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domingo, 5 de octubre de 2025

“Correspondencia póstuma” (cuento)

 

Un sobre blanco. Un nombre. Una fecha de muerte. En “Correspondencia póstuma”, un simple gesto se convierte en una espiral de locura, culpa y redención. Un relato que explora cómo el pasado tiene a perseguirnos.


viernes, 7 de junio de 2024

Mariana Enríquez y el gótico urbano

 

Sus escritos a menudo combinan el horror con el comentario social. Estos relatos, muchos de los cuales pertenecen al subgénero del gótico urbano, ejemplifican la fragmentación que existe en Buenos Aires. En esta nota, reseña de la antología “Las cosas que perdimos en el fuego”, de Mariana Enríquez.


miércoles, 13 de octubre de 2021

Edgar Allan Poe y sus adaptaciones (ft. La caída de la Casa Usher)


Poe es una de mis autores favoritos y hace bastante que no le dedico una nota. Es de esos escritores que no han tenido tanta suerte con las adaptaciones de su ficción. Recientemente, Mike Flanagan anunció que estará llevando La caída de la Casa Usher a formato de serie para Netflix. Momento perfecto para repasar este relato.

 


viernes, 17 de enero de 2020

El faro como símbolo en la ficción


The Lighthouse es una de las películas ninguneadas por los Oscars que representó una de mis favoritas del 2019. Mientras la veía recuerdo haber pensado en lo interesantes que son los faros como símbolos dentro de la ficción. Hoy toca hablar un poquito sobre eso.



viernes, 3 de agosto de 2018

Impactar al lector: las primeras líneas de una novela


El hombre de negro huía a través del desierto, y el pistolero iba tras él”. Así inicia El pistolero, la primera parte de esa fantástica saga épica de Stephen King que es La Torre Oscura. Y aquella frase inicial es considerada una de las mejoras y más influyentes aperturas de una novela en la historia de la literatura.

Es, ciertamente, un comienzo bastante perfecto para una épica novela. Con sólo una oración nos enteramos de quién es el protagonista (El pistolero), quién el antagonista (El hombre de Negro), los objetivos de cada uno (uno persigue, otro es perseguido) y el escenario (el desierto), que funciona también como el principal obstáculo.


lunes, 26 de diciembre de 2016

Alberto Laiseca: narrador de narradores


No voy a ser hipócrita y decir que Laiseca me parecía un escritor soberbio, que se perdió a un grande de la literatura argentina y bla bla bla… (Alberto Laiseca falleció hace unos días). No lo voy a hacer porque no puedo hacerlo: nunca leí ninguna de sus obras. (Shame… shame…)

Más bien, a Laiseca me acerqué por sus narraciones. Y de ellas sí puedo afirmar que me parecían maravillosas.

El canal I-SAT fue (y sigue siendo) icónico en Argentina por presentar producciones nacionales de muchísima calidad y darle espacio a los cortos y programas independientes. Dentro de ellos, el antológico ciclo de TV Cuentos de Terror era genial. 

Hoy se pueden encontrar casi todos los episodios en Youtube (en este link, por ejemplo).

El ciclo, hoy considerado de culto, se emitió durante el año 2002 y llegó a ganar el premio Martín Fierro a la mejor producción en cable.

En cada episodio, un anciano de bigote prominente, sentado y fumando en medio de una habitacion vacía y oscura, con un ventilador juguetón que hacía diferentes juegos de sombras sobre su cabeza, te contaba historias de terror. 

Y puedo asegurar que asustaban en serio.


«Las aspas de un ventilador de techo giran lentamente, distribuyendo rachas de sombra y luz en un cuarto despojado. Sentado y mirando a la cámara, Alberto Laiseca se dedica a contar historias de terror. Echar a andar la videocassetera o abrir las páginas del libro son sólo modos diferentes de ingresar, conducidos por Alberto Laiseca, a un universo en donde lo importante es dejarse fascinar por un relato escalofriante



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Fue en esta serie televisiva donde muchos conocimos la calidad de narrador de Laiseca. Los extraordinarios relatos de Poe, H.P. Lovecraft, Horacio Quiroga, Mujica Lainez o Stephen King quedaban enaltecidos gracias a sus dotes actorales y la impronta fúnebre, tenebrosa, que le adicionaba.

