Terminé de leer Rayuela
no hace mucho, y estoy preparando una nota que va a ser una de las más extensas
y ambiciosas de este blog. La idea es examinarla desde la “búsqueda” como tema
(contenido), y la transgresión en la forma. Creo que va a estar saliendo en
junio porque todavía tengo bastante para investigar, releer y analizar.
Hasta entonces, tenía ganas de armar este post
sobre un capítulo que me llamó muchísimo la atención. Es interesante porque no forma
parte del argumento principal de la obra (léase: no hay spoilers) y muestra
dos cosas:
1) El nivel de complejidad que adquiere la novela,
incluso con capítulos cortísimos que son casi una microficción dentro de la ficción.
2) Que la obra tiene historias dentro de historias,
y muchos capítulos funcionan independientemente del resto, son autosuficientes
y hasta tienen vida propia.
Voy a intervenir un poquito el brevísimo capítulo 66, pero antes lo comparto,
como para ponernos en sintonía.
Ahí va:
***
66
Facetas de Morelli, su lado Bouvard et Pécuchet, su
lado compilador de almanaque literario (en algún momento llamaba “Almanaque” a
la suma de su obra).
Le gustaría dibujar ciertas ideas, pero es incapaz
de hacerlo. Los diseños que aparecen al margen de sus notas son pésimos.
Repetición obsesiva de una espiral temblorosa, con un ritmo semejante a las que
adornan la stupa de Sanchi.
Proyecta uno de sus muchos finales de su libro
inconcluso, y deja una maqueta. La página contiene una sola frase: “En el fondo
sabía que no se puede ir más allá porque no lo hay.” La frase se repite a lo
largo de toda la página, dando la impresión de un muro, de un impedimento. No
hay puntos ni comas ni márgenes. De hecho un muro de palabras ilustrando el
sentido de la frase, el choque contra una barrera detrás de la cual no hay
nada. Pero hacia abajo y a la derecha, en una de las frases falta la
palabra lo. Un ojo sensible que
descubre el hueco entre los ladrillos, la luz que pasa.
(-149)
***
El episodio es parte de los “capítulos
prescindibles”, la tercera parte del libro que contiene pedacitos que no pertenecen
al argumento principal de la obra, pero que la complementan de alguna manera. Morelli, por otra parte, es una suerte
de alter-ego de Cortázar. Tiene un rol muy secundario, y el autor lo aprovecha
para poner en evidencia algunas de sus ideas sobre las maneras de hacer
literatura. A lo largo de Rayuela se
ven sus pequeñas intervenciones con Horacio Oliveira, el protagonista, y se
exponen pedazos de sus textos.
Lo más loco del capítulo 66 es la cantidad de cosas
que compacta en tan poco texto. Acá se ve la destrucción de Morelli como ser.
Cortázar lo compara, muy hábilmente, muy hipertextualmente, con la obra que Gustave Flaubert nunca llegó a terminar
(Bouvard et Pécuchet).
Morelli es el doble de Cortázar, y por eso sus
trabajos tienen una relación directa, casi metatextual, con la obra que estamos
leyendo. Rayuela también es un libro
inconcluso, de muchos finales. Podemos leerla en el orden tradicional (1, 2, 3,
4, 5…), siguiendo un tablero de comandos (73-1-2-116-3-84,…) o como uno quiera.
De hecho, mientras lo leemos no estamos seguros de si final va a ser conclusivo
o no (spoiler alert: no lo es).
El capítulo 66 marca la última aparición de Morelli
en la historia, que para esa altura ya casi habíamos olvidado debido a todo lo
que sucede entre Oliveira, Traveler y Talita.
Vemos cómo la pasión que tuvo Morelli por la literatura se
va apagando. Él escribió –al mejor estilo Jack Torrance– toda una página entera
con la frase: “en el fondo sabía que no
se puede ir más allá porque no lo hay”. Sin embargo, falta un “lo” en un lugar, como un hueco donde
pasa la luz.
