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jueves, 27 de agosto de 2026

“The Invite” (2026) vs “Sentimental” (2020)


Desde que vi The Invite en cines, no puedo dejar de pensar en ella. Y lo curioso es que, después de ver Sentimental, la obra española que adapta, me gusta todavía más.



miércoles, 16 de abril de 2025

Felvidek: un JRPG medieval para frikis

 

Este JRPG surrealista de terror y comedia, desarrollado por Jozef Pavelka y Vlado Ganajin con RPG Maker, es una de las grandes gemas escondidas del gaming en 2024.



viernes, 16 de diciembre de 2022

lunes, 20 de septiembre de 2021

Reseña de “Inside”, de Bo Burnham

 

Bo Burnham se convirtió en un ganador del Emmy por ser la voz de nuestra depresión de cuarentena colectiva. El comediante ganó tres premios Emmy por su especial de Netflix, Inside, incluida la victoria sobre Spike Lee en la categoría de dirección.

 


lunes, 21 de enero de 2019

“Incomodidad cósmica” (cuento)


Les comparto otro relato de ciencia-ficción con un pase de comedia con toques. La propuesta consistió en escribir un cuento que contuviera las palabras sombra, baraja y dragón. 

¡Espero que lo disfruten!


Versión podcastera:


lunes, 28 de mayo de 2018

Vuelve Arrested Development con su temporada 5


Siendo que mañana, 29 de mayo, vuelve Arrested Development a Netflix con su temporada 5 (luego de la cuarta que se estrenó en 2013) me pareció un buen momento para repasar esta producción que representa una de las grandes series de mi vida.


jueves, 12 de octubre de 2017

Aprendiendo a crecer: Edgar Wright y la trilogía Cornetto


Me gustó mucho Baby Driver¸ la nueva película de Edgar Wright. Su estreno me pareció el momento ideal  para hablar de la trilogía de películas del genial realizador: la llamada trilogía Cornetto. Tres películas con un mismo dúo protagónico (Simon Pegg y Nick Frost), tres géneros diferentes y una temática compartida sobre el pasaje hacia la adultez.


***

Baby Driver: reseña sin spoilers

Mi calificación: 8/10

Baby (Ansel Elgort) es un joven y talentoso conductor especializado en fugas en busca de una salida de su vida criminal. Pero el jefe de la banda (Kevin Spacey) lo fuerza a dar un último gran golpe que amenaza su vida.

Cada nueva película de Edgar Wright es festejada por el mundo cinéfilo. Hasta ahora, su filmografía no ha dejado de brillar en creatividad por donde se la mire. Afortunadamente, con Baby Driver pasan dos cosas: es súper creativa (como sus producciones anteriores) pero al mismo tiempo el director no se repite a sí mismo.

La película –que balancea comedia, música y grandes persecuciones, con escenas de acción gloriosas– se encuentra entre las mejores obras del género junto a John Wick 2 en lo que va del año.

Claro que si a uno le da lo mismo ver esta película que otra como, digamos, Persecución al límite o cualquiera de las de “Rapido y Furioso”, entonces este trabajo de Edgar Wright no va a ser más que una pochoclera más del montón. Aunque realmente no lo es.

El principal artilugio –y que le valió las alabanzas de la crítica– es que toda la historia da vueltas en torno a la música, desde la edición hasta los diálogos. Como Baby necesita estar constantemente conectado a su i-pod, el desarrollo esencialmente parece un gigante video musical meticulosamente planeado. Sólo esta maravilla técnica hace que valga la pena verla.

Pero además, la música está muy en tono con cada escena y es funcional a la narrativa, a diferencia de otras películas (me viene a la mente Suicide Squad como clásico ejemplo) que colocaban canciones “cool” y rockeras porque sonaban bien y listo.

En ese sentido, Wright, un director reconocido por su atención al detalle y las sutilezas, se destacó nuevamente. Aunque sería injusto no mencionar que el resto de la película funciona muy bien también.

Hay una subtrama romántica que me resultó simpática, los personajes son todos muy particulares y llamativos (me gustaron Jon Hamm y Jamie Foxx especialmente) y la historia, si bien sencilla, cumple.


