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martes, 23 de julio de 2019

Técnicas narrativas (VII): ¡No lo digas, mostralo!


“Show, don´t tell!” (algo así como “¡no lo digas, mostralo!”) es una de las técnicas de escritura más importantes en narrativa. Le confiere calidad a un texto y hace participantes activos a los lectores. Sorpresivamente, esta técnica también se ha aplicado para mejorar el cine, los videojuegos y otro tipo de obras artísticas.



viernes, 4 de septiembre de 2015

“La ley de Chandler” y otras reglas de oro para el Drama


Cuando el potencial para un conflicto es visible, nunca tiene que dejarse de lado. 

Sin conflicto, no hay drama, y sin drama no hay relato, novela, película o serie televisiva que resista. Un show donde todos se llevan bien con todos y nada espinoso ocurre aburre.

Seamos honestos, nadie quiere ver una serie de TV donde un pibe va a trabajar de 8 a 5, ocasionalmente escribe una nota para su blog y se toma una cerveza con amigos. Por eso Gran Hermano busca personas que vayan al choque y sean propicias a generar quilombo en la casa (conflicto, señores, conflicto). Y por eso el jurado de MasterChef eligió a Alejo contra Martín. (Al final del día, es un reality más).

Existen ciertas Reglas para el Drama que están más o menos establecidas. 

Al respecto, Raymond Chandler una vez describió una regla maravillosa y acertada que es la siguiente:

Cuando tengas dudas, hacé que un hombre entre por la puerta con una pistola en su mano”.
 (Ley de Chandler)

Chandler –uno de los autores estadounidenses de novela negra más famosos– codificó en esta Ley un consejo fundamental para escritores de drama. Cuando te sientas arriconada por una trama donde no sucede nada, la adición de un nuevo oponente o complicación puede liberar al protagonista de una narracción monótona. Y si metemos un poco de violencia al mix, no le va a hacer nada mal.


Mis lectores nunca van a ver venir ESTO”.

Otros, con un poco más de humor, comentan sobre la Ley de Chandler que: “Cuando todo lo demás falle, hacé que varios ninjas encapuchados ingresen premeditadamente a través de las ventanas y ataquen con nunchucks.”

Naturalmente, Chandler utilizó esta regla en sus propias historias del detective Phillip Marlowe. En algunos casos hasta hizo una parodia de sí mismo. Un ejemplo clásico es una escena de “La dama en el lago” (1943). Esto es lo que pasa:

Sacó la mano derecha del bolsillo y me apuntó con el arma. Sonreí. Quizá no fuera la sonrisa más sincera del mundo, pero el caso es que lo hice.

–Nunca me han gustado esta clase de escenas –le dije–. Detective se enfrenta con asesino. Asesino saca pistola y apunta a detective. Asesino cuenta al detective su triste historia con la idea de matarlo después, perdiendo así un tiempo precioso aun en el caso de que al final logre liquidarlo. Solo que el asesino nunca lo logra. Siempre ocurre algo que lo impide. A los dioses tampoco les gusta la escena. Siempre consiguen estropearla.

–Supongamos que esta vez lo hacemos de un modo un poco distinto –dijo ella en voz baja acercándose a mi suavamente a través de la alfombra–. Supongamos que esta vez no le digo nada, no ocurre nada, y lo mato.

–Seguiría sin gustame la escena –respondí.”

Stephen King también menciona esta regla en su autobiografía “Mientras escribo” (que reseñé en este post) como una de las formas que encontró para superar un caso serio de bloqueo de escritor mientras trabajaba en su cuarta novela: “La danza de la muerte” (The Stand, 1978).

Una de mis películas favoritas, “El quinto infierno”, (The Boondock Saints, 1999) está hecha prácticamente con personas pateando puertas y disparando, pero hay una escena particular que se ajusta a la “Ley de Chandler”. Los dos protagonistas están tirados, casi aburridos, y la trama se encuentra en un freno. De pronto, su mejor amigo patea la puerta mostrando su arma y diciéndole a todos que junten sus cosas.

También sucede en la explosiva secuela de The Expendables (2012), cuando los héroes estánChuck Norris. Tremendo momento de una cinta que es una fiesta pochoclera sin precedentes.
atrapados bajo fuego y el enemigo saca un motherfuckin tanque. De repente, todos los villanos empiezan a caer masacrados por una fuerza invisble. Resulta que era

Casino Royale (2006) presenta una situación similar. Bond (Daniel Craig) está siendo torturado por el malo de turno (Le Chiffre, un genial Mads Milkkelsen). El héroe afirma que nunca va a dar la información, el villano sabe que no puede matarlo, decide castrarlo (ouch!) y entonces… alguien aparece y le dispara al pobre Le Chiffre.

