá se ve la destrucción de Morelli como ser. Cortázar lo compara, muy hábilmente, muy hipertextualmente, con la obra que Gustave Flaubert nunca llegó a terminar (Bouvard et Pécuchet).

Morelli es el doble de Cortázar, y por eso sus trabajos tienen una relación directa, casi metatextual, con la obra que estamos leyendo. Rayuela también es un libro inconcluso, de muchos finales. Podemos leerla en el orden tradicional (1, 2, 3, 4, 5…), siguiendo un tablero de comandos (73-1-2-116-3-84,…) o como uno quiera. De hecho, mientras lo leemos no estamos seguros de si final va a ser conclusivo o no (spoiler alert: no lo es).

El capítulo 66 marca la última aparición de Morelli en la historia, que para esa altura ya casi habíamos olvidado debido a todo lo que sucede entre Oliveira, Traveler y Talita. 

Vemos cómo la pasión que tuvo Morelli por la literatura se va apagando. Él escribió –al mejor estilo Jack Torrance– toda una página entera con la frase: “en el fondo sabía que no se puede ir más allá porque no lo hay”. Sin embargo, falta un “lo” en un lugar, como un hueco donde pasa la luz.

Esto sintetiza, de alguna forma, la idea de los códigos gráficos a los que alude Cortázar. En Rayuela los íconos gráficos tienen especial importancia. Las mandalas, el tablero de comandos como campo de batalla (que remite a la noción de “juego”, otro de los grandes temas de la novela). La rayuela, el ajedrez, los espejos, los almanaques y las alfombras –entre tantos otros– también son elementos gráficos y simbólicos que cobran interés.


La página de Morelli es también un dibujo, un cuadro pintado con una misma frase, y con un único hueco. Una luz (prácticamente imperceptible) pasa por el espacio abierto por la ausencia de una palabra. No se puede ir “más allá” porque no existe un más allá de la página, ni un más allá de las palabras. 

O quizás, sólo al leer críticamente un texto podemos hallar ese haz de luz que nos lleva a lo que está detrás, a lo que verdaderamente está escrito. A la idea detrás de la idea, el texto detrás del texto. Una idea medio platónica, si me preguntan (la Caverna de Platón me viene inmediatamente a la mente).

La narrativa de Cortázar siempre fue una que expone a la fragmentación y a la transgresión, a romper con lo ya escrito, quebrar los moldes. A este mismo espíritu remiten los diferentes códigos gráficos que aparecen en Rayuela. De ellos, el del capítulo 66 me pegó especialmente. 

Debo haber leído el capítulo cuatro o cinco veces por lo menos.

Hay otro código gráfico más: la espirales de la Gran Estupa de Sanchi, en India. Es uno de los grandes monumentos budistas y para muchos representa un fundamental testimonio de la vida durante la época de su construcción, hace casi dos mil años. No es casual esta referencia, considerando la gran cantidad de símbolos budistas que aparecen en la obra.

► Si se pueden comentar tantas cosas de un texto de apenas 180 palabras, imagínense la cantidad de conclusiones, análisis, estudios e investigaciones que han salido al repasar Rayuela una y otra vez. Es, verdaderamente, una obra impresionante. Ampliaré más en el review completo.

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martes, 29 de septiembre de 2015

“Vanilla Sky” (2001): la importancia de lo dulce y lo amargo


“Vanilla Sky” (de Cameron Crowe) es una de mis películas preferidas, y nunca pierdo la oportunidad de volver a verla cada vez que puedo. Me parece una mezcla fabulosa entre historia de amor y thriller psicológico, y hasta la disfruto más que la original “Abre los Ojos” (la segunda película de Alejandro Amenábar).

Cuando la vi en el 2001 me pareció muy profunda y creativa. Comienza con un hombre en una máscara (Tom Cruise) en la cárcel y contando su historia a un psiquiatra (Kurt Rusell). Cruise era un millonario que lo tenía todo, excepto la atención de una mujer que conoció en una fiesta (la hermosa Penélope Cruz, quien –curiosamente– hace el mismo papel tanto en esta remake como en la original).