Si puedo objetarle algo, el último acto se estira un poco más de lo necesario y el personaje de Kevin Spacey me resultó poco convincente. Es más, sobre el final Frank Underwood comienza a hacer algunas cosas que no tienen demasiado sentido y me hicieron ruido. Hay una cosa que tiene el director que es que no sabe bien cuándo (ni cómo) cerrar sus historias.

Sin embargo, Baby Driver es muy disfrutable incluso para el espectador casual. De todas formas, van a ser los verdaderos amantes del género de robos y persecuciones (las llamadas “caper stories”) quienes le vean el atractivo real. Estuvo hecha con mucho amor y respeto por este tipo de historias.

En conclusión: vibrante y conceptualmente original, Baby Driver presenta una trama tierna inmersa en un delirante policial, tienes desvíos argumentales interesantes, muchas buenas ideas y una dosis de acción técnicamente impecable. La cuota justa para entretener de principio a fin. La película más cool del año.

El origen la de trilogía Cornetto

Ahora sí: hablemos de la trilogía Cornetto.

Una de las mejores parodias de zombies de la historia del cine, Shaun of the Dead (2004), es oficialmente la primera película de la trilogía, pero no fue concebida como una primera de tres partes.


El nombre de la trilogía Cornetto surgió, de hecho, como un chiste tonto durante la promoción de Hot Fuzz (2007), comedia que parodia el género de acción. El director Edgar Wright había escrito que el helado Cornetto funcionaría como una cura para la resaca en el personaje de Nick Frost de Shaun of the Dead.

En Hot Fuzz decidió incluir algunos guiños más relacionados con el helado Cornetto. Fue entonces cuando Wright comenzó a bromear que el helado representaba una trilogía comparable a la Trilogía de los Tres Colores del director polaco Krzysztof Kieślowski.

Un sabor para cada género

La cosa va más o menos así.


El Cornetto sabor fresa (el rojo) representa a Shaun of the Dead, la primera película de esta trilogía estrenada en el 2004. En esta divertidísima comedia, los protagonistas tienen que sobrevivir a una oleada de zombies mientras buscan refugio en su bar favorito. De paso, porque hay algo de romance en el medio, uno de ellos intenta de reconquistar a su ex novia.  De esa forma, el color del helado representa la sangre y los elementos gore de la película.

Tres años después, en el 2007, llegó Hot Fuzz, con el sabor de chocolate y vainilla, en el clásico envoltorio azul (representación de los elementos policiales de la historia). Esta película es un gran homenaje al cine de acción. Un rígido policía de Londres es transferido a un pueblo de mala muerte donde, poco a poco, se va revelando una oscura conspiración y un misterioso asesino.

Todo llega a su fin (literalmente) con The World’s End (2013). Cinco amigos se reúnen, luego de muchos años, para realizar un reto que les quedó pendiente en su pueblo natal: hacer un recorrido por 12 bares. Con cada nueva cerveza que toman, empiezan a notar que los residentes no son quienes parecen ser. Acá se juega con historias de ciencia ficción, y el helado Cornetto que la representa es el verde, el de menta con chips de chocolate. El verde es un color indudablemente relacionado con la vida extraterrestre.

Las conexiones de la trilogía Cornetto

Lo más curioso de esta trilogía es que, para nunca haber sido pensada como tal, tiene una buena cantidad de conexiones a nivel argumental y también guiños entre una película y otra.

En particular, cada una parece indicar un pequeño paso en el dificultoso proceso de aprender a crecer. Si Shaun of the Dead nos habla del estrés que provoca la idea de encontrar un trabajo y establecerse, dejar de ser un niño para adoptar las responsabilidades de un adulto, Hot Fuzz nos enseña que el trabajo tampoco hay que tomárselo tan en serio.


Si bien los personajes interpretados por Simon Pegg en cada historia son diferentes, el primero es un vago renegado que quiere continuar jugando videojuegos con su amigo y ser un niño eterno, mientras que el segundo se fue al otro extremo y vive sólo para el trabajo.

La tercera película (The World’s End) es la búsqueda del equilibrio entre estas dos posturas extremas y es sobre encontrar paz con tu propia edad y lugar en el mundo. El final de esta trilogía nos muestra la importancia de equilibrar el juego, la diversión y los amigos, con el trabajo, la realización personal y las responsabilidades.

