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miércoles, 28 de mayo de 2025

El Eternauta: una proeza técnica (con pies de barro)

 

Mis impresiones de la esperada adaptación televisiva que tiene a Buenos Aires frente a una imponente invasión alienígena. Reseña de “El Eternauta” (2025).


martes, 11 de febrero de 2025

“Los cuerpos del verano”, una novela de M.F. Castagnet


Una obra donde la muerte no es el final, sino un trámite administrativo. Reseña de “Los cuerpos del verano” (2012), novela corta de ciencia ficción escrita por el argentino Martín Felipe Castagnet.



viernes, 26 de abril de 2024

10 relatos de microficción (de mi autoría)

 

Los cuentos compactos −con su brevedad, diversidad y escritura fragmentaria− son capaces de llegar más rápido al lector. En esta nota les comparto diez relatos hiper breves de mi autoría.


sábado, 10 de diciembre de 2022

“Ready Player Two”, la (innecesaria) secuela de Ernest Cline

 

La última reseña literaria del blog en 2022 será también un tanto decepcionante. La secuela de Ready Player One se propone explorar la ética del escapismo, pero falla en su propia búsqueda.


domingo, 28 de agosto de 2022

“Un mago de Terramar” (1968), una novela de Ursula Le Guin


En 1968, Ursula Le Guin se planteó crear una historia de magos que fuera en contra de la narrativa tradicional. El resultado fue una de las sagas literarias más influyentes del mundo. En esta nota, reseña del primer libro: Un mago de Terramar.


viernes, 10 de junio de 2022

“Plop” (2002), una novela de Rafael Pinedo

 

“Se llama Plop. Es el ruido que hizo al caer en el barro cuando nació”. Así arranca la fabulosa novela distópica del argentino Rafael Pinedo que se convirtió en una de mis lecturas favoritas del año.

 


martes, 19 de abril de 2022

Las Crónicas Marcianas de Ray Bradbury

 

Crónicas Marcianas es un libro extraño. Funciona como una serie de cuentos de relativa autonomía pero, al mismo tiempo, relata una historia cohesiva y fascinante sobre el poder destructivo del Hombre.

 


martes, 14 de diciembre de 2021

“El cadáver prematuro” (cuento sarcofaguístico)

 

Mi amigo y editor Santiago Scarlato (a quien, religiosamente, torturo con la revisión de todos mis cuentos para volverlos presentables, cual mono vestido de seda) me pasó una noticia reciente sobre Suiza aprobando el uso de unos sarcófagos modernos que permiten el suicidio asistido.

El artículo nos inspiró a ambos. Santiago –que también le hace a la escritura– se sentó a contar su propia historia, culminando en un cuento borgiano decididamente superior al mío. Mi versión es un pequeño relato de ciencia ficción que espero puedan disfrutar.

Por cierto, este cuento fue galardonado con el PRIMER PREMIO en el concurso "CUENTO BREVE NACIONAL LA VOZ DEL PUEBLO Y LA SARMIENTO TRES ARROYOS 2024". Por acá tienen una nota de prensa del diario La Voz del Pueblo.

Sin más preámbulos, les comparto El cadáver prematuro, el cuento número 55 del blog. Vení a robármelo, Charlie Brooker (el creador de Black Mirrror).

Por acá está la versión narrada para el podcast.


martes, 5 de octubre de 2021

“Fundación”, una novela de Isaac Asimov

 

La trilogía Fundación, de Isaac Asimov, siempre fue una lectura pendiente en mi vida. Este año finalmente encaré la primera novela, motivado por el reciente estreno de la adaptación para Apple TV+. En esta nota, reseña del comienzo de una de las sagas más emblemáticas de la ciencia ficción.

 


jueves, 8 de abril de 2021

Pero perseverar es diabólico (cuento)


En los últimos meses me hice la costumbre de escribir sobre algunas cuestiones biográficas, mechadas con bastante ficción. En este caso, escribí un cuento en relación a un chiste interno que siempre tuvimos con mis viejos y hermanos. Van a encontrar un delicioso cheesecake, algo de nostalgia y una misteriosa familia perfecta.

