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domingo, 1 de enero de 2017

Lista TOP 10: Libros favoritos leídos en 2016

¡Primer post del año! 

Me di cuenta de que este año no leí tanto como otros. Quizás porque encaré algunas novelas más largas, o porque tuve menos tiempo (hubo otros proyectos dando vueltas). La cosa es que leí buenas historias. Algunas tuvieron sus reseñas en el blog, otras están pendientes.

En esta nota voy a hacer un recorrido por los diez libros que encontré más memorables este año 2016. La característica es que tienen que ser novelas, novelas cortas, guiones o novelas gráficas. No consideré relatos cortos.

La elección es complicadísima ya que todos los que componen la lista son interesantes por diferentes razones. La idea es que sirvan también como un guía de recomendaciones para aquellos que puedan sentirse interesados. Tranquilos, todo va sin spoilers.

Hay una obra que abandoné: El sueño eterno (1939). No pude engancharme con esta novela negra clásica de Raymond Chandler. Quizás en el futuro la siga.

Además, me faltan las reviews/críticas de Las puertas de la percepción (1954), un lisérgico ensayo de Aldous Huxley donde experimentó con drogas y documentó todo, y la antología de Denise (una gran seguidora del blog): Primera Naturaleza.

En fin, ahí vamos.

***



GRANDES DECEPCIONES

► “El viejo y el mar” (Ernest Hemingway) (review completo)

Es un clásico de la literatura universal, y le saqué un montón de cosas positivas… pero no es una lectura especialmente amena. La verdad es que la historia nunca llega a a atraparte del todo y la narración es densa, aburrida.

Toda la obra está pincelada con un tono bastante deprimente y me molesta que Hemingway haya elegido narrar en tercera persona siendo que el 90% de la novela son monólogos del protagonista. Me molestó que se la pasara hablando literalmente solo y en voz alta, a nadie en particular.

► “Harry Potter y el legado maldito” (Jack Thorne) (review completo)

Debería haberse llamado “Harry Potter y la decepción maldita”. 

Esta es la GRAN decepción del año. Jack Thorne tomó una obra que amé durante mi infancia y la hizo pedazos. J.K. Rowling no estuvo metida en la historia, pero sí la aprobó. Y el resultado es un desastre.


En la note me explayé bastante en cuanto a los motivos de mi enojo. En resumen: la octava entrada en el mundo del mago más famoso del mundo es incoherente, tiene sabor a fan-fiction mediocre, vuelve a introducir el peor artilugio que tuvo la serie (los giratiempo) y no convence bajo ningún punto de vista.

No voy a negar que la obra tiene ritmo, entretiene y cuenta con algunos momentos logrados (la química entre Albus y Scorpius, las situaciones cómicas, Hermione, etc). Pero no puedo dejar de pensar que tendría que haber sido algo más grandioso y perfeccionado. Una lástima.


MENCIONES DE HONOR

No entraron en el top, pero no dejan de ser lecturas recomendables. A lo mejor tendría que haber hecho un TOP-13.

► “La Patagonia Fusilada” (Guido Barsi) (review completo)

Interesante novela gráfica que narra uno de los hechos más sangrientos y trágicos de la historia argentina. Antes ya había reseñado la primera obra de Guido, y este año él me contactó para revisar su nuevo trabajo. Concordamos en hacer una entrevista que fue lo que terminé publicando en el blog.


La obra es memorable por lograr tomar un hecho histórico y volverlo fascinante para el lector más casual. La narrativa es cruda y se nota que hubo un trabajo importante de investigación. Disfruté esta lectura y disfruté de la entrevista que tuve con el autor.

► “El que las hace, ¿las paga?” (Vicente Torres Medina, compilador) (review completo)

Las antologías de misterio y relatos policiales me pueden. Este fue uno de los pocos libros que compré en el año (no da el presupuesto para comprar uno por mes) y lo hice porque me llamó la atención su premisa.