Lo brillante de esta última entrega es cómo está pensada en cada detalle. Por ejemplo, cada uno de los 12 bares tiene un nombre representativo con la trama. “The Cross Hands”, por mencionar un caso, es donde se arma una pelea que dispara el conflicto principal.

Una lección fallida

Pero estas películas son comedias que no buscan ningún tipo de profundidad, y además Edgar Wright es conocido por su humor paródico y, en algún punto, ácido.

Las tres películas nos hablan sobre el proceso de aprender a crecer, balanceando nuestra vida entre diversión y responsabilidades. Y, sin embargo, el protagonista (Simon Pegg) falla en aprender la lección en cada uno de los tres relatos de la trilogía Cornetto.

En Shaun of the Dead, sobre el final de la película, el protagonista Shaun –un vago sin rumbo ni ambiciones– logró convencer a su novia de adoptar el estilo de vida sin preocupaciones que él mismo lleva. (¡y su amigo quedó hecho zombie!)


En Hot Fuzz, luego de vencer a la sociedad secreta que estaba asesinando a todos en el pueblo, el protagonista Nicholas Angel continua siendo un policía duro y correcto que se niega a tomárselo con calma y rechaza todo tipo de bromas y estereotipos culturales del trabajo de policía. No aprendió nada.

Por último, The World’s End cierra con una conclusión lógica: las tres historias nos hablan sobre aprender a madurar, pero la maduración es imposible si uno no la busca realmente. Sobre el final, Gary King se rehúsa a aceptar las trampas de la vida adulta y, literalmente, ocasiona el fin del mundo como lo conocemos.

Las consecuencias de la trilogía Cornetto nos llevan a pensar que el idealismo de los vagos irresponsables que se niegan a crecer puede destruir el mundo entero. No, no hay lección moral en estas historias.

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jueves, 10 de agosto de 2017

De la risa al llanto: el síndrome de Tom Hanks


Sucede una y otra vez en el mundo del cine. Un actor de comedia exitoso de pronto intenta hacer una actuación en el extremo opuesto de su estilo: un rol dramático y más oscuro. Curiosamente, este giro tiene una buena chance de tener buenos resultados y convertirse en la marca permanente del actor. Este efecto es lo que se conoce como el “síndrome de Tom Hanks”.


El síndrome de Tom Hanks

Un hecho muy curioso ocurrió en el año 1993, cuando Tom Hanks tomó la decisión de aceptar en rol híper dramático en la película Philadelphia.

Para quienes no la recuerden, es notable por ser una de las primeras cintas de Hollywood que habló abiertamente del SIDA, y además representó el primer rol no-cómico de Hanks.  La película le dio al actor su primer Oscar (el año siguiente ganaría otro por Forrest Gump) y a partir de ahí comenzó a explotar su vena dramática por sobre la comedia.

Cabe preguntarse por qué un actor que ya tiene éxito como comediante querría pasarse al lado oscuro. Lo cierto es que un actor de drama tiende a ser más respetado que su contraparte cómica, bajo la falsa ilusión de que es más difícil hacer llorar que hacer reír (cuando, en realidad, es exactamente lo contrario).

Pero seamos sinceros: los actores cómicos nunca se llevan a casa un premio de la Academia. Es muy común que luego de ver a un actor de comedia haciendo un rol dramático, inmediatamente pensemos: ¡mirá vos, realmente puede actuar!

Volvamos a Tom Hanks. Antes de Philadelphia era conocido por hostear Saturday Night Live (lo hizo ocho veces, seis de ellas entre 1985 y 1992) y por sus papeles en Bachelor Party (1984), ¡Quiero ser grande! (1988), la serie de TV Bosom Buddies (1980-1982) y Sleepless in Seattle (1993).

Y, si bien hubo excepciones, luego de Philadelphia comenzó a tener más relevancia con películas como Rescatando al Soldado Ryan (1998), la fascinante Camino a la Perdición (2002) y Captain Phillips (2013), entre muchas otras.


Hanks eventualmente hizo el intento de retornar a la comedia con la remake de The Ladykillers (2004), uno de los mayores fracasos de los Hermanos Coen, y con Larry Crowe (2011), donde hizo una dupla muy olvidable con Julia Roberts. Ambas películas no fueron ni alabadas por la crítica ni comercialmente exitosas.

