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viernes, 17 de julio de 2026

The Bear (S5) y la cadena de maltrato

 

Desde su estreno en 2022, The Bear tocó la fibra sensible de muchos espectadores, incluyéndome. Ahora que la serie ha llegado a su fin, es momento de repasar sus cinco turbulentas temporadas.



viernes, 27 de marzo de 2026

“Southbound” (2015) y las películas antológicas

 

Hoy toca hablar de películas antológicas (o… el placer de entrar y salir de mundos distintos cinco veces en dos horas). Ah, y por qué Southbound, de 2015, confirma que el formato todavía sigue vivo.



jueves, 19 de febrero de 2026

Desaparecer lo justo (cuento brillantístico)

 

Ser visible tiene un costo. Fernando comenzó a sentir una presión leve en la cabeza. Nada grave. Nada urgente. Hasta que entendió que el dolor venía de la mirada de los otros.



miércoles, 19 de marzo de 2025

“Un desenlace inevitable” (cuento)


El tren avanza con su implacable ritmo matutino. Cerca hay un teléfono público viejo, pesado, inútil. Nadie lo usa. Nadie lo mira. Pero de pronto, suena. El desenlace, en este caso, es inevitable…


martes, 8 de marzo de 2022

“Archive 81” y el auge de la cultura podcastera

 

Como prácticamente medio mundo, en el Año de la Pandemia me sume de lleno a la cultura podcastera. Archive 81 es una interesante propuesta de Netflix que busca aprovechar esta ola, aunque quizás nunca nos enteremos.


viernes, 10 de julio de 2020

Firewatch (2016) y los finales anticlimáticos



Firewatch es una de las mejores experiencias narrativas de los últimos años. Sin embargo, se volvió infame por presentar un final anticlimático que atenta contra todo lo que construye a lo largo de su duración. En esta nota: ¿qué es el anticlímax y cuándo funciona realmente a nivel argumental?


martes, 31 de diciembre de 2019

Malabarista del suspenso: los relatos de William Irish


Cada vez que Hollywood utiliza las mismas tramas recicladas me pregunto por qué no aprovechan la riquísima literatura que existe hoy en día. Hay montones de relatos y novelas que merecen llegar a la pantalla grande. Por ejemplo, en esta nota mencioné 5 ficciones literarias que merecen llegar al cine. Los relatos de William Irish son otros casos a tener en cuenta.



jueves, 6 de junio de 2019

El revival de “La Dimensión Desconocida” (2019)


Los que me siguen en el blog saben que The Twilight Zone es una de las antologías más influyentes en mi vida. Definió mis gustos por el sci-fi y mi manera de hacer narrativa. Por eso estaba súper ansioso cuando se anunció el tercer revival de la serie, esta vez de la mano de Jordan Peele.

La primera temporada concluyó, hace muy poquito, con resultados mixtos. Ya estamos en condiciones de hacer un análisis integral. ¿Funcionó esta tanda inicial de 10 episodios?


viernes, 29 de septiembre de 2017

Una explicación del final de “A Ghost Story” (2017)


Ayer pude ver Baby Driver, lo nuevo de Edgar Wright, y terminé de concluir que este es un gra año para el cine, por lo menos desde mi punto de vista.

Claro que hubo muchísima basura (Going in Style, la película de Death Note, Brimstone) y varias producciones cinematográficas que me decepcionaron bastante (ya las mencionaré en un post futuro, al toque se me ocurren Wonder Woman y La Torre Oscura como grandes decepciones).

Pero, por sobre todo, me encontré con películas súper originales e innovadoras que van a hacer muy díficil seleccionar las 15 mejores para mi post de favoritas del año.

IT, Dunkirk, Free Fire, Lego Batman, I Am Not a Serial Killer, Get Out, Logan, It Comes at Night, The Autopsy of Jane Doe, The Big Sick, Shimmer Lake, Fragmentado (cuyo final analicé en esta nota), la francesa Raw, las españolas Contratiempo y Proyecto Lázaro, la japonesa Una voz silenciosa, John Wick 2. ¡Y todavía me falta ver muchas más!

A todas esas favoritas tengo que sumar A Ghost Story, una producción independiente de David Lowery que seguramente va a hacer enojar a más de uno.

Su premisa es preciosa, pero la manera en la que el director la expone atenta contra la paciencia de cualquier audiencia, especialmente durante el primer tercio de la historia.

Yo la disfruté un montón, y creo que el ambiguo y extrañísimo final va a ser uno de los más debatidos por años, a la par de las palabras susurradas por Bill Murray a Scarlett Johansson en Lost in Translation, el misterio de las cintas enviadas en Caché de Michael Haneke (hablé de eso en este post) y todas las preguntas sin respuestas de “Mulholland Drive”, quizás la mejor película del siglo XXI.

Así que hoy quiero hablar de A Ghost Story, y en especial de su desenlace. En la fan-page algunos me preguntaron si podía “explicar” la escena final. Y creo que sí, que puedo hacerlo. Aunque, como siempre, no deja de ser una mera interpretación personal.