Esencialmente, cuando nosotros (escritores) nos quedamos sin drama, tenemos que encontrarle la vuelta para forzar drama a situaciones que quizás no lo son tanto. Y esto es muy delicado. Cuando la ejecución es pobre, el resultado es un escenario inusual, irracional y altamente improbable que solo existe para prolongar un conflicto inexistente.

También se corre el riesgo de pasarse para el otro lado, y que la ridiculez del drama planteado lo convierta en una parodia, en algo gracioso o absolutamente caricaturesco.

Una cuestión debatible surge en libros y películas sobre un hecho histórico. Es común que allí los conflictos, por más que en la realidad hayan sido menores, se intenfiquen y exacerben. Esto no significa necesariamente que el escritor nos miente en la cara o está intentando cambiar la historia; pero es que sin conflicto, los lectores y espectadores no tienen algo realmente con lo que puedan identificarse.


No por nada se considera a Raymond Chandler como uno de los padres fundamentales de la novela negra. En varios ensayos y entrevistas demostró sólidos conceptos acerca de cómo escribir ficción criminal. Su obra desconcertaba a un lector inteligente, trataba sobre personas reales en el mundo real (personas con verdaderas motivaciones para matar, más allá de presentar un cadáver al argumento) y era técnico en cuanto a los métodos del asesinato y la investigación en sí. Proximamente voy a reseñar “Lady in the Lake”, una de sus novelas más valoradas.

¡Hasta la próxima!

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sábado, 1 de agosto de 2015

Técnicas narrativas (VI): “Preguntas perforantes”


Incluso desde la época de Sócrates, el poder de la pregunta para provocar autoreflexión era ampliamente reconocido. 

A veces una simple pregunta, bien armada y bien sincronizada, puede colapsar todas las defensas mentales de una persona y llenar toda su perspectiva de incertidumbres.

Ya sea un villano intentanto reducir a un héroe a su mínima expresión, o el héroe intentando demostrarle al villano que tan errado estaba, o algún sabio haciéndonos entrar en conflicto con todo lo que creemos como verdadero, una buena pregunta perforante corta directo al corazón de la persona que la recibe, y también impacta en los lectores / espectadores, que se ven enjuiciados por el mismo interrogante.

El célebre soliloquio de Hamlet, por ejemplo, es una serie de preguntas oportunamente aplicadas a la trama principal que nos interpelan a nosotros mismos sobre la importancia de la muerte y lo que significa vivir en este mundo plagado de abobios terrenales, tentaciones, tiranos y mil ataques naturales.

En la literatura, en el cine y prácticamente en cualquier medio de difusión, la pregunta perforante es una técnica fundamental para desarrollar a los personajes y brindarle profundidad a la narrativa. Se ha usado muchísimo en las parábolas de la Biblia, en películas pochocleras (¡hasta Transformers las tiene!), en música y en cómics.

A veces las preguntas son tan simples y poderesas que la respuesta se vuelve intrascendente, innecesaria, retórica. Pero el solo hecho de formular la preguntar (y conociendo una respuesta incofesable) nos lleva a admitir la culpabilidad, a admitir que quizás no tenemos las cosas tan claras.


Uno de mis ejemplos favoritos se da en la película “Yo, Robot” (2004), basada en la aclamada antología de Isaac Asimov. La película de ciencia ficción, para los que no recuerden, introduce el concepto de las “Tres leyes de la robótica” (ya armé un post respecto a este tema) y presenta una sociedad distópica donde Will Smith (el detective Spooner) comienza a trabajar junto a un robot (Sonny) para desenmascar un misterio.

Este diálogo se da al principio de la cinta (la traducción es propia):

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Detective Spooner: 
Los robots no sienten miedo. No sienten nada. No comen, no duermen—

Sonny:
Yo sí. Hasta he tenido sueños.

Detective Spooner: 
Los humanos tienen sueños. Incluso los perros tienen sueños. Pero no vos. Sos solamente una máquina. Una imitación de la vida. ¿Puede un robot escribir una sinfonía? ¿Puede un robot convertir un lienzo en una hermosa obra maestra?

Sonny: 
... ¿Podés vos?

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Recuerdo que uno de mis shows preferidos, One Tree Hill, hacía un uso intensivo de las preguntas perforantes, logrando que la mayoría de los episodios golpearan directamente en el alma del espectador (uno de los motivos por los cuales me encantaba).

