Si existen Ghost in the Shell, Cyberpunk:
Edgerunners y Blade Runner es
gracias a esta novela. Considerada una de las primeras y más conocidas obras
del género cyberpunk, “Neuromancer” ganó los premios Nébula, Philip K. Dick y Hugo
cuando se publicó en 1984.
La fusión de géneros en el cine es muy difícil de
lograr con eficacia. Es posible que funcione siempre y cuando los creadores
sepan lo que están haciendo. Por lo general, requiere una planificación desde
el principio para poder configurar la narrativa con anticipación (y que no
parezca que sale de la nada).
La
teoría de la simulación es un tema atrapante que fue analizado tanto por
filósofos de la antigüedad, como por autores y pensadores modernos. Rodney
Ascher no sería uno de ellos. En esta nota, una reseña sobre su último
documental, A Glitch in the Matrix.
En el primer capítulo de su libro “Una breve historia del tiempo” (1988), Stephen Hawking describe una anécdota que popularizó la famosa
expresión jocosa del idioma inglés: “Turtles
all the way down” (algo así como: “tortugas hacia abajo y hasta el infinito”).
Cuenta Hawking
que un conocido científico (que habría sido Bertrand Russell) daba una vez una conferencia sobre astronomía. En
ella, describía cómo la Tierra gira alrededor del Sol y cómo éste, a su vez,
gira alrededor del centro de una vasta colección de estrellas llamada “galaxia”.
Al final de la charla, una agradable señora de avanzada edad se levantó y le
dijo desde el fondo de la sala: “Lo que
nos contó usted no es más que una sarta de estupideces. El mundo es ,en
realidad, una plataforma plana sustentada por el caparazón de una tortuga
gigante”.
El científico sonrió ampliamente antes de replicarle: “¿Y en qué se apoya la tortuga?”. “Usted es muy inteligente”, dijo
la señora, “Pero hay infinitas tortugas,
una debajo de otra”.
(Originalmente: "You're
very clever, young man, very clever. But it's turtles all the way down!")
Quizás aquel no sea el verdadero origen de “la
historia de la tortuga”, pero sí nos remonta a una época donde todavía se creía
que el mundo era chato, y que una tortuga enorme cargaba en su base. ¿Pero sobre
qué se apoya la tortuga? Claramente, sobre otra.
Estamos ante el problema de recursión infinita, no
sólo en la astronomía, sino también en el campo de la filosofía. Una metáfora
comparable, que describe causas y consecuencias circulares de un mismo
problema, sería la idea de qué fue primero: el huevo o la gallina.
La idea de las tortugas ad infinitum, que bien podrían ser elefantes tambien, representa
una visión popular de un mito cosmológico primitivo. Un animal que, al entender
de algunos, es lo suficientemente resistente y longevo como para cargar con el mundo él solo,
y por los tiempos de los tiempos.
Los ateos utilizan este concepto para poner en duda
la existencia de Dios (si Dios existe, ¿quién lo creó a Él?”) y el mundo de la
ficción lo ha aprovechado para plasmar conceptos de realidades recursivas y
tortugas que funcionan como Guardianes del Universo.
"Turtles
All the Way Down" es, por ejemplo, el nombre del capítulo final de “Awake” (2012) (que
ya reseñé en el blog antes), y la frase la menciona la psiquiatra del
protagonista con un fin muy específico.
En la saga de la Torre Oscura (de Stephen King) repetidas veces se hace
referencia a una tortuga que sería uno de los guardianes de la torre –en esencia,
un puente entre todos los mundos.
La misma Tortuga (Maturin) es también referenciada en otras obras de King como 11/22/63 e “IT: el payaso maldito” (que
reseñé en el blog hace un tiempo). En “IT”, Maturin es un espectador de los
eventos que se desarrollan a partir de la batalla entre la entidad maligna y el
Club de los Perdedores. Sólo se involucra para darle un consejo al
protagonista, Bill Denbrough,
durante el ritual que realiza en 1958.
La idea de múltiples universos existiendo paralelamente es una de las
más populares en la ficción especulativa y la fantasia, pero a veces las cosas
son más complicadas que un mundo de sueños, otra dimensión o simplemente un “universo
alternativo”.
Pensemos, por ejemplo, en esa genial obra de
ciencia ficción que es “eXistenZ” (1999), de David Cronenberg.