El libro recopila 16 cuentos policiales latinoamericanos, dando muestra de la dispersa producción del género que existe en América Latina. Gracias a esta lectura, me encontré con El sueco (del nicaragüense Ernesto Cardenal), con El juego del muerto (del brasilero Rubem Fomseca) y con La muerte sale de viaje (del cubano Ignacio Cárdena Acuña). Todos relatos ingeniosos y oscuros.

No entró en el top porque no todos los cuentos fueron de mi gusto, y sólo algunos resultaron especialmente atractivos.

► “El cine según Hitchcock” (Francois Truffaut) (review completo)

Lectura obligada para todos los amantes del cine de Hitchcock (y del cine en general). Hoy nadie pone en duda el certificado de “maestro del suspense” para el inglés bajo y más bien regordete. Pero no hace mucho tiempo, la crítica lo consideraba nada más que un mero entretenimiento banal y pasajero.


Nadie lo tomaba como un artista “serio” hasta que los críticos de la nueva ola francesa (entre ellos, Francois Truffaut) corrigieron el curso de la historia dándole el papel que se merecía. Truffaut preparó una entrevista emblemática (¡que terminó durando 50 horas!) repasando cada película de la extensísima filmografía del director.

Cuatro años más tarde, recopiló sus grabaciones y publicó quizás la obra más importante alguna vez concebida en el mundo del séptimo arte: El cine según Hitchcock (1966). Vale la pena.

LISTA-TOP 10: LIBROS FAVORITOS EN EL 2016

PUESTO #10. “Los que aman, odian” (Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo) (review completo)

Jamás habría leído esta novelita si una profesora de Letras no la hubiera relacionado con mi primera novela. La obra es de una indudable maestría (la mano de Bioy Casares está muy presente) pero la historia no terminó de convencerme del todo.

Es un argumento chiquito, minimalista. Un asesinato ocurre en un desolado hotel y alguno de los presentes pudo haber sido el criminal. El narrador y protagonista Humberto Huberman –un personaje fascinante– se suma a la investigación para encontrar al culpable. La resolución no es particularmente ingeniosa, pero sí lo es todo lo que nos lleva hasta ella. Recomendable para amantes de la literatura de Agatha Christie, por ejemplo.

Por cierto: ¡se está filmando la adaptación al cine de esta historia! La van a protagonizar Guillermo Francella y Luisana Lopilato.


PUESTO #9. “Mundo Anillo” (Larry Niven)

No quiero decir demasiado de esta emblemática novela de ciencia ficción dura porque todavía estoy debiendo la review completa. Me costó leerla, justamente por ese acercamiento riguroso a la ciencia que tiene, pero la terminé disfrutando un montón. Tiene bastante para comentar y debatir, así que me lo guardo para cuando venga el post completo.

PUESTO #8. “Flores robadas en los jardines de Quilmes” (Jorge Asís) (review completo)

Nunca había leído nada de Asís. Me recomendó esta novela un amigo y quedé contento. Narra las aventuras (por sobre todo sexuales) de dos amantes que luego se hacen amigos. En el medio están viviendo todo el proceso de la dictadura y la recuperación del país.


Uno puede engancharse con Flores robadas por su trasfondo político o sólo leerla por su trama pícara y entretenida.  Me gustó especialmente no cae en el clásico lugar común de hombre casado y con familia que se reencuentra con un viejo amor. Está bastante bien.

PUESTO #7. “Asesinato entre amigos” (Lawrence Block, compilador) (review completo)

Ya lo dije antes: las compilaciones de relatos de suspenso, policiales y criminales me encantan. Esta era una antología que había leído durante la secundaria y la encontré, de casualidad, en la casa de mis viejos. Volver a leer los geniales relatos que compiló Lawrence Block es impagable.

