Desde que vi The Invite en cines, no puedo dejar de pensar en ella. Y lo curioso es que, después de ver Sentimental, la obra española que adapta, me gusta todavía más.
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Olivia Wilde toma prácticamente la misma historia —dos matrimonios, una
cena, una propuesta sexual incómoda— y consigue hacer otra película. Donde Cesc
Gay encuentra cinismo, Wilde halla ternura. Donde una observa una pareja
destruida, la otra todavía se pregunta si puede salvarse. Y esa diferencia
cambia todo.
El regreso triunfal de Wilde
Vengo siguiendo con interés la carrera de Olivia Wilde. Primero como actriz —la amé en Drinking Buddies— y después como directora con la excelente Booksmart. Don't Worry Darling fue un gran meeeh, así que me alegra que acá vuelva con todo.
Su última obra, The Invite, empieza hablando de sexo y evoluciona hacia algo bastante más complejo: las cosas que dejamos de decirle a la persona con la que compartimos nuestra vida. En el medio te morís de risa.
Hay algo muy Woody Allen en el humor neurótico de la película, en esos personajes que hablan demasiado, se pisan, se contradicen y utilizan los chistes para evitar decir exactamente aquello que deberían estar diciendo.
El título funciona en más de un nivel y eso siempre es un plus para mí. La premisa parecía servida para construir una película de desnudos, swingers y situaciones cada vez más descontroladas. Curiosamente, Wilde hace otra cosa: utiliza la promesa de una comedia sexual para llevarnos hacia un lugar bastante menos cómodo.
Se habla muchísimo de sexo, deseo, exhibicionismo, parejas abiertas y fantasías, aunque la realizadora prácticamente no necesita mostrarlo. No hay fanservice ni grandes escenas eróticas. El sexo está en los diálogos, en las miradas y en los silencios, en todo lo que esos cuatro personajes no se animan a decir.
Porque nunca fue, en realidad, una película sobre sexo. Durante buena
parte parece que estamos viendo dos modelos enfrentados. Monogamia vs. pareja
abierta. Rutina vs. libertad. Represión vs. deseo. Sobre el final entendemos
que ninguno tiene todas las respuestas.
Cuatro personas, una casa
En el elenco, Olivia Wilde, Penélope Cruz y, muy especialmente, Seth
Rogen la descosen. Edward Norton también está fantástico, aunque
paradójicamente me parece el más desaprovechado de los cuatro: su Hawk funciona
más como catalizador del caos ajeno que como un personaje con verdadera
profundidad propia.
Rogen, por su parte, es el típico sarcástico, inmaduro e insoportable que interpretó mil veces, pero consigue llevarlo hacia lugares inesperados. Su Joe puede parecer simultáneamente un tarado y alguien bastante lúcido, un tipo gracioso y uno profundamente triste. Y eso importa muchísimo.
No es fácil hacer llevadera una película que ocurre prácticamente en una única locación, con cuatro personajes hablando. La puesta de escena podría haber quedado atrapada en su origen teatral, pero la directora encuentra constantemente formas de hacerla cinematográfica.
Espejos, ventanas, reflejos, personajes separados dentro del mismo plano, ángulos extraños: la cámara también parece estar buscando las grietas de esas relaciones. Hasta el último momento, Wilde y Rogen prácticamente no comparten un mismo plano.
No niego que esperaba un poco más de cachondeo. Sin embargo, cuando
entendí hacia dónde quería ir la historia, terminé agradeciendo que no lo
hubiera. Porque Olivia Wilde usa la promesa de una comedia sexual para hablar
de algo bastante menos divertido: qué pasa cuando dos personas todavía se
quieren, aunque ya no saben cómo llegar hasta el otro.
“Sentimental”: la original española
The Invite (2026) es una remake de Sentimental (2020), de Cesc Gay —estrenada internacionalmente también como The People Upstairs—. La vi después, en la comodidad de mi cama… y no me gustó tanto.
O, mejor dicho, descubrí que aquello que Wilde había convertido en una película cálida y melancólica originalmente era algo bastante más seco, teatral y hasta cruel. Y acá está lo interesante: no creo que Sentimental fracase donde The Invite triunfa. Creo que Cesc Gay estaba buscando otra cosa.
Las dos conservan el mismo dispositivo central: matrimonio desgastado +
vecinos sexualmente mucho más libres + cena incómoda + propuesta que hace
explotar todo lo que estaba debajo de la alfombra. La diferencia es que cuentan
la misma historia desde dos sensibilidades completamente diferentes.
Javier Cámara vs. Seth Rogen
En Sentimental, Julio es un tipo bastante más desagradable. Javier Cámara lo construye desde el cinismo, el fastidio y cierta superioridad intelectual. Su matrimonio parece haber llegado a un punto en el que discutir ya es casi su idioma cotidiano.
Cámara hace que Julio parezca un hombre que utiliza la inteligencia y el humor para mantener al resto a distancia.
Joe, en cambio, está escrito y actuado alrededor de las fortalezas de
Seth Rogen. Sigue siendo un marido frustrado, sarcástico y bastante pasivo,
pero resulta muchísimo más querible y hasta tierno por momentos.
Rogen hace casi lo contrario que Cámara: convierte el sarcasmo en un mecanismo defensivo. Los dos hacen chistes. Uno parece usarlos para atacar; el otro, para evitar decir que está hecho mierda.
Esa pequeña diferencia modifica incluso nuestra lectura de los
matrimonios. En Sentimental uno se pregunta por qué CARAJO siguen juntos
esos dos. En The Invite uno quiere que encuentren alguna manera de
volver a encontrarse.
