Desde que vi The Invite en cines, no puedo dejar de pensar en ella. Y lo curioso es que, después de ver Sentimental, la obra española que adapta, me gusta todavía más.
...Una mirada hacia la literatura, el cine, los cómics, la TV y otros vicios personales. Había un blog mejor, pero era carísimo.
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jueves, 27 de agosto de 2026
miércoles, 16 de abril de 2025
Felvidek: un JRPG medieval para frikis
Este JRPG surrealista de terror y comedia,
desarrollado por Jozef Pavelka y Vlado Ganajin con RPG Maker, es una de las
grandes gemas escondidas del gaming en 2024.
viernes, 16 de diciembre de 2022
El harem invertido de Romantic Killer (2022)
Cada tanto
llegan producciones que brindan giros novedosos a conceptos conocidos. El caso
de Romantic Killer es uno de ellos.
lunes, 20 de septiembre de 2021
Reseña de “Inside”, de Bo Burnham
Bo Burnham se
convirtió en un ganador del Emmy por ser la voz de nuestra depresión de
cuarentena colectiva. El comediante ganó tres premios Emmy por su especial de
Netflix, Inside, incluida la victoria
sobre Spike Lee en la categoría de dirección.
lunes, 21 de enero de 2019
“Incomodidad cósmica” (cuento)
Les comparto otro relato de ciencia-ficción con un pase
de comedia con toques. La propuesta consistió en escribir un cuento que contuviera
las palabras sombra, baraja y dragón.
¡Espero que lo disfruten!
Versión podcastera:
lunes, 28 de mayo de 2018
Vuelve Arrested Development con su temporada 5
Siendo que mañana, 29 de mayo, vuelve Arrested
Development a Netflix con su temporada
5 (luego de la cuarta que se estrenó en 2013) me pareció un buen momento para
repasar esta producción que representa una de las grandes
series de mi vida.
jueves, 12 de octubre de 2017
Aprendiendo a crecer: Edgar Wright y la trilogía Cornetto
Me gustó mucho Baby
Driver¸ la nueva película de Edgar Wright. Su estreno me pareció el momento
ideal para hablar de la trilogía de películas del genial realizador: la llamada
trilogía Cornetto. Tres películas
con un mismo dúo protagónico (Simon Pegg y Nick Frost), tres géneros diferentes
y una temática compartida sobre el pasaje hacia la adultez.
***
Baby Driver:
reseña sin spoilers
Mi calificación: 8/10
Baby (Ansel
Elgort) es un joven y talentoso conductor especializado en fugas en busca
de una salida de su vida criminal. Pero el jefe de la banda (Kevin Spacey) lo
fuerza a dar un último gran golpe que amenaza su vida.
Cada nueva película de Edgar Wright es festejada
por el mundo cinéfilo. Hasta ahora, su filmografía no ha dejado de brillar en
creatividad por donde se la mire. Afortunadamente, con Baby Driver pasan dos cosas: es súper creativa (como sus
producciones anteriores) pero al mismo tiempo el director no se repite a sí
mismo.
La película –que balancea comedia, música y grandes
persecuciones, con escenas de acción gloriosas– se encuentra entre las mejores
obras del género junto a John Wick 2 en
lo que va del año.
Claro que si a uno le da lo mismo ver esta película
que otra como, digamos, Persecución al límite
o cualquiera de las de “Rapido y Furioso”, entonces este trabajo de Edgar
Wright no va a ser más que una pochoclera más del montón. Aunque realmente no
lo es.
El principal artilugio –y que le valió las
alabanzas de la crítica– es que toda la historia da vueltas en torno a la
música, desde la edición hasta los diálogos. Como Baby necesita estar
constantemente conectado a su i-pod, el desarrollo esencialmente parece un
gigante video musical meticulosamente planeado. Sólo esta maravilla técnica
hace que valga la pena verla.
Pero además, la música está muy en tono con cada
escena y es funcional a la narrativa, a diferencia de otras películas (me viene
a la mente Suicide Squad como clásico
ejemplo) que colocaban canciones “cool” y rockeras porque sonaban bien y listo.
En ese sentido, Wright, un director reconocido por
su atención al detalle y las sutilezas, se destacó nuevamente. Aunque sería
injusto no mencionar que el resto de la película funciona muy bien también.
Hay una subtrama romántica que me resultó
simpática, los personajes son todos muy particulares y llamativos (me gustaron Jon Hamm y Jamie Foxx especialmente) y la historia, si bien sencilla, cumple.