Todo se complica cuando su psicópata y amiga-con-beneficios (Cameron Díaz) lo conduce a un accidente en el que ella muere y él queda con la cara desfigurada. A partir de ese momento, todo comienza a volverse surreal y bizarro en la vida del protagonista David Aames.

► #SpoilerAlert. Dicho esto, miren la película antes de seguir avanzando, o se arriesgan a arruinarse una historia absolutamente maravillosa.

La gran revelación de la película se da cuando nos enteramos de que, en algún momento luego del accidente, David pagó un programa (“Life Extension”) para ser enfriado e ingresar a un sueño lúcido, uno que le permitiría soñar el paraíso.

“Vanilla Sky” / “Abre los ojos” le ganaron en más de 10 años a Inception en términos de explorar la idea de los sueños lúcidos inducidos medicamente.


Pero la trama no es tán sencilla como “todo fue un sueño”, sino que es una variación inusual de este tema. Los críticos no suelen discutir si todo fue un sueño o no, sino qué tanto de la película lo es. Las ocurrencias extrañísimas que comienzan a suceder podrían ser el resultado de un error en el sistema (como explica el empleado de Soporte Técnico en el bar) o bien originadas por algo diferente.

El final es tan ambiguo que parecería haber, por lo menos, cinco posibles interpretaciones (según el comentario del director):

1.       Todo lo que dice Soporte Técnico es real (David nunca volvió a ver a Sofía de nuevo. Luego de dormirse en la acera, firmó contrato con Life Extensión y se puso en un coma. El resto fue parte de su sueño lúcido).
2.       Toda la película es un sueño (porque finaliza del mismo modo que inicia).
3.       David murió, y todo es un sueño luego del accidente en el auto.
4.       La película es la trama del libro de Brian (el mejor amigo de David).
5.       Todo es el resultado de las alucinaciones de David debido a la medicación (y luego del accidente de auto).

También se juga con la idea de “Sueños dentro de los sueños” (David tiene varios de esos), lo cual no facilita la interpretación de la historia.

Sobre el final no podemos estar seguros de si David despertó o no. Según IMDB.com, la voz del final (“David, open your eyes”) es de la actriz Laura Fraser (Lydia de “Breaking Bad”) y no de alguien del elenco. Tampoco lo vemos golpear el suelo al saltar desde la cima del edificio (él tenía miedo al impacto, no a las alturas).

Como sea, aunque el ángulo de los sueños y la interpretación de lo que realmente sucede en “Vanilla Sky” es fascinante, no es lo que más me llama la atención de la cinta. Lo que más disfruto es el impacto emocional que posee y su capacidad para hacernos replantear ciertas cuestiones de la vida.

Una de las frases que se repiten a lo largo de la película es “Lo dulce nunca es tan dulce sin lo amargo”. Este tagline (que adopté como un lema personal) funciona como leitmotiv de Vanilla Sky. En otras palabras: el placer puro y la felicidad plena no tienen sentido sin el descontento y la tristeza para darles contexto.

«Nunca conocerás el glorioso dolor del hombre que se va a casa solo.
Porque sin lo amargo...lo dulce no es tan dulce.»

David tiene la oportunidad de vivir una vida privileagiada, una existencia paradisíaca dentro de su sueño lúcido, en compañía de la mujer que ama y de su mejor amigo. Pero al final elige que esa existencia es en vano porque es irreal. Prefiere vivir en un mundo real, imperfecto, fallido, áspero. Uno donde no todos los días son buenos, y tampoco todos malos. Para poder apreciar la luz, tenemos que haber conocido la oscuridad.

Vanilla Sky es más liviana que Abre los Ojos. De eso no hay duda. La versión de Amenábar, como casi toda su filmografía, es más oscura, más cruel y mucho más terrorífica. La adaptación de Crowe, en cambio, tiene un enfoque mucho más humano, más humorístico, y contiene grandes situaciones emotivas entre los protagonistas. La relación entre Tom Cruise y Penélope Cruz (que luego se transportó a la vida real) me parece una de las mejor logradas dentro del cine romántico. Ambos “retardadores de placer”, divertidos, piropeadores (“That smile's gonna be the end of me”), riéndose uno de otro, sinceros.


«Te veré en otra vida,
cuando ambos seamos gatos.»

También me encanta el rol de Kurt Russell en la cinta y cómo adopta la figura paternal que le toca vivir en el sueño. ¡Tremendo papel!