Olivia Wilde como centro emocional
También me parece que Angela tiene mucho más peso dramático que Ana. De hecho, Wilde es el verdadero centro emocional de The Invite y el personaje que atraviesa el arco narrativo más interesante.
Sentimental está más equilibrada como duelo entre cuatro personajes. The Invite arranca casi desde Angela: su soledad, su frustración, su necesidad de sentirse deseada y, fundamentalmente, de recuperar algo que perdió dentro del matrimonio.
Todo indica que lleva años prácticamente atrapada en su casa mientras Joe trabaja. No es solamente que extrañe coger. Extraña una versión de sí misma. Por eso la invitación a los vecinos parece inicialmente una provocación sexual, aunque en realidad es casi un pedido desesperado de movimiento.
No necesariamente quiere acostarse con alguien. Quiere que pase
ALGO. Y eso me parece bastante más triste e interesante.
Norton y Cruz vs. San Juan y Cuesta
También en los vecinos prefiero la versión nueva, aunque acá la diferencia vuelve a revelar qué está buscando cada director. Los vecinos de Sentimental son más cotidianos. Y justamente por eso resultan perturbadores: hablan de intercambio de parejas con la naturalidad con la que otro matrimonio hablaría de cambiar el lavarropas.
Edward Norton y Penélope Cruz son otra cosa. Son enormes, más grandes que la vida misma. El Hawk de Norton es casi una caricatura del tipo que resolvió todos sus conflictos emocionales porque leyó tres libros, dejó de usar medias y descubrió el poliamor. Norton está genial explotando ese costado entre iluminado espiritual y pelotudo insufrible.
Piña, en cambio, tiene una sensualidad y una seguridad que hacen
perfectamente comprensible la fascinación de Angela y Joe. La contrapartida es
importante: en la original podés imaginarte realmente viviendo debajo de esa
pareja; en la remake son casi agentes del caos enviados por el guion. Y creo
que funciona.
Dos maneras de encarar el matrimonio
Hay otra diferencia fundamental: Sentimental es medio un bajón. El
humor existe, claro, si bien es más seco, incómodo y cruel. Cesc Gay
trabaja con silencios, miradas y conversaciones que lentamente se vuelven
insoportables.
Wilde acelera todo eso. The Invite tiene un dinamismo fantástico. Nunca pierde ritmo. Rogen aporta comedia nerviosa. Norton juega al absurdo. Cruz tiene un timing genial. Wilde funciona como la persona desesperada por mantener una apariencia de normalidad mientras absolutamente todo se está yendo a la mierda. Tipo, en el cine me reí mucho. Me cagué de risa, de hecho. La gente miraba a mí y a mi compa como diciendo: “¿qué les pasa a estos pelotudos?”.
Pero la diferencia entre ambas películas va bastante más allá de cuánto nos hacen reír. Sentimental es mucho más cruel. Su idea del matrimonio parece ser: convivir veinte años significa conocer exactamente dónde está el botón que destruye emocionalmente al otro y, ocasionalmente, apretarlo porque estás un toque aburrido.
Wilde no elimina ese botón. Sí parece mucho más interesada en preguntarse por qué seguimos apretándolo y si todavía estamos a tiempo de dejar de hacerlo. Por eso me parece OTRA película.
The Invite empieza pareciendo una historia sobre: “¿Che, qué pasaría si nuestros vecinos swingers quisieran cogernos?”. Y termina preguntándose algo bastante más jodido: ¿Qué queda del amor cuando desaparecieron el deseo, la novedad y la versión de nosotros mismos que existía cuando nos enamoramos?
Pude conectar muchísimo con eso. Ahí creo que la remake gana
profundidad emocional aunque pierda acidez en el proceso. Hay una búsqueda de
una nota agridulce detrás de toda la comedia sexual.
No hay pareja perfecta
Voy cerrando. EnThe Invite los vecinos parecen inicialmente representar la pareja perfecta. Sexo. Libertad. Comunicación. Deseo. Ausencia de celos. Joe y Angela representan todo lo contrario. Rutina y resentimiento. Una hija. Responsabilidades y cansancio.
La película gradualmente desarma esa oposición. Ninguno de los dos modelos tiene la respuesta. Algo de eso ya estaba en Sentimental y Wilde lo subraya mucho mejor: la libertad sexual no necesariamente produce intimidad y la estabilidad matrimonial tampoco garantiza conexión.
Al final, el conflicto nunca fue monogamia versus pareja abierta. Ni siquiera sexo versus rutina. El verdadero problema es qué hacemos cuando dejamos de decirle a la persona que tenemos al lado lo que necesitamos de ella.
Y quizás por eso The Invite se me quedó dando vueltas mucho más que Sentimental. Cesc Gay observa a sus personajes desde cierta distancia y se ríe de la crueldad que puede generar la convivencia. Wilde se ríe también, y sobre el final se acerca.
Los deja hacer el ridículo, lastimarse, desear a otros y decir cosas imperdonables, pero nunca deja de preguntarse si debajo de toda esa mierda todavía queda algo que valga la pena salvar. Pude conectar muchísimo con eso.
Por eso The Invite me parece ampliamente superior. Porque abre emocionalmente ese mismo material. Es más graciosa, más cálida y melancólica. Y consigue algo que jamás esperaba de una película cuya premisa podría resumirse como “invitemos a cenar a los vecinos que c*gen demasiado fuerte”.
Hacerme pensar en por qué elegimos seguir al lado de alguien cuando sería muchísimo más fácil levantarnos de la mesa.
¿Vieron estas películas? ¿Qué opinan?
Los leo.
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