Afortunamente, en este caso contamos también con algunas palabras del director sobre lo que estaba escrito en aquel papel que ve el fantasmagórico personaje de Casey Affleck. La respuesta es bastante sorprendente.


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Reseña de “A Ghost Story” (sin spoilers)

Cuando un músico muere en un accidente de auto frente a su casa, regresa como un fantasma (cubierto con una sábana blanca y dos agujeros para poder ver) a la casa en la que vivió con su mujer.

Lo primero que hay que decir es que A Ghost Story tiene un ritmo muy aletargado, es súper silenciosa (prácticamente no hay diálogos) y se denota un uso prolongado de planos fijos donde no parece pasar nada.

La ya infame escena de la torta, donde vemos literalmente durante 5 minutos a la protagonista devorar un postre, le hace competencia a las escenas más estiradas de este año en Twin Peaks.

Es importante aclarar que, aunque se juega con algunos elementos clásicos del cine de terror, no hay película más alejada del horror este año que ésta. Más bien es una exploración muy introspectiva y singular sobre el “dejar ir”, el amor, la pérdida y la enormidad de la existencia.


Del mismo modo, si bien se ven dos o tres escenas de suspenso muy bien logradas, es una meditación poética sobre la memoria, el tiempo y la conexión espiritual antes que una “historia de fantasmas” de la forma tradicional. A mí este aspecto me resultó fascinante. Hay una existencialista profundidad que emerge de lo que fácilmente podría haber sido un proyecto fallido y absurdo.

La narrativa minimalista funciona apoyada en las actuaciones de Casey Affleck y Rooney Mara, que generan una intimidad poderosa. Como espectador uno siente que es un intruso en sus vidas, comparte sus dolores y simpatiza con ambos. La inversión del punto de vista –relatar la historia desde la mirada de un alma en pena (y muda) que no puede dejar ir– es cautivante.

Como conclusión: A Ghost Story es una experimental y hermosa pequeña historia sobre la aceptación de la pérdida, y sobre lo insondable del tiempo. Si bien lenta y silenciosa, me hipnotizó por completo por su cinematografía, los curiosos giros argumentales y su profundidad temática.

Una película que dice mucho sin decir demasiado. Me encantó, y me parece de lo más creativo del año, pero entiendo perfectamente a quien afirme que se trata de un mal chiste que no sabe cuándo terminar.



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#Spoilers. A montones.

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Una explicación del final de “A Ghost Story”

Recapitulemos: prácticamente toda la película sigue a Casey Affleck bajo una manta blanca luego despertarse como un fantasma en el hospital y volver a su casa donde vivió con su esposa. Es testigo de otras familias mudándose a lo largo de los años, y está tanto tiempo ahí (parece no poder, o no querer, moverse) que hasta llega a ver cómo la destruyen para crear un gigantesco edificio en un futuro.

Eventualmente termina saltando de aquel edificio, aparentemente muriendo nuevamente. En lugar de eso, se encuentra a sí mismo en el pasado, físicamente en el mismo espacio donde estará la casa muchísimos años después.

En los últimos minutos, el fantasma termina en la misma casa donde se genera un perturbador bucle temporal. En una de las escenas más locas, puede ver a una versión de él mismo hecho fantasma.


Una versión, el fantasma del pasado, es el que todavía no ha podido descubrir qué necesita hacer para poder irse. El otro, la versión del presente que seguimos durante toda la película, es el que está sentado en el piano (el que genera el ruido que se escucha al principio) y el que obtiene algún tipo de claridad.

Yo me tiro más para pensar que el fantasma no viajó en el tiempo, sino que estuvo tanto tiempo en el mismo lugar, durante años, siglos, una eternidad, que acabó por “darle la vuelta al tiempo”. Sé que suena loco… ¿pero viajar en el tiempo no lo es también?

Hay algunas cuestiones de la película que me dan a pensar esta teoría. Especialmente el hecho de que el personaje de Casey Affleck no puede medir el tiempo, a veces pestanea y pasaron, literalmente, años. El montaje de la película expone, con sutileza, el inconmesurable paso del tiempo.

¿Por qué no puede haber avanzado tanto en el tiempo que llegó hasta el fin de la humanidad y volvió a arrancar?


La cuestión es que, como sea que se haya generado aquel bucle temporal, el retorno a su hogar le brinda al fantasma la posibilidad de retirar la nota que escondió su esposa antes de irse de la casa. Cuando finalmente lograr recuperar la nota, la lee y desaparece, liberándose al fin.

¿Qué decía el misterioso papel?

El famoso pedazo de papel que cautiva tanto al fantasmita como para liberarse está destinado a ser uno de los mayores misteriors del séptimo arte. Lo que está escrito NUNCA se muestra a los espectadores, por lo que queda como un enigma sin resolver.

