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viernes, 17 de octubre de 2025

Robots, literatura y una obra de J.F. Geres

 

Robots, reglas y relatos de ciencia ficción que te dejan pensando. Aproveché una antología sci-fi de J.F Geres que leí durante un viaje para hablar un poquito sobre uno de mis géneros literarios favoritos.


 

miércoles, 29 de diciembre de 2021

Lista TOP-9: Libros favoritos leídos en 2021

 

Comienza el conteo clásico del blog donde repaso mis lecturas, películas y animés favoritos del año. En esta primera parte, un recorrido por nueve (no diez) textos que me encantó leer en 2021. Por cierto, este será el último post hasta la próxima temporada. ¡Así que, felices fiestas para todos!

 


miércoles, 1 de diciembre de 2021

Foundation (S1) y las series que vi este año

 

Todos los años me encuentro al menos con una serie que me obsesiona completamente. En 2021 fue Foundation, la adaptación de Apple TV+ basada en la saga de Isaac Asimov. En esta nota reseño su primera temporada y, de paso, hago un paseo cortito por otras series que vi en el año.

 


martes, 5 de octubre de 2021

“Fundación”, una novela de Isaac Asimov

 

La trilogía Fundación, de Isaac Asimov, siempre fue una lectura pendiente en mi vida. Este año finalmente encaré la primera novela, motivado por el reciente estreno de la adaptación para Apple TV+. En esta nota, reseña del comienzo de una de las sagas más emblemáticas de la ciencia ficción.

 


jueves, 27 de octubre de 2016

Tirando la moneda (en la ficción)


Tirar una moneda al aire para tomar una acción determinada es una práctica que se remonta hasta la Antigua Roma. En la ficción, es muy común que un personaje no esté muy seguro del camino correcto a seguir, así que decide que el destino elija por él. 

Pero, al hacerlo, ¿sus posibilidades son realmente de un 50/50?

En Scarface (la versión de 1932), el personaje de Guino Rinaldo popularizó este método como un modus operandi de los gánsters y como un elemento de las películas de gangsters en general. Varios años más tarde, el villano de Sin lugar para los débiles también tiraba una moneda para decidir si matar o no a su potencial víctima.

Por supuesto que la moneda es el ítem de cabecera del villano Dos Caras, una de los adversarios más conocidos del universo de Batman. Dos Caras antes fue Harvey Dent, fiscal de distrito de Gotham City y aliado de Batman. 

Hizo su primera aparición en Detective comics #66, agosto de 1942.

Su historia de origen va cambiando según la línea de continuidad que se siga, pero siempre hubo involucrado un accidente que le desfiguró media cara y lo convirtió en un psicópata. 

Desde entonces, tomas sus decisiones mediante el lanzamiento de una moneda de dos caras, excepto que una está marcada (para poder identificar de qué lado cae).


Habría que investigar hasta qué punto su método es verdaderamente “justo”. Las posibilidades de tirar una moneda no son realmente del 50/50 (como lo comprobó esta gente) sino que hay una ligera tendencia a que caiga del lado que inicialmente estaba hacia arriba. De hecho, las posibilidades de que la moneda caigan del lado que está arriba son de un 51%, lo que hace que dé una pequeña ventaja a quien conoce cuál es dicho lado.

Y, si bien las posibilidades son minúsculas, la moneda siempre podría caer en el filo, o nunca caer (existe una chance, si bien prácticamente imposible, de que la moneda desaparezca en el mismo aire).


El personaje tuvo diferentes versiones en la ficción, pero una de mis preferidas siempre va a ser la de la serie animada.

En uno de los episodios que lo tienen como protagonista, llega hasta a atar a Batman a una moneda gigante y la tira al aire mediante una catapulta. Si cae de abajo, lo aplasta, pero si no, se salva. Al final Batman termina escapando, pero uno no puedo dejar de pensar que las condiciones no eran del todo justas para el Caballero Oscuro.


Lo cierto es que, a niveles prácticos, es una de las maneras más equitativas (y por lo tanto, justas) de tomar una decisión de tipo A o B. 

El juego Magic: The Gathering tiene varias cartas que requieren lanzar una moneda, y es mucho más común en el juego de cartas Pokemon.

Claro que el genio indiscutido de la ciencia ficción también dio su aporte respecto al azar y al lanzamiento de una moneda. 

Lo hizo en el cuento corto “La Máquina que Ganó la Guerra” (pueden leerlo acá).