Esto sintetiza, de alguna forma, la idea de los
códigos gráficos a los que alude Cortázar. En Rayuela los íconos gráficos tienen especial importancia. Las
mandalas, el tablero de comandos como campo de batalla (que remite a la noción
de “juego”, otro de los grandes temas de la novela). La rayuela, el ajedrez,
los espejos, los almanaques y las alfombras –entre tantos otros– también son
elementos gráficos y simbólicos que cobran interés.
La página de Morelli es también un dibujo, un
cuadro pintado con una misma frase, y con un único hueco. Una luz (prácticamente
imperceptible) pasa por el espacio abierto por la ausencia de una palabra. No
se puede ir “más allá” porque no existe un más allá de la página, ni un más
allá de las palabras.
O quizás, sólo al leer críticamente un texto podemos
hallar ese haz de luz que nos lleva a lo que está detrás, a lo que
verdaderamente está escrito. A la idea detrás de la idea, el texto detrás del
texto. Una idea medio platónica, si me preguntan (la Caverna de Platón me viene inmediatamente a la mente).
La narrativa de Cortázar siempre fue una que expone
a la fragmentación y a la transgresión, a romper con lo ya escrito, quebrar los
moldes. A este mismo espíritu remiten los diferentes códigos gráficos que aparecen
en Rayuela. De ellos, el del capítulo 66 me pegó especialmente.
Debo
haber leído el capítulo cuatro o cinco veces por lo menos.
Hay otro código gráfico más: la espirales de la Gran Estupa de Sanchi, en India. Es uno de los grandes monumentos
budistas y para muchos representa un fundamental testimonio de la vida durante
la época de su construcción, hace casi dos mil años. No es casual esta
referencia, considerando la gran cantidad de símbolos budistas que aparecen en
la obra.
► Si
se pueden comentar tantas cosas de un texto de apenas 180 palabras, imagínense la cantidad de conclusiones, análisis,
estudios e investigaciones que han salido al repasar Rayuela una y otra vez. Es, verdaderamente, una obra impresionante.
Ampliaré más en el review completo.
►Podés seguir las nuevas notas y
novedades (además de humor y críticas de cine) en mi fan-page:http://www.facebook.com/sivoriluciano. Si te gustó, ¡compartilo o dejá
un comentario!
“Vanilla Sky”
(de Cameron Crowe) es una de mis
películas preferidas, y nunca pierdo la oportunidad de volver a verla cada vez
que puedo. Me parece una mezcla fabulosa entre historia de amor y thriller
psicológico, y hasta la disfruto más que la original “Abre los Ojos” (la segunda película de Alejandro Amenábar).
Cuando la vi en el 2001 me pareció muy profunda y
creativa. Comienza con un hombre en una máscara (Tom Cruise) en la cárcel y contando su historia a un psiquiatra (Kurt Rusell). Cruise era un millonario
que lo tenía todo, excepto la atención de una mujer que conoció en una fiesta
(la hermosa Penélope Cruz, quien
–curiosamente– hace el mismo papel tanto en esta remake como en la original).
Todo se complica cuando su psicópata y amiga-con-beneficios
(Cameron Díaz) lo conduce a un
accidente en el que ella muere y él queda con la cara desfigurada. A partir de
ese momento, todo comienza a volverse surreal y bizarro en la vida del protagonista
David Aames.
► #SpoilerAlert.
Dicho esto, miren la película antes de
seguir avanzando, o se arriesgan a arruinarse una historia absolutamente maravillosa.
La gran revelación de la película se da cuando nos
enteramos de que, en algún momento luego del accidente, David pagó un programa
(“Life Extension”) para ser enfriado
e ingresar a un sueño lúcido, uno que le permitiría soñar el paraíso.
“Vanilla Sky”
/ “Abre los ojos” le ganaron en más
de 10 años a Inception en términos de explorar la idea de los sueños lúcidos
inducidos medicamente.
Pero la trama no es tán sencilla como “todo fue un
sueño”, sino que es una variación inusual de este tema. Los críticos no suelen
discutir si todo fue un sueño o no, sino qué tanto de la película lo es.
Las ocurrencias extrañísimas que comienzan a suceder podrían ser el resultado
de un error en el sistema (como explica el empleado de Soporte Técnico en el
bar) o bien originadas por algo diferente.