Al respecto, el director dijo que no cree que lo que dice el papel sea tan importante, más bien el hecho de que el protagonista pudo leerlo. En palabras suyas:
«Pensamos en si mostrar lo que decía el papel o no, pero no importaba tanto como el hecho de que él lo recibiera. Nada de lo que estuviera escrito representaría algo para la audiencia en ese punto, y sólo complicaría el momento –vos verías algo, lo procesarías, y luego te preguntarías qué significa

Pero, ¡ojo! Eso no signfica que el papel estaba en blanco.

En el set aquel día, Lowery explicó que el guión no especificaba qué estaba escrito en el papel, más que nada porque ni siquiera él sabía qué debería decir. Así que le pidió a Rooney Mara que escribiera algo que fuera “personal y significativo para ella, la película y su personaje”.

Lo que ella escribió se mantuvo escondido en la casa hasta que, de hecho, fue realmente demolida, y nadie pudo haberlo leído antes. La actriz dice que no se acuerda bien qué escribió y ni siquiera lo sabe Casey Affleck, porque la pieza de papel que él saca ni siquiera es la original que escribió su contraparte femenina.


El papel, aquella minúscula cápsula de tiempo, bien puede haber dicho: “Te amaré por siempre”, “El fin”, “Sé que estás ahí”, “Por favor continuá sin mí”, “Let it go”  o, simplemente “BOO!” (¡eso habría sido genial!).

Lo cierto es que lo más interesante de A Ghost Story es todo lo que rodea al MacGuffin del papel.

Al final del día, todo el contexto de aquella nota se vuelva más esencial que cualquier cosa que pudiera haber estado escrita. Sea lo que fuera, fue suficiente para que el fantasma lograra liberarse de sus cadenas y soltarse de aquel lugar que lo ataba como un alma en pena.

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lunes, 13 de junio de 2016

“El abismo”, mi cuento en la antología “Pobre Diablo”


Una de mis “novedades literarias” de este año es mi participación en la antología PobreDiablo, que reúne historias de terror de varios autores argentinos. El libró se lanzó el viernes 6 de mayo a través de la editorial Pelos de Punta, que se especializa exclusivamente en el género del terror. Presentaron el nuevo tomo de la colección en Zona Futuro, dentro de la Feria del Libro 2016.

Narciso Rossi, uno de los tres creadores de PelosDePunta , me contactó para invitarme a participar. Un honor gigante.

El cuento que terminé aportando se llama “El abismo”, un relato en tres partes que narra un viaje hacia los lugares más oscuros de Internet, y que tiene un matiz muy lovecraftiano. El desafío fue interesante porque el horror literario no es mi fuerte y apenas tengo un puñado de relatos que entrarían en esa clasificación (por ejemplo: el microrrelato “El horno” y “A veces vuelven”, el primer cuentito que fue reconocido en un premio literario).

La realidad es que mis escritos se reparten entre la ciencia ficción, el misterio/policial y las historias con cierta comicidad e ironía.

Pero en fin, quedé contento con “El abismo”, y me parece que encaja con la temática de la antología. El tomo debía incluir la figura de un diablo, demonio o cualquier ente sobrenatural, sea del imaginario propio o de cualquier tipo de creencia.



Cada colección se compone de 13 cuentos y sus títulos (MalaSangre, EntreDientes, ManoDura, MalCriados) encierran la idea general de los relatos. Por ejemplo, ManoDura estaba compuesto por cuentos violentos y Malcriados protagonizado por niños.

Todas los distintos tomos pueden comprarse de forma online en la página oficial de la editorial (http://www.pelosdepunta.com/).  Creo que el proyecto–que arrancó por iniciativa de tres amigos escritores y lectores de terror– es muy atractivo y algo diferente entre las editoriales independientes argentinas.

Pelos de Punta no sólo difunde el trabajo de escritores argentinos contemporáneos, también le devuelve al terror argentino el lugar que se merece. Hay toda una generación nueva (y desconocida) que se está volcando al género. 

El terror hoy es trending topic en películas, videojuegos y en la web (a través de creepypastas), y en Argentina también está presente, todavía buscando un lugar.

Si les interesa conocer más sobre esta iniciativa, les recomiendo leer la entrevista muy completa que le hicieron a Pelos de Punta en Axxónhttp://axxon.com.ar/rev/2015/10/entrevista-a-editorial-pelosdepunta-ricardo-giorno/

La antología PobreDiablo tiene la particularidad de generar contenido relacionados con demonios. Y, en ese sentido, hay algunos relatos que verdaderamente son muy memorables. Mi favorito de la colección (sin contar el mío porque, vamos, si no creo yo en mí mismo, ¿quién lo va a hacer?) fue “El baile”, de Javier N. Fernández.  Creo que fue el único que realmente me hizo sentir un escalofrío. Cuenta la historia de un tipo con bloqueo de escritor que recibe la visita del Diablo, quien le cuenta algunas de sus historias más macabras para inspirarlo.