El caso de Tropic Thunder

El “síndrome de Tom Hanks” fue parodiado en una película maravillosa que funciona desde muchísimos puntos de vista: Tropic Thunder (2008). Jeff Portnoy (Jack Black) es un actor de comedia intentando salirse del rol en el que lo encasilló la audiencia, por lo que toma un rol más serio. Por su parte, Tug Speedman (un impecable Ben Stiller) es un héroe de acción que previamente intentó que los Oscar picaran el anzuelo con un rol dramático que se le fue de las manos (y terminó siendo el fracaso más grande de su carrera).


You never go full retard! – Robert Downey Jr…

Otros actores con el síndrome de Tom Hanks

Jim Carrey comenzó su carrera con una gran variedad de pequeños papeles, pero su fama de actor de comedia arrancó gracias a las películas de Ace Ventura. Finalmente, cansado de ser considerado el payaso más plástico de Hollywood, le dio una oportunidad al drama con The Truman Show (1998) y Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004), ambas alabadas por la crítica. Su aspecto cómico, sin embargo, sigue muy presente.

Otro caso interesante es el de Bradley Cooper. Zigzagueó entre la comedia y el drama hasta que pegó un papel en la franquicia de ¿Qué pasó ayer?, a partir de donde se especializó en la comedia (y particularmente: la comedia romántica). Claro, hasta su protagónico en Silver Linings Playbook (que le valió una nominación a los premios de la Academia). De ahí: The Place Beyond the Pines (gran película), American HustleAloha, etc, etc, etc.

Algo similar podemos decir de Bryan Cranston, el neurótico “papá de Malcolm” que luego nos volaría la cabeza como Walter White en Breaking Bad.


Por el lado de las mujeres, es llamativo el giro que pegó la vida de Anne Hathaway, una de las veteranas de Disney. La actriz, que alguna vez participó de cuanta comedia de Disney aparecía, está irreconocible en Les Misérables (2012), Interstellar (2014) y The Dark Knight Rises (2012).

La evolución de dos directores

Para cerrar la nota, quiero mencionar a dos directores que también sufrieron el síndrome de Tom Hanks. El primero es Woody Allen (uno de mis favoritos). Antes de su magnum opus Annie Hall, sus películas eran esencialmente herederas de Buster Keaton y Charles Chaplin, lo que se entiende como “comedia física” (slapstick comedy).

A partir de ahí –si bien nunca abandonó la comedia– el tono de sus historias fue más serio. Paródicamente, en la subvalorada Stardust Memories, de 1980, un alien le pide a Allen que deje de intentar hacer películas serias y simplemente cuente chistes.


El otro caso de director es el de Terry Gilliam. Comenzó con comedias desopilantes (Time Bandits y Monthy Python and the Holy Grail), pero gradualmente fue moviéndose hacia territorio más sombrío. 

Brazil (1985) es una perturbadora obra maestra de la ciencia ficción (si bien contiene elementos de comedia) y de ahí pasamos al viaje temporal de 12 Monos y el viaje lisérgico de Miedo y Asco en Las Vegas.

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=>> Otras notas sobre CINE en el blog: “El origen del mal en Tenemos que hablar de Kevin”; “Psicosis, el legado de Hitchcock”; “Interpretando el final de Split (Fragmentado)”; “Marvel y las gemas del infinito”; “Shin Gojira: la reinvención de Godzilla”

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viernes, 1 de abril de 2016

“Rubber” (2010): el homenaje a la sinrazón


Dentro del género de películas bizarras y experimentales, “Rubber” –de Quentin Dupieux– es seguramente una de las más fascinantes que vi en el último tiempo.

Cuando uno se sienta con amigos a ver una película sobre una llanta homicida con poderes telekinéticos, ya se han tomado ciertas decisiones claves sobre la vida y sobre las experiencias cinéfilas. Si esperás realismo, personajes super desarrollados y un estudio serio sobre un elemento particular de nuestra existencia en este mundo, claramente no es la película para vos.

Es una PELÍCULA. Sobre una maldita llanta. Que mata telepáticamente a las personas. ¡Haciéndoles explotar la cabeza!

Con eso en mente, tengo que decir que el director lo sabía, y que creó esta suerte de homenaje a lo absurdo con mucha conciencia, como un viaje metafficional que habría vuelto loco al mismo Charlie Kaufman, el genio del surrealismo en Norteamérica.