Publicado por primera vez en la edición de octubre 1961 de la revista The Magazine of Fantasy & Science Fiction, el relato es una conversación entre tres líderes de la raza humana. 

Celebran el éxito de la guerra contra los Denebians y discuten la manera en la que su máquina de inteligencia artificial (la Multivac, que tuvo apariciones en otros cuentos) fue un factor clave para la victoria.

Sin embargo, las cosas se ponen interesantes cuando cada uno admite que alteró los datos de entrada con los que alimentaba a la súper-computadora. 

Uno de ellos, en los momentos finales de la historia, revela que no utilizó los informes de acción que brindó la Multivac (ya que no confiaba en una inteligencia artificial), sino que había tomado cada una de sus decisiones al azar, mediante el lanzamiento de una moneda.

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jueves, 25 de agosto de 2016

Los tres tipos de ciencia ficción (según Asimov)


El sci-fi es uno de los géneros de ficción más cultivados. Si bien nació dentro de la literatura, pronto se expandió hacia el cine, series de televisión, teatro, cómics, animé, etc. Muchos de los grandes autores de esta rama no sólo escribieron, sino que además pensaron la ciencia ficción desde lo teórico.

Por ejemplo, a lo largo de los años han ido surgiendo varias definiciones del género. Hugo Gernsback (fundador de Amazing Stories y el mismo que da nombre a los célebres premios) decía que es una suerte de un romance encantador entrelazado con hechos científicos y visión profética.

Rod Serling –famoso por su serie de La Dimensión Desconocida– hace un paralelo entre la ciencia ficción y la fantasía. Dice: “la fantasía es lo imposible hecho probable. La ciencia ficción es lo improbable hecho posible”. Por otra parte, a Robert Heinlein (de quien ya hablé en esta nota) le gusta pensar que se trata de una especulación realista acerca de posibles eventos futuros, basados sólidamente en el conocimiento adecuado del mundo real, pasado y presente.

¿Qué opina Isaac Asimov, de quien voy a hablar en esta nota? La definió como: “una rama de la literatura que pacta con la respuesta de los seres humanos para cambiar la ciencia y la tecnología”.


 Nuff, said.

Estas palabras de Asimov son importantes porque están en sintonía con el tipo de ciencia ficción que él consideraba más cautivante. En el año 1953 publicó un artículo llamado “Social Science Fiction” (Ciencia ficción social) de la revista Modern Science Fiction. Allí conceptualizó que todos los argumentos de ciencia ficción terminan cayendo en una de estas tres categorías:

1.       Artefactos (Gadgets).
2.       Aventura.
3.       Social.

En el argumento de artefactos (gadgets), el foco de la historia está en el invento mismo: cómo llegó a inventarse, cómo funciona o para qué se usa. 

La invención misma es el resultado de la trama. La trama de aventuras es aquella que utiliza la invención como utilería dramática. Puede ser la solución a un problema o estar causando el problema en sí. El foco principal está en cómo la presencia de esa invención está generando algún tipo de conflicto.

Por último, el argumento social expone cómo la presencia de una invención ha afectado la vida de los seres humanos (sea para bien o para mal). La gran diferencia entre este subgénero y los otros dos tipos es que acá la presencia de la invención afecta a la trama, en lugar de ser la causante o el objetivo final.

Supongamos que nos encontramos a mediados del siglo XIX y los autores comenzaron a escribir historias sobre autos que todavía no existen. Un relato de ciencia ficción podría tomar tres posibles caminos:

(1) Si fuera ciencia ficción de artefactos, el escritor describiría cómo se inventó el auto y daría una extensa divulgación sobre su funcionamiento. El cuento describiría, con detalles, cómo funciona la máquina, lo difícil que fue para el inventor perfeccionarla, y el clímax estaría dado por algún tipo de carrera o desafío donde esta nueva invención saldría victoriosa. Esto es lo que Asimov define como “gadget science fiction”.

(2) Un relato distinto se daría si el auto se inventa a las apuradas y ahora hay un puñado de criminales violentos que intentar hacerse con la valiosa invención. Los villanos raptan a la atractiva hija y amenazan con matarla si no entregan el artefacto. El inventor y su joven asistente (con quien la hija seguramente se quedará) salen en su rescate. Para llegar hasta los malos obviamente hacen uso del nuevo invento: un auto nuevo y perfeccionado que atraviesa todo tipo de obstáculos. Esto es ciencia ficción de aventuras (según Asimov).