Versión narrada: link al podcast




viernes, 23 de agosto de 2019

“La mano izquierda de la oscuridad”, de Ursula Le Guin


A lo largo de este año me estuve reencontrando con una lectura de la Secundaria, un libro que me encantó en su momento y nos lo había hecho leer mi profesora de Lengua y Literatura. La mano izquierda de la oscuridad nos coloca dentro de Gethen, un planeta a mitad de la Era Glaciar. Allí, un enviado humano tiene la difícil tarea de convencer a la población de unirse al Ekumen, una especie de Naciones Unidas intergaláctico.


viernes, 22 de febrero de 2019

“El hombre invisible”, una novela de H. G. Wells


Herbert George Wells no lo sabía en aquel entonces, pero luego de su afortunada serie de éxitos a finales del siglo XIX, se convertiría en uno de los escritores de ciencia ficción más influyentes de la literatura, a la altura de Isaac Asimov, Ray Bradbury y Aldous Huxley.

El tema es que, a diferencia de estos tres grandes pilares –cuya literatura va más por el lado de lo distópico y la ciencia ficción dura– Wells se centró en el sci-fi más cercano a la fantasía y la magia: experimentos de científicos locos (La Isla del Dr. Moreau, 1896), invasiones alienígenas (La Guerra de los Mundos, 1898) y viajes en el tiempo (La Máquina del Tiempo, 1895), todos conceptos que él mismo popularizó y hoy son considerados elementos clásicos del género.

La novela de esta nota, El hombre invisible, es también una de ellas. Escrita en 1897, cuenta la historia de un hombre que –oh, sorpresa– descubrió una fórmula para hacerse invisible (y todos los problemas que llegaron con ello).


jueves, 5 de julio de 2018

La Torre Oscura (III): “Las Tierras Baldías” (1991)


Como hace ya un tiempo, estoy leyendo un libro de la épica saga de La Torre Oscura por año. Esta vez me tocó el tercero, Las Tierras Baldías, que me pareció fascinante y el más completo hasta ahora. En esta nota voy intentar desarmar un poquito el texto para reseñarlo desde sus puntos más fundamentales.


El recorrido de Blaine, el Mono, por las Tierras Baldías... 

martes, 5 de junio de 2018

Fahrenheit 451: ¿qué quiere decir la novela realmente?


Todos los lectores y críticos literarios están de acuerdo en que Fahrenheit 451 tiene como tema principal la censura. Todos, curiosamente, menos Ray Bradbury, el propio autor, quien llegó a pelearse fuerte por explicar que su novela habla de algo completamente diferente. ¿Será que una de las obras más emblemáticas de la ciencia ficción distópica ha sido universalmente incomprendida?


viernes, 16 de marzo de 2018

Murakami y un despiadado País de las Maravillas


El fin del mundo y un despiadado País de las Maravillas representa la primera gran decepción del año. Es un libro innecesariamente largo con el que no logré conectar. ¿Por qué no disfruté la lectura de esta obra de Haruki Murakami? Bueno, para eso existe esta nota, ¿no?


sábado, 9 de diciembre de 2017

Las historias desaforadas de Adolfo Bioy Casares


El mundo de ficción imaginado por Bioy Casares consiste en una composición equilibrada de magia y ciencia. En este sentido, la colección de cuentos Historias desaforadas (1986) es un fiel exponente de la literatura “casariana” (me acabo de inventar esa palabra. Si existe borgiano y kafkiano, ¿por qué no casariano?).

En la antología se entremezclan curas milagrosas para la calvicie (con efectos secundarios peligrosos) con edificios que están en el límite del universo, complejas enfermedades mentales, búsquedas implacables contra la vejez, cines de feria que exponen el alma de quien mira y dobles en otras ciudades del mundo.

Todas las temáticas recurrentes del autor están presentes, en mayor o menor medida, en alguno de los diez relatos que componen el libro: los viajes, los desamores (el amor como tragedia), la búsqueda de la inmortalidad, la inútil lucha contra la vejez, los límites de la ciencia, etc.

Soy un enamorado de la escritura de Bioy Casares. 

Creo que esta obra está escrita con la misma maestría que caracterizó a su pluma durante toda su carrera. Sus historias son siempre creativas, impredecibles, sensibles. Están pinceladas con cierto intelectualismo porteño y mucho humor satírico, dos de las marcas personales del escritor.