No es solamente una cinta sobre un neumático asesino. Es también sobre ver una película de un neumático asesino. (Todo esto va a tener sentido más adelante). 

► Rubber” es entretenimiento puro y una obra maestra del terror que nos lleva por un extraño camino de técnica, estilo y absurdismo. Me voló la cabeza (pun intended).

***

#SpoilerAlert: si bien la trama de Rubber no es lo más esencial, se revelan parte importantes de la misma. ¡Están avisados!


Francia tiene toda una tradición de cine experimental que se remonta a los años ´50 y ´60 con la aparición del movimiento conocido como Nouvelle vague (la Nueva Ola francesa).

Directores como François Truffaut y Jean-Luc Godard fueron contra el realismo tradicional que se venía trabajando en el cine francés y apostaron a la improvisación, a la filmación en exteriores, a la libertad de expresión, al uso de nuevas técnicas que se estaban forjando en EEUU con directores como Alfred Hitchcock, Orson Welles y John Ford.  

Aún hoy, Francia se caracteriza por contar con films poco convencionales, que se alejan del tradicional estilo que suele presentar Hollywood. 

El director Quentin Dupieux es un ejemplo de este tipo de cine.

La película se inicia con el momento más clave de la historia. 

Un auto de policia llega a una desolada parte del desierto. Hay sillas colocadas de forma azarosa que el vehículo va volteando con mucha paciencia. Del baúl del auto sale un sheriff (Lieutenant Chad) quien pide un vaso de agua al conductor. 

Luego se acerca a la cámara, mira directamente, y comienza un prólogo sobre la sinrazón que funciona como una instrucción para ver el resto de la película. Para qué describirlo si directamente pueden verlo:

  
Al finalizar, tira el vaso de agua y vuelve a meterse al baúl del auto. ¿Por qué? ¿Y por qué no?

Por cierto, toda la película está disponible y subtitulada en español en Youtube.

Este soliloquio, absolutamente increible, funciona como una alerta, una manera de invitar a la audiencia a conocer con qué se va a encontrar. En él, el director defiende su postura absurdista y deja entrever el nivel atípico de comicidad que va a acompañar al neumático asesino durante todo el metraje.


En Rubber no somos nosotros los verdaderos espectadores. Hasta me animo a decir que estamos de más. La misma película ya cuenta con un público que, como un coro griego, montado con binoculares, será el verdadero jurado de los acontecimientos. Nosotros somos voyeuristas, nada más.

"This movie... is an homage to the no reason."
— The Sheriff

Rubber es muchas cosas al mismo tiempo. Deconstruye el género del terror del ataque de un “ente asesino”, sea Micheal Myers, Jason o Freddy Kruegger. Sea un muñeco, un fantasmita, un tomate o una mujer de 50 metros de alto.

También ataca a todos los clichés del cine de horror, parodiándolos. La chica sexy que se ducha con la puerta abierta. Los personajes que realizan acciones estúpidas e ilógicas (y por ello terminan muriendo). Los sobresaltos. La música que va elevando la tensión.

Pero pronto se hace evidente que es mucho más que una pequeña historia de comedia y terror. La llanta (que se llama Robert, según indican los créditos finales) se reconoce a sí misma como una entidad (en una fascinante escena en la que se “ve” en el espejo), es pasional, tiene ira, deseos, contradicciones. Ah, y poderes psíquicos para hacer explotar cosas. Muy al estilo “Scanners” de David Cronenberg.

Una vez que Robert aprende a asesinar personas, se lanza en la búsqueda de más humanos para matar, y en su camino se encuentra con una mujer misteriosa con la que se obsesiona. ¿Qué hace ella viajando sola en el desierto? ¿Quién es? ¿Por qué Robert se siente atraído? ¿Es porque está (muy) buena? ¿Puede, verdaderamente, un neumático sentirse atraído por una mujer? 

¡A quién le importa!

La elección de un neumático para la película fue excelente y muy elegante. Se trata de un objeto con capacidad de traslado (son brillantes las escenas donde va de un lado a otro “aprendiendo a andar”) pero que se aleja de un estilo antropomórfico, lo cual le genera ciertas debilidades (como cuando cae a una pileta y no tiene forma de salir).