Matrix” (1999) contiene otro de mis diálogos preferidos en cuanto a este tema. 

Toda la (primera) cinta de los hermanos Wachowski -ciertamente una de las películas de ciencia ficción más influyentes del mundo- es una seguidilla de cuestiones existenciales que ponen en tela de juicio lo que entendemos como "realidad", pero esto en particular ocurre cuando Neo y Morpheo están peleando por primera vez:


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Neo: 
¡Sos demasiado veloz!

Morpheus: 
¿Creés que el hecho de que yo sea más rápido o más fuerte tiene algo que ver con mis músculos en este lugar?

[Neo sacude la cabeza mientras respira pesadamente]

Morpheus: 

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Esta es una técnica real usada en psicoterapia, educación, debates y grupos religiosos. La filosofía de Sócrates llevada al extremo absoluto. 

Y es que si el conocimiento filosófico es el conocimiento por las causas, la primera pregunta surge naturalmente: ¿Por qué? Y con la respuesta a esa pregunta nace la filosofía.

Para Sócrates filosofar es preguntar, interpelar, interrogar, más que asegurar o propocionar respuestas concretas. Las preguntas son un medio de alcanzar nuevos conocimientos y siempre van buscando el origen de las cosas, se acercan cada vez más a la raíz.

Uno de mis microrelatos es, de hecho, pura y exclusivamente una simple pregunta perforante

Y con este narración breve cerramos el post. ¡Hasta la próxima!

► “REVELACIÓN” (microrelato):


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Un día, el Hombre Detrás del Espejo me dijo:
"Te das cuenta que yo soy el real,
y vos nada más que un simple reflejo,
¿no?".

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BONUS TRACK: Les Luthiers y las preguntas: “La gallinita dijo Euroka”. Sin desperdicio.



EPISODIOS ANTERIORES:


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lunes, 22 de septiembre de 2014

La singularización como forma de desautomatizar


Los que viven  en la costa se acostumbran tanto al murmullo de las olas 
que ni siquiera las oyen.
Por la misma razón, apenas oímos nosotros las palabras que proferimos.
Nos miramos mutuamente, pero ya ni siquiera nos vemos.
Nuestra percepción del mundo se ha  desvanecido,
lo que ha quedado es un mero reconocimiento”.

(Viktor Shklovski)

Shklovski fue un tremendo pensador ruso que configuró una de las teorías más convincentes sobre la “verdadera finalidad del arte”. 

Lo mencioné hace un tiempo en este post, y ahora me dieron ganas de explayarme un poquito más sobre uno de sus enfoques.

En “El arte como artificio” (1917), texto que juega el rol de manifiesto que reúne los principios fundamentales del formalismo ruso, Shklovski plantea una premisa que es ruptura absoluta en relación a todo lo que se venía pensando sobre el arte en esa época.

El arte, expone, debe ser un medio para volver desconocido lo conocido, para volver extrañas las cosas que nos son habituales. Esto permitiría generar contenido novedoso que de una sensación del objeto como visión y no como simple reconocimiento.

Si examinamos las leyes generales de la percepción, vemos que una vez que las acciones llegan a ser habituales se transforman en automáticas. Nuestros hábitos se refugian en un medio inconsciente. 

En cambio, cuando algo nos resulta chocante, insólito o raro, nos interpela, nos quita del lugar común, nos incomoda. Esto genera la liberación del automatismo al que el hombre está condenado.

En su texto (que es genial, por cierto) él presenta varias formas de liberar al lector del automatismo perceptivo (refiriéndonos exclusivamente a la literatura). Una de las más llamativas es la técnica de la singularización. En realidad, lo único que hizo Shklovski fue ponerle un nombre a un método empleado desde siempre por los escritores.

La singularización consiste en no llamar al objeto por su nombre sino en describirlo como si se lo viera por primera vez y en tratar cada acontecimiento como si ocurriera por primera vez. 

Por ejemplo, Shklovski reconoció esta técnica en muchos de los escritos de León Tolstoi.

Las obras de Tolstoi abundan en pasajes en los que el autor se “niega a reconocer” los objetos familiares y los describe como viéndolos por primera vez. Así, al describir una representación de ópera en Guerra y Paz, habla de los decorados como “trozos de carbón pintados”.

La misma técnica se emplea, en mayor escala, en el relato “Jolstomer: historia de un caballo”, donde el narrador es un caballo y los objetos son individualizados por la percepción otorgada por el animal, y no por la del hombre.

