viernes, 23 de agosto de 2019

“La mano izquierda de la oscuridad”, de Ursula Le Guin


A lo largo de este año me estuve reencontrando con una lectura de la Secundaria, un libro que me encantó en su momento y nos lo había hecho leer mi profesora de Lengua y Literatura. La mano izquierda de la oscuridad nos coloca dentro de Gethen, un planeta a mitad de la Era Glaciar. Allí, un enviado humano tiene la difícil tarea de convencer a la población de unirse al Ekumen, una especie de Naciones Unidas intergaláctico.




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La ciencia ficción social de Le Guin

La obra de Ursula K. Le Guin (si nos referimos a ciencia ficción, porque también abordó otros géneros) es considerada soft sci-fi, o también ciencia ficción social. El término no se relaciona con la falta de rigor científico sino con su humanismo como tema central.

La escritora no está interesada en explorar cómo funcionan las naves capaces de viajar a otros planetas (como sí hace Mundo Anillo, por ejemplo). 

Lo que le interesa es detallar las implicancias antropológicas, filosóficas y político-sociales que representa para la humanidad la posibilidad de viajar interestelarmente, chocándose con los ecosistemas, razas y sistemas sociales más diversos.


Úrsula te dice "qué regio chico" mientras te prepara el tecito, juega al 10.000 con los dados y escribe una novela...

Esta seminal novela de 1969 es considerada una de las más grandes obras de ciencia ficción de la historia. En realidad forma parte de una serie de novelas compiladas bajo “El ciclo de Hain”, aunque la misma autora aclaró que las conexiones entre ellas son muy ligeras (por lo que pueden leerse de forma independiente).

Funcionarían de manera similar al Universo Literario de Stephen King, donde podemos encontrar detalles y conexiones entre novelas que no necesariamente impactan en el argumento principal.

Lo que suele unificar a este “Ciclo de Hain” –del cual La mano izquierda de la oscuridad sería la cuarta entrega– es la existencia del Ekumen, una federación galáctica de planetas habitados por seres humanos para poder intercambiar bienes y conocimiento, logrando un desarrollo estable a gran escala.


Otras novelas de "Ciclo de Hain" (Ursula K Le Guin)

Según esta mitología, los seres humanos proceden de una raza primigenia llamada “Hain” (de ahí el nombre del ciclo). Esta raza fue realizando cambios genéticos en los distintos mundos que permitió a los humanos adaptarse a las condiciones reinantes. Esto también creó diferencias notables entre los humanos y los extraterrestres.

El andrógino mundo de Gethen

Los gethenianos no son vikingos masculinos y fortachones como podríamos suponer inicialmente de un planeta que es un invierno helado y constante. De hecho, son todo lo contrario: frágiles, débiles y… andróginos. Su sexo es indefinido (no son ni hombres ni mujeres) pero tienen la capacidad de ser cualquiera de los dos dependiendo del ciclo lunar.

Cuando La mano izquierda de la oscuridad llegó en 1969, hizo mucho ruido tanto dentro como fuera de la comunidad literaria. Ganó los premios Hugo y Nébula, que es el equivalente de ganar un Oscar y un Globo de Oro, pero en el ámbito de la ciencia ficción.

De hecho, Le Guin fue la segundo autora (y la primera mujer), en lograr esta hazaña doble, luego de que lo habría logrado Frank Herbert con Dune. La tendencia continuaría, años más tarde, con Neuromancer de William Gibson, El Juego de Ender de Orson Scott Card, y American Gods de Gaiman.


Más allá de los premios y los montones de elogios, la novela también fue un hito para la ciencia ficción y las obras feministas en general.

Antes de La mano izquierda de la oscuridad, el sci-fi literario era un club de niños que excluía al sexo femenino. Las mujeres que escribían ciencia ficción no eran tenidas en cuenta o se las consideraba “literatura infantil”. Le Guin ayudó a romper con este preconcepto, justo en una época en la que el movimiento feminista estaba ganando fuerza.

Claro que por cada obra importante siempre hay polémica. Algunos críticos argumentaron que la ambigüedad sexual de los gethenianos no era para nada sexualmente ambigua. Continuaban siendo hombres que, ocasionalmente, tomaban rasgos físicos femeninos.