De los once relatos que contiene (todos interesantes a su manera) me quedé enganchado con Deshaciéndose del señor basura (Judith Kelman), ¿Nos conocemos de alguna parte? (Mary Higgins Clark) y Larguémonos de aquí (de Lawrence Block).

La compilación tiene elegancia, ingenio y habilidad. Es súper recomendable para fans del género policial.

PUESTO #6. “Superman: Red Son” (Mark Millar) (review completo)

Las historias Elseworlds de DC se hicieron famosas por brindar tramas que respondían a la pregunta de “qué pasaría si…?”. Dentro de estos universos alternativos, Superman: Red Son es considerada una de las mejores novelas gráficas, y ciertamente se ganó el título.


El argumento aborda el interrogante de qué habría pasado si Superman hubiese sido criado por rusos en lugar de americanos. Indudablemente, Mark Millar fue muy influenciado por la obra maestra de Alan Moore (“Watchmen”, que ya reseñé en el blog), particularmente en el tono de la historia, las temáticas que profundiza y la forma en que la presencia de un superhéroe que es casi un Dios (Dr. Manhattan por un lado, y Superman por otro) altera completamente el mundo en el que vivimos.

Por eso disfruté tanto de Red Son: los personajes son grises y complejos, los giros argumentales son verdaderamente sorprendentes y el final nunca lo ves venir.

PUESTO #5. “La torre oscura (I): el Pistolero” (Stephen King) (review completo)

Estuve bastante tiempo queriendo empezar la saga de fantasía más famosa del genio Stephen King. Por un motivo u otro lo fui posponiendo. Finalmente, el año pasado un amigo (que tiene toda la colección) me pasó la primera parte.

La trama de Roland Deschain, el último pistolero en un mundo postapocalíptico y desolado, quien está detrás de su feroz adversario, El Hombre de Negro, es fascinante. El año que viene se va a escuchar mucho sobre esta saga ya que se viene la adaptación al cine.

Cuesta meterse en la historia porque los primeros capítulos son densos en descripciones, pero una vez que te engancha, cuesta soltarla. Es una mezcla entre lo épico de Tolkien y lo “cool” de las películas westerns. Es todo muy místico, hay profecías, no hay tecnología, existe la magia. Me encantó la historia y el próximo año voy por la segunda parte.

PUESTO #4. “La cena” (César Aira) (review completo)

¡César Aira + una invasión de zombies en el pueblo de Coronel Pringles! Habiendo conocido ese lugar de toda la vida, tenía que leer esta novela. Es cortita, es llevadera, es ingeniosa. Se disfruta de principio a fin.

Luego de una tediosa cena con su madre en la casa de un amigo, el protagonista se entera –a través de la TV– de que la ciudad de Pringles está siendo invadida por una horda de muertos vivos. A partir de ahí se desata un caos hermoso.

Hay acción y hay humor, pero por detrás hay un profundo subtexto que remarca la idiosincrasia de pueblo, la estupidez humana, la manipulación mediática y los difusos límites entre ficción y realidad. Una gran propuesta que definitivamente recomiendo.

PUESTO #3. “Batman: Silencio” (Jeph Loeb) (review completo)

Excelente novela gráfica que sirve como iniciación al canon de Batman. Si bien no es una historia perfecta, tiene una amplia galería de personajes, dibujos increíbles y un buen tratamiento de los conflictos más habituales del Caballero Oscuro.


Este comic es el equivalente a una gran película pochoclera. Hay un misterio atrapante, muchísima acción y sorpresivos giros argumentales. Me encantó el enfoque de policial negro y que cada tomo tenga foco en un personaje diferente. Si tienen posibilidades de leerla, esta obra es muy recomendable. Sin duda de las lecturas más disfrutables de este año.

PUESTO #2. “Cómo me hice monja” (César Aira) (review completo)

De nuevo: Aira. Luego de una discusión con un heladero, el padre del protagonista es encerrado en la cárcel. Resulta que el comerciante le vendió a su hijo un helado en mal estado. El chico termina pasando un tiempo en el hospital (donde la delira mal) y comienza tarde la escuela primaria.

