Mostrando entradas con la etiqueta osario de palabras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta osario de palabras. Mostrar todas las entradas

¿Te gusta el contenido de mi blog? Ayudame a seguir manteniéndolo

Invitame un café en cafecito.app
Por el momento, sólo podés invitar cafecitos si sos de Argentina. Ahora sí, lee tranquilo.

jueves, 11 de agosto de 2016

Exonario: las palabras que deberían existir


Hace muy poquito salió una nota mía para Nussocial, uno de los blogs donde colaboro como redactor. Hablé sobre un grupo de narradores que improvisan historias en Bahía Blanca y tuve la oportunidad de entrevistar a dos de los integrantes del grupo: Robby Gutiérrez y Jorge Ricardo Mux. La nota completa está disponible en este link.

La cuestión es que el nombre Jorge Mux me sonaba del blog Exonario (que había leído hace algunos años), y me pregunté si se trataría de la misma persona. 

Resultó que no. El autor del blog es, de hecho, el hijo del integrante de “Narraciones al Instante”. Las vueltas de la vida.

Exonario es una propuesta súper interesante que comenzó Jorge Mux hijo –escritor y profesor de filosofía en la Universidad de Bahía Blanca– allá por el 2006. Se trata de más de mil expresiones y palabras que no están en el diccionario de la Real Academia Española, pero que todos hemos sentido (y sufrido) alguna vez. Comenzó como un blog y hoy también es un libro. 

¡Hasta tiene su propia wiki!

Como dice el mismo autor, son "definiciones insólitas, de dudosa justificación, de nombres hilarantes y muchas veces de imposible referencia". Y si bien hay muchísimo humor en la cuestión, hablamos de un laburo muy serio.

Mux dio una charla TED en el 2012 sobre el tema, y ahí explica mejor de qué trata este catálogo de términos y definiciones que busca ponerle nombre a situaciones y objetos que no lo tienen. Todos pueden colaborar para crear nuevas palabras (hoy hay unas 1300, de las cuales 300 aproximadamente fueron colaboraciones) siempre y cuando se cumpla con algunas reglas específicas (tienen que ser completamente funcionales al idioma castellano, no existir en diccionarios convencionales, etc).
  

***

La idea es genial porque nuestro castellano, por hermoso que sea, tiene muchas limitaciones. 

Los americanos tienen la facilidad de que su inglés se va adaptando constantemente a nuevas formas. Por ejemplo, en inglés todo puede convertirse en un verbo, por ejemplo “google + something”. Hemos castellanizado muchas de esas cosas (googlear, clickear, supportear, stalkear) pero lo cierto es que a veces no suena del todo bien.

¿Por qué nuestro lenguaje tiene que limitar nuestra capacidad de expresión? Otros idiomas tienen palabras únicas que, en castellano, significan cosas larguísimas de describir (como mencioné en “10 curiosidades sobre el idioma español”):


► Exonario está disponible en todas las librerías de Argentina y también en versión Ebook. Algunas partes pueden leer online a través de Google Books.


Para cerrar, los dejo con algunas que yo ya agregué al diccionario de mi vida; ustedes pueden seguir indagando Exonario por su cuenta.

Biarexia (Sust. Del griego biá = violencia y orexis = apetito). "Necesidad de observar o desplegar violencia". Más de una vez necesito matar zombies en el Killing Floor o ver una buena película de acción para depurar mis energías negativas.
 Morifendia (mos= costumbre; findere= hender, abrir) “Manía o mala costumbre de dejar las puertas, las alacenas, los frascos, las canillas y las cremalleras entreabiertos o mal cerrados.” Me considero culpable.
 Pistentimio (Del griego pistis = creencia y enthymio = recuerdo) “Errónea creencia según la cual ciertas ideas que se nos ocurren momentánea y espontáneamente, serán recordadas cuando haga falta aplicarlas”. Esto es muy Ley de Murphy, ¿no?
 Ambiquestia (Sustantivo. Del latín ambi = en dos sentidos y conquestio = reproche. Adjetivo: ambiquesto) . "Capacidad de quejarse por una cosa y por la cosa contraria". El clásico caso de la Gata Flora.
 Letámara (Sustantivo femenino. Del latín laetitia = alegría y amaritudo = sabor amargo). “Exaltada alegría con un dejo de preocupación”. Cómo cuando la están pasando súper bien en una fiesta pero no estás seguro si cerraste bien la puerta de tu casa. La sufro bastante seguido.
 Microdélico,a (Adjetivo. Del griego mikrós = pequeño y délomai = manifestarse) “Quien tiene militancia en cuestiones mínimas e insignificantes”. Todos tenemos alguna microdelia en nuestra vida.
 Irenofagia (Sustantivo. Del griego eiréne = paz y fágo = comer). “Capacidad de arrebatar la paz ajena”. Creo que es la condición básica de todo jefe.

