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sábado, 6 de abril de 2013

El adelantado don Julio Verne


Ya había avisado que se venía este post. El año 1864 cambió por completo las reglas del juego. Julio Verne publicaba “Viaje al Centro de la Tierra” popularizando un “nuevo” género de ciencia ficción y aventuras. Hoy en día es el segundo autor más traducido del mundo (seguido por Agatha Christie) y uno de los padres de la ciencia ficción moderna, junto a maestro como Isaac Asimov, Lovecraft y Mary Shelley (a quien ya comenté).

Al parecer hay 6 películas adaptadas de novelas de Julio Verne que todos deberíamos ver (vi varias)… ¡pero el autor tiene más de 30 novelas adaptadas! Eso sin contar series, teatro o spin-offs literarios. Un groso. 

Obras como “20.000 Leguas de Viaje Submarino” o “La Vuelta al Mundo en 80 Días” son clásicos que cambiaron la manera de contar historias. Verne escribía con atención a los detalles y habló de inventos que no estaban ni en la imaginación de nadie: naves espaciales, submarinos y helicópteros. “Una ciudad flotante” menciona grandes transatlánticos y muñecas parlantes, mientras que “París en el siglo XX” relata algo muy parecido a lo que hoy conocemos como Internet.


Otro dato curioso es que “La isla misteriosa” contiene un ascensor detallado con principios que luego funcionaron para el verdadero artefacto. Incluso algunos de sus libros hablan de cosas que aún no se han creado (como medios de transporte supersónicos).

Lo cierto es que Verne era más bien un escritor de “literatura científica”. Su objetivo era acercar a la masa hacia los conceptos científicos que le parecían interesantes o posibles. Describe aspectos de la naturaleza y avances que eran el resultado de una gran capacidad de anticipación lógica.

Admitámoslo… es uno de esos autores que todos conocemos pero pocos hemos leído. En mi caso solo leí “La isla misteriosa” (que me resultó un poco tedioso) y "Un capitán de 15 años" (bastante buena). “De la Tierra a la Luna” es, quizás, el libro al que más le tengo ganas. Soy consciente de que muchas de sus obras son, todavía, una asignatura pendiente. Siempre preferí el estilo aventuresco de Stevenson (“La isla del Tesoro” es una de mis novelas favoritas… pero de eso hablaré más adelante) o la ciencia ficción más “dura” de Philip Dick, un tipo que inspiró al cine de ciencia ficción actual con historias como Blade Runner, Minority Report (“Sentencia previa”) o “Total Recall” (de la cual hablé en este post y en este otro).


Una cosa que siempre me pareció curiosa es que su verdadero nombre no es “Julio” sino “Jules”. 

Es bastante loco porque nunca me imagino diciendo “Roberto Luis Stevenson” o “Edgardo Poe”. Mucho menos me imagino traduciendo a JK Rowling como Juana Karina Rowling…. ¡Los nombres no tienen traducción! Sin embargo, mundialmente conocemos a “Jules” como Julio. Nada, eso. ¿Loco, no?

Claro que el tipo tuvo incoherencias en sus historias. 

Algunas veces hablaba de fauna y flora que no es posible encontrar en ese lugar o encontramos animales y plantas propios de Oceanía junto a otros de América. Sus explicaciones “científicas” tampoco eran del todo acertadas. Verne pensaba que los volcanes hacían erupción por una reacción química con el agua. 

Aun así, por su visión de anticipar futuros descubrimientos y eventos históricos, merecía este pequeño homenaje en mi humilde blog.



►  “Jules” Verne es uno de esos autores que marcan umbrales en la literatura y traspasan todo tipo de barreras físicas y temporales. ¿Leyeron alguna de sus historias? ¿Cuál es su preferida? ¡Dejen su comentario en el blog o en  mi página!


"Todo lo que una persona puede imaginar,
otras podrán hacerlo realidad."