Desconectado de su propia realidad (y con su madre como única amiga) termina adentrándose en su propio mundo de fantasía. La novela te lleva por lugares muy locos y sorprende con un desenlace inesperado.

Lo grotesco, la fantasía, el engaño, el miedo y la ingenuidad de un niño están todos compactados en un texto increíble donde el autor juega constantemente con nosotros. Imperdible.

PUESTO #1. “Rayuela” (Julio Cortázar) (review completo)

Tardé literalmente años en encontrar las fuerzas para leer esta novela. Sabía muchas cosas sobre ella, había leído capítulos salteados, pero nunca la había encarado en serio. Para las navidades pasadas, mi mujer (una genia) se la jugó con el regalo.

Hay un antes y un después de leer Rayuela, y me alegro haberla leído ahora que soy mayor. Quizás de chico no la habría apreciado de la misma forma.


El review/análisis que hice de esta obra cumbre de Cortázar es larguísimo porque no había otra forma de hacerlo. Me maravillaron las temáticas de búsqueda y transgresión de la historia, amé a Horacio Oliveira, me enamoré de La Maga y quise estar con todo el grupo del Club de la Serpiente.

Es muy probable que en algunos años la vuelva a leer. Así de fuerte me pegó. Amé Rayuela y se convirtió, sin lugar a dudas, en mi lectura favorita del año 2016.

***

¿Leyeron alguno de estos libros? ¿Cuál les interesaría encarar? ¡Dejen sus comentarios o van a tener todo un 2017 de mal sexo!

► BONUS TRACK: Dense una vuelta por la LISTA TOP-10 de Libros favoritos leídos en el 2015. Quizás encuentren algo de su gusto.

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domingo, 6 de noviembre de 2016

“La cena”: César Aira y los zombies en Pringles


La cena es una obra breve y desconcertante del autor argentino César Aira escrita en el año 2006. La particularidad es que esta es una de las pocas que se ambientan en su ciudad natal (Coronel Pringles, provincia de Buenos Aires) y tiene como antagonistas a un ejército de muertos vivientes.

Un hombre y su madre (con quien vive) van a cenar a casa de un amigo. Al regreso, el protagonista está viendo televisión a la noche y, gracias a una transmisión en directo, se entera de que la ciudad de Pringles está siendo invadida por una horda de Zombies que se escaparon del cementerio. A partir de ahí, se desata el caos.

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#SpoilerAlert: se revelan detalles de la trama y algunos giros argumentales de la historia. Quedan advertidos.

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Fiel al estilo de Aira, La cena es un texto muy cortito (se divide en tres partes y tiene apenas unas 130 hojas) y tiene un importante componente ensayista. El mismo autor ha afirmado que sus libros son ensayos que disfraza de novelas para que no lo tomen por loco. 

Su literatura es bastante particular e inclasificable.

Link a La Cena (de César Aira) en versión PDF => DESCARGAR

En este caso, nos encontramos con una obra de género fantástico que mezcla el terror y la comedia, la literatura y la televisión, el cine y la ficción. La narración fantástica se hace presente a través de una pantalla, con un programa en directo de la televisión de Pringles en el que una reportera trasmite un suceso extraordinario.


Lo curioso es que los muertos, a diferencia de los zombies conocidos por todos, abren el cerebro de sus víctimas y parecen absorber su endorfina. Sabemos que aquellas sustancias que el cuerpo produce de forma natural son utilizadas para atenuar el dolor y producir sensación de bienestar (por eso se las conoce como “las hormonas de la felicidad”). 

Entonces, los zombies literalmente le chupan la felicidad a los pueblerinos.