Sin embargo, en esta oportunidad rescaté apenas un puñado de relatos que me parecieron verdaderamente memorables. Acá el autor no me voló tanto la cabeza como sí lo hizo con todas y cada una de sus novelas.

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Los mejores relatos de Historias Desaforadas

Como toda antología, hay relatos que gustan más que otros. De los diez cuentos presentes destaco especialmente cuatro. 

Planes para una fuga al Carmelo es una historia de romance y ciencia ficción sobresaliente; Trío muestra tres episodios interconectados sobre la temática del desamor (se dice que uno de ellos es autobiográfico), Historia Desaforada nos pone cara a cara con el género de terror científico, al mejor estilo “Frankenstein” y Máscaras Venecianas (quizás su mejor relato) trabaja la temática de los doppelgängers –el doble fantasmagórico de una persona viva– de una manera fascinante.


Los seis restantes tienen todos sus puntos de interés, pero no creo que vaya a recordarlos como lo mejor de Bioy Casares. No lograron llevarme a esa sensación de desconcierto absoluto donde quedo por varios días reprocesando en mi cabeza lo que acabo de leer.

Lo bueno es que hay de todo y para todos los gustos. Algunas tramas son más románticas, otras más fantásticas. Un par tienen un corte de terror (El Nóumeno) o policial (La rata o una llave para la conducta). Tiene cuentos muy breves y otros que son, prácticamente, novelas cortas.

En la mayoría de los relatos de Historias Desaforadas hay un narrador en primera persona, testigo o protagonista, sin nombre, que bien podría ser el mismo Bioy. El autor mencionó, de hecho, que hay una buena cantidad de elementos personales y biográficos en estos relatos.

Otro punto en común entre todos estos textos es el tema del viaje. Un viaje que, en su gran parte, es literal, físico. Los personajes recorren varios de Europa (Alemania, Holanda, Italia, etc, etc) y también transitan por zonas escondidas de Buenos Aires o pueblos perdidos de Argentina.

A excepción de uno o dos cuentos que sostienen una única locación, en casi todos existe un peregrinaje que fusiona, en un mismo personaje, al viajero y al investigador, ambos en busca de alguna verdad o un aspecto de la realidad determinado.

Es sólo a partir de esa simbiosis particular entre viajero e investigador que el narrador logra hallar el motivo de su propio existir, sea para entender la imposibilidad de un reencuentro amoroso o para hallarse, cara a cara, con su angustioso final.

El doble en “Máscaras Venecianas”

De nuevo, si tengo recomendar que lean uno solo de esta colección, que sea Máscaras Venecianas. Si bien es un cuento lineal sin dificultades narrativas ni riesgos formales, creo que es el que más permite cortar la tela. Es el que más nos invita a desarmarlo y repensarlo.

Máscaras venecianas pertenece al mismo género fantástico en el que se incluyen novelas como “La invención de Morel” y “Dormir al sol”. En esta caso se trabaja la idea de la clonación de seres humanos por métodos científicos y la posibilidad, casi mágica, de que exista una persona exactamente igual que nosotros en otro rincón del mundo.


Bioy Casares aprovecha un cuento muy redondito para explorar las posibilidades psicológicas de un clon y realizar especulación ficcional.

Después de enterarse de una rara enfermedad y de separarse de Daniela, la mujer de su vida, el narrador-protagonista planifica un viaje a Italia. Por esas cuestiones misteriosas de la vida, llega a Venecia en pleno carnaval, un contexto idóneo para el desarrollo del argumento ya que el lector se ubica en aquella ciudad disfrazada, ornamentada, festiva, donde todos pueden ser otras personas detrás de máscaras de arlequines y colombinas.

Me encantó cómo el autor utilizó la ironía dramática para enfatizar el viaje del protagonista, quien ahora se siente partícipe del gran teatro que es recorrer las calles de Venecia durante los días de Carnaval.

En su deambular, ingresa a un teatro (un teatro dentro del teatro que es Venecia) y se topa con una mujer idéntica a Daniela. ¿Es ella o es su doble exacto?

Hasta las últimas líneas del relato hay un juego constante de máscaras ocultas, abriendo la ficción a múltiples lecturas.