Si puedo objetarle algo, el último acto se estira
un poco más de lo necesario y el personaje de Kevin Spacey me resultó poco convincente. Es más, sobre el final Frank
Underwood comienza a hacer algunas cosas que no tienen demasiado sentido y me
hicieron ruido. Hay una cosa que tiene el director que es que no sabe bien
cuándo (ni cómo) cerrar sus historias.
Sin embargo, Baby
Driver es muy disfrutable incluso para el espectador casual. De todas
formas, van a ser los verdaderos amantes del género de robos y persecuciones
(las llamadas “caper stories”) quienes le vean el atractivo real. Estuvo hecha
con mucho amor y respeto por este tipo de historias.
En conclusión: vibrante y conceptualmente original,
Baby Driver presenta una trama tierna
inmersa en un delirante policial, tienes desvíos argumentales interesantes,
muchas buenas ideas y una dosis de acción técnicamente impecable. La cuota
justa para entretener de principio a fin. La película más cool del año.
El origen la
de trilogía Cornetto
Ahora sí: hablemos de la trilogía Cornetto.
Una de las mejores parodias de zombies de la
historia del cine, Shaun of
the Dead (2004), es oficialmente
la primera película de la trilogía, pero no fue concebida como una primera de
tres partes.
El nombre de la trilogía Cornetto surgió, de hecho,
como un chiste tonto durante la promoción de Hot Fuzz (2007), comedia que parodia el género de
acción. El director Edgar Wright había escrito que el helado Cornetto
funcionaría como una cura para la resaca en el personaje de Nick Frost de Shaun of the Dead.
En Hot
Fuzz decidió incluir algunos guiños más relacionados con el helado
Cornetto. Fue entonces cuando Wright comenzó a bromear que el helado
representaba una trilogía comparable a la Trilogía de los Tres
Colores del director polaco Krzysztof
Kieślowski.
Un sabor
para cada género
La cosa va más o menos así.
El Cornetto sabor fresa (el rojo) representa
a Shaun of the Dead, la primera
película de esta trilogía estrenada en el 2004.
En esta divertidísima comedia, los protagonistas tienen que sobrevivir a una
oleada de zombies mientras buscan refugio en su bar favorito. De paso, porque
hay algo de romance en el medio, uno de ellos intenta de reconquistar a su ex
novia. De esa forma, el color del helado representa la sangre y los
elementos gore de la película.
Tres años después, en el 2007, llegó Hot Fuzz,
con el sabor de chocolate y vainilla, en el clásico envoltorio azul
(representación de los elementos policiales de la historia). Esta película es
un gran homenaje al cine de acción. Un rígido policía de Londres es transferido
a un pueblo de mala muerte donde, poco a poco, se va revelando una oscura
conspiración y un misterioso asesino.
Todo llega a su fin (literalmente) con The World’s End (2013). Cinco amigos se reúnen, luego de
muchos años, para realizar un reto que les quedó pendiente en su pueblo natal:
hacer un recorrido por 12 bares. Con cada nueva cerveza que toman, empiezan a
notar que los residentes no son quienes parecen ser. Acá se juega con historias
de ciencia ficción, y el helado Cornetto que la representa es el verde, el de
menta con chips de chocolate. El verde es un color indudablemente relacionado
con la vida extraterrestre.
Las
conexiones de la trilogía Cornetto
Lo más curioso de esta trilogía es que, para nunca
haber sido pensada como tal, tiene una buena cantidad de conexiones a nivel
argumental y también guiños entre una película y otra.
En particular, cada una parece indicar un pequeño
paso en el dificultoso proceso de aprender a crecer. Si Shaun of the Dead nos habla del
estrés que provoca la idea de encontrar un trabajo y establecerse, dejar de ser
un niño para adoptar las responsabilidades de un adulto, Hot Fuzz nos enseña que el trabajo
tampoco hay que tomárselo tan en serio.
Si bien los personajes interpretados por Simon Pegg
en cada historia son diferentes, el primero es un vago renegado que quiere
continuar jugando videojuegos con su amigo y ser un niño eterno, mientras que
el segundo se fue al otro extremo y vive sólo para el trabajo.
La tercera película (The World’s End) es la búsqueda del equilibrio entre estas dos
posturas extremas y es sobre encontrar paz con tu propia edad y lugar en el
mundo. El final de esta trilogía nos muestra la importancia de equilibrar el
juego, la diversión y los amigos, con el trabajo, la realización personal y las
responsabilidades.
Lo brillante de esta última entrega es cómo está
pensada en cada detalle. Por ejemplo, cada uno de los 12 bares tiene un nombre
representativo con la trama. “The Cross Hands”, por mencionar un caso, es donde
se arma una pelea que dispara el conflicto principal.