El final es tan ambiguo que parecería haber, por lo
menos, cinco posibles interpretaciones
(según el comentario del director):
1.Todo lo que dice Soporte Técnico es real (David
nunca volvió a ver a Sofía de nuevo. Luego de dormirse en la acera, firmó
contrato con Life Extensión y se puso
en un coma. El resto fue parte de su sueño lúcido).
2.Toda la película es un sueño (porque finaliza
del mismo modo que inicia).
3.David murió, y todo es un sueño luego del
accidente en el auto.
4.La película es la trama del libro de Brian (el
mejor amigo de David).
5.Todo es el resultado de las alucinaciones de
David debido a la medicación (y luego del accidente de auto).
También se juga con la idea de “Sueños dentro de los sueños” (David
tiene varios de esos), lo cual no facilita la interpretación de la historia.
Sobre el final no podemos estar seguros de si David
despertó o no. Según IMDB.com, la
voz del final (“David, open your eyes”)
es de la actriz Laura Fraser (Lydia
de “Breaking Bad”) y no de alguien
del elenco. Tampoco lo vemos golpear el suelo al saltar desde la cima del
edificio (él tenía miedo al impacto, no a las alturas).
Como sea, aunque el ángulo de los sueños y la
interpretación de lo que realmente sucede en “Vanilla Sky” es fascinante, no es lo que más me llama la atención
de la cinta. Lo que más disfruto es el impacto emocional que posee y su
capacidad para hacernos replantear ciertas cuestiones de la vida.
Una de las frases que se repiten a lo largo de la
película es “Lo dulce nunca es tan dulce sin lo amargo”. Este tagline (que adopté como un lema
personal) funciona como leitmotiv de Vanilla Sky. En otras palabras: el placer
puro y la felicidad plena no tienen sentido sin el descontento y la tristeza
para darles contexto.
«Nunca
conocerás el glorioso dolor del hombre que se va a casa solo.
Porque
sin lo amargo...lo dulce no es tan dulce.»
David tiene la oportunidad de vivir una vida
privileagiada, una existencia paradisíaca dentro de su sueño lúcido, en
compañía de la mujer que ama y de su mejor amigo. Pero al final elige que esa
existencia es en vano porque es irreal. Prefiere vivir en un mundo real,
imperfecto, fallido, áspero. Uno donde no todos los días son buenos, y tampoco
todos malos. Para poder apreciar la luz,
tenemos que haber conocido la oscuridad.
Vanilla Sky es más liviana que Abre los
Ojos. De eso no hay duda. La versión de Amenábar, como casi toda su filmografía, es más oscura, más cruel
y mucho más terrorífica. La adaptación de Crowe,
en cambio, tiene un enfoque mucho más humano, más humorístico, y contiene
grandes situaciones emotivas entre los protagonistas. La relación entre Tom
Cruise y Penélope Cruz (que luego se transportó a la vida real) me parece una
de las mejor logradas dentro del cine romántico. Ambos “retardadores de
placer”, divertidos, piropeadores (“That
smile's gonna be the end of me”), riéndose uno de otro, sinceros.
«Te
veré en otra vida,
cuando
ambos seamos gatos.»
También me encanta el rol de Kurt Russell en la cinta y cómo adopta la figura paternal que le
toca vivir en el sueño. ¡Tremendo papel!
Cuando Vanilla Sky salió en el 2001, dividió las opinones. Todos la amaban o la odiaban. Volví a
verla hace poco (esta vez con mi futura esposa) y la encontré tan fresca y
contemporánea como la primera vez. (A la
película, no a mi chica). Incluso mejor. Llena de sutilezas y detalles, con
un soundtrack tan vivo (como acostumbra Cameron Crowe) y con muchísimas
referencias a sí misma, al cine y a la cultura pop en general.
Al respecto, aparentemente hay 429 referencias
pop-culturales a lo largo de la película, casi todas intencionales y
relacionadas directamente con la trama. Magistralmente, estas referencias
influyen directamente en la historia al punto de deconstruir la idea misma de
las referencias pop-culturales en la ficción.
(¿Eh?). OK. Ahí me explico mejor. El flaco de
Soporte Técnico comenta que los personajes y situaciones que David creó en su
sueño lúcido fueron el resultado de experiencias cuando era chico, de obras de
arte, programas de televisión que vio, música que escuchó, relaciones que tuvo
antes de ingresar al sueño.