Palabras finales

El magistral y pulido estilo de Bioy Casares está presente en Historias desaforadas. Si bien no los encontré todos excelentes, sus relatos tienen algo interesante para decir. Se mezclan mundos llenos de tragedias amorosas e inventos científicos de soluciones prodigiosas, fenómenos extraños (sobrenaturales, incluso), peregrinajes metafísicos y otros tantos hechos extraordinarios.

Disfruté mucho de su lectura, especialmente porque hay tres o cuatro cuentos que me gustaron mucho y me los llevo conmigo. El libro completo puede encontrarse fácilmente en Internet y en formato e-book.

Yo leí la hermosa versión en papel de la Biblioteca Esencial publicada por La Nación, que formó parte de las diez entregas que publicó el diario con todas las facetas literarias del autor argentino.

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=>> Otros posts sobre ADOLFO BIOY CASARES en el blog: “Los que aman, odian”; “La invención de Morel”; “Dormir al sol”; “Seis problemas para Isidro Parodi”; “El sueño de los héroes”.

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jueves, 26 de octubre de 2017

Claves para entender “Stalker” (de Andrei Tarkovsky)


No me odien por poner un título tan clickbait.

La realidad es que mi post sobre las claves para entender “The Mirror” tiene miles de visitas y es literalmente el primer resultado que salta en Google cuando ponés “entender The Mirror”. Todos (me incluyo) queremos comprender un poco más sobre esas películas súper raras que hay dando vueltas.

Además, seamos honestos, ésta también es una a la que no le viene nada mal un poquito de explicación, interpretación y contexto.

Hablamos de la enigmática y extensa cinta rusa, de 1979, extrañamente catalogada como “de ciencia ficción”, que tiene como protagonistas a tres hombres caminando a través de territorios inciertos, en busca de una habitación capaz de cumplir nuestros más preciados deseos.



Voy a tratar de mantener los spoilers al mínimo. De todas maneras, se hace necesario tocar algunos puntos argumentales de la trama.

***

Entrando a La Zona

Stalker (СТАЛКЕР, en su versión original rusa) es una adaptación libre de una historia de los hermanos Strugatsky: “Roadside Picnic” (Picnic a la vera del camino). La película transcurre en un área devastada y parcialmente industrializada conocida como “La Zona”.

En el centro, según se dice, existe La Habitación, un lugar mágico que hace realidad nuestros deseos más profundos. ¿El problema? Alcanzarla implica esquivar todo tipo de obstáculos físicos y mentales.

Durante la mayor parte de la historia seguimos el recorrido de tres personas que conocemos sólo por su profesión: el Stalker, el Escritor y el Profesor. 

En el mundo ideado por Tarkovsky, un Stalker es una persona con las habilidades adecuadas para infiltrarse adentro de La Zona. Su trabajo es el de ser una especie de guía, cobrando un servicio por llevar a la gente hacia aquel peligroso interior.

Él, que también es el principal protagonista, ve a La Zona con algo muy cercano al asombro religioso. Ha viajado tantas veces que ya no le interesa en nada que exista una habitación capaz de cumplir deseos. Lo que es peor, tiene miedo de hacer uso de los poderes porque su propio mentor se suicidó por ello. A pesar de ello, continúa llevando a la gente aunque su mujer se indigne y que la salud de Monkey, su propia hija, se haya visto afectada por los viajes.

El Escritor es un cínico con problemas de bebida. Quiere recuperar la inspiración. Por último, el Profesor dice estar interesado sólo en el costado científico de la cuestión y no tiene interés en pedir ningún deseo. Lleva una pequeña mochila de la que no parece querer desprenderse.

Una profunda meditación

No puedo decir que me haya encantado esta película porque es, ciertamente, muy difícil de ver. A lo mejor es a propósito (en breve vamos a ver que es probable que así sea), pero es una historia muy lenta, demasiado tranquila, donde pestañear puede ser arriesgado por el peligro de quedarse dormido.

Sin embargo, es considerada una de las obras de ciencia ficción rusa más importantes de la historia del cine.

Todos los trabajos de Tartokvsky son así, en algún punto. Profundamente meditativos, serenos, silenciosos. Al igual que otra de sus obras (Solaris), Stalker es un drama humano encapsulado dentro de un relato sci-fi. Visualmente es muy llamativa por utilizar paletas de colores que diferencian al mundo dentro y fuera de La Zona.