Una lección
fallida
Pero estas películas son comedias que no buscan
ningún tipo de profundidad, y además Edgar Wright es conocido por su humor
paródico y, en algún punto, ácido.
Las tres películas nos hablan sobre el proceso de
aprender a crecer, balanceando nuestra vida entre diversión y
responsabilidades. Y, sin embargo, el protagonista (Simon Pegg) falla en
aprender la lección en cada uno de los tres relatos de la trilogía Cornetto.
En Shaun
of the Dead, sobre el final de la película, el protagonista Shaun –un vago
sin rumbo ni ambiciones– logró convencer a su novia de adoptar el estilo de
vida sin preocupaciones que él mismo lleva. (¡y su amigo quedó hecho zombie!)
En Hot
Fuzz, luego de vencer a la sociedad secreta que estaba asesinando a todos
en el pueblo, el protagonista Nicholas Angel continua siendo un policía duro y
correcto que se niega a tomárselo con calma y rechaza todo tipo de bromas y
estereotipos culturales del trabajo de policía. No aprendió nada.
Por último, The World’s End cierra con una conclusión lógica: las tres
historias nos hablan sobre aprender a madurar, pero la maduración es imposible
si uno no la busca realmente. Sobre el final, Gary King se rehúsa a aceptar las
trampas de la vida adulta y, literalmente, ocasiona el fin del mundo como lo
conocemos.
Las consecuencias de la trilogía Cornetto nos
llevan a pensar que el idealismo de los vagos irresponsables que se niegan a
crecer puede destruir el mundo entero. No, no hay lección moral en estas
historias.
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=>> Otros
posts sobre NOTAS DE
CINE en el blog: “Una
explicación del final de A Ghost Story”; “Los
vicios capitales en la ficción”; “El
género slasher a través del tiempo”; “¿Quién
envió las cintas en Caché de Michael Haneke?”; “El
bueno, el malo y el feo: la deconstrucción del western”.
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jueves, 10 de agosto de 2017
De la risa al llanto: el síndrome de Tom Hanks
Sucede una y otra vez en el mundo del cine. Un actor de comedia exitoso de pronto intenta hacer
una actuación en el extremo opuesto de su estilo: un rol dramático y más
oscuro. Curiosamente, este giro tiene una buena chance de tener buenos
resultados y convertirse en la marca permanente del actor. Este efecto es lo
que se conoce como el “síndrome de Tom Hanks”.
El síndrome
de Tom Hanks
Un hecho muy curioso ocurrió en el año 1993, cuando Tom Hanks tomó la decisión
de aceptar en rol híper dramático en la película Philadelphia.
Para quienes no la recuerden, es notable por ser
una de las primeras cintas de Hollywood que habló abiertamente del SIDA, y
además representó el primer rol no-cómico de Hanks. La película le dio al
actor su primer Oscar (el año siguiente ganaría otro por Forrest Gump) y a partir de ahí comenzó
a explotar su vena dramática por sobre la comedia.
Cabe preguntarse por qué un actor que ya tiene
éxito como comediante querría pasarse al lado oscuro. Lo cierto es que un actor
de drama tiende a ser más respetado que su contraparte cómica, bajo la falsa
ilusión de que es más difícil hacer llorar que hacer reír (cuando, en realidad,
es exactamente lo contrario).
Pero seamos sinceros: los actores cómicos nunca se
llevan a casa un premio de la Academia. Es muy común que luego de ver a un
actor de comedia haciendo un rol dramático, inmediatamente pensemos: ¡mirá vos,
realmente puede actuar!
Volvamos a Tom Hanks. Antes de Philadelphia era conocido por
hostear Saturday Night Live (lo
hizo ocho veces, seis de ellas entre 1985 y 1992) y por sus papeles en Bachelor Party (1984), ¡Quiero ser
grande! (1988), la serie de
TV Bosom
Buddies (1980-1982) y Sleepless in
Seattle (1993).
Y, si bien hubo excepciones, luego de Philadelphia comenzó a tener más
relevancia con películas como Rescatando al
Soldado Ryan (1998), la
fascinante Camino a la
Perdición (2002) y Captain
Phillips (2013), entre muchas
otras.
Hanks eventualmente hizo el intento de retornar a
la comedia con la remake de The Ladykillers (2004), uno de los mayores fracasos de
los Hermanos Coen, y con Larry Crowe (2011), donde hizo una dupla muy
olvidable con Julia Roberts.
Ambas películas no fueron ni alabadas por la crítica ni comercialmente
exitosas.