(3) Por último tenemos a un escritor que narra la historia donde el automóvil ya fue perfeccionado. De hecho, existe una sociedad donde el auto forma parte de la vida cotidiana, y es un problema: las rutas están sobrepobladas, la industria del petróleo ha crecido a niveles monumentales y más personas mueren en accidentes automovilísticos que por la guerra. Una historia que trabaje este tipo de conflicto sería ciencia ficción social.


Antes de John Campbell (y su Astounding Science Fiction) la mayor parte de las historias de ciencia ficción pertenecían a la rama de artefactos o aventuras, con personajes más bien unidimensionales y estereotipados.

Campbell quería buenas historias, no meramente buena ciencia. 

Buscaba autores cuya literatura examinara las consecuencias de la tecnología en sociedades futuras. Su enfoque revolucionario, a través de su revista, fue auténticamente audaz: pidió nuevos temas, mayor calidad literaria, un tratamiento más adulto de las historias. El resultado fue un predominio absoluto de la revista en Estados Unidos y el inicio de la época conocida como “La edad de oro de la ciencia ficción”.

Asimov fue muy influenciado por este enfoque y, si bien ha escrito todo tipo de ciencia ficción a lo largo de su carrera, siempre tuvo un afecto especial por la ciencia ficción social. 

Su famoso cuento Anochecer (que reseñé hace algunas semanas) pertenece enteramente a esta rama.

Hoy las historias de ciencia ficción no suelen caer exclusivamente en una categoría. Tienen elementos de las tres en algún grado u otro. Sin embargo, casi siempre es posible dilucidar cuál de las tres ramas tiene un peso más importante que las demás.

Notar que los tres tipos de ciencia ficción que explora Asimov no son una medida de la “dureza” de la ciencia ficción, es decir, no tienen nada que ver con la rigurosidad con la que se trata el aspecto científico de la historia. Y si bien la aclaración parece tonta, tampoco hay que confundirlos con sus Tres Leyes de la Robótica (de las que hablé en esta nota).

La ciencia ficción social, como subgénero, es atrapante porque especula sobre la condición de la sociedad humana. Absorbe y discute la antropología, en algún modo. Nos invita a explorar las interacciones y el comportamiento humano. Los más grandes autores del sci-fi han pincelado sus mejores narrativas bajo las premisas de esta categoría: 1984 de George Orwell, Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, Un mundo feliz de Huxley, y un sinfín de títulos más.

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lunes, 1 de agosto de 2016

“Anochecer”, un relato de Isaac Asimov


Corría el año 1941.

Isaac Asimov acababa de cumplir veintiún años y había terminado de redactar Anochecer, un relato que sería esencial en su carrera como escritor. Había vendido un puñado de textos en revistas, pero también le habían rechazado muchos otros. Cuando el editor de la Astounding Science Fiction Magazine, John Campbell, le mostró de casualidad la cita de Emerson con la que comienza la historia, a Asimov se le prendió la lamparita.

La historia apareció en la portada de la revista y el mundo literario comenzó a tomar a Asimov con seriedad. De la noche a la mañana, Anochecer se convirtión en un clásico absoluto e instantáneo. Con el pasar del tiempo, fue incluido en casi 50 antologías, en todos los idiomas del mundo. 

En esta nota vamos a desenredar un poco los temas que trata la historia y su importancia dentro de la ciencia ficción.

Podés descargar Anochecer, de Isaac Asimov, en formato PDF, HACIENDO CLICK ACÁ.

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#SpoilerAlert: se revelan partes fundamentales de la trama, incluyendo el desenlace del relato.

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El cuento transcurre en el ficticio planeta de Lagash, ubicado en un sistema que contiene seis soles. Debido a eso, el planeta está iluminado constantemente, y no conoce la noche. En la Universidad de Saro, en el año 2049, los científicos están convencidos de que esa noche ocurrirá un evento único: una extraña alineación de estrellas va a cubrir al mundo en una oscuridad absoluta.


Su hipótesis es que cuando los habitantes de un mundo que no conoce la oscuridad total se sumerja en la penumbra, el pánico y el terror los volverán locos, a tal punto que la civilización como la conocen desaparecerá.

En el medio de la crisis, un reportero escéptico llega a la Universidad para presenciar el evento y redactar el peculiar suceso. El debate entre la ciencia y la superstición en esta historia nos suena todavía actual 70 años después.