► “Jolstomer: historia de un caballo”, de León Tolstoi, en versión PDF: http://goo.gl/JXm2Hc

En este cuento de extensión media es interesante como el autor ruso concibe, por ejemplo, el derecho de la propiedad. 

El protagonista se presenta desde el ventajoso punto de un observador marginal, un animal sorprendido y asombrado por la inconsistencia y la hipocresía de los hombres.

Jolstomer también se hizo famoso por hacer un uso fascinante de la técnica conocida como “efecto de distanciamiento”, que creara Bertolt Brecht en relación a su Teatro Épico (y que también mencione en el blog).

La singularización es muy común especialmente en la prosa erótica, donde los órganos sexuales suelen nombrarse de formas que no le son habituales. El célebre episodio “The contest” de “Seinfeld” (mi gran serie de TV favorita) también se destaca por un peculiar uso de la singularización.


De todos los grandes episodios que tuvo la serie, “The contest” es seguramente el más icónico e ingenioso, especialmente por su incomparable matiz sexual. No solo fue arriesgado para la época, sino que hoy en día sigue siendo un episodio impresionante porque nunca se hace mención directo del “asunto” en sí. Dicho de otra forma, todo el episodio habla de la masturbación, pero las referencias a ella son siempre indirectas.

Este capítulo, considerado uno de los mejores, logró elevar al máximo el potencial de los cuatro protagonistas. Cada uno tenía un motivo que los tentara a dejar su puesto de “master of their domains”.

Por supuesto, la singularización es una de las técnicas principales y más usadas de la poesía (en especial la poesía simbolista). En “Tempestad con Silencio” (de Pablo Neruda), por ejemplo, las gotas de lluvias se convierten en “uvas desgranadas”.

“...La nube espesa desgranó sus uvas
cayó el agua de todo el cielo vago,
el viento dispersó su transparencia,
se llenaron los árboles de anillos,
de collares, de lágrimas errantes
...”

Asimismo, la frase que describe cómo los árboles se llenan de anillo, collares y lágrimas errantes nos obliga –como lectores– a ver a la lluvia bajo una nueva visión, y de esa forma lograr reconocerla. Shklovski nos recuerda que el propósito del arte debe ser el de crear una percepción particular del objeto (crear su visión y no su reconocimiento).

Por último, la técnica de la singularización es la base (y el único sentido) de todas las adivinanzas

Una adivinanza es una especie de acertijo con un enunciado que se formula en rima. Por ese motivo, cada adivinanza es una descripción, una definición del objeto, por medio de palabras que no le son habitualmente aplicadas.

Las adivinanzas no solo juegan un rol lúdico o educativo, sino que también se han empleado como artilugios en diversas obras de ficción y literarias (me vienen a la mente los acertijos que Bilbo Baggins le hace a Gollum, o la famosa adivinanza de la Esfinge en el mito de Edipo Rey). 

Son sugestivas para estudiar a nivel de recursos educativos, para analizar la comprensión de metáforas y el lenguaje no literal en niños. Pero ese será un tema para otra nota. ¡Hasta la próxima!

DE YAPA: El episodio “The Contest” de SEINFELD, de la mano de http://www.miraseinfeld.com, una maravilla imperdible => http://www.miraseinfeld.com/temporada-4-episodio-11.php

"Are you still master of your domain?"

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=>> Otras NOTAS LITERARIAS temáticamente relacionadas con este post: “La excepción y la regla” (de Bertolt Brecht), “99 formas de contar un mismo episodio”, “La verdadera finalidad del arte”, “Tentativa de agotar a Georges Perec

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jueves, 4 de septiembre de 2014

Técnicas narrativas (V): “El cadáver exquisito”

Últimamente estoy incursionando en algunas técnicas de escritura automática que fueron introducidas por de los surrealistas de la década de 1920. André BretónTristan Tzara (el padre del Dadaísmo) y el resto de los muchachos renegaban del arte moderna y adoptaron el método psicoanalítico de la libre asociación. También utilizaban “modos automáticos de escribir" porque creían que una nueva ciencia podía surgir de lo inconsciente y  de lo irracional.

Bretón produjo el primer manifiesto del Surrealismo donde lo definía como: "El dictado del pensamiento en ausencia de la vigilancia ejercida por la razón, fuera de toda preocupación estética o moral". En la práctica estas teorías se tradujeron en diferentes herramientas de escritura automática: dejar que el subconsciente se manifieste sin trabas, la narración de sueños o relatos en estados hipnóticos. Es sabida la historia de que George Harrison aplicó una técnica de este tipo para escribir “While my guitar gently sweeps”.