La autora incluso llama a la raza con el pronombre de “él” o “ellos”. Por eso mismo, eventualmente tuvo que admitir que los críticos tenían razón. Admitió que no hizo un gran trabajo al tratar temas de género. Pero solo el hecho de haberlo intentando es lo que vale.

La sexualidad en “La mano izquierda de la oscuridad”

¿Cómo funciona el sexo de esta raza? Básicamente: los habitantes del planeta son humanos bisexuales. Durante aproximadamente tres semanas del mes son biológicamente neutros y en la semana restante, cuando entran en kémmer, son machos o hembras, hecho determinado por la influencia feromonal de su compañero sexual.

Lo loco es que nadie sabe qué sexo le tocará, aunque hay maneras de inducir el sexo mediante el uso de drogas. Así, pueden ocurrir cosas como que “el rey esté embarazado”. Un individuo puede tanto ser el padre como dar a luz hijos.


La autora exploró esta idea por un deseo de analizar qué es lo fundamental que queda de la naturaleza humana cuando el sexo biológico deja de ser una constante predeterminada.

En este sentido, el capítulo 7 es uno de los más fascinantes porque trabaja la cuestión del sexo y cómo funciona en aquel gélido mundo. El hecho de que cualquiera, entre los diecisiete y los treinta y cinco años aproximadamente, pueda sentirse “atado a la crianza de los niños”, implica que nadie está tan “atado” ahí como pueden estarlo, psicológica o físicamente, las mujeres de nuestro mundo terrestre.

Las cargas y los privilegios son compartidos con bastante equidad: todos corren los mismos riesgos o tienen que afrontar las mismas decisiones. Por lo tanto, reflexiona el enviado Genly Ai en el libro, “nadie es tan libre como un hombre libre de cualquier otra parte”.

Hay otras cuestiones sociales derivadas que son todavía más cautivantes. Por ejemplo, no hay imposición sexual ni violaciones. Como en la mayoría de los mamíferos no humanos, el coito implica una invitación y un consentimiento mutuos; de otro modo no es posible. “La seducción es por supuesto posible, pero sólo con un extraordinario sentido de la oportunidad”, dice el enviado.

Al no existir sexos, en Gethen tampoco hay división de la humanidad en dos partes: fuerte/débil; protector/protegido; dominante/sumiso; sujeto de propiedad/objeto de propiedad; activo/pasivo. Toda esa tendencia al dualismo que empapa el pensamiento humano se encuentra aminorada.


Más adelante en la historia, el protagonista va a descubrir que esto no es tan así. De hecho, la dualidad es uno de los grandes temas de la novela y algo que se pone en juego incluso desde el mismo título. Pero más sobre eso más adelante.

Por último, en ese planeta no existen las guerras ni los asesinatos en masa. Escribe Ai en su diario:
«Otra hipótesis sobre el objeto del posible experimento: la eliminación de la guerra. ¿Creían los antiguos hainis que la capacidad sexual continua y la opresión social organizada, atributos que no se encuentran en otros mamíferos que el hombre, son causa y efecto? (…) ¿Consideraban que la guerra es una actividad de desplazamiento puramente masculina, una vasta violación, y decidieron así eliminar la masculinidad que viola y la femineidad que es violada? Dios lo sabe. El hecho es que los guedenianos, aunque extremadamente competitivos (como lo prueban los elaborados medios sociales que invitan a luchas de prestigio, etc.) no parecen ser muy agresivos; por lo menos y hasta ahora, no han tenido nunca algo que pudiera llamarse una guerra. Se matan a veces, y rápidamente, de a uno o de a dos; rara vez de a diez o veinte; nunca de a cien o mil. ¿Por qué?»

Extraño en tierra extraña

A lo largo de la historia, el enviado tiene que aprender a comunicarse e interactuar con el mundo de Gethen, apropiadamente también llamado “Invierno”. Gran parte de la trama se relaciona con él disponiendo al pueblo a adaptar e integrar las diferencias para esa nuevo y creciente visión del universo.

Aunque no lo parezca, los riesgos son altos. Si no logra, fracasará en su misión y nadie, ni los gethenianos, ni los ekumen ni él mismo se beneficiarán. Claro que la lección acá es que, debajo de la androginia, todos somos iguales.

La novela es relativamente corta y cuenta con 20 capítulos que van cambiando la voz del narrador. Por momentos será el enviado humano, pero otras veces será Derem Estraven, gran personaje y primer ministro en la capital del país Karhide. Genly Ai desconfía de Estraven, ser manipulador que dice avalar la propuesta de unirse al Ekumen.