En “Geografía” (de Walter Lezcano) un apocalipsis zombie se desata en una escuela, un profesor y algunos alumnos intentan escapar del caos. Me resultó muy bien escrito. Otros que disfruté fueron “El amigo oculto”, por Juan Pappalardo, y “Un ángel en mi jardín”, de Francisco Costantin. El primero es sobre un hombre siendo cazado, literalmente, por su otra mitad, que es en realidad un asesino. El segundo nos presenta un mundo donde los ángeles comenzaron a caer del cielo porque, aparentemente, libran la batalla final contra el Diablo.

Página oficial de la editorial “Pelos de punta”: (http://www.pelosdepunta.com/).


¡Feliz día del escritor a todos mis compañeros escritores y blogueros que siguen el blog!

El 13 de junio de 2016 se celebra el día del escritor en Argentina, en commemoración del nacimiento de Leopoldo Lugones, quien fue clave para configurar el canon literario argentino con sus textos y gracias a la fundación del SADE (Sociedad Argentina de Escritores).

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viernes, 11 de marzo de 2016

Hitchcock/Truffaut: una entrevista de 50 horas


La entrevista que François Truffaut (un cineasta francés del movimiento llamado “nouvelle vague”) le hizo a Alfred Hitchcock en 1962, a lo largo de una semana, es una de las más famosas de toda la historia del cine.

Las 50 horas de preguntas exhaustivas –que repasan cada película de la extensísima filmografía del director inglés– fueron tan importantes para el cine como lo que fue para la política la entrevista Frost/Nixon.

Truffaut recopiló sus grabaciones y publicó, cuatro años después, la obra más importante sobre este director: “El cine según Hitchcock” (1966). Un libro que tuvo un impacto directo en el mundo del séptimo arte y contribuyó a rescatar a Hitchcock de los ataques de la crítica. Truffaut, un fanático suyo, ayudó a que su obra fuera admirada, respetada y alabada universalmente. Como afirma en su prólogo:

«En los años 50´ y 60´, Hitchcock se encontraba en la cima de su creatividad y de su éxito. […] Este éxito y esa popularidad, la crítica americana y europea iba a hacérselo pagar examinando su trabajo con condescendencia, denigrando un film tras otro

DESCARGAR “El cine según Hitchcock” (de François Truffaut) en PDF: https://goo.gl/m9ZimY

Hoy nadie pone en duda el título de “maestro del suspense” para el inglés bajo y regordete de nombre Alfred Joseph Hicthcock. Sin embargo, no hace mucho tiempo la crítica lo consideraba un mero entretenimiento banal. Nadie lo vio como un artista serio hasta que los críticos de la nueva ola francesa, particularmente François Truffaut, corrigieron el curso de la historia dándole el papel que se merecía.


Películas como “Vértigo” (que ya reseñé en el blog), “Psicosis”, “North by Nortwest”, “Rear Window” y “Los pájaros” son considerados algunas de las más grandes (e influeyentes) películas del mundo. Otras se destacaron en aspectos técnicos, en presentar toda la acción en pequeños sets (“Lifeboat”, “Rope”) o en llevar circunstancias cotidianas a situaciones extremas y poco frecuentes.

El particular estilo visual y narrativo de Hitchcock tipificó un modo exclusivo de “thriller” que fue copiado una y otra vez hasta nuestros días. En el fascinante libro que recopila la entrevista de Truffaut, Hitchcock revela los detalles más íntimos de cada una de sus producciones, cuenta anécdotas, detalla cómo filmó ciertas escenas (hoy emblemáticas) y algunos de sus más conocidos efectos visuales.

El texto es un diálogo inteligente y atrapante entre un maestro y un fiel admirador. Lo que me sorprendió es el nivel de conocimiento que ambos (Hitchcock y Truffaut) tenían del cine del momento. Especialmente Truffaut es muy certero con las preguntas y muy sagaz a la hora de aportar datos adicionales o completar información.

¡Por momentos también la entrevista se invierte y termina siendo Truffaut el entrevistado por Hitchcock!

El diálogo entre ambos es tan movido, tan picante, que resulta impactante enterarse de que, en realidad, había una traductora en el medio. Como uno hablaba francés y el otro inglés, Truffaut contactó a una traductora y amiga suya (Helen Scott) para hacer de nexo entre ambos.

El entrevistador preparó un cuestionario con el colosal número de 500 preguntas, ordenadas según un desarrollo cronológico. 

Se centraban en las circunstancias que rodearon el nacimiento de cada film, la construcción del guión, los problemas particulares de los rodajes y la estimación personal de cada producción. Hitchcock no calla nada y se atreve a aceptar qué películas le desagradaron, cuáles fueron fiascos comerciales, cuáles son sus favoritas y cuáles deseó nunca haber hecho.

Y Truffaut toma nota, como un estudiante recibiendo una clase privada de su gran maestro, como tomando de mano en mano sus secretos.

Hichtcock es divertido y casi académico: define (siempre con ejemplos) el concepto del Macguffin, la diferencia entre sorpresa y suspense. Manifiesta cómo hizo algunos de sus efectos visuales y escenas más conocidas (en Vertigo y en Psycho, por ejemplo). Es muy crítico de sí mismo.