Tengo una fascinación especial por la narración. De hecho, en otro blog para el que escribo (Nussocial) hablé en dos ocasiones sobre ellos.

En Narradores en acción les hice una entrevista a los chicos de Narradores al instante, un grupo de artistas que busca recuperar la tradición oral de la narración. Por otra parte, en El cuento del abuelo me referí al grupo de los Abuelos Lee Cuentos y sus actividades en Bahía Blanca.

El acto de narrar es la culminación externa de un proceso de enriquecimiento interior. El narrador estudió la obra a fondo, la leyó de todas las maneras posibles, patas para arriba, caminando, tirado en un hamaca paraguaya o sentado en su silla favorita; la ensayó, le buscó las formas, el tono adecuado. Es como una pequeña pieza dramática entre un protagonista y su púbilco. Y cualquier relato mundano puede volverse atrapante de la mano de un buen narrador.

En algún punto, pasa lo mismo con aquellos que saben contar un buen chiste. Landrisina es otro cuentista soberbio que tenemos en Argentina. El tipo no cuenta chistes especialmente graciosos, pero lo hace con una calma, con una elecuencia, que te envuelve por completo en la historia.

En el acto de narrar se ponen en juego todos los recursos expresivos: el gesto, la voz, el volumen, las onomatopeyas, la postura, los ademanes. Es increíble cómo la voz termina por desbordar a la palabra, la corre del lugar, se impone. Una buena voz te conquista, te seduce, te hace dar escalofríos en los momentos justos.

Hay un esfuerzo creador muy importante en el acto de narrar. No se trata únicamente de repetir una historia ya escrita. Dos personas pueden narrarte el mismo cuento y generar en vos emociones completamente diferentes.

Laiseca tenía todo eso como narrador, y también una presencia monstruosa. Su postura, siempre majestuosa, no hacía más que ayudar a meterte en el tono del relato. Acompañaba la voz con lo gestual, con la mirada, con cambios en el ritmo.


Alberto Laiseca falleció el 22 de diciembre de 2016 a los 75 años de edad.

Durante sus últimos días en un geriátrico era visitado por algunos de sus seguidores. Se dice que fue Horacio Quiroga el más grande exponente del género literario del terror en Argentina. Pero fue Laiseca su máximo difusor. Por eso, hace unos días el terror perdió a su mejor narrador.

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LINK al blog Nussocial (para el que también escribo): https://nussocial.wordpress.com

Mis dos notas sobre narradores en Nussocial:

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domingo, 20 de noviembre de 2016

Grandes horrores (III) – Los espejos


Tercera parte de esta entrega donde exploro algunos de los más grandes horrores que suele presentar la ficción (particularmente el cine y la literatura). Antes ya hablé del “Entierro prematuro” y de “La invasión del hogar”. 

Hoy es el turno de los espejos, objetos inherentemente  perturbadores.

Cuando estamos frente a un espejo, mirando fijamente, también hay alguien mirándonos a nosotros. Un reflejo en un espejo puede hacernos saltar de miedo y hay todo un folkclore asociado a este elemento (leyendas urbanas, cuentos de mala fortuna, poderes mágicos, etc).

Como se trata de un elemento tan sobrecargado de simbolismo, no es raro que sea uno de los más utilizados en el cine, en la literatura y en otros medios. Incluso grandes filósofos y pensadores aprovechan metáforas referidas a ellos.

«El arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma

Uno de los usos más originales de este objeto que vi fue en la película Occulus, de Mike Flanagan. Es brillante cómo esa cinta logra evitar la mayor cantidad de clichés posibles respecto a los espejos, y en su lugar brinda un argumento de terror psicológico con un componente de locura.

► Y hablando de clichés, alguien se tomó el trabajo de armar un supercut con los más reconocibles jump-scares:


Flanagan es un tipo que ya demostró que sabe hacer buen cine de terror y suspenso (Before I Wake y Hush son geniales). Si bien el género de terror es donde abundan los espejos, también hay grandes escenas de otros géneros que los han hecho importantes.