El caso de
Tropic Thunder
El “síndrome de Tom Hanks” fue parodiado en una
película maravillosa que funciona desde muchísimos puntos de vista: Tropic Thunder (2008). Jeff Portnoy (Jack Black) es
un actor de comedia intentando salirse del rol en el que lo encasilló la
audiencia, por lo que toma un rol más serio. Por su parte, Tug Speedman (un
impecable Ben
Stiller) es un héroe de acción que previamente intentó que los Oscar
picaran el anzuelo con un rol dramático que se le fue de las manos (y terminó
siendo el fracaso más grande de su carrera).
You
never go full retard! – Robert Downey Jr…
Otros
actores con el síndrome de Tom Hanks
Jim Carrey comenzó
su carrera con una gran variedad de pequeños papeles, pero su fama de actor de
comedia arrancó gracias a las películas de Ace
Ventura. Finalmente, cansado de ser considerado el payaso más plástico de
Hollywood, le dio una oportunidad al drama con The Truman Show (1998) y Eterno resplandor
de una mente sin recuerdos (2004),
ambas alabadas por la crítica. Su aspecto cómico, sin embargo, sigue muy
presente.
Otro caso interesante es el de Bradley Cooper. Zigzagueó entre
la comedia y el drama hasta que pegó un papel en la franquicia de ¿Qué pasó ayer?, a partir de donde se
especializó en la comedia (y particularmente: la comedia romántica). Claro,
hasta su protagónico en Silver
Linings Playbook (que le valió una nominación a los premios de la
Academia). De ahí: The Place
Beyond the Pines (gran película), American Hustle, Aloha, etc,
etc, etc.
Algo similar podemos decir de Bryan Cranston, el neurótico
“papá de Malcolm” que luego nos volaría la cabeza como Walter White en Breaking Bad.
Por el lado de las mujeres, es llamativo el giro
que pegó la vida de Anne Hathaway,
una de las veteranas de Disney. La actriz, que alguna vez participó de cuanta
comedia de Disney aparecía, está irreconocible en Les Misérables (2012), Interstellar (2014)
y The Dark
Knight Rises (2012).
La evolución
de dos directores
Para cerrar la nota, quiero mencionar a dos
directores que también sufrieron el síndrome de Tom Hanks. El primero es Woody Allen (uno de
mis favoritos). Antes de su magnum opus Annie Hall, sus películas
eran esencialmente herederas de Buster Keaton y Charles Chaplin, lo que se
entiende como “comedia física” (slapstick comedy).
A partir de ahí –si bien nunca abandonó la comedia–
el tono de sus historias fue más serio. Paródicamente, en la subvalorada Stardust Memories,
de 1980, un alien le pide a Allen
que deje de intentar hacer películas serias y simplemente cuente chistes.
El otro caso de director es el de Terry Gilliam. Comenzó
con comedias desopilantes (Time Bandits y Monthy Python and the Holy Grail), pero
gradualmente fue moviéndose hacia territorio más sombrío.
Brazil (1985) es una perturbadora obra maestra
de la ciencia ficción (si bien contiene elementos de comedia) y de ahí pasamos
al viaje temporal de 12 Monos y
el viaje lisérgico de Miedo y Asco
en Las Vegas.
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=>> Otras notas sobre CINE en
el blog: “El
origen del mal en Tenemos que hablar de Kevin”; “Psicosis,
el legado de Hitchcock”; “Interpretando
el final de Split (Fragmentado)”; “Marvel
y las gemas del infinito”; “Shin Gojira: la reinvención de Godzilla”
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viernes, 1 de abril de 2016
“Rubber” (2010): el homenaje a la sinrazón
Dentro del género de películas bizarras y
experimentales, “Rubber” –de Quentin Dupieux– es seguramente una de
las más fascinantes que vi en el último tiempo.
Cuando uno se sienta con amigos a ver una película
sobre una llanta homicida con poderes
telekinéticos, ya se han tomado ciertas decisiones claves sobre la vida y
sobre las experiencias cinéfilas. Si esperás realismo, personajes super
desarrollados y un estudio serio sobre un elemento particular de nuestra
existencia en este mundo, claramente no es la película para vos.
Es una PELÍCULA. Sobre una maldita llanta. Que mata
telepáticamente a las personas. ¡Haciéndoles explotar la cabeza!
Con eso en mente, tengo que decir que el director
lo sabía, y que creó esta suerte de homenaje a lo absurdo con mucha conciencia,
como un viaje metafficional que habría vuelto loco al mismo Charlie Kaufman, el genio del
surrealismo en Norteamérica.