En 1968, la Unión de Escritores de Ciencia Ficción de América votaron a Anochecer (“Nightfall”) como la mejor historia corta escrita antes de 1965, en los Premios Nébula. Fue incluida en el Salón de la Fama de la Ciencia Volumen Uno, que comprende los años del 1929 al 1964.

La expansión a novela

Durante los últimos años de su vida, luego de continuar la Saga de la Fundación y otras novelas fundamentales de su carrera, Isaac Asimov comenzó a colaborar con autores nuevos, profundizando en historias cortas que él mismo había escrito.

Así, junto a Robert Silverberg ampliaron Anochecer para convertirlo en novela, en el año 1990. Silverberg consideró al cuento, con leves cambios, como el nudo de la novela, el capítulo dos.  Agregó, siempre bajo la supervisión de Asimov, los sucesos anteriores y posteriores.

El primer episodio de la novela (“Atardecer”)  pone en contexto al lector a través de varios sucesos aislados e introduce la idea de que el planeta, cada 2049 años, se enfrenta a una inminente oscuridad.

En el tercer y último capítulo (“Amanecer”) ya es de día, y han ocurrido los eventos que se narran en el cuento original. El caos ha dejado un rastro colosal de destrucción y sólo a un pequeño grupo de sobrevivientes. En los albores de una nueva civilización, se libra una lucha por el control del planeta. Los dos bandos, de filosofías opuestas, son la ciencia y la religión.

La ciencia ficción dura en “Anochecer”

Uno de los aspectos más fascinantes del relato es cómo los científicos de Lagash –un planeta con seis soles en lugar de uno– alcanzan las mismas conclusiones sobre la física y la astronomía que nosotros en la Tierra. Si bien están errados al creer que son literalmente el centro del Universo y que la vida con un solo Sol sería imposible, gracias a sus observaciones llegan a deducir la Ley de Fuerza Gravitacional que enunció Newton:

«—Bien, ¿qué sabe usted sobre la ley de la gravitación?
—Nada, excepto que su desarrollo es muy reciente, todavía no lo bastante como para decirse que esté totalmente fundamentada, y que su fórmula es tan difícil que sólo una docena de hombres en Lagash pueden presumir de entenderla.
—¡Venga, hombre! ¡Absurdo, ridículo! ¡Mentira infame! Puedo resumirle la fórmula en una frase. La Ley de Gravitación Universal estipula que existe una fuerza de atracción entre todos los cuerpos del universo, fuerza que, entre dos cuerpos dados, es proporcional al producto de sus masas partido por el cuadrado de sus distancias.
—¿Eso es todo?
—¡Es suficiente! Llevó cuatrocientos años desarrollarla.
—¿Cómo tanto? Tal y como usted lo ha dicho parece bastante simple.
—Porque las grandes leyes no surgen por inspiración divina, sino que hay que pensar e investigar duramente para encontrarlas. Ordinariamente se obtienen tras el trabajo colectivo de muchos siglos de actividad científica. Después que Genovi 41 descubrió que Lagash tenía un movimiento de traslación alrededor del sol Alfa y no al contrario (y esto ocurrió hace cuatrocientos años), los astrónomos se pusieron a trabajar sobre esta base. Los complejos movimientos de los seis soles fueron registrados, analizados y confrontados. Hipótesis tras hipótesis, las conclusiones primarias eran confrontadas con las secundarias, rectificadas, comprobadas las rectificaciones y nuevamente arriesgadas las hipótesis. Fue un trabajo infernal


Ejemplos como éste abundan en un relato donde la ciencia ficción dura es el enfoque principal.

Asimov históricamente se preocupó por concederle especial relevancia a los detalles científicos y técnicos de la narración. Los eventos en Anochecer ocurren en un planeta imaginario, pero la historia desarrollada es precisa, rigurosa y creíble en relación a los conocimientos científicos y técnicos del momento. Esto hace que algo cómo lo que se describe en el cuento sea teóricamente posible, en primera instancia.

Asimov, Larry Niven (con “Mundo Anillo”), Robert Heinlein, Arthur Clarke y Hal Clement son notables exponentes de este subgénero del sci-fi.

En contraposición, la ciencia ficción blanda no es necesariamente de menor calidad. Simplemente admite muchas licencias en cuanto al rigor científico. Ursula LeGuin, Phillip Dick y Ray Bradbury han escrito fenomenales obras de sci-fi blando.