Funciona como un elemento amenazante (al fin y al cabo, un neumático, adjunto a un vehículo, puede hacer muchísimo daño) pero es intrínsecamente ridículo. El objeto no puede hacer más que cuatro o cinco acciones, y como realizador de cine, es un desafío gigante darle “vida” a algo como esto.

Por otro lado, pocas cintas han sabido utilizar la ruptura de la cuarta pared con tanta eficiencia. 

Acá el chiste nos lo están haciendo a nosotros, todo el tiempo. Es complicado llevar la cuenta de la cantidad de escenas metaficcionales que homenajean al cine. Por ejemplo, hay una secuencia que sucede en un lugar que es idéntico al motel Bates de la película “Psicosis” (1960), de Alfred Hitchcock.

En una historia que se adjudica estar dedicada al absurdo, al “sin-sentido”, es irónico que no hay ni siquiera una escena que no tenga un motivo claro y específico. Hay mucho del “efecto de distanciamiento” que teorizó el alemán Bertolt Brecht en su teatro. Hay escenas que nos sirven para hacernos la idea de que realmente podría existir un mundo donde una llanta asesina personas haciéndoles explotar la cabeza, pero luego se nos fuerza afuera de esa idea cuando nos recuerdan a la pobre audiencia, varada en el desierto, sin comida.
   
Se pueden hacer ensayos enteros sobre los detalles aparentemente irrelevantes que tiene “Rubber”, y que sin embargo están muy bien pensados. La escena en la que la audiencia se pone a devorar el pavo es magistral (“como público devoramos lo que se nos ponga en el planto, o en la pantalla grande”), el final donde el ejército de neumáticos se dirige hacia Hollywood, etc. Invita a tantas lecturas complejas que termina siendo un testamento a la sutileza.

Pero al final del día no importa si Rubber es una parodia del terror o, en realidad, una crítica escondida sobre el cine hollywoodense (me inclino mucho por esta idea). Lo cierto es que nada de eso importa. La película es absolutamente divertida y provee una cinematografía impecable.

Ah, y el final está perfecto (nunca van a ver triciclos de la misma manera).

No me dan más ganas de escribir (o teorizar sobre sus significados ocultos) porque sería quitarles a mis lectores la posibilidad de experimentar la historia por ellos mismos. Sólo detallar todas las características metaficcionales haría que quieran prestarle especial atención a esos detalles, y no es justo. Está bueno verla sin prejuicios y sacar conclusiones propias.


Rubber es un concepto ridículo realizado con un ingenio pocas veces visto. Es a lo que tienen que apuntar todos los realizadores independientes: una excelente, surrealista, bizarra, absurda, sorprendente e inteligente mala película. No existe motivo para la existencia de esta cinta, porque no hay ninguna razón para nada en este mundo.

No sé ustedes, pero yo ya me descargué toda la filmografía de Quentin Dupieux.

OFF-TOPIC: interesante entrevista con el director sobre la realización de Rubber:


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martes, 28 de julio de 2015

“This book is full of spiders”, una novela de David Wong


En el 2012 me encontré por casualidad con una película delirante que mezclaba terror y comedia de un modo fascinante. Resultó que esta cinta, John Dies at the End, era la adaptación cinematográfica de una novela de Jason Pargin, quien se maneja en la web bajo el seudónimo de David Wong.

Mi sorpresa, en realidad, fue doble. No solo me encantó John Dies at the End, sino que además el autor era uno de los genios detrás del sitio web Cracked.com, que sigo hace varios años. David Wong es un humorista tremendo y sus posts en la página siempre están entre mis preferidos (acá pueden leerlos).

Por eso, cuando me enteré de su segundo libro (“This Book Is Full of Spiders: Seriously, Dude, Don't Touch It”) lo descargué en formato ebook, en inglés, y lo encaré. La historia es una continuación de la anterior. La primera parte presenta a John y Dave, dos fracasados e inadaptados que viven en la ciudad de Undisclosed. Debido a que han tomado una suerte de salsa drogona que les ofrecieron en una fiesta, pueden ver cosas que otros no: monstruos, demonios, puertas fantasmas, todo tipo de creaturas. Pasan sus días realizando exorcismos con métodos poco ortodoxos y estudiando las puertas de la ciudad, que les permiten transportarse desde un punto remoto a otro. Ah, y viendo extraños seres grises que parecen ser quienes controlan la ciudad desde las sombras.

