San Rafael me sorprendió con mucho
vino, senderos que se bifurcan, patitas en el río, vino, motoqueros, asado,
¿karaoke? y bodegas con más vino. Me detuvo la policía, ayudé a una santafesina
a salir de su propio laberinto y gané una partida de truco con falta envido.
¿Qué más se puede pedir?