Cómo olvidar a Robert de Niro en Taxi Driver (1976) (“Are you talkin to me?”) o aquella gigante escena del humor de los hermanos Marx en Duck Soup (de 1933).


El reflejo que devuelve un espejo al personaje puede ser igualmente agradable o inquietante, mortificante o estimulante. En algunos casos son puertas a otros reinos, contienen demonios temibles o pueden directamente comunicarse con nosotros para revelarnos aquello que tanto anhelamos. Pero esta saga se llama “Grandes horrores”, así que vamos a referirnos a esos momentos en los que el espejo representa algo monstruoso.

En cine tenemos la tristísima película Mirrors, con Kiefer Sutherland. Acá resulta que hay un ente demoníaco habitando los espejos y ataca a cualquiera que lo mira directamente. Un gran clásico del terror slasher es Candyman, donde decir su nombre cinco veces frente a un espejo atrae a un asesino con un gancho en lugar de mano que te asesina de forma horrible.

Hay una novela de Robert Heinlein (a quien ya mencioné en el blog) que tengo ganas de leer (pero todavía no encontré). En ella hay unas entidades malignas que ingresan y salen de nuestro mundo a través de espejos. La premisa de la historia (The Unpleasant Profession Of Jonathan Hoag) es fantástica: un hombre no puede afirmar qué hace para ganarse la vida. Cada vez que se lo preguntan, no sabe qué responder. Por eso contrata a una pareja de investigadores privados para que lo investiguen a él.

El maestro del terror (Stephen King) le dedicó una historia a los espejos: The Reaper's Image. Por su parte, series de televisión como Escalofríos (de R.L. Stine), Doctor Who y Supernatural tienen episodios que utilizan este místico elemento.

La vida real también puede generar momentos estresantes frente a un espejo. Se conoce como “efecto Caputo”.  El investigador Giovanni Caputo realizó un experimento en el que colocó a 50 personas frente a espejos. Debían mirarse directamente a los ojos durante 10 minutos en una habitación tenue.

Varios de ellos empezaron a tener ilusiones de rostros extraños y deformes al cabo de un minuto. Sensaciones raras donde se veían desfigurados, se tornaban en monstruos lúgubres o hasta en familiares muertos. Caputo explicó que los efectos pueden ser causa de un regreso súbito a la realidad después de una disociación, de una separación de cuerpo y mente. Hay también un componente psicológico en el asunto. Lo cierto es que verse directamente a los ojos puede ser más alucinógeno que el LCD.


Por último, existe un desorden neurológico donde los afligidos no pueden reconocer su propio reflejo. Al mirarse en un espejo sienten que están siendo perseguidos por extraños que se metieron en su casa (de nuevo aparece la idea de la “invasión de hogar” del post pasado). 

La mayoría de los animales, de hecho, no puede reconocer su reflejo, y se sienten amenazados o desafiados por su imagen espejada que (por supuesto) siempre responde con el mismo impulso.

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=>> Otros GRANDES HORRORES en el blog: “La invasión del hogar”; “El entierro prematuro”.

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lunes, 22 de febrero de 2016

5 consejos de escritura de Edgar Allan Poe


De los creadores de “16 consejos de escritura de Anton Chejov” llega este post.

Edgar Allan Poe fue uno de los grandes maestros del relato, y llegó a perfeccionar muchas técnicas de escritura. Tiene cuentos que son verdaderamente perfectos y nunca se encasilló en un único género. Creó el policial del detective, el misterio de tipo cuarto cerrado, propulsó el género del terror gótico e influyó tempranamente en la ciencia ficción.

En 1846 publicó un célebre ensayo (“The Philosophy of Composition”, traducido al español como “El  método de composición”). Allí propone los aspectos formales de su método de escritura, o por lo menos los que él manifestaba aplicar. Los ejemplifica mientras describe el proceso por el cual concibió “El cuervo”, su poema más famoso (que ya reseñé en el blog).