El conflicto real se dispara cuando el enviado ya lleva dos años en Invierno. Estraven le consigue una cita con el rey Argaven. Pero la entrevista sólo demuestra que el rey está loco y siendo manipulado por otras fuerzas políticas.

Estraven es acusado de traición y exiliado; mientras tanto, Ai prueba suerte en Orgoreyn, el otro país grande, a donde casualmente Estraven ha huido. Pronto ambos caminos se cruzarán de formas impredecibles.

La narrativa principal se intercala con una serie de episodios autónomos que profundizan sobre los mitos y leyendas del planeta. Funcionan de manera similar a la segunda mitad del libro de Rayuela, agregándole a la historia información complementaria. Estos episodios a veces presagian eventos próximos o proporcionan paralelos con otros personajes.

Por ejemplo, el capítulo 2 cuenta la historia de dos hermanos, Hode y Getheren, que se enamoran durante el kémmer (la fase sexualmente activa). El relato brinda un primer acercamiento a la sexualidad de este mundo y ayuda a entender el porqué del título.

En el capítulo 4, una vez más, nos encontramos leyendo una historia dentro de una historia. Esta vez para obtener información sobre los adivinadores, personajes que luego el protagonista conocerá durante su viaje.
«—Lo desconocido —dijo la tranquila voz de Faxe en el bosque—, lo imprevisto, lo indemostrable… el fundamento de la vida. La ignorancia es el campo del pensamiento. Lo indemostrable es el campo de la acción. Si se demostrara que no hay Dios no habría religiones. Ni handdara, ni yomesh, ni dioses tutelares, nada. Pero si se demostrara que hay Dios tampoco habría religiones… Dígame, Genry, ¿qué se sabe? ¿Qué hay de cierto en este mundo, predecible, inevitable, lo único cierto que se sabe del futuro de usted, y del mío?
—Que moriremos.—Sí. Sólo una pregunta tiene respuesta, Genry, y ya conocemos la respuesta… La vida es posible sólo a causa de esa permanente e intolerable incertidumbre: no conocer lo que vendrá.»

Los capítulos 9, 12 y 17 también son opcionales, aunque recomiendo su lectura para conocer más sobre el fascinante mundo creado por Ursula Le Guin.

¿Qué significa el título?

Esta última sección de la nota técnicamente califica como un spoiler, aunque no modifica la experiencia del libro. El porqué del título elegido para la novela nunca se menciona explícitamente, si bien el capítulo 16 brinda una pista fundamental.


Existe un poema en Gethen que se repite como un mantra:
La luz es la mano izquierda de la oscuridad,y la oscuridad es la mano derecha de la luz.Las dos son una, vida y muerte,juntas como amantes en kémmer,como manos unidas,como el término y el camino.

Ya mencioné previamente que, además de temáticas de sexualidad, religión, política y comunicación, uno de los grandes leitmotivs es la dualidad inherente en el ser humano. Sobre el final de la obra, se da este diálogo entre Ai y Estraven:
«—Los guedenianos son criaturas solitarias, y a la vez, nada las divide. Quizá tienen la obsesión de la totalidad, como nosotros la obsesión del dualismo.—Nosotros también somos dualistas. La dualidad es inevitable, ¿no? Mientras haya un «mi mismo», y un «otro».—Yo y tú —dijo Ai—. Al fin y al cabo hay ahí más distancia que entre los distintos sexos…—Dime, ¿en qué difiere de tu sexo el otro sexo de tu raza?—Nunca lo pensé —dijo Ai al fin—. Nunca viste a una mujer. —Recurrió a la palabra terrestre, que yo conocía.—Vi fotografías. Parecían guedenianos embarazados, pero con pechos más grandes. ¿Difieren mucho de tu sexo en actitudes mentales? ¿Son como especies diferentes?—No. Sí. No, por supuesto que no, no realmente. Pero las diferencias son importantes. Supongo que lo más importante, el factor de mayores consecuencias para la vida de cada uno, es nacer hombre o mujer. En la mayoría de las sociedades eso determina las expectativas, actividades, actitudes, normas, costumbres… casi todo. El vocabulario. Variantes semióticas. Ropa. Aun la comida. Las mujeres tienden a comer menos. Es difícil separar las diferencias innatas de las adquiridas. Aun donde las mujeres participan de la vida de la sociedad en un nivel de igualdad con los hombres, son ellas siempre quienes llevan el peso del embarazo, y tienen a su cargo casi todo el trabajo de la crianza.—¿Entonces la igualdad no es la norma común? ¿Son mentalmente inferiores?—No sé. No parece haber a menudo entre ellas genios matemáticos, o compositores de música, o inventores, o filósofos. Pero no porque sean estúpidas. Físicamente tienen menos fuerza que los hombres, pero viven un poco más. Psicológicamente…—Har —explicó—, no puedo decirte cómo son las mujeres. No lo pensé mucho antes, cómo son en general, ya entiendes. Y, Dios, ahora casi ya no me acuerdo. Llevo aquí dos años… No sabes. En cierto sentido las mujeres son para mi más extrañas que tú. Contigo comparto un sexo al menos…»

