Una llave encontrada en un cajón, una grieta en la rutina, una insinuación de
que algo no encaja. En “Nada que abrir”, una conversación aparentemente banal
entre Adriana y Hernán se transforma en una inquietante exploración de lo que
no se dice.
...Una mirada hacia la literatura, el cine, los cómics, la TV y otros vicios personales. Había un blog mejor, pero era carísimo.
Una llave encontrada en un cajón, una grieta en la rutina, una insinuación de
que algo no encaja. En “Nada que abrir”, una conversación aparentemente banal
entre Adriana y Hernán se transforma en una inquietante exploración de lo que
no se dice.
El tren
avanza con su implacable ritmo matutino. Cerca hay un teléfono público viejo,
pesado, inútil. Nadie lo usa. Nadie lo mira. Pero de pronto, suena. El
desenlace, en este caso, es inevitable…
La curiosa historia de Gerardo
Calvo, el hombre que convirtió la rudeza en un arte y, contra toda lógica, también
en una mina de oro.
A veces las tragedias no
llegan como un vendaval, sino como el eco de algo pequeño, insignificante. En
este nuevo relato, “Ecos de un impacto”, el peso de un acto inocente se
convierte en una condena eterna.
El regreso
del taller creativo “Montame una escena”, de Literautas, me llevó a redactar “La
última función” (un cuento metatextual) y recordar que algunos de mis mejores
textos surgieron gracias a esta linda comunidad literaria.
Conocí a Marcelo Kisilevski a través de la
comunidad de Literautas.com, un sitio que ya mencioné alguna vez en el blog. Literautas
tiene un taller de escritura (Móntame una Escena) en el que cada mes se da una consigna y quien quiere puede sumarse.
Luego es posible intercambiar comentarios y correcciones sobre cada texto.«Mi faceta como escritor de ficción es menos conocida. Después de todo, se trata de mi primera antología de relatos. Pero quiero que la gente también conozca lo que hago cuando todos se van a dormir en casa, se apaga la tele, y puedo disfrutar, lejos de los problemas del mundo, de mi 'patio de recreo', es decir la creación literaria.» (fuente)
El libro se desarma
en tres grandes apartados en función de su extensión: medium, large y small.
Sin duda alguna, el programa que más utilizó en mi notebook
–y que más perfeccioné a lo largo de los años– es el editor de textos “Microsoft Word”. Ya sea para escribir
críticas de cine en la fan-page, preparar los posts del blog, escribir
literatura o preparar clases, apuntes y trabajos prácticos. Word es una
herramienta poderosa y fácil de usar, pero aun así tiene muchos cosas para
exprimirle y que no todo el mundo conoce.
Les comparto un nuevo cuento de mi autoría que, lo
admito, peca de no ser una de los más brillantes. Sin embargo, creo que tiene
algunos elementos de especial interés que comento al final (y que puedan
aportar un detalle adicional a la motivación de mi relato).
No. Lo realmente intolerable no son las miradas
incómodas, la criatura que no suspende nunca el sollozo, el energúmeno que comenta
idioteces para evitar los silencios, el inefable obeso que deja siempre
resbalar una flatulencia. A mí quien verdaderamente me hace hervir la sangre es
el sujeto que dedica su media hora a la imparable lectura del diccionario.
Recuerdo que había comenzado con la letra “M”
cuando me decidí, poco a poco, muy gradualmente, a librarme de aquel sujeto y
de su engreimiento para siempre.
No suelo colocar introducciones
antes de los posts sobre cuentos míos, pero en este caso hago una excepción. Ayer
por la noche (viernes 31 de octubre)
el siguiente mail llegó a mi casilla:
Hay muchas
cosas en los alrededores de la plaza Rivadavia: un monumento al célebre
personaje histórico, farolas de 1925, una gran fuente en mármol de carrara,
inglesa, enmarcada por cuatro pilares pequeños. Está la catedral y en el
extremo opuesto el palacio municipal. También se ven cosas que la gente no
distingue, que nadie nota. Letras del abecedario, tierra, árboles y un pedazo
bastante grande de cielo, cartelería, perros, palomas y hasta seres humanos. La
500. La 504. La 319 en su recorrido de regreso. Decenas, no, centenas de
micro-acontecimientos, acciones simultáneas. Una joven está sentada en un banco
frente al Café Rodríguez, fumando un cigarrillo. A su lado una mujer se abanica.