El punto central de la historia es que los
protagonistas están confundidos respecto a cuántos niveles de realidad virtual
existen (y qué deberían hacer para ganarlos). Al final de la película, todavía
no están seguros si siguen dentro del juego o no.
Algo similar sucede en “Inception” (2010), donde
existen sueños dentro de sueños (dentro de sueños) donde el tiempo se ralentiza
exponencialmente a medida que incrementamos la profundidad de los niveles. Uno
podría pasar décadas dentro de los sueños, y esta realidad recursiva hace
difícil saber en qué momento se está verdaderamente despierto (motivo por el
cual utilizan elementos o totems que
les ayudan a distinguirlo).
Mientras tanto, “Matrix” (1999) contiene
otro tipo de realidad recursiva: la simulación. Básicamente: construir un barco
en una botella, dentro de un barco en una botella. “Matrix” es un mundo donde
personas crean simulaciones por computadora y realidades virtuales sin saber
que forman parte de una. Por otra parte: ¿podría ser Zion (la “ciudad real”) otra “Matrix” en sí misma?
“Tortugas,
hacia abajo y hasta el infinito” es esta idea de una regresión infinita, de
que no hay realidad excepto en la mente de un personaje, un autor o un Dios.
No
importa que tan arriba o abajo nos movamos, no es posible escapar. Un fenómeno
similar al que existe en el diseño gráfico y el arte conocido como “Efecto Droste” (una imagen que incluye
una copia imagen de sí misma, que tiene un imagen más chica de sí misma, etc).
Hay una película fascinante del guionista Charlie Kaufman (“Adaptation”, 2002) que
también trabaja esta temática de la recursividad.
Es la historia de un
guionista llamado Charlie Kaufman (protagonizado por un sorprendentemente bueno
Nicholas Cage) que intenta escribir
la adaptación de una novela llamada “El
ladrón de orquídeas”. El ficcional Charlie (el de la película) se rinde y
termina escribiendo un guión llamado “Adaptation”, que es sobre un hombre
intentando escribir una adaptación de la novela “El ladrón de orquídeas”
… y así podríamos seguir.
Hace poquito vi “Réalité” (2014),
la última película del director francés Quentin
Dupieux (quien
también dirigió “Rubber”). Me encantó “Réalité”, y también juega con
esta idea de la recursividad, pero desde otro punto de vista. La película está
muy buena y se las recomiendo.
En la literatura, muchos de los relatos de “Las mil y una noches” se caracterizan
por contener elementos recursivos. Scheherezade,
la protagonista y narradora de la historia, mantiene al vil rey despierto
generando asombro e interés con sus relatos. Cuenta historias de gente que
cuenta historias sobre gente que cuenta historias, y etcétera, etcétera. Hay
muchísimas historias dentro de historias en esta obra y, gracias a ellas, el rey
Shahriar la mantiene con vida ante
la perspectiva de la narración que vendrá.
Hay también un ejemplo muy viejo en una cuento
corto originalmente impreso en Amazing
Stories de 1936.
Se trata de “El
que se achicó” (He Who Shrank), de Henry Hasse. El protagonista se inyecta
un suero que lo hace más pequeño que el átomo. Allí descubre que cada átomo es
un pequeño sistema solar, donde el núcleo funciona como Sol y los electrones
orbitan como planetas. Se sigue achicando a través de universos cada vez más
miniaturas hasta que termina en nuestro propio mundo nuevamente. Ahí le cuenta
la historia a un escritor de poca monta, quien intenta venderla a un diario
como una obra de no-ficción.
Uno de los libros de “Elige tu propia aventura” también trabajó esta idea, pero con quarks
como universos.
Por último, no puedo dejar de mencionar una escena
de la fantástica de la parodia de Star
Wars: “Spaceballs” (1987). El villano coloca una video de la
propia película y avanza a la escena en la que ellos mismos están viendo la
escena en la que colocan un video de la propia película.
La charla que se da es altamente delirante:
Dark Helmet: What the hell am I looking at? When does this happen in
the movie?
Colonel Sandurz: Now! You're looking at now, sir! Everything that
happens now is happening now.
Dark Helmet: What happened to "then"?
Colonel Sandurz: We passed it.
Dark Helmet: When will "then" be "now"?
Colonel Sandurz: Soon!
“Man
#1: If Earth is the back of a giant turtle, then what's holding up the turtle?
Man
#2: Don't be a fool. It's Turtles All The Way Down!”