Este diálogo (que lo recorté porque es bastante más largo) es súper importante temáticamente por varias razones. Estraven y Ai hablan de singularidad, dualismo e integridad. Ai intenta explicar la diferencia entre hombres y mujeres humanos. Pero no puede hacerlo más allá de una lección de anatomía muy básica.

Tal vez no pueda explicar la diferencia porque las mujeres son un grupo demasiado numeroso de personas increíblemente diversas. Igual que los hombres.

Volviendo al poema, nos habla de la unidad: luz y la oscuridad unidas como dos manos. La unidad de los opuestos es una clave en el libro. Los gethenianos son tanto hombres como mujeres. Se necesitan luces y sombras para cruzar el hielo de manera segura. Y la misión de Ai para el Ekumen unirá a Orgoreyn y Karhide –dos países históricamente enfrentados– si tiene éxito.

Palabras finales

Leí La mano izquierda de la oscuridad por primera vez a mis quince años y lo disfruté muchísimo. Bancaba mucho a esa profesora de literatura que nos “obligaba” a leer cosas que se escapaban de la currícula tradicional.

Quince años después, volví a leer la novela, esta vez bajo mi propio interés. Y no me arrepiento en lo absoluto. Mi nueva y actualizada “madurez mental” (si se quiere) me permitió comprender algunas cuestiones adicionales que se pueden pasar por alto en una primera lectura de alguien tan joven e ingenuo.

Sin embargo, no es una novela difícil de leer. Calculo que cualquier chico de 13 años en adelante ya está en condiciones de tomarla. Le Guin es una escritora fluida y vívida. La prosa nunca se siente difícil, aburrida o pesada. En este sentido, el argumento es súper claro y directo.


Lo que sí te pasa es que a veces terminás de leer un capítulo y pensás: “¿Qué catzo tiene esto que ver con algo?”. Ocurre desde el inicio. Ya el capítulo 2 cuenta una fábula que para nada continúa la historia del episodio anterior. Al final queda más claro cómo ese episodio extiende la novela temáticamente y cómo el relato es paralelo a la historia de Ai y Estraven.

El tema es que implica que el lector sea activo y pueda identificar conexiones, relacionando algunas piezas por sí mismo. La mano izquierda de la oscuridad es súper simbólica y tiene elementos que sólo cobran sentido cuando terminamos de leerla.

Yo recomiendo ampliamente su lectura. Como el viaje de 81 días de Ai y Estraven por el Hielo (ups… mini spoiler), leer esta novela puede ser una subida difícil en algunos lugares, pero la vista desde la cima hace que todo valga la pena.

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 Bonus Track: Ursula Le Guin falleció a principios de 2018 a sus 88 años. En 1969 escribió esta frase que sigue siendo una de las grandes verdades de hoy.
«¿Si odio a Orgoreyn? No, ¿por qué he de odiarlo? ¿Cómo odia uno a un país, o lo ama? (...) Conozco gente, conozco ciudades, granjas, montañas y ríos y piedras, conozco cómo se pone el sol en otoño del lado de un cierto campo arado en las colinas; pero ¿qué sentido tiene encerrar todo en una frontera, darle un nombre y dejar de amarlo donde el nombre cambia? ¿Qué es el amor al propio país? ¿El odio a lo que no es el propio país? Nada bueno. Mientras tenga amor a la vida amaré también las colinas del dominio de Estre, pero este amor no tiene fronteras de odio  

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