Hay muchísimo para amar en esta película: tres de
los actores más sensuales del momento (Cruise, Cruz y Díaz), un impecable
romance, fenomenal soundtrack, trama intrigante y enredada (de esas que generan
debates pos-película) y una excelente dirección de Crowe.
Me encanta este
director –adoro “Elizabethtown”, “Almost
Famous” y “Say Anything”– pero
creo que éste es su mejor trabajo.
Al final del día, "Vanilla sky" es una historia que
cuenta con una serie de símbolos (objetos, temas y personajes) que se
organizan como una alegoria sobre la
felicidad desde una perspectiva ética. En concreto, hablamos de la
responsabilidad de la felicidad personal. A partir de ahí toma temas de
realidad vs. percepción, cómo nos influye la culpa o cómo se define el amor.
Hay muchísimo para analizar: ¿Qué es verdaderamente
el “Cielo de vainilla”? El accidente. La máscara (forma visual de la negación).
“La chica más triste que alguna vez
sostuvo un martini”. La vida como una persecución de sueños. La simbología
de la acofobia en el protagonista. Consequences,
David…
Peliculón.
De esos que me ponen la piel de gallina con ciertas escenas, que me recuerdan
por qué amo el cine, de esos que podría seguir desenredando por horas. Si no lo
vieron, háganlo. Good
night.
► ¿Vieron
“Vanilla Sky”? ¿Qué les pareció? ¿Qué opinan del cine de Cameron Crowe? ¡Espero
sus comentarios!
►Podés seguir las nuevas notas y novedades (además de humor y
críticas de cine) en mi fan—page: http://www.facebook.com/sivoriluciano. Si te gustó, ¡compartilo o
dejá un comentario!
Game of
Thrones se alejó hasta el 2016
dejándonos a todos en estado de shock. La quinta temporada fue, por primera vez en su historia, desbalanceada, a tal punto que tengo sentimientos encontrados.
Apostó por un camino muy diferente al que estamos acostumbrados y agotó –casi
en su totalidad– el material de los libros.
En este post vamos a desmenuzar lo que nos dejó.
***
#MegaSpoilerAlert: de más está decir que el análisis
implica comentar cosas que sucedieron a lo largo de la quinta temporada de GoT. Así que: SPOILER ALERT ¡Están avisados!
***
El alejamiento del material original
La televisión y la literatura son medios artísticos
muy diferentes que requieren cosas diferentes. Por eso no estoy en contra de
que los creadores de la serie (David
Benioff y D. B. Weiss)
se alejen cada vez más de la fuente. Walking
Dead lo hizo, y lo hizo muy bien hasta ahora. Las adiciones y omisiones son
inevitables en toda adaptación artística de un medio a otro. Podemos rezongar todo
lo que queramos en las redes sociales, pero no es posible lograr una versión
que satisfaga a todo el público por igual.
¿Saben cómo descubrir si una persona leyó
los libros de GoT? Fácil. Te lo VA A HACER SABER. MUCHAS VECES. Yo no
soy lector de los libros, pero los seguidores incondicionales de la saga de
George Martin, desesperados por spoilear
y mostrar todo lo que saben de la historia, estaban indignadísimos con los
cambios que tuvimos en la quinta temporada, por la omisión de Lady Stoneheart y tantos otros
personajes, por la cantidad de cambios importantes respecto a los libros.
A mí me parece que está bien por dos motivos:
primero porque el autor no saca material
nuevo. Pero además porque el material tiene que adaptarse al medio que se
emite, y está bueno que los fans de los libros también puedan sorprenderse. De
todas formas, es un tema muy debatible.
El animé Full Metal Alchemist intentó adaptar la fuente original con
resultados discutibles, y finalmente sacaron una nueva versión fiel al cómic (Full Metall Alchemist Brotherhood) que
terminó siendo una de las mejores series que el animé nos puede ofrecer.