►Podés seguir las nuevas notas y
novedades (además de humor y críticas de cine) en mi fan—page: http://www.facebook.com/sivoriluciano. Si te gustó, ¡compartilo o deja un
comentario!
Incluso desde la época de Sócrates, el poder de la pregunta para provocar autoreflexión era ampliamente
reconocido.
A veces una simple pregunta, bien armada y bien sincronizada, puede
colapsar todas las defensas mentales de una persona y llenar toda su perspectiva
de incertidumbres.
Ya sea un
villano intentanto reducir a un héroe a su mínima expresión, o el héroe
intentando demostrarle al villano que tan errado estaba, o algún sabio
haciéndonos entrar en conflicto con todo lo que creemos como verdadero, una buena
pregunta perforante corta directo al corazón de la persona que la recibe, y
también impacta en los lectores / espectadores, que se ven enjuiciados por el mismo interrogante.
El célebre soliloquio de Hamlet, por ejemplo, es una
serie de preguntas oportunamente aplicadas a la trama principal que nos
interpelan a nosotros mismos sobre la importancia de la muerte y lo que
significa vivir en este mundo plagado de abobios terrenales, tentaciones, tiranos
y mil ataques naturales.
En la literatura, en el cine y prácticamente en
cualquier medio de difusión, la pregunta perforante es una técnica fundamental
para desarrollar a los personajes y brindarle
profundidad a la narrativa. Se ha usado muchísimo en las parábolas de la Biblia,
en películas pochocleras (¡hasta Transformers las tiene!), en música y en
cómics.
A veces las preguntas son tan simples y poderesas
que la respuesta se vuelve intrascendente, innecesaria, retórica. Pero el solo
hecho de formular la preguntar (y conociendo una respuesta incofesable) nos
lleva a admitir la culpabilidad, a admitir que quizás no tenemos las cosas tan
claras.
Uno de mis ejemplos favoritos se da en la película “Yo, Robot” (2004), basada en la aclamada antología de Isaac Asimov. La película de ciencia ficción, para los que no
recuerden, introduce el concepto de las “Tres
leyes de la robótica” (ya
armé un post respecto a este tema) y presenta una sociedad distópica donde Will Smith (el detective Spooner)
comienza a trabajar junto a un robot (Sonny)
para desenmascar un misterio.
Este diálogo se da al principio de la cinta (la traducción
es propia):
********
Detective Spooner:
Los robots no sienten miedo. No sienten
nada. No comen, no duermen—
Sonny:
Yo sí. Hasta he tenido sueños.
Detective Spooner:
Los humanos
tienen sueños. Incluso los perros tienen sueños. Pero no vos. Sos solamente una
máquina. Una imitación de la vida. ¿Puede un robot escribir una sinfonía?
¿Puede un robot convertir un lienzo en una hermosa obra maestra?
Sonny:
...
¿Podés vos?
********
Recuerdo que uno
de mis shows preferidos, One Tree
Hill, hacía un uso intensivo de las preguntas perforantes, logrando que la
mayoría de los episodios golpearan directamente en el alma del espectador (uno
de los motivos por los cuales me encantaba).
“Matrix”
(1999) contiene otro de mis diálogos
preferidos en cuanto a este tema.
Toda la (primera) cinta de los hermanos Wachowski -ciertamente una de las películas de ciencia ficción más influyentes del mundo- es una seguidilla de cuestiones existenciales que ponen en tela de juicio lo que entendemos como "realidad", pero esto en particular ocurre cuando Neo y Morpheo están
peleando por primera vez:
********
Neo:
¡Sos demasiado veloz!
Morpheus:
¿Creés que el hecho de que yo sea más
rápido o más fuerte tiene algo que ver con mis músculos en este lugar?
[Neo
sacude la cabeza mientras respira pesadamente]
Esta es una técnica real usada en
psicoterapia, educación, debates y grupos religiosos. La filosofía de Sócrates llevada al extremo absoluto.
Y
es que si el conocimiento filosófico es el conocimiento por las causas, la
primera pregunta surge naturalmente: ¿Por qué? Y con la respuesta a esa
pregunta nace la filosofía.
Para Sócrates filosofar
es preguntar, interpelar, interrogar, más que asegurar o propocionar respuestas
concretas. Las preguntas son un medio de alcanzar nuevos conocimientos y
siempre van buscando el origen de las cosas, se acercan cada vez más a la raíz.
Uno de mis microrelatos es, de hecho, pura y exclusivamente una simple pregunta
perforante.
