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lunes, 10 de noviembre de 2025

“Aftersun” (2022) y el duelo invisible

 

Una película minimalista, íntima, muda por momentos, aunque cargada de electricidad emocional. Reseña de Aftersun, una obra sobre el dolor disfrazado.



lunes, 14 de mayo de 2018

Animé recomendado: Violet Evergarden


A principios de 2018, Netflix anunció que estrenaría unos treinta animés en su plataforma, entre viejos conocidos y producciones originales. Uno de los nuevos (y de los más esperados) fue Violet Evergarden, que inició en enero del presente año y finalizó hace unas semanas.


viernes, 29 de septiembre de 2017

Una explicación del final de “A Ghost Story” (2017)


Ayer pude ver Baby Driver, lo nuevo de Edgar Wright, y terminé de concluir que este es un gra año para el cine, por lo menos desde mi punto de vista.

Claro que hubo muchísima basura (Going in Style, la película de Death Note, Brimstone) y varias producciones cinematográficas que me decepcionaron bastante (ya las mencionaré en un post futuro, al toque se me ocurren Wonder Woman y La Torre Oscura como grandes decepciones).

Pero, por sobre todo, me encontré con películas súper originales e innovadoras que van a hacer muy díficil seleccionar las 15 mejores para mi post de favoritas del año.

IT, Dunkirk, Free Fire, Lego Batman, I Am Not a Serial Killer, Get Out, Logan, It Comes at Night, The Autopsy of Jane Doe, The Big Sick, Shimmer Lake, Fragmentado (cuyo final analicé en esta nota), la francesa Raw, las españolas Contratiempo y Proyecto Lázaro, la japonesa Una voz silenciosa, John Wick 2. ¡Y todavía me falta ver muchas más!

A todas esas favoritas tengo que sumar A Ghost Story, una producción independiente de David Lowery que seguramente va a hacer enojar a más de uno.

Su premisa es preciosa, pero la manera en la que el director la expone atenta contra la paciencia de cualquier audiencia, especialmente durante el primer tercio de la historia.

Yo la disfruté un montón, y creo que el ambiguo y extrañísimo final va a ser uno de los más debatidos por años, a la par de las palabras susurradas por Bill Murray a Scarlett Johansson en Lost in Translation, el misterio de las cintas enviadas en Caché de Michael Haneke (hablé de eso en este post) y todas las preguntas sin respuestas de “Mulholland Drive”, quizás la mejor película del siglo XXI.

Así que hoy quiero hablar de A Ghost Story, y en especial de su desenlace. En la fan-page algunos me preguntaron si podía “explicar” la escena final. Y creo que sí, que puedo hacerlo. Aunque, como siempre, no deja de ser una mera interpretación personal.

Afortunamente, en este caso contamos también con algunas palabras del director sobre lo que estaba escrito en aquel papel que ve el fantasmagórico personaje de Casey Affleck. La respuesta es bastante sorprendente.


***

Reseña de “A Ghost Story” (sin spoilers)

Cuando un músico muere en un accidente de auto frente a su casa, regresa como un fantasma (cubierto con una sábana blanca y dos agujeros para poder ver) a la casa en la que vivió con su mujer.

Lo primero que hay que decir es que A Ghost Story tiene un ritmo muy aletargado, es súper silenciosa (prácticamente no hay diálogos) y se denota un uso prolongado de planos fijos donde no parece pasar nada.

La ya infame escena de la torta, donde vemos literalmente durante 5 minutos a la protagonista devorar un postre, le hace competencia a las escenas más estiradas de este año en Twin Peaks.

Es importante aclarar que, aunque se juega con algunos elementos clásicos del cine de terror, no hay película más alejada del horror este año que ésta. Más bien es una exploración muy introspectiva y singular sobre el “dejar ir”, el amor, la pérdida y la enormidad de la existencia.


Del mismo modo, si bien se ven dos o tres escenas de suspenso muy bien logradas, es una meditación poética sobre la memoria, el tiempo y la conexión espiritual antes que una “historia de fantasmas” de la forma tradicional. A mí este aspecto me resultó fascinante. Hay una existencialista profundidad que emerge de lo que fácilmente podría haber sido un proyecto fallido y absurdo.

La narrativa minimalista funciona apoyada en las actuaciones de Casey Affleck y Rooney Mara, que generan una intimidad poderosa. Como espectador uno siente que es un intruso en sus vidas, comparte sus dolores y simpatiza con ambos. La inversión del punto de vista –relatar la historia desde la mirada de un alma en pena (y muda) que no puede dejar ir– es cautivante.

Como conclusión: A Ghost Story es una experimental y hermosa pequeña historia sobre la aceptación de la pérdida, y sobre lo insondable del tiempo. Si bien lenta y silenciosa, me hipnotizó por completo por su cinematografía, los curiosos giros argumentales y su profundidad temática.

Una película que dice mucho sin decir demasiado. Me encantó, y me parece de lo más creativo del año, pero entiendo perfectamente a quien afirme que se trata de un mal chiste que no sabe cuándo terminar.