Por ejemplo, respecto a la diferencia entre “sorpresa” y “suspense” comenta:

«La diferencia (…) es muy simple. Nosotros estamos hablando, hay una bomba debajo de esta mesa y nuestra conversación es muy anodina, no sucede nada especial y de repente: bum, explosión. (…) Examinemos ahora el suspense. 

La bomba está debajo de la mesa y el público lo sabe, probablemente porque ha visto que el anarquista la ponía. El público sabe que la bomba estallará a la una y sabe que es la una menos cuarto (hay un reloj en el decorado); la misma conversación anodina se vuelve de repente muy interesante porque el público participa en la escena. (…) En el primer caso, se han ofrecido al público quince segundos de sorpresa en el momento de la explosión. En el segundo caso, le hemos ofrecido quince minutos de suspense

Hitchcock fue uno de los propulsores de la idea de “mostrar” antes que “decir”, porque el cine es imagen. Sus filmes exponían ideas concisas de forma visual, prácticamente suprimiendo cualquier necesidad de explicación mediante el diálogo.

Un ejemplo concreto:

En “The Man Who Knew Too Much”, el espectador sabe que durante la actuación de la orquestra, cuando los platos choquen entre sí y produzcan un sonido agudo, el asesino va a disparar contra su objetivo para pasar desapercibido; de modo que toda la interpretación previa de los músicos se convierte en la tensa espera de un clímax que está por llegar.

De estos y muchos otros casos hace referencia durante la entrevista.

Me va a llevar toda la vida ponerme al día con la filmografía del director (debo llevar una diez películas hasta ahora) pero este texto te acerca muchísimo al hombre detrás del nombre. 

Es fascinante leer sobre cada una de sus producciones.

Para los más perezosos (o quizás como complemento) en el año 2015 salió el documental “Hitchcock/Truffaut ”, donde varios cineastas de renombre (entre ellos, Wes Anderson) discuten cómo “El cine según Hitchcock” influenció su propio trabajo. Ahí pueden verse grabaciones de la entrevista original, editadas de forma amena y mostrando fragmentos de cada una de las películas mencionadas.



Lo interesante del documental es que muestra el punto de vista de directores que hoy son más viejos de lo que Hitchcock era cuando se hizo la entrevista (Martin Scorsese, Paul Schrader) y muchos directores jóvenes que están floreciendo hoy: David Fincher, Wes Anderson, Richard Linklater, etc.

Me encantó “El cine según Hitchcock” y se lee con mucha fluidez.

Creo que cualquier cinéfilo lo va a disfrutar tanto como yo lo hice. Es genial aprender sobre la urgencia del director para “superar” a su audiencia, para sorprenderla constantemente. Él reseña sus propias técnicas, habla sobre cómo manejar a los actores, cómo le dio forma a sus películas. También se explaya en sus pensamientos sobre la religión, sobre los sueños, qué cosas lo inspiraron a conformar cada historia.  Dos grandes secciones se dedican a “Vértigo” y a “Psicósis”, analizándolas a fondo. A su vez, se toma su tiempo para hablar de cuáles fueron sus grandes experimentos y qué saco de cada uno.



Un libro imperdible para los amantes del cine. No tiene desperdicio.

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jueves, 28 de enero de 2016

“Rope” (1948): la controversia y el teatro de Alfred Hitchcock


Esta película de 1948 es una de las más geniales (y menos recordadas) del maestro Alfred Hitchcock. Está basada en una obra de teatro de 1929 creada por el inglés Patrick Hamilton. Hamilton se basó en un hecho real ocurrido en Chicago en 1924: Nathan Leopold y Richard Loeb habían asesinado al pequeño Bobby Franks (de 14 años) de una forma similar.

La particularidad que tiene “Rope” es que fue filmada en sólo ocho tomas continuas de 10 minutos, y editada como si fuera una sola, una larga toma de unos 80 minutos de duración.

Es re divertido volver a mirar la película sabiendo esto y buscar los ocho cortes escondidos. Están tan bien hechos que si pestañas no te das cuenta. Él utilizó principalmente la técnica para transición de escenas conocida como “Body Wipe”, que implica hacer zoom sobre uno de los personajes hasta que el fondo se vuelva negro y luego alejar la cámara nuevamente.

El mundo cinéfilo se volvió loco cuando salió “Birdman (o la Inesperada Virtud de la Ignorancia)” (2014), de Alejandro González Iñárritu. La película no sólo tenía un guión sorprendente y diferente, sino que además utilizaba una técnica innovadora: una sola y larga toma a lo largo de toda la historia.

Aunque Birdman tiene un trabajo de edición fascinante, no fue la gran pionera de la “larga toma”. “Rope” y Hitchcock ya lo habían hecho antes.


La trama va por este lado: un día, dos jóvenes de la elite de Manhattan, Brandon Shaw (un tremendo John Dall) y Phillip Morgan (el actor Farley Granger) asesinan con una soga a un conocido de ambos: David Kentley. No sólo eso, sino que además esconden su cuerpo en un cofre a pocas horas de una fiesta que están por concretar.