Y con este narración breve cerramos el post. ¡Hasta la próxima!
► “REVELACIÓN” (microrelato):
********
Un día, el Hombre Detrás
del Espejo me dijo:
"Te das cuenta que yo soy el real,
y vos nada más que un simple reflejo,
¿no?".
********
► BONUS TRACK: Les Luthiers y las
preguntas: “La gallinita dijo Euroka”. Sin desperdicio.
►Podés seguir las nuevas notas y novedades (además de humor y
críticas de cine) en mi fan—page: http://www.facebook.com/sivoriluciano. Si te gustó, ¡compartilo o
deja un comentario!
Hace poco hablaba del Deus Ex Machina y mencionaba a Matrix. Hoy lo recuerdo nuevamente pero
desde otro punto de vista: el simbólico.
Gran parte de la historia original (hablo de la primera entrega) tiene que ver
con Morpheo enseñándole a Neo la verdad sobre el mundo.
Él, al tragarse
la pastilla roja, abre los ojos por primera vez y entiende lo que realmente
somos: alimento para las máquinas, un simple paquete, un producto, una pila. Neo
se adentra en el agujero de conejo para conocer los verdaderos misterios de la
humanidad.
Me pareció una idea acorde
para el tema de este post. Cuando nuestras acciones llegan a ser habituales se
transforman en automáticas. Nuestros hábitos se refugian en un medio tan inconsciente como automático. ¿Cuántos de nosotros recordamos lo que es
estar enamorado?
► Yendo un poco más lejos, ¿cuantos podemos reconstruir lo
que se siente dar un primer paso (literal), tocar una cuchara por primera vez o
empezar a hablar?
Al examinar las leyes con las que percibimos, no es muy difícil darse
cuenta que vemos al mundo en piloto
automático, igual que lo hacía Neo
al comienzo de la película. Las leyes de nuestro discurso cotidiano, con sus
frases inacabadas y sus palabras pronunciadas a medias, se explican por este proceso de desautomatización.
Me
refiero a un proceso cuya expresión
ideal es el álgebra, donde cada objeto ha sido reemplazado por un mero
símbolo. Dicho objeto pasa justo al lado nuestro, pero como dentro de un paquete; sabemos que existe a través del lugar
que ocupa, pero no vemos más que su superficie.
Cuando la vida compleja de tanta gente se desenvuelve
inconscientemente, es como si esa vida
no hubiese existido. La automatización devora los objetos, los hábitos, las
acciones de cada día. Para dar sensación de vida, para sentir los objetos, para
percibir que “la piedra es piedra”, y
lo que se siente al sostener una cuchara por primera vez, existe eso que se llama arte.
En este punto creo que es importante aclarar: esta gran filosofía no
se me ocurrió a mí, sino al padre del formalismo ruso: don Viktor Shklovsky. En su libro, “El arte como artificio”, sienta las
bases de esta teoría que ahora les resumo.
Para Shklovsky, la
verdadera finalidad del arte es dar una sensación del objeto como visión y no
como reconocimiento, una idea que me fascinó cuando la leí. El arte, en todas
sus formas, es un medio de experimentar el devenir de ese objeto. El trabajo
que realiza el escritor se propone “brindar
una obra que presente la realidad de manera novedosa, a partir de relaciones
que no son las habituales”.
A través de este pequeño proceso de “extrañamiento”
(darle un giro a lo que conocemos como realidad) procura que el lector desautomatice su percepción de la realidad.
Así, la lengua utilizada en los textos literarios sería una lengua intensificada, que se desvía de
los usos cotidianos y referenciales, y que estaría elaborada intencionalmente para lograr cierto
efecto.
Por eso creo yo que la gente que se relaciona de alguna manera con el
arte (escribe, dibuja, sabe mucho de música o cine, baila o actúa, etc.) tiene un poder de observación mayor. Detecta cosas
que el común de la gente no, ergo: es muchísimo
más interesante.
Uno de los medios para liberar al objeto del automatismo perceptivo,
según el autor, es el aplicado por Tolstoi
en muchas de sus obras: la
singularización. Este consiste en no llamar al objeto por su nombre sino en
describirlo como si lo viera por primera vez y en tratar cada acontecimiento como si ocurriera por primera vez.
Por ejemplo, podríamos singularizar la noción de látigo como: “(…) desnudar a la gente que ha violado la
ley, hacerlos caer y azotar las nalgas desnudas”.