Poe estaba en contra de la creación “espontánea” y de la improvisación. En el ensayo se muestra convencido de que uno debe planificar de antemano sus escritos y pensar el texto de forma lógica, matemática, casi como una máquina. (En ese sentido, se adelanto muchísimos años al estudio del Formalismo Ruso).

Es muy probable que Poe realmente estuviera “vendiendo humo” con su ensayo, o que –como algunos críticos opinan– haya sido un esbozo de ironía o una absoluta parodia. La cuestión es que a partir de la lectura se pueden obtener un par de consejos interesantes para asistir en el proceso de escritura de relatos. Veamos:

#1 – Determinar el espacio.

Poe propone cuentos más bien minimalistas, donde el espacio sea delimitado. Se interesa por la posibilidad de poder mantener control absoluto sobre el mismo. Al respecto dice: “ (…) siempre he creído que un espacio circunscrito o reducido es totalmente necesario para potenciar el efecto de un hecho aislado, como si fuera capaz de insuflar la misma fuerza que le da un marco a un cuadro.”


#2 – Conocer el final de antemano.

Para el autor es fundamental saber exactamente hacia dónde queremos llegar antes de sentarnos a escribir, tener el final en mente mientras se avanza con la narración. De hecho, Poe insiste muchísimo en esta regla que la consideraba fundamental (y que choca, inevitablemente, con la idea de la espontaneidad al escribir).

En palabras (traducidas) suyas: “No hay duda de que cualquier argumento que sea digno de ser considerado como tal debe estar completamente repensado, desde su comienzo hasta su desenlace, antes incluso de intentar empezar a escribir.” 

#3 – Keep it short (me gusta más cómo suena en inglés).

Un trabajo literario, según sus teorías, tiene que poder leerse de una sentada, como para no perder la impresión de unidad. Si hay que parar de leer, se pierde el hechizo y “el mundo real comienza a interferir con el relato”. Así que: mantenelo cortito y al pie.

#4 – Decidir el efecto a producir.

Edgar Allan Poe siempre mantenía que un cuento debería tener una emoción principal: ira, miedo, confusión, melancolía, lo que fuera. Como escritores debemos planificar qué impresión queremos trasnmitir, manipular las emociones. 

Y todo esto hay que trabajarlo desde la primera oración.

Por eso comenta: “Lo siguiente que pensé fue en la elección de la emoción o del efecto que deseaba transmitir. Llegado este punto, tal vez deba advertir que mientras componía el poema siempre mantuve la determinación de conseguir escribir una obra que fuera apreciada universalmente.”

Y agrega: “era preciso elegir una palabra que (…) estuviese en el acuerdo más armonioso posible con la melancolía que yo había adoptado como tono general del poema”.

#5 – Determinar el tema del texto

Recapitulando: un cuento debe tener una única emoción predonimante, un espacio limitado, un final claro (y planificado) y una corta longitud. El último consejo habla del tema general de un relato.

Poe intentaba ir desde lo general a lo más concreto. Su poema “El cuervo” habla de “los efectos de la muerte de una mujer”, y a partir de ese tema, de esa idea o premisa, se construye una historia particular, específica.


Ahí los tienen: cinco consejos de escritura que brinda Edgar Allan Poe a partir de su breve ensayo “El método de la composición”. ¿Están de acuerdo con ellos?

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martes, 12 de enero de 2016

¿Quién fue (verdaderamente) el primer detective de la Literatura?


Uno de los tópicos más fascinantes de la literatura es el origen del género policial, sin duda uno de los más modernos. No suele existir gran discrepancia a la hora de afirmar que fue Edgar Allan Poe quien creó el policial como género literario e intelectual. Todos los artículos especializados y profesores de Letras lo han distinguido por “Los Asesinatos de la Calle Morgue” y su detective, Auguste Dupin.

De él, y de Poe, y del género policial, ya he hablado antes en el blog, por ejemplo acá y acá, y también por acá.

Pero hay un debate respecto a los verdaderos orígenes del género, sus rastros genéticos. Walter Benjamin, Foucalt, Borges, Todorov y muchos otros investigadores se han introducido en el agujero de conejo para intentar responder a preguntas tales como: ¿quién fue el primer detective? y ¿dónde se hallan los primeros textos que dan cuenta del procedimiento policial?