Mientras que afuera todo se ve opaco y pobre, con sonidos de maquinaria industrial como un fondo constante, como parte del paisaje, adentro todo es más verde, orgánico, vibrante, en constante movimiento. Esto genera un contraste fuerte con el decaimiento urbano.

«La zona exige ser respetada. No sé qué sucede aquí cuando no hay nadie, pero basta que entre alguien para que todo se ponga en movimiento de inmediato.»

Lo que sí hay en La Zona es un descuido abismal: basura, mecanismos viejos y abandonados, restos de la personas que vivieron veinte años antes y tuvieron que alejarse luego de la catástrofe.

¿El director está hablando de los restos de una guerra? ¿Del comunismo ruso, quizás? Difícil de saber. Lo que sí es seguro es que no se refería al desastre nuclear de Chernobyl, ya que eso ocurrió siete años después. (Curiosamente, Chernobyl sería conocida como “La Zona” y las personas que ingresaban de forma ilegal al sitio abandonado serían llamadas “Stalkers” en honor a esta película).

Como sea, la película es difícil de digerir por su deliberada lentitud. Hay muchísimas escenas prácticamente estáticas, sin diálogos, que se extienden por más de cuatro minutos. Eso, en una película que dura prácticamente tres horas, la vuelve complicada de ver.

La escena más memorable en relación a esto es el viaje que los tres tienen arriba de una carretilla. Son varios minutos de silencio donde el espectador se queda obligado, junto a los protagonistas, a observar el paisaje a medida que se va modificando.

«El espectador ideal para mí mira un film como un viajero mira el paisaje por el que atraviesa en tren.» (Andréi Tarkovski)

Tampoco esperen hallar diálogos cómicos que sirvan para relajar tanto drama profundamente existencial. Una sonrisa en una película de este estilo es más rara que un guión coherente en una película de Michael Bay.

Hay quienes gustosamente hablan del cine de Tarkovsky como “poesía visual”, y creo que hay un poco de verdad en eso. La película transita por lugares muy atractivos, laberínticos y enigmáticos; lugares que son simultáneamente hermosos e inquietantes. La sala llena de arena blanca es uno de los que, inmediatamente, me viene a la cabeza.


Lo que sí es cierto es que, si bien podemos encontrar muchos simbolismos y una narrativa más o menos lineal, el director no nos ayuda en nada a comprender qué es lo que está pasando. Por suerte, hay varias aproximaciones posibles a la película.

Un acercamiento freudiano

Hay quienes han visto en esta tríada de personajes las tres instancias fundamentales del aparato psíquico: el ello, el yo y el superyó.

Según esta idea, el “Ello” sería el Escritor: la expresión psíquica de las pulsiones y deseos más superficiales, en constante conflicto con el “Yo” y con el “Superyó” (los otros dos protagonistas).

El “Yo” sabemos que es una instancia psíquica mediadora entre las otras dos. Desarrolla los mecanismos necesarios para obtener el mayor placer posible, pero dentro de los marcos que la realidad permite. Quedaría representado, en la película, por el personaje del Profesor.

Por último, el Stalker sería el “Superyó”, la instancia moral que constituye la internalización de las normas, reglas y prohibiciones.

Stalker y la psicología

La mirada freudiana de Stalker es súper interesante, más porque toda la película se desarrolla más como un tranquilo drama psicológico que como una cinta de acción y ciencia ficción. 

Los elementos futurísticos son inexistentes o apenas se mencionan (al parecer, un Ovni habría caído en el centro de La Zona, generando lo mágico de la habitación, y aquel es el motivo por el cual el lugar está tan custodiado).

La última escena, ya emblemática, es también uno de esos pequeños momentos donde podríamos haber experimentado algo sobrenatural que va más de la mano con otros relatos sci-fi.

Monkey, la hija del protagonista, supuestamente utiliza sus poderes psico-cinéticos para mover un vaso de vidrio (a medida que pasa el tren por detrás, generando movimiento también). Un perro chilla (¿de miedo?). La cámara se aleja. Suena un fragmento del cuarto movimiento de la novena sinfonía de Beethoven. Es una de las escenas más discutidas en relación a Stalker. Y una de las más bellas también.