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#Spoilers. A montones.

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Una explicación del final de “A Ghost Story”

Recapitulemos: prácticamente toda la película sigue a Casey Affleck bajo una manta blanca luego despertarse como un fantasma en el hospital y volver a su casa donde vivió con su esposa. Es testigo de otras familias mudándose a lo largo de los años, y está tanto tiempo ahí (parece no poder, o no querer, moverse) que hasta llega a ver cómo la destruyen para crear un gigantesco edificio en un futuro.

Eventualmente termina saltando de aquel edificio, aparentemente muriendo nuevamente. En lugar de eso, se encuentra a sí mismo en el pasado, físicamente en el mismo espacio donde estará la casa muchísimos años después.

En los últimos minutos, el fantasma termina en la misma casa donde se genera un perturbador bucle temporal. En una de las escenas más locas, puede ver a una versión de él mismo hecho fantasma.


Una versión, el fantasma del pasado, es el que todavía no ha podido descubrir qué necesita hacer para poder irse. El otro, la versión del presente que seguimos durante toda la película, es el que está sentado en el piano (el que genera el ruido que se escucha al principio) y el que obtiene algún tipo de claridad.

Yo me tiro más para pensar que el fantasma no viajó en el tiempo, sino que estuvo tanto tiempo en el mismo lugar, durante años, siglos, una eternidad, que acabó por “darle la vuelta al tiempo”. Sé que suena loco… ¿pero viajar en el tiempo no lo es también?

Hay algunas cuestiones de la película que me dan a pensar esta teoría. Especialmente el hecho de que el personaje de Casey Affleck no puede medir el tiempo, a veces pestanea y pasaron, literalmente, años. El montaje de la película expone, con sutileza, el inconmesurable paso del tiempo.

¿Por qué no puede haber avanzado tanto en el tiempo que llegó hasta el fin de la humanidad y volvió a arrancar?


La cuestión es que, como sea que se haya generado aquel bucle temporal, el retorno a su hogar le brinda al fantasma la posibilidad de retirar la nota que escondió su esposa antes de irse de la casa. Cuando finalmente lograr recuperar la nota, la lee y desaparece, liberándose al fin.

¿Qué decía el misterioso papel?

El famoso pedazo de papel que cautiva tanto al fantasmita como para liberarse está destinado a ser uno de los mayores misteriors del séptimo arte. Lo que está escrito NUNCA se muestra a los espectadores, por lo que queda como un enigma sin resolver.

Al respecto, el director dijo que no cree que lo que dice el papel sea tan importante, más bien el hecho de que el protagonista pudo leerlo. En palabras suyas:
«Pensamos en si mostrar lo que decía el papel o no, pero no importaba tanto como el hecho de que él lo recibiera. Nada de lo que estuviera escrito representaría algo para la audiencia en ese punto, y sólo complicaría el momento –vos verías algo, lo procesarías, y luego te preguntarías qué significa

Pero, ¡ojo! Eso no signfica que el papel estaba en blanco.

En el set aquel día, Lowery explicó que el guión no especificaba qué estaba escrito en el papel, más que nada porque ni siquiera él sabía qué debería decir. Así que le pidió a Rooney Mara que escribiera algo que fuera “personal y significativo para ella, la película y su personaje”.

Lo que ella escribió se mantuvo escondido en la casa hasta que, de hecho, fue realmente demolida, y nadie pudo haberlo leído antes. La actriz dice que no se acuerda bien qué escribió y ni siquiera lo sabe Casey Affleck, porque la pieza de papel que él saca ni siquiera es la original que escribió su contraparte femenina.


El papel, aquella minúscula cápsula de tiempo, bien puede haber dicho: “Te amaré por siempre”, “El fin”, “Sé que estás ahí”, “Por favor continuá sin mí”, “Let it go”  o, simplemente “BOO!” (¡eso habría sido genial!).

Lo cierto es que lo más interesante de A Ghost Story es todo lo que rodea al MacGuffin del papel.

Al final del día, todo el contexto de aquella nota se vuelva más esencial que cualquier cosa que pudiera haber estado escrita. Sea lo que fuera, fue suficiente para que el fantasma lograra liberarse de sus cadenas y soltarse de aquel lugar que lo ataba como un alma en pena.

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jueves, 10 de agosto de 2017

De la risa al llanto: el síndrome de Tom Hanks


Sucede una y otra vez en el mundo del cine. Un actor de comedia exitoso de pronto intenta hacer una actuación en el extremo opuesto de su estilo: un rol dramático y más oscuro. Curiosamente, este giro tiene una buena chance de tener buenos resultados y convertirse en la marca permanente del actor. Este efecto es lo que se conoce como el “síndrome de Tom Hanks”.


El síndrome de Tom Hanks

Un hecho muy curioso ocurrió en el año 1993, cuando Tom Hanks tomó la decisión de aceptar en rol híper dramático en la película Philadelphia.