Y lo loco es que algunos no están tan convencidos de que Dupin (un intertexto de lo que después serían Holmes, Hércules Poirot, el padre Brown de Chesterton, Philipp Marlowe de Raymond Chandler) haya sido el primero en resolver un extraño asesinato a través del uso del razonamiento. 

Todos nacen como personajes de aquel detective, Auguste Dupin, pero Edgar Allan Poe también se había interesado en una novela de Dickens, “Barnaby Rudge” (1841), que contiene elementos policiales y un crimen misterioso.


Al parecer Poe descubrió el enigma antes de llegar al final de Barnaby Rudge y, luego de reflexionar sobre cómo pensar analíticamente un enigma de estas características, se inspiró para escribir “Los crimenes de la calle Morgue”. Le dio las pinceladas a su personaje –un hombre cultivado, elegante, conocedor, que estudia el crimen con amor, a veces con morbosidad, como si fuera una delicada pieza de colección– y el resto es historia.

Decía Borges, en aquella genial conferencia que da sobre la literatura policiaca:

«Poe no quería que el género policial fuera un género realista, quería que fuera un género intelectual, un género fantástico, si ustedes quieren, pero un género fantástico de la inteligencia, no de la imaginación solamente; de ambas cosas, desde luego, pero sobre todo de la inteligencia»

Pero lo loco de todo esto es darnos cuenta de que la literatura ha brindado detectives antes, pequeños orígenes. Yendo un poco para atrás, algunos encuentran en Edipo Rey (de Sofocles) el primer gran detective.

Repasemos los hechos allá por el siglo V a.C. 

La tragedia de Edipo se dispara cuando él, el rey, apenado por su pueblo que está padeciendo, comienza la investigación. Al parecer, el antiguo rey de Tebas sufrió un asesinato en una emboscada y eso hizo enojar a los Dioses. Edipo decide descubrir la verdad detrás de aquel hecho.

Obtiene datos, pregunta, averigua, en fin, hace actividades bien detectivescas. Paralelamente intenta encontrar el nombre de sus verdaderos padres. Cuando finalmente resuelve ambos enigmas, la cruel verdad sale a la luz. Los enigmas se funden en uno solo, encajan a la perfección, y la anagnórisis, el reconocimiento, se produce. 

Edipo, atando cabos, resultó ser tan buen investigador que terminó encontrándose como el verdadero autor del delito.

Muchos antes también, mucho antes que Sófocles, la Biblia presentaba dos casos de misterio tipo “cuarto cerrado” (aquel que también popularizaría Poe) y que se ajustan a los mecanismos de la novela policiaca.  Se trata de dos enigmas desenredados por un tal Daniel.


Daniel se presenta en la Biblia como un intérprete de sueños. Uno de los casos que resuelve es la historia de la divinidad de Bel. Descubrió que un grupo de hombres estaba robando la comida que se le ofrecía como ofrenda; se introducían en el templo sellado por una puerta secreta bajo el dios Bel. Daniel le hizo notar al rey las cenizas y las huellas que habían dejado los comensales: hombres, mujeres y niños. El rey, irritado, mandó a quemar a los sacerdotes con sus mujeres e hijos. Básicamente el desenlace de cualquier historia del Antiguo Testamento.

El otro caso de Daniel, seguramente más conocido, es el de Susana

Dos ancianos jueces intentan abusar de ella. Le dicen: “mirá, o te entregas a nosotros o vamos a decir que te sorprendimos con un flaco entre los árboles”. Ella, sin saber qué hacer, elige la segunda opción (que implica morir libre de pecado ante Dios). Justo antes de que el pueblo se disponga a otorgarle la pena de muerte, Daniel salta al rescate. Interroga por separado a los ancianos y les hace la misma pregunta: ¿sobre qué arbol habían visto a ella con el pibe? Ambos, sin saberlo, se contradicen, y Susana queda libre de cargos. Con esto Daniel se hace famoso en su pueblo. Ah, y a los ancianos los linchan. Básicamente el desenlace de cualquier historia del Antiguo Testamento.