Ahora, Game
of Thrones viene siendo una adaptación muy fiel a la saga literaria de
Martin, y en algunos casos hasta ha mejorado el material, eliminando
redundancias, intensificando arcos argumentales y sumando coherencia general a
la historia. Pero la quinta temporada se tomó más libertades artísticas que ninguna
otra, adaptando prácticamente dos novelas (A
Feast for Crows y A Dance
With Dragons) en solo 10 horas de televisión.
Los cambios más significativos que se vieron este
año respecto al libro son varios: Stannis
nunca sacrifica a su hija Shireen (y
su esposa sigue vive, y Melisandre
nunca salió del Muro), Ser Barristan
Selmy sigue vivo, Tyrion aún no
se encuentra con Dany ni se convierte en gobernador de Mereen, toda la historia
de Jaime en Dorne es nueva (hace
otras cosas en los libros), Sansa
está sana y (muy) lejos de Winterfell, Arya
nunca se reencuentra con Jaquen y en
los libros los Ironborn (Greyjoys y
demás) están muy incluidos en la guerra (esto podría suceder en la temporada
6).
¿Algo más? Sí, claro. Mance Rayder también existe todavía en
los libros (aunque es asesinado por Stannis), Myrcella tampoco muere (de hecho, los Martell no quieren matarla
sino hacerla reina).
Por último, los libros hacen mucho hincapié en elementos
sobrenaturales que nunca aparecieron en la serie. Uno de ellos (quizás
importante para el futuro de la serie) es la fuerte conexión entre los Stark y sus lobos. En la saga de Martin,
los feroces animales rara vez se alejan de su lado (y Bran no es el único que sueña a través de los ojos de su lobo).
¿Qué nos dejó la temporada 5?
Me duele decirlo, ya que es indudable que se trata
de una de las mejores series de la historia de la TV, pero esta última
temporada me dejó un sabor amargo.
Mientras que las anteriores siempre evolucionaron en todo (diseño, ambientación,
presupuesto, narrativa, sorpresas, actuaciones, expansión del universo, etc.),
la quinta es la primera en la que siento
que tuvieron un tropezón.
Durante mayor parte de la temporada no pasaron
demasiadas cosas relevantes o dramáticas. El ritmo fue más bien lento, rezagado.
Pero esto no habría estado tan mal si hubiésemos tenido grandes consumaciones (big payoffs) luego de tanta espera. En
su lugar recibimos una masiva cantidad de cliffhangers
y pocas cosas concluyentes. El cliffhanger como técnica narrativa no me
molesta, pero es la solución más simple para atrapar al lector / espectador.
El punto más
flojo de la temporada fue todo lo que sucedió enDorne, con Jaime y Bronn. La dupla prometía ser interesante, pero
quedó en la nada. Por momentos hasta parecían escenas sacadas de otra serie, de
una sitcom. Algo tipo “How I Met my
Daughter” (guiño guiño). El final del arco (la muerte de Myrcella) fue esperable, pero tampoco me
pareció bien ejecutado. Hasta lo encontré forzado. Nada funcionó con este
agregado que ni siquiera existe en los libros.
Los inmaculados también fueron una gran decepción.
Las cosas en Mereen fueron atractivas. El episodio 9 brindó momentos
increíbles, ver a Ser Jorah
redimirse y pelear por Dany, Tyrion
encontrándose con la Reina de los Dragones. El problema, básicamente, fue que
los inmaculados fueron muy inútiles, no el increíble y organizado ejército que
habíamos visto en temporadas anteriores. Estaban desordenados, sucumbían ante
el caos y fueron fácilmente derrotados por los Son of Harpies (supuestamente ciudadanos comunes).
La temporada como un todo estuvo medio inconexa,
sin demasiada coherencia. No hubo argumentos principales que funcionaran como
leit motiv de la historia (que sí existían en temporadas anteriores: “La redención de Jamie” en la tercera, “El juicio de Tyrion” en la cuarta, “La guerra de los cinco reyes” en la
segunda, por ejemplo). Hay personajes que desaparecieron inexplicablemente a
mitad de temporada (Tommen, Littlefinger, Margaery). Particularmente me molestó que Tommen no hiciera nada
respecto al encarcelamiento de su madre. Brianne,
por su parte, se pasó todo el año encerrada en la torre (solo para desaparecer
en el momento menos indicado).