Una de las técnicas quizás más peculiares es la del “Cadáver exquisito”.

Imaginen la situación: reunión de seis o siete amigos, algo de alcohol y música. Se sientan alrededor de la mesa. El primero escribe una frase en un papel y, al terminar, lo dobla dejando que se vea únicamente la última palabra. A partir de ésta, el segundo participante escribe otra frase y así sucesivamente. El juego se puede repetir varias veces, tantas como se quiera. Al finalizar, se desdobla el papel y se lee el resultado. El resultado es conocido como un “cadáver exquisito” (o cadavre exquis en francés). Se lo llamó así porque la primera vez que se hizo, la frase resultante fue: "El cadáver/exquisito/beberá/el vino nuevo".


« Le cadavre - exquis –
boira - le vin - nouveau »

(Primer “Cadáver exquisito”)

En definitiva, se trata de una colaboración colectiva, un grupo de personas que escriben o dibujan una composición en secuencia. 

En el terreno literario, particularmente, los surrealistas fueron pioneros en la composición experimental y brindaron una gran revolución en el lenguaje. Como no asumieron ninguna tradición cultural (de hecho, las rechazaron desde el punto de vista temático ni formal), buscaron su apoyo en la represión psicológica (sueños, sexualidad, temas que eran considerados “tabú”) y engendraron procedimientos metafóricos nuevos como la imagen visionaria. De esa forma lograron creaciones inquietas, espontáneas y –según ellos– mucho más honestas.

En castellano hoy hay muchos blogs y foros en internet que buscan continuar esta tradición: Moadibelmesias, Sobre Nuestro Cadáver y esta fan page de Facebook (Cadáver Exquisito, el juego surrealista). También me encontré con foros fascinantes como este y este. En el último, los participantes crearon el poema “Transparencias” que es un delirio absoluto.

"Lo emocionante para nosotros en este tipo de producciones es la certeza de que, para bien o para mal, representaban algo que no era posible por el trabajo de una sola mente, y poseían un grado excepcional en la calidad de devaneo, tan propio de la poesía". 


(André Bretón sobre el Cadáver Exquisito)


Nicolás Calas –un vanguardista suizo– sostenía que un cadáver exquisito tiene la facultad de revelar la realidad inconsciente del grupo que lo ha creado. En concreto, explica, refleja los aspectos no verbalizados de la angustia y el deseo de sus miembros, en relación con las dinámicas de posicionamiento afectivo dentro del mismo. Por su parte, el artista alemán Max Ernst observó que el juego funciona como una especia de “barómetro” de los contagios intelectuales dentro de un círculo de creadores.

Volviéndonos un poco filosóficos, cabe preguntarte si la literatura en su totalidad no es en sí misma un gran cadáver exquisito a partir de temas y preocupaciones bastante simples: el amor, la muerte, la inmortalidad, la locura, la vejez, etc.

Está claro que muchos de estos ejercicios se llevaron a cabo bajo la influencia de sustancias lisérgicas que inducían estados de inconsciencia, o durante experiencias hipnóticas.  Los que estudian teatro o improvisación seguramente conozcan algunas de estas herramientas como fuentes de inspiración. Sin ir más lejos, uno de mis shows de TV preferidos (“Whose Lite is it Anyway”) presenta uno de los juegos que hace uso del Cadáver Exquisito (en Three-Headed Broadway Star, tres personas tienen que crear un tema coherente brindando una frase cada uno). ¡Las cosas que salen son fabulosas!

En mi caso, no estoy consumiendo ácido para escribir, pero sí dejándome llevar por la escritura automática, utilizando nombres, frases y situaciones que surgen del azar y anotando algunos sueños que tuve últimamente

Cuando termine esta nouvelle (que ya tiene título, y está en un 60% terminada), seguramente la compartiré. ¡HASTA LA PRÓXIMA!

DE YAPA: Posts anteriores sobre técnicas narrativas:


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=>> Otras notas sobre EL SURREALISMO en el BLOG: “Cuna de Gato” (una novela de Kurt Vonnegut), “Gabriel García Márquez y el Realismo”,  “La oscura ascendencia de la novela” (una E-TRUE HOLLYWOOD STORY), “Kafka, o cómo transformarse en algo infinito”, “Reflexiones a través del espejo” (Sobre Alicia en el País de las Maravillas) y “La vida como un péndulo” (sobre Balzac y Stendhal)

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