Pánico y locura en Lagash

Lo verdaderamente atractivo del texto es la especulación que realiza Asimov sobre los efectos psicológicos de la oscuridad sobre una civilización que la desconoce por completo. Si bien la gente de Lagash es tecnológicamente similar a los humanos en la Tierra, no tienen necesidad de sistemas de iluminación artificiales. 

Este hecho resulta decisivo cuando llega el climax del argumento.

El autor tuvo mucho cuidado a la hora de analizar las consecuencias lógicas de una penumbra amenazadora, y construyó un entorno completamente creíble. La historia es contada a través de los ojos de un psicólogo y de un periodista, si bien los verdaderos protagonistas son dos grupos con pensamientos opuestos: los fanáticos religiosos y los implacables científicos.

Hay quienes han teorizado que la caída de la noche, y el ejército  formado por los supersticiosos representarían a los Nazis, pero Asimov siempre tuvo un estilo de narración muy directo. Creo que el texto es un intento de indagar sobre la eterna lucha entre el dogma religioso y el saber científico, pero no creo que pueda llegar a conectarse con el nazismo de ninguna manera.

A lo largo de la narración aparecen, en esencia, dos tipos de “fe”. Por un lado tenemos la fe en lo científico, en las leyes del universo. Está basada en evidencia empírica y sujeta a constante revisión, pero aun así hay cosas que los científicos creen sin tener pruebas fehacientes.  Por otro lado, está la fe ciega del creyente, del religioso.

Asimov condena al fanatismo religioso, pero también le pega al grupo de científicos. Cuando llega el momento de la gran revelación, en las últimas páginas, ellos se dan cuenta de que estuvieron muy errados.

La oscuridad, de por sí, resultó aterradora. Pero nadie los preparó para las billones y billones de estrellas que aparecieron de pronto en el cielo nocturno. Esto los llevó hacia una verdad devastadora (que últimamente los condujo a la locura): son sólo una parte minúscula de un universo vasto e incalculable.

La ironía les juega una mala pasada: no sólo la noche los volvió locos, sino también las infinitas luces que se vislumbran en la oscuridad.

«Aton, en algún lugar, estaba gritando, lloriqueando terriblemente como un niño asustado.
—Las Estrellas… todas las Estrellas… nada sabíamos… nunca supimos nada. Pensábamos en seis estrellas para todo el universo pero las Estrellas no podían verse y la Oscuridad eterna eterna eterna y las paredes cayendo sobre nosotros que nada sabíamos nada podíamos saber nada nunca nada…»

► "Anochecer" es un relato que contiene todo por lo que Asimov se haría conocido: una premisa fascinante, rigurosidad científica y un acercamiento social hacia la ciencia ficción (de este aspecto voy a hablar en un post en el futuro). Luego llegarían los robots, los Imperios y las Fundaciones, pero los grandes temas de su literatura ya estaban conformados en uno de sus relatos más antiguos y maravillosos.

«Si las estrellas aparecieran sólo una noche cada mil años,
¿cómo adoraría y se maravillaría el hombre?»
(Ralph Waldo Emerson)

OFF-TOPIC: ¿Podría existir realmente un planeta como lo describe Asimov? Esta nota resuelve el interrogante.

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sábado, 1 de agosto de 2015

Técnicas narrativas (VI): “Preguntas perforantes”


Incluso desde la época de Sócrates, el poder de la pregunta para provocar autoreflexión era ampliamente reconocido. 

A veces una simple pregunta, bien armada y bien sincronizada, puede colapsar todas las defensas mentales de una persona y llenar toda su perspectiva de incertidumbres.

Ya sea un villano intentanto reducir a un héroe a su mínima expresión, o el héroe intentando demostrarle al villano que tan errado estaba, o algún sabio haciéndonos entrar en conflicto con todo lo que creemos como verdadero, una buena pregunta perforante corta directo al corazón de la persona que la recibe, y también impacta en los lectores / espectadores, que se ven enjuiciados por el mismo interrogante.

El célebre soliloquio de Hamlet, por ejemplo, es una serie de preguntas oportunamente aplicadas a la trama principal que nos interpelan a nosotros mismos sobre la importancia de la muerte y lo que significa vivir en este mundo plagado de abobios terrenales, tentaciones, tiranos y mil ataques naturales.