Stannis
fue un punto fuerte en la historia: se lo vio más humano, más dinámico, más razonable.
Sus escenas en el norte con Jon Snow fueron uno de los grandes aciertos. Pero
el sacrificio de su hija resultó apurado, extremo y –al final del día– en vano.
Me sentí estafado.
De alguna manera, esta temporada me hizo sentir que
los creadores buscaron deliberadamente
shockear a la audiencia sin que esto estuviera exclusivamente justificado
por la historia. La violación a Sansa, la quema de Mance (de nuevo: está vivo
en los libros), el sacrificio de Shireen, el maltrato a las niñas por Meryn
Trant… fue generar controversia por el solo hecho de hacerlo, porque es lo
vende (lo que garpa).
Esta última temporada me pareció un producto mucho
más “comercial” y empaquetado de lo que alguna vez había sido Game of Thrones.
El final estuvo hecho
exclusivamente con escenas editadas de tal forma que no sabemos qué va a pasar:
el salto de Theon y Sansa, la ejecución de Stannis, la ceguera de Arya, la muerte de Jon Snow. Me pareció barato, como un intento de crear una
telenovela dramática de una serie que supo entender que es algo superior.
El otro día charlábamos con un amigo. Me decía: George Martin tiene un estilo muy marcado
para escribir, da pistas de situaciones potenciales, desarrolla excelentes
tramas y personas, permite que el lector / espectador vuele alto, imagine el
futuro, teja su propio hilo argumental, y luego te manda a tierra de forma
abrupta, con el giro menos esperado (y muchas veces menos deseado). “Es la isla de Lost en versión medieval, y
con la vuelta de Tuerca que donde lo que no puede explicar, lo mata”, concluyó.
¡Y qué razón tiene! Con Jon Snow me
pasó exactamente eso. Tengo la esperanza de que Melisandre le pegue una revivida, pero me parece que no era el
camino que tenía que tomar la historia.
Lo mejor y lo peor de la temporada
Con sus más y sus menos, la temporada aprueba satisfactoriamente.
No puedo decir que no.
Siento que no fue tan buena como otras anteriores.
Siento que es el comienzo de un cambio que podría llegar a ser contraproducente
en la serie si no revisan lo que falló este año. Pero lo que funcionó, funciono
muy bien. La batalla de Hardhome fue
épica (de hecho, todo lo que sucedió en el norte estuvo impecable… excepto el
final), el misterio en Mereen fue
atrapante (los Son of Harpy, Dany
gobernando, Tyrion llegando, la
lucha en la arena y la llegada de Drogon), el juego sucio de Littlefinger me
fascinó, la intensidad entre los Bolton y Stannis me mantuvo intrigado y el
complot en King´s Landing (con la
excelente actuación de Jonathan Pryce
como el High Sparrow) estuvo perfecta. El problema, de nuevo, lo encontré con
los desenlaces de cada uno de estos arcos.
Lo peorcito: la historia de Arya se extendió más de la cuenta, y por momentos fue inconexa. Dorne fue un gran desacierto por donde
se lo mire. Finalmente: los momentos shockeantes no estuvieron del todo
justificados.
Así que si tuviera que colocar un puntaje...
►MI CALIFICACIÓN DE LA TEMPORADA:7.5/10
A esto tengo que agregar que las temporadas 3 y 4
me parecieron soberbias y la primera y la segunda estuvieron muy bien también.
Esto convierte a la 5ta temporada en la
más floja de todas (en mi humilde opinión). Por cierto, les dejo mi opinión
de las temporadas 2, 3 y 4.
==>
Mi review de la cuarta temporada de GoT: LINK
ACÁ.
==>
Mi review de la tercera temporada de GoT: LINK
ACÁ.
==>
Mi review de la segunda temporada de GoT: LINK
ACÁ.
¿Hacia dónde se dirigirá la temporada 6?
Es difícil saberlo. Primero porque básicamente no hay más material. Hasta
ahora, los nerds fans de los libros podían predecir más o menos hacia donde se
iba a dirigir la historia, pero ahora eso ya es prácticamente imposible.