This Book is Full of Spiders comienza un par de meses después de los eventos John Dies at the End (que probablemente no murió en el final), y allí las cosas se vuelven todavía más extrañas.


Una noche Dave se despierta con una araña gigante intentando inyectarle veneno a su cerebro y que solo él puede ver (debido a los efectos de la droga soy sauce que tomó). Las arañas comienzan a multiplicarse y resulta que pueden “poseer” a las personas. El gobierno intenta frenar la epidemia, John accidentalemnte le manda fotos de sus genitales a Dave y, mientras tanto, grupos anti-zombies comienzan a movilizarse. El detective Lance Falconer llega para resolver el caso al lado de los “héroes” y un perro (Molly) parece ser la clave de la salvación.

Sí, es uno de esos libros.

La verdad es que la novela es 25% terror y 75% comedia. Especialmente el primer tercio, cuando las cosas están recién comenzando, la historia es muy graciosa por los diálogos astutos, el humor picante y las situaciones que se generan a medida que crece la epidemia. Es una suerte de historia de H.P. Lovecraft con la picardía que caracteriza al escritor. De hecho, es como leer un extenso artículo de Cracked.com, pero con narrativa.

David Wong detiene ocasionalmente la trama para insertar sus comentarios mordaces y estudiar en detalle ciertas circunstancias que desarrollan aún más la personalidad de los protagonistas John y Dave.

La historia se divide en tres grandes secciones que son cuentas regresivas hacia eventos importantes. El primer libro comienza 48 horas antes del brote epidémico, el segundo 8 días y medio antes de la masacre en el Asilo Ffirth y el tercero 12 horas antes del bombardeo aereo a la ciudad de Undisclosed

Una verdadera carrera contra el tiempo.

Los zombies hoy son extremadamente populares, y las comedias de zombies todavía más. “Shaun of the Dead” (2004), “The Cabin in the Woods” (2012), “Zombieland “(2009) o la impecable “Juan de los Muertos” (la primera película sobre zombies cubanos) han demostrado que el tema da para hacer buena ficción.

Sin embargo, en “This book is full of spiders” el género está deconstruido. En el libro, los fans de las películas de zombies sienten que finalmente tienen chances de poner en práctica lo que aprendieron viendo el cine de George Romero solo para descubrir que están horriblemente poco preparados para enfrentar la realidad (por supuesto: mueren sencillamente y de formas muy horrorosas)


Otra cuestión interesante (y que suma al factor de comicidad) es que tanto John como Dave son un par de inutiles que solamente complican las cosas. El hecho de que John queme la casa de Dave (en un intento de detener el brote) es exactamente lo que provoca la epidemia de arañas. Incluso, el villano (que se revela solo al final de la novela) comenta que los intentos de ellos de “salvar el día” solo empeoraron las cosas, y que sin su intromisión su malvado plan no habría sido posible.

El punto de vista del narrador (siempre primera persona) va cambiando constantemente y eso nos permite meternos en la mente no solo de Dave (gran protagonista de la primera parte de la saga) sino también de John y de Amy (la novia de Dave, que representa uno de los personajes mejor logrados de la obra). ¡Incluso hay capítulos tremendos donde vemos lo que sucede desde el punto de visto de un perro!

La historia en sí es lineal, pero guarda algunos atrapantes giros argumentales y está plagada de referencias geeks a la televisión contemporánea, al cine y a la ciencia ficción. La cancelada serie de culto Firefly y la saga de Aliens, por ejemplo, se referencian directamente.

Sin entrar en demasiados detalles sobre la trama, es muy entretenida. Es lectura ágil, grotesca, ideal para los fans de lo bizarro y las comedias de terror. No creo que sea un libro absolutamente indispensable o fundamental, aunque se las ingenia para poner en relieve algunas cuestiones sociales, generar discusiones pseudo-científicas (se explora la temática del número de Dumbar, por ejemplo) y darle un giro de tuerca al género epidémico y de zombies.


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miércoles, 13 de marzo de 2013

“Los árboles mueren de pie” (obra teatral, 1949)


Autor: Alejandro Casona (España)
Género: comedia en 3 actos
Leído: Necochea, 2011 (por última vez)

Una obra emocionalmente intensa y con una trama original (especialmente para su época).