Ambos casos, si bien simples, corresponden a un enigma de habitación cerrada, donde el misterio se oculta entre cuatro paredes, o en un jardín solitario y sin testigos. En ambos casos, Daniel construye una estrategia, anticipándose a los hechos, para despues destapar a los culpables.

Así que, quién lo habría dicho, en una de esas fue Dios el creador del primer personaje detective.

Y quizás luego, como un ente colectivo, otros autores se fueron animando a darle forma. El Hamlet de Shakespeare, por ejemplo, tenía el trabajo de desenmascarar al asesino de su padre. Encontramos también rasgos de lo policial en Las Mil y Una Noches (en la historia de Aladino, entre otras) y en muchas tragedias griegas. También en los primeros textos españoles y en la literatura francesa de Balzac y Stendhal.

► Después de tanta perolata, de tantas fuentes varias, llegó Poe, inspirado por Dickens y probablemente por el primer detective real de la historia: Francois Eugene Vidocq (jefe del Departamento de Investigación Criminal de París ). Llegó y con su excelencia narrativa, con sus descripciones acertadas, con su mente brillante, le dio la forma definitiva y final.

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martes, 5 de enero de 2016

El “narrador testigo” en la narrativa


En la secundaria nos enseñan que hay, básicamente, dos tipos de narradores: en primera y en tercera persona. Eso, claro, sin contar textos como los de “Elige tu propia aventura” que están narrados en segunda persona (casos muy atípicos, por cierto).

Esa visión de dos tipos de narradores es bastante limitada, y la realidad es que hay muchos “subtipos” que hacen del tema algo un poco más complejo. Uno de los más interesantes que ha sabido brindar la literatura es el “Narrador testigo” (o “Narrador periférico”).

Este tipo de narrador puede presentarse tanto en primera persona como en tercera. Lo importante es que él no es el protagonista, sino que vio los eventos que desarrolla la historia desde afuera, desde un punto de vista concreto porque lo presenció de primera mano, pero sin afectar de manera contundente en lo sucedido.

En la célebre novela de Umberto EcoEl nombre de la rosa”, Adso (el narrador) es el asistente del detective medieval William de Baskerville, y provee la exposición de la historia dejando constancia de lo acontecido. Uno de los ejemplos más conocidos del narrador testigo.

No es tan sorprendente remarcar que Adso y William de Baskerville estuvieron inspirados en los inmortales personajes de Arthur Conan Doyle. En efecto, es el Dr. Watson quien brinda el ejemplo más clásico de “narrador testigo” que alguna vez conoció la literatura. Sherlock Holmes es quien resuelve los casos, pero es Watson el encargado de describir lo que ve, hacer fluir la trama y documentar los descubrimientos y razonamientos del detective.


Uno de los grandes objetivos del narrador testigo es preguntarle al verdadero protagonista aquellas preguntas que el espectador o lector quiere (o necesita) saber. 

Algo así sucede en la película Ex Machina (una de las mejores del pasado 2015) donde Caleb frecuentemente hace las mismas preguntas que la audiciencia quiere conocer, de manera que Nathan pueda proveer una exposición.

Autores como Franz Kafka han incursionado en la elaboración de historias con narradores téstigos. En “Un Fraticidio”, por ejemplo, expone un violento asesinato desde la mirada de un vecino.

Hay un par de reglas, muchas veces tácitas, que tienen que darse para que el narrador pueda considerase como “testigo”. Entre ellas, la esencial es que el narrador testigo nunca es el protagonista directo de los hechos relatados e intenta ser lo más objetivo posible. Un relato mío que pronto voy a subir al blog (“Homicisium”, ganador del 2° Premio en Certamen Nacional "Roberto Arlt 2015") es un modelo de esto.

Otra pauta: su visión limitada. No es omnisciente, está restringido por sus percepciones. Tampoco conoce lo que siente o piensan el resto de los personajes (aunque puede inferirlo). Se confina a describir lo que vio y, en todo caso, sugiere lo que cree que pasa  (siempre desde su perspectiva).