León Tolstói (el famoso
autor ruso de obras como “Guerra y Paz”
y “Anna Karenina”) utiliza
constantemente este método de la singularización también en “Jolstomer” donde el punto de vista
es el de un caballo y los objetos son individualizados por la percepción
otorgada por el animal, no por la nuestra.
Estoy seguro a Shklovsky
la filosofía detrás de Matrix (más
allá de ser un producto puramente comercial) le habría parecido fantástica. Él,
como Neo, no habría dudado ni un segundo en ingerir la pastilla roja y dejar
–de una vez por todas– el mundo de los
sueños.
► Si esta nota
les gustó, la próxima… ¡les va a encantar! =)
¡No se olviden de dejar un comentario antes de irse!
Supongamos esta historia: el frenético
drama de una familia, con un padre abusivo y golpeador a la cabeza y una
serie de interesantes conflictos entre los personajes tratados con suspense y realismo. La tensión va
siempre en aumento hasta que, sobre el final, el bebé resulta tener poderes y hace explotar al padre (resolviendo el
conflicto mayor de manera mágica). Esto es lo que se conoce como un final a los
“Deus Ex Machina”.
Estamos hablando de cuando la trama se resuelve a través de un
elemento, personaje o fuerza externa que nunca haya sido mencionado con
anterioridad y nada tenga que ver con los personajes ni la lógica interna de la
historia (como bien afirma esta excelente nota).
En lo cotidiano, los lectores lo llamamos “final WTF” o directamente “final de mierda”. Nos pasó con LOST, donde #SPOILERALERT# al final era
toda una batalla de Dioses (¿?) y
con tantas películas. Los autores sin demasiada imaginación lo usan para
terminar la historia de forma abrupta al no disponer de las herramientas para dar
una mejor explicación (y querer forzar
el final feliz).
La ficción es –o debería ser– un pacto
de caballeros entre autor y lector, un juego tácito donde el segundo acepta
una sucesión de códigos (pactados desde un principio) y sigue leyendo bajo esas
circunstancias (por más bizarras que sean). En ese sentido, los “Crímenes de la calle Morgue” hizo
trampa… una que nunca es bien vista (su cuarto no estaba realmente cerrado). Es
engañar al lector (o al espectador, también) de forma tonta e inverosímil. Algunos entienden el final de Caperucita Roja (leñador llegando
oportunamente a salvarla) y las convenientes
águilas de Gandalf en “El Retorno del
Rey” como recursos “Deus Ex Machina”.
Este atajo para solucionar los conflictos, que enfada y decepciona,
tiene sus raíces en la antigua Grecia.
Allí la cosa era literal: se utilizaba cuando, en el teatro, una grúa (machina) introducía una deidad (deus) proveniente desde afuera del escenario para
resolver una situación.
Para evitarlo, las técnicas literarias indican utilizar recursos como
el “planting and pay off” (qué tan
bien creo que utiliza J.K. Rowling) o el
“presagio” (foreshadowing), que es
otra manera sutil de evadir externalidades. La famosa Pistola de Chejov es otro gran instrumento que me parece fabulosa. Propone
introducir una “pistola cargada” (elemento
que será clave para el desenlace) en el primer acto, únicamente si va a ser
disparada en el final.
“En el primer acto haz
enganchado una pistola en la pared, en el segundo acto dispara con ella.
De otra manera no la
uses.” (Anton Chekhov)
Al parecer, los hebreos, usaron muchos Deus Ex Machina en su Best Seller "La Biblia", aunque ellos los llamaban milagros (la vieja excusa "… así lo quiso Dios") =)
El cine tiene su buena cantidad de finales “Deus...”. Recordemos la kriptonita verde de Superman II (¡o volar tan rápido para volver en el tiempo en la
primera!), la PowerBook 5300 de Día
de la Independencia, el agua (en “Señales”
y “La guerra de los mundos”) o la
supercomputadora de Matrix: Revolutions
(sí, se llamaba Deus Ex Machina). Ante este tipo de finales, la reacción del
público es: “¡Devuélvanme mi dinero!”
o, a veces, peor aún (“Quiero matar…
quiero matar”)
“Y entonces, cuando
todo parecía estar perdido, un...este...
¡Rayo de energía mágica
los salva a todos!
Fin.”
(Claro ejemplo del Deus
Ex Machina)
► Si la nota te gustó, déjame un comentario. ¿Qué
otros finales Deus Ex Machina se te
ocurren? ¡Saludos!