Cuando Vanilla Sky salió en el 2001, dividió las opinones. Todos la amaban o la odiaban. Volví a verla hace poco (esta vez con mi futura esposa) y la encontré tan fresca y contemporánea como la primera vez. (A la película, no a mi chica). Incluso mejor. Llena de sutilezas y detalles, con un soundtrack tan vivo (como acostumbra Cameron Crowe) y con muchísimas referencias a sí misma, al cine y a la cultura pop en general.

Al respecto, aparentemente hay 429 referencias pop-culturales a lo largo de la película, casi todas intencionales y relacionadas directamente con la trama. Magistralmente, estas referencias influyen directamente en la historia al punto de deconstruir la idea misma de las referencias pop-culturales en la ficción.
  
(¿Eh?). OK. Ahí me explico mejor. El flaco de Soporte Técnico comenta que los personajes y situaciones que David creó en su sueño lúcido fueron el resultado de experiencias cuando era chico, de obras de arte, programas de televisión que vio, música que escuchó, relaciones que tuvo antes de ingresar al sueño.

Hay muchísimo para amar en esta película: tres de los actores más sensuales del momento (Cruise, Cruz y Díaz), un impecable romance, fenomenal soundtrack, trama intrigante y enredada (de esas que generan debates pos-película) y una excelente dirección de Crowe. 

Me encanta este director –adoro  “Elizabethtown”, “Almost Famous” y “Say Anything”– pero creo que éste es su mejor trabajo.

Al final del día, "Vanilla sky" es una historia que cuenta con una serie de símbolos (objetos, temas y personajes) que se organizan como una alegoria sobre la felicidad desde una perspectiva ética. En concreto, hablamos de la responsabilidad de la felicidad personal. A partir de ahí toma temas de realidad vs. percepción, cómo nos influye la culpa o cómo se define el amor.


Hay muchísimo para analizar: ¿Qué es verdaderamente el “Cielo de vainilla”? El accidente. La máscara (forma visual de la negación). “La chica más triste que alguna vez sostuvo un martini”. La vida como una persecución de sueños. La simbología de la acofobia en el protagonista. Consequences, David…

Peliculón. De esos que me ponen la piel de gallina con ciertas escenas, que me recuerdan por qué amo el cine, de esos que podría seguir desenredando por horas. Si no lo vieron, háganlo. Good night.

► ¿Vieron “Vanilla Sky”? ¿Qué les pareció? ¿Qué opinan del cine de Cameron Crowe? ¡Espero sus comentarios!

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miércoles, 17 de junio de 2015

Un análisis de la 5ta temporada de Game of Thrones


Game of Thrones se alejó hasta el 2016 dejándonos a todos en estado de shock. La quinta temporada fue, por primera vez en su historia, desbalanceada, a tal punto que tengo sentimientos encontrados. Apostó por un camino muy diferente al que estamos acostumbrados y agotó –casi en su totalidad– el material de los libros.

En este post vamos a desmenuzar lo que nos dejó.


***

#MegaSpoilerAlert: de más está decir que el análisis implica comentar cosas que sucedieron a lo largo de la quinta temporada de GoT. Así que: SPOILER ALERT ¡Están avisados!

***

El alejamiento del material original

La televisión y la literatura son medios artísticos muy diferentes que requieren cosas diferentes. Por eso no estoy en contra de que los creadores de la serie (David Benioff y D. B. Weiss) se alejen cada vez más de la fuente. Walking Dead lo hizo, y lo hizo muy bien hasta ahora. Las adiciones y omisiones son inevitables en toda adaptación artística de un medio a otro. Podemos rezongar todo lo que queramos en las redes sociales, pero no es posible lograr una versión que satisfaga a todo el público por igual.

¿Saben cómo descubrir si una persona leyó los libros de GoT? Fácil. Te lo VA A HACER SABER. MUCHAS VECES. Yo no soy lector de los libros, pero los seguidores incondicionales de la saga de George Martin, desesperados por spoilear y mostrar todo lo que saben de la historia, estaban indignadísimos con los cambios que tuvimos en la quinta temporada, por la omisión de Lady Stoneheart y tantos otros personajes, por la cantidad de cambios importantes respecto a los libros.