No es solamente una cinta sobre un neumático asesino.
Es también sobre ver una película de un neumático asesino. (Todo esto va
a tener sentido más adelante).
► “Rubber”
es entretenimiento puro y una obra maestra del terror que nos lleva por un
extraño camino de técnica, estilo y absurdismo. Me voló la cabeza (pun intended).
***
#SpoilerAlert: si bien la trama de Rubber no es lo más esencial, se revelan
parte importantes de la misma. ¡Están avisados!
Francia
tiene toda una tradición de cine experimental que se remonta a los años ´50 y
´60 con la aparición del movimiento conocido como Nouvelle vague (la Nueva Ola francesa).
Directores como François Truffaut y Jean-Luc
Godard fueron contra el realismo tradicional que se venía trabajando en el
cine francés y apostaron a la improvisación, a la filmación en exteriores, a la
libertad de expresión, al uso de nuevas técnicas que se estaban forjando en
EEUU con directores como Alfred
Hitchcock, Orson Welles y John Ford.
Aún hoy, Francia se caracteriza por contar con films
poco convencionales, que se alejan del tradicional estilo que suele presentar
Hollywood.
El director Quentin Dupieux
es un ejemplo de este tipo de cine.
La película se inicia con el momento más clave de
la historia.
Un auto de policia llega a una desolada parte del desierto. Hay
sillas colocadas de forma azarosa que el vehículo va volteando con mucha
paciencia. Del baúl del auto sale un sheriff (Lieutenant Chad) quien pide un vaso de agua al conductor.
Luego se
acerca a la cámara, mira directamente, y comienza un prólogo sobre la sinrazón
que funciona como una instrucción para ver el resto de la película. Para qué describirlo si directamente pueden verlo:
Al finalizar, tira el vaso de agua y vuelve a
meterse al baúl del auto. ¿Por qué? ¿Y por qué no?
Por cierto, toda la película está disponible y subtitulada
en español en Youtube.
Este soliloquio, absolutamente increible, funciona
como una alerta, una manera de invitar a la audiencia a conocer con qué se va a
encontrar. En él, el director defiende su postura absurdista y deja entrever el
nivel atípico de comicidad que va a acompañar al neumático asesino durante
todo el metraje.
En Rubber
no somos nosotros los verdaderos espectadores. Hasta me animo a decir que
estamos de más. La misma película ya cuenta con un público que, como un coro
griego, montado con binoculares, será el verdadero jurado de los
acontecimientos. Nosotros somos voyeuristas, nada más.
"This
movie... is an homage to the no reason."
— The Sheriff
Rubber es
muchas cosas al mismo tiempo. Deconstruye el género del terror del ataque de un
“ente asesino”, sea Micheal Myers, Jason o Freddy Kruegger. Sea un muñeco, un fantasmita, un tomate o una
mujer de 50 metros de alto.
También ataca a todos los clichés del cine de
horror, parodiándolos. La chica sexy que se ducha con la puerta abierta. Los
personajes que realizan acciones estúpidas e ilógicas (y por ello terminan
muriendo). Los sobresaltos. La música que va elevando la tensión.
Pero pronto se hace evidente que es mucho más que
una pequeña historia de comedia y terror. La llanta (que se llama Robert, según indican los créditos
finales) se reconoce a sí misma como una entidad (en una fascinante escena en
la que se “ve” en el espejo), es pasional, tiene ira, deseos, contradicciones.
Ah, y poderes psíquicos para hacer explotar cosas. Muy al estilo “Scanners” de David Cronenberg.
Una vez que Robert aprende a asesinar personas, se
lanza en la búsqueda de más humanos para matar, y en su camino se encuentra con
una mujer misteriosa con la que se obsesiona. ¿Qué hace ella viajando sola
en el desierto? ¿Quién es? ¿Por qué Robert se siente atraído? ¿Es porque está (muy)
buena? ¿Puede, verdaderamente, un neumático sentirse atraído por una mujer?
¡A quién le importa!
La elección de un neumático para la película fue
excelente y muy elegante. Se trata de un objeto con capacidad de traslado (son
brillantes las escenas donde va de un lado a otro “aprendiendo a andar”) pero que
se aleja de un estilo antropomórfico, lo cual le genera ciertas debilidades
(como cuando cae a una pileta y no tiene forma de salir).
Funciona como un elemento amenazante (al fin y al
cabo, un neumático, adjunto a un vehículo, puede hacer muchísimo daño) pero es
intrínsecamente ridículo. El objeto no puede hacer más que cuatro o cinco
acciones, y como realizador de cine, es un desafío gigante darle “vida” a algo
como esto.