(Julio Verne)

miércoles, 20 de marzo de 2013

“El lápiz del carpintero” (novela, 1998)

Autor: Manuel Rivas (España)
Género: novela / realismo mágico / crítica social
Leído: 2002 - 2003

Más de la mitad de las personas amputadas experimentan sensaciones y dolores llamados “fantasmas”, en los miembros que han perdido. La sensación, incluso, tiende a aparecer años más tarde.  Hoy tengo ganas de hablar de este tema –quizás porque ya he hablado de cómo algunos autores plasman temas médicos (como el efecto nocebo) en sus obras–  y de la novela que popularizó el concepto y lo utilizó como leitmotiv para contar una historia.

Me refiero a “El Lápiz del Carpintero”, un interesante ítem que pasa de mano en mano en la novela de 1998 de Manuel Rivas.

La novela es un libro complejo, no por su extensión si no, más que nada, por su enredado léxico (inclusive, el original está en “gallego”). Se lee en cuestiones de horas, pero los constantes cambios de narrador y su estructura fragmentada lo dificultan.  Transcurre en el verano de 1936, cuando un pintor “subversivo” (considerado peligroso por “pintar ideas”) es ejecutado. 

Su lápiz (el aludido lápiz del carpintero) pasa de la víctima al verdugo (Herbal) y se convierte en “portador de almas” e hilo conductor de la novela. 

Lo más loco de la historia es que al villano de turno (Herbal) su víctima lo acompaña desde que le pega un tiro en sien, comunicándose en las largas noches en las garitas de las prisiones, como si el lápiz se hubiera convertido en un transistor de su consciencia. Este es un pequeño elemento mágico que le da un giro interesante al relato.

Como novela de crítica política, me resultó mucho más interesante que la sobrevalorada “Una misma noche”. 

Los acontecimientos que suceden encarnan una naturaleza poética y que rebosa humanismo. La idea de que “se mataba porque se tenía que matar” está muy bien aplicada, y me gustó la metáfora de como “algunos muertos acompañan a sus verdugos”.



El personaje de Herbal es complejo y pluridimensional a lo largo de toda la novela, un villano estupendo. Parece no tener sentimientos pero, en realidad, se trata de todo lo contrario ya que su vida se basa en observar a la mujer de otro hombre (el Doctor Da Barca).

En realidad, recuerdo más este novela por sus reflexiones sobre el dolor fantasma (“la memoria del dolor”) que por otra cosa. Un concepto aplicable a varios ámbitos de la vida. En la novela, frente al vacío que produce la guerra, lo único que queda es llenarlo con el recuerdo. En ese sentido, se recalca lo difícil de olvidar por voluntad.

Fue Descartes el primero en contribuir a la fisiología moderna del dolor. Proponía una teoría para explicar los reflejos nerviosos basándose en una conexión entre la periferia y el cerebro sin solución de continuidad. Lo más sorprendente es que utilizó conceptos de óptica y mecánica muy adelantados a su época.

Se desconoce la causa exacta del “síndrome del miembro fantasma”. Los más románticos afirman que las sensaciones se deben al intento del cerebro por reorganizar la información sensorial que sigue a una amputación. En esencia, es el cerebro en un intento de ajustarse a los cambios del cuerpo, de “renovar el cableado por sí mismo”. 

=> Sea como sea, la memoria del dolor aporta influencias literarias, cinéfilas, filosóficas e, incluso, sociológicas.

Quizás no sea la novela más amena del mundo, pero aporta una temática fascinante y nos enseña que ni siquiera en las situaciones más desesperanzadoras, desaparece el amor, la ilusión y la ternura.


“Oye, pintor, dime una cosa. ¿Tú sabes lo que es el dolor fantasma? (…)
Dicen que es el peor de los dolores. Un dolor que llega a ser insoportable.
La memoria del dolor.”

(Manuel Rivas, “El lápiz del carpintero”)




► PROXIMAMENTE en el BLOG: Julio Verne, un adelantado de su tiempo; Bradbury incursiona en el género del terror / fantasía y un viaje fantástico por la tierra del Mago de Oz.

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