► BONUS TRACK: Mi nota sobre “Narraciones al Instante” para Nussocial: LEER ACÁ.


………………………………………………………………………………………………….


………………………………………………………………………………………………….


► Podés seguir las nuevas notas y novedades (además de humor y críticas de cine) en mi fan-page: http://www.facebook.com/sivoriluciano. Si te gustó, ¡compartilo o dejá un comentario!

martes, 29 de marzo de 2016

“Repertorio en forma de libro, osario de palabras” (cuento)


Les comparto un nuevo cuento de mi autoría que, lo admito, peca de no ser una de los más brillantes. Sin embargo, creo que tiene algunos elementos de especial interés que comento al final (y que puedan aportar un detalle adicional a la motivación de mi relato).

Mis comentaristas de Literautas.com lo odiaron, ¡así que pueden criticarlo tranquilos!

***

“Repertorio en forma de libro, osario de palabras”

Lo más insoportable de subirme todos los días al ascensor espacial a la Luna no es que sea espantosamente parsimonioso. Tampoco me abruman las pequeñas e insignificantes conversaciones. “Qué calor hace hoy”. “El tiempo está loco”. “Parece que va a haber lluvia de meteoritos otra vez”.

Menos aún me perturba el amontonamiento de individuos en el único y delgado cable, de unos 50.000 kilómetros de largo, que empalma a nuestro planeta con la superficie lunar. Nos vendieron que es una obra de ingeniería de magnitud colosal, que finalmente tenemos una autopista hacia el cielo; nos bombardearon con la viperina frase: “Elevamos sueños”. ¡Qué me importa que haya sido diseñado con una recalcitrante aleación de un polímero sintético llamado “Zylon” y nanotubos de carbono! No deja de ser un oneroso medio de transporte que consume nada menos que treinta minutos en desplazarte a tu faena.


Me resulta indolente la caravana que se reúne en la entrada (de la Tierra) todos los días para protestar que “el elevador espacial está matando a los humanos por la radiación”. No son reclamos apócrifos. La extendida permanencia en el cinturón de Van Allen verdaderamente es el motivo de los nuevos tipos de cáncer que comenzaron a emerger en el planeta.

No. Lo realmente intolerable no son las miradas incómodas, la criatura que no suspende nunca el sollozo, el energúmeno que comenta idioteces para evitar los silencios, el inefable obeso que deja siempre resbalar una flatulencia. A mí quien verdaderamente me hace hervir la sangre es el sujeto que dedica su media hora a la imparable lectura del diccionario.

¡Es verdad! Siempre fui muy inquieto, terriblemente inquieto. ¡Pero a no confundir aquello con la demencia! Soy muy cuerdo y, sin embargo, me es difícil saber cómo aquella idea entró en mi cabeza por primera vez. Quizás, la diligencia del hombre por leer regularmente su diccionario despertaba en mí un complejo de inseguridad, el temor a que cualquier palabra que él pudiera llegar a pronunciar acabaría por sonar como una tormentosa condición médica.

Su tranquilidad y vehemencia por la actividad me irritaban de sobremanera. ¿Para qué convertirse en un cazador de palabras, cuando las que usamos para la comunicación diaria nos alcanzan y sobran? ¿Con qué necesidad se aventuraba en la espinosa tarea de investigar palabras largas, elaboradas y crípticas per se? ¿Quién era él para amar tanto las palabras que las releía con cuidado, casi con recelo? ¿Quién era él para vencer el desagrado del ascensor espacial con tanta soltura? Era la traición hacia lo familiar, la vanidad, la forfolla, el quijotismo por antonomasia.