Me encanta esa escena porque encapsula gran parte de lo que representa esta película: la idea de que todo lo que vemos podría ser mágico o mundano en partes iguales. Generalmente se deja mucha ambigüedad a la hora de aclarar si La Zona en verdad tiene las características fantásticas que se le adjudican o si es una ilusión que está en la mente de las personas.

Esta indeterminación se refuerza con el final, donde los protagonistas optan por no entrar a La Habitación cuando finalmente la alcanzan. Hay también un efecto hipnótico constante, como si todo estuviera ocurriendo dentro de un sueño, o bajo trance.

El conflicto viene desde adentro

Si bien la película arranca con una pseudo-escena de acción, con los tres escapando de tiros por parte de soldados que custodian la zona, pronto la historia baja varios cambios. Incluso algo más loco es que aunque se menciona que La Zona está llena de trampas, rara vez vemos una. El conflicto central pasa más por las ideologías encontradas de los protagonistas.

Las temáticas que se van tocando son las relaciones entre esperanza y realidad, la necesidad humana del misterio y el peligro, y las banalidades del hombre. El deseo como búsqueda de la felicidad es abordado también. Cada parte tiene su postura respecto a estos y otros temas que discuten a lo largo del viaje.

Para el Stalker, La Zona es el único lugar donde se siente cómodo. Para él cualquier otra forma de vida es una prisión, y el viaje –aquel constante movimiento– le da sentido a su existencia. Es llamativo que dentro del claustrofóbico mundo que se presenta, La Zona es un espacio abierto donde todo es posible, incluso un lugar donde las leyes de la naturaleza están supuestamente suspendidas (por ejemplo, las flores no tienen esencia).

La Habitación pone en evidencia los deseos ocultos de las personas, rellenando las fantasías y sueños que todos llevamos en nuestras mentes. Así, La Zona funciona más o menos como la imaginación, y es así como me gusta pensarla.

Entrar allí implica enfrentarse a un escenario diferente, con un mundo que cambia de acuerdo a quien lo visita. Como una obra de arte que puede interpretarse de diferentes maneras por cada lector o por cada audiencia.

La imaginación atenta contra la mirada literal y materialista del mundo, amenaza con destruir todas las pequeñas categorías en las que el mundo parece necesitar entrar.

A su vez, y acá se hace más evidente el comentario social de la película, la imaginación y la creatividad atentan contra el orden establecido. No es casual que un lugar tan especial, tan mágico, tan diferente al deprimente mundo real, sea fuertemente protegido y defendido por un pequeño grupo de personas armadas.

Stalker como un viaje interior

De esa manera, el viaje en Stalker es una travesía introspectiva hacia el interior de uno mismo. Si el exterior de La Zona representa lo evidente, lo banal, lo conocido, nuestro mundo ordinario (familia, amigos, objetos materiales), el interior es el lugar donde se constituye la vida íntima de nosotros: por eso es silencio, es cambio continuo, es contenedor de los desperdicios que vamos produciendo a lo largo de la vida, es sueños, es imaginación libre.

A medida que los tres se van metiendo más y más en lo profundo de La Zona, vemos que los parámetros de espacio-tiempo se vuelvan menos coherentes, con personajes que desaparecen y aparecen en otros lugares, finales de túneles que nos llevan hacia salas imposibles y todo tipo de ambientaciones que no serían naturales en la vida real.

Tarkovski consideraba que una de las cosas más lindas del cine es su habilidad para distorsionar el tiempo a voluntad del artista (lo mismo, me atrevo a decir, podemos aplicarlo a otras artes como la literatura).  La Habitación en la que los deseos (íntimos) se hacen realidad es el lugar más oscuro de este sistema interno, un espacio hermético, cerrado, en el que ya no es posible engañarse a sí mismo.

Vale también mencionar que, al mismo tiempo, Andréi Tarkovski no creía que sus películas tuvieran un “significado oculto”.

«En ninguna de mis películas se simboliza algo. La Zona es sencillamente La Zona. Es la vida que el hombre debe atravesar y en la que sucumbe o aguanta. Y que resista depende tan sólo de la conciencia que tenga de su propio valor, de su capacidad de distinguir lo sustancial de lo accidental.»