La literatura clásica ha brindado grandes novelas con narradores testigos, como “El Quijote” (de Miguel de Cervantes) y “Mujercitas” (de Louisa May Alcott). Allí el narrador es más bien un informante que transcribe los hechos acontecidos.

Edgar Allan Poe tiene un buen número de relatos escritos con este tipo de narración. Las historias del detective Auguste Dupin, por ejemplo, son transmitidas a través de un testigo anónimo.


Por último, el animé presenta casos interesantes (y extremos) de esta manera de contar una historia. El Director´s cut de “Deathnote” no sólo revela el verdadero final de la historia de Light Yagami sino que además sucede desde el punto de vista del shinigami Ryuk. Este interesantísimo personaje, a lo largo de la serie, usualmente actúa como “El Watson” frente a los planes de Light.

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lunes, 2 de noviembre de 2015

Grandes horrores (I) – El entierro prematuro


No soy fan del cine de terror, pero es uno de los géneros más importantes en Cine, Televisión, Literatura y otros medios y ocupa un espacio importante en la cultura pop.

Si hay un horror que entra en la categoria de “Grandes horrores”, es indudablemente el miedo a ser enterrado vivo. Por lo menos en la cultura occidental del siglo XIX resultó ser algo por lo que temer. Se conocieron numerosos casos reales en los cuales los doctores habían errado en la declaración de muerte.

De hecho, los ataúdes a menudo se equipaban con artilugios complejos que permitieran al necesitado pedir ayuda en tan comprometidas circunstancias. Edgar Allan Poe se aprovechó de esta preocupación para concebir uno de sus relatos más interesantes: “El entierro prematuro” (“The Premature Burial”, 1844).

Poe ya lo había hecho antes. Él siempre leía los diarios para inspirarse en sus historias, como lo hizo con el misterio de Marie Roget (que generó tanta controversia en su momento). En El entierro prematuro un narrador anonimo describe con crudeza un trastorno médico que lo aqueja (catalepsia). Debido a ello, tiene un pánico mortal a ser enterrado vivo y lo considera “la mayor de las posibles desgracias”.

En el texto es llamativo cómo se entremezcla realidad con ficción en un formato de cuento / artículo de divulgación, ya que el narrador comenta varios casos probados (de los cuales algunos de ellos sucedieron en verdad).


Imagínense: ¡la preocupación y el espanto eran tan inmensos que hasta se fundó la Society for the Prevention of People Being Buried Alive en la Inglaterra del siglo pasado! El éxito de la novela Drácula (de Bram Stoker) también tuvo un poco que ver: la gente comenzó a creer en la existencia real de vampiros, cadáveres animados que se levantaban de su tumba por la noche.

La diferencia del texto de Poe sobre ser enterrado vivo contra otros de sus relatos de terror es que, contrariamente a su estilo, el narrador termina curándose de su enfermedad.

Cortázar alabó esta macabra historia y el biógrafo clásico de Poe (Hervey Allen) consideró que se trataba de “una de las más genuinamente mórbidas historias que Poe escribió, la cual parece tener origen en el sentimiento de catástrofe inevitable que durante largo tiempo había ido pareja a su melancolía, o quizá en algún ensueño agobiante debido a su afección cardíaca”.

Como sea, Poe fue un fanático de este tema, y varios de sus cuentos muestran alteraciones de un entierro prematuro:  El barril de amontillado (1850), Berenice (1835), una historia absolutamente sádica, y La caída de la casa Usher (1839), entre otros.

Pueden leer “El entierro prematuro” (Edgar Allan Poe, 1844) en este link

Alfred Nobel tenía tanto miedo de ser enterrado vivo que dejó instrucciones claras y específicas para que el doctor que anunciara su muerte le cortara las arterias del cuello, sólo por seguridad.

En 1968, una joven Barbara Jane Mackle fue secuestrada, drogada, metida en un ataúd y enterrada viva. Sus captores pidieron medio millón de dólares. 3 días más tarde fue hallada debilitada pero viva. Escribió un libro sobre la experiencia (83 Hours 'Til Dawn).

