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lunes, 6 de febrero de 2017

¿Existe el significado profundo de las cosas?


Tengo buenos recuerdos de mis profesoras de Literatura de la secundaria. Nos hicieron leer novelas jugadas además de las clásicas del currículo. Me acuerdo (y con gusto) de pasar tardes enteras analizando el simbolismo y el subtexto de La Mano Izquierda de la Oscuridad (Ursula Le Guin) o de La borra del café (Mario Benedetti).

En esos y en otros casos, existía siempre un entrecruzamiento entre lo que el autor quiso decir y lo que la profesora pensaba que el autor realmente quiso decir. 

Si, por ejemplo, el libro colocaba: “las cortinas eran azules”, la profe exponía algo del estilo: “Las cortinas representan la oceánica depresión y la falta de voluntad que el protagonista tiene para continuar su existencia. El azul es un tono triste e, incluso, en la traducción al inglés “blue” es también una forma de indicar tristeza, desasosiego, melancolía”.

A lo mejor, el autor simplemente quiso indicar que las cortinas eran azules. Y punto.

Este post viene a funcionar como la segunda parte de uno donde hablé sobre la muerte del autor según Roland Barthes. Es un concepto que insiste en afirmar que las teorías e interpretaciones de cualquier fan sobre una obra en particular son tan válidas como lo que el mismo autor inicialmente pensó de su propia obra al concebirla.

Pero si nuestras profesoras (y prácticamente toda la Internet) nos fuerzan a aceptar que todo personaje, toda escena y toda acción tienen un significado profundo, al experimentar una obra de ficción nos queda el miedo de pensar que, quizás, toda historia contiene otra historia secreta, oculta, que se cuenta a través del subtexto.

¿Y es siempre así? ¿Existe un significado profundo, en todas las cosas? Por ejemplo:
"Las aventuras del Coyote y el Correcaminos pueden verse como una representación del hombre (el Coyote) continuamente persiguiendo lo divino (el Correcaminos), aunque nunca llega a atraparlo."


En Death Note, el detective “L” se muestra como una especie de salvador, de Jesús (especialmente en la escena en la que le lava los pies a Light, su Judas… aunque hay muchas más).

Siguiendo con el animé, Neon Genesis Evangelion es la historia de unos bichos extraterrestres (“Ángeles”) atacando a los humanos y creando explosiones con forma de cruz. Se habla de los Manuscritos del Mar Muerto y las alusiones a todo tipo de religiones (no sólo a la católica) están a flor de piel. (Ya hablé un poquito sobre Evangelion en esta nota).

¿Qué quiso decir el creador de Evangelion (Hideaki Anno) con su historia? Quién sabe, probablemente nada. Pero él no es el único fascinado con colocar alusiones y referencias al cristianismo en la ficción. El paralelismo entre Superman y Jesús es algo que se explotó muchísimo en prácticamente todas sus versiones de cine. En Man of Steel hasta Clark Kent revela tener 33 años.

Los relatos de superhéroes pueden todos investigarse desde muchos aspectos, buscando siempre cuestiones profundas que se relacionan íntimamente con lo humano. Por ejemplo, a alguien se le ocurrió la idea de que los Cuatro Fantásticos representan a los cuatro elementos de la naturaleza (la Mujer Invisible es el aire, la Antorcha Humana es fuego, Mr. Fantástico es agua y La Cosa es la tierra). A Stan Lee esta interpretación le pareció una genialidad, a tal punto que no la descartó.

Pasemos al cine y la televisión. Películas como El resplandor (de Stanley Kubrick) son tan abiertas a interpretaciones que hasta salieron textos y documentales analizando las teorías más locas que presenta la historia (acá hablé de uno de ellos, Room 237).

Hay alegorías religiosas, o podría ser que se hable de la Guerra Fría, del Holocausto o del genocidio de los nativos americanos. El resplandor perfectamente funciona también como una metáfora sobre la crisis de la masculinidad, el estado moderno de América, el racismo, la predilección del hombre por la violencia o la dominación del sexismo en los grandes negocios.

Pulp Fiction es otra hermosa película con varios puntos argumentales libres a interpretaciones. Desde el misterioso maletín resplandeciente de Marcellus Wallace hasta la posibilidad de un universo compartido de Tarantino, pasando por la teoría de que toda la historia es una alegoría del mito arturiano u otras ideas místicas que escuché a lo largo del tiempo.


Lost, por su parte, hizo del simbolismo y la búsqueda de significados profundos un culto, aunque los fans lo llevaron todo demasiado lejos.

Ni hablar de historias tan emblemáticas como Alicia en el País de la Maravillas o El Mago de Oz. Esta última sirve perfectamente como una metáfora sobre la Búsqueda de la Iluminación. 

Una heroína quiere llegar a casa (regresar a su inocente pasado). Sus compañeros buscan valores fundamentales: Sabiduría, Amor, Poder. El maestro (Oz) termina siendo un fraude, y la moral de la historia es: siempre tuviste todo adentro tuyo para cumplir tus deseos.


► Creer que existe un significado profundo en todo genera un estado de constante paranoia: se hace imposible ver algo sin sospechar que hay, por detrás, algún tipo de alegoría lavándote el cerebro. ¿Esa escena en la que el protagonista está comiendo cereales por la mañana.. es una mera transición hacia el conflicto argumental o una bendición de mana enviado por un misericordioso Dios? No hay forma de saberlo.

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