El acercamiento espiritual

Hay otra interpretación interesante en relación a Stalker (y pido disculpas si fui medio desordenado en esta nota). Tiene que ver un poco con todo esto que vengo comentando de la psicología (los tres personajes como versiones del “Ello”, el “Yo “y el “Superyó”) y el viaje hacia nuestro inscosciente, pero en lugar del foco en una sola persona, implica ver en la película como la evolución del hombre en su totalidad, en su humanidad evolutiva.

La Zona y La Habitación representarían las visiones utópicas del hombre. Tres héroes funcionarían como distintos modos de pensamiento en tres periodos históricos fácilmente identificables, lo que indicaría las diferentes respuestas que tienen respecto al mágico lugar.


Bajo esta mirada, el Stalker es la humanidad en su fase pre-moderna: cree en Dios, es supersticioso de La Zona y sus peligros, está siempre preocupado, si bien vive una vida simple con su familia. El viaje hacia La Zona es la búsqueda de la utopía.

El Escritor representa al periodo de la Iluminación. Tiene ideas filosóficas más sofisticadas, vive en un gran mansión, y está condenado siempre a criticarse a sí mismo. Quiere realizarse con la escritura, es antropocentrista (Dios ha muerto, viva el superhombre), se cree una especie de profeta en su tierra. Algunas imágenes visuales de la película refuerzan estas ideas.

Finalmente, el Profesor es la posmodernidad: un científico, un físico que quiere cuantificarlo todo, medir lo desconocido de La Zona. Es metódico, racional (hiperracional incluso). Eventualmente revela sus verdaderos motivos para llegar a La Habitación: es una utopía peligrosa y quiere destruirla con la bomba que carga en la mochila. Es una expresión de la era nuclear, pero en su racionalidad termina provocando más desastres.

Es divertido ver la película con esta perspectiva.

Por ejemplo, la escena en la que el escritor defiende al profesor y golpea al stalker puede entenderse como una expresión de la burguesía oprimiendo al proletariado. Ambos (escritor y profesor) serían como el totalitarismo staliniano, considerándose iluminados y con raíces filosóficas, buscando eliminar la utopía que encontró el stalker en relación a La Habitación.

Palabras finales

Pero no nos vayamos tanto por las ramas. Podríamos seguir tirando teorías locas sobre Stalker (miles lo han hecho) porque es una película tan abierta y ambigua que lo permite.

Lo importante a entender acá es que la película se esfuerza más por generar una suerte de estado hipnótico en el espectador (impulsado por un ritmo lento, la escasez de diálogos y las poderosas imágenes visuales) que en dar una respuesta cerrada y redondita a preguntas que ni siquiera expresa abiertamente.

Creo que la mejor manera de pensar Stalker es como un ejercicio de estilo que hace Tarkovski en cuanto a la trascendencia del ser humano. No es la primera película en tocar esta temática ni va a ser la última.


Esa inquietante escena final.


Es una producción para ver con mucha paciencia; incluso, de ser necesario, en partes. Me gusta pensar que el pantallazo que di en esta nota puede ayudar a apreciarla un poquito más, aunque no dejo de admitir que, como experiencia cinéfila se vuelve aburrida, repetitiva y monótona.

La película está disponible, de forma completa, en Youtube.

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Las locas búsquedas de Google...

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lunes, 23 de octubre de 2017

“No requiere el uso de pilas” (cuento)


Ante ustedes, queridos lectores, un nuevo cuento de mi autoría. Sencillo, tranquilo, nada del otro mundo. El relato transita los géneros del terror y la ciencia ficción, con un tinte humorístico.


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“No requiere el uso de pilas”
(Luciano Sívori)

Era más que un simple robot. La versión seis del Barbet Poodle se veía exactamente como un caniche real, incluido el pelaje fino , su cuerpo proporcionado y ligeramente más largo que alto, el lomo fuerte, y el pecho tan ovalado como ancho. Ningún adulto podría notar su naturaleza cibernética, menos un niño de dos años.

Decidimos llamarlo Odín, en honor al verdadero que había sido arrollado por un auto semanas atrás. A Mateo le explicamos que era el mismo animal, solo que había salido de vacaciones por unos días. “Los perros, como todos nosotros, también necesitan descanso de sus dueños”, le expliqué.