A mí me parece que está bien por dos motivos: primero porque el autor no saca material nuevo. Pero además porque el material tiene que adaptarse al medio que se emite, y está bueno que los fans de los libros también puedan sorprenderse. De todas formas, es un tema muy debatible.

El animé Full Metal Alchemist intentó adaptar la fuente original con resultados discutibles, y finalmente sacaron una nueva versión fiel al cómic (Full Metall Alchemist Brotherhood) que terminó siendo una de las mejores series que el animé nos puede ofrecer.

Ahora, Game of Thrones viene siendo una adaptación muy fiel a la saga literaria de Martin, y en algunos casos hasta ha mejorado el material, eliminando redundancias, intensificando arcos argumentales y sumando coherencia general a la historia. Pero la quinta temporada se tomó más libertades artísticas que ninguna otra, adaptando prácticamente dos novelas (A Feast for Crows y A Dance With Dragons) en solo 10 horas de televisión.

Los cambios más significativos que se vieron este año respecto al libro son varios: Stannis nunca sacrifica a su hija Shireen (y su esposa sigue vive, y Melisandre nunca salió del Muro), Ser Barristan Selmy sigue vivo, Tyrion aún no se encuentra con Dany ni se convierte en gobernador de Mereen, toda la historia de Jaime en Dorne es nueva (hace otras cosas en los libros), Sansa está sana y (muy) lejos de Winterfell, Arya nunca se reencuentra con Jaquen y en los libros los Ironborn (Greyjoys y demás) están muy incluidos en la guerra (esto podría suceder en la temporada 6).

 ¿Algo más? Sí, claro. Mance Rayder también existe todavía en los libros (aunque es asesinado por Stannis), Myrcella tampoco muere (de hecho, los Martell no quieren matarla sino hacerla reina).

Por último, los libros hacen mucho hincapié en elementos sobrenaturales que nunca aparecieron en la serie. Uno de ellos (quizás importante para el futuro de la serie) es la fuerte conexión entre los Stark y sus lobos. En la saga de Martin, los feroces animales rara vez se alejan de su lado (y Bran no es el único que sueña a través de los ojos de su lobo).

¿Qué nos dejó la temporada 5?

Me duele decirlo, ya que es indudable que se trata de una de las mejores series de la historia de la TV, pero esta última temporada me dejó un sabor amargo.

Mientras que las anteriores siempre evolucionaron en todo (diseño, ambientación, presupuesto, narrativa, sorpresas, actuaciones, expansión del universo, etc.), la quinta es la primera en la que siento que tuvieron un tropezón.

Durante mayor parte de la temporada no pasaron demasiadas cosas relevantes o dramáticas. El ritmo fue más bien lento, rezagado. Pero esto no habría estado tan mal si hubiésemos tenido grandes consumaciones (big payoffs) luego de tanta espera. En su lugar recibimos una masiva cantidad de cliffhangers y pocas cosas concluyentes. El cliffhanger como técnica narrativa no me molesta, pero es la solución más simple para atrapar al lector / espectador.

El punto más flojo de la temporada fue todo lo que sucedió en Dorne, con Jaime y Bronn. La dupla prometía ser interesante, pero quedó en la nada. Por momentos hasta parecían escenas sacadas de otra serie, de una sitcom. Algo tipo “How I Met my Daughter” (guiño guiño). El final del arco (la muerte de Myrcella) fue esperable, pero tampoco me pareció bien ejecutado. Hasta lo encontré forzado. Nada funcionó con este agregado que ni siquiera existe en los libros.

Los inmaculados también fueron una gran decepción. Las cosas en Mereen fueron atractivas. El episodio 9 brindó momentos increíbles, ver a Ser Jorah redimirse y pelear por Dany, Tyrion encontrándose con la Reina de los Dragones. El problema, básicamente, fue que los inmaculados fueron muy inútiles, no el increíble y organizado ejército que habíamos visto en temporadas anteriores. Estaban desordenados, sucumbían ante el caos y fueron fácilmente derrotados por los Son of Harpies (supuestamente ciudadanos comunes).