Por otro lado, pocas cintas han sabido utilizar la
ruptura de la cuarta pared con tanta eficiencia.
Acá el chiste nos lo están
haciendo a nosotros, todo el tiempo. Es complicado llevar la cuenta de la
cantidad de escenas metaficcionales que homenajean al cine. Por ejemplo, hay
una secuencia que sucede en un lugar que es idéntico al motel Bates de la
película “Psicosis” (1960), de Alfred Hitchcock.
En una historia que se adjudica estar dedicada al
absurdo, al “sin-sentido”, es irónico que no hay ni siquiera una escena que no
tenga un motivo claro y específico. Hay mucho del “efecto de distanciamiento”
que teorizó el alemán Bertolt Brecht
en su teatro. Hay escenas que nos sirven para hacernos la idea de que realmente
podría existir un mundo donde una llanta asesina personas haciéndoles explotar
la cabeza, pero luego se nos fuerza afuera de esa idea cuando nos recuerdan a
la pobre audiencia, varada en el desierto, sin comida.
Se pueden hacer ensayos enteros sobre los detalles
aparentemente irrelevantes que tiene “Rubber”,
y que sin embargo están muy bien pensados. La escena en la que la audiencia
se pone a devorar el pavo es magistral (“como público devoramos lo que se nos
ponga en el planto, o en la pantalla grande”), el final donde el ejército de
neumáticos se dirige hacia Hollywood, etc. Invita a tantas lecturas complejas que termina
siendo un testamento a la sutileza.
Pero al final del día no importa si Rubber es una parodia del terror o, en
realidad, una crítica escondida sobre el cine hollywoodense (me inclino mucho
por esta idea). Lo cierto es que nada de eso importa. La película es
absolutamente divertida y provee una cinematografía impecable.
Ah, y el final está perfecto (nunca van a ver
triciclos de la misma manera).
No me dan más ganas de escribir (o teorizar sobre
sus significados ocultos) porque sería quitarles a mis lectores la posibilidad
de experimentar la historia por ellos mismos. Sólo detallar todas las
características metaficcionales haría que quieran prestarle especial atención a
esos detalles, y no es justo. Está bueno verla sin prejuicios y sacar
conclusiones propias.
Rubber es
un concepto ridículo realizado con un ingenio pocas veces visto. Es a lo que
tienen que apuntar todos los realizadores independientes: una excelente,
surrealista, bizarra, absurda, sorprendente e inteligente mala película. No
existe motivo para la existencia de esta cinta, porque no hay ninguna razón
para nada en este mundo.
No sé ustedes, pero yo ya me
descargué toda la filmografía de Quentin Dupieux.
► OFF-TOPIC: interesante entrevista
con el director sobre la realización de Rubber:
………………………………………………………………………………………………….
=>> Otros POSTS CINÉFILOS de mi autoría en el blog: “El
sci-fi argentino en el cine”; “LISTA
TOP-15: lo más destacado del cine 2015”; “Ingredientes
matemáticos en el cine”; “Unbreakable:
una obra maestra del cine de superhéroes”; “El
mago de Oz, cuando el cine supera a la literatura”.
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martes, 28 de julio de 2015
“This book is full of spiders”, una novela de David Wong
En el 2012
me encontré por casualidad con una película delirante que mezclaba terror y
comedia de un modo fascinante. Resultó que esta cinta, John Dies at the End, era la
adaptación cinematográfica de una novela de Jason Pargin, quien se maneja
en la web bajo el seudónimo de David
Wong.
Mi sorpresa, en realidad, fue doble. No solo me
encantó John Dies at the End, sino
que además el autor era uno de los genios detrás del sitio web Cracked.com, que sigo hace varios años. David Wong es un humorista tremendo y
sus posts en la página siempre están entre mis preferidos (acá pueden leerlos).
Por eso, cuando me enteré de su segundo libro (“This Book Is Full of Spiders: Seriously,
Dude, Don't Touch It”) lo descargué en formato ebook, en inglés, y lo encaré. La
historia es una continuación de la anterior. La primera parte presenta a John y Dave, dos fracasados e inadaptados que viven en la ciudad de Undisclosed. Debido a que han tomado una
suerte de salsa drogona que les ofrecieron en una fiesta, pueden ver cosas que
otros no: monstruos, demonios, puertas fantasmas, todo tipo de creaturas. Pasan
sus días realizando exorcismos con métodos poco ortodoxos y estudiando las
puertas de la ciudad, que les permiten transportarse desde un punto remoto a
otro. Ah, y viendo extraños seres grises que parecen ser quienes controlan la
ciudad desde las sombras.
