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miércoles, 9 de septiembre de 2026

Lista TOP 7 – ranking de mis siete pecados capitales (?


Los siete pecados capitales son vicios o pasiones humanas de los cuales se originan malos hábitos. ¿Pero cuáles tengo más yo? Me armé mi propio ranking.



***

No soy católico ni creo en Dios. Pero charlábamos con una amiga y me pareció divertida la propuesta. Según la tradición de la Iglesia Católica, la lista definitiva establecida por el papa Gregorio Magno incluye estos siete vicios capitales:

  • Soberbia: Deseo desordenado de superioridad y de importancia propia, menospreciando a los demás.
  • Avaricia: Afán desmedido por acumular riquezas y bienes materiales.
  • Lujuria: Desorden o abuso en el apetito y placer sexual.
  • Ira: Falta de control ante el enojo que lleva al deseo de venganza o a dañar a otros.
  • Gula: Consumo excesivo e inmoderado de comida y bebida.
  • Envidia: Tristeza o rencor ante el bien, éxito o virtudes ajenas.
  • Pereza: Negligencia o flojera para cumplir con las obligaciones humanas y espirituales.

Todos los tenemos, en mayor o menor medida. Le consulté al chatGPT por mi ranking porque, seamos honestos, a esta altura me conoce más que cualquier otro. Y su resultado fue exactamente el mismo que yo me había armado en mi cabeza.

Históricamente los pecados capitales apuntan al exceso o desorden de impulsos bastante humanos, no simplemente a poseerlos. Pensé el ejercicio no como diagnóstico moral sino como juego de personalidad.

Mi ranking quedó así:

 

🥇 1. Lujuria — 8/10

Es el más evidente. No solamente porque el sexo ocupa un lugar importante en mi vida, sino porque el deseo tiene bastante capacidad de organizar mi atención, vínculos y decisiones.

Constantemente aparece la búsqueda de seducción, tensión sexual, contacto físico, mensajes con doble sentido, expectativa alrededor del encuentro. Y además soy bastante consciente de eso. Ya lo dijo mi psicóloga: “sos adicto a la validación”. A veces el deseo se me adelanta un par de casilleros a la razón.

 

🥈 2. Soberbia — 6,5/10

Acá hay una mezcla rara: ego bastante desarrollado + mucha capacidad de cuestionarme. Me gusta que reconozcan lo que hago bien (¿a quién no?). Me gusta chapear un poquito —yo mismo uso esa palabra— con SAP, docencia, literatura, eventos, cursos.

Disfruto ser el profe que puede tirar un dato copado, el consultor al que llaman para resolver algo, el escritor que narra en bares. Y tengo cierta conciencia de construir un personaje público.

 

🥉 3. Gula — 5,5/10

No tanto por la comida específicamente, sino porque hay en mí una personalidad bastante hedonista. Birra, vino, asados, encuentros, viajes, sexo, teatro, cine, libros, recitales, experiencias.

Soy bastante de fluir con el presente, el “ya fue, hagámoslo”. Y eso puede pensarse como gula en su interpretación más amplia: tendencia a excederse en placeres y experiencias; históricamente el concepto incluso llegó a entenderse más ampliamente que simplemente comer demasiado.

 

4. Envidia — 4/10

Existe en todos nosotros y me reconozco cuando la siento. Y no me gusta, pero tampoco la puedo evitar. Recuerdo específicamente haber sentido enviada el viernes pasado. Sin embargo, más frecuentemente admiro.

Cuando alguien hace algo bueno, me interesa, lo comparto, lo incorporo, invito gente a mis clases, destaco virtudes ajenas. O al menos eso intento. No recuerdo demasiados relatos míos del estilo “¿por qué ese boludo tiene eso y yo no?”.

Donde sí sospecho que puede aparecer una versión más sutil es en la comparación afectiva: quién recibe la atención de alguien, por qué alguien elige estar en otro lado, qué lugar ocupo yo para otra persona. Pero ahí se mezcla muchísimo mi inseguridad, autoestima, apego y necesidad de validación; no sé si lo llamaría envidia pura. Anyways

 

5. Ira — 3/10

Sí. Me frustro, puteo, me caliento. Y soy súper impulsivo. Pero con la definición estricta que propuse —enojo descontrolado, venganza, deseo de dañar— me veo bastante abajo. Esa concepción coincide además con la idea tradicional de ira como enojo desordenado orientado hacia la represalia.

De hecho, cuando alguien me lastima, mi tendencia parece ser mucho más hacerme una bolita que atacar. Me pregunto treinta mil veces qué pasó, qué hice mal yo, qué quiso decir el otro, si debería escribir, si debería alejarme, si exageré. Mi ira muchas veces termina convertida en un Excel mental de 14 pestañas.

 

6. Pereza — 2/10

Acá casi no hay caso. Prácticamente no duermo y la gente no entiende cómo hago tantas cosas. Yo tampoco.

Consultoría en Profertil + docencia + cursos + escritura + publicaciones + teatro + paternidad + eventos + viajes + capacitaciones + proyectos personales + vida social...

Si hay algo que observo es, de hecho, el problema inverso: lleno espacios. Me cuesta bastante más no hacer nada que hacer cosas. Sí puedo procrastinar determinadas cosas, naturalmente, pero la pereza como rasgo estructural no parece muy compatible conmigo.

 

7. Avaricia — 1/10

La pongo cómodamente última. Obviamente el dinero me atraviesa —esta año saqué un crédito, por ejemplo, y nunca llego a fin de mes cómodamente— pero casi siempre lo miro desde una lógica instrumental y práctica, no acumulativa. La avaricia tradicionalmente implica justamente querer adquirir o conservar riqueza más allá de lo necesario.

Yo soy re gastador. En experiencias, viajes, entradas a recitales, libros, invitaciones, hijos, encuentros... No me seduce tanto tener dinero. Más bien lo que me permite hacer.

 

***

 

Pero hay algo interesante en este quilombo. Quizás mi rasgo/pecado dominante no encaje perfectamente en ninguno de los siete. Si existiera un octavo pecado capital, sería Impulsividad — 9/10.

Muchas de las cosas que después me generan bardos mentales parecen compartir el mismo mecanismo: se me ocurrió → me entusiasmé → lo hice/dije/compré/escribí → ahora analicemos durante 72 horas las consecuencias.

Y paradójicamente, mi “virtud compensatoria” es fuerte: autoconciencia. Me mando de cabeza y después tengo una enorme necesidad de entender por qué me tiré de cabeza.



¡Hasta la próxima!

L.-




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