Apenas comencé a leer La Cena me encontré con una característica que también había notado en Cómo me hice monja (gran historia que reseñé en esta nota): una necesidad casi obsesiva de buscar la raíz de cada razonamiento, de tomar un hecho cotidiano y alargarlo hasta convertirlo en un pequeña teoría (el rasgo ensayista que subyace en cada texto de Aira).

Acá la historia arranca con el hijo perdedor y su mal arriada madre en la casa del amigo del protagonista, un adinerado y coleccionista de juguetes. 

La madre y el amigo se ponen a hablar de la gente de Pringles y ya en esta primera conversación vemos algo que da muestras de la idiosincrasia de pueblo: vincular apellidos de los vecinos, salpicar la charla de nombres azarosos. “La mujer de tal...”, “El farmacéutico de calle Stegmann que salía con la kiosquera de 25 de mayo”. “El casado con la de Pérez...”. 

Y así siguen por largo rato, mientras el protagonista se pega un aburrimiento bárbaro.

¿Para qué puede llegar a servir saber de memoria y recordar con una precisión de reloj, a lo largo de los años, los nombres de los vecinos y familias del pueblo? Lo ingenioso de la historia es que se convierte en la clave para vencer a los Zombies. Pero no me quiero adelantar.

Me paso algo muy loco mientras leía esta novela. Estaba en el sillón, calentito, tapado, leyendo, y en la mesa mi mujer y su hermana (ambas nacidas y criadas en Pringles) tomaban mate y hablaban sobre gente de Pringles que obviamente no conozco, nombres que me eran ajenos. Y es precisamente lo que sucede en la historia (y que justamente estaba leyendo en ese preciso momento). El paralelismo entre la ficción y la realidad del momento me pareció increíble. Me pregunto si Aira no habrá vivido situaciones similares.


La segunda parte es un delirio maravilloso, una versión de El regreso de los muertos vivos, de George Romero, que transcurre en Pringles. Para alguien como yo, que conoce bastante el pueblito, fue genial ver cómo Aira describe la invasión mencionando los lugares más importantes del lugar. Permite hacerte una imagen casi real de los eventos.

En medio de esta fusión absurda de fantasía y ensayo, el autor se hace un lugar para introducir comentarios sobre la sociedad del pueblo, su idiosincrasia y la poco equitativa distribución de las endorfinas. 

Eventualmente, los zombis son derrotados o, mejor dicho, obligados a volver a sus tumbas cuando los más viejos comienzan a identificarlos y a llamarlos por su nombre. “Ese de ahí es Aurelio, el hijo del panadero González”. “Aquel es Roberto, uno de los monaguillos”. De esa manera, aquel saber inútil que cohesionaba la memoria colectiva es el que impide la desaparición de esta comunidad.

La tercera parte es bastante más breve y de carácter reflexivo. Gracias a una sutileza narrativa, nos enteramos de que el protagonista pudo haber soñado todo porque se durmió viendo la película de Romero la noche anterior. 

Allí conocemos un poco más su personalidad y se revela que su amigo, el coleccionista de juguetes con plata, no le interesa en lo más mínimo, sino que lo necesita para encarar un negocio en el futuro.

► La Cena nos habla de una posible invasión de zombies en Pringles pero, en realidad, son otros los temas que emergen del subtexto. La estupidez social, las líneas difusas entre ficción y realidad, la apatía, la manipulación mediática. La obra puede ser desmenuzada desde varias líneas de pensamiento, y creo que eso la convierte en una propuesta muy rica.

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miércoles, 10 de febrero de 2016

“Cómo me hice monja”, una novela de César Aira


Finalmente, y después de que mis profesores de Letras se cansaran de nombrarlo durante sus lecciones, me senté a leer una novela de César Aira.

Desconozco si elegí el mejor libro para comenzar a leer su obra. “Cómo me hice monja” es una de las lecturas más bizarras e indescifrables que tuve la posibilidad de encarar. Inevitablemente me lleva a preguntarme: ¿será toda su literatura así?