This Book is Full of Spiders
comienza un par de meses después de los eventos John Dies at the End (que
probablemente no murió en el final), y allí las cosas se vuelven todavía más
extrañas.
Una noche Dave
se despierta con una araña gigante intentando inyectarle veneno a su cerebro y
que solo él puede ver (debido a los efectos de la droga soy sauce que tomó). Las arañas comienzan a multiplicarse y resulta
que pueden “poseer” a las personas. El gobierno intenta frenar la epidemia, John accidentalemnte le manda fotos de
sus genitales a Dave y, mientras tanto, grupos anti-zombies comienzan a
movilizarse. El detective Lance Falconer
llega para resolver el caso al lado de los “héroes” y un perro (Molly) parece ser la clave de la
salvación.
La verdad es que la novela es 25% terror y 75% comedia. Especialmente el primer tercio, cuando
las cosas están recién comenzando, la historia es muy graciosa por los diálogos
astutos, el humor picante y las situaciones que se generan a medida que crece
la epidemia. Es una suerte de historia de H.P.
Lovecraft con la picardía que caracteriza al escritor. De hecho, es como
leer un extenso artículo de Cracked.com, pero con narrativa.
David Wong
detiene ocasionalmente la trama para insertar sus comentarios mordaces y
estudiar en detalle ciertas circunstancias que desarrollan aún más la
personalidad de los protagonistas John y Dave.
La historia se divide en tres grandes secciones que
son cuentas regresivas hacia eventos importantes. El primer libro comienza 48
horas antes del brote epidémico, el
segundo 8 días y medio antes de la
masacre en el Asilo Ffirth y el tercero 12 horas antes del bombardeo aereo a la ciudad de Undisclosed.
Una verdadera carrera contra el tiempo.
Los zombies hoy son extremadamente populares, y las
comedias de zombies todavía más. “Shaun
of the Dead” (2004), “The Cabin in
the Woods” (2012), “Zombieland “(2009)
o la impecable “Juan de los Muertos” (la
primera película sobre zombies cubanos) han demostrado que el tema da para
hacer buena ficción.
Sin embargo, en “This book is full of spiders” el género está deconstruido. En el
libro, los fans de las películas de zombies sienten que finalmente tienen
chances de poner en práctica lo que aprendieron viendo el cine de George Romero solo para descubrir que
están horriblemente poco preparados para enfrentar la realidad (por supuesto:
mueren sencillamente y de formas muy horrorosas)
Otra cuestión interesante (y que suma al factor de comicidad) es que tanto John como Dave son un
par de inutiles que solamente complican las cosas. El hecho de que John
queme la casa de Dave (en un intento de detener el brote) es exactamente lo que
provoca la epidemia de arañas. Incluso, el villano (que se revela solo al final
de la novela) comenta que los intentos de ellos de “salvar el día” solo empeoraron
las cosas, y que sin su intromisión su malvado plan no habría sido posible.
El punto de vista del narrador (siempre primera
persona) va cambiando constantemente y eso nos permite meternos en la mente no
solo de Dave (gran protagonista de
la primera parte de la saga) sino también de John y de Amy (la novia
de Dave, que representa uno de los personajes mejor logrados de la obra). ¡Incluso
hay capítulos tremendos donde vemos lo que sucede desde el punto de visto de un
perro!
La historia en sí es lineal, pero guarda algunos atrapantes
giros argumentales y está plagada de referencias geeks a la televisión
contemporánea, al cine y a la ciencia ficción. La
cancelada serie de culto Firefly y la saga de Aliens, por ejemplo, se
referencian directamente.
► Sin
entrar en demasiados detalles sobre la trama, es muy entretenida. Es lectura
ágil, grotesca, ideal para los fans de lo bizarro y las comedias de terror. No
creo que sea un libro absolutamente indispensable o fundamental, aunque se las
ingenia para poner en relieve algunas cuestiones sociales, generar discusiones
pseudo-científicas (se explora la temática del número de Dumbar, por ejemplo) y
darle un giro de tuerca al género epidémico y de zombies.
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=>> Otras notas sobre NOVELAS en el blog: “Los
hermanos Karamazov, de Fyodor Dostoevsky”, “Cazador
de sueños, de Stephen King”, “La
insorportable levedad del ser, de Milan Kundera”, “Tokio
Blues, de Haruki Murakami”, “Cuna
de gato, de Kurt Vonnegut” <<==
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miércoles, 13 de marzo de 2013
“Los árboles mueren de pie” (obra teatral, 1949)
Autor: Alejandro Casona (España)
Género: comedia en 3 actos
Leído: Necochea, 2011 (por última vez)
Una obra emocionalmente intensa y con una trama
original (especialmente para su época).