¿Por qué lo hacen? 

Únicamente para probarse a sí mismos que pueden realizar el “asesinato perfecto”. A medida que transcurre la historia, los invitados comienzan a llegar a la cena: Janet Walker, la novia de David, los padres del recién fallecido y el antiguo profesor de todos, Rupert Cadell (James Stewart). 

Brandon, el verdadero autor del crimen, comienza a tentar al destino hablando de filosofía y dilemas éticos relacionados con el asesinato, Rupert comienza a sospechar cada vez más, secretos comienzan a ser revelados y Phillip simplemente quiere que la noche termine porque está siendo acechado por la culpa.

La película está buenísima por la manera en la que Hitchcock maneja el suspenso y logra diálogos muy reales que se acercan más al teatro que al cine. Se trató de unas de sus cintas más experimentales porque cada toma de diez minutos se filmaba sin interrupción, haciendo que los actores tuvieran que improvisar reacciones y emociones. Alfred no podía, en ese momento, filmar más de esa duración porque era el máximo que le brindaba la tecnología de la época. Hoy sabemos que es posible filmar continuo durante horas.

En el futuro Hitchcock también utilizaría la misma técnica en “Under Capricorn” (1949) y, en menor medida, en “Stage Fright” (de 1950). Hay un tema, sin embargo, que convirtió a la película en una de las más controversiales del director, y es el del subtexto homosexual que se percibe en todo momento. Esto fue considerado demasiado “osado” en aquella época y llegó a prohibirse en algunos países.

La homosexualidad de los protagonistas y dueños del crimen (Brandon y Phillip) era mucho más clara en el guión teatral original de 1929. En la película no es tan obvio que ambos son pareja, pero sí bastante evidente. Se comenta que el personaje que hace Jimmy Stewart también fue escrito como un personaje gay que incluso tuvo un romance breve con Brandon (“Not that there´s anything wrong with it!”).

Hitchcock manejo el tono homosexual de la cinta con maestría, haciendo que pase desapercibido para las masas pero volviéndolo obvio para el ojo entrenado. A pesar de que la homosexualidad fue era tema muy controvertido en los años 40, la película pasó todos los controles de los censores.


Está todo en los pequeños detalles. Por ejemplo: el tema de piano que toca Granger  (Mouvement Perpétuel No. 1 de Francis Poulenc)  es un trabajo de un compositor gay. El actor era también un reconocido bisexual, y el papel había sido ofrecido antes a otro actor bisexual del momento (Montgomery Clift).

Algo loco de la película es la cantidad de toques brillantes que posee. 

Uno de los grandes momentos es cuando Jimmy Stewart coloca el metrónomo para que el personaje de Farley Granger comience a tocar el piano cada vez más rápido mientras Stewart lo cuestiona. 

Es tremenda también la tensión que se genera cuando la ama de llaves comienza a retirar los platos de la mesa (que es, en realidad, el cofre del muerto) mientras el resto de los invitados hablan fuera de cámara. O cómo Jimmy Stewart se desploma en el sillón al enterarse de la verdad, descubriendo que toda su filosofía de vida cayó en pedazos y que él también tiene un grado de culpa.

Curiosamente, esta fue la única película de Hitchcock que James Stewart no disfrutó. Hasta llegó a admitir que había sido un error elegirlo a él para el rol del profesor, que tiene su primera entrada a la media hora de la historia. 

El actor de “It´s a Wonderful Life” (1946) era una de las figuras ganadoras del director, participando en muchos de sus grandes éxitos: “Vertigo” (1958), “La ventana indiscreta” (1954) y “Anatomía de un Asesinato” (1959), entre otros.

Otro dato interesante es que se trató de la primera película en color del director. Lo cual la hace todavía más experimental.

¿Y dónde está su famoso cameo? Alfred aparece caminando por la calle durante los créditos iniciales, aunque apenas puede notarse. También se lo ve muy brevemente desde la ventana en una publicidad de pérdida de peso, algo similar al cameo que tiene en esa maravillosa película llamada “Lifeboat” (1944).

Rope” no sólo es una de las mejores películas de Hitchcock, sino que además resultó ser una de las más audaces. Al director siempre le divirtió la idea de que su audiencia sufriera. Y acá lo logra presentando el asesinato en la primera escena y haciendo que tengamos que quedarnos para ver hasta qué punto se puede ocultar la verdad. Grandes momentos de tensión, diálogo ágil y sagaz y una buena dosis de filosofía y ética acompañan a una producción cinematográfica que todo cinéfilo debería ver, por lo menos, una vez en la vida.

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viernes, 3 de julio de 2015

Sobreanalizando “Vértigo” (1958), de Alfred Hitchcock


“El vértigo no es el miedo a caer,
sino el deseo de saltar”


Aunque quizás no sea mi favorita (“Rear Window”, de 1954,  y “Strangers on a Train”, de 1951, me parecen superiores), “Vértigo” es una de las películas más importantes de la carrera de Alfred Hitchcock y una de las mejor valoradas de la cinematografía estadounidense (hoy está en el puesto #69 del Top 250 de IMDb.com).