En la cultura pop este temática aparece de forma frecuente.

El último episodio de Fargo (tercero de la 2da temporada) terminó con un ejemplo de entierro prematuro, una de las formas más malignas que el villano puede utilizar contra nuestro incapacitado héroe. ¿Le dispara un certero tiro en la capocha? ¿Le corta el cuello? ¿Lo decapita o lo mete en un trampa mortal con rayos láser? No, nada de eso. LO ENTIERRA VIVO. Esto hace que no exista arma asesina y que no tenga que preocuparse por deshacerse del cuerpo (de hecho: acaba de hacerlo).

Budd se lo hace a la Novia en una de las escenas más fuertes de Kill Bill: Volumen 2. Ella escapa, pero con mucha dificultad. Lo más perturbador es que el entierro se muestra desde el punto de vista de Uma Thurman, lo que implica varios minutos de respiración pesada, sonidos de tierra que cae y oscuridad total.

Varias películas de El juego del miedo finalizan con una variación del tema (personas vivas encerradas en cuartos en los que probablemente morirán). También es el argumento de “Enterrado”, con Ryan Reinolds. Él es un contratista civil en Iraq y tiene la desfortuna de ser sepultado por un grupo de terroristas. Toda la película sucede adentro del ataúd y muestra los repetitvos intentos del protagonista por contactarse con el exterior y escapar (spoiler alert: no lo hace).


Ryan Reinolds, algo así como el Sebastián Estevanez de Hollywood...

En realidad el tema es más antiguo que el feudalismo. La heroína de Antígona (de Sofocles), por ejemplo, es sentenciada a este tipo de muerte.

Muchos años más tarde, Alias (la serie de J.J. Abrams) terminaba también de esta forma. En el episodio final, Sloane ha finalmente alcanzado la inmortalidad gracias a los artefactos de Rambaldi, pero queda atrapado en una cueva luego de que uno de los buenos lo aprisiona. No va a morir, pero seguramente vivirá un eterno aburrimiento.

Los Cazadores de Mitos intentaron investigar si es posible sobrivir bajo esas terribles condiciones y comprobaron que (probablemente) no. Demostraron que no es posible golpear el ataúd hasta romperlo con las manos (como hace la Novia en Kill Bill). Y por más que uno lo lograra, no podría escarbar a través de seis metros de tierra y en menos de media hora (antes de que se quede sin aire). Básicamente, serían aplastado por el peso de la tierra y se sofocaría. Horrible.

Harry Houdini, por su parte, intentó realizar este proeza y con resultados catastróficos. No lo logró, quedó inconsciente y fue necesario sacarlo de emergencia.

También son enterrados vivos: un personaje en el final de temporada de The Following (Debra Parker, la novia de Kevin Bacon en la serie), Lisbeth Salander en “La niña que jugaba con fuego”, el “rey” de Qarth en Game of Thrones (él queda contenido en una bóveda en la que seguramente morirá, una suerte de “muerte kármica” viendo todas las que se había mandado) y casi le sucede a Blancanieves. La Reina Maléfica creyó que una vez que Blancanieves estuviera aparentemente muerta, los enanos la enterrarían. Afortunadamente, no tuvieron el corazón para hacerlo.

En la vida real muchos en latinoamerica seguramente recordemos a los 33 mineros chilenos que quedaron atrapados durante 69 días en el 2010. Su rescate fue visto en directo por el mundo entero.  Y cómo olvidar el ataque a las torres gemelas en el 2001. Varios rescatistas quedaron atrapados por días entre los escombros de las torres caídas. Oliver Stone hizo la película World Trade Center  (2006) basándose en esta historia.

Por último no quiero dejar de mencionar mi cuento “Implacablemente suyo”, que pueden leer en el blog y tuvo la fortuna de llevarse un importante premio literario. Allí vemos también una innovación de esta idea, y con resultados escalofriantes. ¡Pasen y vean!

Acá pueden leer “Implacablemente Suyo”, cuento de mi autoría que ganó el 2° premio en el 1er Certamen Literario “Dr. Juan Atilio Bramuglia”.

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