La temporada como un todo estuvo medio inconexa, sin demasiada coherencia. No hubo argumentos principales que funcionaran como leit motiv de la historia (que sí existían en temporadas anteriores: “La redención de Jamie” en la tercera, “El juicio de Tyrion” en la cuarta, “La guerra de los cinco reyes” en la segunda, por ejemplo). Hay personajes que desaparecieron inexplicablemente a mitad de temporada (Tommen, Littlefinger, Margaery). Particularmente me molestó que Tommen no hiciera nada respecto al encarcelamiento de su madre. Brianne, por su parte, se pasó todo el año encerrada en la torre (solo para desaparecer en el momento menos indicado).

Stannis fue un punto fuerte en la historia: se lo vio más humano, más dinámico, más razonable. Sus escenas en el norte con Jon Snow fueron uno de los grandes aciertos. Pero el sacrificio de su hija resultó apurado, extremo y –al final del día– en vano. Me sentí estafado.

De alguna manera, esta temporada me hizo sentir que los creadores buscaron deliberadamente shockear a la audiencia sin que esto estuviera exclusivamente justificado por la historia. La violación a Sansa, la quema de Mance (de nuevo: está vivo en los libros), el sacrificio de Shireen, el maltrato a las niñas por Meryn Trant… fue generar controversia por el solo hecho de hacerlo, porque es lo vende (lo que garpa).

Esta última temporada me pareció un producto mucho más “comercial” y empaquetado de lo que alguna vez había sido Game of Thrones.

El final estuvo hecho exclusivamente con escenas editadas de tal forma que no sabemos qué va a pasar: el salto de Theon y Sansa, la ejecución de Stannis, la ceguera de Arya, la muerte de Jon Snow. Me pareció barato, como un intento de crear una telenovela dramática de una serie que supo entender que es algo superior.

El otro día charlábamos con un amigo. Me decía: George Martin tiene un estilo muy marcado para escribir, da pistas de situaciones potenciales, desarrolla excelentes tramas y personas, permite que el lector / espectador vuele alto, imagine el futuro, teja su propio hilo argumental, y luego te manda a tierra de forma abrupta, con el giro menos esperado (y muchas veces menos deseado). “Es la isla de Lost en versión medieval, y con la vuelta de Tuerca que donde lo que no puede explicar, lo mata”, concluyó. ¡Y qué razón tiene! Con Jon Snow me pasó exactamente eso. Tengo la esperanza de que Melisandre le pegue una revivida, pero me parece que no era el camino que tenía que tomar la historia.

Lo mejor y lo peor de la temporada

Con sus más y sus menos, la temporada aprueba satisfactoriamente. No puedo decir que no.

Siento que no fue tan buena como otras anteriores. Siento que es el comienzo de un cambio que podría llegar a ser contraproducente en la serie si no revisan lo que falló este año. Pero lo que funcionó, funciono muy bien. La batalla de Hardhome fue épica (de hecho, todo lo que sucedió en el norte estuvo impecable… excepto el final), el misterio en Mereen fue atrapante (los Son of Harpy, Dany gobernando, Tyrion llegando, la lucha en la arena y la llegada de Drogon), el juego sucio de Littlefinger me fascinó, la intensidad entre los Bolton y Stannis me mantuvo intrigado y el complot en King´s Landing (con la excelente actuación de Jonathan Pryce como el High Sparrow) estuvo perfecta. El problema, de nuevo, lo encontré con los desenlaces de cada uno de estos arcos.

Lo peorcito: la historia de Arya se extendió más de la cuenta, y por momentos fue inconexa. Dorne fue un gran desacierto por donde se lo mire. Finalmente: los momentos shockeantes no estuvieron del todo justificados.

Así que si tuviera que colocar un puntaje...

► MI CALIFICACIÓN DE LA TEMPORADA: 7.5/10

A esto tengo que agregar que las temporadas 3 y 4 me parecieron soberbias y la primera y la segunda estuvieron muy bien también. Esto convierte a la 5ta temporada en la más floja de todas (en mi humilde opinión). Por cierto, les dejo mi opinión de las temporadas 2, 3 y 4.

==> Mi review de la cuarta temporada de GoT:              LINK ACÁ.
==> Mi review de la tercera temporada de GoT:             LINK ACÁ.
==> Mi review de la segunda temporada de GoT:           LINK ACÁ.