Con qué libro comenzar a leer a un autor determinado siempre es un tema de laborioso debate.
Por ejemplo, nunca le recomendaría a nadie que comience Borges con “El Aleph”, “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” o “Las Ruinas Circulares” (que ya reseñé en el blog). O quizás sí, porque al fin y al cabo son sus textos más complejos, más trabajados si se quiere.

En una entrevista, a la pregunta de con cuál de sus libros comenzar, Aira respondió: “Hay que empezar por los buenos escritores, y hay tantos que no creo que haya necesidad de llegar a mi. Yo soy apenas una extravagancia”. Un genio.

“Cómo me hice monja” es una novela corta del escritor oriundo de Coronel Pringles César Aira escrita en 1993. 

Tuvo una reciente traducción al inglés por Chris Andrews en el año 2007 (al respecto hay una entrevista muy interesante). Ambientada en Rosario, narra en primera persona un año en la vida de un niño de seis años con un sentido muy agudo de la realidad, y dotado de una variada y amplia cantidad de obsesiones.



Lo primero que llama la atención de la obra es que el niño de seis años, llamado César Aira (como el autor) se ve a sí mismo como una niña. Todos, sin embargo, se refieren a él como un chico. El conflicto se dispara el día que, luego de mudarse de un pueblo chico (Pringles) a una ciudad más grande (Rosario) su padre lo lleva a tomar un prometido helado, el primero de su vida. Es genial cómo el autor describe la ansiedad con la que había esperado aquella famosa golosina. Sin embargo, se horroriza ante el sabor de su helado de frutilla. Después de probar el padre el helado, se da cuenta de que está en mal estado y, discutiendo con el heladero, termina matándolo. Tremendo.


La cuestión es que César sufre un envenenamiento con cianuro, pasa un tiempo en el hospital (donde experimenta delirios y pesadillas) y termina comenzando la escuela primaria de forma tardía. Desconectado de su clase, y con su madre como única amiga, termina induciéndose en su propio mundo de imaginación y fantasía.

Muy contrariamente a lo que sugiere el título, la historia no tiene nada que ver con el despertar religioso.

► Descargar “Cómo me hice monja” en versión PDF: https://goo.gl/MgKG4q

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#SpoilerAlert: se revelan detalles fundamentales de la trama. Si tenés intenciones de leer la novela (que es muy cortita, de hecho) primero hacelo y después pasate por acá. He dicho.

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Lo cierto es pareciera que el texto no es lo que aparenta; la lectura de la novela fluye con facilidad y mucha sencillez (son sólo 10 capítulos cortos), pero todo parece indicar que hay algo más. A lo mejor, Aira buscó el equilibrio entre lectores conformistas (aquellos que prefieren una historia más plana y directa) y exigentes. Creo que escribe para ambos; no hay una sino dos historias, la que se deja leer sin esfuerzo y la que está por debajo.

El texto, de hecho, está construido de tal forma que rompe constantemente con las expectativas del lector. Nunca podés prever para qué lado va a disparar. El niño se refiere a sí mismo como niña, su padre va a la cárcel por un asesinato tan absurdo como confuso, un simple helado de frutilla desencadena un desastre de proporciones épicas y en la novela nadie llega a convertirse en monja.

Mucho se ha escrito sobre lo oculto y los verdaderos significados en “Cómo me hice monja”. Hace unos años, en una entrevista que se le hizo al autor en España, el escritor comentó que la obra es su autobiografía parcial (parcial porque trata sólo de un año de su vida). La escena que se describe inicialmente es terrible y le sucedió en verdad: el niño (o la niña) le da la primera cucharada a su helado y no quiere comerlo. El padre (en esencia, un hombre violento) no puede creer que no le guste y lo obliga a que lo siga comiendo. 

Cuando al fin lo prueba, y nota que está descompuesto, se desata una tragedia que conecta el inicio con el final de una manera maravillosa.