Quien lea ahora esta clásica comedia en 3 actos seguramente dirá: ¡Esto está robado de “Los Simuladores”! Lo cierto es que el libro tiene más de 60 años. La famosa serie aporta varios guiños hacia esta obra. La premisa es básicamente la misma que la obra de Alejandro Casona (aunque mucho más desarrollada en el show de Damian Szifrón).

Claro que leí “Los árboles mueren de pie” primero en la secundaria, como parte del currículo. Pero hace unos años encontré una versión vieja y –digámoslo– tentadoramente económica (¡12 pesos argentinos!) en una apartada librería de Necochea, y la compré.


Con la obra, Casona (que residió varios años en Argentina, e incluso publicó esta obra acá) plantea una cuestión que se mantiene moderna y atemporal: ¿se convierte, la mentira, en un recurso ineludible  (y hasta correcto) cuando la verdad podría tener consecuencias fatales? Ya lo dijo Arjona: “Una mentira que te haga feliz, vale más que una verdad que te amargue la vida” (¿será tan así?).

¿El fin, en última instancia, justica los medios?

La historia sigue al abuelo Balboa, quien contrata a un “hacedor de ilusiones benéficas” (Mauricio, básicamente un “imitador”) para hacerle creer a su esposa que su nieto perdido ha vuelto a casa, y con una nueva y feliz esposa. La idea es darle un momento de felicidad a la moribunda mujer, que solo anhelaba volver a ver a su querido (pero, luego nos enteraremos, “malvado”) nieto.


El primer acto presenta la mecánica de los imitadores, el conflicto y los personajes principales. A partir de allí se desarrollan una serie de eventos desopilantes y muy desafortunados. Para ser una obra teatral (he leído pocas, lo confieso) es muy llevadera y se puede leer en cuestión de horas.

El título merece un párrafo aparte. No atrapa ni atrae: lo sé. Tampoco alude a una comedia, sino más bien a un relato dramático. Sin embargo, luego del final las palabras cobran mucho más sentido y se puede entender perfectamente el motivo de tan extraño nombre (de hecho, es uno de los puntos emocionales más fuertes).

Si alguien está interesado, adjunto la historia en versión PDF:

  “Los árboles mueren de pie”: http://bit.ly/10IX91l

Quizás debería leer más teatro: es ameno, corto y –generalmente– fácilmente identificable. Durante mi adolescencia me encontré un poco con Shakespeare –imposible no mencionarlo en un post de obras teatrales– (leí: Hamlet, Romeo y Julieta y la genial “Macbeth”). Pero cuando crecí me avoqué hacia la novela de ficción. Estoy debiendo “Sueño de una noche de verano” y “La tempestad” (ambas comedias que me interesan). El dramaturgo inglés es, realmente, un grande. Se dice que 10% de las frases más citadas del mundo son de su autoría.

Es conocida la teoría que pone en duda si Shakespeare fue, realmente, el prolífico autor de sus propias obras (hace poco vi “Anonymous” que habla de esta perturbadora teoría). Sea como sea (probablemente falso) el tipo escribió centenares de trabajos, introdujo 3000 palabras al idioma inglés y todo eso antes de los 52 años. #Después de esa edad le pasó algo muy loco: murió, je#

Se dice que no hay un “mejor libro de Shakespeare”. Eso es porque el autor tomó cada uno de los defectos humanos y los encarnó en sus obras. Otelo es sobre los celos; Romeo y Julieta: lujuria y precipitación del amor; Macbeth: ambición sin límites… y así. Cada trabajo es un estudio detallado de personalidades y sociologías humanas. Hamlet es una brillante tesis sobre la venganza y las consecuencias que puede acarrear para el hombre.

Pero volvamos a Casona. Lo otro que leí de él fue “La tercera palabra”… pero me pareció demasiado melodramática. “Los árboles…” es una obra graciosa e ingeniosa. La farsa y el juego de imitaciones de esta comedia son fantásticos. Es una historia que busca intrigar, sorprender y emocionar… ¡y lo logra! 

Una GRAN recomendación para quien nunca leyó teatro.

¿Leyeron “Los árboles mueren de pie”? ¿Qué les pareció? ¿Qué piensan de las obras teatrales en general? ¡Dejame tu comentario sobre el post en el blog o en mi página! =)
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