Jon Snow
está exactamente igual de muerto que al final de Winds of Winter. No sabemos si irá
revivir (personalmente espero que sí) pero no creo que sea lo último que
sepamos de Jon. El tema va a ser mantener en secreto su actuación (si es que
sigue en la serie). En entrevistas dijo que no había forma de que vuelva, pero
bien puede ser una forma de ocultar la verdad.
Cersei
Lannister es otro personaje que ya cumplió con todo su rol de los libros.
Al final la vemos escoltada por Ser Robert Strong (la montaña hecho zombie…
what… the… fuck). Fue bueno que se resolviera ese misterio, al menos. Pero la
verdad es que no hay más material para ella. El show dejó a Margaery y Ser
Loras en prisión, a Littlefinger
y Lady Olenna en las sombras. Y
también habría que ver qué hace Tommen
con todos los quilombos que tiene en el reino.
Daenerys
Targaryen también está en el mismo lugar que en los libros, aunque es
distinta la forma en la que se encuentra con Khal Jhaqo y el resto de los
salvajes.
Eso sí: va a ser muy divertido ver a Jorah y Daario buscándola.
Así que: ¿qué queda del material original? Muy
poquito. Primero: Sansa y Theon (aunque en los libros no es Sansa
sino su mejor amiga (Jeyne Pool)
están involucrados en un par de aventuras en el norte. A su vez, los Greyjoys
tienen una participación mucho más activa en los libros, y es probable que
resurjan en la sexta temporada.
Sabíamos que la quinta temporada iba a tener
bastante relleno porque no podían agotar su fuente. Necesitan poder hacer, por
lo menos, la sexta temporada sin tener que inventar demasiado. Afortunadamente,
Arya se queda ciega a mitad del
cuarto libro (A Feast for Crows) así
que vamos a seguir conociendo sus aventuras como asesina.
Sam está
yendo para Oldtown, que es algo que
sucede en los libros mucho antes. Lo más probable es que la sexta temporada
encuentre la manera de llevarlo hacia la verdadera estrategia contra los caminantes blancos. Quiero ver más de Sam, y creo que su papel en el misterio
del norte va a ser crucial.
Después la serie podría ir para cualquier lado: Gendry está todavía remando por ahí, Brianne nunca se encuentra con Stannis en los libros (y mucho menos lo
“ejecuta”). Bran tiene que hacer una
reaparición (seguramente será otro actor) y espero que haya aprendido magias
increíbles luego de su entrenamiento. También tenemos a Tyrion y Varis (uno de
los mejores dúos de la serie) dirigiendo Mereen (algo que no sucede en los
libros, donde Barristan Selmy
–muerto en la serie– es quien toma el mando). Eso va a ser excitante y,
seguramente, muy divertido.
¿Y qué va a pasar con Dorne? Uf… va a ser
complicado arreglar lo que considero la mayor equivocación de toda la serie. Jaime y Bronn nunca viajan para allá en los libros, y Myrcella tampoco muere. Es uno de los grandes cambios respecto a la
fuente original, y el envenenamiento a la princesa es, básicamente, un llamado
a la guerra. Ellaria y las Sand Snakes parecían una caricatura en
la serie (actuaciones terriblemente malas y situaciones ridículas) pero esperemos
que sepan corregir el rumbo. Lo que es seguro es que la sexta temporada va a
estar todavía más alejada de la saga literaria de George Martin. En ese
sentido, la quinta marcó un umbral, un antes y un después, un quiebre. Habrá
que ver qué pasa a partir de ahora.
Palabras finales
Más allá de los deslices de la quinta temporada, yo
estoy muy emocionado por todo lo que nos hizo vivir. Debatir los episodios
semana a semana con mis amigos (y con mi futura esposa) es tradición ya; hace
la semana más amena, genera expectativa, teorías, disgustos, sorpresas. Game of Thrones es un fenómeno social (como comenté en este post) antes que una simple serie de televisión. Yo, por mi parte, me tomaré este año
para seguir reflexionando y debatiendo esta compleja historia.
►Podés seguir las nuevas notas y novedades (además de humor y
críticas de cine) en mi fan—page: http://www.facebook.com/sivoriluciano. Si te gustó, ¡compartilo o
deja un comentario!