Recuerdo que había comenzado con la letra “M” cuando me decidí, poco a poco, muy gradualmente, a librarme de aquel sujeto y de su engreimiento para siempre.

Lo ajusticié –no me pregunten bien cómo ni cuándo– una ocasión en la que sólo él y yo subíamos en el elevador. No recuerdo si le corté el cuello con un elemento cortante o si le perforé el corazón. A lo mejor lo golpeé muy duro con un objeto romo en el parietal izquierdo.  ¿O fui más clemente y lo envenené con cianuro?

Pobrecito, ya iba por la letra “V”.

Cuando cayó al suelo, su repertorio de palabras se desparramó por el lugar. Permanecí inmóvil. Durante diez minutos enteros no moví un sólo músculo. Luego, sonreí alegremente al ver lo simple que había resultado todo. Examiné el abyecto cadáver. Pude sentir cómo la vida se había desvanecido, invalidando a un cuerpo prescrito.

No pueden imaginarse con qué cuidado, con qué desmedido cuidado, levanté el grueso libro con mis manos. Llegó entonces a mis oídos un ruido apagado, como el que podría hacer el rumor de las hojas en el campo al aire libre. Leve. Elegante. Pronto lo distinguí: era el diccionario. Latía. Latía delatándome, armonioso como el redoble de un tambor. Tum-tum, tum-tum, tum-tum.


Aquel tipo estaba indudable e irreversiblemente muerto. No obstante, su libro vivía. El sonido se hizo más penetrante; seguía resonando y era cada vez más intenso. Me pedía que lo abriera, que lo estudiara.

Comencé por el principio: la primera letra del alfabeto español (y primera de las vocales). Me puse de pie y lo comprendí todo. Lo suntuoso de sus definiciones, la seducción de sus vocablos, lo ladino de sus explicaciones. Los oficiales armados se aglomeraron a la salida del ascensor. Sólo pedí que me dejaran terminar mi lectura en una de esas lindas celdas nuevas que instalaron en la Luna.

***

Ahora sí, una explicación adicional con #SpoilerAlert.

Mis comentaristas criticaron el abuso de palabras innecesariamente complicadas. Se les hacía enredado y confuso leer el cuento. La verdad es que esa era exactamente la idea.

Es deliberamente complejo porque el protagonista (y narrador) se fanatizó con el diccionario. 

Creé un personaje que usa palabras difíciles sin necesidad y, muchas veces, de modo incorrecto.

Es cierto que hablar más directo es más claro y, generalmente, más recomendable a la hora de escribir. Pero acá busqué lo contrario. Hablar de forma más enigmática y críptica (sin  necesidad) para enfatizar la idea de que él se obsesionó con lo complicado, lo enredado, de las palabras. 

En eso residió mi experimentación.


Hay otro detalle que me indicó un comentarista (Kmarce) y que me pareció muy destacable. Es el hecho de utilizar un cable de ascensor en una propuesta de ciencia ficción. Evidentemente, y como él explicó, la Tierra gira y tiene una rotación con ligeras inclinaciones sobre el eje y respecto a la Luna. No es viable colocar un cable a la Tierra que viaja a una velocidad increíble. Sería como amarrar dos trompos en movimiento.

Este comentarista propuso eliminar el cable y sustituirlo por el uso apropiado de la magnetosfera, apoyados con diferentes magnetos ubicados en la Luna, para ir y venir al más hermoso satélite del universo. (Está clarísimo que padece de selenofilia, es decir, “amor por la Luna”).

En fin, ¡hasta la próxima!
                                                                                                                            
………………………………………………………………………………………………….

=>> Otras CUENTOS de mi autoría en el blog: “Del texto a la vida” (obra de teatro ganadora); “El último beso”; “Los delicados riesgos de oprimir un botón sin leer las instrucciones”; “El lápiz mágico”.

………………………………………………………………………………………………….


► Podés seguir las nuevas notas y novedades (además de humor y críticas de cine) en mi fan—page: http://www.facebook.com/sivoriluciano. Si te gustó, ¡compartilo o deja un comentario!
Quizás te pueda llegar a interesar...