Antes de 1940, prácticamente toda la ciencia ficción especulativa que
incluía a robots seguía el
modelo del Frankenstein de Mary Shelley: un robot tenía que ser
constantemente instruido por una persona y en ausencia de control humano se volvía
un destructor total, demoliendo todo a su paso.
Isaac Asimov se cansó de esta concepción
y comenzó a escribir historias sobre robots más simpáticos y programados de tal
manera que pudiera preverse la rebelión de las máquinas. Fue su editor (John Campbell) quien, en su momento, le
brindó una mano para crear las famosas Tres
Leyes de la Robótica que permitirían tener un salvavidas. Estas fueron:
1. Un robot no puede herir a un
ser humano o, por inacción, permitir que un humano resulte herido.
2. Un robot debe obedecer
cualquier orden dada por seres humanos, excepto cuando esa orden se contradiga
con la Primera Ley.
3. Un robot debe proteger su
propia existencia, siempre y cuando dicha protección no entre en conflicto con
la Primera y Segunda Ley.
Campbell compuso las Tres Leyes
simplemente desenredando conceptos que ya estaban presentes en las historias de
Asimov.
Las leyes cubren las situaciones más simples y obvias, pero están lejos de ser perfectas. De hecho gran cantidad de relatos del autor eran sobre diferentes formas en las que las leyes entraban en conflicto unas con otras, generando comportamientos inesperados.
Las leyes cubren las situaciones más simples y obvias, pero están lejos de ser perfectas. De hecho gran cantidad de relatos del autor eran sobre diferentes formas en las que las leyes entraban en conflicto unas con otras, generando comportamientos inesperados.
Quienes no sean tan íntimos con la
bibliografía de Asimov, seguramente recuerden estas leyes de la película “Yo, robot” (2004), con Will Smith,
que es una buena adaptación de una de sus historias más populares. La realidad
es que no fue la primera vez donde aparecieron estas leyes. Puntualmente, su
origen puede rastrearse al relato “Runaround”
(“Círculo vicioso”, 1942).
Curiosamente, la historia de Runaround transcurre en el año 2015. El cuento
está muy bueno y tiene una trama intrigante que se relaciona directamente con
los conflictos entre las tres reglas.
►
“Circulo vicioso”
(1942) de Isaac Asimov en formato PDF: DESCARGAR.
Asimov no tenía nada contra la
temática de “robots como una amenaza para el hombre” pero estaba más interesado
en explorar la idea de robots volviéndose cada vez más conscientes y
completamente independientes. Esto fue, por supuesto, absolutamente influyente
para la forma en que comenzó a trabajarse la ciencia ficción. Hoy en día
tenemos películas actuales como “Chappie”
y “Ex Machina” que siguen
investigando la naturaleza de los robots para terminar de comprender qué es lo
que nos hace realmente humanos a nosotros y (no a ellos).
El autor eventualmente formalizó
una Ley Cero, que era un corolario
de la primera y estaba por encima de todas las demás:
Otros autores, por su parte,
fueron extendiendo la cantidad de leyes creando variaciones de las tres
primeras y un par de adicionales como la célebre Quinta Ley (“Un robot debe
saber que es un robot”).
Ahora, aunque las leyes son
ficción y no tienen ningún tipo de solvencia dentro del mundo real, los
estudiosos de la robótica se las tomaron muy en serio (y Asimov vivió lo suficiente para poder comenzar a ver estos
desarrollos). Sin embargo, las leyes –pensándolas exclusivamente dentro de la ficción– son ambiguas en sí mismas.
Un ejemplo sencillo es el de “herir
a un ser humano”. Supongamos que un robot debe golpear a una persona... ¿Qué nivel
de fuerza es el que verdaderamente lo hiere?
La película Yo, Robot plantea otro dilema interesante: ¿Qué sucede cuando los robots tienen la posibilidad de salvar solo a una de dos personas? Cualquier elección que tomen generará conflicto con sus leyes internas.
La película Yo, Robot plantea otro dilema interesante: ¿Qué sucede cuando los robots tienen la posibilidad de salvar solo a una de dos personas? Cualquier elección que tomen generará conflicto con sus leyes internas.
La Segunda Ley es inherentemente problemática. ¿De qué humano debe
seguir órdenes un robot? ¿Qué sucede si dos personas le piden cosas
diametralmente opuestas? “Robot, abrime
esta cerveza” “¡No, robot, no le
abras la cerveza. Lucho ya tomó demasiado!”. (-.-)
Otra pregunta que surge a partir
de las leyes es qué considerar como “humano”, bajo qué mirada se los
categoriza. En una de las historias de Asimov, se crean robots que siguen estas reglas pero son enviados a realizar campañas de limpieza ética. Estas máquinas solo reconocen a ciertos grupos como “humanos”. Siguen las reglas, pero igual llevan a cabo el genocidio. Los mismos protagonistas de los relatos del autor muchas veces caían en la cuenta de que las leyes estaban atadas a los códigos morales de los humanos.
►
La verdad es que Asimov no creó las reglas para los
robots, sino para los escritores.
Son disparadores para mover una trama hacia adelante, para volverla más
interesante y menos trillada. Más que un autor de ciencia ficción, Asimov
estaba más interesado en los misterios. Él quería escribir relatos de intriga
con robots como protagonistas, y las Tres Leyes eran la forma de darle
condiciones de borde a la historia.
Y gracias a esta necesidad de crear algo nuevo, de experimentar con la escritura, logró darle una nueva bocanada de aire fresco al género de la ciencia ficción.
Y gracias a esta necesidad de crear algo nuevo, de experimentar con la escritura, logró darle una nueva bocanada de aire fresco al género de la ciencia ficción.
……………………………………………………………………………………………….
=>> Otros posts sobre ciencia ficción en el BLOG: “¿Sueña
Phillip Dick con ovejas eléctricas?”, “El
hombre ilustrado”, “La
invención de Morel”, “Podemos
recordarlo por usted”, “Influencias
literarias I: La Dimensión Desconocida”, “Un
planeta llamado Traición”, “Gemini
Rue y la narrativa de los juegos de video” y “El
fin de la eternidad”.
………………………………………………………………………………………………….
► Podés seguir las nuevas
notas y novedades (además de humor y críticas de cine) en mi fan-page: http://www.facebook.com/sivoriluciano.
Si te gustó, ¡compartilo o dejá un
comentario!