Mateo y Odín se hicieron amigos al instante.

Como todo caniche real, el robot simulaba alegría, fidelidad e inteligencia. Podía recoger la pelota con su boca, nadar, correr y ladrar de felicidad. Lo que era aún mejor, cuando ya comenzaba a ladrar más de lo que podíamos soportar en casa, un conveniente control remoto nos permitía bajarle el volumen a su voz, incluso silenciarlo completamente. Si estábamos cansados de que saltara y buscara juego, podíamos mandarlo a dormir con un solo botón. Y si habíamos olvidado comprarle alimento, un simple comando le borraba el hambre artificial.

Las cosas se volvieron extrañas como al mes de su llegada.

Comencé a notarlo más distante, como sospechando todo el tiempo. Una noche lo descubrimos parado frente a la puerta de nuestra habitación mientras intentábamos tener un poco de intimidad. Jadeaba con la lengua afuera y nos agujereaba con sus ojos láser. Mi mujer me dijo que no le prestara mayor atención, que estaba expresando su devoción eterna, que, a lo mejor, nos habíamos olvidado de quitar su programa de “siempre juguetón”.

Le di la razón, por supuesto. Sin embargo, Odín no dejaba de mirarme con intensidad.

El atípico comportamiento se repitió durante los días siguientes. Si yo estaba mirando televisión, o cocinando la cena, Odín estaba ahí, mirando y mirando.

No puedo afirmar con seguridad cuándo (o cómo) aquella perturbadora idea ingresó a mi mente por primera vez. Lo cierto es que, una vez concebida, me acosó día y noche, igual que la mirada de mi perro robot. Él nunca me había hecho nada malo. Jamás me mordió a mí o a Mateo. Podía mantenerlo a raya con el control remoto. Pero entonces, ¿por qué se me helaba la sangre cada vez que clavaba sus ojos de caniche en mí?

Gradualmente me fui haciendo la idea de que era necesario deshacerme de aquel animal para siempre. Mi decisión se consolidó la tarde en la que no pude encontrar el control remoto por ningún lado. Mientras lo buscaba, pasé por la habitación de Mateo. Él y Odín jugaban muy cerquita uno de otro. Se comunicaban en susurros, o al menos eso parecía. Me acerqué con sigilo. Espié. Intenté agudizar mis oídos. Permanecí inmóvil por minutos y minutos, sin decir una palabra, sin respirar, sin mover un solo músculo. En todo ese tiempo no pude distinguir su conversación.

Cuando comencé a acalambrarme, mi mano resbaló con el marco de la pared y tuve que enderezarme de golpe. El ruido detuvo los murmullos. Me presenté ante la puerta sonriendo, preguntando cómo estaban. Odín y Mateo únicamente me miraron, callados.

Aquel fue el principio del fin.

Le presenté mis sospechas a mi mujer, quien se rió en mi cara. Un perro robot caniche no podía estar “planeando” nada, menos la versión seis, que había corregido un particular error de diseño respecto de su modelo anterior. (Los Barbet Poodle 5 comenzaban a deprimirse luego del cuarto mes desde su encendido, al quinto mes ya no se movían demasiado y al sexto era imposible detener un llanto quejoso. Algunos investigadores neurocientíficos teorizaron que habían aprendido a experimentar una profunda tristeza).

La Noche de los Caniches Eléctricos desperté de pronto ante un disonante lamento. Se asemejaba a aquel sonido ahogado que surge de lo más profundo del ser cuando nos horroriza el sobresalto. A mi lado mi mujer yacía muerta, con los ojos todavía abiertos y una herida mortal en su cuello.

Me apresuré hasta el cuarto de Mateo. No estaba por ningún lado. No pude encontrar a Odín tampoco. En la sordidez de la calle, vi con toda claridad una imagen espantosa: mis vecinos corrían, gritando de terror, los caniches ladraban, las alarmas sonaban. Lancé palabras de rabia al viento, maldije… quise ayudarlos, pero… me desplomé sin fuerzas en el suelo. ¡Qué estúpido! Con la exaltación del momento tardé en sentir una mordida en el abdomen que ahora me carcomía por dentro... Una frondosa corriente de líquido rojo escarlata escapa de mi cuerpo…

Es demasiado tarde.

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