Es una novela basada en el recuerdo, y en un recuerdo muy lejano, que distorsiona todo para convertirlo prácticamente en fábula. Nos lleva de una forma brutal a recordar nosotros mismos lo que significa ser un niño: no poder comunicar con palabras lo que sentimos, tener la libertad de transformar el mundo con nuestra imaginación, mitificar los hechos, jugar a inventar e inventar jugando.

Me encantó como Aira juega maliciosamente con nosotros. La identidad del personaje alterna el género femenino con el masculino, el tema de la vocación espiritual se desvanece (o, a lo mejor, se transforma de forma simbólica en otra cosa) y la imaginación y la creatividad se convierten en un medio para sobrevivir en circunstancias complicadas.

No sólo la característica dual del protagonista ni el engaño constante del título resultan chocantes. Todos sus procedimientos formales nos producen una rara extrañeza, rompen los hábitos de la percepción (que, para muchos, es la verdadera finalidad del arte). Lo incomprensible aparece en “Cómo me hice monja” en clave de parodia. Aunque está situada en un ambiente innegablemente real (situaciones verosímiles, ciudades reales) todo parece de una naturaleza onírica. Incluso en el desenlace (brillante, por cierto) el mismo protagonista encuentra el final de su vida cuando la viuda del heladero lo rapta y lo mete en un recipiente lleno de helado de frutilla (ironía en su máximo esplendor).

Así, el helado de frutilla, cómo tópico, como el origen de los miedos de un joven Cesar Aira, abre y cierra la novela. Una suerte de espejo. La narración termina con un regreso a los orígenes, cerrando el círculo. ¿Pero si murió, cómo pudo relatarnos su vida a los seis años?

Una de las temáticas más interesantes que aborda esta obra es el terror que sufren los chicos, el miedo hacia absolutamente todo. En la historia, el padre es cruel y autoritario, y la madre cómplice. Ambos son, en esencia, seres monstruosos. En el tercer capítulo, mientras el protagonista sufre alucinaciones debido a su enfermedad, los padres se materializan en los sueños como verdaderos monstruos.  Todo es capturado con la ingenuidad y el infantil sentido de asombro de un niño.


De chicos le tememos a muchas cosas, y muy usualmente no encontramos formas de comunicarnos. 

Se genera un abismo entre lo que sucede en nuestra cabeza y lo que realmente queremos poder expresar. Todo esto se plasma de forma sobresaliente en la historia. A lo largo de la narración, el protagonista tiene siempre dificultades para comunicarse y hacerse entender. Le sucede con la enfermera, con compañeros de clase, su madre y con la viuda que termina por secuestrarlo.

En algunos casos acude a gestos, se tiene que forzar a sí mismo a aprender a leer, utiliza pantomima o recurre al teatro (por ejemplo, para hacerse entender por su viejo cuando descubre que no le gusta el helado: simulacros de vómitos, arcadas, etc). Al final de la novela también “actúa” frente a la viuda. Logra salvar aquel vacío en la comunicación con técnicas, con artificios. Los niños también acuden al simulacro, al llanto, a diferentes estrategias comunicativas ajenas a la palabra para trasmitir sus ideas.

Me encantó esta pequeña novela que hace un desdoblamiento de la realidad mediante la imaginación de un niño capaz de crear mundos paralelos. La narración es muy amena y, sin embargo, desborda complejidad. Nada es predecible en esta historia llena de contradicciones, verborragias y desvarías. Si la prosa de Cesar Aira es siempre de estas características, ya tiene mi completa admiración.

► “Cómo me hice monja” aparenta ser un relato autobiográfico, pero no lo es; el narrador se parece al autor, pero no lo es. Una vez que sabemos que está bien que este texto nos resulte extraño, entendemos que las posibilidades de análisis son innumerables. Lo grotesco, la fantasía, el engaño, el miedo y la ingeniudad de un niño están todos compactados en un texto donde el narrador está jugando con nosotros continuamente.

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