En “Vértigo”, un detective retirado de San Francisco que sufre de acrofobia (James Stewart) es llamado por un amigo para investigar las misteriosas actividades de su esposa. La película se refiere, por supuesto, a la parálisis (tanto física como psicológica), a la obsesión y a la quebradiza naturaleza del amor. ¿Pero trata únicamente de esos tópicos o —cuando uno comienza a indagar— resulta que explora temáticas mucho más profundas?

Creo que la película es una de las más raras que hizo Hitchcock alguna vez, y genera una sensación de extrañez o incómodidad que no es tan propia de él. 

► En este post vamos a examinar un poquito de qué habla “Vertigo”, para muchos considerada la gran obra maestra de este célebre director.


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#SpoilerAlert: se revelan detalles fundamentales de la trama. Si no viste la película todavía, primero pegale una revisada y después volvete para el post. ¡Estáis avisados!

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Vértigo” —basada en la novela “De entre los muertos” (de los franceses Boileau y Narcejac)— es una película extraña por donde se la mire. 

Es la única de Hitchcock donde el criminal no recibe su castigo y el gran giro de tuerca llega un poco después de la mitad de la película (en la novela, la revelación final se presenta sobre las últimas páginas).  Incluso la cinta se aproxima al surrealismo por la forma en la que el director utilizó una cuidadosa narrativa audiovisual y plagó las escenas de simbolismo.

Sus inicios fueron un poco desalentandores: no recuadó demasiado en la taquillas y las críticas le dieron duro. Hitchcock culpó el fracaso comercial de la cinta a la falta de carisma de James Stewart en el rol protagónico, y a su avanzada edad para cumplir el papel de galán. (De hecho, no volvería a trabajar con él, que era uno de sus caballitos de batalla). Sin embargo, con el tiempo Vértigo ganó popularididad hasta lograr colocarse entre las mejores películas de este artista.

Después de los maravillosos títulos de inicio, la historia presenta a John “Scottie” Ferguson en plena persecusión policial encima de los tejados de San Francisco. Allí, junto a él, descubrimos su condición de acrofóbico. 

Un tiempo más tarde, Scottie (ya retirado) acepta el encargo de un viejo amigo: vigilar a Madeleine (Kim Novak), quien se comporta de forma inexplicable. La hipótesis principal es que ella estaría poseída por el espíritu de una antepasada que se suicidó.

Lo que sigue es un complejo entramado de suspenso psicológico (aquel por el que Hitchcock se hizo tan famoso) pero tejiendo algunas otras referencias que no se captan la primera vez que uno ve la película.


En “La insoportable levedad del ser” (que ya reseñé en el blog), Milan Kundera define el concepto de “vértigo” con una soltura como nunca vi. Él se pregunta: ¿qué es el vértigo? ¿El miedo a la caída? Pero, si es así, ¿por qué también nos da vértigo en un mirador provisto de una valla segura? A ello responde:

“El vértigo es algo diferente del miedo a la caída.
El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros
nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer,
del cual nos defendemos espantados.”

Hitchcock aprovechó el concepto de “vértigo” para expandir el universo de la historia original. En la novela, por ejemplo, el protagonista es impotente sexual. Esto no se expresa nunca formalmente en la película, pero el director sí toma recuados para hacer alusiones a la sexualidad de Scottie en varios momentos. De hecho, toda la cinta, y ese vértigo que sufre, puede verse como una analogía del sexo, del miedo al compromiso y de la búsqueda de la masculinidad.

Una de las primeras escenas ya da pistas de que la historia no habla exclusivamente del miedo a las alturas. En el piso de Midge (un personaje lamentablemente olvidado en la historia) se da un diálogo larguísimo cargado de innuendo sexual. Midge comenta sobre el corto noviazgo entre ellos dos (que terminó porque “no pasó nada”) mientras Scottie camina con un bastón (un sustituto de su miembro) que no parece saber manejar. El hecho de que Midge trabaje fabricando lencería agrega todavía más erotismo a la escena.

Lo divertido es que Midge, quien claramente lo desea de forma carnal, le habla como a un niño, y le pide que se convierta en “un muchacho grande”. Luego la escena lleva a Scottie a subir a escalones poco a poco para intentar superar su vértigo (¿un experimento de erección?). La escena termina con él desmayándose ante los brazos de una descontenta Midge.

La sexualidad en “Vértigo”  es uno de los grandes temas, y se utiliza con mucha ironía. Toda la historia está repleta de símbolos fálicos (la torre Coit, por ejemplo, que se ve siempre desde la ventana del piso de Scottie) e incluso de algunas referencias hacia la necrofilia: si uno se lo pone a pensar, Scottie está convencido que Madeleine es una reencarnación de Carlotta y, luego, se acostó con una muerta. (Sí, resulta ligeramente perturbador).

