Supongamos esta historia: el frenético
drama de una familia, con un padre abusivo y golpeador a la cabeza y una
serie de interesantes conflictos entre los personajes tratados con suspense y realismo. La tensión va
siempre en aumento hasta que, sobre el final, el bebé resulta tener poderes y hace explotar al padre (resolviendo el
conflicto mayor de manera mágica). Esto es lo que se conoce como un final a los
“Deus Ex Machina”.
Estamos hablando de cuando la trama se resuelve a través de un
elemento, personaje o fuerza externa que nunca haya sido mencionado con
anterioridad y nada tenga que ver con los personajes ni la lógica interna de la
historia (como bien afirma esta excelente nota).
En lo cotidiano, los lectores lo llamamos “final WTF” o directamente “final de mierda”. Nos pasó con LOST, donde #SPOILERALERT# al final era
toda una batalla de Dioses (¿?) y
con tantas películas. Los autores sin demasiada imaginación lo usan para
terminar la historia de forma abrupta al no disponer de las herramientas para dar
una mejor explicación (y querer forzar
el final feliz).
La ficción es –o debería ser– un pacto
de caballeros entre autor y lector, un juego tácito donde el segundo acepta
una sucesión de códigos (pactados desde un principio) y sigue leyendo bajo esas
circunstancias (por más bizarras que sean). En ese sentido, los “Crímenes de la calle Morgue” hizo
trampa… una que nunca es bien vista (su cuarto no estaba realmente cerrado). Es
engañar al lector (o al espectador, también) de forma tonta e inverosímil. Algunos entienden el final de Caperucita Roja (leñador llegando
oportunamente a salvarla) y las convenientes
águilas de Gandalf en “El Retorno del
Rey” como recursos “Deus Ex Machina”.
Este atajo para solucionar los conflictos, que enfada y decepciona,
tiene sus raíces en la antigua Grecia.
Allí la cosa era literal: se utilizaba cuando, en el teatro, una grúa (machina) introducía una deidad (deus) proveniente desde afuera del escenario para
resolver una situación.
Para evitarlo, las técnicas literarias indican utilizar recursos como
el “planting and pay off” (qué tan
bien creo que utiliza J.K. Rowling) o el
“presagio” (foreshadowing), que es
otra manera sutil de evadir externalidades. La famosa Pistola de Chejov es otro gran instrumento que me parece fabulosa. Propone
introducir una “pistola cargada” (elemento
que será clave para el desenlace) en el primer acto, únicamente si va a ser
disparada en el final.
“En el primer acto haz
enganchado una pistola en la pared, en el segundo acto dispara con ella.
De otra manera no la
uses.” (Anton Chekhov)
Al parecer, los hebreos, usaron muchos Deus Ex Machina en su Best Seller "La Biblia", aunque ellos los llamaban milagros (la vieja excusa "… así lo quiso Dios") =)
El cine tiene su buena cantidad de finales “Deus...”. Recordemos la kriptonita verde de Superman II (¡o volar tan rápido para volver en el tiempo en la
primera!), la PowerBook 5300 de Día
de la Independencia, el agua (en “Señales”
y “La guerra de los mundos”) o la
supercomputadora de Matrix: Revolutions
(sí, se llamaba Deus Ex Machina). Ante este tipo de finales, la reacción del
público es: “¡Devuélvanme mi dinero!”
o, a veces, peor aún (“Quiero matar…
quiero matar”)
“Y entonces, cuando
todo parecía estar perdido, un...este...
¡Rayo de energía mágica
los salva a todos!
Fin.”
(Claro ejemplo del Deus
Ex Machina)
► Si la nota te gustó, déjame un comentario. ¿Qué
otros finales Deus Ex Machina se te
ocurren? ¡Saludos!

