Quien lea ahora esta clásica comedia en 3 actos seguramente dirá: ¡Esto está robado de “Los Simuladores”! Lo cierto es que el libro tiene
más de 60 años. La famosa serie aporta varios
guiños hacia esta obra. La premisa es básicamente la misma que la obra de
Alejandro Casona (aunque mucho más desarrollada en el show de Damian Szifrón).
Claro que leí “Los
árboles mueren de pie” primero en la secundaria, como parte del currículo.
Pero hace unos años encontré una versión vieja y –digámoslo– tentadoramente económica (¡12 pesos
argentinos!) en una apartada librería de Necochea, y la compré.
Con la obra, Casona (que residió varios años en
Argentina, e incluso publicó esta obra acá) plantea una cuestión que se mantiene moderna y atemporal: ¿se convierte, la
mentira, en un recurso ineludible (y
hasta correcto) cuando la verdad podría
tener consecuencias fatales? Ya lo dijo Arjona: “Una mentira que te haga feliz, vale más que una verdad que te amargue
la vida” (¿será tan así?).
¿El fin, en
última instancia, justica los medios?
La historia sigue al abuelo Balboa, quien contrata a un “hacedor
de ilusiones benéficas” (Mauricio,
básicamente un “imitador”) para hacerle creer a su esposa que su nieto perdido
ha vuelto a casa, y con una nueva y
feliz esposa. La idea es darle un momento de felicidad a la
moribunda mujer, que solo anhelaba volver a ver a su querido (pero, luego nos
enteraremos, “malvado”) nieto.
El primer acto presenta la mecánica de los
imitadores, el conflicto y los personajes principales. A partir de allí se desarrollan una serie de eventos
desopilantes y muy desafortunados. Para ser una obra teatral (he leído
pocas, lo confieso) es muy llevadera y se puede leer en cuestión de horas.
El título merece un párrafo aparte. No atrapa ni atrae: lo sé. Tampoco
alude a una comedia, sino más bien a un relato dramático. Sin embargo, luego
del final las palabras cobran mucho más sentido y se puede entender
perfectamente el motivo de tan extraño
nombre (de hecho, es uno de los
puntos emocionales más fuertes).
Si alguien está interesado, adjunto la historia en
versión PDF:
Quizás debería leer más teatro: es ameno, corto y
–generalmente– fácilmente identificable. Durante mi adolescencia me encontré un
poco con Shakespeare –imposible no
mencionarlo en un post de obras teatrales– (leí: Hamlet, Romeo y Julieta y la
genial “Macbeth”). Pero cuando crecí
me avoqué hacia la novela de ficción. Estoy debiendo “Sueño de una noche de verano” y “La tempestad” (ambas comedias que me interesan). El dramaturgo
inglés es, realmente, un grande. Se dice
que 10% de las frases más citadas del mundo son de su autoría.
Es conocida la teoría que pone en duda si
Shakespeare fue, realmente, el prolífico
autor de sus propias obras (hace poco vi “Anonymous” que habla de esta perturbadora teoría). Sea como sea
(probablemente falso) el tipo escribió centenares de trabajos, introdujo 3000 palabras al idioma inglés
y todo eso antes de los 52 años. #Después
de esa edad le pasó algo muy loco: murió, je#
Se dice que
no hay un “mejor libro de Shakespeare”. Eso es porque el autor tomó cada
uno de los defectos humanos y los encarnó en sus obras. Otelo es sobre los celos; Romeo
y Julieta: lujuria y precipitación del amor; Macbeth: ambición sin límites… y así. Cada trabajo es un estudio detallado de personalidades y sociologías
humanas. Hamlet es una brillante
tesis sobre la venganza y las consecuencias que puede acarrear para el hombre.
Pero volvamos a Casona. Lo otro que leí de él fue “La tercera palabra”… pero me pareció
demasiado melodramática. “Los árboles…”
es una obra graciosa e ingeniosa. La farsa y el juego de imitaciones de esta
comedia son fantásticos. Es una historia
que busca intrigar, sorprender y emocionar… ¡y lo logra!
Una GRAN
recomendación para quien nunca leyó teatro.
► ¿Leyeron
“Los árboles mueren de pie”? ¿Qué les pareció? ¿Qué piensan de las obras
teatrales en general? ¡Dejame tu comentario sobre el post en el blog o en mi página! =)
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