Para quienes no la recuerden, es notable por ser una de las primeras cintas de Hollywood que habló abiertamente del SIDA, y además representó el primer rol no-cómico de Hanks.  La película le dio al actor su primer Oscar (el año siguiente ganaría otro por Forrest Gump) y a partir de ahí comenzó a explotar su vena dramática por sobre la comedia.

Cabe preguntarse por qué un actor que ya tiene éxito como comediante querría pasarse al lado oscuro. Lo cierto es que un actor de drama tiende a ser más respetado que su contraparte cómica, bajo la falsa ilusión de que es más difícil hacer llorar que hacer reír (cuando, en realidad, es exactamente lo contrario).

Pero seamos sinceros: los actores cómicos nunca se llevan a casa un premio de la Academia. Es muy común que luego de ver a un actor de comedia haciendo un rol dramático, inmediatamente pensemos: ¡mirá vos, realmente puede actuar!

Volvamos a Tom Hanks. Antes de Philadelphia era conocido por hostear Saturday Night Live (lo hizo ocho veces, seis de ellas entre 1985 y 1992) y por sus papeles en Bachelor Party (1984), ¡Quiero ser grande! (1988), la serie de TV Bosom Buddies (1980-1982) y Sleepless in Seattle (1993).

Y, si bien hubo excepciones, luego de Philadelphia comenzó a tener más relevancia con películas como Rescatando al Soldado Ryan (1998), la fascinante Camino a la Perdición (2002) y Captain Phillips (2013), entre muchas otras.


Hanks eventualmente hizo el intento de retornar a la comedia con la remake de The Ladykillers (2004), uno de los mayores fracasos de los Hermanos Coen, y con Larry Crowe (2011), donde hizo una dupla muy olvidable con Julia Roberts. Ambas películas no fueron ni alabadas por la crítica ni comercialmente exitosas.

El caso de Tropic Thunder

El “síndrome de Tom Hanks” fue parodiado en una película maravillosa que funciona desde muchísimos puntos de vista: Tropic Thunder (2008). Jeff Portnoy (Jack Black) es un actor de comedia intentando salirse del rol en el que lo encasilló la audiencia, por lo que toma un rol más serio. Por su parte, Tug Speedman (un impecable Ben Stiller) es un héroe de acción que previamente intentó que los Oscar picaran el anzuelo con un rol dramático que se le fue de las manos (y terminó siendo el fracaso más grande de su carrera).


You never go full retard! – Robert Downey Jr…

Otros actores con el síndrome de Tom Hanks

Jim Carrey comenzó su carrera con una gran variedad de pequeños papeles, pero su fama de actor de comedia arrancó gracias a las películas de Ace Ventura. Finalmente, cansado de ser considerado el payaso más plástico de Hollywood, le dio una oportunidad al drama con The Truman Show (1998) y Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004), ambas alabadas por la crítica. Su aspecto cómico, sin embargo, sigue muy presente.

Otro caso interesante es el de Bradley Cooper. Zigzagueó entre la comedia y el drama hasta que pegó un papel en la franquicia de ¿Qué pasó ayer?, a partir de donde se especializó en la comedia (y particularmente: la comedia romántica). Claro, hasta su protagónico en Silver Linings Playbook (que le valió una nominación a los premios de la Academia). De ahí: The Place Beyond the Pines (gran película), American HustleAloha, etc, etc, etc.

Algo similar podemos decir de Bryan Cranston, el neurótico “papá de Malcolm” que luego nos volaría la cabeza como Walter White en Breaking Bad.


Por el lado de las mujeres, es llamativo el giro que pegó la vida de Anne Hathaway, una de las veteranas de Disney. La actriz, que alguna vez participó de cuanta comedia de Disney aparecía, está irreconocible en Les Misérables (2012), Interstellar (2014) y The Dark Knight Rises (2012).

La evolución de dos directores

Para cerrar la nota, quiero mencionar a dos directores que también sufrieron el síndrome de Tom Hanks. El primero es Woody Allen (uno de mis favoritos). Antes de su magnum opus Annie Hall, sus películas eran esencialmente herederas de Buster Keaton y Charles Chaplin, lo que se entiende como “comedia física” (slapstick comedy).

A partir de ahí –si bien nunca abandonó la comedia– el tono de sus historias fue más serio. Paródicamente, en la subvalorada Stardust Memories, de 1980, un alien le pide a Allen que deje de intentar hacer películas serias y simplemente cuente chistes.


El otro caso de director es el de Terry Gilliam. Comenzó con comedias desopilantes (Time Bandits y Monthy Python and the Holy Grail), pero gradualmente fue moviéndose hacia territorio más sombrío. 

Brazil (1985) es una perturbadora obra maestra de la ciencia ficción (si bien contiene elementos de comedia) y de ahí pasamos al viaje temporal de 12 Monos y el viaje lisérgico de Miedo y Asco en Las Vegas.

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=>> Otras notas sobre CINE en el blog: “El origen del mal en Tenemos que hablar de Kevin”; “Psicosis, el legado de Hitchcock”; “Interpretando el final de Split (Fragmentado)”; “Marvel y las gemas del infinito”; “Shin Gojira: la reinvención de Godzilla”

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