¿Hacia dónde se dirigirá la temporada 6?

Es difícil saberlo. Primero porque básicamente no hay más material. Hasta ahora, los nerds fans de los libros podían predecir más o menos hacia donde se iba a dirigir la historia, pero ahora eso ya es prácticamente imposible.


Jon Snow está exactamente igual de muerto que al final de Winds of Winter. No sabemos si irá  revivir (personalmente espero que sí) pero no creo que sea lo último que sepamos de Jon. El tema va a ser mantener en secreto su actuación (si es que sigue en la serie). En entrevistas dijo que no había forma de que vuelva, pero bien puede ser una forma de ocultar la verdad.

Cersei Lannister es otro personaje que ya cumplió con todo su rol de los libros. Al final la vemos escoltada por Ser Robert Strong (la montaña hecho zombie… what… the… fuck). Fue bueno que se resolviera ese misterio, al menos. Pero la verdad es que no hay más material para ella. El show dejó a Margaery  y Ser Loras en prisión, a Littlefinger y Lady Olenna en las sombras. Y también habría que ver qué hace Tommen con todos los quilombos que tiene en el reino.

Daenerys Targaryen también está en el mismo lugar que en los libros, aunque es distinta la forma en la que se encuentra con Khal Jhaqo y el resto de los salvajes.

Eso sí: va a ser muy divertido ver a Jorah y Daario buscándola.

Así que: ¿qué queda del material original? Muy poquito. Primero: Sansa y Theon (aunque en los libros no es Sansa sino su mejor amiga (Jeyne Pool) están involucrados en un par de aventuras en el norte. A su vez, los Greyjoys tienen una participación mucho más activa en los libros, y es probable que resurjan en la sexta temporada.

Sabíamos que la quinta temporada iba a tener bastante relleno porque no podían agotar su fuente. Necesitan poder hacer, por lo menos, la sexta temporada sin tener que inventar demasiado. Afortunadamente, Arya se queda ciega a mitad del cuarto libro (A Feast for Crows) así que vamos a seguir conociendo sus aventuras como asesina.

Sam está yendo para Oldtown, que es algo que sucede en los libros mucho antes. Lo más probable es que la sexta temporada encuentre la manera de llevarlo hacia la verdadera estrategia contra los caminantes blancos. Quiero ver más de Sam, y creo que su papel en el misterio del norte va a ser crucial.


Después la serie podría ir para cualquier lado: Gendry está todavía remando por ahí, Brianne nunca se encuentra con Stannis en los libros (y mucho menos lo “ejecuta”). Bran tiene que hacer una reaparición (seguramente será otro actor) y espero que haya aprendido magias increíbles luego de su entrenamiento. También tenemos a Tyrion y Varis (uno de los mejores dúos de la serie) dirigiendo Mereen (algo que no sucede en los libros, donde Barristan Selmy –muerto en la serie– es quien toma el mando). Eso va a ser excitante y, seguramente, muy divertido.


¿Y qué va a pasar con Dorne? Uf… va a ser complicado arreglar lo que considero la mayor equivocación de toda la serie. Jaime y Bronn nunca viajan para allá en los libros, y Myrcella tampoco muere. Es uno de los grandes cambios respecto a la fuente original, y el envenenamiento a la princesa es, básicamente, un llamado a la guerra. Ellaria y las Sand Snakes parecían una caricatura en la serie (actuaciones terriblemente malas y situaciones ridículas) pero esperemos que sepan corregir el rumbo. Lo que es seguro es que la sexta temporada va a estar todavía más alejada de la saga literaria de George Martin. En ese sentido, la quinta marcó un umbral, un antes y un después, un quiebre. Habrá que ver qué pasa a partir de ahora.

Palabras finales

Más allá de los deslices de la quinta temporada, yo estoy muy emocionado por todo lo que nos hizo vivir. Debatir los episodios semana a semana con mis amigos (y con mi futura esposa) es tradición ya; hace la semana más amena, genera expectativa, teorías, disgustos, sorpresas. Game of Thrones es un fenómeno social (como comenté en este post) antes que una simple serie de televisión. Yo, por mi parte, me tomaré este año para seguir reflexionando y debatiendo esta compleja historia.




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