En la literatura, en el cine y prácticamente en cualquier medio de difusión, la pregunta perforante es una técnica fundamental para desarrollar a los personajes y brindarle profundidad a la narrativa. Se ha usado muchísimo en las parábolas de la Biblia, en películas pochocleras (¡hasta Transformers las tiene!), en música y en cómics.

A veces las preguntas son tan simples y poderesas que la respuesta se vuelve intrascendente, innecesaria, retórica. Pero el solo hecho de formular la preguntar (y conociendo una respuesta incofesable) nos lleva a admitir la culpabilidad, a admitir que quizás no tenemos las cosas tan claras.


Uno de mis ejemplos favoritos se da en la película “Yo, Robot” (2004), basada en la aclamada antología de Isaac Asimov. La película de ciencia ficción, para los que no recuerden, introduce el concepto de las “Tres leyes de la robótica” (ya armé un post respecto a este tema) y presenta una sociedad distópica donde Will Smith (el detective Spooner) comienza a trabajar junto a un robot (Sonny) para desenmascar un misterio.

Este diálogo se da al principio de la cinta (la traducción es propia):

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Detective Spooner: 
Los robots no sienten miedo. No sienten nada. No comen, no duermen—

Sonny:
Yo sí. Hasta he tenido sueños.

Detective Spooner: 
Los humanos tienen sueños. Incluso los perros tienen sueños. Pero no vos. Sos solamente una máquina. Una imitación de la vida. ¿Puede un robot escribir una sinfonía? ¿Puede un robot convertir un lienzo en una hermosa obra maestra?

Sonny: 
... ¿Podés vos?

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Recuerdo que uno de mis shows preferidos, One Tree Hill, hacía un uso intensivo de las preguntas perforantes, logrando que la mayoría de los episodios golpearan directamente en el alma del espectador (uno de los motivos por los cuales me encantaba).

Matrix” (1999) contiene otro de mis diálogos preferidos en cuanto a este tema. 

Toda la (primera) cinta de los hermanos Wachowski -ciertamente una de las películas de ciencia ficción más influyentes del mundo- es una seguidilla de cuestiones existenciales que ponen en tela de juicio lo que entendemos como "realidad", pero esto en particular ocurre cuando Neo y Morpheo están peleando por primera vez:


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Neo: 
¡Sos demasiado veloz!

Morpheus: 
¿Creés que el hecho de que yo sea más rápido o más fuerte tiene algo que ver con mis músculos en este lugar?

[Neo sacude la cabeza mientras respira pesadamente]

Morpheus: 

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Esta es una técnica real usada en psicoterapia, educación, debates y grupos religiosos. La filosofía de Sócrates llevada al extremo absoluto. 

Y es que si el conocimiento filosófico es el conocimiento por las causas, la primera pregunta surge naturalmente: ¿Por qué? Y con la respuesta a esa pregunta nace la filosofía.

Para Sócrates filosofar es preguntar, interpelar, interrogar, más que asegurar o propocionar respuestas concretas. Las preguntas son un medio de alcanzar nuevos conocimientos y siempre van buscando el origen de las cosas, se acercan cada vez más a la raíz.

Uno de mis microrelatos es, de hecho, pura y exclusivamente una simple pregunta perforante

Y con este narración breve cerramos el post. ¡Hasta la próxima!

► “REVELACIÓN” (microrelato):


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Un día, el Hombre Detrás del Espejo me dijo:
"Te das cuenta que yo soy el real,
y vos nada más que un simple reflejo,
¿no?".

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BONUS TRACK: Les Luthiers y las preguntas: “La gallinita dijo Euroka”. Sin desperdicio.



EPISODIOS ANTERIORES:


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lunes, 8 de junio de 2015

Las Tres Leyes de la Robótica de Isaac Asimov


Antes de 1940, prácticamente toda la ciencia ficción especulativa que incluía a robots seguía el modelo del Frankenstein de Mary Shelley: un robot tenía que ser constantemente instruido por una persona y en ausencia de control humano se volvía un destructor total, demoliendo todo a su paso.

Isaac Asimov se cansó de esta concepción y comenzó a escribir historias sobre robots más simpáticos y programados de tal manera que pudiera preverse la rebelión de las máquinas. Fue su editor (John Campbell) quien, en su momento, le brindó una mano para crear las famosas Tres Leyes de la Robótica que permitirían tener un salvavidas. Estas fueron:

1. Un robot no puede herir a un ser humano o, por inacción, permitir que un humano resulte herido.
2. Un robot debe obedecer cualquier orden dada por seres humanos, excepto cuando esa orden se contradiga con la Primera Ley.
3. Un robot debe proteger su propia existencia, siempre y cuando dicha protección no entre en conflicto con la Primera y Segunda Ley.