Lo de la necrofilia es interesante porque Scottie era incapaz de hacerle el amor a una mujer real (de la misma manera que era incapaz de manejar las alturas) y solo encuentra forma de hacerlo con una supuesta muerta. De hecho, tiene sexo con Judy únicamente después de haberla transformado en Madeleine una vez más (como una suerte de Pigmalión enamorado de su propia obra de arte).


Cuando Kim Novak le preguntó a Alfred Hitchcock sobre la motivación de ella en una escena particular, el director se limitó a responder: “Let's not probe too deeply into these matters, Kim. It's only a movie” (básicamente: “no jodas, es solo una película”). Pero quizás Hitchcock estaba escondiendo las verdaderas intenciones detrás de una “simple película”.

Más de una vez cuando estoy viendo una película siento que la historia me está diciendo algo más allá de lo que está mostrando en imágenes. Recientemente me pasó lo mismo con “It Follows” (2015), una de las mejores películas que presentó este año hasta ahora. Curiosamente, en It Follows el trasfondo es también de índole sexual.

Con el cine específicamente surrealista (David Lynch a la cabeza) no es tan difícil descrifrar que lo que se nos muestra no es exactamente lo que quieren que “veamos”. Pero si las películas son de otro género, esto no es tan común. Cuando sucede, genera una suerte de extrañez, una picazón que te lleva a pensar en escenas específicas y en diálogos incongruentes. “El resplandor”, de Kubrick, es otro ejemplo de una película más o menos lineal que esconde muchísimos significados ocultos. Con “Vértigo” experimenté algo similar.

El gran cambio que el director realizó (respecto al material original) es que introdujo el elemento sorpresa a mitad de su narración: Madeleine y Judy son la misma persona, y todo fue una treta para engañar a Scottie y tener así un testigo del aparente suicidio de la mujer. En el libro esto no se descubre hasta el final.

Hitchcock decía que “el suspenso en el cine ocurre cuando los espectadores saben algo que los protagonistas no”. Así, este cambio contribuyó a la película, permitiendo que nos preguntemos en qué momento el protagonista va a descubrir la verdad (o si no la sabía desde un principio). Además añade una capa más de complejidad a los temas que Alfred quería retratar.

La  película básicamente puede dividirse en dos grandes momentos, y es mucho más que una historia de detectives o un melodrama romántico: es filosófica, es controversial. El vértigo como disparador se convierte en el motor de la historia y da paso a elementos que se convierten en leitmotivs de la historia. La espiral, por ejemplo, es uno de ellos. El símbolo en la película es una constante: el moño de Kim Novak, el ramo de flores, la secuencia del sueño, etc. La espiral es uno de los símbolos más antiguos y en muchas culturas representa la idea de la reencarnación.


A su vez, el vértigo se expande a las ideas de la obsesión, la perversión y la dualidad. Más que el miedo a caer, el deseo de saltar. El juego de espejos que propone Hitchcock es fascinante. Vemos la dualidad no solo en Madeleine/Judy, sino también en las dos partes bien marcadas de la película.


Hay muchísimas referencias a mitos y otras obras artísticas en “Vértigo” y un uso intensivo de ciertos colores para indicar momentos de sexualidad o peligro latente. Por supuesto, existe ese elemento que funciona como “Macguffin” en la historia… aquel concepto tan particular que ingeniosamente creó el director. Alfred Hitchcock sabía exactamente lo que quería mostrar y cómo hacerlo. De hecho, tuvo control total sobre la obra y generó problemas con Kim Novak por ese motivo (porque ella tenía pretensiones muy diferentes a las que proponía el director).

En cuanto a sus referencias literarias, la película exhibe innegables alusiones al mito de Pigmalión. Desde un primer momento Scottie manifiesta deseos inconfesables de que la mujer del cuadro (Carlotta Valdés) tome vida. 

Esto también nos lleva a Edgar Allan Poe, particularmente en “El retrato oval”, aquella historia donde un hombre perfecciona tanto el cuadro de su mujer que casi le da vida. Y aunque hay muchas más alusiones, no se puede dejar de destacar a Nietzche y su idea del eterno retorno, elemento muy presente en la cinta.

Quizás Hitchcock quiso mostrar mucho con esta película, o quizás no sea más que una simple historia de amor y locura de la cual no habría que filosofar demasiado. Cómo sea, “Vértigo” es una película que, con casi 60 años, sigue manteniendo una temática fresca y se destacó por utilizar efectos novedosos, imágenes vívidas y temas atrapantes.

Eso sí: no es una película perfecta y hay cuestiones que ni el propio director supo explicar. Ejemplos de ello son la misteriosa desparición de Madeleine en el Hotel McKittrick (Hitchcock se refirió a esa como la Icebox Scene, pero su explicación nunca me conformó) o el verdadero motivo del suicidio final de Judy (que queda a la libre interpretación de cada uno). 

Yo tengo mis propias ideas de cada uno de estos temas, pero quedarán para una próxima oportunidad, o para una futura (aunque improbable) charla de café con mis lectores.

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