Campbell compuso las Tres Leyes simplemente desenredando conceptos que ya estaban presentes en las historias de Asimov. 

Las leyes cubren las situaciones más simples y obvias, pero están lejos de ser perfectas. De hecho gran cantidad de relatos del autor eran sobre diferentes formas en las que las leyes entraban en conflicto unas con otras, generando comportamientos inesperados.

Quienes no sean tan íntimos con la bibliografía de Asimov, seguramente recuerden estas leyes de la película “Yo, robot” (2004), con Will Smith, que es una buena adaptación de una de sus historias más populares. La realidad es que no fue la primera vez donde aparecieron estas leyes. Puntualmente, su origen puede rastrearse al relato “Runaround” (“Círculo vicioso”, 1942). Curiosamente, la historia de Runaround transcurre en el año 2015. El cuento está muy bueno y tiene una trama intrigante que se relaciona directamente con los conflictos entre las tres reglas.

Circulo vicioso” (1942) de Isaac Asimov en formato PDF: DESCARGAR.

Asimov no tenía nada contra la temática de “robots como una amenaza para el hombre” pero estaba más interesado en explorar la idea de robots volviéndose cada vez más conscientes y completamente independientes. Esto fue, por supuesto, absolutamente influyente para la forma en que comenzó a trabajarse la ciencia ficción. Hoy en día tenemos películas actuales como “Chappie” y “Ex Machina” que siguen investigando la naturaleza de los robots para terminar de comprender qué es lo que nos hace realmente humanos a nosotros y (no a ellos).

El autor eventualmente formalizó una Ley Cero, que era un corolario de la primera y estaba por encima de todas las demás:


Un robot no hará daño a la Humanidad o, por inacción, permitirá que la Humanidad sufra daño

Otros autores, por su parte, fueron extendiendo la cantidad de leyes creando variaciones de las tres primeras y un par de adicionales como la célebre Quinta Ley (“Un robot debe saber que es un robot”).

Ahora, aunque las leyes son ficción y no tienen ningún tipo de solvencia dentro del mundo real, los estudiosos de la robótica se las tomaron muy en serio (y Asimov vivió lo suficiente para poder comenzar a ver estos desarrollos). 

Sin embargo, las leyes –pensándolas exclusivamente dentro de la ficción– son ambiguas en sí mismas.

Un ejemplo sencillo es el de “herir a un ser humano”. Supongamos que un robot debe golpear a una persona... ¿Qué nivel de fuerza es el que verdaderamente lo hiere? 

La película Yo, Robot plantea otro dilema interesante: ¿Qué sucede cuando los robots tienen la posibilidad de salvar solo a una de dos personas? Cualquier elección que tomen generará conflicto con sus leyes internas.

La Segunda Ley es inherentemente problemática. ¿De qué humano debe seguir órdenes un robot? ¿Qué sucede si dos personas le piden cosas diametralmente opuestas? “Robot, abrime esta cerveza” “¡No, robot, no le abras la cerveza. Lucho ya tomó demasiado!”. (-.-)

Otra pregunta que surge a partir de las leyes es qué considerar como “humano”, bajo qué mirada se los categoriza. 

En una de las historias de Asimov, se crean robots que siguen estas reglas pero son enviados a realizar campañas de limpieza ética. Estas máquinas solo reconocen a ciertos grupos como “humanos”. Siguen las reglas, pero igual llevan a cabo el genocidio. Los mismos protagonistas de los relatos del autor muchas veces caían en la cuenta de que las leyes estaban atadas a los códigos morales de los humanos.

La verdad es que Asimov no creó las reglas para los robots, sino para los escritores. Son disparadores para mover una trama hacia adelante, para volverla más interesante y menos trillada. Más que un autor de ciencia ficción, Asimov estaba más interesado en los misterios. Él quería escribir relatos de intriga con robots como protagonistas, y las Tres Leyes eran la forma de darle condiciones de borde a la historia. 

Y gracias a esta necesidad de crear algo nuevo, de experimentar con la escritura, logró darle una nueva bocanada de aire fresco al género de la ciencia ficción.

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